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  • 11 de agosto de 1968: la toma de la Catedral de Santiago

    11 de agosto de 1968: la toma de la Catedral de Santiago

    La toma de la Catedral de Santiago el día domingo 11 de agosto de 1969 generó enormes repercusiones en el mundo católico chileno y fue un símbolo que visibilizó a distintos grupos rebeldes que surgían en su interior.

    La madrugada del domingo 11 de agosto de 1968 las rejas de la Catedral de Santiago amanecieron con cadenas y candado. De sus torres, que miran a la Plaza de Armas, colgaba un lienzo que decía: “Cristo es igual a la verdad. Por una Iglesia junto al pueblo y su lucha. Justicia y amor”. Un grupo de laicos, sacerdotes y religiosas – llamado “Iglesia Joven”–, realizaron una toma del recinto. Adentro, celebraron una misa, pidieron por las víctimas de la guerra de Vietnam, por los obreros de América Latina y por los procesados políticos de Brasil. La “Iglesia Joven”, con este acto espectacular, buscaba hacer un llamado de atención a los católicos chilenos.

    La toma de la Catedral generó enormes repercusiones en el mundo católico chileno y fue un símbolo que visibilizó a distintos grupos rebeldes que surgían en su interior. La ocurrencia del acto en un recinto religioso era una novedad. En primer lugar, porque las “tomas” eran una práctica política esencialmente de izquierda y los espacios tomados hasta ese momento habían sido fábricas, fundos y terrenos urbanos. Salvo exactamente un año atrás, el 11 de agosto de 1967, en que la Casa Central de la Universidad Católica había sido tomada por un grupo de estudiantes. En segundo lugar, la novedad estaba dada por la participación de sacerdotes en un acto de esta naturaleza.

    La toma de la Catedral –a pesar de no haber durado más de unas pocas horas– puso de manifiesto las divisiones religiosas, ideológicas y políticas que se acrecentaban en el catolicismo chileno. En el debate estuvieron presentes los sacerdotes que –insertos en las poblaciones– pedían mayor compromiso de la Iglesia con el mundo de los pobres; los obispos, desconcertados y tironeados al ver cómo se cuestionaba el sello social y renovador de la Iglesia chilena, y los laicos; algunos participaron y apoyaron la toma, otros se escandalizaron frente a este acto violento –y, para algunos, subversivo– que ponía en evidencia aquel “desvío” posconciliar en que una parte de la Iglesia católica había incurrido. Ahí estuvieron también las fuerzas de derecha que plantearon que era una obra más del comunismo en su escalada por la toma del poder en Chile. Parecía ser que todos los hilos que se estaban discutiendo dentro del mundo católico con respecto a su acción temporal y propiamente política confluían en este acto de ocupación de la Catedral.

    La antesala de la toma fue organizada por el grupo Iglesia Joven, que formaba parte de aquellos sectores críticos que surgían dentro de la Iglesia. Entre sus planteamientos generales, destacaba su deseo de volver al cristianismo de los primeros tiempos. Criticaban la escasa renovación pastoral y acercamiento a los pobres por parte de la Iglesia, y sentían que su posición crítica no trascendía, que no se les tomaba en cuenta en la estructura eclesiástica. Ya habían realizado algunos actos previamente, cómo enviarle una carta al Papa Pablo VI, con motivo de su visita a Colombia, y una protesta de cincuenta fieles como rechazo a la construcción del Templo Votivo de Maipú, en julio de 1968.

    En una jornada de reflexión en la población de Barrancas surgió la idea de realizar un acto contundente, llamativo, que no dejará a nadie indiferente. Así nació la toma de la Catedral. Fueron trece horas las que estuvo en manos de Iglesia Joven. Entre el grupo de laicos estaba el conocido líder sindical Clotario Blest, algunos pobladores pertenecientes a parroquias de la zona sur de Santiago, estudiantes universitarios, como el ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) y protagonista de la toma de la casa central de la Universidad Católica un año antes, Miguel Ángel Solar, y otros miembros del movimiento cristiano “Camilo Torres”, escindido del Partido Demócrata Cristiano. Entre los participantes también había un grupo de siete sacerdotes: el cura obrero jesuita Ignacio Vergara; el sacerdote de los Sagrados Corazones Carlos Langue; un asesor de la Asociación de Universitarios Católicos, Diego Palma; el español Paulino García y Francisco Guzmán, ambos de la parroquia San Luis Beltrán, y, finalmente, Andrés Opazo y Gonzalo Aguirre.

    El primer sacerdote en darse cuenta de lo que estaba ocurriendo fue el vicario deán de la Catedral, Augusto Molina, quien debía oficiar la misa de las siete de la mañana ese domingo. Rápidamente informó al Vicario General, monseñor Jorge Gómez Ugarte, quien llegó prontamente. Desde el otro lado de la reja, los ocupantes les explicaban sus motivos, les calmaban diciendo que era una manifestación pacífica y les informaban que ese mismo día en la tarde harían abandono del templo. Las misas dominicales se debieron oficiar en la iglesia del Sagrario, la cual sirvió además de corredor para los periodistas que comenzaron a llegar y la policía de investigaciones que también se hizo presente. Monseñor Gómez fue interrogado por los periodistas tras su encuentro con los ocupantes, señalando: “Todo esto es muy lamentable. Por muy buenas que fueran las intenciones de estos cristianos, no es éste el procedimiento para expresarlas”. Para sorpresa de muchos, Gómez afirmaba no oponerse a las ideas que habían detrás de la toma, sino al procedimiento elegido para manifestarse. Un periodista le interrogó sobre la posibilidad de un desalojo policial de los ocupantes, a lo cual Gómez planteó su total rechazo, aludiendo que la Iglesia se oponía “a cualquier situación de violencia”.

    Como la prensa seguía agolpada a las afueras de la Catedral, los ocupantes decidieron –cerca del mediodía de ese domingo– permitir su entrada para que así fueran testigos de lo que ocurría. En la nave central de la Catedral realizaron una conferencia de prensa y fue el sacerdote español Paulino García el primero en hablar, intentando explicar que no se trataba de una “‘toma’ propiamente tal”, sino sólo de “una manifestación” por parte de un grupo de cristianos en contra del Congreso Eucarístico de Bogotá. El objetivo era “llamar la atención del Papa sobre la realidad latinoamericana”. La prensa fijó su atención también en el emblemático líder sindical Clotario Blest, quien al ser entrevistado puso hincapié en la unidad de los trabajadores y en la posibilidad de plantear un camino juntos los cristianos y los marxistas. “Estaremos de la mano con nuestros hermanos marxistas en la barricada del pueblo contra el capitalismo”, dijo Blest e invitó a seguir los ejemplos de Camilo Torres y el Che Guevara.

    Durante la toma, se distribuyeron algunas proclamas y declaraciones que venían en hojas mimeografiadas, lo que puso de manifiesto la preparación del acto. El tono era de protesta y su alcance era amplio: se protestó contra la Encíclica Humanae Vitae y el autoritarismo del Vaticano en la materia; se denunció una serie de injusticias del sistema imperante, al que llamaron “desorden establecido”, caracterizado por la “violencia de los ricos y poderosos”, “la explotación del hombre por un sistema basado en el lucro”, “el imperialismo internacional del dinero”, “el engaño de una falsa democracia”, “la segregación racial, cultural y económica” y “la instrumentalización de la educación a favor de las clases dirigentes”.

    Una de estas proclamas, “Manifiesto de la Iglesia Joven”, fue la que tuvo mayor publicidad y difusión en la prensa. En ella se expresaron los motivos de la toma. En primer lugar, dejaban claro que la manifestación no era contra el Cardenal ni tampoco contra el Papa, sino contra “las estructuras caducas” de la institución eclesiástica. Planteaban un cambio dentro de la Iglesia, sobre todo en torno a los valores actuales de obediencia, disciplina, uniformidad, prudencia, por otros más evangélicos, como pobreza, libertad, servicio, comprensión abierta y audaz. La Iglesia tenía una esencia autoritaria, que no respetaba las opciones de cada persona, y además daba excesiva importancia a los sacramentos. La acción de la Iglesia debía estar más enfocada en llevar al hombre a comprometerse con la vida y su pobreza debía ser visible y tangible. Pedían una Iglesia libre, que se desentendiera de las rigideces y de aquellas estructuras que se imponían desde Roma. Se declaraban una “Iglesia del pueblo”, que estuviera con los pobres no solo compartiendo su miseria, sino también sus luchas, para terminar haciendo un llamado a un compromiso con “la auténtica liberación del pueblo”.

