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  • Reflexiones sobre la religiosidad humana

    Reflexiones sobre la religiosidad humana

    La Navidad pasada fue escenario de una radicalización del laicismo que Europa vive desde hace varios años. En Barcelona, por ejemplo, su alcaldesa, Ada Colau, llamó a celebrar el ‘solsticio de invierno’, privando a aquella fiesta de todo sentido religioso. Durante el solsticio de invierno, decía a través de la página web del ayuntamiento, “los días son más cortos que en ningún otro momento del año, pero es en este periodo cuando se empiezan a alargar. Con el solsticio, por lo tanto, celebramos el triunfo de la luz sobre la oscuridad, un momento que anuncia la primavera que llegará pronto”. Lo que se pretendía era “mostrar a los barceloneses y barcelonesas que hay maneras alternativas de vivir la Navidad de una manera diferente”. Esta “manera diferente” no es otra que una manera no religiosa. Lo confirmó luego con la puesta en una plaza céntrica de la ciudad de un pesebre gigante en el que no había ninguna referencia a los pastores, ni mulas, ni bueyes, ni reyes magos, ni la Sagrada Familia de Nazaret, salvo porque en una ventana de un edificio se veía una pareja con aspecto “hípster”, que tenía un niño en sus brazos. 

    En Madrid también hubo cambios. Su alcaldesa, Manuela Carmena, sustituyó dos Reyes Magos de la tradicional cabalgata, por dos “Reinas Magas”, debido a que según ella es necesario introducir el feminismo en una fiesta que está especialmente dominada por los hombres. De ese modo, despojando el carácter religioso de la celebración, se la utiliza como arma a favor de la ideología de género, de la que dicha edil es partidaria.  

    Estas y otras acciones de diversos alcaldes, van acentuando el rechazo al hecho religioso, ya que este es considerado no solo contrario a la sociedad política, sino a la propia condición humana. Pero, evidentemente, esto exige una reflexión seria que dé razón de la importancia de mantener ciertas tradiciones constitutivas de la sociedad cristiana. Por eso, es lícito preguntarse: ¿es el hecho religioso algo de lo que debe prescindirse en una sociedad democrática? ¿Es el hombre un ser religioso o solo es un aspecto propio de una cultura determinada que debe, en esta sociedad posmoderna, ir desapareciendo poco a poco? Intentemos responder estos interrogantes.    

    El hombre es un ser racional que se interroga, que se hace preguntas de diversa índole: preguntas cotidianas y superficiales, pero también, preguntas últimas y fundamentales. Esa capacidad de cuestionarse sobre temas últimos y de exigir una respuesta, revelan la ordenación de la naturaleza humana a lo religioso o trascendente. Como señala Luigi Giusanni: “El factor religioso representa la naturaleza de nuestro yo en cuanto se expresa en ciertas preguntas: ¿cuál es el significado último de la existencia? ¿Por qué existe el dolor, la muerte? ¿Por qué vale la pena vivir realmente?”. No se trata de la profesión de una determinada religión, no se trata de si se es creyente o no, sino que se trata de que por ser lo que somos, no podemos dejar de hacernos preguntas radicales sobre nuestra vida. Por eso, se puede afirmar que todo hombre es necesariamente religioso ya que, inevitablemente, tiene que situarse ante las cuestiones últimas  y dar una respuesta.

    La experiencia religiosa es una dimensión fundamental del hombre. Toda la historia de la antropología lo demuestra. Efectivamente, la religión ha sido el dinamismo inspirador de las grandes realizaciones del hombre: artes, arquitectura, pintura, poesía, canto, danza, teatro, códigos religiosos, escuela, universidad, etc. El autor francés Comte-Sponville, que abiertamente se declara ateo, confiesa que: “Estamos obligados a admitir que no conocemos ninguna gran civilización sin mitos, sin ritos, sin sacralidad, sin creencias en fuerzas invisibles o sobrenaturales y en suma, sin religión”. Mircea Eliade, un experto en historia de las religiones, pero además un experto que no es creyente sino más bien agnóstico, afirma con rotundidad esto mismo: “Lo sagrado es un elemento de la estructura de la conciencia humana, no un estadio en la historia de la conciencia”. ¿Qué significa esto? Que lo religioso no es un momento, no es una etapa del desarrollo histórico del ser humano, sino un elemento de la estructura de la conciencia humana.  Y concluye: “El hombre arreligioso en estado puro es un fenómeno más bien raro, incluso en la más desacralizada de las sociedades modernas. La mayoría de los sin religión se comportan todavía religiosamente, sin saberlo. No hablamos solamente de la masa de supersticiones o de los tabúes del hombre moderno, todos los cuales tienen una estructura y un origen mágico-religiosos. Sin embargo, el hombre moderno que se siente y se pretende irreligioso dispone todavía de toda una mitología camuflada y de numerosos ritualismos degradados”. La religiosidad, por tanto, es un dato de funcionamiento del hombre, es decir, el hombre funciona así, esté donde esté, en cualquier época, en cualquier cultura. Dicho más claramente: la religiosidad no es un elemento creado por una cultura, sino que pertenece al ser mismo del hombre, de todo hombre. Y lo más curioso: no puede no funcionar así. De manera que en el caso de que niegue a Dios, necesariamente lo reemplazará por otra divinidad, puesto que el deseo de infinito está inscrito en la misma naturaleza humana.  

    La misma universalidad del fenómeno religioso se fundamenta precisamente en esta suerte de necesidad que tiene el corazón del hombre. Karl Jaspers lo expresaba de la siguiente manera: “Queriendo o sin querer el hombre busca el absoluto”. Y continúa: “Si suprimo algo que es absoluto para mí, automáticamente otro absoluto ocupa su puesto”. Suele hablarse de un deseo natural por parte del hombre hacia Dios. Dicho deseo no es otra cosa que la inclinación de la voluntad hacia el Bien. El hombre, dice Tomás de Aquino, “posee una aptitud natural para conocer y amar a Dios, aptitud que consiste en la naturaleza de la mente, y es común a todos los hombres”. De allí que las respuestas religiosas sobre la existencia de Dios es unánime en todas las distintas tradiciones culturales y en todas las épocas de la historia, aunque la respuesta acerca de la naturaleza de Dios sea diversa en muchas de ellas, hasta el punto de que en algunas la imagen aparece completamente deformada, al punto que en ella es más fácil reconocer la huella del hombre que la de Dios. 

    Pero, por más que Dios sea una realidad trascendente, inabarcable para la finita inteligencia humana, lo cierto es que desde el principio el hombre ha sentido la necesidad de entrar en contacto con Él, con esa Realidad trascendente, que la naturaleza de alguna manera le revela y que la propia conciencia presiente. Y allí, en ese deseo del corazón humano de unirse con Dios, de volver a ligarse con su Creador, de intentar responder a todas esas preguntas que le aparecen como sin respuesta, se fundamenta el fenómeno religioso. Las religiones naturales son una manifestación  del deseo natural que posee el hombre de Dios. Como señala Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est: “No son un producto aberrante de la razón pre-científica, fenómenos marginales, más o menos irrelevantes o pintorescos…Al contrario, en las religiones se expresa algo del ser del hombre que no puede ser ignorado ni eliminado sin daño para el mismo hombre; su apertura natural a Dios”. 

