Categoría: Música

  • Stravinsky y su reencuentro con el alma rusa

    Stravinsky y su reencuentro con el alma rusa

    “Había mucho de Rusia en el corazón de Stravinsky. Era mucho más que los iconos en su casa, que los libros que leía, o que la cuchara favorita de su infancia con la que comía. Mantuvo una sensación física y recuerdos de la tierra, de los hábitos de Rusia y sus costumbres, las formas de expresión y la interacción social, y todos estos sentimientos empezaron a volver a él en el momento en que puso un pie en su tierra natal. La opinión pública occidental vio a Stravinsky como un exiliado que visitaba el país de su nacimiento. Pero los rusos le reconocieron como un ruso que vuelve a su casa”.

    En 1962 Stravinsky aceptó la invitación soviética para visitar el país donde había nacido. Habían pasado exactamente 50 años desde que había dejado Rusia y por lo tanto sentía un cúmulo de emociones detrás de su decisión de volver. Como un emigrado, siempre había dado la impresión de rechazar en forma violenta su pasado ruso. Le contó a su amigo cercano y asistente musical, el conductor Robert Craft, que recordaba con añoranza su niñez en San Petersburgo como: “un período de espera para el momento cuando todos y todo iban a ser conectados con el infierno”.

    Gran parte de su antipatía a su país natal era la lógica reacción de todo emigrado del régimen soviético. La sola mención de la palabra Unión Soviética era suficiente para llenarlo de cólera. Cuentan que en 1957 un mesero alemán se acercó a su mesa y le preguntó si se sentía orgulloso de los rusos a causa del reciente lanzamiento del Sputnik al espacio. Stravinsky se enfureció con el mesero por preguntar, con los rusos por haber alcanzado este logro y con los americanos por no haber sido ellos quienes lo hicieran.

    Era especialmente crítico frente a la música soviética, donde el espíritu de Rimsky Korsakov y Glazunov, se manifestó en forma abusiva en la Consagración de la Primavera y lo mismo sentía en relación a los modernistas. Su música había sido prohibida en el repertorio de conciertos soviéticos desde el comienzo de los años 30 cuando fue denunciado por el régimen musical existente como “un ideólogo artístico del imperialismo y la burguesía”. Se trataba de una especie de Guerra Fría Musical. Pero tras la muerte de Stalin el clima cambió. Vino el “deshielo” de Kruschev que terminó con la campaña stalinista contra los llamados “formalistas” y restauró a Shostakovich al lugar que le correspondía, como cabeza del “régimen musical” existente. Emergieron jóvenes compositores quiénes se inspiraron en la obra de Stravinsky como Edison Denisov, Sofía Gubaidulina y Alfred Schittke. Una brillante generación de músicos soviéticos, Oistrakh, Richter, Rostropovich, el Cuarteto Beethoven, se hicieron muy famosos por sus grabaciones y tours en Occidente. Se veía a Rusia retornando al centro de la música europea – el lugar que había ocupado hasta que Stravinsky dejó el país en 1912.