    La toma de la Catedral tuvo una serie de símbolos religiosos y políticos que se realizaron en su nave central. Los ocupantes celebraron una misa, pero no en el altar central, sino en un altar improvisado por una mesa, rodeada de bancas. La eucaristía se hizo con panes y vino, que se partieron y compartieron entre los asistentes, y dentro de las lecturas bíblicas se analizó el pasaje en que Jesús expulsaba del templo a los mercaderes. Jóvenes con guitarras entonaron himnos y canciones no cantadas comúnmente en misa. Al término de la misa, al momento de las letanías, cada concurrente fue improvisando una plegaria, en las cuales se pidió “por el angustiado pueblo de Biafra que muere de hambre”, “por los caídos en la absurda guerra de Vietnam”, “por el pueblo uruguayo que lucha por una vida mejor”, “por todos aquellos hermanos nuestros que han muerto en las luchas por la libertad de América Latina”. Tras lo cual el resto repetía “escúchanos Señor te rogamos”.

    Por la tarde, los cantantes de música folklórica Ángel e Isabel Parra interpretaron su “Oratorio para el Pueblo”, serie de diez canciones de sello folklórico. Frente a esto, una reportera comentaba atónita que dicho acto se asemejaba más a “la Peña de los Parra” que a un acto litúrgico. Pasadas las cinco de la tarde los ocupantes abandonaron la Catedral. La salida se hizo de forma ordenada y pacífica, mientras un tumulto de gente los esperaba afuera. La Plaza de Armas se convirtió en un foro ciudadano. Grupos a favor y en contra discutían y se enfrentaban apasionadamente entre sí. Hasta ahí llegaron algunos miembros del Grupo “Tradición, Familia y Propiedad”, quienes gritaban consignas especialmente dirigidas en contra de los sacerdotes que habían participado: “¡No queremos curas marxistas!”.

    Las consecuencias de la toma de la Catedral fueron enormes y tal como sus organizadores querían, el mundo católico no quedó indiferente. La toma causó un gran revuelo en la prensa –que duró por varias semanas–, sobre todo en aquella vinculada a la derecha. Una prueba de esto –específicamente en El Mercurio de Santiago y Valparaíso–, fue la notoria publicidad de los sucesos de Santiago, a diferencia de la escasa cobertura de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se encontraba por esos días reunida en Medellín. La jerarquía eclesiástica, representada en la figura del cardenal Silva Henríquez, quedó sorprendida y podríamos decir sobrepasada por la toma de la Catedral. No comprendía el fundamento y los motivos de aquellos grupos cristianos que habían participado, y, sobre todo, no entendía la prepotencia y violencia que este acto encerraba. Los obispos de Valdivia, José Manuel Santos, y de San Felipe, Enrique Alvear, emitieron una declaración pública en defensa del Cardenal, condenando el “sufrimiento injusto inferido” a este. Los argumentos centrales fueron que la Iglesia de Santiago había dado pruebas claras de un mayor servicio a los pobres, de estar en la línea del Concilio. Por tal razón, el acto de la toma no podía ser explicado, ni “cristiana” ni “razonablemente” por parte de sus autores.

    El Cardenal, un par de días después, a través de una declaración oficial junto a algunas autoridades de la Arquidiócesis de Santiago, se refirió a estos hechos. Los obispos mostraron su desconcierto y defendieron el trabajo apostólico de la Iglesia de Santiago con su “generosa entrega al servicio de los humildes”. El desconcierto era aún mayor al considerar la vocación de diálogo y “equilibrada apertura” hacia todas las tendencias dentro del catolicismo, incluida la Iglesia Joven. Los obispos usaron duras palabras como “extremismo”, “motín”, “escándalo” y “profanación” en contra de “las hermosas tradiciones de nuestra patria en materia religiosa”. Según ellos, en la toma había primado la violencia y se había olvidado el amor, por lo que la crítica más dura se dirigió a los sacerdotes participantes, “los principales culpables de este acto de violencia”: “La acción de unos pocos sacerdotes descontrolados, olvidados de su misión de Paz y Amor, ha llevado a un grupo de laicos y de jóvenes a efectuar uno de los actos más tristes de la historia eclesiástica de Chile”.

    Por todas estas razones, las autoridades eclesiásticas decidían sancionar a los sacerdotes participantes, con una suspensión ad divinis, que les privaba de realizar sus labores sacerdotales. Dicha medida tendría vigencia hasta que los sacerdotes recapacitaran y manifestaran personalmente su obediencia y respeto a la jerarquía eclesiástica. Por último, los obispos hacían una invitación amplia a todos los fieles para ofrecer una misa de desagravio tras “los enojosos acontecimientos que hemos presenciado”. Algunos de los laicos participantes en la toma intentaron poner paños fríos en el debate. Defendieron a los sacerdotes y manifestaron que estos no los habían influido ni mucho menos manejado, sino por el contrario, que era un acto de esencia laica, surgido como iniciativa de los mismos obreros. De tal modo, si la jerarquía eclesiástica se decidía a castigar, este castigo debía ser para “todos los participantes, o ninguno de ellos”.

    Asimismo, los laicos se defendieron de las acusaciones de profanación, destacando la esencia religiosa de esta “convivencia comunitaria”, semejante a las reuniones de los “cristianos de los primeros tiempos”. Se debía, por tanto, dejar de lado el acto de toma de la Catedral para observar la reunión que se había generado, caracterizada por su “meditación, recogimiento y oración”.

    Los sacerdotes participantes de la toma y castigados por el Cardenal le enviaron inmediatamente una carta personal que explicaba las motivaciones de sus acciones. En la misma línea que los laicos, los sacerdotes argumentaban que su acción era una prueba de  “solidaridad” con el pueblo, a lo que agregaban una disculpa frente al posible daño provocado a su persona. Se refirieron a la suspensión ad divinis, pidiendo que se les levantara para “poder continuar en el sincero y entusiasta servicio del Pueblo de Dios”. Finalmente, denunciaban las malas intenciones y malentendidos surgidos tras la toma, considerando incluso “falsas y sensacionalistas” algunas de las noticias publicadas en torno a ella. Tras esta misiva, el cardenal Silva Henríquez decidió levantar su sanción y, con esto –en vez de calmarse– la polémica se encendió aún más.

    El día 15 de agosto, el Cardenal intentó cerrar el debate en un acto litúrgico en la misma Catedral. En su homilía se encargó de aclarar que la misa no representaba condenación o sentencia contra nadie, e incluso se atrevió a plantear una serie de cuestionamientos a la estructura eclesiástica: “Creíamos a nuestra Iglesia sin manchas ni arrugas […] Creíamos que deseando el progreso estábamos ya cumpliendo. Nuestra entrega a los demás no ha sido suficiente. Tal vez sentíamos demasiado el peso de la autoridad”. El Cardenal también mostró palabras de comprensión hacia los sacerdotes que habían participado en la toma. Ellos eran quienes palpaban a diario “el dolor, la injusticia, el hambre y la miseria” de los pobres. Esta realidad, decía el Cardenal, “les ofusca el corazón y tal vez el razonamiento”. Ellos llevaban “ese dolor y esa cruz”, por lo tanto, había que tenerles “una tremenda comprensión”.

    A pesar de este arreglo de cuentas entre el Cardenal y los sacerdotes participantes, el debate intraeclesial estaba lejos de acallarse y en este aparecieron temores que sobrepasaban el suceso mismo de la toma. Un elemento común de las críticas de círculos clericales fue centrar su argumento en los excesos y desviaciones en las que incurrían algunos sacerdotes y el daño que esto causaba a la institución. El Cardenal debió salir a calmar los ánimos, como se puso de manifiesto en un intercambio epistolar con un grupo de sacerdotes de Santiago. Estos temían por la “crisis de autoridad” en la Iglesia de Santiago, al tiempo que se preocupaban por el “estupor y escándalo” que este tipo de acciones causaba en los creyentes y las “nuevas rebeldías” que podrían surgir dentro del clero.

    A los pocos días, el Cardenal afirmaba que detrás de este acto había “buenas intenciones”, cargadas de “ardor y espíritu juvenil”. Estas acciones respondían al clima de “incertidumbre” y “confusión” generado por la puesta al día de la Iglesia católica. El tema central para él estaba dado por el olvido de aquella “parte sobrenatural y espiritual” de la Iglesia católica y por una sobrevaloración, a sus ojos equivocada, de la Iglesia como “estructura puramente humana”. Dentro de los artículos publicados en las revistas católicas, una de las críticas más duras a los sacerdotes provino de un sacerdote español que trabajaba en una población marginal de Santiago. Para él, la acción de los sacerdotes en la toma solo era una expresión de un “aggiornamento desviado y malentendido”. El problema central era la incomprensión de los sacerdotes participantes sobre las verdaderas necesidades de los pobres. Estos, al igual que los clérigos revolucionarios de América Latina, habrían pasado de “unos santos anticuados” a otros “nuevos santos”, inspirados en el Che Guevara y Camilo Torres.

