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  • El Muro de Berlín a 30 años de su caída: La idea del Muro, encerrar a toda una población

    El Muro de Berlín a 30 años de su caída: La idea del Muro, encerrar a toda una población

    El muro de Berlín es el único en la historia que se construyó para evitar que las personas salgan de un lugar, para encerrarlas y coartar su libertad de movimiento.

    Los muros parecen estar de moda. Después de la exitosa serie de HBO Game of Thrones todos parecían encontrar lógico “The Wall in the North”, que separaba y protegía la civilización de lo no civilizado e incluso de los muertos vivientes. La verdad es que la ficción siempre se basa en la realidad. Ha habido muchos muros en la historia, la Gran Muralla China, el Muro de Adriano, el llamado Offa’s Dyke entre Mercia y Gales, por nombrar algunos. Todos ellos se construyeron para evitar que las personas entren a un lugar.

    La migración es algo muy humano y de hecho hoy se habla de ella como un derecho. En la historia, los movimientos humanos han sido muchos y siempre van de economías  deprimidas a economías más pujantes. Las personas se mueven buscando un mejor futuro. Nadie abandona su lugar de origen para estar peor en otro lugar. De hecho, las ciudades desde sus orígenes, buscando la defensa y controlar la migración, fueron concebidas como un recinto cerrado. Las murallas y los puentes controlaban también el pago respectivo de impuestos. El muro de Adriano fue construido por los romanos para dividir la Britania romanizada de la tierra de los pictos, hoy Escocia. No se trataba de impedir invasiones pictas, sino de controlar el comercio y asegurar el pago de los impuestos, algo que a los romanos les preocupaba en demasía.

    Pero el muro de Berlín es el único en la historia que se construyó para evitar que las personas salgan de un lugar, para encerrarlas y coartar su libertad de movimiento. Justificarán lo injustificable llamándolo “Barrera antifascista”, pero la verdad es que se trató de encerrar a las personas impidiéndoles buscar un futuro mejor. A treinta años de la caída de este brutal experimento, vale la pena recordar varios hechos y representarlos para las actuales generaciones. La idea de encerrar a gran parte de la población tiene que ver con un momento de la historia en que falsas creencias nublaron las mentes de las personas. El siglo XX es un siglo complejo, construido desde la visión filosófica del siglo XIX que abandona a Dios y, por lo mismo, se entrega a cualquier cosa. La disolución del concepto de verdad objetiva abre paso a las verdades múltiples y a las falsas verdades, que se manifiestan en las ideologías que pretenden “instaurar el paraíso terrenal sobre la tierra”.

    El racionalismo establece un nuevo concepto de mundo que empodera al hombre. Es ahora el ser humano con su razón el que crea la realidad, “pienso, luego existo” y el que está llamado a “Instaurar el imperio del hombre en el mundo”. Las visiones de René Descartes y Francis Bacon abrirán el paso a la revolución científica y a cambios antes inimaginables. Todo se redefinirá en términos humanos. El hombre es lo más importante y por tanto el arte se enfocará en él y su cotidianidad. La arquitectura buscará elevar a reyes y a personajes poderosos. El poder en esta tierra pasará a ser lo esencial. Nacerá la política moderna que considera que el soberano es el hombre. El concepto de soberanía popular y de creación de la sociedad desde el pacto se impondrá.

