Mes: Febrero 2021

  • El desafío de los escritores rusos del siglo XIX

    El desafío de los escritores rusos del siglo XIX

    El mérito de estos escritores fue hacer pública la miseria y el abandono en que vivían los campesinos para convencer a una sociedad pequeña y privilegiada que ellos también tenían el derecho a ser “rusos”.

    A través de los escritores del siglo XIX aparecen los rasgos que definen la cultura rusa y la existencia de una identidad nacional, “un alma rusa”. Ellos tienen un papel muy importante en todos los acontecimientos políticos y sociales que se desarrollan en el siglo XIX y cuya influencia llega hasta la Revolución de 1917. Describen una realidad antes nunca tratada, intentan mostrar las miserias y sentimientos de los campesinos, los grandes olvidados hasta ese momento y que a través de su pluma aparecen por primera vez en toda su dimensión de seres humanos.

    Surgen con fuerza también las dos corrientes que marcan hasta hoy la historia de Rusia: eslavófilos y occidentalistas. Los escritores representantes de estas dos corrientes, con distintos enfoques pero con el mismo fin, quieren incorporar al campesinado como protagonistas de la historia del país, unir a esa clase noble privilegiada y al pueblo marginado en un solo sentimiento: el ser rusos. En el siglo XIX en Rusia, prácticamente no existía literatura nacional hasta Pushkin. La mayoría de los libros que existían en esa época eran traducciones, especialmente de autores franceses. El público lector era muy reducido y eso hacía casi imposible que un autor viviera de sus escritos. Pero la dificultad mayor para los escritores del siglo XIX fue la falta de un lenguaje adecuado. Como dice Orlando Figes en su libro El Baile de Natascha, “No había ni una gramática ni una ortografía establecida y muchas palabras abstractas carecían de una definición precisa. Era un lenguaje pedante y oscuro muy alejado de la lengua hablada de la alta sociedad, que era básicamente el francés y del habla simple del campesinado ruso” . Crear un lenguaje literario era el desafío al que se enfrentaban los escritores de principios de siglo. Pushkin fue el pionero y esa es una de las razones por lo que se convirtió en objeto de admiración y culto por el pueblo ruso.

    Los escritores reemplazaron de alguna manera al Parlamento, a la Iglesia, a la educación, a la prensa, a la justicia y sus novelas fueron faro y guía de toda una sociedad. Ninguno pretendió terminar con el gobierno de los zares, como tampoco lo pretendieron nunca los campesinos que ya habían hecho algunas revueltas. Pero fueron los escritores los que mostraron por primera vez la miseria y el abandono del pueblo campesino. Y este rol no estaba exento de peligros. Muchos de ellos sufrieron el destierro y duras penas de trabajos forzados en Siberia.

    No obstante sería demasiado exagerado decir que los novelistas  salieron a predicar la reivindicación social ni nada parecido. Turgueniev y Gogol pertenecían a la burguesía, Tolstoi estaba emparentado con la nobleza y Dostoievski perteneció a una familia culta que le entregó muy buena educación. El mérito de estos escritores fue hacer pública la realidad en que vivían los campesinos para convencer a una sociedad pequeña y privilegiada que ellos también tenían el derecho a ser “rusos”.

    La literatura rusa del siglo XIX pasa por dos etapas. La primera mitad pertenece al Romanticismo y sus mejores exponentes son Alexander Pushkin, (1799-1837) y Miguel Lermontov (1811- 1841). Pushkin como ya hemos visto se convirtió en el símbolo de “lo ruso”. Su muerte a temprana edad en un duelo, sus versos melancólicos lo convierten en un representante del movimiento romántico que comenzó en Alemania en el siglo XIX y se extendió por toda Europa y América.