    Por eso es necesario tener cuidado con pensar, como es habitual en algunos hombres de nuestros días, que el hombre se inventa a Dios y a la religión para lograr cierta tranquilidad, pero que en el fondo es un engaño para justificar sus dolores, sufrimientos, males y, en definitiva, la propia muerte. Un ejemplo de esto es André Compte-Sponville, ya citado, quien afirma: “Quizás es que necesitan un Dios para consolarse, para tranquilizarse, para escapar del absurdo y de la desesperación”. Pero la realidad es muy diversa. El hombre no se engaña a sí mismo, sino que entra verdaderamente en una relación real con un Ser también real y sumamente importante: Aquel que es Dueño del mundo y de su destino. Y es que el hombre no puede comprenderse a sí mismo de modo total, de modo pleno, si prescinde de Dios. “Nos hiciste señor para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti”.

    Ciertamente que el autor de la religión natural es el hombre, que entrevé su existencia y le rinde culto. Pero, sólo lo hace en respuesta a un deseo e inclinación natural, propia de su naturaleza, de reconocer a su Creador, rendirle culto y responder a las preguntas más fundamentales sobre el mismo Dios, el hombre y el mundo. De allí que podamos distinguir como propio de cualquier religión: una doctrina sobre el origen y el destino del hombre, una moralidad y formas de relacionarse con la divinidad, individual y socialmente, esto es, poseer un culto y oración. 

    No inventa el hombre una religión para consolarse y tranquilizarse, sino para relacionarse con Dios. Sin dudas que esas religiones estarán llenas de insuficiencias y errores, pero manifiestan aquella ordenación del hombre a Dios. Sin duda que dichas religiones están llenas de ambigüedades, pero eso es porque solo Dios habla bien de Dios, para decirlo con Pascal. ¿Qué significa eso? Que solo la Revelación rompe el hermetismo del mundo y ofrece la posibilidad de superar todas esas ambigüedades (Romano Guardini). Sólo Él puede decirnos quién es, que quiere de nosotros, como quiere que le adoremos, etc… “Quiso Dios en su Bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo Encarnado, tienen acceso al Padre en Espíritu Santo y se hacen partícipes de la naturaleza divina”. A diferencia de las religiones naturales que suponen una búsqueda de Dios realizada con el esfuerzo y el deseo del hombre, la religión Revelada, es una búsqueda que Dios mismo hace del hombre para darle a conocer su corazón. Frente a ella, frente al hecho de la Revelación lo que cabe al hombre es la obediencia de la Fe. 

    Pero más allá de esta Revelación de Dios, lo que nos interesa destacar ahora es que la religiosidad es el comportamiento humano más adecuado ante la trascendencia, puesto que significa relacionarse con ella. Por eso es considerada generalmente como una de las cosas más serias de la vida de la que sólo una exigua minoría se atreve a prescindir enteramente. La consideración radical de la religión se eleva a lo más hondo e interior de la persona, es allí donde encontramos a Dios como interlocutor de nuestras más profundas aspiraciones. De allí que desterrarla de la vida social como si se tratarse de algo superfluo, artificial e irrelevante, solo puede producir grandes males que son expresados magníficamente por Henri de Lubac cuando señala que “no es verdad que el hombre no pueda organizar la tierra sin Dios. Lo cierto es que sin Dios no puede, en fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre“.

  • Elogio a la Nueva Milicia Templaria

    Elogio a la Nueva Milicia Templaria

    Las órdenes  militares y los Templarios

    El mundo medieval representa el período de consolidación y auge del nuevo ente cultural llamado occidente.  Los elementos constitutivos de esta cultura, el ser grecorromano con su ideal del sabio, el mundo germano con su ideal del héroe y el ethos cristianos con el ideal del santo se funden completamente creando una cultura dinámica,  amplia y  rica.  Esta amalgama ya está madura para el siglo XI y es por eso que en ese período esta nueva cultura busca la expansión. Se incorporan nuevas regiones de Europa al nuevo ente cultural y el llamado de ayuda del emperador de Constantinopla Alexis Comneno a Occidente sirvió para crecer territorialmente hacia el Oriente.  El fenómeno de las cruzadas se entiende desde lo espiritual, recuperar los Lugares Santos; como desde lo estratégico, ampliar las esferas de influencias de la nueva cultura cristiana hacia el oriente. El llamado del papa Urbano II  en Cleremont a los caballeros es el punto inicial del período conocido como Las Cruzadas, que serán una serie de movimientos de Occidente hacia oriente. Sólo la primera cruzada será exitosa. Con ésta se logrará formar un enclave cristiano en la zona, coronado con el Reino de Jerusalén. Tras la caída de este reino todas las otras acciones militares desde Occidente intentarán recuperar lo perdido sin lograr tener éxito. Es en el marco de estas acciones que surgen las llamadas órdenes militares que funden los ideales del siglo del monacato y la caballería.

    La primera expedición de cruzados es liderada por Godofredo de Bouillon y logra recuperar los Santos Lugares que habían estado en manos de  los musulmanes por cuatrocientos años en el 1099. Hay que entender que las peregrinaciones nunca se había cortado del todo y que las motivaciones para la expedición eran variadas. Si es cierto que los caminos de peregrinación eran peligrosos y muy sufridos.  Es en este contexto que surge la primera orden militar – la de los Hospitalarios, fundada por mercaderes de Amalfi en el año 1084,  que buscaba dar refugio y cuidado a los peregrinos en este tortuoso camino. La orden recibió el nombre de la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén y recibió como lugar para operar  un edificio al lado de la Iglesia del Santo Sepulcro, el cual fue consagrado a  San Juan Bautista. En el 1119 los sarracenos dan muerte a más de 300 peregrinos y toman cerca de 60 prisioneros, con lo que nace la idea de crear una orden para proteger el camino de los peregrinos a Tierra Santa.

    La orden fue fundada por Hugo de Payens, noble de la zona de Champagne junto a ocho jóvenes más. No tenemos certeza de todos los nombres de los fundadores. Sabemos  que entre ellos estaban Godofredo de Saint Omar y Andrés de Montbard, quien era tío de Bernardo de Claraval, una de las personalidades más importantes del siglo XII, cuya influencia sería determinante para el futuro de la orden. Siempre se ha hablado del origen humilde de la orden, sólo 9 caballeros jóvenes. Hay que tener en cuenta que un caballero no implicaba una sola persona, sino que un séquito. Estos nueve  compañeros son recibidos por el Rey de Jerusalén , Balduino II , quien les otorga  un espacio en lo que era conocido como el antiguo Templo de Salomón, que los musulmanes habían convertido en la mezquita de Al- Aksa.  Aunque ellos se denominaban  Pauperis Conmilitones Christi, los pobres caballeros de Cristo, comenzaron a ser llamados los caballeros del templo – Milites Templi Salomonis.