    Dos visiones opuestas aparecerán aquí y estarán presentes hasta hoy. Serán la base de dos visiones de mundo que se convertirán en ideologías. Las ideas de John Locke y de Jean  Jacques Rosseau. Locke cree que el hombre en el llamado estado de naturaleza es bueno y que tiene derechos anteriores al pacto que son sagrados. Hay que protegerlos a toda costa. Estos derechos son el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Para asegurar la protección de esos derechos se hace un pacto y se elige a un gobernante, que debe ser pequeño, ya que de lo contrario podría pasar a llevar los derechos de los individuos. Los individuos son los sujetos de derechos y el Estado solo debe estar cuando el individuo no puede hacerlo, debe ser subsidiario. Para Locke, el individuo es más importante que el Estado y la libertad es más importante que la igualdad. En contraposición está Jean Jacques Rousseau, suizo, parte del movimiento ilustrado francés. Aunque comienzan igual, no son lo mismo; más bien son “agua y aceite”. Él cree que en el estado de naturaleza el hombre es bueno, un bon sauvage. El hombre nace libre y bueno, dice Rousseau en su Contrato Social… Pero se lo ve por todas partes encadenado y corrupto. El hombre es bueno, pero la sociedad lo corrompe. El hombre era nómade, un buen salvaje que corría libre por las praderas… pero se sedentarizó y comenzó a acumular. Rousseau cree que la propiedad es el origen del mal, porque genera la desigualdad. La bondad tenía que ver con la igualdad y la corrupción con la desigualdad. Él cree que para recuperar la bondad perdida el “buen salvaje” debe entregar su voluntad a la voluntad general y constituir un gobierno que debe devolver la bondad perdida. El Estado es el único capaz de hacer eso. El Estado debe redistribuir devolviendo la igualdad y con ella, la bondad. Para Rousseau, el Estado es más importante que el individuo y la igualdad más importante que la libertad. Estas dos posturas explican toda la política hasta hoy. Locke es padre del llamado liberalismo que inspirará la Revolución de la Independencia americana y Rousseau es el padre del socialismo que llevará a la Revolución Francesa.

    Ambas visiones son la base de la democracia actual en sus dos versiones, libertaria y socialista. La idea roussoniana aplicada en la Revolución Francesa por los jacobinos llevará a instaurar la idea de que la causa permite y justifica cometer atrocidades. Saint-Just quería renovar la “raza humana desde la sangre” y afirmaba que el fracaso de la convención se debía a no haber muerto a suficiente cantidad de personas. Los jacobinos dividieron el mundo en pueblo y no pueblo; en “amigos” y en “enemigos” de la Revolución. A unos de se los gobierna con la razón y a los otros, con el terror. Está justificado y es deseable eliminarlos. La Revolución Francesa será una masacre en la que los realistas y católicos serán perseguidos y eliminados sistemáticamente. Estas ideas de socialismo, laicismo y fanatismo entrarán en Europa con las invasiones napoleónicas, que son hijas de la Revolución y exportarán sus ideas. La invasión francesa sobre Europa levantará el movimiento nacionalista en Alemania e Italia, países aún no constituidos, que comenzarán a tratar de definir qué es lo que son. Muchas veces, para saber qué se es, es más fácil definirse desde lo que no se es y lo que estaba claro es que franceses no eran. Tanto las revoluciones de 1830, como las de 1848 combinan ideas de nacionalismo, socialismo y romanticismo. Es la idea de la democratización que queda en el ambiente en sus diversas expresiones desde la Revolución Francesa. El establishment europeo temía a la expansión de las ideas socialistas jacobinas y tras la derrota de Napoleón hizo todo lo posible por controlar esta “infección”. Pero el socialismo creció y para la segunda mitad del siglo XIX era la tónica del mundo.

    Tras su larga búsqueda de su ser, Alemania logró el sueño de la unificación. Fue el reino de Prusia y no Austria el que logró unir los diversos principados con “Sangre y Hierro”. Otto von Bismark, tras enfrentarse a Dinamarca en 1864 y a Austria en 1866, que lograron poner a Prusia en las ligas mayores, buscó una guerra externa para sumar al sur de Alemania a la Unión. Francia, con Napoleón III, le da lo necesario. Tras derrotar a los franceses en la batalla de Sedán, se declarará el Segundo Reich Alemán en el salón de los espejos del palacio de Versalles. Unificada, Alemania entrará fuertemente en la segunda fase de la revolución industrial con el gran problema que aunque produce más y mejor, no puede competir con Inglaterra, que tiene colonias que le aseguran materias primas baratas y mercados para sus productos. Será esta competencia industrial la  que en combinación con el ascenso del nuevo kaiser Guillermo II llevarán al mundo a la Primera Guerra Mundial.