    El debate sobre los sucesos de la toma de la Catedral copó la prensa nacional. Se hicieron muchas lecturas e interpretaciones y la prensa escrita se volvió un actor protagónico de este episodio. La prensa pasó a ser una trinchera ideológica en torno a la acción de la Iglesia católica en la sociedad y como –certeramente– puso en evidencia la revista satírica Topaze enfrentó a los sectores de la izquierda y la derecha del espectro político. Para la derecha esto era un acto de violencia y rebeldía, caracterizado por sacerdotes y religiosas con rostros enfurecidos, cargando metralletas y en actitud de guerrilleros. Por el contrario, para la izquierda este parecía ser un acto inofensivo, de impronta religiosa y prueba de una piedad tradicional, representado por un grupo de sacerdotes y religiosas que rezaban de rodillas y elevaban su vista al cielo. Al igual que en la realidad, el acto de la toma parecía ser un problema de carácter clerical y no laical. En ese mismo número, Topaze le dedicaba otra caricatura al tema. Una serie de imágenes describía lo ocurrido dentro de la Catedral y los comentarios posteriores. Hervi con sus caricaturas y humor satírico recreó algunas escenas de la toma y lo que allí ocurrió. Una mirada detallada de estas caricaturas nos pone de manifiesto los elementos y símbolos religiosos que estaban en el centro de la polémica.

    En primer lugar, los protagonistas de la toma y del debate posterior eran principalmente miembros del clero. En segundo lugar, se dejaban ver algunas características exteriores que ponían de manifiesto las diferencias entre aquel clero tradicional y el clero participante de la toma. Estaba aquel nuevo sacerdote, vestido de seglar, con solo una pequeña cruz en la solapa de su chaqueta. Se mostraba relajado, miraba a los manifestantes con cara sonriente, mientras bebía vino del cáliz. A simple vista parecía ser más una manifestación callejera que un rito católico, salvo por un par de símbolos religiosos sobre el altar. Estaban también los sacerdotes y obispos a la vieja usanza, con sotana negra, capa eclesiástica, sombrero de teja y un gran crucifijo colgado al cuello. Uno de ellos con el rostro tenso e irritado, sentenciaba: “Todo empezó cuando se pusieron los pantalones… No sé en qué va a terminar esto”.

    En la crítica de la prensa de derecha se dejó ver el trasfondo político-ideológico que esta atribuyó al acto de la toma. La prensa conservadora, El Diario Ilustrado, centró su crítica en los sacerdotes, a quienes llamó “rebeldes” y exponentes de “una infiltración del comunismo”. El comunismo actuaba encubiertamente a través del uso de guitarras en la liturgia y en el acto de fumar dentro de un recinto eclesiástico. Pero también hacía uso de una de sus prácticas esenciales: el uso de la violencia. El problema estaba en que ahora se evidenciaba un nuevo tipo, la “violencia religiosa”, la que alcanzaba incluso los “lugares sagrados”. Este medio de prensa aprovechaba también de criticar a la jerarquía eclesiástica y en particular a los jesuitas, aludiendo a su grado de responsabilidad en este episodio, al alentar desde hacía ya varios años “todos los movimientos de desquiciamiento y de desorden entre los católicos”. La toma de la Catedral, bajo esta perspectiva, solo venía a poner en evidencia su posición “equivocada” y el mal que habían causado al ahondar y profundizar las diferencias entre los católicos.

    El periódico El Mercurio de Santiago fue uno de los medios de prensa más críticos con el acto y lo conectó directamente con la toma que un año antes había ocurrido en la casa central de la Universidad Católica. El Mercurio fue uno de los mayores opositores a la toma de 1967, afirmando que detrás estaba el Partido Comunista. Esto generó un gran debate y desembocó en el emblemático cartel colgado en el frontis de la universidad: “Chileno: El Mercurio miente”. De igual forma El Mercurio vio la mano del comunismo en la toma de la Catedral. Su preocupación se evidenció en la extensión de su cobertura de la noticia, la centralidad que otorgó en profundizar sobre algunos signos y episodios, además del interés por recopilar las reacciones adversas al acto. Al día siguiente de la toma, El Mercurio describió en detalle los sucesos ocurridos considerándolos “un acto litúrgico desconocido”. Luego incluyó las reacciones de la jerarquía chilena, así como de las otras iglesias de América Latina, que expresaron su rechazo a este “gesto exhibicionista” y “escándalo a la francesa”. Por último, se incorporaban las reacciones de la Santa Sede publicando íntegramente la editorial de L’Obsservatore Romano que había calificado de “profanación” todo lo ocurrido dentro de la Catedral.

    El Mercurio reparaba no solo en el acto de ocupar la Catedral, sino también en las múltiples desviaciones y desórdenes que a sus ojos habían ocurrido dentro de este recinto. El símbolo de un sacerdote fumando en su interior fue uno de los elementos más llamativos para este medio de prensa. La foto del sacerdote español Paulino García fue reproducida varios días seguidos, e incluso, en una de sus ediciones el cigarro era destacado en un círculo. El cigarro de García pasó a ser el símbolo más evidente de la rebeldía del clero y de la transgresión de este acto. Fue calificado como “un acto profanatorio” de todo lo sagrado que había en la Catedral. El Mercurio también reparó en el evidente desorden y suciedad de la Catedral, “con cientos de colillas de cigarrillos en su interior”. Se habrían necesitado varias jornadas de trabajo y un grupo de auxiliares especiales para realizar una “prolija limpieza” en el presbiterio. Sin embargo, lo más grave de todo parecía ser un rayado que había aparecido en la tumba de Monseñor José María Caro: “El pueblo está sufriendo”, firmado por las Juventudes Comunistas. Con este acto, a todos los daños físicos infringidos, se le agregaba, lo que calificaron, un “daño moral” de mayor gravedad.

    Para El Mercurio este rayado pasaba a ser la prueba que desenmascaraba el trasfondo político partidista que había tras la “ocupación” de la Catedral y ponía en evidencia la influencia comunista, a pesar de que sus ocupantes intentaran desmentirla. En una editorial publicada el 13 de agosto, el movimiento Iglesia Joven era calificado de “grupillo”, cargado de “un sentido belicoso y violento”. Iglesia Joven seguía “las aguas de un movimiento amplio de rebeldía espiritual y social” que tenía “sus maestros, sus estrategas y sus agitadores” reconocibles que no pertenecían a la Iglesia, como se evidenciaba en el uso del escándalo como “herramienta subversiva” y el deseo de “derribar las respetabilidades, de desquiciar las instituciones y de desafiar las normas”.

    Para El Mercurio era evidente que la toma de la Catedral tenía un “carácter ideológico”, que se expresaba en “una rebeldía en contra de las estructuras del poder eclesiástico” y en “un afán de situar a la Iglesia Católica en la línea de la protesta que esgrime la nueva izquierda marxista”. Concluía entonces la existencia de una “ultraizquierda cristiana” y una “nueva izquierda católica”, caracterizada principalmente por “su obsesión por el poder para impulsar la revolución permanente”. La crítica de El Mercurio una vez más se entrelazaba con los sucesos de un año atrás con la toma de la Universidad Católica. Ahí la jerarquía eclesiástica había actuado de forma indulgente frente a signos de clara rebeldía. Ahí también estaba esta “izquierda católica”, la cual no había sido detectada ni mucho menos frenada por la jerarquía de la Iglesia. En aquella ocasión habían sido objeto de “la más injuriosa ofensiva publicitaria” por haber denunciado la influencia marxista en dicha ocupación.

    La toma de la Catedral, a ojos de El Mercurio, venía a darles la razón: “Las aseveraciones responsables de este diario acerca del espíritu y carácter de la ocupación de la Universidad Católica han resultado desgraciadamente confirmadas por los hechos, como lo saben ya quienes, en agosto del año pasado, creían de buena fe, lo contrario”. En medio de esta polémica la revista Mensaje intentó tomar distancia y analizar la toma y sus repercusiones. En primer lugar, la consideró un acto “inusitado”, “precipitado” y “no justificado” que dificultaba todo intento de diálogo entre los católicos. Mensaje defendía a la jerarquía de la Iglesia e indicó que los calificativos usados por Iglesia Joven de ser una jerarquía “retrógrada” y “alejada de los anhelos del pueblo” solo constituían una imagen “falsa e injusta”. Uno de sus objetivos centrales fue desviar la atención sobre los sacerdotes participantes y volverla hacia los laicos, de modo tal de aliviar a aquéllos de las responsabilidades en este acto. Eran estos laicos, en su mayoría obreros, los “que trabajaban y sufrían en carne propia las injusticias de nuestras estructuras”, quienes pedían a la Iglesia estar “más efectiva y visiblemente junto al pueblo”.

    Esta revista intentó destacar la esencia religiosa y el compromiso evangélico del acto: la misa celebrada por los “rebeldes”, sus letanías “de alcance ecuménico”, sus diálogos y reflexiones “que fueron borrando diferencias entre obreros, universitarios, profesionales e intelectuales”. Todo esto podía considerarse “el germen de una profunda y auténtica renovación en el cristianismo de nuestra Patria”. El diario comunista El Siglo también dedicó una extensa cobertura a la toma de la Catedral, sobre todo por las acusaciones directas que recibió el Partido Comunista chileno de estar detrás del acto. Para El Siglo la toma de la Catedral formaba parte de una rebelión de los católicos: una muestra de “repudio” hacia aquellos “vicios de la Iglesia” y una aspiración de “identificarla con el pueblo”.