    A pesar de sus propias negaciones, Stravinsky siempre lamentó las circunstancias en que se produjo su exilio de Rusia; cargaba con la separación de su pasado como una herida abierta. El hecho que cumpliera 80 años en 1962 fue esencial en su decisión de volver. En la medida que fue envejeciendo comenzó a pensar más en su niñez. Era común que usara frases infantiles rusas y diminutivos. Volvió a leer los libros que había leído en Rusia, como La Madre de Gorki: “ Lo leí cuando recién se publicó en 1906 y estoy tratando ahora de nuevo”, le dijo a Craft, “probablemente porque quiero reencontrarme conmigo mismo”. Pero a pesar de eso, Stravinsky le dijo a la prensa norteamericana que la decisión de volver a Rusia no tenía nada que ver con la nostalgia, aunque es un hecho que ese sentimiento estaba en lo profundo de su corazón. El 21 de Septiembre de 1962 voló en un avión soviético a su país y aterrizó en Sheremetyevo. Comenzó a divisar desde el avión, en la medida que éste iba descendiendo, los bosques que estaban comenzando a pintarse de amarillo, los prados, los campos y los lagos. De acuerdo con Craft, quien los acompañó en el viaje, Stravinsky estaba en shock producto de la excitación y la emoción. Cuando el avión se detuvo y se abrió la puerta, se asomó y parado en la parte alta de la escalera de descenso se inclinó como es la tradición rusa. Ese era un gesto de otra época, tal como los anteojos que lo protegían de la luz de la televisión y simbolizaban el tipo de vida que él llevaba en Hollywood. En la medida que descendía, Stravinsky comenzó a ser rodeado por un gran comité de bienvenida, entre los que se veía a María Yudina, una fuerte mujer con ojos tártaros, según la descripción de Craft, quien dijo ser sobrina del compositor. Otra mujer era la hija de Konstantin Balmont, el poeta que había introducido a Stravinsky al culto pagano de El Fuego y Los Ritos de la Primavera. Ella se presentó ante Craft y le entregó un canasto de corteza de abedul con una rama, una hoja, una espiga de trigo, una bellota un poco de musgo y otros recuerdos de la tierra rusa.
    El viaje había producido una gran emoción en Stravinsky. En los quince años que Robert Craft lo conocía nunca se había dado cuenta de lo importante que Rusia era para él y que profundo estaba este sentimiento dentro de su corazón. “Hace sólo dos días, en París, habría negado que alguna vez se podría sentir en casa de nuevo …. Ahora veo que medio siglo de expatriación pueden ser olvidados en una noche. No fue a la Unión Soviética que Stravinsky había regresado. Había regresado a Rusia. En el monasterio de Novodevichy, Stravinsky se conmovió mucho más de lo que jamás Craft hubiese imaginado: “No por razones religiosas o políticas, sino simplemente porque Novodevichy es la Rusia que ellos conocían, la Rusia que sigue siendo una parte de ellos.”

    Detrás de las antiguas murallas del monasterio había como una isla de la antigua Rusia. En los jardines mujeres vestidas con pañuelos negros y zapatos y abrigos gastados estaban tendidas sobre las tumbas, y en la iglesia un sacerdote dirigía un servicio donde, como le pareció a Craft, los “miembros más fervientes de la congregación yacían en una posición de postración total como Stravinsky lo hacía en la Iglesia Rusa en Hollywood. Y a pesar de todas las turbulencias que había pasado la Unión Soviética, todavía había algunos valores de Rusia que permanecían sin cambios”. Stravinsky se regocijó en su redescubrimiento del idioma ruso. Desde el momento en que llegó se manejaba con facilidad en los modismos y palabras de Rusia y en la conversación, usaba términos y frases, expresiones de la infancia, mucho tiempo olvidados, que no había trabajado por más de cincuenta años. Craft fue golpeado por la transformación en el carácter de Stravinsky. Se preguntaba si estaba viendo “el verdadero Stravinsky “ en su elemento Ruso, el estadounidense respondió que “todo es bastante cierto … pero mi imagen de él la da finalmente su pasado que se ve tras una gran lucha entre lo que había supuesto serían “rasgos de carácter” o “idiosincrasia personal”. Craft también escribió que, como resultado de la visita a Rusia, su oído se puso en sintonía con los elementos de Rusia que había en la música de Stravinsky. El “rusianismo” de la música de Stravinsky no es inmediatamente evidente. Pero ahí está. De la Sinfonía de los Salmos (1930) al Réquiem (1966) su lenguaje musical mantiene un núcleo de Rusia. Como él mismo confesó a la prensa soviética: “He hablado ruso durante toda mi vida, mi forma de expresión es el ruso. Tal vez no puede ser apreciable en una primera audición, pero es inherente a mi música y forma su carácter latente interior “.