    El socialismo había crecido durante la segunda mitad del siglo XIX y había pasado de una visión utópica a una científica, que aseguraba resultados inexorables. Desde la publicación del Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, la visión materialista determinista, como la historia de la lucha de clases, se impuso. Marx publica el Capital en 1867, su gran compendio económico. Su obra magna la completa Engels, ya que la muerte encuentra a Marx antes de terminarla. Para fines del siglo XIX los socialismos crecieron en todas partes y la visión de Marx se convirtió en una nueva religión laica en la que la Internacional Socialista ejecutaba rituales del tipo religioso. La idea de la unión de los obreros del mundo tomando conciencia social y apoderándose de los medios de producción para cambiar la infraestructura de la sociedad y la economía, se impuso y se generalizó. La economía era la base de todo. Si se cambiaba la economía, se cambiaba la sociedad. Esto era científico, por lo que sí algo fallaba, era boicot.

    Durante la Primera Guerra Mundial, Lenin se hizo del poder en Rusia. Tras una revolución en febrero que derrocó al zar, Lenin radicalizó el movimiento en el mes de octubre de 1917. Tras un plebiscito que demostró que su postura no era la mayoritaria, Lenin buscó la guerra civil para imponer sus ideas. Aplicando la lección jacobina, pudo eliminar a todos los “No pueblo”, justificando lo injustificable. Una vez afirmada la Revolución tras el triunfo en la guerra civil, Lenin decidió aplicar las ideas internacionales de Marx. Se estableció en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas la llamada Internacional Comunista, el Kommintern, que debía definir los dictámenes para todos los partidos comunistas del mundo. Los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial eran el caldo perfecto para expandir la revolución. 1919 será el año Rojo en que intentonas comunistas tratarán de hacerse del poder en Italia, Alemania, Hungría y hasta Inglaterra. Frente a esto, surgirán los llamados socialismos nacionalistas, como el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán. Todos creen en el Estado por sobre el individuo, son socialistas, son de izquierdas, pero son nacionalistas y no internacionalistas, como el comunismo. Por eso son anticomunistas.

    Había un consenso mundial en el socialismo y la necesidad de los Estados de controlar las áreas estratégicas de la economía, y es más, parecía ser que los resultados de las economías planificadas eran admirables. Stalin había logrado industrializar a la URSS en pocas décadas; el punto era a qué costo. Incluso aquellos que creían en la libertad aceptaban la idea de Keynes de que el Estado debía intervenir en la economía y controlar la producción y los precios. Su visión parecía ser sensata tras la crisis de 1929, que dejó en evidencia lo inescrupuloso del libre mercado.

    En 1933, Adolf Hitler asume como canciller de Alemania y al año siguiente muere el general von Hindemburg, por lo que Hitler declara el fin de la República de Weimar y establece el Tercer Reich que estaba destinado a durar mil años. Hitler, en su visión de crear el espacio vital para la raza aria, lleva al mundo a la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939. Con una “guerra relámpago” ocupa gran parte de Europa para abril de 1940. La guerra se extenderá hasta 1945 y pondrá al mundo en jaque. El gran error de Hitler fue la invasión a la Unión Soviética, lo que terminó con su alianza con Stalin y le generó un desgaste que luego le haría perder la guerra.

    Los aliados reorganizaban el mundo y habían acordado la liberación de Europa para luego liberar el Pacífico. Las fuerzas del eje son atacadas desde el sur por Sicilia y desde el norte por Normandía. Una vez liberado París, avanzan hacia Berlín. Hitler se suicida en un bunker junto a su mujer, Eva Braun. El general Jodl firmará la rendición final. Alemania quedaba dividida en cuatro zonas de ocupación: una inglesa, una francesa, una americana y una soviética. En la zona soviética quedaba la ciudad de Berlín, también dividida en cuatro subzonas con los mismos ocupantes. Ya en la conferencia de Postdam se aprecia que los liberadores de Europa, no eran precisamente amigos. Stalin tenía otras intenciones.