    En el 1127 Hugo de Payens con dos compañeros van a Roma a solicitar la autorización del Papa Honorio II para constituirse como orden religiosa.  Reciben el apoyo de San Bernardo de Claraval, quien escribe un opúsculo ensalzando las virtudes de la orden, De Laude Novae Militiae (elogio a la Nueva milicia Templaria). Se reune un concilio en Troyes para regular los detalles de  su organización.  Aquí se redactó una regla para la nueva orden basada en al regla de San Benito, según la versión reformada pocos años antes – la cisterciense, por lo que adoptaron hábito blanco al que más tarde se le añadiría la cruz roja.  Bernardo se refiere  a la nueva milicia como “aquella que reviste su cuerpo con armadura de acero y su espíritu con la coraza de la fe que combaten a doble frente contra los hombres de carne y hueso y contra las fuerzas  espirituales del mal”.  Se levantan así como las fuerzas especiales de elite de Cristo, los más disciplinados guerreros de la cristiandad. Contaban con los tres votos tradicionales pobreza, castidad y obediencia al que se le sumaba un cuarto voto especial de contribuir a la conquista y conservación de la Tierra Santa.  Era gente religiosa que seguía una regla, pero no eran monjes, ya que no vivían en monasterios.

    La orden confirmó sus privilegios a través de tres bulas papales que les otorgaban a la orden una autonomía hasta entonces no conocida. Dependían directamente del papa, lo que los hacía independientes de los obispos. Se les excluía de la jurisdicción civil y eclesiástica. Podían tener sus propios capellanes y sacerdotes que pertenecían a la orden.  Se les permitía además tener bienes y recaudar dinero a través de limosnas en las iglesias. Tenían derechos especiales sobre las conquistas en Tierra Santa, podían construir fortalezas e Iglesias propias.  Todo esto les daba una enorme independencia y un gran poder.

    En cuanto a su estructura la orden tenía distintos tipos de miembros. En el primer nivel estaban los caballeros que pertenecían a la nobleza, que eran los únicos que usaban ropajes blancos. Todos los otros niveles vestían de gris.  En el segundo nivel estaban los sargentos y escuderos que eran auxiliares reclutados de la burguesía y del pueblo. Una tercera categoría de miembros eran los sacerdotes, que eran los responsables del oficio religioso. Y finalmente en el escalón más bajo de los miembros estaban los servidores que eran  artesanos, criados y ayudantes. Sólo en este nivel podía haber mujeres.  El maestre tenía el poder del abad, debía tener en sus manos  el bastón y el vergajo para azotar los vicios  de los que fallan.  Es él quien ve que se obedezca la regla y es obedecido por los hermanos.  La orden estaba además ordenada en provincias estando la capitana en Jerusalén y existiendo  comanderías en occidente.

    La regla establecía que  el servicio comenzaba con la oración y el culto divino y hacía énfasis  en la idea que “finalizado el servicio que nadie se espante de ir a la batalla”. Del mismo modo, establece fórmulas para suplir los horarios de las oraciones y misas en caso que la guerra no permita su correcta realización. Se establece cuales son las armas que pueden y no pueden usar y las acciones que deben obviar. Se trata de una regla de disciplina total. “Ningún hermano debe bañarse, ni cuidarse, ni tomar medicina, ni ir a la ciudad, no correr a caballo sin permiso” Se les recuerda que han abandonado su propia voluntad y que nada es meas agradable a Cristo que la obediencia. Deben ser un ejemplo de caridad y de sabiduría, la máxima aspiración de los caballeros del siglo. La regla hace un llamado abierto a más caballeros a integrarse.

    Es así como la orden creció enormemente. El contar con el apoyo del hombre más importante de la época, Bernardo de Claraval fue una catapulta de popularidad y le valió la rápida aprobación papal. Las familias más importantes ingresaron a alguno de sus hijos  a la orden y donaron territorios  a la misma. Rápidamente la orden se hizo enorme y poderosa.  La mayoría de sus bienes se acumularon en occidente y eran explotados por los miembros de la orden para generar recursos para su fin, la protección y defensa de Tierra Santa.  Llegó a contar con más de 9000 encomiendas (pequeñas parcelas) en occidente que eran explotadas para generar recursos. Contaban incluso con molinos, bien escaso y de alta demanda en la época. En oriente construyen fortalezas bélicas de gran simpleza, que no tienen comparación con las exuberantes e imponentes fortalezas hospitalarias de la ruta de las cruzadas.

    Sabemos que su función era proteger a los peregrinos en al camino a Tierra Santa.  Las fuentes nos hablan por primera vez de la acción de los Templarios en  el sitio de Ascalón en el 1153,  bajo el reinado de Balduino II, donde se dice que murieron todos, hasta el  maestre.  Esto es previsible si uno mira la regla. La obediencia marcaba todo, “ningún hermano podía abandonar el campo de batalla”. El mariscal era  la máxima autoridad en el campo de batalla y era quien llevaba el  gonfalón, el cual debe permanecer siempre en pie.

    Hattin representó la pérdida del reino de Jerusalén. Se dan una serie de eventos que permiten por un lado la unión de los pueblos musulmanes y la debilidad del reino cristiano que culminarán con la pérdida del reino latino de Jerusalén.  Se une el mundo musulmán en torno a un kurdo, Saladino en un momento de gran debilidad del reino cristiano, Balduino IV es leproso y no tiene descendencia. Muere en el 1185.  El poder pasa a su hermana Sibila, casada con Guy de Lusignac, quien no cuenta con buena fama. Ella nombra como regente a Raimundo III, conde de Tripoli, quien es un gran enemigo del maestre del temple, Gerard de Ridenfort. De este modo el maestre del temple se une a Guy de Luisignac para enfrentar a Raimundo III.  En este estado de desunión se produce un hecho desafortunado que da la escusa a Saladino para atacar.  Rainald de Chatillón, caballero feudal, considerado un señor bandido, ataca una caravana egipcia, con lo que le da la escusa  a Saladino para la guerra abierta. Guy de Lusignac ordena al ejercito ponerse en marcha hacia las lomas de Hattin. Saladino quema los alrededores, los cristianos son rodeados y derrotados. Se pierde Jerusalén.  El reino latino es reducido, pero aún subsiste. La resistencia es tomada por las órdenes militares y es comandada desde San Juan de Acre. Los Templarios ocupan la primera línea de la segunda cruzada al lado del rey inglés Ricardo Corazón de León, quien es reconocido por el propio Saladino como un digno contrincante. A pesar de esto los Santos Lugares nos son recuperados en esta segunda cruzada y tras la muerte de Ricardo poco después muere también Saladino. Las siguientes cruzadas tampoco serán exitosas. La cristiandad nunca más peleará unida. Las divisiones internas impiden el éxito en las cruzadas posteriores. Serán muchas veces los intereses personales lo que primarán sobre la causa común. Las órdenes militares jugarán un papel fundamental en las próximas inscursiones hacia Tierra Santa. Para la tercera cruzada en el 1190 en San Juan de Acre se fundará la orden de los caballeros teutónicos, formadas por caballeros alemanes que posteriormente se instaurarán en la fortaleza de Montfort en Acre.