    El Siglo respondió con firmeza a las acusaciones que había recibido de El Mercurio. Le acusaba de levantar “mentiras” y “calumnias” en toda su interpretación de la ocupación de la Catedral. “La certera acusación de los estudiantes de la Universidad Católica, CHILENO: ‘EL MERCURIO’ MIENTE, ha sido ratificada una vez más por los hechos”: “¡Así se definen y redefinen los sectores económicos más poderosos del país! ¡Ay del que lesione en algo sus posiciones! ¡lanzarán toda su maquinaria propagandística y económica para aplastarlo!” […] Pero los errores se les acumulan, se les acumulan y terminarán derrumbándose alguna vez para siempre”. La aproximación al marxismo, a pesar de que no se evidenció en el acto mismo de la toma ni en los documentos publicados por Iglesia Joven, se puso al poco tiempo de manifiesto en las declaraciones utilizadas por algunos de los ocupantes de la Catedral. El sacerdote chileno, Diego Palma, entrevistado por una periodista de El Mercurio en noviembre de 1968 –en tono relajado y lenguaje juvenil– se abría a considerar las posibilidades de un camino compartido entre marxismo y cristianismo. El primero vendría a aportar sus herramientas de análisis económico y social, dejando de lado todo su componente ideológico. Pero fue sobre todo la prensa de izquierda, tanto aquella cercana al Partido Comunista como también al MIR, la que se aventuró en destacar las posibilidades que se abrían para América Latina a través de un diálogo cristiano-marxista.

    La prensa comunista El Siglo destacó la toma de la Catedral como un hito más en aquella historia de convergencias políticas y sociales de cristianos y comunistas, siguiendo la línea de Juan XXIII y Pablo VI quienes defendían “una apertura de los católicos hacia las masas trabajadoras” y se abrían a dialogar con los marxistas. Este diálogo o convergencia no estaría relacionado con un vínculo intelectual, o como llamaron, una “osmosis teórica” entre ambos pensamientos, sino más bien respondía a un deseo de “mancomunar esfuerzos para luchar contra el imperialismo y contra las oligarquías, a fin de desterrar la miseria”. Por su parte, Punto Final mostraba su entusiasmo con el surgimiento de un grupo como Iglesia Joven, al que consideró un movimiento que recuperaba el “verdadero sentido del Evangelio” y que tenía como objetivo central la unidad de la clase trabajadora, siguiendo los modelos de Camilo Torres y el Che Guevara. En sus páginas se incorporaron largos comentarios de Clotario Blest, quien además de hacer su propia interpretación de la toma, sentó las bases del diálogo cristiano-marxista. Blest, con originalidad y atrevimiento, analizaba lo ocurrido en la Catedral como un “acto religioso”. Ahí se había orado con “singular fervor y emoción” y se había cantado con guitarras como el pueblo solía hacerlo.

    La crítica que algunos sectores católicos más tradicionales, como L’ Observatore Romano, había puesto en evidencia, no era más que otra prueba de que a la jerarquía de la Iglesia no le gustaban las expresiones del pueblo. Blest negaba cualquier acusación de “profanación”, planteando que “los verdaderos profanadores del templo de Dios” eran “todos aquellos que entran a él con la bolsa bien llena de escudos y de dólares, robados a sus trabajadores y campesinos”. El marxismo de Blest se evidenciaba en su análisis de la realidad latinoamericana bajo la óptica de la lucha de clases. En esta, la Iglesia Joven se ubicaba “en la barricada de los explotados” sin descartar el uso de la violencia como “un último recurso popular” para conseguir sus reivindicaciones. Para Blest existían elementos fundamentales que homologaban al cristianismo y marxismo: la redención integral del pueblo, la desaparición de las clases sociales, la igualdad y la comunidad de bienes según la necesidad de cada persona o núcleo familiar y, principalmente, la búsqueda de “la felicidad del hombre en esta tierra y no solo esperanzarlo en un cielo donde volverán a encontrarse con sus explotadores y victimarios”.

    Casi dos meses después de la toma, la jerarquía eclesiástica, intentando dar algunas directrices para ordenar el ambiente posconciliar chileno, volvió a aludir a los sucesos de la Catedral. Los obispos resaltaron principalmente las definiciones irreconciliables de los católicos hacia su Iglesia. Se hablaba de una “Iglesia de los pobres”, de una “Iglesia de los jóvenes”, de una “Iglesia tradicional”, de una “Iglesia oficial”, de una “Iglesia clandestina” y de una “Iglesia nueva”. El llamado entonces era a dejar de lado las manipulaciones mundanas y políticas de la Iglesia, lanzando la pregunta: “¿Nos hemos abierto totalmente a su Evangelio, a todas sus exigencias, o hemos elegido arbitrariamente tal o cual versículo que usamos en apoyo de una tesis respetable, pero solamente humana?”.

    Los alcances teológicos de este cuestionamiento fueron evidentes y los obispos manifestaron su interés de que la acción social fuera complementada con “el estudio de su palabra” y “la contemplación de su misterio”, lo cual resumían en la frase “para ser sociólogo o promotor del desarrollo humano” el cristiano debía “ser primero un creyente y un testigo”. La jerarquía eclesiástica intentó frenar los excesos y confusiones que surgieron dentro de algunos miembros del clero por un compromiso apostólico cada vez más politizado. A comienzos de 1970, el Cardenal Silva Henríquez plantearía que el sacerdote estaba llamado a ejercer una acción social, pero no tenía permitido participar en política, salvo en un plano personal y reservado. La política era un terreno propio de los laicos. La jerarquía cambió el tono de sus pastorales anteriores y enfatizó las funciones pastorales de la Iglesia. Sin embargo, ya existía una simbiosis entre lo pastoral y lo social, entre lo pastoral y lo político, que parecía difícil de romper y el acto de la toma de la Catedral lo puso de manifiesto. En términos políticos, este evento enfrentó a los extremos: aquellos que estaban por una Iglesia más comprometida políticamente en la liberación del pueblo contra los que vieron en ella un acto de subversión católica y una izquierda católica.

    Pero la toma de la Catedral también tuvo un trasfondo religioso y sacó a relucir las tensiones existentes dentro de la Iglesia chilena. Puso de manifiesto aquel difícil equilibrio entre el trabajo espiritual y el trabajo temporal de la institución eclesiástica. Las preguntas que resonaron detrás de la espectacularidad del acto se relacionaron con la verdadera misión de la Iglesia y del sacerdote, temas que a partir de entonces estarían en el centro del debate católico local y global

  • 500 años de las 95 de Lutero

    500 años de las 95 de Lutero

    Este 2017 se celebran los 500 años de la Reforma, más bien son los 500 años de las 95 tesis publicadas por Lutero que inician el camino de este importante evento que será la división de la Cristiandad. Lutero rompe con Roma en 1520, pero ya 1517 tiene el germen de un gran cambio cultural e intelectual que irá de la mano de este gran cambio religioso. Hay que comprender que Lutero no es alguien que de un día para otro decidiera, como por iluminación divina, que había que hacer un cambio y romper con Roma. Lutero es un hijo de su tiempo, que responde a las ideas imperantes en su época y, que fue quien fue, porque los cambios tecnológicos le permitieron llegar a donde otros no lo habían hecho. Lutero no habría sido el motor de la Reforma, sin otro alemán Johanes Gutenberg. No hay Reforma sin Imprenta. Será la Reforma la que masifique a causa de la libre interpretación de las Escrituras y con ello, la lecto escritura y es la combinación de la Imprenta con mucha gente leyendo la que causará una gran revolución en las ideas y cambiará el mundo. 

    Para poder entender los procesos de cambio hay que remontarse al origen. Occidente como cultura nace tras la caída del Imperio Romano y es una nueva cultura que combina elementos. Toma de los Greco romanos el modo de pensar, la idea que la verdad existe y que se puede alcanzar. Toma de los Germanos la estructura social y jurídica – el derecho de la costumbre y la estructura atomizada de caudillaje y del Cristianismo la nueva mirada de mundo. Es el Cristianismo lo que hace de amalgama de los otros elementos y permite que nazca una nueva cultura. Es desde y en los monasterios donde estas tres visiones se van combinando y logrando una fusión que emerge como la mirada cultural de un nuevo ente – Occidente. Los griegos tempranamente se obsesionaron por intentar encontrar la verdad de las cosas. Primero los presocráticos pensaron que se trataba de elementos físicos y unos dijeron que era el agua, otro la tierra, otro el aire y otro el fuego… los llamados 4 elementos. Luego apareció Parménides quien dijo que lo que componía las cosas, la verdad detrás de éstas, no era algo físico sino que el llamado SER. Surge el concepto de esencia – eso que hace que una cosa sea lo que es y no otra cosa. Esa idea de esencias fue llamada por Platón como “ Las Ideas” – la verdadera realidad que no está en este mundo, sino en el llamado mundo de las ideas. Aristóteles entendió que esos conceptos o ideas no estaban en un lugar físico, sino en la mente. Los conceptos son en la mente – ahí esta la silla que es todas y ninguna silla a la vez. Esa idea se traspasará a occidente como “la verdad existe y es Dios” y se puede llegar a él por medio de la fe y de la razón ya que Dios es el logos – la razón – por lo que puedo intentar entenderlo racionalmente.