    Había mucho de Rusia en el corazón de Stravinsky. Era mucho más que los iconos en su casa, que los libros que leía, o que la cuchara favorita de su infancia con la que comía. Mantuvo una sensación física y recuerdos de la tierra, de los hábitos de Rusia y sus costumbres, las formas de expresión y la interacción social, y todos estos sentimientos empezaron a volver a él en el momento en que puso un pie en su tierra natal. La opinión pública occidental vio a Stravinsky como un exiliado que visitaba el país de su nacimiento. Pero los rusos le reconocieron como un ruso que vuelve a su casa. Una cultura es más que las obras de arte. No puede estar encerrada en una biblioteca – pensemos sólo en los ocho finos volúmenes de la obra de Pushkin que el poeta Khodasevich “empacó en una bolsa” cuando salió de la Unión Soviética en 1922: Todo lo que poseo son ocho volúmenes delgados, y contienen mi tierra natal.

    Una cultura se expresa en códigos no escritos, signos y símbolos, rituales y gestos, en las costumbres y convenciones, las creencias y actitudes sociales comunes que fijan el significado público de estas obras y organizan la vida interna de una sociedad. Es algo visceral, emocional, instintivo, una sensibilidad que moldea la personalidad y une a esa persona a un pueblo y a un lugar. Rusia es un lugar inmenso – un vasto plano abierto que se extiende En Rusia hoy coexisten lo ruso tradicional con lo soviético internacional sobre una sexta parte de la superficie del mundo. Históricamente, su cultura fue profundamente moldeada por las diversas influencias de Bizancio, Escandinavia, Europa Occidental, Persia, Asia Central y Mongolia. Todo muy complejo, demasiado dividido socialmente, muy mal definido geográficamente, y tal vez demasiado grande, para que sólo una cultura se pudiera constituir en patrimonio nacional. Sin embargo, hay un temperamento ruso, una serie de costumbres autóctonas, costumbres y creencias que celebra este pueblo disperso en forma conjunta, y que encontró su expresión en las obras supremas del arte, desde la poesía de Pushkin, a las novelas de Tolstoi y la música de Stravinsky, que se elevan como monumentos a la edad de oro de Rusia. Este temperamento difícil ha demostrado ser mucho más duradero, y más significativo, que cualquier Estado ruso. Le dio al pueblo el espíritu para sobrevivir a los momentos más oscuros de su historia y unió a los que huyeron de la Rusia soviética después de 1917.

    ¿Dónde está Shostakovich? , no dejaba de preguntar Stravinsky desde el momento de su llegada. Mientras él estaba en Moscú, Shostakovich estaba en Leningrado, y justo cuando Stravinsky fue a Leningrado, Shostakovich regresó a Moscú. Como artista Shostakovich adoraba a Stravinsky. Él era su musa secreta. Por debajo del cristal de su mesa de trabajo tenía dos fotografías: una de sí mismo con el Cuarteto Beethoven, y la otra, un gran retrato de Stravinsky. Se conocieron finalmente en Moscú, en un banquete en el Hotel Metropole. La reunión no fue ni una reunión ni una reconciliación de las dos Rusias que habían seguido caminos separados desde 1917. Pero fue un símbolo de unidad cultural que al final triunfaría sobre la política. Los dos compositores vivían en mundos separados, pero su música mantenía un ritmo único de Rusia. Fue una ocasión memorable – uno de esas ocasiones esenciales “de Rusia” interrumpida por una sucesión regular de brindis de vodka cada vez más amplios – y luego, Craft recordó, la sala se convirtió en un “baño finlandés, en todos sus vapores, proclamando y aclamando uno al otro “lo ruso”, diciendo casi lo mismo … Una y otra vez, cada uno se inclinaba ante el misterio de su rusianismo, y entonces, me di cuenta de golpe, que sus respuestas estaban superando los brindis. En un discurso perfectamente sobrio – él era el menos alcoholizado de la habitación – Stravinsky proclamó: ‘El olor de la tierra rusa es diferente, y esas cosas son imposibles de olvidar … Un hombre tiene un lugar de nacimiento, una patria, un país – sólo puede tener un país – y el lugar de su nacimiento es el factor más importante de su vida …. no me fui de Rusia por mi propia voluntad, a pesar de sentir un desagrado por mi Rusia y por Rusia en general. Sin embargo, el derecho a criticar a Rusia es mío, porque Rusia es mía y porque la amo, y no doy a ningún extranjero ese derecho.”