    Tras la Segunda Guerra Mundial, el avance de la izquierda se hizo sentir. Winston Churchill ganó la guerra, pero perdió la paz. En las elecciones de 1945 es electo el candidato laborista Clemens Atlee. Su intención era incrementar el rol del Estado en la economía británica y lograr el control total de todas las áreas estratégicas de producción. Se produce la nacionalización del carbón, el gas, los trasportes, el petróleo e incluso la banca. Atlee quería terminar con las empresas privadas y esperaba construir un Estado de Bienestar que protegiera a los ciudadanos británicos desde la cuna a la tumba. Le encarga a lord Breveridge el informe para la construcción de la nueva Jerusalén.

    Mientras tanto, Stalin había ocupado la mitad de Europa y, como dijo Churchill en su discurso en Fulham, se había establecido en Europa una “Cortina de Hierro”. La idea era aumentar el área de influencia de la Unión Soviética intentando controlar nuevos territorios. Se hacía sentir la Guerra Fría, los bloques congelados de dos ideologías opuestas competían por lograr más áreas de influencia en una Europa destruida. Alemania era el centro de la polémica. En los últimos días de la guerra había sido dramáticamente bombardeada, lo que dejó a todas las grandes ciudades alemanas reducidas a cenizas. Era la llamada hora cero “stunde null”. Con la moral en el suelo y el país totalmente destruido, los alemanes veían un futuro incierto. La liberación de los soviéticos por el este implicó la violación de casi todas la mujeres alemanas. La amenaza soviética hizo que el secretario de Estado norteamericano, George Marshall, decretara un plan de ayuda económica para levantar a Europa y evitar que cayera en manos comunistas. Grandes sumas de dinero fueron entregadas para la reconstrucción de los países y el hielo de la Guerra Fría se hizo sentir cuando Checoslovaquia y Hungría quisieron postular a esta ayuda. La Unión Soviética dijo que no podían aceptar. Eran dos visiones de mundo y dos sistemas económicos diametralmente opuestos.

    Alemania dividida en sus cuatro zonas de ocupación lidiaba con estas dos visiones. Los americanos estaban obsesionados con desinfectar las mentes alemanas e iniciar un proceso de desnazificación. Eliminaron los símbolos nazis de las edificaciones e intentaron limpiar el territorio de la ideología visible. Llevaron a cabo en la ciudad de Nuremberg el juicio a importantes próceres nazis por crímenes de lesa humanidad. Del mismo modo, obligaron a la población local a remover los miles de cuerpos de las fosas comunes y darles digna sepultura.

    El antiguo alcalde de Colonia, Konrad Adenauer, había formado un nuevo partido político, Christian Democratic Union (CDU), que serviría para la restructuración de Alemania. Habiendo participado en el Zentrum y perseguido y encarcelado por los nazis, parecía ser la persona correcta. La Guerra Fría recrudecía y restructurar a Alemania parecía sensato y necesario. La posguerra parecía casi unánimemente abrazar al socialismo. Todos creían en las ideas de Keynes, en la necesidad de la intervención del Estado en la economía. Todos, menos un pequeño grupo de disidentes. Economistas de la llamada escuela austriaca, entre los que se encontraban Ludwig von Misses y Friedrich Hayek. Estos minoritarios se reunirían en un hotel de Suiza, en Mont Pelerin. Estaban preocupados, ya que veían que la libertad estaba en peligro y estaban convencidos que no podía haber libertad política sin libertad económica. Que las dos eran inseparables. A esta reunión llegaron alumnos de la universidad de Chicago, entre ellos, Milton Friedman.

    Fue entonces cuando Stalin decidió apoderarse de Berlín y estableció un bloqueo a la parte occidental de la ciudad, como medida de presión para apoderarse de la capital alemana de modo completo. Los norteamericanos decidieron hacer un plan de salvataje que consistió en establecer un puente aéreo para el abastecimiento de la ciudad. Los aviones salían desde la zona americana hasta Templehof llevando las provisiones necesarias para que la población de la ciudad no cayese en manos enemigas. Esto se mantuvo por casi un año. Era común que antes de aterrizar los pilotos americanos lanzaran chocolates Hershey a los niños que se acumulaban cerca del aeropuerto. El esfuerzo logístico y económico de esta heroica acción fue muy alto. Finalmente, el  29 de julio de 1949, Stalin decidió poner fin al bloqueo, con lo que se solucionaba la crisis inmediata. Las tres zonas occidentales decidieron constituir la que sería la República Federal Alemana RFA y nombrarían a Konrad Adenauer como su primer canciller. Del mismo modo, la zona soviética se constituía como la República Democrática Alemana RDA y nombraban a Walter Ulbricht como su jefe, quien respondía directamente al Kremlin soviético. Alemania quedaba dividida en dos. Alemania se convertía en la encarnación de la división del mundo.