    El Cristianismo, que surgió de la figura histórica de Jesús de Nazaret se podría haber quedado como una religión local para la zona de Judea, si no hubiese sido por la figura histórica de Pablo de Tarso, quien permitió dar un salto cuantitativo y cualitativo para esta nueva religión. Pablo, como ciudadano romano culto entendió que el llamado de Cristo no era solo para los judíos, sino que tenía una dimensión Universal “Circunciso o incircunciso.. Cristo está en todos”. Con él el mensaje de Cristo penetrará sobre el Imperio Romano. La necesidad de unión de los Cristianos llevará al proceso de colección de los Evangelios, proceso que tardará 4 siglos desde la muerte de Cristo. Ya para el siglo II San Ireneo dice que los evangelios canónicos son – Mateo, Marcos, Lucas y Juan y que son como los 4 vientos de la Tierra, que hay que leerlos todos para tener una visión completa de la Verdad, sino se cae en errores. El proceso no culminará sino hasta el siglo IV cuando San Eusebio publica su famosa lista donde establece qué libros son los reconocidos, cuáles los disputados y cules espuria. 

    Pero el gran tema dentro e la Iglesia temprana es el problema de la herejía. La lucha contra esas ideas que se escapan a la Ortodoxia – recta doctrina. Desde el inicio la Iglesia Cristiana creía en un tema muy complejo – que Cristo era Hombre y Dios al mismo tiempo. Algo que suena tan simple, no lo es tanto. ¿Cómo se puede ser hombre y Dios al mismo Tiempo? Ser hombre es una cosa y ser Dios es un concepto opuesto. Dios es omnipotente, omnipresente, infinito… etc., mientras que el hombre es finito y carente, Dios es infinito y sobreabundante. Los conceptos juntos son como “círculos cuadrados” (algo impensable – ya que un círculo para ser círculo necesita no tener ningún lado y ningún ángulo y tener todos los radios equidistantes y un cuadrado para ser cuadrado necesita tener cuatro lados y cuatro ángulos iguales – los conceptos se repelen. Eso es lo mismo que sucede con los conceptos Dios y Hombre). Es por eso que desde temprano surgirán grupos que dirán que Cristo es sólo Dios (Docéticos) y otros dirán que es solo hombre (adopcionistas). La lucha contra la herejía será el gran tema de la Iglesia temprana y el control de los avances de las ideas desviadas el gran desafío. Pero a pesar de las dificultades el cristianismo penetrará el Imperio, el Emperador Constantino les dará libertad a los Cristianos y llamará al Concilio de Nicea para unificar su mirada, surgirá el Credo Niceano que es la lista de lo que es la fe cristiana. Luego el Emperador Teodosio establecerá al Cristianismo como la Religión Oficial del Imperio. Pero esto no durará ya que el Imperio caerá por la invasión de grupos germanos paganos. Pero la reconversión – recristianización de los paganos iniciará desde Irlanda y será la creación de monasterios lo que irá tomando y reconquistando el territorio y creando el concepto de La Cristiandad, que se sentirá parte de una misma unidad cultural. 

    En el año 800 Carlomagno se corona Emperador Cristiano – entiende que hay una unidad cultural común que es diferente a otras culturas existentes en ese tiempo. El se propone extender las fronteras cristianas, ampliando La Cristiandad. Será un imperio belicoso que entenderá que lo cristiano es lo bueno, la verdad y que se propondrá incorporar a la verdad a quienes no estaban en ella. No sólo desde las armas, sino también desde la enseñanza. Será un Imperio evangelizador desde la enseñanza, con las escuelas catedralicias y desde el arte, arte carolingio. El arte cristiano nacerá como una forma de enseñar la verdad a aquellos que no leen.

    Este Occidente unitario se verá en acción como un ente articulado tras el llamado del papa Urbano II a las Cruzadas, todo occidente se moverá. De hecho la unidad se manifiesta desde las expresiones artísticas, surgirá románico y luego gótico en todo occidente, no hay estas expresiones en Rusia. Rusia no es Occidente. Esto mismo surgirá en el siglo XII con la aparición de la Primera Universidad occidental en Bolonia, luego vendrá la fundación de más universidades Occidentales. La Universidad es una creación de la cultura occidental y en toda Europa que es el territorio de la Cristiandad surgirán estas entidades. Otra vez, no surgen universidades en Rusia en este entonces. Que Rusia haya decidido occidentalizarse y luego hasta fundar universidades, no la hace occidente.

    Es en la Universidad Occidental donde se fundirán los ideales de Santidad y Sabiduría heredados del Cristianismo y del pasado griego. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino encarnarán este ideal que además consolidarán una visión de mundo llamada Escolástica. La Escolástica no es simplemente un modo de enseñar, ni el llamado curriculum medieval. Es más bien una visión de mundo. La creencia de un mundo jerarquizado en el que Dios es lo más importante, luego el Hombre y finalmente el Mundo. Dios es el Logos, es la razón y ha creado el mundo con “pesos y medidas”, por eso la razón humana pueda intentar entender a Dio y al mundos. Las vías para llegar a Dios son la Fe y la razón que colaboran y se asisten mutuamente. Fides cuarens Intelectum, la fe busca al entendimiento. Se necesitan mutuamente. Credo ut intelligian, Creo para entender, dice San Anselmo de Caterbury. La fe ilumina a la razón y la asiste. Con esto el hombre finito puede llegar a lo infinito, Dios. Esta idea de la colaboración cercana entre la fe y la razón va a primar en occidente hasta el siglo XIV. Ya atisbos de cambios de esta visión unitaria de la fe y la razón surgen tras la figura de San Francisco de Asís. Francisco insistía en que los teólogos eran soberbios y que había que vivir la vida como Cristo. Esto hizo que algunos seguidores de Francisco consideraran que el Santo despreciaba la razón y que interpretaran que sólo la Fe era habilitadora para llegar a Dios. Francisco al final de su vida estará cada vez más alejado, místico y tras su muerte los franciscanos se dividen en Espirituales que planteaban que sólo la fe servía para llegar a Dios y los Conventuales que insistían en la unión de fe y razón como las vías para llegar a Dios. Tras una larga pugna, ganan los conventuales, los franciscanos irán a la Universidad – estudiarán, pero en el ambiente quedará la idea de que la fe sola puede ser una vía para llegar a Dios, la idea del Fideísmo. No es raro, por lo mismo, que los cambios en la filosofía, la llamada Escolástica Renovada viniesen desde dos franciscanos de la Universidad de Oxford. Uno por la vía teológica, Duns Scoto y otro por la vía filosófica, William of Occam llevarían a la ruptura de la fe y la razón, considerando que sólo la fe sirve para llegar a Dios. Scoto considerará que Dios no es el Logos, la razón, como tradicionalmente se pensaba, sino que dirá que Dios es Voluntad, que hace lo que quiere. Si Dios creó el mundo no tenía razones para hacerlo, lo hizo porque quiso. Dios es impredecible, porque su voluntad lo lleva a hacer cualquier cosa. Es por eso que pretender conocer a Dios por la Razón se hace imposible. Solo la fe lleva a Dios, la razón es inútil, ya que no predice nada de Dios. Por el otro lado, Occam, tomando la tradición filosófica de occidente en relación a la Verdad, dirá que los Universales no existen, solo existe lo particular. La silla que es todas las sillas y ninguna silla a la vez, el concepto de silla no existe según él ni en la Realidad (como Platón) ni en la Mente (como Aristóteles). Simplemente no existe, los conceptos son Flatus Voci (Voces Vacías) que solo sirven para ordenamiento mental.Sólo existen los particulares – esa silla específica. Los conceptos no tienen real ser. Entonces, ¿qué pasa con Dios? Dios es un Universal o un particular? ¿Se nos aparece en forma constante a los sentidos?, No. Dios es un concepto tan fuerte, que hasta un ateo es capaz de entenderlo. Obviamente que Occam como franciscano creyente no concluirá que Dios como universal, no existe, sino que dirá que sólo a fe nos permite llegar a Dios. La ruptura de la fe y la razón dejará a la fe en el camino de la opinión y en ese camino hay opiniones diversas. La opinión lleva a varias opciones y por tanto a la división.