    Pushkin en su primer escrito, Ruslan y Ludmila expresa todas las tradiciones populares del pueblo ruso aprendidas de su nodriza. Fue desterrado temporalmente a las provincias caucásicas dónde el paisaje influyó en todos sus sentimientos y le inspiró en la escritura y en la lectura. Gran admirador del romántico inglés Byron leyó todos sus poemas que tuvieron gran influencia en su obra. Su vida, igual que el poeta inglés terminó abruptamente a la edad de 37 años. A los treinta y cuatro años publicó su obra maestra, Eugenio Oneguin, una novela en verso que muestra con gran agudeza todo el conjunto de la vida rusa con sus miserias y grandezas. Habla en esta novela de todos los sentimientos e interpreta a cabalidad la esencia del “alma rusa” A su muerte, el poeta Miguel Lermontov le escribió un apasionado poema que hizo llorar a todo el pueblo, que transido de dolor de la muerte de “su” poeta, transfirió su cariño a Lermontov que adquirió una fama que no había tenido hasta entonces. Era también admirador de Byron y al igual que éste y Pushkin murió muy joven, recién cumplidos los treinta años.

    Fue el gran crítico nacional Vielinski, el que más tarde descubriera el talento de Dostoievski, quién llamó la atención a los escritores y adelantó el paso del romanticismo al realismo. Bielinski hizo notar que ya había pasado el momento de hablar sobre tristezas, filtros de amor, ideales, héroes y que era el momento que los escritores se fijaran en el pueblo, en los campesinos en la dureza de su vida cotidiana. Y aquí, para llevar a cabo esta transición, y fundar el realismo ruso entra en escena Nicolás Gogol, 1807-1852. “Todos hemos salido del manto de Gogol”, diría luego Dostoievski. El realismo de sus obras fue algo impactante, especialmente para una sociedad que no estaba acostumbrada a este tipo de literatura. Sus primeras obras, El Capote y Almas Muertas, llegan profundamente y tal como lo describe Orlando Figes, “Su obra se halla reflejada en un espejo, que revela todas las arrugas de un rostro ajado por la corrupción, la brutalidad y la ignorancia de una burocracia tiránica y las miserias inexpresables de la servidumbre, el abandono, la degradación y la irresponsabilidad en su aspecto más repugnante”.

    Turgueniev, occidentalista y después enemigo de Dostoievski, es un autor que retrata de manera genial la sociedad rusa, sus diferencias de clase, muestra la vida de los campesinos, su resignación, sus desventuras. Y así lo vemos en “El Cazador” y “Padres e Hijos”. Cada una de sus obras tiene una figura con características especiales de esa sociedad que quiere retratar. Su prosa tiene gracia y mucha delicadeza de sentimientos. Escritores hubo muchos y muy buenos pero hay que destacar a dos de los más grandes: Tolstoi y Dostoiesvki. “Guerra y Paz” del primero y “Los hermanos Karamazov” del segundo, merecen un comentario especial. Estas dos novelas, cada una en su propio estilo se han convertido en los dos grandes clásicos de la literatura rusa y en clásicos de la literatura universal.

    LEON TOLSTOI Y “GUERRA Y PAZ”:

    Tolstoi hijo de un terrateniente, nació en 1828 en Yasnaia Poliana, la propiedad agrícola de su familia, al sur de Moscú. Quedó huérfano a los nueve años, y se crió con unos parientes. Tuvo tutores franceses y alemanes y a los 16 años ingresó en la Universidad Kazan, donde estudió, primero lenguas y más tarde, leyes para abandonarla poco después. En 1847 se mudó a una casa en el campo donde se propuso ser un granjero modelo y acercarse a los campesinos. Todo le producía insatisfacción. Se alistó en la Guerra de Crimea y estando allá en 1855 perdió la casa jugando a los naipes. Cuando regresó de la guerra en 1856 asqueado de su vida de juergas, prostitutas y alcohol se propuso cambiar de vida “basada en el campo, en el trabajo y en la hermandad del hombre”. Al decretarse la emancipación de los siervos en 1861, Tolstoi entregó a sus campesinos una importante parte de sus tierras y siempre se puso al lado de ellos. Abrió una escuela para niños campesinos y se esforzaba cada vez más para vivir como ellos. En 1862, se casó con Sonia Andréievna Bers, miembro de una culta familia de Moscú. Durante los siguientes quince años formó una extensa familia, administró sus propiedades y escribió sus dos novelas principales, Guerra y Paz, 1869 y Ana Karenina, 1877.