  • Richard Wagner

    Richard Wagner

    Richard Wagner es una de las figuras claves de la música occidental. Su aspiración de crear el arte total lo llevó a componer un tipo de música monumental que llena todo espacio y que autores como Michael Burleigh define como arte que pretende levantarse como religión. Su tetralogía del anillo es, tal vez, una de las obras más ambiciosas y complejas jamás creada. Hoy a 200 años de su natalicio parece una buena ocación para revisar el gran aporte del autor a la cultura occidental.

    Wagner nació el 22 de mayo de 1813 en Sajonia. Hijo de Karl Friedrich Wagner, funcionario de  policía y de  Johana Rosine Wagner, hija de un panadero. Su padre murió  cuando Richard tenía sólo seis meses. Tras esto su madre se volvió a casar con un amigo de la familia, Ludwig Geyer. Tras esto la familia se trasladó a  Dresden, lugar donde Geyer trabajaría en su pasión, el teatro. Geyer será como un verdadero  padre para Wagner, de hecho el compositor tendrá sendas dudas si fue este su verdadero padre biológico, lo que ha llevado a especular posible sangre judía en él. Geyer  era un actor y escritor de obras de teatro, por lo que los hijos de Johana tuvieron un temprano acercamiento a este arte.  Wagner desde  muy niño estará muy vinculado a las tablas. Los niños Wagner se convirtieron en parte activa del mundo teatral, incluso representando personajes en diversas obras. Asimismo, fue Geyer quien despertó el interés musical de Richard, quien intentó tomar clases de piano sin gran éxito, ya que su profesor consideró que no tenía dotes musicales.  En 1821, cuando Richard sólo tenía 9 años, su padrastro murió y fue el hermano de éste quien se hizo cargo de la familia y envió al joven Wagner al Kreuzschule cerca de Dresden. Fue aquí donde conoció los acordes góticos de  la música de Carl Maria von Weber, especialmente de su opera Der Freischütz, la que capturó la sensibilidad músical del joven.  Intentó incursionar en la escritura de obras teatrales inspitadas en Shakespeare y Goethe. Su intención era musicalizarlas y convenció  a la familia de tomarle clases de música. De 1828 a 1831 tuvo clases de harmonía con Christian Gottlieb Müller. Pero fue la influencia de Beethoven la que marcó su rumbo, el cual se convirtió en su inspiración fundamental. La Séptima Sinfonía y en especial la Novena Sinfonía de Beethoven lo llevaron hacia un camino de cambio interior esencial.  Del mismo modo, el Requiem de Mozart causó en él una gran impresión. El dramatismo musical combinado con el canto dramático será para él  una línea a seguir. De este periodo inicial datan las primeras sonatas y oberturas de Richard Wagner como autor.  Fue tal vez  la experiencia de escuchar a la soprano Wilhelmine Schröder- Devrient, lo que despertó en el joven Wagner la idea del arte total , un arte que combinase la música con lo teatral, elemento que para él era tan cercano.  

    Para 1831 Wagner entra a la Universidad de Leipzig y se convierte en parte de la Fraternidad de Estudiantes Sajones. Es en esta época cuando toma clases de composición con Thomaskantor Theodor Weinlig, quien queda tan impresionado con las dotes musicales del joven que se niega a recibir paga alguna. Wagner escribe sonatas muy inspiradas en Beethoven y comienza a trabajar en su primera Opera – Die Hochzeit (La Boda), la cual nunca completó.  Ese mismo año consigue el puesto de director de coro en  Wurzburgo, junto a su hermano Albert. Es en ese entonces cuando Wagner, de 20 años, compone su opera  Die Feen, Las Hadas, la cual tiene un estilo cercano a Weber y recién será estrenada medio siglo después  en forma póstuma.  