    No es curioso que inmediatamente después de Scoto y Occam, en la misma Universidad de Oxford, apareciese un profesor que es visto como un proto reformador, John Wycliff. El será el primero en hablar de predestinación y de oponerse a la jerarquía eclesiástica. El dirá que “la Verdadera Iglesia es la Iglesia de los Salvados” (predestinación), “Nadie sabe quien está salvado, nadie sabe quien es la verdadera Iglesia”, los que se visten de Iglesia podrían no estar salvados (no a la Jerarquía eclesiástica). Wycliff incluso traduce la Biblia como manuscrito al inglés. Pero nadie recuerda a Wycliff como el padre de la Reforma, sino a Lutero. Wycliff llegó antes, sin imprenta y sus ideas y Biblia quedaron reducidas a nivel local. Poco tiempo después, Ian Huss, proto reformador checo sostendrá las mismas ideas y será condenado a la hoguera como hereje por el Concilio de Constanza. Ya había pasado tiempo desde Wycliff, pero el impacto hussita aún sería local. Lutero, en cambio, será el primero en usar los ‘mass media’, imprimirá y circulará y cambiará el mundo. 

    Hay que comprender que la Peste Negra había atacado a Europa entre 1347-48 y con ella había muerto un tercio de la población. La Peste cambiará la concepción de vida y de muerte de la gente. La muerte, de ser un paso tranquilo a una vida mejor, sería ahora vista como un castigo divino. Aparecerá representada en el arte, en todas sus expresiones, como triunfante con su guadaña en mano llevándose a todos por igual. Es el tiempo en el que proliferan los relojes astronómicos en las plazas de importantes ciudades, la gente siente que la vida y el tiempo se les va. En el reloj de Praga es una ejemplo de esto, en un costado está representada la misma muerte con una campana en la mano, indicando que viene. Pero tras la peste vino la calma y con ella, un auge económico no antes visto, que explica en gran medida el lujo del siglo XV y permite vislumbrar los que muchos llamarán Renacimiento. Renacer no es posible por concepto, así que hay que entender que este auge en las letras y las artes tiene que ver con un auge económico, que irá acompañado de inventos para suplir la falta de mano de obra, entre ellos, la Imprenta. Con la Peste muere un tercio de la población de Europa. Tras la peste los bienes que antes se repartían entre todos los que eran, ahora se repartirán entre un tercio menos de personas. Todos los salarios reales subirán, ya que se mueren personas en todos los ámbitos. No hay quien trabaje la tierra y por tanto, quien está dispuesto a hacerlo, cobra mucho más que antes. Esto explica el lujo del siglo XV. Muchos que no tenían antes, ahora tienen y quieren mostrarlo. Los monjes copistas también murieron y eso motivó a Johannnes Gutenberg a combinar los tipos móviles chinos con las prensas de vino para crear la llamada Imprenta. El Imprimirá un Ars Gramática primero y luego una Biblia con letra gótica, que luego hizo iluminar. El quería mostrar que los libros impresos podían ser tan lindos y dignos, como los manuscritos. Tras esto, comienzan a aparecer las imprentas en muchos lugares de Europa. Especialmente en la zona que hoy es Italia y Alemania (ninguno de los países existía como tal). Era la competencia entre las ciudades y principados lo que motivaba a la proliferación de las Imprentas. Será en Venecia, donde un impresor llamado Aldus Manutius creará una tipografía más simple, la llamada Letra Antica, que se impondrá en las impresiones. Los llamados Incunables, libros impresos antes de 1500 se concentrarán en Italia y Alemania. Esto explica el llamado Renacimiento, por primera vez el conocimiento es accesible y sale de los monasterios y las universidades.

    Este es el tiempo de Lutero, hijo de la combinación de las ideas filosóficas imperantes en la época, el fideísmo y de la masificación del conocimiento desde la Imprenta. Lutero sin Imprenta, solo habría sido un pequeño monje agustino de Wittemberg.

    Martin Lutero nace en Eisleben, hoy Alemania. Es hijo de Hans Luder y Margarette, de origen campesino, que habían logrado una cierta posición social. Querían que su hijo fuese más que ellos y esperaban que desde un cargo público pudiese enoblecerse. Para esto era fundamental que estudiase la carrera de Derecho, ya que ésta era la plataforma de ascenso social. Vivirán en Masfeld y Magdeburgo, buscando mejores oportunidades para su hijo Martín. Finalmente, el joven, estudiará Derecho en la Universidad de Erfurt, donde será alumno de Gabriel Biehl, quien era un seguidor de las ideas de William of Occam. Será en al Universidad donde se empapará de las ideas de la llamada Escolástica Renovada, que circulaban en los ambientes académicos. Al terminar sus estudios, su padre estará muy orgulloso y le regalará una libro importante – un Corpus Iuri. Pero Martín sufría de un modo particular. Era un joven autoexigente y se preguntaba y torturaba a si mismo con la idea de no ser digno de la salvación. Era una idea que le atormentaba. Era un excelente alumno e intentaba ser un buen hijo, pero nada era suficiente. La Peste había marcado su vida, muchos de sus amigos habían muerto a causa de la peste, él no. Un día de tormenta en el que caían los rayos al suelo, creyó morir y decidió cambiar su vida. Al volver le informa a su padre que se hará monje agustino. El padre estaba desesperado, todos los esfuerzos puestos en Martín se habían perdido. 

    Martín elige el convento de los agustinos, porque como orden había sido pre reformado. La Pre reforma o humanismo fue un movimiento que quiso mejorar a la Iglesia por dentro, sin ruptura.Tras la peste, las plazas vacías dentro de la Iglesia fueron completadas por cualquiera disponible, por lo que era muy común dentro de la Iglesia tener gente sin vocación. Los Agustinos habían mejorado y limpiados sus plazas y por tanto era una de las ordenes más estrictas. Lutero la elige porque sus dudas sobre la salvación le torturaban y quiso buscar una orden que le diera pocas opciones de pecado. Aunque era un excelente monje, que cumplía al pie de la letra lo requerido por la orden misma, temía por su salvación. No podía estar en paz. La idea de condenarse le atormentaba. Johann von Staupitz decide enviarlo a Wittemberg donde será profesor de ética, enseñando Aristóteles. Pero su angustia en relación a la salvación no cambiaba frente a lo que le recomendaron buscar consuelo en la Sagradas Escrituras. El ya para ese entonces estaba convencido del fideísmo y así como encuentra en San Pablo la frase “el Justo vive de la Fe” y afirma su idea que la fe es el único camino par llegar a Dios. 

    Pero a pesar de todo, aún no se siente confiado de su salvación por lo que el Prior de la orden le aconseja ir a una peregrinación a Roma. Llegará a una Roma gobernada por el papa Julio II, que es más un señor de los Estados Pontificios, que un líder espiritual. El mismo Erasmo de Rotterdam, el intelectual más importante de su tiempo lo había excluido de la salvación en su libro Julio Excluido. Conocido como el Papa Guerrero intentó expandir los Estados Pontificios en un tiempo de álgida competencia en los territorios que hoy son Italia. Entró en el juego de la competencia desde las artes y decidió que la Cristiandad no podía tener como sede un establo. La Basílica de San Pedro de la época de Constantino, no era un establo, pero era una basílica románica que distaba mucho en espectacularidad a lo que hoy es San Pedro. Contrató a Bramante para proyectar la nueva plaza y Basílica de San Pedro. Contrató a Miguel Ángel Buonarrotti para que le hiciese una tumba para él, y luego desvió los fondos a otras cosas, por lo que le pidió al escultor pintar la llamada Capilla Sixtina. Miguel Ángel que no se consideraba una pintor, aceptó la tarea a regañadientes. Es en esta época en la que Lutero llega a Roma. El Papa ha instaurado una máquina de “Fund rasing” para lograr los dineros para su magna obra, la Nueva Basílica de San Pedro. Lutero quedará impactado con Roma, la llamará “La Puta Roja”. Considerará que se está ofreciendo venta de salvación y él sabía que eso no funcionaba así. Johan Tetzel será el encargado de administrar Indulgencias Plenarias en Alemania a cambio de sumas de dinero, esto enfurecerá a Lutero quien publicará en 1517 sus llamadas 95 tesis contra las Indulgencias Plenarias y las colocará en la puerta de la Catedral de Wittemberg. Si esto hubiese sido simplemente así, como la idea romántica de la Historia nos hace creer, las tesis habrían sido vistas por muy poca gente, solo aquellos que pasaban por la catedral antes que el obispo hubiese retirado el documento de la puerta y no se habría iniciado el movimiento de la Reforma. Pero Lutero no sólo puso el documento en las puertas de la Catedral de Wittemberg, sino que las imprimió y las hizo circular. La imprenta será la principal aliada de Lutero. Con ella las ideas que ya tiene en mente serán masificadas y sus críticas llegarán tan lejos como las ideas de nadie antes que él habían podido llegar. Es una nueva era, la era de la publicidad. Lutero es el primer hombre que publicita y hace panfletos con sus ideas y da vuelta el mundo y la historia con esto. La Reforma empieza a extenderse. Lutero, quien es Doctor en Sagradas Escritura se dedica a publicar libros, panfletos e ilustraciones, entiende que mucha gente no lee y las ideas deben llegar a ellos también. Roma permanece muda a estos ataques. 