    En las cruzadas posteriores los caballeros Templarios se opondrán al emperador alemán Federico II Hohenstaifen, quien por su parte contará con el apoyo de los caballeros teutónicos y hospitalarios.  En el Emperador alemán se encarna la guerra civil entre los güelfos, partidarios del papa y los guibelinos a favor del emperador. Tierra Santa pasa a ser un campo cerrado donde se enfrentan de modo permanente  los intereses temporales.  Luego con las cruzadas de San Luis de Francia se logra una cierta unión, pero pronto florecerán las pugnas comerciales entre las ciudades italianas ahora quienes mueven las próximas cruzadas.  Esto hace tomar posturas a la cristiandad. Los caballeros hospitalarios toman partido por Génova y los caballeros Templarios por Venecia y Pisa. Sin unión el objetivo común de recuperar los lugares santos es imposible.  En el 1291 cae San Juan de Acre, último enclave de occidente en oriente con lo que las órdenes militares tienen que concentrar su acción en occidente y pierden en gran parte su razón de ser.

    Las labores de la órdenes militares fuera de Tierra Santa se concentrarán en diversas actividades. Los Caballeros Hospitalarios se dedicarán al cuidado de los enfermos en varios enclaves de la cristiandad. La Orden Teutónica del Hospital de Santa María de Jerusalén, conocidos como caballeros teutónicos seguía el modelo de los Templarios y de los caballeros de San Juan. Sus acciones se ampliaron hacia los paganos de las fronteras de Prusia y recibieron como feudo papal las zonas del mar Báltico, desde Finlandia a la Pomerania en Polonia. Asimismo surgirán nuevas órdenes en torno a la lucha de la cristiandad contra los infieles. España de la reconquista musulmana será un escenario para estas nuevas órdenes. Entre las órdenes más importantes surgidas en España destaca la de Calatrava, fundada en el 1158 por el abad cisterciense Raimundo de Fitero tras la defensa de la plaza de Calatrava de los moros. Asimismo la orden de Alcántara también estará ligada al mundo cisterciense y es aprobada en el 1177. La orden de Santiago surgirá como una cofradía en torno a Fernando II de León y a diferencia de las otras se acogía a la regla de San Agustín y añadía a sus roles la actividad hospitalaria para los peregrinos del camino de Santiago.  En este ámbito se complementarán con los templarios quienes tras perder Jerusalén protegerán el camino de peregrinación de la ruta de Santiago. Otras órdenes se constituirán para combatir la herejía cátara en el sur de Francia.

    Son sin duda los Templarios la orden más conocida e importante. Su fama se debe a su gloria en vida y a su trágica muerte. Fuera de Tierra Santa y una vez perdido el Reino Latino en Oriente tendrán importantes labores políticas y económicas en todos los reinos de la cristiandad. No es exagerado decir que eran  “ los banqueros de Europa”. Su naturaleza de constitución y su independencia como orden les permitió acunar gran cantidad de bienes en occidentes, los cuales eran explotados por la orden para financiar las cruzadas y su rol de defender a los peregrinos en el camino a Tierra Santa.  Tenían ingresos ordinarios que provenían de la explotación de más de 9000 encomiendas que la orden poseía en Europa e ingresos extraordinarios fruto de colectas anuales y donaciones que la orden recibía esporádicamente. Debido a su experiencia en administrar grandes cantidades de dinero y en su vasta experiencia en transferir montos desde occidente a oriente, comenzó a ser común que  muchos fieles les entregaran bienes muebles e inmuebles a título de deposito para su resguardo.  Del mismo modo, la orden cumplía la  labor de prestatarios a interés justo. Hay que tener en cuenta que la Iglesia desde muy temprano había establecido la diferencia entre el interés justo, basado en la pérdida del valor del dinero en el tiempo y la usura, el excesivo interés. La usura estaba prohibida, no el préstamo a interés. Los templarios llegaron a ser los mayores prestamistas a quienes realmente mostraban garantías reales de poder pagar. No eran prestamos blandos, sino que sumamente estrictos. Los usureros pedían menos garantías  y por lo mismo cobraban más intereses. Para facilitar sus labores bancarias los templarios inventaron varios instrumentos financieros usados hasta hoy como las letras de cambio, cheques de viajero, valores en custodia, cartas de crédito

    Para fines del siglo XII la capitana, ahora en Paris, era el lugar donde se manejaban todas las finanzas del reino de Francia. Era la depositaria del tesoro real y el lugar donde se administraba la cámara de cuentas. Incluso el rey tenía con ellos una especie de cuenta corriente desde la cual abastecía sus finanzas personales y administraba su reino. Del mismo modo los templarios se convirtieron en grandes consejeros de casi todos los reyes de Europa, lo que les daba además un gran poder político. No es exagerado decir que eran la institución más poderosa y rica de toda la cristiandad medieval.

    El Viernes  13 de Octubre de 1307 al alba, todos los templarios de Francia fueron arrestados en sus encomiendas. Había transcurrido sólo 16 años desde la caída de San Juan de Acre.  El arresto se basaba en acusaciones que había llegado a oídos del rey de Francia, Felipe el Bello y la orden establecía apresarlos hasta el juicio y la confiscación de los bienes de la orden.  De este proceso hoy se sabe mucho. La documentación permite recrearlo casi en forma íntegra. Es paradójico ver que se sabe más del fin de la orden que de su propia existencia. Se trata de un proceso vergonzoso, manipulado por los intereses del rey de Francia ayudado por el abogado Guillermo de Nogaret, quien ayudó al monarca en varios temas complejos y vergonzosos, como el juicio contra el papa Bonifacio VIII y la cruzada contra los Albigenses. Felipe el Bello fue un rey complejo y enigmático, obsesionado con el poder y el dinero. Instauró devaluaciones financieras en el reino de Francia según sus necesidades, expulsó a los judíos en 1306 y se quedó con los dineros de éstos. Se enfrenta al papa Bonifacio VIII por pugna de poder, una vez que éste hizo énfasis en su poder temporal, lo que culminó en un proceso de herejía contra el papa, en la cual Guillermo de Nogaret fue parte. Para el siglo XIV si una persona quería sacar de circulación a otra lo acusaba de herejía. Con esto pasaban a un juicio con la Iglesia y el tribunal de la inquisición. Esto se usó en varias oportunidades políticamente. En el caso del papa, tras ser acusado de herejía será  trasladado a Francia donde muere. Las presiones del rey de Francia logran que el conclave nombre a un papa francés,  Beltrán de Got, quien asume como Clemente V y es invitado a residenciarse en  Avignon, con lo que comienza el llamado pontificado avignonense. Felipe en su obsesión por lograr convertir a Francia en una potencia de primer orden buscará recursos financieros a toda costa para lograr su objetivo y manipulará muy bien a la opinión pública validando su actuar en forma permanente, lo que lo hacen un rey muy moderno.

