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  • EL ICONO RUSO: Tramas espirituales de Lo Invisible hecho carne

    EL ICONO RUSO: Tramas espirituales de Lo Invisible hecho carne

    Los iconos no sólo nos entregan conceptualizaciones culturales, valóricas y espirituales de la riquísima, distante y aún desconocida Rusia; sino que su específico y radical aporte está en que nos regala una expresión religiosa tradicional que se ha mantenido inalterable y vigente; cual es ser un arte sagrado puro, de ignotos autores, que en un acto de oración y veneración del Dios cristiano, crean porque creen. Estas imágenes sacras que suscitan el culto a la Divinidad en hogares y templos, simbolizan la eternidad de los valores espirituales y hacen manifiesto el milagro de la Encarnación del Verbo.

    PROLEGÓMENOS AL ICONO ORTODOXO:

    ¿Por Qué interesarse en escribir y en leer acerca de los Iconos rusos? ¿Por qué se ha puesto de moda nuevamente, al parecer, el Icono? Preguntas, tal vez ociosas o mal intencionadas, pero que pueden tener múltiples respuestas. Una podría ser que vivimos en una sociedad que ha usado y abusado de la imagen, después de la trillada frase publicitara de Kodak donde “una imagen vale más que mil palabras”, otros podrían decir que son obras de arte antiguas y exóticas que poseen un alto valor estético, o tal vez haya quienes insistan en el alto valor tradicional de un arte que pareciera como si estuviese detenido en el tiempo frente al inquieto y dinámico arte occidental, quizás a algunos les despertó la curiosidad la aplaudida exposición Alma de Rusia en sus iconos, de la grandiosa colección del Museo Reserva Estatal Unificado de Moscú en el Centro Cultural de Providencia en el año 2007. Otros más afortunados, habrán tenido ocasión de verlos en sus lugares de origen, Moscú, Pskov o Novgorod.

    Lo cierto es que el Icono, no sólo nos presenta el esplendor de lo Bello, sino también el resplandor de la Verdad, sumergiéndonos en la contemplación y en las más profundas reflexiones teológicas. O al menos esa fue la intención originaria que tuvieron esos maestros iconógrafos místicos y toda la riquísima teología de la imagen de la Iglesia Ortodoxa cultivada desde el siglo V. Reducir el icono a mero objeto de arte, significa agotarlo en sí mismo y despojarlo de su función más elemental, cual es ser un vehículo que nos eleva hacia lo trascendente, revelándonos en esa presencia el misterio revelado de la Encarnación y de la Resurrección, síntesis de nuestra comunión con Dios; y en esa comunión, contemplar la belleza del mundo espiritual.

    Pero podría preguntar algún escéptico cartesiano: ¿Por qué acontece todo aquello en el Icono? ¿Dónde están los elementos espirituales que animan a esas imágenes y le confieren ese contenido? Pregunta nada fácil de responder y argumentar en las breves líneas de este artículo. Pero aventuremonos a intentar dar una respuesta, al menos satisfactoria, en los trazos siguientes.

    ARTE Y CRISTIANISMO: EL ICONO COMO PLENITUD DE ESA ALIANZA:

    En principio, podemos decir que se ha convenido en denominar iconos o íconos (del griego εἰκών, eikon: ‘imagen’) a las imágenes, cuadros o representaciones; que serían signos o símbolos que sustituyen al objeto material mediante un significado de orden espiritual, representado por analogía. En la ortodoxia oriental y en otras tradiciones de pintura cristiana, un icono es generalmente un panel plano en el cual aparece pintado un santo o un objeto consagrado (como Jesucristo, la Virgen María, los santos, los ángeles o la cruz cristiana). Los iconos también pueden ser en relieve y estar revestidos en metal (denominados “Oklad” o “Riza”), esculpidos en piedra, bordados, hechos en papel, mosaico, repujado, etc.

    Prácticamente desde los inicios mismos del Cristianismo ha existido una intensa relación entre arte y religión, relación de mutua exigencia y reciprocidad, reflejada en plenitud en la Liturgia, que es el conjunto de signos y símbolos con los que la Iglesia le rinde culto a Dios y se santifica, y donde el arte tiene un lugar de primerísima importancia. Por ello también debemos responder la pregunta: ¿Qué relación tienen los contenidos religiosos del cristianismo con la realidad estética, con el mundo de las formas sensibles? Y ¿cómo el icono participa de esa relación?

    En primer lugar debemos saber que la técnica del icono, dentro de todo el arte figurativo, probablemente ocupa el lugar más relevante en toda la vida de Rusia. El término icono nos sitúa dentro del arte sagrado tradicional de la espiritualidad de la iglesia católica oriental, comúnmente denominada Iglesia Ortodoxa; y que llegará a ser su expresión más depurada del pensamiento teológico y del sentimiento popular desde los albores del s. XIV, llegando a convertirse, en palabras de Nikodim Pavlovich, “en el símbolo único de la fe”.

    LAS TRAVESÍAS DEL ICONO: DE BIZANCIO A RUSIA

    También es necesario ver en el icono ruso una solución de absoluta continuidad con el arte desarrollado en Bizancio y el resto del imperio, ya que éste fue la persistencia de lo mejor de la tradición artística bizantina, cuya ingente producción artística comenzó a perder vigor debido al agotador desgaste que supuso la amenaza continua de los persas en un comienzo (s. VI y VII), proseguido de los búlgaros, ávaros y eslavos (s. VII), posteriormente de los árabes (s. VIII al XI) y de los reinos cristianos de Europa occidental (s. XI al XIII)), finalmente de los turcos selyúcidas (s. XI) y otomanos, que hicieron colapsar al otrora vasto y rico imperio en 1453.

    Pero donde más duro trance hubo fue durante el largo conflicto iconoclasta que sacudió a la cristiandad entre los años 726 y 843, pues el Imperio bizantino fue desgarrado por las luchas internas entre los iconoclastas, partidarios de la prohibición de las imágenes religiosas, y los iconódulos, contrarios a dicha prohibición, que es un capítulo esencial de la historia del arte cristiano a la hora de entender el desarrollo teológico que tuvo la imagen, desde el pseudo Concilio Iconoclasta de Hiera, cerca de Constantinopla (753), en el que se negaba que las imágenes tuvieran el poder de contener el misterio de la naturaleza de Cristo, humana y divina en forma simultánea (unión hipostática), pasando por alto la anterior condena y excomunión a los iconoclastas, dictado por el papa Gregorio III (731 a 741) y el Concilio de Roma del año 731; hasta el decisivo Concilio II de Nicea (787), donde prácticamente quedan esbozados los criterios pedagógicos y teológicos del uso y contenido de las imágenes sagradas. Sin embargo, creemos que este duro conflicto permitió esclarecer de modo trascendente y definitivo la función y el sentido de la imagen sagrada, de modo que cuando el icono llegó a Rusia, la oposición había sido ya superada.

    Es recién, bajo el reinado del Príncipe Vladimir de Kiev en el año 988 cuando el rito Bizantino del Cristianismo se establece como la religión estatal de Rusia, aunque previamente había sucedido una progresiva cristianización desde que la princesa Olga, viuda del príncipe Igor había sido bautizada en Constantinopla hacia el año 955 y desde allí había solicitado llevar sacerdotes griegos a las tierras del “Rus”, donde se comenzó a construir en el corazón de los dominios de Kiev, templos cristianos. También está la creencia de que los dos grandes apóstoles de los países eslavos, los monjes Cirilo y Metodio, que en una labor titánica, evangelizaron las zonas de las actuales Yugoslavia, Checoslovaquia, Bulgaria, Serbia, Croacia y otras, bautizaron a algunos habitantes del “Rus” en la segunda mitad del s. IX.

    En este proceso evangelizador debemos considerar que para los rusos, Bizancio era el símbolo del poder, la riqueza y el esplendor imperial, como lo era también para otras naciones cercanas que apenas empezaban a construir su organización estatal, por lo tanto se erigía como una civilización digna de ser imitada. Tal vez algo similar a lo que el zar Pedro el Grande replicaría de Europa occidental mucho más tarde. Por lo tanto, la cultura bizantina penetró profundamente en Rusia a partir del s. X, alcanzando un gran impulso, y con ello, trayendo toda la tradición artística que se cultivaba en Constantinopla, en particular la técnica del icono, que tuvo un desarrollo muy vital y capital en el núcleo del alma rusa. Ya en 1588 se establecería el Patriarcado de Moscú. Lamentablemente, debido al extraordinario dinamismo y hechizo que causó el arte y la cultura occidental a partir del Renacimiento y el Barroco en Rusia, hizo que en esta época, se produjera un enfrentamiento entre la ortodoxia y monjes ucranianos que querían introducir poderosas reformas litúrgicas y doctrinales de pautas europeas. Más tarde, en el s. XVIII, Pedro el Grande al crear el Imperio Ruso, restringió la influencia de la Iglesia Ortodoxa en el mundo secular, aboliendo el patriarcado e instaurando un órgano estatal conocido como el Sínodo Santo. Estas enérgicas políticas del poder temporal hicieron menguar poderosamente la autoridad moral de la Iglesia Rusa durante los siglos XVIII y XIX. Con estas medidas, el sentido de los iconos se oscureció y fueron paulatinamente cayendo en el olvido como forma de arte, incluso no siendo reconocidos siquiera como pintura. Pero sí debemos afirmar que desde el s. XVIII hasta nuestros días perduró y sobrevivió el icono ruso como una artesanía en las aldeas y poblados, denominados kustar.

    La llegada del s. XX no mejoró la situación, pues en 1917 se hicieron con el poder los bolcheviques, de fuerte inspiración marxista, que propugnaban, no sólo, una ideología de un hostil materialismo ateo, sino que incluso declaradamente anti teísta, enemiga de toda religión. Después de casi 75 años de una férrea vigilancia del Estado a cualquier rebrote místico, encarnada en severas medidas antirreligiosas tales como el plan quinquenal del Ateísmo, los gulags, supuestas “guerras patrióticas”, las persecuciones bajo Kruschev y medidas legislativas como confiscaciones y desamortizaciones, el increíble pueblo ruso dio prueba y garantía de un poderoso sustrato espiritual que no sólo no declinó, sino que demostró una persistencia y capacidad de renovación de su fe religiosa tan vigorosa, que hoy nos asombra tal radical testimonio de una fe combativa e intacta. 75 años de persecución no pudieron demoler una fe que se había construido a lo largo de casi mil años. Junto con ello, se redescubrió el extraordinario valor artístico y teológico del icono, fiel reflejo y símbolo de la excepcional espiritualidad del pueblo ruso conservada a través de los años.

    EL ICONO, VENTANA HACIA EL ABSOLUTO:

    Debemos aclarar, antes de seguir, que la tradición rusa sólo denominó icono a las imágenes religiosas en el que se representa a Cristo y los Santos para ser venerados en el culto del templo y de los hogares. La técnica implicaba su realización sobre un soporte de madera que se preparaba especialmente. Sobre esta se colocaba una fina capa de fondo blanco. El dibujo se ejecutaba a carbón y luego se aplicaban témperas, preparadas a base de pigmentos orgánicos y minerales mezclados con yema de huevo. La pintura, muy densa y opaca, se colocaba en diversas capas. Era común terminar el fondo con finas láminas de oro, que simbolizaban un color que no era de este mundo, es decir, reflejo de la divinidad. Una vez terminado el icono, se le aplicaba una capa de aceite de linaza que estabilizaba los colores, asegurando una buena conservación, tan buena, que las podemos disfrutar hoy en día.

    Los modelos son considerados fieles a los prototipos, a la realidad histórica, y por lo tanto, inalterables. Para comprender en hondura el verdadero y riquísimo contenido de un icono, debemos conocer sus significados más profundos y entender la articulación de este lenguaje iconográfico, y como ya advertimos, al contemplar un icono, no podemos quedarnos en su mera apreciación estética o dimensión artística, que sin duda es muy valiosa, sino que debemos entenderlos como un alcance del extraordinario dinamismo proyectivo producto de una profunda reflexión teológica y espiritual, donde los iconos tienen su concreción en la vida religiosa, litúrgica e incluso cotidiana de los fieles y de quienes los producen.

    Los iconos rusos, podemos afirmar, reproducen la composición bizantina, pero queda asegurada su originalidad por estar desprovisto de expresión y narración, desligado de la vida y de la realidad terrena o sensible. Se sostiene a menudo su carácter aristocrático; su idealismo impasible y “abierto a la contemplación del milagro”, en palabras del autor Nikodim Pavlovich. Todos los elementos de un icono están idealizados: rostros, cuerpos, arquitecturas y paisajes; a fin de hacer visible aquella realidad de orden suprasensible. Este arte sagrado es tal porque actúa de vehículo para la adoración del Dios encarnado, es tal porque un autentico arte sacro responde a un problema de forma, no de tema: su línea y su diseño están asegurados por la tradición, donde la selección y mezcla de colores pertenecen al iconógrafo, de acuerdo a prescripciones especiales, donde el color brillante de sus íconos y la sugerente belleza de sombras son su primordial fortaleza, donde sólo un ojo aguzado podría distinguir las diferentes escuelas y talleres, pero que manteniendo idéntico espíritu, permiten que la honra con la que es venerada la imagen pase al prototipo, según las enseñanzas del apologeta Juan Damasceno (Defensa de los iconos) en el s. VIII.

    La tradición oriental nos enseña el valor teológico de la expresión estética de la encarnación divina, poniendo así la imagen al servicio de la economía de Dios, según el Patriarca de Constantinopla, Dimitrios I. Así como el teólogo expresa estas verdades de orden trascendente a través del pensamiento, el iconógrafo, a través de su arte, expresa la Verdad viviente, la revelación que posee la Iglesia en forma de sus tradiciones, en palabras del padre Daniel Rousseau. El Patriarca Dimitrios nos enseña que el icono representa a la persona sagrada, pero no en sus proporciones naturales o meramente en una expresión simbólica que nos transfiere a su semblanza humana, sino que en su dimensión gloriosa y celestial. Para ello el ojo del iconógrafo debe transitar a través de los heterogéneos caminos de la ascesis, penetrando en el sublime “ayuno de los ojos” y tendiendo a armonizar totalmente con la contemplación del componente trascendente tal como es revelado a la Iglesia en la dimensión del espíritu. Por ello, el sentido que tiene pintar un icono, como forma profunda de oración y meditación, debe ser realizado en ayuno y en estado de gracia por parte del iconógrafo, iniciándose y terminando con una oración de alabanza a Dios.