    Para 1834 será brevemente director de la Opera de Magdeburgo. Durante este tiempo compone Das Liebesverbot, basado en Shakespeare, la que se representará en Magdeburgo en 1836 en sólo dos funciones, ya que el teatro entrará en quiebra y cerrará, dejando a Wagner en serios problemas económicos.  Es en esta época cuando conoce a la actriz  Christine Willhelmine Planer, “Minna” de la que se enamoró y con quien se casó el 24 de Noviembre de 1836 en la Iglesia de Tranheim. Pero los problemas económicos rondarán al compositor durante casi toda su vida. Para mayo de 1837 Minna  había abandonado a Wagner por otro hombre. Este será el primer conflicto de la infeliz pareja.  Ese año Wagner se traslada a Riga en el Imperio Ruso, para ser director de la opera local. Para 1838 Wagner y Minna reanudan su relación, pero a causa de los gastos excesivos la pareja adquiere una enorme deuda, por lo que deciden huir de Riga para evitar tener que hacer frente a los acreedores. Toman un barco con destino a París que deberá desviarse hacia Londres, ya que será azotado por las tormentas. Esto inspirará a Wagner para escribir Der Fliegende Holländer (el Holandés Errante), basado en el libro de Heinrich Heine.  Para 1839 la pareja se instala en Paris, donde permanecerán hasta 1842. En este período  estrena su opera Rienzi y El Holandés Errante. Recibirá el apoyo de  Giacomo Mayerbeer quien lo ayudará a lograr que se monten sus operas en el teatro de la Corte de Dresden en el Reino de Sajonia.  Tras esto Wagner y Minna se trasladan a Dresden, donde vivirán por casi  seis años. Wagner se siente sumamente emocionado de regrasar a Alemania y ver el Rin y jura eterna fidelidad a la madrepatria. El nacionalismo alemán es algo que está en el ambiente. Tras la acusación de Voltaire que Alemania no existía, Herder desarrolló el término Volkgeist – el espíritu del pueblo. Inspiró a generaciones en la búsqueda del ethos alemán y convenció a muchos de la idea de la existencia de una nación que debía caminar hacia la unificación. Wagner será parte de este movimiento y sus obras irán derivando hacia este camino nacionalista de definición de lo alemán.  En este período en Dresden se estrena Rienzi, el Holandés Errante y El Tannhäuser, con lo que alcanza el éxito. Es ya un autor conocido y su música muestra cierta particularidad. Junto con esto, comienza a vincularse en actividades políticas de izquierda de gran nacionalismo que pretenden definir a Alemania como nación. Estará en el mismo bando de lucha que importantes radicales como August Röckel y Mikhail Bakunin,  todos influenciados por las ideas de Pierre Joseph Proudhon y de Ludwig Feuerbach. Se dedican a diseminar el descontento en Dresden, ciudad  que se levantará en barricadas en 1849 en los llamados Levantamientos de Mayo. Wagner será parte. De estas acciones en las barricadas de la ciudad. Las presiones nacionalistas buscaban unificar a Alemania. La revolución fracasará y  se levantarán órdenes de arresto contra los dirigentes del movimiento, incluido Wagner.  Es por esto que deberá dejar Dresden y huir del territorio alemán para evitar ser arrestado. Irá primero a Paris y finalmente se instalará  en Zürich. Es aquí donde completará Lohengrin, la historia del Príncipe Cisne, que marcará el fin de su período intermedio. Gracias a la ayuda de Franz Lizst logrará que se estrene en Weimar en agosto de 1850. 