    Julio II muere y asume León X de la familia Medici. Si Julio II en su preocupación por poner en su lugar a los Estados Pontificios había mirado como una opción al arte, los Medici habían sido siempre patrones del Arte. Estaba preocupado de otras cosas más importantes que poner su ojos sobre el monje agustino de Wittemberg. Pero en 1520 Lutero publica 3 libros, Del Cautiverio Babilónico de la Iglesia en el que critica a la Iglesia por sus posesiones temporales, lo que es una materia de discusión. A los Príncipes Cristianos de la Nación Alemana, donde llama a los príncipes alemanes a no obedecer a Roma, lo que lo hace un libro sedicioso, no herético. Pero además publica De Servo Arbitrio en el que expone la teoría de la predestinación, lo que era directamente herético ante los ojos de la Iglesia Católica. Ya desde hacía tiempo Lutero venía intercambiando cartas con Erasmo de Rotterdam, el considerado Príncipe de los Humanistas. En un comienzo coincidieron en los males de la Iglesia y la necesidad de renovación de ésta. La idea de que la Iglesia volviese a su pureza original. De hecho Erasmo en su Elogio a la Locura, viste a la locura de bufón y critica abiertamente a la Iglesia. Su fin era que la Iglesia despertase y tomase medidas para recuperar la pureza perdida. Su afán era remecer y purificar en unidad. Cuando Lutero escribe De Servo Arbitrio, afirmando la predestinación (que afirma que Dios es el único responsable de la salvación o condena de los hombres y que las obras no sirven de nada. Solo la fe sirve, ya que es un don gratuito de Dios); Erasmo contesta con un libro llamado De Libero Arbitrio, afirmando el Libre Albedrío, la idea que cada uno es responsable por sus actos de su salvación o condena. 

    Lutero insiste en la corrupción de la Iglesia y quiere crear una versión simple de esta lejana a los lujos y placeres terrenales. Habla de su visión como Cristo y de la Iglesia católica como el Anticristo. Insiste en que Cristo expulsó a los mercaderes del templo y que el papado y la Iglesia han convertido la casa de Dios en un mercado. El papa es representado en caricaturas como un monstruo deforme infernal y Lutero como el iluminado y elegido por Dios, un piadoso y orante monje. La idea de que el demonio ha penetrado en la Iglesia establecida circula en panfletos impresos por todas partes. 

    Es así como en 1520 llega la Bula Exurge Domine que excomulga a Lutero. La idea era hacerlo entrar en razón y que volviese al carril de la Iglesia. Sin embargo, Lutero ya estaba decidido. Toma la bula y otros libros eclesiásticos y hace una gran fogata en la que quema la resolución que lo excomulgaba, diciendo “Ya que has confundido la verdad (o a los Santos) de Dios, hoy el Señor te confunde a ti. Al fuego contigo”. El ya no estaba con la Iglesia, había tomado otro camino. Este es el año de la Ruptura con Roma, éste es el verdadero año del inicio de la Reforma. 1517 es el inicio del proceso y 1520 representa el quiebre real y el comienzo de la lucha por la consolidación de esta nueva vía. 

    El quiebre era algo que la cristiandad no quería y es por esto que el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V convoca a la Dieta en la ciudad de Worms y llama a Lutero a comparecer. Le manda un salvoconducto que asegura que el monje puede entrar y salir ileso de la audiencia. Los amigos de Lutero intentan evitar que vaya, ya que anteriormente el Emperador Segismundo había enviado un documento similar a Ian Huss que aseguraba que no sería dañado para ir al Concilio de Constanza y esta instancia lo condenó y lo hizo arder en la hoguera. Los seguidores de Lutero le recomendaron no ir diciéndole “acuérdate de Huss”, temían que sufriese la misma suerte. Sin embargo, a pesar de todos los temores y todos los consejos, Lutero se presentó frente a la Dieta de Worms. Allí se enfrentó a una audiencia hostil presidida por el mismísimo Emperador. Se le preguntó frente a una mesa llena de los libros de Lutero si él había escrito estas obras, ante lo que Lutero respondió afirmativamente. Luego se le ordenó retractarse, ante lo que Lutero contestó: “A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes —ya que no confío en el Papa, ni en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradicho— me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén”. Esta argumentación negaba el poder de la Iglesia como fundamento de verdad y deposito de la fe y dejaba a las Sagradas Escrituras como la fuente única. Negaba el magisterio de la Iglesia, que esra la aplicación de la Razón sobre la fe – la razón sobre las Sagradas Escrituras que determinaban una sóla lectura de las mismas, sin opinión. La libre intrepretación de las Escrituras abría el camino a la opinión, y con ésta a multuiples opiniones y más posteriores quiebres. 

    Tras esto el Emperador cumplió con su palabra y dejó salir a Lutero, pero lo declaró fuera de la Ley, lo que implicaba que cualquiera podía apresarle y hasta matarle. Pero al salir es raptado por unos seguidores de él enviados por Federico I de Sajonia, conocido como el Sabio. Este lo hizo llevar al Castillo de Wartburg, cerca de Eisenach en el que Lutero permanecería los próximos cinco años, escondido con el apodo de Doncel Jorge. Aquí sufre una de sus mayores luchas contra su incerteza de la salvación. Dice que se le aparece el diablo con forma de perro y él debe luchar contra él. Se aboca a una nueva tarea, traducir el Nuevo Testamento al alemán. Trabaja sin cesar y en once semanas tiene la tarea terminada y se la dedica al duque de Sajonia. La obra será corregida por Melanchton y publicada en 1522. Esta versión en vernáculo alcanzará gran éxito y será adquirida por todos los seguidores de la Reforma. La palabra de Dios es ahora adsequible a todos por primera vez. Al Nuevo Testamento le sigue el Antiguo Testamento y para 1534 ya circula la versión completa

    En 1525 estalla la llamada Rebelión de los Campesinos, que será vista como la primera Guerra de Religión de este período post Reforma. Thomas Müntzer, interpreta a Lutero un paso más allá. El quiere una Reforma Político Social y no solo religiosa. Este Movimiento de Campesinos será aplacado por la gran matanza realizada por los príncipes. Lutero intentará dejar su exilio en Wartburg para aplacar las rebeliones, pero el movimiento ya ha tomado su propio camino. Lutero dejará sus hábitos y se casará con una ex monja, Catalina Bora con quien tendrá seis hijos y será un buen padre. Vivirá para ver las divisiones y peleas entre fracciones. Lutero moriría en 1546 momento álgido de las Guerras de Religión en Alemania, las que recién cesarían en 1555 con la llamada Paz de Augsburgo que establece el principio- Cujus Regio Ejus Religio – según la Religión del Príncipe, la Religión de la Región. Pero las Guerras religiosas recrudecerían en Alemania y no encontrarían paz sino hasta la llamada Paz de Westfalia en 1648, la que ratificaría le principio de la Paz de Absburgo.

    Pero el movimiento de Reforma adquiriría nuevas caras y facciones. En la frontera entre Holanda y Alemania, en la ciudad episcopal de Münster, los líderes Mathys y Van Leyden se hacen de la ciudad. Se hace evidente un nuevo tipo de Reforma. Ellos son Anabaptistas, toman el bautismo de adultos, cuando son conscientes de lo que están haciendo y se sienten “los elegidos’ por lo que se alejan del ‘mundanal ruido’, se alejan y se separan de la sociedad. Establecen Estados dentro de los Estados. Son sediciosos a los gobiernos, establecen una especie de comunismo primitivo y sus propias reglas. En la ciudad Episcopal de Münster tras la muerte de Mathys, Van Leyden se declara El Mesías. El obispo dueño de la ciudad pide ayuda a los príncipes y terminan con el movimiento. Pero grupos de este tipo de corte menonitas se extienden en distintas partes de Europa y luego se exportan al nuevo mundo. De hecho los llamados Amish responden a estas características de grupos anabaptistas, lo que son todos diversos. 