    Esto sería lo opuesto a lo que pasa en la tradición occidental, donde percibimos y apreciamos una diferenciación y distancia entre el espíritu y la materia, pues este arte religioso no se diferencia en nada del arte profano. Las formas son las mismas y los sentimientos piadosos y devocionales del artista, cuando los hay, son absolutamente insuficientes para hacerlo sacro. Un arte alcanza esa sacralidad cuando una visión espiritual se encarna en las formas, y cuando éstas proyectan un fiel reflejo de esa visión. El lúcido escritor Michel Quenot nos advierte: “¡Qué contraste con el arte religioso occidental que se queda en la superficie de las cosas y se basa en modelos vivos para reproducir a Cristo y a su Madre!”, degradando la naturaleza divina del Verbo Encarnado y reduciéndola a su pura humanidad. El mundo bizantino logró armonizar estos dos elementos, espíritu y materia, en la inteligencia, cosa que caracterizó la particular dialéctica de la espiritualidad ortodoxa y encontró en el icono su expresión artística más inspirada y perfecta. El apóstol san Pablo formula elocuentemente el soporte cristológico del icono: “Cristo es la imagen visible (eikón) del Dios invisible” (Col. 1, 15).

    ESBOZOS Y CRITERIOS PARA ANALIZAR Y MEDITAR UN ICONO:

    El prestigioso autor sobre iconos, Paul Evdomikov nos ha dicho que “si el hombre aspira a la Belleza, es porque está de antemano bañado de su luz, porque el hombre desde su propia esencia es sed de la Belleza y de su imagen” y sabemos que sin esta belleza, el mundo se nos vuelve oscuro e ininteligible. Esa es la belleza que busca crear el iconógrafo, que nada tiene que ver con la belleza canónica del tipo realismo naturalista desarrollado tan vehementemente por el arte religioso occidental en los siglos recién pasados. La búsqueda de la belleza y la consecución de la armonía en un icono vienen dados por el resultado de una  larga tradición acompañada de una reflexión, contemplación y manufactura escrupulosa que van estrechamente unidas. La belleza de un icono no descansa en la genialidad intuitiva del autor o en las emociones intensas que quiere manifestar el artista, ni siquiera en su capacidad de abstracción de una realidad cierta, sino que está amparada en el fiel cumplimiento de reglas precisas derivadas de minuciosos estudios que se han ido elaborando, sedimentando y perfeccionando a través de una larga tradición histórica. Nada se deja al azar, cada uno de los elementos se articula en el conjunto con asombrosa precisión.

    Representar a Cristo fue una empresa temible y tremenda, de allí la exigencia hacia los iconógrafos para que garantizaran la continuidad y unidad doctrinal más allá de las fronteras del imperio bizantino, a través de un conjunto de guías, procedimientos y restricciones. Esto quedaba asegurado a través de la similitud con el prototipo, desde donde se irradiaba esa profunda belleza que se manifiesta en el icono. Esos prototipos provienen de algunas fuentes que se amparan en las más antiguas tradiciones, denominadas como imágenes “acheiropoietes”, es decir, imágenes no hechas por mano de hombre.

     Entre estas tenemos el Mandylion (palabra griega bizantina no aplicable a otro contexto), conocido también como el Lienzo de Edesa o Imagen de Edesa, que es una reliquia cristiana consistente en una pieza de tela rectangular en que se habría impreso milagrosamente el rostro de Jesús, siendo por tanto el primer icono (imagen) del Cristianismo y que de acuerdo con la tradición, el rey Abgar lo recibió del apóstol Judas Tadeo, hacia el final de la vida de Jesús. Otra fuente es el lienzo de la Verónica, sobre el que queda impresa la Santa Faz, de allí que el nombre con que conocemos a la mujer, la Verónica, sea en realidad una alusión al lienzo; la Vera Icona, esto es, la verdadera imagen del Señor. Una tercera fuente acheiropoietes, es el Santo Sudario o Sábana Santa, que hoy se encuentra en la capilla real de la Catedral de San Juan Bautista de Turín. Para el caso de la Madre de Dios, su origen se puede rastrear a partir del primer icono de Iver, el que se conserva en un monasterio en el Monte Athos, Grecia y que, según la tradición, es una copia del que fue pintado por el apóstol y evangelista Lucas. Un caso latinoamericano de una imagen acheiropoietos sería la imagen de la Virgen de Guadalupe.

    Dado la profunda fidelidad al prototipo, como versión más fidedignadel original, es que el arte del icono se ha mantenido prácticamente inalterable a través del tiempo y del espacio, conociendo sólo una lenta variación a través de los siglos. Ya el VII Concilio Ecuménico de Nicea del año 787 decretaba que solamente el aspecto técnico de la obra dependía del iconógrafo, pero todo su plan, disposición y programa pertenecen y dependen de claro modo, a los santos Padres. Más tarde, en 1551, el concilio moscovita de los 100 Capítulos señala que todas las autoridades eclesiásticas deben velar sobre los iconógrafos y controlar su obra en sus respectivas diócesis. Esto irá asociado con la circulación de manuales con indicaciones precisas sobre los modos de pintar y reproducir los rasgos de Cristo y de los santos. Esta serie de instrucciones harán que la factura de los iconos sean durante mucho tiempo, un patrimonio casi exclusivo de los monjes; cosa habitual, pues es al alero del monasterio, donde se da una vida y efusión espiritual privilegiada. Es preciso aclarar que tampoco debemos ver una regulación tan estricta que ahogue al artista, pues depende de él, en último término, que su obra sea algo más allá que una mera copia, sin limitarse a la letra, sino al espíritu de los principios que anhela actualizar y ennoblecer.

    El iconógrafo, previo a plasmar la imagen en el tablero de madera, debe engendrar primero, el icono en su propio interior, fruto de la contemplación, el silencio y la ascesis, “con la mirada y el corazón purificados, él podrá trazar la imagen de un mundo transfigurado” según nos señala Michel Quenot. Por ello son emblemáticas las palabras de la iconógrafa rusa contemporánea Mme Fortunato- Theokretov: “La razón de ser de los iconos es la de servir a Dios y  los hombres. El icono es una ventana a través de la cual el Pueblo de Dios, la Iglesia, contempla el Reino; y, por esta razón, cada línea, cada trazo del rostro adquiere un sentido. El canon iconográfico, formulado a lo largo de los siglos, no es una prisión que quiera privar al artista de su impulso creador, sino la protección de la autenticidad de lo que se representa. En esto consiste la Tradición.” El iconógrafo por tanto, funda y nutre su arte en la Tradición y en las Enseñanzas de la Iglesia, siendo expresión acabada de la Liturgia y es inspirada por el Espíritu Santo. De aquí que sean obras no firmadas – aunque no anónimas-, a fin de no distraer al orante de su finalidad esencial.

    Al contemplar el icono, nos percataremos de que existe una ausencia total de realismo, enfatizando su espiritualización por sobre su objetivación sensible, es decir, nos introduce en una realidad transfigurada que hace participar al hombre de un mundo suprasensible e invisible a nuestros límites materiales. En síntesis, hacerlo partícipe de la Encarnación de Cristo a través de la deificación del hombre. Por ello también la arquitectura y naturaleza presente en el icono desafía la lógica humana y las leyes de la gravedad al ignorar toda proporción, apariencia y distribución, para manifestar las esencias de las cosas y subordinar las a las personas representadas. De los cuerpos desaparece su carnalidad sensual bajo ropas en formas de togas y pliegues, expresando un movimiento del espíritu. El rostro es el centro del icono, lo domina todo; los personajes de frente -sólo los santos-, expresan que participan de la gloria de Dios. Los que no han alcanzado la santidad, se presentan de perfil. En el caso de Cristo el rostro busca el equilibrio de su humanidad y divinidad. Los ojos son grandes y vivos, miran como testimonio de estar en la presencia de Dios. La frente abombada y alta encierra la fuerza del espíritu y la sabiduría. La nariz alargada y fina nos revela su nobleza. La boca, signo de espiritualidad es un fino trazo que prescinde de toda sensualidad, y siempre está cerrada, pues la contemplación de Dios exige el silencio absoluto. Los oídos, pequeños expresan que oyen la voz interior de los mandatos del Señor. Por tanto, podemos afirmar que todos los personajes de un icono se nos presentan impasibles, severos e hieráticos –solemnidad en extremo- expresando la paz de Dios, un dinamismo que es interior y una carne rendida al espíritu; todos signos de la plenitud de la vida espiritual. Finalmente el nimbo brillante sobre las cabezas expresa la abundancia de Luz Divina de aquel que vive en la intimidad de Dios.

    ALGUNAS TIPOLOGÍAS DEL ICONO:

    Los iconos son factibles de agrupar de modo que permitan al lego una comprensión más acabada de lo que hemos escrito. El primer lugar lo ocupa el rostro de Cristo, testimonio de su Encarnación, muchas veces presentado como Pantocrátor – todopoderoso y dueño del Universo- como Cristo triunfante, en gloria, que viene a sojuzgar a las naciones y hombres en la Parusía, – el advenimiento glorioso de Jesucristo al fin de los tiempos-. El Mandylion, imagen acheiropoietes ya referido, y el Emmanuel; Cristo-Niño con aspecto adulto. En Bizancio aparecen con una mirada severa como si escrutara las profundidades insondables del corazón humano, que se vuelve más bondadosa y amable en los iconos eslavos.

    Le siguen en importancia las diversas representaciones de la Virgen, Madre de Dios –Theotokos- representada con Jesús niño, el cual tiene en sus manos el rollo de la ley, que se pueden sintetizar en la Kiriotissa; es decir, la Virgen representada como un trono de sabiduría y Jesús niño sentado en sus piernas, reinando en majestad. La Galaktotrofusa; que es la virgen amamantando a Jesús niño. La Glikofilousa; que corresponde a Virgen acariciando a Jesús niño o dándole un regalo. La Hodogitria, que es la que muestra el camino. La Virgen señala a Cristo como camino de salvación. También tenemos unas representaciones menos comunes como la Virgen Platytera; que contiene al Incontenible, o inmensa que contiene al Inmenso. La Virgen Psychosostria; que es la que salva nuestras almas. La Virgen Panaghia, que es la Virgen toda santa, porque cubierta con un manto rojo, que indica la santidad del Espíritu Santo, expresa la plenitud de la santidad externa e interna.

    Le siguen en abundancia, el icono de la Deesis -Intercesión-, que muestran al Pantocrator rodeado de la Theotokos y Juan Bautista, el Precursor del Mesías, y a veces, con varios santos intercesores a favor de los creyentes. El icono de la Crucifixión nos presenta a Cristo pleno de la gloria de Dios, dueño de la Vida, triunfando sobre la muerte. Absolutamente distinto a las crucifixiones de Occidente, donde prima el drama de la muerte y no el misterio de la Resurrección.

    Interesante es también el icono de la Resurrección o del Descenso a los Infiernos, pues constituye el principal tema litúrgico de vísperas de los sábados y como afirma Michel Quenot: “La Ortodoxia es la confesión de la Resurrección”, que se representa habitualmente con el descenso al Ínfero, pues se evita el momento de la Resurrección, puesto que no hay detalles precisos ni aproximados en las escrituras, cualquier intento falsearía o agotaría de contenido al Misterio. Esperamos que estas breves líneas hayan sido fieles a nuestros propósitos, y haber intentado explicar cómo el icono celebra, en definitiva, la luz y la verdad del Misterio de la Encarnación del Dios cristiano, haciendo visible lo Invisible.

  • Alsino – Pedro Prado

    Alsino – Pedro Prado

    A mediados de 1920 aparece en Chile una de las novelas que habrían de cambiar el destino de la literatura nacional: Alsino, de Pedro Prado. Líder de la nueva generación de escritores, que buscaban por todos los medios poner fin a la tradición estética decimonónica, se había destacado, principalmente, como poeta. Sin embargo, la publicación de Alsino va a  posicionarlo como uno de los mejores novelistas latinoamericanos, en la medida en que el hondo lirismo de la novela habría de diferenciarla claramente de toda la tradición de nuestra narrativa moderna y del intenso fervor realista del naturalismo y criollismo de los años 20.

    El origen de la novela se remonta a las pequeñas historias que el autor le contaba a sus hijos durante las tardes en su vieja casa de Mapocho. Ante el asombro de uno de ellos al presenciar a un niño pobre que cargaba en sus espaldas una joroba prominente, Pedro Prado ideó las aventuras del curcunchito. Aquello que en los demás hombres despertaba consternación, en Prado supuso el nacimiento de un mito, el del niño que sin importar las dificultades, haciendo oídos sordos a las advertencias del sentido común, se dispuso transgredir las limitaciones propias del ser humano y materializar su destino secreto: volar.

    La tragedia del límite, sindicada por Prado como la base esencial de su poética, permite interpretar el destino de Alsino como la incursión en las áreas inexploradas de la experiencia humana. En una entrevista concedida por Prado en Colombia, mientras ejercía como ministro plenipotenciario de Chile, la definió con claridad: “Yo, desde el primer momento en que principié a escribir sentí el ansia de las cosas raras. Quise hacer una obra humana, pero por encima de todo lo vulgar. Educado a solas con mi espíritu, inicié la realización de una obra que estuviese de acuerdo con mi temperamento perseguidor de emociones desconocidas. Examiné el panorama de la literatura, y resolví traspasar el límite dentro del cual se movía todo y se movían todos. ¿Usted sabe cuál es la tragedia del límite? El deseo de ir más allá, de llegar un poco más adelante del lugar visitado por otros. Bucear por los fondos vírgenes. Otear los horizontes no conquistados. Hacer cosas humanas sobre planos esotéricos. Y conquistar una vida intelectual nueva, dentro del culto de la estética”.