    Adenauer comenzó la reestructuración de Alemania. Se acercó al mundo judío buscando la reconciliación y llegaría a ser muy amigo de Ben Gurion. Tomó una postura radical en contra del comunismo, entendiendo que el futuro de Alemania dependía del combate a esta ideología. Para la lucha contra el comunismo su principal aliado fue Estados Unidos, aunque su relación con Eisenhower no fue siempre fácil. Pero el gran problema de Alemania Federal fue mejorar la economía, controlar el mercado negro y el desabastecimiento. Adenauer nombró como ministro de Economía a Ludwig Edhard, miembro del grupo de Mont Pelerin y creyente en la libertad económica. Es por esto que aunque Alemania Federal seguía bajo la supervisión de los aliados, Edhard decidió liberar los precios, cosa impensada en el ambiente de la  época. Logró estabilizar el marco y con la libertad de precios, la  economía de Alemania comenzó a mejorar a pasos agigantados.

    De hecho, mientras el resto de Europa había optado por el camino del socialismo y el desabastecimiento era la tónica de todos, Alemania tenía los escaparates llenos de productos. Edhard creía en la libertad y en la competencia como el modo más eficiente para crecer y lograr la prosperidad. La libertad económica produjo el llamado “milagro alemán”. El desempleo bajó a tasas mejores que todo el resto de Europa y la bonanza económica hizo a todos mirar con cierta curiosidad. Ningún país de Europa había logrado niveles de recuperación como los de Alemania Federal. Si esto era evidente en relación a todos los países europeos, era aún más explícito con respecto a la otra mitad de Alemania. Esto provocó una fuerte migración, amenazando la sobrevivencia de la Alemania Democrática. Estaba quedando sin personas, por lo que Walter Ulbricht planteó la idea de construir un muro para evitar que la gente emigrara. Así, en 1961, los habitantes de Berlín se sorprendieron cuando un muro de alambres separó a la ciudad en dos. Ese primer muro se fue sofisticando, dividiendo la ciudad en dos por 28 años. El muro sería el símbolo de la Guerra Fría y la frontera de dos mundos irreconciliables

  • Johann Gottlieb Fichte y el Idealismo Alemán

    Johann Gottlieb Fichte y el Idealismo Alemán

    Hace ya dos siglos, el 29 de enero de 1814 muere, a los 52 años de edad, Johann Gottlieb Fichte contagiado de fiebre tifus contraída por su esposa, ya convaleciente. El famoso profesor de la Universidad de Jena, considerado uno de los padres de idealismo alemán, es una pensador, de difícil comprensión, que se encuentra ensombrecido por la figura de Emanuel Kant que le antecede en el tiempo y de Georg Wilhelm Friedrich Hegel que le sigue, si bien marca un paso decisivo de la Filosofía trascendental al idealismo propiamente tal. Podría pensarse que tanto para Fredrich Shelling como para G. W. F. Hegel resulta un punto de partida decisivo en la configuración de sus sistemas. 

    Johann Gottlieb Fichte 1762 -1814

    Nació en Rammenau el 19 de mayo de 1762, en una familia humilde, y su primer oficio fue el de pastor de gansos. Su deseo inicial era ser pastor protestante, acostumbrado a memorizar los sermones del pastor de su pueblo y recitarlos a quienes lo hubiesen perdido. Así, ocurrió una mañana cuando el rico señor Miltitz llegó tarde y los aldeanos le remitieron al pequeño Johann, quien le repitió el sermón. Fue así como sorprendido por la capacidad del muchacho el señor Meltitz solventó sus estudios en la escuela donde se preparaban los jóvenes para este oficio.