    En la segunda mitad de la década del 70 sufre una profunda crisis moral y se vuelca totalmente a Dios La búsqueda de la Fe fue una constante en toda su vida y en todas sus novelas, desde la primera en 1859, Felicidad Familiar, hasta la última, Resurrección, en 1899. Sin embargo su separación de la Iglesia fue absoluta. Rechazó la idea de un Cristo divino y comenzó a vivir una religión práctica basada en Cristo pero como ser humano vivo. Todo esto le valió la excomunión. Le gustaban las novelas de Dostoievski y acababa de leer los Hermanos Karamazov cuando decide abandonar todo lo que tiene, el 28 de octubre de 1910, para dirigirse al monasterio de Optina Pustyn, el mismo que visitara Fiodor varias veces y también Gogol. Diez días después muere en una pequeña ciudad, Astapovo donde tuvo que quedarse, falto de fuerzas, al abandonar el monasterio. Su muerte produjo escenas de profundo dolor nacional.

    Guerra y Paz, es considerada una de las novelas más importantes de la historia de la literatura universal. Presenta el retrato de la sociedad rusa en la época que se produce la invasión napoleónica en 1812. La novela abarca desde los años 1805 hasta 1815. Fue justamente cuando Napoleón invade Rusia que por primera vez los campesinos ocupan un lugar en la historia. Ellos van a pelear junto a los nobles y su coraje y su amor por Rusia se destaca e impresionan al príncipe Sergei Volkonsky. Cuando el Zar le pregunta por la moral de la tropa el príncipe responde: Su Majestad, debería enorgullecerse de ellos, cada uno de los campesinos es un patriota. Pero cuando la pregunta se refiere a la aristocracia, se queda callado, pero ante la insistencia del Zar responde: Su Majestad me avergüenzo de pertenecer a esa clase. No hacen más que pasar el tiempo hablando.

    El príncipe Volkonsky y otros nobles serían condenados a destierro a Siberia por luchar por una vida más justa para los campesinos en lo que se llamó la insurrección de los decembristas, por haberse realizado en el mes de diciembre de 1825. Es en este personaje, Andrei Bolkonsky en el libro, y en el protagonismo del campesinado que se basa la novela de León Tolstoi. Considerada una de las obras maestras del realismo. Aparecen 559 personajes, describe batallas militares y retrata a conocidas personalidades históricas. Tolstoi muestra también de una forma magistral como vivían los campesinos y especialmente los nobles en esa época. En el lenguaje que utilizan los personajes hay una realidad pero también una defensa del “alma rusa”: Y cito a Orlando Figes: “Andrei Bolkonsky habla ruso con acento francés, como la mayoría de los nobles de esa época, la princesa Hélene prefiere discutir sus problemas maritales en francés porque en ruso le parecían que no sonaban claros. Tolstoi refleja deliberadamente la antigua distinción entre el francés como el idioma del engaño y el ruso como el idioma de la sinceridad. Los personajes más idealizados de la novela sólo hablan en ruso como la princesa María y el campesino Karatiev y la princesa Natacha comete errores cuando habla el francés”.

    En este libro León Tolstoi une los dos mundos que parecen irreconciliables, la cultura europea de la nobleza y la cultura popular de los campesinos. La propia vida de Tolstoi y el mensaje de todas sus novelas estuvo orientada siempre a cumplir este sueño de que estas dos realidades se fundieran en una y formaran “una sola alma rusa”.

    FIODOR MIJAILOVICH DOSTOIEVSKI:

    Fiodor Mijailovich Dostoievski nace en Moscú el 11 de noviembre de 1821. Su padre es médico militar que deja el ejército en 1821 y es destinado como médico al hospital María de Moscú donde vive con su mujer, María Fiodorovna Nechayev con la que tendrá seis hijos. Fiodor es el segundo. Su padre es un hombre muy especial, autoritario, alcohólico, violento. Su madre por el contrario es una mujer dulce y callada que soporta con resignación el carácter de su marido.

    La vida de la familia Dostoievski es tranquila y aislada, sometida al carácter huraño del dueño de casa. Tiene una buena educación y lee desde niño, La Historia de Rusia de Karamzín, Las Odas de Derjavín, la novela La Pobre Lisa y versos de Pushkin a quien Fiodor va a admirar profundamente toda su vida. Su padre compra una aldea en Darovoié, en la provincia de Tula. Allí Fiodor Mijailovich conoce el campo, los bosques y en especial toma contacto con una realidad hasta ese momento desconocida para él: los campesinos. Ese conocimiento marcará toda su vida y toda su obra. Admirará para siempre la sencillez, la fe y la forma de vida del pueblo ruso. Así lo demostrará en cada uno de los personajes de sus novelas.