    Y en esto se parecen mucho Pedro Prado y Alsino. Ambos se constituyen en exploradores estéticos, buscando a través del arte la superación del hombre y su circunstancia. Alsino es un niño que habita junto a su hermano Poli y su abuela en un sector rural cercano al puerto de Llico, en la VII región. Colabora con su abuela en la recolección de hierbas medicinales, lo que le permite conocer en profundidad la naturaleza y su potencialidad curativa. La precariedad y monotonía de su existencia lo impulsan a buscar nuevas experiencias. Y tras intentar infructuosamente ensayar el vuelo desde lo alto de un árbol, recibe un golpe durísimo que lo deja al borde de la muerte. Preso del delirio, Alsino comienza a sentir el llamado de la naturaleza, que lo hace abandonar su choza sin haberse curado del todo y caminar sin rumbo con una joroba cada vez más pronunciada en sus espaldas.

    “Ni sé a dónde voy, ni lo que busco; los caminos se ofrecen y ayudan. Antes los veía inmóviles; ahora los veo ir y venir: adivino que desean que siga por ellos”.  Después de largos meses de vagancia, Alsino descubre las alas que lleva en su espalda y puede, por fin, alzar el vuelo. “Sin darse cuenta de sus actos, se encontró con sus grandes alasdesnudas, abiertas y temblorosas. (…) Dio un grito ahogado y terrible; lo estranguló a medias la angustia que le oprimía la garganta, y sus alas enardecidas con un furor de éxtasis o muerte, engancharon en el aire”.

    El vuelo extasiado y frenético de Alsino durante la primera mitad de la novela, nos va revelando todo aquello que había estado oculto al ser humano y que él descubre al superar sus límites. La naturaleza es descrita desde una perspectiva inédita, por cuanto Alsino no sólo posee la capacidad de volar, sino también la de comunicarse con el resto de los seres vivos. Y su canto alcanza momentos de extraordinario lirismo: “¡Oh! Abigail, si la voz de cualquiera, entre estas montañas, levanta fácilmente un eco, ¿qué no despertaría mi canto, cuando yo sé las palabras por todas las cosas comprendidas?”

    Pero los demás hombres interpretan la plena belleza alcanzada por Alsino en virtud de sus descubrimientos, como una monstruosidad. Sus recorridos por los caseríos rurales van alarmando a los campesinos, quienes se esconden aterrados al verlo. El aislamiento al que se ve sometido y el rechazo prodigado por los hombres lo desconcierta. “¡Miserable de mí! ¡No sólo los demás me tuvieron por un ser extraño a ellos; yo, también así lo sentía. Sólo cuando el amor llegó, supe que era igual a todos”.

    Si el contacto con la naturaleza lo fortaleció y dio nuevos bríos a su vida, su relación con los hombres no hizo más que destruirla. Después de sufrir toda clase de vejámenes y de perder la vista por las argucias de una vieja curandera, emprende su último vuelo, el de su redención. La lectura de Alsino supone un viaje mítico por las profundidades del hombre, una exploración de sus anhelos más desatados, de sus sueño más delirantes. Prado no se limita a la descripción de superficies, a la simple caracterización de tipos humanos, sino que penetra en el alma humana en una persecución estética y espiritual. Y todos aquellos elementos que caracterizaron su poesía se dan cita de manera admirable en esta novela: el aliento de vuelo, la superación de climas sofocantes y el llamado del vislumbrado infinito. Después de casi cien años de su publicación, Alsino conserva su vigencia, en la medida en que su potencial expresivo y su poder de evocación de nuevos mundos posibles permanecen intactos.

    I. En la noche:

    La noche cubre los campos como un agua oscura y sutil. Después de haber penetrado hasta en las últimas concavidades de las dunas, eleva silenciosamente su nivel mil veces por encima de las más altas montañas.

    Una niebla delgada, que el viento empuja contra el mar, vela los contornos de las cosas y hace que ellas se compenetren.

    La luna, que cae hacia el poniente, brilla pálida tras la niebla. En torno de la luna se ven dos nacarados y enormes círculos concéntricos. Alguien ha tañido esa campana de plata: son dos ondas sonoras que se propagan por los dominios de la noche silenciosa. Alguien ha arrojado la luna, como una moneda de oro, contra las mansas aguas del infinito; su caída ha hecho nacer esos círculos crecientes y gigantescos.

    El mar, convertido en una sombra sonora, canta; su voz se mezcla a la niebla que brota de su seno, a la niebla débil que se opone, sin fuerzas, al viento frío y cortante que baja de las nevadas cordilleras.

    Por angosto desaguadero un lago pugna por vaciar su tributo en el mar; pero las olas, desde la muerte del invierno, han vencido y ahora elevan y mantienen una constante valla de arena. Las aguas del lago, buscando cumplir con su destino, se filtran calladamente; pero van con tanto despacio, que se espesan y pudren, y las innumerables fosforescencias que vagan en la noche como fuegos fatuos por encima de los pantanos, juegan y danzan sobre ellas como niños alegres y caprichosos. Más allá del desaguadero el lago es puro y transparente. Cerca de los trémulos pajonales, y en un sitio que nadie conoce, los flamencos, sentados a horcajadas en sus altos nidos de barro, empollan y duermen. Los huillines, que en el día pasaron en sus escondidos lechos de hierba, ahora aprovechan la pálida vislumbre de la luna y pescan confiados y pacientes.

    Y del mismo modo que las iglesias guardan las melodías de las oraciones y de los cánticos que en ellas se elevaron, la enorme cuenca que forman las colinas que rodean el lago está llena de una dulzura que sólo se atribuye a la placidez del agua que duerme, cuando ella está formada por los últimos ecos de los melancólicos cantos de los pidenes y de todas las aves que, desde incontables atardeceres, aquí se reúnen para elevar sus oraciones cuando aún brillan las últimas horas rosadas y luminosas.

    Como nadie las ve, las dunas avanzan con más prisa que la que tienen cuando el sol brilla. Hay una mísera aldea de pescadores y labriegos que las dunas estrechan contra el desaguadero, donde las miasmas se incorporan a las densas nieblas del pantano. Las chozas, construidas con ramas traídas de la montaña, todavía no pierden sus hojas y su fragancia cuando, antes del año, ceden al peso de la arena que se ha ido acumulando contra los débiles tabiques. Entonces es preciso volver a la montaña por otras ramas y construir una nueva y pasajera morada.

    Una vez, una vaca que vagaba extraviada en la noche por los arenales llegó a este caserío. Hambrienta y ciega por la oscuridad, bajando por el declive de la duna, dio con la frágil y engañosa techumbre de una choza medio sepultada. Cuando comía con ansia las hojas secas, dentro los habitantes de la choza se santiguaban al no descifrar los ruidos extraños de la techumbre. Y cuando, al avanzar otro paso, cayó con estrépito en medio de la habitación, arrastrando consigo las ramas rotas, sus bramidos de angustia y su gran cabeza armada de enormes astas, que sacudía en su desesperación, hicieron creer a los aterrados moradores en la visita del Señor de los Infiernos.

    Esta noche, en cada choza también se oye ruido. Es el chisporroteo fino y constante que hacen los granos de arena al chocar contra las hojas secas y coriáceas. Ni por un segundo el trémolo cesa; ya es casi imperceptible como débil llovizna que se cierne y cae; ya sube de tono más y más hasta semejar ruido de la grasa hirviendo; ya se atenúa y cesa; no se le oye, pero es preciso perder la esperanza de que alguna vez concluya, porque siempre hay un grano de arena que resbala. Hacia el oriente, en la última choza, duermen una anciana y dos niños.

    Uno de los niños despierta y abre desmesuradamente los ojos en la oscuridad. El paso de su propia sangre le finge rojas alucinaciones, apagados fulgores que él cree se desprenden de las tinieblas circundantes. El miedo le turba, cierra los párpados con fuerza y esconde su cabeza entre las mantas. El otro niño, tal vez embriagado con el perfume violento de las ramas de boldo que forman la choza tiene un ensueño a la vez sencillo y maravilloso. Sueña que volar es una hazaña que no requiere esfuerzo alguno; sueña que volar es un hecho fácil para todo aquel que deje su peso en tierra. Se asombra de no haber tenido antes tal ocurrencia, una y otra vez, solo con la fuerza de su propia voluntad se desprende suavemente del suelo; poco a poco se eleva, y va y viene, con rapidez, por el aire. Pasa por encima de la choza y de la aldea, pasa por sobre los montes de arena y cruza el lago a gran altura, sonriendo de los arroyos que, a la luz de la luna, vierten en él sus aguas. Desde allí se divisan tan pequeños y brillantes, que solo parecen rastros dejados por los caracoles entre las hierbas.

    En esta novela, es posible apreciar el carácter multifacético de Pedro Prado, por cuanto todas las ilustraciones que acompañan el texto, además de las capitulares que inician cada capítulo, son de su autoría. Su condición de poeta, novelista y pintor se entrelazan para constituir una novela que anhela la fusión intregral de las distintas disciplinas artísticas. Discípulo de Pedro Lira y, sobre de todo, de Juan Francisco González, Prado supo ver en la pintura y el dibujo una nueva forma de descubrir el mundo. Absolutamente convencido de la esencial compatibilidad de ambos códigos, el literario y el pictórico, desarrolló a lo largo de su obra un intenso y enriquecedor diálogo.

  • Africa, Joseph Conrad y el Corazón de las Tinieblas

    Africa, Joseph Conrad y el Corazón de las Tinieblas

    Al hablar de África se nos viene a la mente hambre, miseria, pobreza. Pensamos también en crueles luchas tribales, nativos hostiles,  en gobernantes sanguinarios, en peligro, en muerte. Nuestra mente occidental a veces no nos permite aceptar a otras culturas diferentes y respetarlas por lo que son. Es cierto que los propios Áfricanos tienen su parte de responsabilidad en la situación que se vive actualmente en casi todos sus países, pero afrontando los hechos con honestidad  debemos asumir que desde el momento en que los países europeos se interesaron por África y ocuparon el territorio,  fue el comienzo de un horror sin límites. 

    Joseph Conrad, escritor británico

    Ese interés del mundo occidental por África fue netamente comercial, la ambición, la avaricia y el ansia de riquezas llevaron a los europeos a saquear y ocupar esas tierras, ocupación que culminó muchos años después en la Conferencia de Berlín de 1884 con la repartición absoluta del “botín”, excepto Liberia y Etiopía,  ignorando todos los derechos de los habitantes naturales a pesar que trataban de convencer al mundo que actuaban en África por causa de la paz y de la humanidad. Y así lo proclamaron en esta Conferencia aunque sabemos que no tenían en mente ningún propósito altruista. 

    La Conferencia de Berlín convocada por Francia y Alemania se realizó entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero  de 1885 y las naciones que estuvieron presentes fueron: Bélgica, Francia, Dinamarca, España, Alemania, Austria, Hungría,Gran Bretaña, Holanda, Italia, Portugal, Suecia, Noruega y Turquía con  la total ausencia de algún país Áfricano.  Bismark abrió la sesión y aceptó la presidencia diciendo en su discurso que el propósito de la conferencia era promover la civilización de los Áfricanos abriendo el interior del continente al comercio.  

    Hasta el siglo XVIII los europeos ignoraban absolutamente todo del interior de África y no demostraban  mucho interés por conocerlo por temor a las enfermedades, a las tribus hostiles, a lo desconocido En esos años África Negra era para Europa un continente misterioso y más aún un continente peligroso Desde hacía mucho tiempo gozaban de sus  riquezas pero no tenían motivos para exponerse y adentrarse en esas tierras oscuras. Incursionaban en las costas practicando el rentable comercio del tráfico de esclavos.  Una fuente inagotable de demanda fueron las colonias europeas del Nuevo Mundo que necesitaban mano de obra esclava para trabajar en las plantaciones. 

    Durante ese siglo se dice que entre siete y diez millones de esclavos fueron transportados a las costas de América. Los portugueses eran los principales negreros de la cuenca del Congo pero también los daneses, franceses y holandeses hacían grandes ganancias con este comercio. Pero fue la Gran Bretaña Imperial la que dominó ampliamente en este lucrativo negocio. De las crueldades a las que fueron sometidos los esclavos hay una muy nutrida literatura y es inconcebible pensar que seres humanos “civilizados” fueran capaces de tanta crueldad. Para los europeos, los negros no eran personas,  estaban a la altura de los animales.

    Georges Cuvier un gran naturalista de su época dijo de la raza negra:” La prominencia de la parte inferior del rostro y el grosor de los labios lo aproximan a todas luces a la familia de los simios; y las hordas que la componen han permanecido siempre en el estado de la más absoluta barbarie” 

    La exhibición de negros Áfricanos fue una práctica muy popular en las grandes ciudades de Europa. Allí, como si fueran animales de circo eran exhibidos ante miles de espectadores que mostraban una morbosa curiosidad por verlos, se reían de ellos y les arrojaban alimentos 

    Si mencionamos hace un momento que Gran Bretaña fue quién más usufructuó del tráfico de esclavos, quizás por eso fue la primera en alzar voces para acabar con tal signo de barbarie. Recordemos además que el siglo XVIII fue la época de las Luces, el siglo de la Ilustración y surgieron con Rousseau, Voltaire, Monstesquieu, Hume, los conceptos de Derechos del Hombre, del Buen Salvaje, movimientos como el Humanismo y eventos tales como la Revolución Francesa. Escritores y filósofos comenzaron a atacar la esclavitud. En los primeros años del siglo XIX ésta prácticamente desapareció,  por lo menos en teoría,  ya que en la práctica muchos siguieron a escondidas con este comercio y cientos de  miles de Áfricanos fueron todavía presa de la codicia de los negreros.