    El arresto de los templarios se basa en “presunciones y violentas sospechas” que emanan de denuncias de un tal Esquieu de Flyran, nativo de Beziers, quien habría recibido la información de un templario prisionero. Este ciudadano va con las noticias a donde el Rey de Aragón , quien desestima las acusaciones. Tras esto se acerca a Felipe el Bello , quien ve en estas una oportunidad. El y su reino estaban endeudados con la orden y además un juicio en contra de la orden podía resultar algo sumamente conveniente para su objetivo de búsqueda de dinero. La investigación estuvo a cargo del confesor del rey el inquisidor Guillermo de Paris, quien se limita a interrogar a los templarios tras haberlos arrestado. Guillermo de Nogaret se encarga de conseguir los testigos en contra de la orden. Para el 14 de octubre las acusaciones se hacen públicas a través de un manifiesto real. Se los acusa de apostasía, ultraje a Cristo, Ritos obscenos, sodomía, idolatría, entre otras. Se basan principalmente en el rito de admisión de los nuevos hermanos, a quienes, según los testigos, se los obligaba a renegar de Cristo tres veces y a escupir sobre la Cruz. Se les acusa también de adorar a una estatuilla que a los largo del juicio va mutando, un tal Bafomet. Por su parte Felipe manda a cartas a los príncipes europeos para que sigan sus acciones contra la orden, cosa que no obtiene buenos resultados.

    Entre el 19 y el 24 de noviembre 138 templarios son interrogados por Guillermo de Paris. 36 de ellos mueren a causa de las torturas y solo 3 negaron los crímenes. Tras esto el papa Clemente V a través de la Bula Pastoralis Praeminentie, llama  a los príncipes cristianos a arrestar a los templarios. Felipe reclama usando la opinión pública que los culpables no han sido castigados. El quería la supresión de la orden y que los bienes de ésta pasasen al reino de Francia.  La comisión eclesiástica es favorable al rey. Se logra organizar la defensa templaria. Jacques Le Molay, Maestre de la orden declara y se muestra con evidencia que las declaraciones obtenidas son a causa de  las torturas. A pesar de esto 54 templarios son condenados a muerte en la hoguera por herejes relapsos, reincidentes. Tras esta primera quema de “herejes” muchos templarios confesaron aterrorizados. A pesar de esto la defensa seguía constituyéndose. Para 1311 la investigación eclesiástica es declarada cerrada y la orden es suprimida a través de la Bula Vox in Excelso y los bienes de la orden entregados a través de la bula Ad Providam a la orden de los hospitalarios. Felipe no había logrado salir con la suya.  La orden no fue considerada hereje, pero el papa considera que tras un juicio tan escandaloso la opinión pública ya no permitiría la reivindicación de la orden. En 1314 los principales dignatarios de la orden son condenados a muerte. Nace la idea de “ la maldición del templario”. Jacques le Molay una vez condenado a la hoguera habría maldito al rey y al papa que en menos de un año ambos morirían, cosa que se cumplió. Además habría maldito a la estirpe de Felipe, lo que inspirará las famosas novelas de “Los Reyes Malditos”.

    Sobre los templarios se han tejido muchos mitos. Se dice que mientras ocuparon el templo de Salomón habrían escavado y que habrían encontrado algo…cosa que da para pensar lo que sea. Se habla del Arca de la Alianza y el Santo Grial. Del mismo modo la idea de un gran tesoro que luego habrían trasladado, según teorías pseudo históricas incluso a  Norteamérica. Se cuenta que la flota de los templarios tras el aprisionamiento de la orden habría desaparecido misteriosamente. Hoy sabemos que dicha flota no existió. Que la orden sólo contaba con dos barcos propios y no con una flota , ya que  subarrendaba embarcaciones según necesidad.

    Muchos intentan hoy vincular a Templarios y masones. Es fundamental tener en cuenta que son agua y aceite. El temple es una institución que nace del seno de la Iglesia católica como brazo derecho del papado para proteger el camino de los peregrinos a tierra santa y une los ideales medievales de monacato y caballería. Los masones son células de racionamiento que surgirán tras el auge del racionalismo y la separación de la fe y la razón como vías de verdad. Se constituyen como agrupaciones que ensalzan al ser humano y sus logros . Si bien se cree en la existencia de un Dios Creador, el gran Arquitecto, este se fue y el mundo ya no le necesita para funcionar. Ya no es un Dios providente. Por lo mismo se enfrentarán a un gran enemigo visible, la Iglesia dogmática y se levantarán como entes anticlericales por excelencia.  Son miles los libros que unen a estas organizaciones. Los templarios murieron en auge y por tanto son un mito. Siempre es bueno vincularse con los mitos.

    La orden de San Juan la que se quedó con los bienes de los templarios. Hoy son conocidos como los caballeros de Malta y se dedican a obras benéficas.  Muchas órdenes desaparecieron junto al sentido de cruzada y las que se mantienen hasta hoy son sólo una sombra de su antiguo esplendor. Murio la caballería y con esta el ideal del caballero cristiano.

    Textos

    Pero los soldados de Cristo combaten confiados en las batallas del Señor, sin temor a pecar cuando vencen al enemigo ni por poner en peligro la propia vida, porque la muerte que se da o recibe por amor de Cristo, lejos de ser criminal, es digna de mucha gloria. Consiguen además dos cosas: por una parte, se hace una ganancia para Cristo, por otra es Cristo mismo lo que se adquiere; porque este recibe gustoso la muerte de su enemigo en desagravio y se da con más gusto aún a su fiel soldado para su consuelo. Así, el soldado de Cristo mata seguro a su enemigo y muere con mayor firmeza. Se sucumbe, sale ganador; y si vence, gana Cristo, porque no lleva sinrazón la espada, pues es ministro de Dios para ejecutar la venganza sobre los malos y defender la virtud de los Buenos

    Bibliografia

    • Barber, Malcolm. El Juicio de los templarios. Complutense, España 1999
    • Nicholson, Helen. Los Templarios: Una Nueva Historia. Ed Crítica España, 2006
    • Claraval, Bernardo y Pernoud, Regine. Elogio a la Nueva Milicia Templaria; Los Templarios. Ed, Siruela, España 2005
    • Demurger, Alain. Caballeros de Cristo: Templarios, Hospitalarios, teutonicos y demas ordenes militares en al Edad Media ( siglos XI a XVI) Universidad de Granada, 2006
  • Historia del Cristianismo

    Historia del Cristianismo

    La historia del cristianismo está íntimamente ligada a la Historia de la Cultura Occidental. No se puede pensar en esta cultura sino en una dimensión cristiana. Occidente nace como cultura tras la caída del Imperio romano. No se trata de una continuación intacta de la tradición del mundo antiguo, sino una nueva creación que toma la manera de pensar y su espíritu inquieto del mundo Grecorromano, su manera de organizarse política, social y económicamente de las tradiciones de los pueblos germanos y su esencia y postura frente al mundo del cristianismo. 