    Henri Troyat relata una conmovedora escena de su infancia en el campo, cuyo recuerdo lo consuela en la soledad y desesperación de su destierro en Siberia, dónde por razones políticas estuvo desterrado ocho años, cuatro con trabajos forzados y cuatro como soldado raso. Se ha internado en el bosque cercano a la casa absorto en los mil pequeños insectos y animales que buscan refugio entre los árboles cuando escucha un grito estridente “un lobo”. Aterrorizado corre entre la espesura hasta que llega a unm claro donde labra un mujik, Mariei, el campesino que trabaja para la familia lo tranquiliza, explicándole con cariño que no hay ningún lobo. “Anda que miedo has pasado pequeño, que Cristo sea contigo, persignate”.Y dice Dostoievski: ”De repente recordé la escena veinte años más tarde en Siberia. La recordé con todo detalle. Volví a ver la cariñosa sonrisa paternal del pobre campesino, de nuestro siervo. Me acordé de su señal de la cruz, de su cabeceo. Y sobre todo de aquél dedo basto, sucio de tierra con el que rozó mi boca suavemente, casi con timidez”.

    Y el recuerdo de este acto de bondad del campesino transformó totalmente su vida. Miró a sus compañeros de prisión en Siberia, borrachos, criminales y delincuentes con otros ojos, “el odio y la ira de mi corazón se disiparon”. A Dostoievski le atormentaba la Fe. Sus novelas están llenas de personajes que como él se balancean entre las dudas y la Fe. Pero su fe no podía alcanzarse a través de la razón, eso se lo dejaba a los occidentales. Su Dios ruso existía fuera de todo razonamiento, Escribió en 1854:” Si alguien me demostrara que Cristo está fuera de la verdad y que realmente es cierto que la verdad está fuera de Cristo preferiría quedarme con Cristo en vez de la verdad”.

    A la muerte de su madre cuando el tenía doce años, se va con su hermano Mijail, con quién estuvo muy unido siempre, a estudiar a San Petersburgo. Ahí comienza una dura vida de sacrificios y apreturas económicas. Dostoievski es un lector incansable; admira a Gogol por el realismo en su escritura, ha leído a Balzac, a Víctor Hugo, Schiller lo apasiona lo mismo que Goethe, Corneille, Racine. En 1839 su padre muere trágicamente asesinado por sus propios mujiks cansados de tanto despotismo, malos tratos y crueldad. Esta muerte marcará profundamente a Fiodor y la imagen de ese padre autoritario y borracho se repetirá en sus novelas especialmente en Los Hermanos Karamazov.

    Además el golpe es tan fuerte que desde esa época comienza a sufrir ataques de epilepsia que lo acosarán toda su vida. Desde muy joven sufre una adicción por el juego que no puede superar. Su libro “El Jugador” es un retrato de sí mismo. En 1846 el gran crítico de esa época, Bielinski lee su primer manuscrito Pobres Gentes y considera la obra de una gran calidad.

    El recuerdo culpable de su padre, quizás por haber deseado en alguna oportunidad su muerte lo persigue. En los hermanos Karamazov, Smérdiakov, ha matado al viejo Karamazov pero se siente menos culpable de ese asesinato que el hijo Iván:”El principal asesino es usted y no yo, aunque yo haya matado, dice Smérdiakov”. También el hijo mayor Dimitri, que es acusado injustamente de este asesinato, se declara culpable aun sin serlo porque sólo en el sufrimiento hay redención, porque no importa que otro haya cometido un delito, los culpables somos todos:”Todos somos crueles, todos somos monstruos, por nosotros lloran las madres y los niños, pero proclamo que yo soy el peor de todos…acepto las torturas de la acusación y la vergüenza pública, quiero sufrir y redimirme por el sufrimiento”.