    Pero a partir del momento en que el blanco incursiona hacia el interior del continente,  el saqueo de África está verdaderamente comenzando. La ambición va a llevar a límites insospechados y la explotación humana no va a decaer. Los negros siguen siendo para los colonizadores sólo una herramienta necesaria para lograr los objetivos 

    África se ha convertido en un imán irresistible que atrae a mucho tipo de gente de todo tipo y calaña: desde el misionero con buenas intenciones hasta el más codicioso y cruel traficante de marfil, pasando por el aventurero, el cazador y el buscador de oro.  

    El Corazón de las Tinieblas

    En 1902 un gran escritor, Joseph Conrad publica un cuento, El Corazón de las Tinieblas”, una crítica feroz al colonialismo que denuncia  las atrocidades que se cometen  con los negros y que comienza a abrir los ojos del mundo. La historia transcurre primero en una de las estaciones de la compañía y luego en las aguas de un gran río Áfricano, el Congo.  Conrad  pinta de forma estremecedora toda la situación que se vivía alrededor del tráfico de marfil, la explotación de los negros llevada al límite,  las condiciones miserables de estos esclavos que morían como moscas sin importarle a nadie ya que eran inmediatamente reemplazados por otros.  El escritor Jorge Luis Borges lo seleccionó entre los diez cuentos memorables  porque está escrito en forma magnífica, pero además de su calidad literaria, el autor se mete en las profundidades del alma humana y nos  trasmite todo el horror que puede desencadenar el accionar del hombre. Muchos escritores y artistas han tratado de diversas maneras el tema de este libro que además sirvió de inspiración a Francis F. Coppola para su película Apocalypse Now.

    La novela apareció en Inglaterra en un momento en que el mundo europeo comenzaba a   conocer las atrocidades que se cometían en el Estado Libre del Congo, propiedad del soberano belga, Leopoldo II. El libro vino a corroborar los ya insistentes rumores que corrían y que poco tiempo después fueron confirmados.

    Cuenta la historia de un marinero inglés, Marlow,  que viaja por un río en busca de un agente europeo, Kurtz, uno de los mejores y más brillantes hombres que trabaja en una empresa que trafica marfil.  Este hombre ejemplar de la compañía, que trabaja en pos del progreso y la civilización,  se ha vuelto loco por causa de su trabajo, ha abandonado las instalaciones de la empresa  y vive ahora en las profundidades de la selva. 

    En  el relato se mezclan los indígenas y colonizadores en un mismo caos y desesperación, el ritmo es lento y opresivo;”Morían lentamente…eso estaba claro. No eran enemigos, no eran criminales, no eran nada terrenal, solo sombras negras de enfermedad y agotamiento  que yacían confusamente en la tiniebla verdosa” 

    En esa travesía en busca de Kurtz,  tensa, peligrosa, rodeada de caníbales que acechan el paso del barco en la profundidad de las tinieblas, sentimos el silencio, los ruidos, el olor de esa selva misteriosa que guarda los secretos de la degradación, de la codicia, de la vida y de la muerte. El relato tiene ritmo, las palabras se estremecen ante nuestros ojos describiendo  todas las sensaciones humanas, haciendo volar la imaginación y el pensamiento Y las tinieblas y el miedo y el calor, y de nuevo las tinieblas, envuelven al lector en una atmósfera densa, húmeda, caliente y oscura.:”Nada podíamos ver mas allá del vapor; veíamos su punta borrosa como si estuviera a punto de disolverse, y una línea brumosa,  de quizás dos pies de anchura, a su alrededor. Nada más. El resto del mundo no existía para nuestros ojos y oídos. Aquello era nuestra tierra de nadie, todo se había ido, desaparecido, barrido, sin dejar murmullos ni sombras detrás” 

    La novela está tan llena de descripciones de dolor, de miseria, de resignación que uno se empapa de esa cadencia y se deja arrastrar, igual que el barco por el río, en una ola de pensamientos oscuros y angustiosos. Se vive esa decadencia humana, ese vacío existencial donde no cabe la esperanza y donde la locura es el único escape a las tinieblas y a la desesperación.. Y eso le pasó a Kurtz, se dejó arrastrar por los instintos más bajos que anidan en el corazón del hombre y que se desataron en contacto con esa realidad que supera cualquier horror. Kurtz se convirtió en un asesino que dominaba a los indígenas por el terror y la muerte. Se rebeló, se escapó de todas las normas que habían regido su vida, no aguantó ese infierno y él mismo fue parte de él:”Por fin lo encontrarán enfermo en una choza cercada de cabezas humanas empaladas, adorado por tribus indígenas a las que subyuga con el terror”  

    El encuentro con Kurtz es impactante. Está enfermo, no sabemos si se da cuenta del mundo monstruoso en que se ha sumergido. Casi al final,  cuando va a morir,  dice Marlow:”No he visto nunca nada semejante al cambio que se operó en sus rasgos, y espero no volver a verlo. No es que me conmoviera, estaba fascinado. Era como si se hubiera rasgado un velo. Vi sobre ese rostro de marfil la expresión de sombrío orgullo, de implacable poder, de pavoroso terror…, de una intensa e irredimible desesperación. ¿Volvía a vivir su vida, cada detalle de deseo, tentación y entrega, durante ese momento supremo de total lucidez?. Gritó en un susurro a alguna imagen, a alguna visión, gritó dos veces, un grito que no era más que un suspiro. ¡Ah, el horror!, ¡El horror!” 

    La novela es en resumen un magnífico relato que pretende abrir los ojos del mundo contra la cruel colonización del África, pero que nos muestra también los abismos profundos y oscuros en que puede caer el hombre cuando pierde los límites de su dignidad; porque el verdadero corazón de las tinieblas es el corazón del hombre.    

  • 1919 el año de la “Marea Roja”

    1919 el año de la “Marea Roja”

    Hace 100 años el mundo vivió una masiva expansión del comunismo por todas partes del globo terrestre. Las ideas de Marx encontraron un caldo perfecto en el mundo post Primera Guerra Mundial y como una marea roja comenzaron a teñir el mapa mundial. Parecía ser que el futuro era del socialismo y que el sueño de instalar el Paraíso Terrenal en el mundo podría hacerse realidad. Tras la Gran Guerra habrá varios movimientos revolucionarios que intentarán instaurar gobiernos marxistas en varios lugares de Europa. Durante la guerra en 1917 una revolución había logrado instaurar el primer gobierno marxista en Rusia estableciendo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. Lenin había tenido que ajustar la teoría de Marx que estaba hecha para una sociedad industrial a una sociedad agraria. Marx había pensado en Gran Bretaña o Alemania como bases para la transformación social. Naciones donde el capitalismo había llegado a su segunda fase que lo conduciría naturalmente al socialismo. El intento soviético en Rusia no había sido fácil. La Revolución en Rusia había amenazado desde fines del siglo XIX, las ideas socialistas habían entrado al Imperio y se habían fortalecido. Tras la derrota en la Guerra Ruso Japonesa pareció el momento de la gran oportunidad que se perdió en un contraataque de represiones que dejó a los líderes socialdemócratas en el exilio. Fue la Gran Guerra la oportunidad para replantear la Revolución en el Imperio de los Zares. La impopularidad del conflicto mundial fue la que creó las condiciones para la abdicación forzada del zar en febrero de 1917 y el establecimiento de un gobierno provisional bajo el mando de Alexander Kerensky, quien si bien aplicó medidas de corte democratizantes, mantuvo la guerra. Rusia había perdido gran parte de sus territorios más fértiles, por lo que un pacto de paz con los alemanes implicaba renunciar a esas tierras. Lenin llega a San Petersburgo prometiendo “Tierra, Pan y Paz” y radicaliza la revolución tomándose el poder en Octubre de 1917, estableciendo la URSS. Para imponer su visión y al ver que no tenían mayoría, Lenin provoca la Guerra civil lo que le permite desde el “Terror Rojo” imponerse. Tras esto, la Internacional Comunista establecida en la Unión Soviética sueña con lograr “Octubres”, revoluciones soviéticas en otros lugares. El fin de la Guerra, con Europa en ruinas, era un caldo perfecto para hacerse de economías industriales en las que la teoría de Marx pudiese ser aplicada a cabalidad. El Octubre alemán era el gran anhelo. Tras la Paz de Versalles una oleada roja inundó el continente y el fantasma del comunismo se hizo más patente y real que nunca. 1919 fue el año rojo en el que el mundo se sovietizó enormemente dividiendo a la sociedad toda. Estos eventos tienen su origen en cambios del pensamiento que permitirán la creación del pensamiento marxista como una nueva religión laica. Eso explica su fanatismo y mesianismo.

    Las ideas han movido al hombre y construido la sociedad en que estos habitan. La racionalidad humana se ha explicado la realidad y ha inventado sistemas racionales acordes a su modo de pensamiento. Estos modos de pensar han cambiado en el tiempo. La Cultura Cristiano Occidental nació tras la caída del Imperio Romano y fundió los elementos que estaban en el ambiente, permitiendo constituirse como una nueva cultura. Esta tomó el modo de pensar de los griegos que confiaba en la existencia de la Verdad y la real posibilidad de alcanzarla. Del mismo modo, de los germanos tomó la estructura social y económica y su organización jurídica y finalmente del cristianismo la visión de mundo y concepción de lo que el hombre es en relación con Dios su creador. De este modo nacería una cultura cristiana con pensamiento racional griego que entendería que la verdad existe y se puede alcanzar; solo que ahora agregaría que la verdad se llama Dios. Con esto se crearía una visión de mundo teocéntrico en la que en el centro de toda explicación estaría Dios. La realidad tiene un orden lógico, Dios, Hombre y mundo, siendo Dios lo primero y central y apuntando como fin llegar a él. Todo el período medieval se moverá con esta visión de mundo y la sociedad que ellos crearán responderá a esa visión de mundo. Todo esto cambiará con el advenimiento del Racionalismo el que confiará en la razón humana como creadora de la realidad. René Descartes definirá al hombre como una “cosa pensante” y será el pensamiento humano el que creará la realidad. – “Pienso, luego Existo”. Con esto cambiará el modo de ver y habitar humano. Aparecerá un verdadero antropocentrismo que colocará la hombre en primer plano y relegará a Dios a un segundo lugar. Estas ideas del racionalismo dieron paso a la llamado sociedad ilustrada, iluminada por la luz de la razón las que cambiaron el modo de ser y de habitar del ser humano. La idea de la luz que contrasta con la oscuridad medieval teocéntrica que debía ser superada. Ya no era Dios el creador providente que actúa en el mundo, sino que la construcción del mundo estaba encomendada a Adán, el hombre. Toda la realidad será repensada desde el punto de vista humano, con lo que el arte comenzará a pintar lo humano, la cotidianidad. La Arquitectura buscará ensalzar a reyes y en política se concebirá que el soberano, el que ostenta el poder, será el hombre y no Dios. 

    El antropocentrismo no llegará solo desde la línea cartesiana, sino que también desde la vía inglesa del Empirismo de Sir Francis Bacon que se centrará en la creación de un método que permitirá a la Ciencia progresar. La confianza en el hombre y en la ciencia llevarán a intentar dominar y controlar la naturaleza y a la obsesión por medir y catalogar toda la realidad. Galileo usará ambos métodos y entenderá que la Naturaleza está escrita en lenguaje matemáticos, por lo que develar sus secretos es posible y buscado. Newton elaborará las leyes que permitirán determinar y comprender el “plan divino”. El hombre había develado sus secretos. Ahora es él el maestro que domina y controla.

    Esta confianza en el hombre llevarán a comenzar a pedir mayor representatividad y las ideas políticas de soberanía popular de John Locke llevarán a la Independencia de los Estados Unidos de Norte América. La visión lockiana creía que el individuo estaba primero que el Estado. El individuo era sujeto de derechos inalienables que existían antes que la sociedad, los derechos a la vida, la propiedad y la libertad y que los Estados se constituían para garantizar que esos derechos individuales no fuesen pasados a llevar. El Estado debía ser pequeño para no atentar contra los derechos de los individuos. La libertad para Locke era más importante que la igualdad. Su visión de sociedad es libertaria.

    Por otra parte, en el continente europeo la visión se la soberanía popular adquiriría otra concepción. Jean Jacques Rousseau, suizo radicado en Francia considerará que el hombre por naturaleza es bueno, pero que es la sociedad la que los corrompe y hace malvados. El hombre era libre, bueno un “buen Salvaje” nómade que habitaba el mundo en conjunto con la naturaleza. Todos vivían compartiendo todo, un mundo colectivo ideal en igualdad. Para él la revolución agrícola que trajo la sedentarización fue el comienzo de los problemas. El hombre sedentario, acumula. Para Rousseau la propiedad es el origen de los males porque genera la desigualdad. Por esto el considera que para recuperar la bondad perdida los hombres deben hacer un pacto social y elegir un Estado grande que redistribuya los bienes para volver a recuperar l a igualdad. Para Rousseau el Estado es más importante que el individuo y la igualdad más importante que la libertad. Este es el origen de toda idea socialista que crecería en el tiempo desde el siglo XVIII. Estas ideas llevarían a la Revolución Francesa, movimiento que buscará establecer la igualdad y que aboliendo la sociedad estamental y los privilegios establecerá la igualdad ante la ley. Con esto se terminará el sistema estamental que dividía a la sociedad según funciones y que diferenciaba tanto en la justicia como en los tributos según estas funciones. Los Estamentos como el clero y la nobleza que prestaban funciones sociales, como velar por las almas de todos las personas y encargarse de la defensa de la sociedad, no pagaban impuestos, ya que estas funciones eran financiadas por el mismo estamento. Ahora, tras la Revolución francesa, todos pagarán impuestos y todos quedarán bajo las mismas leyes. Del mismo modo, se terminará con el sistema gremial que era parte de los privilegios de la sociedad estamental. Cualquier persona para ejercer un oficio debía ser aceptado por el gremio específico e iniciar una carrera desde aprendiz hasta maestro, por lo que capital y trabajo estaban unidos. El fin de los gremios permitirá que quien quiera invertir en un oficio lo haga, sin necesidad de ser parte de ese oficio- capital y trabajo quedarán separados. Esto será parte del problema de la llamada “Cuestión Social”.