    El Cristianismo es una religión que nace de la figura histórica de Jesús de Nazaret, quien tuvo 30 años de vida privada y 3 años de ministerio público. La historicidad de Jesús está avalada por múltiples fuentes históricas, romanas, judías y cristianas. Esto nos deja clarísimo que el personaje tuvo una existencia histórica real ya que fuentes de diversos orígenes hacen mención de su vida y obra. Era un judío y todos sus primeros discípulos fueron todos judíos, por lo que las primeras formas cristianas se acercan mucho al judaísmo, era la única forma conocida para ellos. Es por esto que al período inicial del cristianismo se lo llama judeocristianismo. Practicaban los rituales judíos a cabalidad y agregaban las nuevas visiones impuestas por Jesús. De hecho para ellos cualquier persona que ingresaba al cristianismo debía circuncidarse. El primer gentil, no judío, que se convierte al cristianismo fue un tal Cornelio, centurión romano, quien habría entrado a la nueva religión por influencia de Pedro. Esto está narrado en Hechos 10, 1- 48, se cuenta que se habría convertido él y toda su casa. Antes de esto ya había dos tipos de cristianos – judíos cristianos (habla aramea) y cristianos helenísticos (habla griega, pero judíos). Con el ingreso de Cornelio nacerá un nuevo tipo llamado “cristianos gentiles”, no judíos.

    Si bien Pedro es una de la figuras esenciales del cristianismo , ya que fue elegido por el propio Cristo como piedra para levantar su Iglesia, la figura de Pablo de Traso representa para la historia de la nueva religión un salto cuantitativo y cualitativo de proporciones. Pablo tenía una formación diferente al resto de los apóstoles. Hay que tener en cuenta que los apóstoles eran personas sencillas de escasa educación. Ninguno de ellos sabía leer , ni escribir. El alfabetismo de la gente del siglo I era muy bajo y los apóstoles eran gente de oficios menores, por lo que es ampliamente probable que ninguno supiera leer ni escribir. El propio Pedro era pescador. Pablo era un ciudadano romano con una sólida preparación intelectual que marcará la diferencia teológica y llevará al cristianismo a un nivel superior. Es él quien por primera vez se hace una distinción profunda entre el cristianismo judaizante y la helenización del mismo. Dará una dimensión universal, católica a la nueva religión, la salvación es para todos. “ En esta nueva naturaleza no hay griego, ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro, escita, esclavo ni libre, sino que Cristo está en todo y en todos” (Colocenses 3:11). Es Pablo quien ve que no se puede forzar a los gentiles que se convierten al cristianismo a tomar las formas judías. Asume su misión de ser el Apostol de los Gentiles. En la Epístola a los Gálatas dice haber sido elegido por Cristo para esta misión. De hecho habrá una pugna inicial sobre si es necesario seguir exigiendo las formas judías o no. Pablo representa la idea de independencia del cristianismo del judaísmo en lo formal. En su primer período Pablo fue persecutor de cristianos y se convertirá abruptamente al cristianismo tras caerse del caballo camino a Damasco. El mismo Cristo se le habría aparecido dicéndole” Saulo Saulo, por qué me persigues”. Pablo como buen converso será apasionado en su nueva religión y comenzará una batalla con los judeocristianos insistiendo que para aquellos que no vienen del mundo judío las formas judaizantes deben ser abandonadas. Triunfará su visión, el concilio de Jerusalén establecerá que la circuncisión no será obligatoria para aquellos no judíos que se hagan cristianos. Este primer concilio representará un nuevo rumbo en el sentido de la universalidad de la nueva religión cristiana. 

    El período de expansión de la nueva religión cristiana sobre la diáspora por la acción de los apóstoles será conocida como la “era apostólica”. Esta culminará el año 95 con la muerte de San Juan quien era el menor de los apóstoles, de hecho era imberbe para el momento de la muerte de Jesús. Para este entonces, la religión cristiana había penetrado por las acciones principalmente de Pablo de Traso sobre una amplia parte del Imperio Romano, que se extendía por todo el alrededor del Mar Mediterráneo. El Imperio siempre se mostró dispuesto a aceptar nuevos dioses en el Panteón romano. Se trataba de una religión politeísta integrativa que aumentaba sus deidades junto con sus territorios. Pero en la nueva religión cristiana, los romanos encontraron un problema. Los cristianos no estaban dispuestos a que su Dios compartiese el lugar con dioses paganos. El Dios Cristiano era considerado el único verdadero Dios. Es por esto que las autoridades políticas romanas se vieron complicadas frente al crecimiento de esta nueva religión. Comienzan las acciones contra la expansión del cristianismo. Se inicia un período de persecuciones. Las primeras persecuciones serán de corte literario en las que destacan las lideradas por Celso en el siglo III ante las cuales los cristianos responden con defensas a su religión, por lo que los primeros intelectuales cristianos serán conocidos como apologetas, defensores. En la medida que crezca el cristianismo aumentarán las persecuciones, las cuales no serán sólo de argumentos , sino también violentas. Hasta el año 250 serán persecuciones parciales, limitadas a ciertas regiones y en ciertas circunstancias específicas, como la persecución de Nerón tras el incendio de Roma. Tras el año 250 comenzarán las persecuciones generales, las cuales se dan en todo el Imperio y coinciden con la debilidad de la religión politeista romana. En la decadencia del Imperio Romano, que ha perdido la fuerza de su ethos, Decio, Valeriano y especialmente Dioclesiano arremeten violentamente contra los cristianos. Debido a las presecusiones los cristianos comienzan ver el martirio como ideal de defensa a su fe. San Esteban es considerado el primer mártir de la Iglesia Cristiana. El propio Pablo de Tarso participó en su muerte, cuidando las ropas de quienes estaban atentando contra el hoy considerado santo. 