    Pasados los años, y junto a la lectura de la ética de Benito Baruch Spinoza, que parece haber sido decisiva para él, se alejó de la predicación de la fe y se empeñó por introducirse cada vez más en el estudio y la enseñanza de la filosofía.

    Baruch Spinoza 1632 – 1677

    Podemos acercarnos al pensamiento de este profesor alemán por medio de tres obras fundamentales que son “La doctrina de la ciencia”, de la cual actualmente se conocen más de veinte redacciones, “Los caracteres de la edad contemporánea” y “Los discursos a la nación alemana”.

    Es un filósofo que conoce muy bien el pensamiento de Emanuel Kant y llega afirmar que éste tiene la verdadera filosofía, pero sólo en sus resultados, no en sus fundamentos. Será la reflexión sobre estos fundamentos explicitados por Fichte los que se encuentran muy presentes en el idealismo alemán.

    Es así como comienza la fundamentación de la crítica, e influenciado, tal parece, por el pensamiento de Salomon Maimon, procede a la eliminación de la famosa “cosa- en –sí” kantiana. Si para Kant resulta ésta inimaginable e incognoscible, Fichte, la declara sencillamente inverosímil. Se trata del resto de dogmatismo que aún pervive en Kant, afirmando que el sujeto es afectado por algo que no es puesto por él. Pero para Gottlieb Fichte la “cosa- en- sí” es puesta también por el sujeto cognoscente.

    Emanuel Kant había afirmado que la forma del conocimiento la da el entendimiento. Así no conocemos de las cosas sino sólo lo que nosotros hemos puesto en ellas, en ese sentido el “yo-pienso” es previo a todo conocimiento. Avanzando sobre esa senda Gottlieb Fichte piensa que la “cosa-en-sí”, o noúmeno, también es puesta por el “yo- pienso”, que es “acción”. De esta manera, cualquier resto de realidad objetiva que quede con los planteamientos de Emanuel Kant, es removido por el idealismo fichtiano, quien diluye toda la realidad objetiva extramental, quedándonos con el yo puro, como la única realidad, que luego Schelling tomará, llamándola “Absoluto”.

    Para Kant la cosa en sí es independiente del sujeto, y Fichte saca las consecuencias que Kant no enunció, pues para él el objeto todo es constituido por el sujeto, pues todo lo que podamos pensar de la realidad es algo puesto por el yo que piensa.

    Ésta primacía del yo, para Gottlieb Fichte encuentra su raíz más profunda en la facultad práctica en la que radica y al que se adhiere todo lo demás. El “yo” no es algo que tiene la facultad, no es una sustancia, no es capacidad alguna, sino que es en cuanto que actúa.

    Queda así enunciado ya filosóficamente lo que el Romanticismo alemán por boca de Goethe dirá en el Fausto: “In principio erat actum”. De tal forma que el “yo- pienso”, que es acción, es el principio absolutamente primero, totalmente incondicionado, de todo saber humano y de toda realidad.

    La formulación que el autor realiza de su principio supremo es yo = yo. Aunque coincide con el principio de identidad A = A, éste último aunque sea universalmente válido, no significa que ponga algo en la realidad, no significa “A es”, es sencillamente una consecuencia lógica. A diferencia del principio de Fichte que es un hecho, es la acción originaria, es la actuación en la que el yo se pone a sí mismo, pone su propio ser, es decir “Yo soy yo”, en definitiva “Yo Soy”. El yo es así lo determinante del ser. Así pues, si a la realidad en sí misma se le podrá llamar “Sustancia” con Spinoza, “Absoluto” con Shelling, “Idea” con Hegel; entre Spinoza y Shelling, Fichte la llama “Yo”.

    G.W.F. Hegel

    El idealismo absoluto que presenta Hegel pretende dejar atrás la dualidad kantiana entre lo fenoménico y lo nouménico, y cancelar así este mundo doble mantenido en Kant, sirviéndose de la negación de la verdad de lo finito y lo múltiple por medio de la dialéctica, que encuentra un precedente en Fichte quien manifiesta la opción de considerar la praxis humana como principio absoluto.