    La revolución iniciará con el espíritu de la igualdad, pero rápidamente desarrollará otra dimensión que será parte de las ideas socialistas en el futuro. Los Revolucionarios radicales, los llamados “jacobinos”, dirán que su actuar es por y para el “pueblo”. Pero redefinirán el concepto “pueblo”, ya no serán las personas de origen humilde, sino que el “pueblo” serán los “amigos de la revolución”. Por lo que el que no esté con los revolucionarios, sin importar su origen, no será pueblo. Como dirá Maximilien de Robespierre, “a los amigos de la revolución se los gobierna con la razón y a los enemigos de ésta se los gobierna con el terror”. La idea jacobina era “renovar la humanidad desde la sangre”, que manifiesta luego Saint Just. 

    Aunque la Revolución Francesa copiando a los americanos publicarían una declaración de derechos humanos, considerando que la vida humana era sagrada, el concepto de los amigos y enemigos de la revolución permitirían que algunas, o más bien muchas muertes, fuesen consideradas justificadas por la causa. Democratizar la sociedad, estableciendo la igualdad como el fin añorado. De modo maquiavélico y considerando que el “fin justifica los medios” asesinaron a todo opositor, sin importar su origen social. La mayoría de los muertos en la revolución Francesa fueron artesanos, campesinos y miembros del clero. Las ideas eran más importantes que las vidas. Era un movimiento refindante que creaba una nueva sociedad y un nuevo tipo humano, por eso su fanatismo anticlerical, ya que el clero representaba a la sociedad del Ancienne Regime. Esta lección caló profundo en la historia y este modelo se instalará para quedarse. Y Aunque los revolucionarios terminaron eliminándose entre ellos, Napoleón, un hijo de la revolución al invadir Europa exportaría estas ideas y las repartiría como un virus en Occidente, incluso más allá del viejo continente. 

    Con este panorama de ideas políticas se producirá la revolución industrial que cambiará el modo de habitar el mundo para siempre, reduciendo el planeta al acortar las distancias y creando la sociedad de consumo. Junto con estos cambios positivos que permitirían por primera vez una sociedad de abundancia y tiempo libre, los colaterales no deseados de este proceso, la llamada “cuestión social” parecerá darle la razón a las ideas socialistas ya en el ambiente. La literatura y los artistas acusarán de realidades infrahumanas y se convertirán en los “Dantes que muestran el Infierno”, como dice Benjamin Disraeli en su novela Sybil. Los llamados socialistas utópicos intentarán dar solución y teorizar sobre el problema sin gran éxito, excepto quedar como buenas intenciones. Junto con esto el desasosiego político y las demandas por mayor participación se manifestarán en Europa en las llamadas Revoluciones burguesas, movimientos espontáneos que se darán en diversas ciudades del viejo continente en 1830 y 1848. El afán por lo científico hará que en 1848 Karl Marx y Friedrich Engels pretendan teorizar para lograr un socialismo científico, que establezca reglas seguras y replicables. Tras publicar el Manifiesto del Partido Comunista se empeñarán en el desarrollo de una obra magna para instaurar el socialismo en la tierra, El Capital. El fin de Marx y Engels era lograr liberar a aquellos que “no tenían nada excepto su prole”, los oprimidos sociales de sus cadenas. Hacerlos despertar y tomar conciencia de clase para lograr cambiar lo esencial de toda sociedad, la economía. Marx un materialista admiraba el éxito del capitalismo, pero entendía que éste tenía un problema intrínseco que lo llevaría a autodestruirse. La plusvalía hacía a los ricos más ricos y a los pobres más pobres, por lo que éstos finalmente no podrían consumir y el sistema colapsaría. Por eso, había que cambiar la base de todo sistema, la llamada infraestructura de la sociedad, la economía. Según Marx era la economía la que determinaba todo el resto de las supra estructuras, por lo que si cambiaba la economía cambiaba toda la sociedad. Su fin era instaurar el “paraíso terrenal sobre la tierra”, una sociedad sin clases en la que la igualdad y la fraternidad reinaran para siempre. 

    Estas ideas se hicieron atractivas durante la segunda mitad del siglo XIX haciendo que en mayor o menor medidas todos estuviesen impregnados de socialismo en mayor o menor medida. Parecía ser que la idea de mayor participación, democratización se habían instalado en el continente. Junto con esto la idea latente detrás de la idea socialista que la igualdad es el bien esencial y que está sobre la libertad, así como la idea que esto solo puede lograrse desde el Estado. Esa idea que el Estado es más importante que el individuo es algo que se impuso como dogma en todas partes. Fue aceptado de más de un modo, por incluso los antisocialistas. Para fines del siglo XIX estas ideas eran parte del llamado “sentido común” imperante. 

    Tras la derrota francesa en la Guerra Franco Prusiana en 1871, un movimiento revolucionario comunista se tomará el gobierno de la ciudad de París instaurando la llamada Commune de Paris. Louis Blanqui estaba inspirado en las ideas marxistas y sería alavado por el mismo Marx, quien luego explicará en un escrito “La Guerra civil en Francia” el por qué esta acción no habría fructificado. El movimiento será aplacado por las fuerzas francesas y dejará como corolario una ciudad destruida y sus líderes y partidarios masacrados. 

    Por otra parte tras la Unificación de Alemania en 1871 en el llamado Segundo Imperio Alemán, su artífice Otto von Bismark entendía que este proceso democratizador había llegado para quedarse y decidió crear el primer Estado de Bienestar que buscaba acompañar a los ciudadanos desde la cuna hasta la tumba, creando un sistema de asistencia social con seguros de salud y pensiones. El se adelanta a lo que sabe que va a suceder, “o se los damos nosotros o se lo van a querer tomar”. En un mundo con mayor electorado el mantener contento a los ciudadanos pasa a ser algo esencial. Pero esta vía alemana desde la ley y el gobierno no sería una vía muy imitada y la vía violenta será vista como la única forma de lograr que la supuesta revolución natural llegue. 

    En 1883 muere Marx y Engels continúa con el legado, incluso culmina El Capital. Marx muerto, antes admirado y seguido, se convierte en una espacie de dios de una nueva religión laica. Sus ideas inspiran la creación e ligas socialistas en todas partes de Europa y más allá de ella. La idea internacionalista marxista de unir a los obreros del mundo se impone como una idea de lucha fraternal. Walter Crane ilustrador socialista inglés hace los afiches para los movimientos alemanes, para las protestas de la ciudad de Chicago y para las convocatorias de las reuniones generalizadas en las llamadas Internacionales socialistas. El lema era que el socialismo era la esperanza del mundo y que soplaba como el viento y se extendía en la tierra. Ya no era simplemente un fantasma como habían dicho Marx y Engels, sino que una realidad. La idea de terminar con la división social de explotadores y explotados, levantaba al socialismo encarnado en Mariane, la diosa laica de la Revolución francesa como la esperanza de los desposeídos. Las ilustraciones y la prensa en pleno apogeo a fines del siglo XIX serían el medio de masas para expandir y extender estas ideas. 

    A estos movimientos socialistas se sumarían otros movimientos que buscaban destruir lo existente como los anarquistas. Aunque el primer anarquista será William Godwin en Inglaterra, ideas de este tipo se extenderán por toda Europa. Pierre Joseph Proudhon postulará la ideas del Orden espontáneo y Mikhail Bakunin postulará que será libre cuando la humanidad lo sea. Aunque estos autores se definirán asistémicos, pronto aparecerán corrientes eclécticas que combinarán el anarquismo con el comunismo en el llamado anarco-comunismo de Kropotki y Malatesta. A estos e le agregará la dimensión terrorista en el anarco terrorismo que actuarán en distintos lugares de Europa y Rusia a fines del siglo XIX. En 1881 un movimiento de estas características asesinará al Zar reformador Alejandro II, impidiendo que las medidas democratizadoras se hiciesen de modo legal en Rusia. Anarquistas y comunistas colaboraban por transformar el sistema establecido.

    Si bien en Alemania Otto von Bismark había reprimido y perseguido a los socialistas estableciendo orden en el Imperio Alemán, con la muerte del viejo Kaiser y el ascenso de su nieto Guillermo II la situación cambió. Otto von Bismark abandonó su cargo tras ser invitado a retirarse y los socialistas pudieron reorganizarse en Alemania. Ferdinand Lassalle se convirtió en su líder, quien retomando las ideas de Marx logró un espacio importante en la sociedad alemana. Junto a él, August Babel fundaron en 1869 el Sozialdemokratische Arbeiterpartei (SDAP) y en 1875 el Partido Socialista de los Trabajadores Alemanes (SAPD). Plantearon el llamado Programa Gotha en el que proponían sufragio universal, libertad de asociación, limitar la jornada de trabajo, leyes de protección de los derechos y salud de los trabajadores. Marx en vida criticó la aproximación. Wilhelm Liebknecht será uno de los líderes del movimiento y uno de los cinco asistentes al Funeral de Karl Marx en 1871 (Sus dos hijas, Paul Lafargue, Friedrich Engels y él). Una de las figuras emblemáticas del socialismo alemán será Rosa Luxemburgo. Polaca de origen llegará a Alemania siendo una niña. Ella incitará a la agitación bajo el concepto de que quien no se mueve no siente sus cadenas. Ella será una ideóloga de gran peso quien abordará la teoría dura en sendos escritos sobre economía. Se convertirá en activista y agitadora de masas. La Política de fines del siglo XIX y comienzo del siglo XX es una política de masas y de choques en la que las facciones contrincantes se enfrentaban en riñas callejeras de gran violencia. Rosa junto a Karl Liebknecht serán los “espartaquistas” de la segunda generación del socialismo en Alemania. Marx era su dios y Lassalle y Babel sus enviados. Buscaban el cambio desde la agitación y la revolución.

    El socialismo soplaba en toda Europa, en 1879 Pablo Iglesias forma el Partido Socialista Español PSOE el que es apoyado por publicaciones como “La Lucha de Clases”, “El Obrero”, “La Solidaridad Obrera”, entre otros. Pedían reformas sociales y reformas laborales. Del mismo modo, en esta época se funda también el Partido Comunista de Norte América. La industrialización americana se había acelerado tras el término de la Guerra de Secesión en 1865, por lo que la potencia industrial arremetió con gran fuerza. Las Ciudades industriales crecieron de un modo inimaginable y el liderazgo americano se hizo notar. Chicago fue uno de los centros de desasociego en el que las huelgas y las demandas sociales que pedían 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de recreación llevaron al fatídico “May Day” en 1886 en el Haymarket de la ciudad, el que será ensalzado por parte del socialismo y comunismo internacional como “El día del Trabajo” en la convención internacional de 1904. Esta fecha comienza a ser celebrada en todas partes del mundo por parte de los socialistas.

    Para 1907 el socialismo alemán es uno de los líderes. Rosa Luxemburgo es admirada y seguida. No es la única mujer activa. El socialismo le da opciones de participación política a la mujer, Clara Zetkin, Luise Zietz en Alemania; Emeline Pankhurst, líder de la Suffragistas en Inglaterra abogan por un lugar real para la mujer en la sociedad exigiendo el derecho a voto. 

    Antes de la Guerra en 1914 en Italia se produce lo que se conoce como “La Semana Roja” en la que el paro amenaza la sociedad establecida en Italia y la producción. Movimientos refundantes que llaman a la acción elevan sus voces, los llamados Futuristas, liderados por Tomasso Marinetti, buscan el cambio total. La tónica de comienzos del siglo XX es el enfrentamiento callejero en el que partisanos se enfrentan en riñas violentas en medio de la Galería Vittorio Emanuelle de Milán, eventos inmortalizados en los cuadros de Humberto Boccioni. El joven socialista, Benito Mussolini dirige el periódico socialista “La Lotta de Classe” y luego “El Avanti”. Con su pluma logra aumentar los adeptos al socialismo.

    Esta tendencia cruza toda frontera, en 1894 se funda el Primer Grupo Socialista de Buenos Aires y el 4 de junio de 1912 se funda el Partido Socialista Chileno por Luis Emilio Recabarren. 

    Las ideas socialistas penetraron también en la Rusia Zarista. El joven Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, aunque de una familia burguesa había sido acercado a estas ideas por su hermano quien habiendo atentado contra el zar será condenado a muerte. Esta pérdida acercará al joven Lenin a la causa. Conocerá a Georgi Plekhanov quien lo acercará a la obra de Marx. Será expulsado de la Universidad de Kazan y deberá culminar sus estudios de derecho por correspondencia en San Petersburgo. En 1897 se vinculará con la Liga por la Lucha de la Emancipación de la Clase Obrera. Hará su primer viaje a Europa donde conocerá a Pavel Axelrod, Paul Lafargue, Lous Blanqui (líder de la Commune) y a Wilhelm Liebknecht. El movimiento era internacional y buscaba el cambio. Sus acciones en la Liga lo llevarán a ser detenido e enviado a Siberia. Tras ser liberado se exiliará en Europa donde tendrá amplias conexiones con el socialismo internacional. En Munchen comenzará a publicar Iskra, periódico activista en ruso que se imprimía en Europa para incitar la revolución en el Imperio Zarista. Pasará un tiempo en Londres, para luego establecerse en Suiza. Allí escribirá su escrito “Qué es lo que hay que hacer?” proponiendo las acciones para lograr la anhelada revolución socialista. Frecuentará a Leon Trotski, Rosa Luxemburgo y otros próceres socialistas mundiales.