    El proceso de creación del llamado Canon de lo que constituirá el Nuevo Testamento es un proceso lento. De hacho el proceso de la Torah, o antiaguo Testamente también fue sumamente lento, abarcando varios siglos. Ya para el siglo II, los cristianos aceptan cuatro evangelios, Mateo, Marco, Lucas y Juan como verdaderos. San Ireneo dice que estos cuatro evangelios son como los vientos de la tierra, que hay que leerlos todos para tener una verdadera noción de la verdad. Dice que separados sólo muestran parte de la verdad y que desvía la orientación. El proceso de recopilación del Nuevo Testamento completo se extenderá hasta el siglo IV. Muchos evangelios y otros libros serán considerados “ Apócrifos”, falsos, en el proceso. El emperador Constantino no tuvo nada que ver en este proceso. Hoy son múltiples las teorías falsas, casi de ciencia ficción , que atribuyen un rol primordial en la creación de falsos credos y la expansión de los mismos en occidente. Si, es cierto que Constantino representó un momento clave en la historia del cristianismo, él no manipuló los evangelios ni convirtió a Cristo, antes visto como hombre, en Dios. Constantino como emperador da libertad de culto a los Cristianos (Edicto de Milán 313d.C.), con lo que estos entran a la estructura oficial de Imperio (dejan de ser perseguidos). Es cierto que nadie puede asegurar que la conversión de Constantino haya sido de convicción. La tradición nos dice que éste se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte. Las nuevas teorías que inspiran múltiples libros, entre ellos “El Código da Vinci” dicen que Constantino no se convirtió de convicción y que habría seguido siendo seguidor del Sol Invictus. Es cierto que no podemos asegurar si su conversión fue de real convicción, eso lo sabe sólo él y Dios, pero Constantino era un político y como tal, obedece a razones políticas. El vio que la nueva religión tenía más futuro dentro del Imperio y por eso les dio libertad. El Cristianismo había crecido considerablemente en el Imperio. Desde un comienzo los cristianos concordaban que Cristo era hombre y Dios al mismo tiempo. El gran problema es cómo se es hombre y Dios, parecieran ser dos realidades contrapuestas. Es por esto que desde el comienzo surgen dos corrientes consideradas heréticas, los adopcionistas, que consideren que Cristo es sólo hombre y los docéticos que consideran que es sólo Dios. Constantino ve que hay peleas entre los cristianos, religión que para él tenía más futuro político en el Imperio. Es por esto que convoca al Concilio de Nicea el año 325 para unir la visión de la nueva religión. Prima la visión de San Atanasio de Alejandría que establece que Cristo es hombre y Dios al mismo tiempo ya que es de la misma naturaleza del padre y que no son dos personas sino tres, dogma de la Santísima Trinidad. 

    En el siglo II y III surgen un grupo de herejías conocidas hoy como gnosticismo. No se trata de un grupo unitario de creencia sino en varias variantes que responden a ciertas características comunes. Ellos son dualistas, coinciden el mundo dividido en dos, lo material y lo espiritual. Para ellos todo lo material es malo, por lo que Dios no puede haber creado el mundo, sino que éste sería obra de un demiurgo (no dios) y Cristo no podría jamás haber tomado la forma material humana. Ellos ven la bondad en la espiritualidad total y por tanto en el alejarse de lo material. La Salvación se alcanza a través de la adquisición de un conocimiento llamado gnosis, mediante el cual uno se va despojando de lo material y perfeccionándose. Por tanto, la salvación no es para todos, sino sólo para aquellos iniciados en la gnosis. Esta gnosis fue traída a la tierra por Cristo que no es más que un ente espiritual , sólo Dios. Son por tanto docéticos y no creen en la salvación para todos por tanto vistos por la Iglesia como heréticos.

    Esta es la razón por la cual era fundamental convocar a un concilio que uniese y definiese el credo de los cristianos. Constantino convoca al concilio de Nicea donde se define el Credo Niceano que es la profesión de fe de un cristiano hasta el día de hoy. “Creo en Dios padre todo poderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único hijo….” Se establece que Cristo es hombre y Dios al mismo tiempo. Que son tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son una persona al mismo tiempo. Que el alma es eterna y que existe la comunión de los santos y el perdón de los pecados. Esta instancia es fundamental para entender el rol de la Iglesia y su creencias. Se establece que hay una sola Iglesia Santa que es la Iglesia católica, que ya para ese entonces cuenta con amplias estructuras

    En cuanto al rol de Constantino en la confección de los evangelios no es tal. “El Enigma Sagrado” y “El código Da Vinci” dicen que Constantino habría manipulado los evangelios convirtiendo a Cristo que hasta entonces era visto como sólo humano en Dios. Esta es una falsa afirmación. Los Cristianos desde el comienzo consideraban a Cristo Hombre y Dios al mismo tiempo, el gran problema, como hemos visto, era como coexistían estas dos naturalezas. El proceso de los evangelios comenzó antes de Constantino y termina mucho después de él. El no tiene ninguna ingerencia en el proceso. Es cierto que él mandó a copiar evangelios, pero es muy fácil ver que estos textos mandados a hacer por él no fueron manipulados, al comparar estas copias con otras de data anterior. No hay variación en los textos. Ya en el siglo II San Ireneo habla de los los cuatro evangelios canónicos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. A fines del siglo III ya se cuenta con el Canon Muratoniano que cuenta con los cuatro evangelios de Ireneo, agrega los Hechos de los Apóstoles y nueve epístolas de Pablo. El criterio de inclusión de textos responde a cuatro criterios, que determinan que los textos sean aceptados o canónicos (incluidos en el canon) o apócrifos (falsos). El primer criterio es que sea Antiguo. Hay textos posteriores al siglo IV que ya por tiempo quedan fuera. El segundo criterio es que sean Apostólicos, que se adjudiquen la versión de un apostol. Hay que tener en cuenta que los evangelios no fueron escritos de primera fuente y por eso hablamos de los evangelios según San Mateo, según San Marcos, según San Lucas y según San Juan. Y no del evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Lo que si, es fundamental tener en cuenta que la mayoría de los evangelios considerados apócrifos se adjudican una versión de un apostol también. El tercer criterio, uno de los más fundamentales es que sea Católico, es decir universal. Que la salvación sea para todos. En este punto muchos evangelios considerados apócrifos quedan fuera. Todos los evangelios inspirados por el gnosticismo consideran que la salvación no es para todos sino que sólo para los iniciados en la gnosis. Esta es la visión de Pablo “ Cristo está en todos”, la salvación es para todos. El cuarto y último criterio de inclusión es que sean Ortodoxo, esto se refiere a considerar a Cristo Dios y Hombre al mismo tiempo, que como vimos, era uno de los puntos de mayor disputa en la época. No debían ser docéticos, ni adopcionistas. Estos criterios aplicados juntos hacen y definen al cánon y catalogan de apócrifos no sólo a evangelios, sino también cartas y hasta Apocalipsis. De este modo en el siglo IV Eusebio hace un orden donde cataloga a los libros en canónicos (aceptados) , disputados y espuria (prohibidos y falsos). En esta lista caen todos los llamados Evangelios gnósticos de la Biblioteca de Nag Hamadi, que hoy están tan de moda.