    Dostoievski escribió numeroso libros y escribió artículos en distintas publicaciones Sus cuatro novelas más importantes son Crimen y Castigo, Los Demonios, El Idiota y por sobre todas las otras Los Hermanos Karamazov. En esta novela se plantea la moralidad de los actos humanos y del crimen. Dostoievski empezó a escribir esta última obra después de un viaje que hizo al monasterio de Optina Pustyn donde conoció a un monje que va a ser retratado en el libro como el starets Zósima. Los Hermanos Karamazov tuvo un éxito rotundo. La novela fue publicada en el Mensajero Ruso a lo largo de los años 1879-1880. A finales de 1880 apareció el libro completo meses antes de su muerte. A lo largo de toda su obra aparece el sufrimiento, la culpa, la redención, Dios y la Fe. La humanidad de sus personajes hace que sean universales porque se plantean las grandes interrogantes del hombre, aunque muchas veces no haya respuestas para ellas. El sufrimiento existe en el alma de cada ser humano, pero el sufrimiento a su vez redime y puede regenerar a la humanidad. Fiodor Mijailovich Dostoievski pasó también, como sus personajes, las fronteras de su amada Rusia para convertirse en un grande de la literatura universal.

  • Alsino – Pedro Prado

    Alsino – Pedro Prado

    A mediados de 1920 aparece en Chile una de las novelas que habrían de cambiar el destino de la literatura nacional: Alsino, de Pedro Prado. Líder de la nueva generación de escritores, que buscaban por todos los medios poner fin a la tradición estética decimonónica, se había destacado, principalmente, como poeta. Sin embargo, la publicación de Alsino va a  posicionarlo como uno de los mejores novelistas latinoamericanos, en la medida en que el hondo lirismo de la novela habría de diferenciarla claramente de toda la tradición de nuestra narrativa moderna y del intenso fervor realista del naturalismo y criollismo de los años 20.

    El origen de la novela se remonta a las pequeñas historias que el autor le contaba a sus hijos durante las tardes en su vieja casa de Mapocho. Ante el asombro de uno de ellos al presenciar a un niño pobre que cargaba en sus espaldas una joroba prominente, Pedro Prado ideó las aventuras del curcunchito. Aquello que en los demás hombres despertaba consternación, en Prado supuso el nacimiento de un mito, el del niño que sin importar las dificultades, haciendo oídos sordos a las advertencias del sentido común, se dispuso transgredir las limitaciones propias del ser humano y materializar su destino secreto: volar.

    La tragedia del límite, sindicada por Prado como la base esencial de su poética, permite interpretar el destino de Alsino como la incursión en las áreas inexploradas de la experiencia humana. En una entrevista concedida por Prado en Colombia, mientras ejercía como ministro plenipotenciario de Chile, la definió con claridad: “Yo, desde el primer momento en que principié a escribir sentí el ansia de las cosas raras. Quise hacer una obra humana, pero por encima de todo lo vulgar. Educado a solas con mi espíritu, inicié la realización de una obra que estuviese de acuerdo con mi temperamento perseguidor de emociones desconocidas. Examiné el panorama de la literatura, y resolví traspasar el límite dentro del cual se movía todo y se movían todos. ¿Usted sabe cuál es la tragedia del límite? El deseo de ir más allá, de llegar un poco más adelante del lugar visitado por otros. Bucear por los fondos vírgenes. Otear los horizontes no conquistados. Hacer cosas humanas sobre planos esotéricos. Y conquistar una vida intelectual nueva, dentro del culto de la estética”.

    Y en esto se parecen mucho Pedro Prado y Alsino. Ambos se constituyen en exploradores estéticos, buscando a través del arte la superación del hombre y su circunstancia. Alsino es un niño que habita junto a su hermano Poli y su abuela en un sector rural cercano al puerto de Llico, en la VII región. Colabora con su abuela en la recolección de hierbas medicinales, lo que le permite conocer en profundidad la naturaleza y su potencialidad curativa. La precariedad y monotonía de su existencia lo impulsan a buscar nuevas experiencias. Y tras intentar infructuosamente ensayar el vuelo desde lo alto de un árbol, recibe un golpe durísimo que lo deja al borde de la muerte. Preso del delirio, Alsino comienza a sentir el llamado de la naturaleza, que lo hace abandonar su choza sin haberse curado del todo y caminar sin rumbo con una joroba cada vez más pronunciada en sus espaldas.