    La situación en Zürich no será fácil. Lo financiero lo complicará en forma permanente. La falta de un sueldo regular, será su peor karma. La señora de su amigo Karl Ritter, Julie, comenzará a pagarle una pensión que lo mantendrá hasta 1859. Wagner nunca tendrá problema de vivir con lo que otros le dan y no será muy asiduo a pagar sus deudas, aunque sí a contraerlas.  Jassie Laussot también lo ayudará hasta descubrir la existencia de una romance entre su mujer y el compositor. A casa de la inestabilidad Minna caerá en una gran depresión y el propio Wagner se verá imposibilitado de componer. 

    Es en este período Wagner escribe una serie de ensayos que muestran su visión de mundo. Escribe El Trabajo Artístico del Futuro, donde definirá la Opera como “el arte total” (Geamtkunstwerk), la compilación de la música, con la danza , la poesía y  el teatro. La puesta en escena como algo magnífico que debe expresar la totalidad de las artes visuales. Del mismo modo, en 1850 publicará su ensayo El Judaismo en la Música, donde expresará una postura antisemita, la que manifestará la idea de la incapacidad de los judíos de conectarse con el espíritu alemán, por lo que sólo componen sombras y música artificial.  Sólo buscan la popularidad y el éxito financiero,  por lo que no crean trabajos genuinos de arte. De hecho Wagner entra en un conflicto especial con Mayerbeer, quien antes lo había ayudado. No se sabe bien cual fue la causa de su animadversión, pero esto realzó su posición antisemita. Por otra parte, en su ensayo La Opera y el Drama de 1851 describe lo estético del drama, lo que lo llevó a componer las operas del anillo. Este fue un tema que estuvo presente desde la juventud temprana del autor y que  le quitó el sueño en forma permanente. Lo alemán encarnado en la leyenda de Siegfried, La Saga de los Volsungos y El  Cantar de los Nibelungos. Ya desde la época de Dresden pensaba hacer una opera con este tema, como algo grandioso en varias partes. Inicialmente escribió el libreto para una opera sola, La Muerte de Siegfrido en 1848. Una vez en Zürich expandió el libreto hacia la historia de El Joven Siegfrido. Completó el texto con La Walkiria y El Oro del Rin. De este modo, revisando los otros libretos replanteó el concepto para 1852 en su ensayo La Opera y el Drama, renuncia a las operas anteriores, mostrando su cambio de visión. En su Comunicación a mi Amigo, ensayo autobiográfico, habla del rol de El Ciclo del Anillo diciendo que será su última opera y gran trabajo.  Lo germano atraía su atención. Dedicó gran parte de su tiempo al estudio de las Sagas Nórdicas – relatos en prosa que cuentan las aventuras de los pueblos germanos del norte, conocidos como los vikingos. Su admiración por esta cultura se basaba en el encuentro del verdadero ethos germano. Su interés por las historias de estos pueblos lo hizo incursionar especialmente la llamada Saga de los Volsungos, donde está la historia de Sigurd, conocido posteriormente como Siegfried. Del mismo modo, en esta época se adentrará en las llamadas Eddas germanas que cuentan las historias relativas a los dioses de estos pueblos. Existen dos Eddas, la Edda Poética, que es anterior y la llamada Edda Prosaica, que se le adjudica a Snorri Sturlson, quien fue un líder vikingo que llegó a gobernar Islandia y Noruega. Es autor de compilaciones fundamentales que nos permiten conocer en detalle estas culturas. El interés por lo germano era algo común al período, especialmente en los reinos germanos como parte del movimiento nacionalista que buscaba lo germano con el fin de usarlo políticamente para lograr la ansiada unificación. Autores como el escandinavo  Viktor Rydberg compilaron el saber conocido de lo germano en la llamada Mitología Teutónica. El inglés William Morris, en su interés por lo medieval traducirá al inglés de la época la Saga de los Volsungos, la cual será inspiración fundamental  para el Cantar de los Niebelungos del siglo XII y para la idea del anillo como ciclo. 