    La Guerra Ruso Japonesa pareció ser el momento de la Revolución, pero los movimientos populares que se levantaron culminaron en el fatídico Domingo Sangriento, lo que obligó al Zar a aceptar ciertos cambios que por la vía democrática minaron las opciones de la veía violenta. Lenin estaba convencido que la revolución no llegaría sola y que había que provocarla. La aceptación de una asamblea de representación, la Duma y de reformas de corte democrático hacían pensar a Lenin que la oportunidad había pasado para él. Hablaba de las dos tácticas valorando la verdadera revolución a la refundante.

    El estallido de la Primera Guerra Mundial, vista como una guerra imperialista causada por el capitalismo compulsivo hará que los socialistas se declaren pacifistas. Lenin escribe “El Capitalismo y el Imperialismo” y Rosa Luxemburgo habla del mal de la acumulación de capital. La impopularidad de la Guerra y las malas medidas zaristas darán una oportunidad a Lenin. El febrero de 1917 el tren que llevaba a Nicolás II es detenido por descontentos que exigen que abdique. Quiere hacerlo a favor de su hijo hemofílico, le aconsejan que no lo haga; intenta abdicar a favor se su hermano, quien se niega a tomar la responsabilidad por lo que la monarquía es abolida y se establece un gobierno provisional de corte socialista. En Octubre de ese año debido al mantenimiento de la guerra y al descontento popular y del ejercito y de los marineros de Kronstaad se da la posibilidad para Lenin de radicalizar la revolución. Aunque prometía “Tierra, Paz y Pan”, él había establecido en sus llamadas “Tesis de Abril” que quería transformar la Guerra Capitalista en una Guerra Civil, traspasar todo el poder a los soviets para lograr el Control Obrero y establecer la autodeterminación naciones. Ya había ajustado la teoría en su libros “El Estado y la Revolución”, manifestaba que habría una transición entre capitalismo y comunismo, la llamada “dictadura del proletariado” para lograr construir un verdadero comunismo. Al encontrarse con resistencia, la guerra civil le permitirá aplicar la lección jacobita de eliminar a todos los “no pueblo”, “enemigos de la Revolución” y construir un Estado todopoderoso bajo las bases del terror. 

    El socialismo mundial llamaba a la paz y al fin de la Gran Guerra capitalista. La idea de un mundo internacional en armonía era parte del anhelo utópico que entre otras cosas llevó a crear un nuevo idioma el Esperanto, para la paz. Los agitadores de la paz no eran especialmente pacíficos, tenían su lucha propia. 

    Con el fin de la Guerra la esperanza de aplicar el socialismo residía en el ejemplo soviético. La Internacional Comunista que ahora residía de modo permanente en la URSS establecía los dictámenes para todos los partidos comunistas del mundo. Su gran sueño era el Octubre en países industrializados. Alemania era el gran objetivo. Habían sido derrotados en la Guerra y el Kaiser Guillermo II había sido obligado a abdicar. Se había establecido la llamada República de Weimar, un gobierno carente de poder real en medio del caos político y económico de la postguerra germana. Los comunistas alemanes llamados los “espartaquistas” comenzaron a arremeter en la política. El Partido Comunista Alemán (KPD) o Spartakusbund prometía barrer con los políticos traidores que habían firmado el tratado de Versalles. Alemania era el país más industrial de Europa antes de la Guerra y ahora estaba en ruinas. Versalles había castigado de forma excesiva a Alemania, lo que les impedía levantar la cabeza. Desde su periódico llamado “Die Rote Fahne”(La Bandera Roja) buscaban apelar a las emociones de la audiencia que se sentía mancillada y humillada. Manifestaciones en las calles exigiendo pan a las que se cuadró parte del ejercito permitió que los espartaquistas se lograsen tomar el poder de la ciudad de Berlín en el año 1919. El ejército desorganizado tras la guerra salió a las calles y se produjeron sendos enfrentamientos en este intento de Revolución proletaria alemana. Los líderes comunistas fueron atrapados en un hotel, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknechts resultaron muertos en los enfrentamientos. Con funerales masivos, los espartaquistas siguieron arremetiendo en la política de Weimar. El temor a los comunistas hace que en 1919 se organice la Liga anticomunista para evitar que los rojos se tomen el poder. El año 1923 es un año fatal para Alemania, se produce la mayor hiperinflación registrada en la historia. El dinero literalmente muere y el fracaso total de la economía alemana, que hace insostenible la vida cotidiana de sus habitantes, colapsa también la política. Las únicas opciones viables que aparecían eran las de cambio radical, comunismo o nacionalsocialismo, una nueva vertiente socialista nacionalista que aparece como alternativa al comunismo internacionalista que quería una Alemania soviética. La solución a la crisis económica era socialismo, de un modo u otro. La idea de la intervención del Estado en economía. Ambos bandos prometían Trabajo y Pan en un momento de desesperación. 

    Pero 1919 no se manifestó solo en Alemania, en Italia la Liga Proletaria y el Partido Socialista Italiano arremetieron con fuerza. El llamado al paro hizo que el país prácticamente se paralizara denominando a los años 1919 y 1920 el Biennio Rosso (los dos años Rojos). El comunismo parecía tener el control del país al paralizar al norte productivo y apoderarse de los medios de producción, incluida la emblemática fábrica de Fiat de Turín. Las Guardias Rossa de Occupazione tomaban las fábricas y con fuerzas armadas lograban el control de éstas. Por su parte, Antonio Gramci desarrolló el concepto de la otra vía, es decir la revolución no había que hacerla desde abajo, sino desde arriba. El partido comunista debía apoderarse de las áreas estratégicas de la sociedad, la educación, la Cultura y las comunicaciones para lograr transformar de modo real la sociedad. La fuerza Rossa parecía imparable. Benito Mussolini que había sido expulsado del partido socialista escribe en Il Popolo d’Italia un artículo «Trincerocrazia», en el que reivindicaba para los soldados italianos que habían combatido en las trincheras el derecho a gobernar Italia tras la guerra. Cree en un socialismo para Italia, no soviético. Funda los facci de combatimento, brigadas de choque que debían impedir que los “partisanos” comunistas se hiciesen del país. Logra gran apoyo empresarial y de personas del norte del país quienes querían liberarse de los rojos. En dos años desocupa las fábricas, los campos , los pueblos y las ciudades y hace la Marcha sobre Roma y se toma el gobierno de Italia. Creía en el Estado, “Todo con el Estado, todo para el Estado y nada sin el Estado”, era un socialismo pleno, solo que nacionalista y no internacional.

    En otros lugares como España en 1919 acciones comunistas que buscan la Revolución soviética se manifiestan en Andalucía, Cataluña, Madrid entre otros. Del mismo modo, en Hungría en 1919 Bela Kun se toma el poder y funda la República soviética de Hungría. Llena las calles de afiches que muestran como el parlamento se tiñe de rojo y al obrero tomando el poder para demoler lo establecido. Hasta Inglaterra tendrá manifestaciones comunistas y las banderas rojas se verán desfilar en Hyde Park. En los Estados Unidos los movimientos comunistas se levantarán con fuerza en las ciudades industriales, Chicago, Detroit y otras llamarán a las huelgas. Hasta Canadá, país en general tranquilo, tendrá acciones de esta marea roja. En México el comunismo calará hondo. La revolución mexicana será de corte socialista profundo, por lo que el comunismo de comienzos del siglo XX ensalzará a Zapata como su referente. El artista Diego Rivera será una de las figuras emblemáticas del comunismo mexicano. De hecho frente a las huelgas en Detroit se lo contratará para hacer unos murales para pacificar la situación y pintará a los obreros orgullosos con Lenin y Trotski como referentes. La presencia soviética parecía imparable. Hasta Chile organiza su partido comunista estableciendo sus estatutos.

    Pero el comunismo aplicado en la Unión Soviética será un desastre económico. La colectivización de las tierras llevará a una hambruna causada por el Estado que matará a millones de personas. Lenin intentará buscar una forma de reactivar la economía e instaurará la NEP ( Nueva Política económica) en la que aceptará un cierto grado de propiedad privada, con lo que la economía comenzará a crecer. En su afán refundante arremeterá contra la Iglesia ortodoxa y establecerá la Liga del ateísmo militante. Una nueva religión laica donde los nuevos dioses eran Marx, Engels y Lenin. Estatuas de los próceres del marxismo se levantarían en toda la Unión soviética. 

    El temor al socialismo crecerá en el mundo y la propaganda anti roja aparecerá activamente en todas partes. La idea que los bolcheviques venían a comerse todo y que buscaban el control mundial trayendo la muerte y desolación estarán presente en los afiches callejeros y en los medios de prensa. Representados como una serpiente de imagen demoniaca que debe ser combatido la sociedad se organizará para repelerlos. Esta reacción hará que en Alemania los Nazis, aunque socialistas de visión, por ser nacionalistas serán anticomunistas ya que estos son internacionales. Esto les permitirá tener con el apoyo de empresarios y políticos de todos los espectros incluido el Partido Agrario Conservador.

    La violencia de las acciones de 1919 del año rojo harán que la sociedad europea y mundial se organicen para repeler el avance comunista en el mundo. Esto explica que 1919 no fuera finalmente el triunfo rojo. Pero independiente de no haber logrado el Octubre en Alemania, ni en otro lugar industrial emblemático, el socialismo triunfará. Para 1920 todos creían en la intervención del Estado y en política prácticamente no había “Derechas” políticas (los que creen en el individuo por sobre el Estado). Los Estatistas encontarán un terreno perfecto y 10 años después, en 1929 a causa del el crash de la Bolsa de Nueva York en el Jueves negro la idea socialista de la intervención estatal crecerá y se impondrá. El joven economista inglés, Keynes, será el gurú que todos seguirán incluso aquellos que consideraríamos “de derecha”. Es el momento de la historia en que la derecha desaparece, todos eran socialistas y se produce la socialistización de la sociedad toda. Se creía en la necesidad del control del Estado de las Areas de producción estratégica, los llamados Commanding Heights. Los Totalitarismos se impondrán en Europa, todo Estado, cero individuo. La Izquierdización absoluta, unos internacionales y los otros nacionalistas. Para efectos prácticos todos socialistas. La marea roja había tenido éxito el mundo entero creía en el socialismo y se mantendrá así hasta fines de 1970 en que la aplicación de las ideas neoliberales permitirán un crecimiento económico ya olvidado y cuestionarán el modelo socialista. Comenzará el retroceso de la marea roja.

  • 1815, ¿la derrota de Napoleón?

    1815, ¿la derrota de Napoleón?

    Este 2015 se celebran los 200 años de la batalla de Waterloo y de la derrota final de Napoleón. Parece, entonces, importante revisar si realmente Napoleón fue derrotado o si aún sigue triunfante incluso en el mundo actual. Es cierto que tras la batalla del duque de Wellington envió al “Emperador Francés” a un lugar más lejano que la Isla de Elba, para evitar que volviese y de hecho, físicamente no volvió. Santa Elena era una isla suficientemente alejada para impedir otros 100 días. Pero mirando desde el hoy, se aparece una pregunta esencial, ¿Fue Napoleón realmente derrotado? ¿Sus ideas y visiones fueron llevadas y murieron con él en Santa Elena? Pareciera ser evidente que no fue así. Para poder contestar estas preguntas es fundamental entender quién fue Napoleón y cuáles eran las ideas que lo inspiraban.

    Es esencial comprender que Napoleón no representó un corte tras la Revolución Francesa. No son pocos los historiadores que dicen que tras la sangre derramada para lograr un República en Francia, con el advenimiento de Napoleón y su nombramiento como emperador, se volvió atrás- a la idea monárquica y que el cambio habría sido en vano. Napoleón se coronó Emperador de Francia y estableció una nueva monarquía. Sin embargo el decir esto es no entender nada. Napoleón Bonaparte es un hijo de la Revolución Francesa. El institucionaliza y exporta las ideas de la Revolución. Es gracias a él que estas ideas tienen cabida en toda Europa y más allá de ella. Es él quien perpetúa el mensaje, vivo hasta hoy. Proveniente de una familia de origen italiano de la recién anexada Córcega, recibe una educación privilegiada. Su familia participa de ideas revolucionarias en Córcega y en Francia conoce y se hace amigo del hermano de Maximilien de Robespierre, Agustine. Se codea con los revolucionarios al lograr la defensa del puerto de Tulón bajo su mando. Es formado en las ideas de la Ilustración en una visión de mundo diferente que pretende ser fundadora. 