    “Ni sé a dónde voy, ni lo que busco; los caminos se ofrecen y ayudan. Antes los veía inmóviles; ahora los veo ir y venir: adivino que desean que siga por ellos”.  Después de largos meses de vagancia, Alsino descubre las alas que lleva en su espalda y puede, por fin, alzar el vuelo. “Sin darse cuenta de sus actos, se encontró con sus grandes alasdesnudas, abiertas y temblorosas. (…) Dio un grito ahogado y terrible; lo estranguló a medias la angustia que le oprimía la garganta, y sus alas enardecidas con un furor de éxtasis o muerte, engancharon en el aire”.

    El vuelo extasiado y frenético de Alsino durante la primera mitad de la novela, nos va revelando todo aquello que había estado oculto al ser humano y que él descubre al superar sus límites. La naturaleza es descrita desde una perspectiva inédita, por cuanto Alsino no sólo posee la capacidad de volar, sino también la de comunicarse con el resto de los seres vivos. Y su canto alcanza momentos de extraordinario lirismo: “¡Oh! Abigail, si la voz de cualquiera, entre estas montañas, levanta fácilmente un eco, ¿qué no despertaría mi canto, cuando yo sé las palabras por todas las cosas comprendidas?”

    Pero los demás hombres interpretan la plena belleza alcanzada por Alsino en virtud de sus descubrimientos, como una monstruosidad. Sus recorridos por los caseríos rurales van alarmando a los campesinos, quienes se esconden aterrados al verlo. El aislamiento al que se ve sometido y el rechazo prodigado por los hombres lo desconcierta. “¡Miserable de mí! ¡No sólo los demás me tuvieron por un ser extraño a ellos; yo, también así lo sentía. Sólo cuando el amor llegó, supe que era igual a todos”.

    Si el contacto con la naturaleza lo fortaleció y dio nuevos bríos a su vida, su relación con los hombres no hizo más que destruirla. Después de sufrir toda clase de vejámenes y de perder la vista por las argucias de una vieja curandera, emprende su último vuelo, el de su redención. La lectura de Alsino supone un viaje mítico por las profundidades del hombre, una exploración de sus anhelos más desatados, de sus sueño más delirantes. Prado no se limita a la descripción de superficies, a la simple caracterización de tipos humanos, sino que penetra en el alma humana en una persecución estética y espiritual. Y todos aquellos elementos que caracterizaron su poesía se dan cita de manera admirable en esta novela: el aliento de vuelo, la superación de climas sofocantes y el llamado del vislumbrado infinito. Después de casi cien años de su publicación, Alsino conserva su vigencia, en la medida en que su potencial expresivo y su poder de evocación de nuevos mundos posibles permanecen intactos.

    I. En la noche:

    La noche cubre los campos como un agua oscura y sutil. Después de haber penetrado hasta en las últimas concavidades de las dunas, eleva silenciosamente su nivel mil veces por encima de las más altas montañas.

    Una niebla delgada, que el viento empuja contra el mar, vela los contornos de las cosas y hace que ellas se compenetren.

    La luna, que cae hacia el poniente, brilla pálida tras la niebla. En torno de la luna se ven dos nacarados y enormes círculos concéntricos. Alguien ha tañido esa campana de plata: son dos ondas sonoras que se propagan por los dominios de la noche silenciosa. Alguien ha arrojado la luna, como una moneda de oro, contra las mansas aguas del infinito; su caída ha hecho nacer esos círculos crecientes y gigantescos.

    El mar, convertido en una sombra sonora, canta; su voz se mezcla a la niebla que brota de su seno, a la niebla débil que se opone, sin fuerzas, al viento frío y cortante que baja de las nevadas cordilleras.

    Por angosto desaguadero un lago pugna por vaciar su tributo en el mar; pero las olas, desde la muerte del invierno, han vencido y ahora elevan y mantienen una constante valla de arena. Las aguas del lago, buscando cumplir con su destino, se filtran calladamente; pero van con tanto despacio, que se espesan y pudren, y las innumerables fosforescencias que vagan en la noche como fuegos fatuos por encima de los pantanos, juegan y danzan sobre ellas como niños alegres y caprichosos. Más allá del desaguadero el lago es puro y transparente. Cerca de los trémulos pajonales, y en un sitio que nadie conoce, los flamencos, sentados a horcajadas en sus altos nidos de barro, empollan y duermen. Los huillines, que en el día pasaron en sus escondidos lechos de hierba, ahora aprovechan la pálida vislumbre de la luna y pescan confiados y pacientes.