    Para 1857 dejó de lado la idea del Anillo para concentrarse en Tristán e Isolda, una de las historias de amor más sobrecogedoras de todos los tiempos.  Para esta obra será de gran influencia la filosofía de Arthur Schopenhauer expuesta en su libro El mundo como Voluntad e Idea, la cual Wagner conocerá gracias a su amigo poeta Georg Herwegh. La visión pesimista de Schopenhauer hará eco en Wagner quien seguirá al filósofo durante toda su vida, ya que éste consideraba que la música jugaba un rol supremo en las artes y era la expresión  de la esencia del mundo, llamada Voluntad. Esto hará que Wagner se concentre más en la música de sus posteriores óperas.

    En este periodo conoce a Mathilde Wesendonck, mujer del comerciante de sedas Otto Wesendonck. El matrimonio era admirador de la música de Wagner, por lo que comenzaron a apoyarlo financieramente y pusieron su casa de campo a disposición del autor.  En esta casa conocida como “el lugar de descanso” comenzará el romance entre Wagner y Mathilda.  Compone los llamados Wesendonck Lieder, cuatro canciones con voz y piano, inspirados en poemas a Mathilde. Del mismo modo comenzará los estudios de Tristán e Isolda, relacionando la idea del amor prohibido, con su amor por su patrona.  El romance terminó en 1858 cuando Minna interceptó una carta de los amantes. Tras una pelea con Minna, Wagner dejó Zurich solo y se instaló en Venecia, mientras Minna regresaba  a Alemania.  En noviembre de 1859 Wagner se traslada a Paris para revisar el Tannhäuser a petición de la Princesa Pauline von Metternich, mujer del entonces embajador en Paris.  A pesar de los esfuerzos, las representaciones del Tannhäuser fueron un fracaso a causa de la efervescencia política del minuto.

    Para 1862 se le permite a Wagner regresar a  Alemania, con lo que se establecerá en Biebrich, Prusia.  Minna lo visitará, quedará claro que la relación está totalmente cortada. Wagner la mantendrá hasta su muerte en 1866. En esta época Wagner comenzará su obra Los Maestros Cantores de Nurenberg, su única comedia. Intentará representar Tristán e Isolda en Viena, la cual será vista como imposible de cantar.

    Para 1864 la suerte de Wagner cambiará para siempre. Ludwig II asumirá el trono de Baviera a la edad de 18 años. Este joven rey era un gran admirador de Wagner y de sus obras, por lo que lo invita a Munich.  Paga todas las deudas del compositor y le propone montar  todas sus obras y apoyarlo para que pueda desarrollar sus planes futuros. Del mismo modo, lo entusiasma para que escriba sus memorias, por lo que el compositor comienza a escribir lo que será Mein Leben.  Logrará finalmente que su Tristán e Isolda sea representada en el Teatro Nacional de Munich el 10 de junio de 1865, la cual será dirigida por Hans von Bülow. Para ese entonces Wagner ya tenía un romance con la mujer de von Bülow, Cosima, hija de Franz Lizst con la condesa Marie d’Agoult, con quien tuvo una hija, Isolda. Ella era 24 años menor que Wagner. El romance escandalizó a Munich y enemistó a Wagner con muchas personas de la corte, quienes presionaron sobre Ludwig para que le quitara su favor.  Es así como finalmente el rey le pide a Wagner que deje Munich. Wagner se instala en la Villa Tribschen a orillas del Lago Lucerna. Aquí completa los Maestros Cantores de Nurenberg en 1857, la cual es estrenada en 1858. Por insistencia de Ludwig completa dos de las obras del Ciclo del Anillo, El Oro del Rin y la Walkiria las que se estrenan en Munich en 1869 y 1870. Wagner mantiene su sueño de poder estrenar todas las obras juntas en un teatro especialmente hecho para eso. 