    Juan Calvino inicia su propia Reforma radical en Suiza. Francés, expulsado junto con un grupo de profesores de La Sorbonne de Paris por el Rey Francisco I tras aparecer una virgen decapitada frente al Louvre. La idea de mantener a Francia como un país católico implicaba luchar contra los gérmenes reformados que estaban surgiendo dentro del país. Esta lucha se enmarcaría en el segundo gran territorio de lucha de las llamadas Guerras de Religión, donde los católicos se enfrentarían a los llamados Hugonotes reformados. Estas Guerras cruzarían todo el siglo y se recrudecerían con la penetración de las ideas calvinistas provenientes de Suiza. Jean Calvino se instalaría en la Ciudad de Ginebra en la que sería su reformador y gobernante. Aquí publicaría su Institución de la Religión Cristiana que le dedicaría a Francisco I en la que mostraría su visión de la religión. Es por lejos la visión más oscura y condenatoria, ya que para Calvino el Hombre es lo peor que pueda existir, es “Estiercol ante Dios”. El Hombre es lo más bajo, mientras que Dios es lo más excelso, su Majestad. Si fuese por justicia divina, Dios debiese condenar a todos los hombres, pero por misericordia, salva a algunos. El hombre por naturaleza sólo peca y ofende a Dios, por lo que para Calvino hay que reglamentar la vida de los hombres para evitar que éste ofenda a Dios en forma constante. Por eso todo calvinismo cae en Puritanismo. El Puritanismo ve pecado en lo que no lo es. Hay puritanos en todas las religiones, hay católicos puritanos, pero no todos los católicos son puritanos. Los Calvinistas por esencia son puritanos, por lo que el término se homologa. Calvino reglamenta la vida de los habitantes de Ginebra estableciendo penas civiles para los pecados y considerando que todo es pecado, prohíbe todo. La música, los bailes, los juegos, hasta los colores. Quita todo el disfrute y gozo de la vida, ya que eso es pecaminoso. Sólo deja el trabajo, que es lo único que no ofende a Dios. Estamos totalmente predestinados y no hay señales de salvación, sólo queda ofender a Dios lo menos posible. Es por esto que Max Weber hace una relación con el éxito económico y el auge del capitalismo y la religión calvinista. Ya no queda más que trabajar de sol a sol. No por nada Adam Smith establecía que La Riqueza de las Naciones era proporcional a la laboriosidad de sus habitantes. Los calvinistas son muy trabajadores, ya que no hay nada más en sus vidas terrenales. Estas ideas desde suiza penetrarían en Francia y los llamados hugonotes tardíos serían de corte calvinistas. El líder escocés John Knox iniciaría una reforma de corte calvinista en su país creando la Iglesia Presbiteriana. Desde Escocia el Mayflower llevaría estas ideas al nuevo mundo en la que Weber vería la idea de la Relación entre el calvinismo y el Capitalismo en su libro Ética Protestante y el espíritu del Capitalismo

    El caso inglés es un caso diferente, ya que no es inicialmente una reforma religiosa, sino más bien una reforma política personal, movida por la lujuria. El segundo rey de la Dinastía Tudor, Enrique VIII, quien había apoyado a Sir Thomas More a escribir tras la expansión de la Reforma La Defensa a los Siete Sacramentos y había recibido del papa el título de Defensor de la Fe, se obsesiona con una cortesana, Ana Bolena. Enrique pasó a ser heredero y luego rey cuando su hermano mayor, el Príncipe de Gales, Arturo muere. Este estaba casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, cuya dote ayudó notablemente al reino a reponerse tras años de gran gasto fiscal a causa de la llamada Guerra de las dos Rosas. Su padre Enrique VII derrotó a Ricardo III y se impone como el primer rey de una nueva dinastía, la Dinastía Tudor. Tras la muerte de Arturo, Enrique VII no podía devolver la dote de la señora de su hijo ( ya la había gastado), por lo que pide una dispensa papal para casar a su hijo menor con la princesa española. Así el que será luego Enrique VIII se casa con la que era la mujer e su hermano. Permanecen 18 años casados y tienen varios hijos de los que solo sobrevive una niña, María. El rey siempre tuvo amantes en la corte, lo que era aceptado por la misma reina. Que el rey tuviese amantes era algo acostumbrado, no así que las reinas lo hiciese, eso era alta traición, lo que se pagaba con la muerte. De hecho Enrique VIII fue amante de la hermana de Ana Bolena antes de poner sus ojos sobre Ana. Ana no quería ser la amante del rey, así que exigió más, ella quería ser reina. El rey dudó de la validez de su matrimonio, ya que era la mujer de su hermano y envió al Cardenal Wolsey a Roma para ver su situación. Pero el Papa confirmó que el matrimonio era válido, porque se había efectuado por una dispensa papal. Entonces el rey busca otra salida. Cramner, quien rodeaba al rey le propone nombrarse cabeza de la Iglesia y a él arzobispo de Cantrebury y así él le daría el divorcio. Así lo hacen y Enrique VIII rompe con Roma por lujuria y se casa con Ana Bolena. De esta unión nacerá otra niña, Isabel. Pero Ana caería en desgracia. El rey ya había puesto sus ojos en otra y Ana es acusada de traición, de haber buscado otros hombres en la corte, incluido su propio hermano. Es decapitada en la torre de Londres. Enrique VIII quien tenía como asesor a Thomas Cromwell, quien sí era un reformado comienza a tomar medidas contra la Iglesia, como la disolución y destrucción delos monasterios. La confiscación de los bienes del Clero le viene muy bien a las arcas fiscales. Luego Enrique VIII se casa con Jane Seymour, quien es de una familia presbiteriana, calvinista. Ella le da un hijo hombre, Eduardo y muere poco después de dar a luz. El niño es criado por los hermanos Seymour, quienes son abiertamente presbiterianos, las ideas reformadas penetran en el niño. Tras la muerte de Enrique VIII , Eduardo VI, el joven niño gobernará teniendo a su tío Edward Seymour como Lord Protector. Comienza la aplicación de las ideas reformadas y se hacen cambios religiosos de envergadura. El gran problema es que el niño muere adolescente y su sucesora natural era la hija mayor de Enrique VIII con Catalina de Aragón, María, quien era católica. Los consejeros del joven rey en su lecho de muerte le convencen de establecer a María y por tanto también a Isabel como bastardas y sacarlas de la sucesión para poner a su prima, abiertamente protestante Lady Jane Gray como su sucesora. Pero, tras la muerte de Eduardo María, la princesa olvidada y apoyada por el pueblo, recupera su trono del que la habían despojado. Se casa con Felipe II de España, matrimonio que no es popular y que fomenta levantamientos en Inglaterra lideradas por Thomas Wyatt, los que son aplacados. Isabel, la hermana de María, la hija de Ana Bolena casi cae tras esta rebelión, pero nada se le puede probar. María intenta volver atrás las reformas religiosas y persigue a los reformados. Tras quemar a más de 200 activistas reformados, John Knox el líder presbiteriano habla de ella como una monstruosidad que se debe al hecho de ser mujer. Esto inicia la leyenda negra se su nombre, quien pasará ala historia escrita por los ingleses como Bloody Mary, María la Sangrienta. Su gran preocupación era tener un descendiente que afirmara la vuelta de Inglaterra al redil de Roma, pero esto no sucedió, María moriría a los 42 años sin descendencia. Su descendiente sería su hermana Isabel, hija de Ana Bolena , quien asumiría como Isabel I. Ella había sido criada en la religión Reformada pero quería un país tolerante. Ella afirmará la Religión anglicana a través de dos actas, el Acta de Supremacía, que establece que el rey o reina de Inglaterra es la cabeza de la Iglesia y el Acta de Uniformidad que establece una Common Payer, un marco común para varias religiones. La Iglesia Anglicana tiene una llamada Alta Iglesia, que se auto llama Anglo Catholics, que no obedecen a Roma, pero creen en la virgen y en los Santos y tienen sacerdotes y siete sacramentos y la llamada Baja Iglesia, que se acerca meas a las Iglesias Reformadas, no tienen sacerdotes, ni misterios, sino pastores. Es una inglesa que pretende ser inclusiva con todos dentro e esta idea común, menos con los católicos (papistas). La intención de Isabel de ser tolerante se verán frustradas porque la política de la época se combinará con lo religioso y los intentos de complot contra ella para poner a su prima María, Reina de los escoceses en su trono son lideradas por los católicos. El mismo Papa excomulgará a Isabel y hablará de la “Reina Hereje” y ofrecerá recompensas espirituales a quien terminara con ella. Isabel junto a sus asesores, William Cecil y Francis Walsingham establecerán una red de espionaje que se centrará contra los católicos. Isabel I será más sanguinaria que María,su hermana, sin embargo la historia la presenta como Gloriana, una figura endiosada que logró defender a Inglaterra de la Invasión Española de la llamada Invencible Aramada. 

    Europa estaba dividida y enfrentada. El concepto unitario de cultura común que alguna vez los unió, la llamada Cristiandad, había quedado destruida. El golpe de Lutero abrió el camino de la opinión. Como hijo de una época en que la fe y la razón ya no eran las vías aceptadas para llegar a Dios, sino una época centrada sólo en la fe, Lutero abrió la puerta a la opinión y esta trajo muchas opiniones. Lutero primero, Calvino, Knox, Zwinglio después a los que se le suman las expresiones variadas en Inglaterra. La Cristiandad ya no solo existía como concepto, sino que ahora dividida se enfrentaba entre ella. Las guerras que vendrían tras la Reforma enfrentarían a Cristianos con Cristianos. Occidente no sería nunca más el mismo. La Libre interpretación de las Escrituras ampliarían la masa lectora a un nivel jamás antes imaginado, lo que junto a la proliferación de las imprentas generarían un saltó cuantitativo y cualitativo en el conocimiento y abrirían las puertas a lo que luego sería el Racionalismo y las Ilustración. Se había generado no solo una revolución y fragmentación Religiosa, sino también la revolución de las Ideas.