    Y del mismo modo que las iglesias guardan las melodías de las oraciones y de los cánticos que en ellas se elevaron, la enorme cuenca que forman las colinas que rodean el lago está llena de una dulzura que sólo se atribuye a la placidez del agua que duerme, cuando ella está formada por los últimos ecos de los melancólicos cantos de los pidenes y de todas las aves que, desde incontables atardeceres, aquí se reúnen para elevar sus oraciones cuando aún brillan las últimas horas rosadas y luminosas.

    Como nadie las ve, las dunas avanzan con más prisa que la que tienen cuando el sol brilla. Hay una mísera aldea de pescadores y labriegos que las dunas estrechan contra el desaguadero, donde las miasmas se incorporan a las densas nieblas del pantano. Las chozas, construidas con ramas traídas de la montaña, todavía no pierden sus hojas y su fragancia cuando, antes del año, ceden al peso de la arena que se ha ido acumulando contra los débiles tabiques. Entonces es preciso volver a la montaña por otras ramas y construir una nueva y pasajera morada.

    Una vez, una vaca que vagaba extraviada en la noche por los arenales llegó a este caserío. Hambrienta y ciega por la oscuridad, bajando por el declive de la duna, dio con la frágil y engañosa techumbre de una choza medio sepultada. Cuando comía con ansia las hojas secas, dentro los habitantes de la choza se santiguaban al no descifrar los ruidos extraños de la techumbre. Y cuando, al avanzar otro paso, cayó con estrépito en medio de la habitación, arrastrando consigo las ramas rotas, sus bramidos de angustia y su gran cabeza armada de enormes astas, que sacudía en su desesperación, hicieron creer a los aterrados moradores en la visita del Señor de los Infiernos.

    Esta noche, en cada choza también se oye ruido. Es el chisporroteo fino y constante que hacen los granos de arena al chocar contra las hojas secas y coriáceas. Ni por un segundo el trémolo cesa; ya es casi imperceptible como débil llovizna que se cierne y cae; ya sube de tono más y más hasta semejar ruido de la grasa hirviendo; ya se atenúa y cesa; no se le oye, pero es preciso perder la esperanza de que alguna vez concluya, porque siempre hay un grano de arena que resbala. Hacia el oriente, en la última choza, duermen una anciana y dos niños.

    Uno de los niños despierta y abre desmesuradamente los ojos en la oscuridad. El paso de su propia sangre le finge rojas alucinaciones, apagados fulgores que él cree se desprenden de las tinieblas circundantes. El miedo le turba, cierra los párpados con fuerza y esconde su cabeza entre las mantas. El otro niño, tal vez embriagado con el perfume violento de las ramas de boldo que forman la choza tiene un ensueño a la vez sencillo y maravilloso. Sueña que volar es una hazaña que no requiere esfuerzo alguno; sueña que volar es un hecho fácil para todo aquel que deje su peso en tierra. Se asombra de no haber tenido antes tal ocurrencia, una y otra vez, solo con la fuerza de su propia voluntad se desprende suavemente del suelo; poco a poco se eleva, y va y viene, con rapidez, por el aire. Pasa por encima de la choza y de la aldea, pasa por sobre los montes de arena y cruza el lago a gran altura, sonriendo de los arroyos que, a la luz de la luna, vierten en él sus aguas. Desde allí se divisan tan pequeños y brillantes, que solo parecen rastros dejados por los caracoles entre las hierbas.

    En esta novela, es posible apreciar el carácter multifacético de Pedro Prado, por cuanto todas las ilustraciones que acompañan el texto, además de las capitulares que inician cada capítulo, son de su autoría. Su condición de poeta, novelista y pintor se entrelazan para constituir una novela que anhela la fusión intregral de las distintas disciplinas artísticas. Discípulo de Pedro Lira y, sobre de todo, de Juan Francisco González, Prado supo ver en la pintura y el dibujo una nueva forma de descubrir el mundo. Absolutamente convencido de la esencial compatibilidad de ambos códigos, el literario y el pictórico, desarrolló a lo largo de su obra un intenso y enriquecedor diálogo.