    La Revolución Francesa es un proceso complejo, que muchas veces, es presentado de manera parcial como el triunfo de la libertad. Las consignas revolucionarias, muy bien publicitadas, han hecho generalmente ver al proceso como la lucha del pueblo por la libertad y la igualdad en ‘fraternidad’. La verdad es que dista mucho de ser tan simple y tan edénico. Es cierto que la Revolución impuso las ideas de soberanía popular y de gobiernos de representación, pero el costo fue alto. Movidos por la razón, fueron tremendamente irracionales y casi injustificables. Para poder entender el proceso y a Napoleón mismo hay que remontarse a los cambios de pensamiento advenidos con el llamado “Racionalismo”. Un nuevo modo de ver toda la realidad. Una nueva síntesis de la cultura occidental. René Descartes con su idea del poder de la razón humana pone al hombre en primer plano, aparece con fuerza un real antropocentrismo. Es el hombre quien posee un instrumento de poder, la razón y es ésta la que crea la realidad- “pienso, luego existo”. El nuevo prisma racionalista pone al hombre en el centro y deja en un segundo plano a Dios. La visión Escolástica teocéntrica del mundo es superada y dejada de lado. Pretende ser fundante:

    Descartes sería el nuevo Aristóteles, y encontraría una nueva Ciencia la que catapultaría al hombre a una nueva era de conocimiento práctico, sabiduría y bienestar

    Esta nueva mirada intenta explicarse toda la realidad desde la idea que es el hombre lo más importante. El Arte deja de ser teocéntrico y se torna cotidiano, ya que todo lo que el hombre hace merece ser pintado. Rembrandt, Vermeer, Velazquez, Le Nain, Watteau entre muchos otros son maestros de la cotidianidad, pintan escenas nunca antes vistas en la pintura occidental. Lo religioso deja e ser lo más representado y la realidad humana, aunque sea cruda es llevada a la tela. Este arte emerge como prueba fehaciente que el hombre es ahora en centro de la nueva mentalidad. En la Religión, si bien siguen siendo creyentes, disminuyen a Dios, haciéndole perder parte de los atributos que antes ostentaba como concepto. Los llamados Deístas, quienes defienden y promueven una “ religión natural”, ven a Dios como creador, pero no providente. Dios hizo el mundo, pero ya no interviene en él. Es como el relojero que hace un reloj y el reloj ya no necesita de su creador para funcionar. Un mundo creado por Dios con leyes racionales cognoscibles por el hombre y controlables por él, hacen que el hombre sea visto como el centro. Muchos de estos deístas entrarán en conflicto con la Iglesia Católica que permanece teocéntrica y tomarán una postura Anticlerical. Voltaire resumirá su visión en “ Aplastar a la Infame” a la Iglesia Católica y tomará una postura abiertamente anticlerical afirmando una religión natural sin intermediarios. En Política, el soberano, quien ostenta el poder, deja de ser Dios. Ahora el poder viene del hombre, aparecen las ideas de la soberanía popular. Es el pueblo quien ostenta el poder y quien desde un “covenant”, pacto o contrato elige a un gobernante. Los autores “pactistas” son diversos pero tienen en común elementos centrales. La idea que la sociedad es creada, o sea que existe un Estado pre social, un pacto y un estado social. La idea fuerza es que el poder emana del pueblo y que éste entrega su poder al elegir a un gobernante. Es fundamental entender que las razones para el pacto para cada uno de ellos son diferentes. Tenemos las versiones inglesas, Hobbes y Locke y la mirada francesa, Rousseau. Thomas Hobbes cree que el hombre es malo por naturaleza y que “el hombre es un lobo para el hombre”. El estado pre social es un caos debido a esto. Todos los hombres ambicionan lo que tienen los otros y es imposible la armonía. El propone un pacto donde los hombres entregan su libertad y eligen a un gobernante firme que ponga orden y que permita la viabilidad social. El estado debe ser como un monstruo con enorme poder, un Leviathan, que debe castigar y amenazar a los hombres para que se comporten. Hobbes obviamente es monárquico ya que entiende que el orden deseado implica imponer. John Locke, por su parte, es libertario. Cree que el hombre es bueno, un muy distinto comienzo que Hobbes. Pero si el hombre es bueno, ¿para qué el pacto? Locke considera que hay derechos inalienables, inherentes del hombre. Estos son el derecho a la propiedad, el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Estos derechos nunca deben ser pasados a llevar y es por esto que el hombre del estado pre social hace un pacto, elige a un gobernante, para asegurar que los derechos inalienables no sean pasados a llevar. Es por esto que el Estado que emerge debe estar limitado en sus poderes para nunca pasar a llevar al individuo. Locke es el primero en concebir la división de poderes (Legislativo, ejecutivo y federativo), que más tarde tomaría y perfeccionaría Montesquieu. Es esta visión lockiana la que inspira al proceso de Independencia Americana y nace la visión de democracia libertaria en la que el individuo es lo primero y el estado es subsidiario. 

    Libertad ( de un hombre) de disponer y ordenar libremente, como le plazca, su persona, acciones, posesiones y todos sus bienes dentro de lo que constituyen las leyes a que está sometido; y, por tanto no verse sujeto a la voluntad arbitraria de otro… El fin, pues, mayor y principal de los hombres al unirse en repúblicas…es la preservación de la propiedad

    De esta visión emana también el concepto de soberanía popular y de gobierno de representación, sin pagar costos en vidas humanas. Es el padre tranquilo de la democracia, mientras que la revolución Francesa es su madre sangrienta. 

    Pero las visiones al otro lado del Canal de la Mancha no serían iguales. Jean Jacques Rousseau, un suizo que vive en Francia y que es uno de los elementos centrales del movimiento de la Ilustración Francesa, es también un pactista. Cree en un estado pre social, un pacto y en una sociedad creada a causa de este pacto. Pero su visión es diferente a la de Locke. Rousseau cree que el hombre del estado pre social es bueno pero que es la sociedad la que lo corrompe. El hombre nace libre y bueno pero se lo ve por todas partes “corrupto y encadenado”, dice en su Contrato Social. El hombre era bueno, era un “Buen Salvaje”. Era nómada y todo era ideal. Pero el hombre se sedentarizó y con eso, comenzó a acumular. El peor de los males es la desigualdad y ésta surge cuando el hombre comienza a acumular. “ La propiedad privada es el origen de todos los males”, dice Rousseau en su Discurso de las Artes y la Ciencias ( 1762). Esta quita la bondad original. Para recuperar la bondad perdida es necesario un pacto en el que cada hombre se entrega a la voluntad General y elige un gobernante manteniendo su libertad. El estado que emerge debe ser poderoso, ya que debe devolver la bondad perdida – debe devolver la igualdad; debe redistribuir. La propiedad degenera al buen salvaje y la redistribución del Estado devolverá la igualdad, la bondad, apareciendo entonces el “Buen Ciudadano” (Bon Citoyen). Esta es la idea central que inspirará a la Revolución Francesa y con ella nacerá la idea de una democracia socialista. Es soberanía popular y representación, pero la anulación del individuo en el Estado y el sistema. 

    El hombre ha nacido libre, y sin embargo, vive en todas partes entre cadenas. El mismo que se considera amo, no deja por eso de sermenos esclavo que los demás. ¿Cómo se ha operado esta trans-formación? Lo ignoro. ¿Qué puede imprimirle el sello de legitimidad?Creo poder resolver esta cuestión

    Estas ideas entraron en la Francia del Antiguo Régimen. La sociedad francesa entonces era una sociedad estamental. Las divisiones sociales eran por funciones, no por dinero. Los estamentos eran tres: el clero, la nobleza y el estado llano o tercer estado. Los dos primeros estamentos tenían privilegios o fueros, ya que cumplían funciones sociales. El clero, velaba por las almas y la nobleza, tradicionalmente, se ocupaba de la defensa. Los fueros y privilegios de estos estamentos eran de naturaleza tributaria, no pagaban impuestos y de naturaleza jurídica, tenían tribunales propios. Por otro lado, el llamado Tercer Estado estaba compuesto por los burgueses, quienes tenían en general dinero y los campesinos y artesanos a quienes podríamos llamar “pueblo”, quienes eran la mayoría social. Ellos pagaban impuestos y tenían tribunales diferentes. La sociedad entera tenía aspiraciones aristocráticas y había movilidad social. Loa burgueses buscaban ennoblecerse por matrimonios y cargos. Esta era la realidad mucho más allá que pensar que la burguesía tenía una real conciencia de clase.

    Sin embargo, podría resultar mucho más esclarecedor el considerar a la elite de la burguesía como un grupo que buscaba ingresar en el mundo de la aristocracia trastornándolo al mismo tiempo sin darse cuenta. Los burgueses más acaudalados trataban de comprar cargos o títulos nobles. Pues estos les aportaban riquezas y a la vez un puesto en aquella sociedad.

    El espíritu de los privilegios o fueros para los dos primeros estamentos nacía de la idea, que tanto el clero como la nobleza, debían desembolsar recursos propios para poder cumplir con sus funciones sociales. Es cierto que para la época de la Revolución Francesa, varias de estas funciones sociales estaban desdibujadas. Desde Luis XIII, bajo la influencia del cardenal Richelieu, intentó fortalecer el poder del rey. Para esto, Richelieu convirtió a la nobleza feudal, en nobleza cortesana. La mejor manera para incrementar el poder real era disminuir el de los Señores. Y el mejor modo de dominar a los Señores era hacerlos dependientes del rey. Ya con Luis XIII comienza la construcción de Versalles y la idea de una nobleza desperfilada de sus funciones, casi vegetativa de la corte. Luis XIV incrementa este proceso, concentrado todo el poder en sus manos y representando el punto máximo del poder absoluto al punto e poder decir “El Estado soy yo”. Concentra todo el poder en sus manos y literalmente gobierna solo. Luis XIV quiere hacer de Francia una potencia de primer orden y se concentra en guerras externas, gastando más de lo que Francia produce. Esta tendencia se mantiene durante el gobierno de Luis XV quien gobierna con un gran déficit fiscal que no corrige, sino que aumenta. Luis XVI, por tanto hereda un reino quebrado con un déficit fiscal insostenible. 

    Luis XVI no es un mal hombre, tampoco era un tonto, como muchos historiadores lo han presentado. Era débil y fue incapaz de controlar el proceso que se le produjo. Casado con María Antonieta de Habsburgo (una reina extranjera, no querida) tuvo que enfrentar una situación de déficit fiscal insostenible. Para aumentar el problema, durante su gobierno, se producen varias crisis del pan. El precio de los granos aumenta a causa de inundaciones y sequías, lo que complican aún más la situación política durante su gobierno. Hay que entender que los procesos revolucionarios, nunca comienzan desde abajo. No es el pueblo el que se mueve. Todas la revoluciones comienzan desde arriba, con ideas. Ideas que hay que hacer realidad a cualquier costo – ideologías. Falsas verdades que tienen que ser reales y aplicarlas a cualquier costo. El pueblo se mueve, solo cuando tiene hambre. Las ideas de Rousseau imperan en el ambiente. Pero no es el pueblo quien las levanta, sino que miembros de los llamados estados privilegiados- el clero y la nobleza. Hay entre los ideólogos algunos burgueses miembros del Tercer Estado, que están muy lejos de poder ser calificados como “pueblo”. 

    La situación financiera insostenible hizo que el rey tuviese que buscar alguna solución a este problema. Se convocaron juntas de notables en todo el país que concluyeron unánimemente que se necesitaban más recursos. Se realiza tal vez la consulta más grande de la historia moderna, más de 40.000 cahiers, consultas en las Provincias del reino. Todos los ministros de economía recomendaron, como la única forma de lograr dichos recursos, subir los impuestos. El subir los impuestos era algo que el rey no podía decidir sólo y que dependía de la aprobación de la Asamblea de Representación de los Estamentos, que en Francia se conoce como la Asamblea de los Estados Generales (equivalente al Parlamento inglés, las cortes en España o la Dieta en Alemania). Sin embargo el convocar a esta asamblea no resultaba ser algo sencillo. No se convocaba a esta Asamblea desde Luis XIII. Luis XIV gobernó sólo, nunca convocó a los Estados Generales, por tanto para la época de Luis XVI no había nadie vivo que hubiese sesionado antes. Todo era complejo, desde lo logístico hasta lo ideológico. Convocar a la asamblea daría tribuna para que las ideas pululantes ilustradas se hiciesen ver e intentaran cambios al establishment. El rey trató de evitar la asamblea, pero la situación financiera finalmente lo obligó a convocarla. Se llamó a la Asamblea, tradicionalmente cada estamento tenía un voto frente a la materia a tratar. Los ilustrados querían aprovechar esta oportunidad para lograr cambios, pero el voto por estamento no les permitiría avanzar. Comienzan a exigir el voto por cabeza, es decir por persona. El abate Sieyes, un miembro del clero, lee un documento llamado “Q’ est ce que le tiers état?”(¿qué es el Tercer Estado?) y comienza a insertar las ideas ilustradas de Rousseau en la Asamblea. 

    En Enero de 1789, el abate Emmanuel Joseph Sieyes ( 1748-1846), un sacerdote oscuro, ofrece la más radical exprexión de una esticada crucial en opiniónpolítica. “ Tenemos tres preguntas que hacer y contestar,” escribe,” primero, qué es el Tercer Estado? Todo. Segundo, qué ha sido de éste en el Orden Político? Nada. Tercero, que es lo que éste pide? Convertirse en algo.

    Tras esto, se desordena la Asamblea y el rey ordena el cierre de la misma. Un grupo de nobles, clérigos y miembros de la burguesía, que distaban mucho de ser el pueblo, se reúnen en la sala de juego de la pelota (una sala como de juego de billar) y juran no disolverse hasta darle una constitución a Francia. 

    El rey no es capaz de tomar las medidas adecuadas para evitar que el poder se le escape de las manos. Deja que la Asamblea Nacional Constituyente, como se denominan, gobierne de facto. La Asamblea de los Estados Generales había sido convocada para mejorar la crisis financiera que enfrentaba el reino de Francia. Sin embargo, si uno mira en detalles, ve que las medidas que comienza a tomar la Asamblea Nacional Constituyente no van en la línea de las mejoras económicas. Lo primero que hace la Asamblea es terminar con la Sociedad Estamental del Antiguo Régimen, aboliendo los privilegios. Ya no hay estamentos y todos pasan a ser “Ciudadanos” con “igualdad ante la ley”. Tras abolir los privilegios, el Marqués de Condorcet, ahora ciudadano Condorcet, publicó los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Una lista de derechos despojados de deberes que emulaba a la declaración de los Derechos del Hombre de la Independencia Americana.

    Una turba decide “liberar” a los “presos políticos” llevados a la Bastilla sin juicio por el rey. Se trata de un acto simbólico ya que en la prisión había sólo 7 presos y ninguno de ellos, por razones políticas. Pero es el primer hecho violento de la Revolución, como tal. Se trata de una afrenta a la Institución del Rey. El Rey, no es simplemente una persona, es una institución que representa cosas. La Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789 es el primer acto contra la institución del poder real y por eso se levanta como símbolo de la revolución. A pesar de estos cambios, la situación económica seguía siendo desastrosa. Aquí es cuando la Asamblea, basada en sus principios anticlericales imperantes en los ilustrados, comienza a arremeter en contra de la Iglesia Católica. Primero, confisca los bienes del clero, convirtiéndolos en bienes Nacionales, con lo que las arcas fiscales mejoran un poco. La Iglesia Católica era dueña de una cantidad importante de tierras francesas. 