    Minna muere de un ataque al corazón en 1866. Wagner no asiste a su funeral. Tras esto, Cosima le escribe a Hans von Bülow pidiéndole el divorcio, el cual se niega a otorgarlo. Finalmente, una vez que Cosima ha tenido dos hijos más con Wagner, Eva y Siegfried se lo da.  Richard y Cosima se casan el 25 de agosto de 1870. Ese año estrena el Idilio de Sigfrido como regalo de cumpleaños a su mujer. Wagner se concentra en terminar el Ciclo del Anillo.

    Durante este periodo son asiduos amigos del filósofo Friedrich Nietzsche, quien estaba platónicamente enamorado de Cosima y profesaba una profunda admiración hacia Wagner, creyendo que éste era la encarnación del superhombre de su filosofía. Se trataba de un autor que ensalzaba lo heroico,  siendo esto el ideal fundamental de su filosofía. Para éste los hombres no eran iguales, y no debían serlo. Había almas heroicas que estaban llamadas a dominar y elevarse, y almas serviles que debían ser dominadas. Wagner parecía elevarse desde lo heroico. Esta fascinación por el compositor terminará abrúptamente cuando el compositor musicalizó el Parsifal, basándose en la obra de Wolfram von Eschembach con la idea de la reliquia cristiana, el Santo Grial y la búsqueda del objeto por Parsifal.  Esto terminará con la admiración y la visión de Wagner como un alma heroica que está más allá del bien y el mal. Wagner no era más que un hombre que ensalzaba ideales serviles, como el cristianismo. 

    En 1871 Wagner se traslada a Bayreuth, lugar elegido para construir su Teatro de Opera. El consejo del pueblo donó la tierra y el dinero. Así ponen la primera piedra del Teatro del Festival anunciando representaciones anuales. En 1873 por primera vez se representa el Ciclo del Anillo completo. Tras el fin de los apoyos del rey Ludwig, los avances de la construcción se retrasaron. Para recaudar fondos se fundaron las Sociedades Wagner en diversas ciudades y  el compositor recorrió Alemania dirigiendo conciertos.  Para 1873 sólo un tercio de los fondos se habían recaudado. Finalmente Ludwig puso lo restante. Los edificios planificados incluían la casa familiar de Wahnfried a la cual la familia se trasladó en 1874. El teatro se completó para 1875 y los programas del festival se establecieron para el año siguiente.  Wagner agregó innovaciones en el teatro. Oscuridad en la sala durante las representaciones y puso la orquesta en un foso frente a la audiencia.  Se preocupó de la acústica y de los efectos tras el escenario para lograr puestas en escena sublimes.

    Por su parte, Ludwig II se dedicará a construir los castillos de sus sueños basados en los temas Wagnerianos. En Neuschwanstein dedicará la decoración de los diversos salones  a las operas de Wagner.  Será el Parsifal, obra en que Wagner trabaja a fines de la década de los ’70 la inspiración del Hall central del magnifico castillo.  Siegfried y el anillo estarán e otros salones y Tristán e Isolda en la habitación. Lohengrin y el Tannhauser estarán ta,bién presentes. Tal vez este  castillo en medio de la Selva Negra, sea la máxima expresión del neomedievalismo romántico que inspiró a muchos durante el siglo XIX.

    En 1883 Wagner viaja a Venecia donde  inalmente muere. Tras esto será Cosima la encargada de mantener viva la obra de su marido. Es sin duda la Tetralogía del Anillo su mayor contribución. Se trata de una obra única, heroica con una música digna del Walhala. Lo épico completa todos los sentidos. Es la culminación de su idea del Arte Total – el teatro, la música, la puesta en escena, la mitología y la leyenda se funden en una todo artístico que apela a los completos sentidos de la audiencia. Es la expresión de la visión wagneriana del arte total.  Hoy en sus 200 años de su natalicio, la visión del autor como un gran compilador de conocimientos  y emociones lo levantan como un gran medievalista y magnífico compositor que fue capaz de elevar el arte de la opera a un nivel superior e inigualado hasta hoy. Las últimas puestas en escena de la tetralogía del MET fueron asombrosas y para este 2013 se espera un gran Parsifal en Nueva York y aquí en Santiago.