    En la medida que el cristianismo ya inserto en el Imperio crece nace una vida intelectual más polífera. La teología es inherente a la visión cristiana, ya que ésta como religión considera que Dios es el Logos y que el hombre está llamado a llegar a Dios por la fe y la razón. La razón humana debe hacer el esfuerzo de intentar entender la realidad. Los primeros inletectuales cristianos fueron los Apologetas, que defendían a la religión cristiana de quienes la perseguían y criticaban. Una vez ya insertada en el Imperio comenzarán a aparecer los llamados “padres de la Iglesia” que sentarán las bases teológicas de la nueva religión. Entre los padres griegos destaca San Atanasio de Alejandría, en los Siriacos, Efrén el Sirio y en los latinos, San Agustín de Hipona, Jerónimo de Estridón, Gregorio Magno y Ambrosio de Milán.

    El caso de Ambrosio de Milán podría ser citado como un ejemplo de “corrupción” fue hecho sacerdote y nombrado obispo el mismo día. Pero este es un caso en la que el fondo era meas que lo formal. Ambrosio no sólo tenía gran vocación , sino que además hablaba de modo extraordinario y atraía a las audiencias. Las conversiones aumentaron por su causa, siendo al de San Austín mérito suyo. San Jerónimo será clave en esta nueva etapa dentro del Imperio ya que traducirá la Biblia al latín creando al llamada “Vulgata”. Esto será una labor complicada ya que deberá generar la creación de nuevos conceptos latinos para ajustarse a la realidad de las escrituras hasta ese minuto en arameo y griego. 

    Es sin duda Agustín la gran figura de este período. Nace en Tagaste, Numidia, parte del Imperio Romano en el siglo IV, tras vivir una vida de desenfreno y pertenecer a una secta gnóstica, maniqueismo se convierte al cristianismo, siendo su libro “Confesiones” uno de los más cautivantes y espirituales de la cultura occidental. Su conversión se debe a la acción del obispo de Milán , Ambrosio, quien lo sorprendió y se su madre Santa Mónica, quien rezó en forma constante por su hijo. Construirá una teología sólida que enfatizará en la doble vía de la fe y la razón como camino hacia Dios. En “La Ciudad de Dios” muestra los dos caminos y el modo en que la fe ilumina y rectifica. Plantea que el hombre sin Dios se equivoca constantemente, “ camina encorvado”. Le tocará luchar constantemente durante su vida contra las herejías que en su tiempo por la dificultad de los medios de comunicación prenderán en forma continua. El año 380 a través del Edicto de Tesalónica el Emperador Teodosio hace del Cristianismo la religión oficial del Imperio. El Imperio ya estaba decadente, de hecho éste caerá el año 476 d.C., por lo que el cristianismo no podrá aprovechar plenamente esta incorporación oficial.

    Tras la caída del imperio romano vendrá un período de confusión. Los germanos de diversas sippes (tribus) penetrarán sobre el Imperio y se generará un gran caos. La historiografía habla de este período como la Era Oscura, ya que no hay fuentes escritas. La historiografía trabaja con fuentes y cuando no hay fuentes, no hay luz para reconstruir la historia. El período tras la caída del Imperio romano es un período oscuro y confuso, donde la civilización y pensamiento creado podría haber quedado en el olvido y podría haberse perdido. Los germanos eran paganos y por tanto el cristianismo quedará relegado a pequeños enclaves en el continente europeo. Deberá reiniciarse la conversión de Europa. 

    Será esencial la acción de Irlanda en este proceso. Hay autores como Thomas Cahill (How the Irish saved the civilization) que consideran que los Irlandeses salvaron la civilización que podría haberse perdido tras las invasiones. Desde Irlanda San Patricio, quien había sido un druida (líder espiritual celta) se convierte al cristianismo y comienza expandir la nueva religión creando una nueva espiritualidad que será la del monacato. El y sus seguidores, entre los que destacan san Columbano comenzarán la fundación de monasterios que no son aún constituidos como una institución unitaria. Cada monasterio tenía su propia regla, por lo tanto no se puede hablar aún de la Institución del monacato. Pero la acción de estos monjes irlandeses explica la conversión de los visigodos, anglosajones y francos. La conversión de Clodoveo, rey de los merovingios al catolicismo, esencial para la historia posterior de la Iglesia se debe a esta acción. Europa se llena de monasterios. Será San Benito de Nursia quien concebirá una regla unitaria para esta nueva institución creada y les dará unidad. Los monasterios serán los enclaves de cultura y preservación en este mundo de caos y confusión. De hecho hay autores, como Thomas Woods, en su libro “Como La Iglesia Construyó la Civilización Occidental” que afirman que en los monasterios, los monjes crearon nuestra cultura. Ellos disecaron los pantanos, enseñaron el cultivo, la metalurgia, en gran medida la ciencia, la caridad como una labor institucional. Cada monasterio tendrá además su sriptorium donde los monjes copiarán los libros, bajo la idea que mientras meas se copie menos posibilidad hay que se pierda. Serán los monjes los que preservarán la antigüedad para las generaciones posteriores. La fe vista como verdad, camino y vida deberá ser enseñada. Como la gente no lee es necesario enseñarla de otras formas. Es por esto que en los monasterios nace el arte occidental como una forma de enseñar en imágenes a personas que no decodifican códigos. Será primero el arte carolingio, luego el románico y finalmente el gótico las formas para enseñar esta religión que es de convicción. Una religión abierta que quiere incluir a toda la humanidad. En torno a los monasterios y catedrales surgirán escuelas de enseñanza, las escuelas catedralicias. El año 800 Carlomagno es coronado Emperador Cristiano, Occidente ya está maduro. El Emperador está por sobre la Iglesia, pero que tiene como fin el evangelizar y el aumentar las fronteras de un concepto unitario heredado del Imperio romano, La cristiandad. Este concepto no morirá tras la muerte de Carlomagno y la división del imperio Carolingio, revivirá con más fuerza en la restauración de Otón I y posteriormente en el concepto de Occidente Cristiano- El concepto de Europa Cristiana. Se aumentarán las fronteras de ésta hacia el este y luego hacia Escandinavia. Nacerá el concepto europeo de “la Cristiandad” que será el marco Geográfico de la nueva cultura occidental cristiana. 

    Pero, de hecho, la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la Promesa fuera otorgada a los creyentes mediante la fe en Jesucristo.Y así, antes de que llegara la fe, estábamos encerrados bajo la vigilancia de la ley, en espera de la fe que debía manifestarse. De manera que la ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo, para ser justificados por la fe. Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús .En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo:ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa.

    Galatas 3, 22-29 ( San Pablo)

    • Woods, Thomas E. How the Catholic Church built the Western Civilization. Ed Rednery, Washington 2005
    • Cahill, Thomas How the Irish Saved Civilization. Anchor Books, Ireland 1995
    • Fletcher, Richard The Conversión of Europe. Fontana Press UK 1997
    • McManners, John The Oxford Illustrated History of Christianity (Editor), 2001