    Una Asamblea escasa de fondos empezó por identificar 400 millones de libras de propiedades eclesiásticas, que vendió luego para respaldar los nuevos asignados ( papel moneda) que estaba imprimiendo. El 2 de noviembre de 1789, la Asamblea aprobó por 568 votos contra 346 la requisa de la propiedad eclesiástica en una decisión que dejó chiquitas las depredaciones más modestas de un Enrique VIII de Inglaterra…

    Pero no les bastó con esta medida. Se establece la llamada “ Constitución Civil del Clero” la cual es obligada a ser firmada por los miembros del clero francés, mediante la cual pasaban a ser funcionarios públicos. Es la antigua tendencia galicana del estado francés de querer controlar a la Iglesia. El clero queda dividido en “Constitucionales”, quienes firman el documento y “Refractarios”, los que se niegan a hacerlo y pueden por tanto, ser legalmente perseguidos. Esto justificó persecuciones y posteriores muertes de un porcentaje importante del clero. Se trataba de crear algo nuevo, una nueva religión y terminar con el catolicismo romano. 

    La Asamblea constituyente nacida de los Estados Generales alteró profundamente la antigua sociedad francesa. La religión y la Iglesia, que eran una parte integrante de dicha sociedad, no fueron un excepción. Apenas transcurridos dos meses desde la reunión de los Estados, a finales de junio de 1789, las ordenanzas del clero desaparecen. En noviembre del mismo año sus bienes quedan a “disposición de la Nación”. Un año más tarde comienzan las ventas. Sl no tener el clero existencia política, la religión desaparece de la ley civil. A finales de Agosto de 1789 se admite que el Estado, aunque reconoce la existencia de un Ser Supremo, no profesa una religión oficial. Finalmente se define y organiza una nueva Iglesia. La carta de esta nueva Iglesia es la Constitución Civil del Clero, convertida en ley estatal el 24 de agosto de 1790, es decir, solamente seis meses después de la reunión de los Estados Generales. Esta Iglesia es Cristiana, pero no Católica, ya que han desaparecido los lazos orgánicos que la unían a Roma. Depende exclusivamente del Estado, que es quien se encarga de la subsistencia de sus ministros. Siendo ella misma cristiana, depende de un Estado que no lo es o, mejor dicho, no quiere reconocerse como tal.

    Frente a estas medidas y persecuciones, el papa reclama, el rey confuso pone veto a la constitución y aproblemado frente a la situación, decide huir. Su mujer es la hermana del actual Emperador de Austria y espera al otro lado de la frontera, conseguir refuerzos y recuperar el poder de Francia. La huida es mal planificada y el rey y su familia serán descubiertos en la ciudad de Varennes. Serán llevados de vuelta a París en una situación compleja, el rey es visto como un traidor. Esta situación de debilidad hace que a su regreso no le quede otra que firmar la Constitución Francesa, con lo que Francia pasa a ser una monarquía constitucional. Pero las revueltas comienzan a aparecer por todas partes, el rey amenazado decide buscar refugio en la ahora llamada Asamblea Legislativa. La Asamblea lo apresa, lo juzga y lo condena a muerte por traición a la Patria. El Rey es guillotinado, lo que es visto como una gran afrenta por muchos. La Reina es tomada prisionera, se le hace un juicio montado, con resultado preestablecido y se la condena a muerte; es guillotinada. Europa está en shock, las instituciones monárquicas se sienten en jaque. Los países limítrofes escandalizados se movilizan contra Francia. El hermano de Luis XVI, se denomina Luis XVIII y se instala en Londres como rey en el Exilio. Francia se siente amenazada. 

    La ejecución de Luis XVI conmocionó a toda Europa. Ello unido a la política anexionista de la Convención hizo que la hostilidad exterior contra la Revolución aumentara. La Francia entusiasmada declaró la guerra a Inglaterra ( 1 de febrero de 1793), a España ( 7 de marzo) y a los Estados Italianos. La Francia Revolucionaria estaba en guerra contra toda Europa (excepto Suiza y los países escandinavos). Inglaterra lideró a los enemigos de la República en la llamada “Primera Coalición”.

    Se establece un gobierno para hacer frente a este estado de excepción – la Convención, la cual se organiza a través de “comites”, siendo uno de ellos el “Comité de Salud Pública”, a cargo de un joven abogado burgués recién ascendido, Maximilien de Robespierre. Este divide la realidad en los amigos y enemigos de la Revolución. Sintiéndose amenazados por las potencias externas, Robespierre llama a Conscripción Militar Obligatoria, lo que levanta el desanimo y descontento de gran parte de los franceses. La mayoría de los franceses no estaban de acuerdo con las acciones revolucionarias. Eran católicos y estaban molestos por las medidas anticlericales y antirealistas, respetaban y querían a la figura del rey. Por esto varias regiones de Francia, entre las que destacan la región de la Vendeé y la Bretagne, se levantan en armas. Estalla una guerra civil. 

    La conspiración de los aristócratas era una realidad en esta parte de Francia, pero tenía escasa o ninguna relación con revueltas cuyo impulso primordial era una profunda hostilidad al intento descristianizador del nuevo orden. Más del 60 por ciento de los rebeldes eran campesinos acomodados y con explotaciones de tamaño medio y pequeño o sus criados y braceros, y un 34 por ciento más eran artesanos de pueblo, tenderos y tejedores de seda rurales. Se trataba de una rebelión del pueblo 9 rebeldes primitivos si se quiere) contra una supuesta revolución popular, un movimiento de abajo arriba más que una cuestión de rústicos inocentes engañados por malvados conspiradores de la nobleza y el clero.

    A esta rebelión que muchos historiadores republicanos consideran “inexplicable” se le suma las amenazas externas, lo que hace que la revolución pierda su cause. Las Revoluciones siempre comienzan desde arriba, de los ideólogos y luego, adquieren su propia dinámica y quienes las crean ya no las pueden controlar. Eso es lo que sucedió acá. La revolución “se volvió loca”. Nacida de la razón se tornó en algo irracional. Robespierre dice que a los amigos de la revolución se los gobierna con la razón y que a los enemigos de la Revolución se los gobierna con “el terror”. Las regiones de la Vendeé y la Bretagne son diezmadas por los ejércitos revolucionarios, considerándose estas matanzas el primer genocidio de la historia. Robespierre habla de borrar de la tierra “la raza maldita de los vendeanos”. La guillotina no deja de funcionar, los juicios express, justifican lo injustificable. La place de La Concorde, no fue muy cordial. 

    La Convención decretó la ejecución sumaria de todo rebelde a quien se sorprendiera portando armas, y despachó tres ejércitos revolucionarios para reprimir el levantamiento.

    Las fronteras son amenazadas. Aquí aparece por primera vez el nombre de Napoleón Bonaparte, joven militar que defiende el puerto de Tulón para los revolucionarios y que luego salva la ciudad de Paris de los contra revolucionarios. 

    La revolución pretende ser fundante, cambiar todo, instaurar una nueva era y terminar con la Era Cristiana. Triunfan las ideas anticlericales de Voltaire y para aplastar a “la infame” se establece como año 1, el año de la formación de la república, ya que los revolucionarios no quieren contar los años desde Cristo. Abolen la semana, ya que ésta se establece en las ideas de los días de la creación, la reemplazan por la década. Establecen todo en medidas científicas, crean la escala decimal de pesos y medidas. Cambian los nombres de los meses a nombres más científicos, thermidor (calor), Fructidor (mes de los frutos)…etc. Robespierre declara abolido el culto católico y establece el “culto a la diosa razón”, toda cordura estaba perdida. La idea era refundar. 

    Como la Revolución parecía proponerse la regeneración de género humano más aún que la reforma de Francia, encendió una pasión que las revoluciones política más violentas nunca habían sido capaces de inspirar. Produjo conversiones y generó propaganda. Sumió así, al final, aquella apariencia de revolución religiosa que tanto asombró a sus contemporáneos. O se convirtió ella misma, más bien, en un nuevo género de religión, una religión incompleta, ciertamente, sin Dios, sin ritual y sin vida después de la muerte, pero una religión que sin embargo, como el islam, inundó la tierra con sus soldados, apóstoles y mártires.

    Los líderes de la revolución comienzan a matarse entre ellos. Dantón es condenado a muerte, lamentándose “libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”. Marat, quien publicaba el periódico “L’Ami du Peuple” es asesinado por su amante, Charlotte Corday en la tina y Robespierre es tomado por asalto en un golpe de estado (la Revolución Thermidoriana) que no pretende terminar con la locura, sino simplemente salvar a Theresa de Cabarrus, Madame Tallien, amante de otro revolucionario, de la guillotina. La Revolución mata a miles y no son precisamente los nobles de pelucas blancas los que caen. La mayor parte de los muertos son miembros del clero, campesinos y artesanos, a los que se suele llamar “pueblo”. Pareciera ser que la razón deja de existir y el sentido común, que suele ser el menos común de los sentidos, casi desaparece. 

    Pero este no es el fin de la revolución, se establece un nuevo gobierno llamado “El Directorio” que no representa un corte ni el fin de los principios Roussonianos revolucionarios, sino que la continuidad. Napoleón es tomado prisionero por sus vínculos con los Robespierres, pero sale en libertad. Se hace amigo de uno de los directores, Barras. Conoce a la ex amante de Barras, una condesa viuda, Josephine Tascher de la Pagerie, condesa de Beauharnais. Barras ya no estaba con ella y a Bonaparte los vínculos de ella, le permitían moverse en la sociedad parisina. La revolución no había creado la sociedad igualitaria que pregonaba, los contactos eran los que permitían ascender. Se casa con ella, no por amor. Se trata de una unión por conveniencia, para ambos lados. Es enviado a combatir contra los austriacos, quienes aún estaban contra Francia por la muerte de los reyes y vuelve triunfante. Pide ser enviado a Egipto y a pesar de ser derrotado por los ingleses en la batalla del Nilo, vuelve triunfante a Francia. Ya se ve la estrategia e inteligencia de Napoleón, es capaz de volver triunfante, incluso habiendo sido derrotado por quien sería su gran pesadilla, el Almirante Nelson. Es querido, obtiene fama. Su hermano Lucien Bonaparte un abogado inteligente propone a un grupo que quiere hacer un golpe contra el directorio el nombre de su hermano como alguien popular. Napoleón es convocado por Sieyes y Ducos para ayudar en un golpe de estado contra el Directorio. Quienes creían que podían utilizarlo, se equivocaron. Se establece el gobierno del Consulado y rápidamente Napoleón se nombra Primer Cónsul y luego Cónsul Vitalicio. Ya ostenta todo el poder. Durante el consulado se ve que es un hijo de las ideas de la Revolución y que su intensión es institucionalizarlas. La revolución no pudo culminar su proceso legislativo por causa de las amenazas externas e internas y el estallido de la Guerra civil, que el mismo Napoleón ayudará a aplacar. Durante el consulado Napoleón se preocupará de crear un cuerpo legal que acompañe a la constitución Francesa y dé forma real a las ideas de Rousseau. Se crearán el Código Civil (base del nuestro en Chile), el Código Penal, Código de procedimiento penal., entre otras, se codificaran las leyes en general. Tomará las reformas tributarias establecidas por los revolucionarios y creará un cuerpo burocrático, no muy eficiente, pero si multipresente que ayudará a las labores del Estado de Redistribución. Su visión Roussoniana pondrá a la igualdad como algo más importante que la libertad. El Estado debe proveer. El estado es omnipresente y gigantesco. Es el Estado garante, el Estado docente, el estado que vela por el mantenimiento de la igualdad. 

    En 1804 omnibulado por su poder y tras sufrir un atentado en su contra, decide hacer un plebiscito para ser Emperador de Francia. El pueblo lo quiere, entendiendo que la mayoría del pueblo es católico, ha firmado un concordato con la Iglesia Católica. Tras ser apoyado en el plebiscito, no quiere ser menos que los emperadores medievales ungidos y pide al papa que lo corone. Una vez que se corona así mismo enfrenta la realidad de Europa. Los países de Europa odian las ideas de la revolución y no aceptan a Napoleón sin linaje, ni alcurnia. Napoleón gran estratega, debe enfrentarse por fuerza. Comienzan las guerras napoleónicas que serán la tónica de todo su gobierno. Su estrategia rompe con la visión caballerezca establecida. No era precisamente un caballero. Su estrategia es fruto de la nueva mirada racionalista que olvida el honor de la estrategia de “pelear de frente y dar la cara”. Es una nueva estrategia de engañar al enemigo y establecer trampas que permitan obtener ventajas y triunfos. Napoleón se hace dueño de Europa y en la medida que avanza y pone a toda su familia como cabezas de las casas reales de toda Europa ,exporta las ideas revolucionarias. 

    Los ingleses ven a la Revolución francesa como algo pasional e irracional. Por naturaleza los ingleses odian el desorden, pero además la revolución representa lo opuesto a su visión de mundo. Los ingleses se basan en la libertad individual como fuerza creadora y creativa y creen, desde la visión lockiana, que el Estado debe ser lo más pequeño posible. Napoleón representaba una amenaza a esta visión. Cuando la Reina Victoria, años tras la muerte de Napoleón, le pregunta a su entonces Primer Ministro, Benjamin Disraeli, ¿qué es la Burocracia? Este contesta en forma genial, ”Algo muy francés”. Esta visión de mundo no murió con Napoleón en Santa Elena. Napoleón la exportó e instaló en toda Europa y la influencia francesa se encargó que llegase y se instalase hasta en América. Chile es un país muy francés que considera que la igualdad es más importante que la libertad. ¿Acaso no se escuchan las voces que la propiedad es el origen del mal y que el lucro es peor que un pecado capital? Napoleón como embajador de Rousseau, no fue derrotado en Waterloo. Triunfó y se lo ve vigente y con gran fuerza por todas partes. No olvidemos que esta agua alimentó a Marx y estableció las bases de todo socialismo. Su discurso sigue vivo en Chile y en muchas partes del mundo. ¿Derrotado? Pareciera que no. 

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