    Es cierto que conocer, en cuanto conocer, universaliza al cognoscente, le infinita, porque en el alma cognoscente existe de alguna manera todo el universo en cuanto conocido. Esto constituye un descubrimiento que como en tantas ocasiones, ha hecho que se finalmente se pierda de vista el hombre cognoscente, que es el hombre quien conoce, como afirmaba Nicolás Bediaev, y así se esfuma toda la singularidad del hombre pensante. Fichte al reflexionar en lo que es conocer fue perdiendo de vista que es el hombre el que conoce, y así se eclipso en sus planteamientos el ser personal, su conocimiento y su libertad, sin llegar a ellos. No es algo del todo infrecuente, puesto que situaciones similares parece que se han producido en otros momentos también, por ejemplo, con Parménides, Averroes y después Hegel.

    Fichte observaba que en la terminología kantiana toda intuición se dirige hacia un ser, que sería un “ser- puesto”, un “estar”, así la intuición intelectual sería la conciencia inmediata del ser no sensible, pero para la teoría de la ciencia de Fichte todo ser es necesariamente sensible, de este modo la intuición intelectual de que trata la obra de Fichte no iría a un ser, sino a una actuar, que podría estar contenida en la apercepción pura de Kant.

    Escribe así: ”Atiende a ti mismo: vuelve tu mirada de todo lo que te rodea a tu interior – esta es la primera exigencia de la filosofía a su aprendiz. No se habla de nada que esté fuera de ti mismo, sino únicamente de ti mismo”. Se trata, según parece, de un inmantismo total, es como un volver sobre sí para quedar capturado en sí mismo.

    Estás ideas ejercen su influencia en el curso que siga el pensamiento filosófico en adelante. El “yo-pienso” de Fichte, se consolida en la idea en “Absoluto” para Shelling, la “Idea” luego, en Hegel, que bajo la crítica de Ludwig Fuerbach a este último, se trasforma en el “Sentimiento”.

    Las consecuencias prácticas de estas ideas del autor se plasman en lo que Johann Gottlieb Fichte piensa sobre la historia y luego en alguno de los mensajes que brinda a la nación alemana en sus famosos discursos.

    Detengámonos a considerar brevemente algunas de las ideas expresadas en las lecciones recogidas en “los Caracteres de la Edad Contemporánea” y posteriormente en los “Discursos a la Nación alemana” para descubrir, tal vez, algunos ecos contemporáneos de las reflexiones de este autor.

    Avancemos un breve tramo del primero de estos textos. En él el autor afirma en principio y con verdad que toda la multiplicidad debe reducirse a la unidad, y precisamente a la unidad de un concepto. Planteamiento muy sugerente, pero fácilmente distorcionable. Apreciemos la interpretación de Fichte. Dirá que toda experiencia se deriva de una idea previa, que le permite describir a priori la totalidad del tiempo y todas posibles épocas de él. Plantea entonces un concepto unitario de la totalidad de la vida a partir del cual se pueden hacer surgir como consecuencias todas las épocas de la historia, en orden al desarrollo en el tiempo que da el cumplimiento al propósito expresado en esa primera idea sintética. Ésta primera idea fundamento es meramente señalada por Fichte como un supuesto y dice: El fin de la vida de la Humanidad sobre la tierra es el de organizar en esta vida todas las relaciones humanas con libertad según la razón.

    Es sumamente interesante cómo de este principio hace derivar todo el curso de la historia, pues para lograr este cometido es que la humanidad atraviesa cinco momentos distintos pero internamente relacionados. Con este principio como eje se divide la vida de la especie sobre la tierra en dos edades capitales, una primera, en la que la especie vive y es sin haber organizado todavía con libertad y según la razón sus relaciones, una segunda, en la que se lleva a cabo esta organización de la libertad conforme a la razón.

    En esta primera época no es que la vida del hombre no se rija según la razón, sino que la razón rige sin libertad, y actúa como fuerza y ley natural, moviendo al hombre sin la intelección de los fundamentos, o bien sólo en la obscuridad de los sentimientos, es decir, como un obscuro instinto. Aquí el instinto es ciego, en contraposición con la libertad que es vidente, porque la libertades consciente de los fundamentos, es decir, es un impulso vivido conscientemente. Por ello, entre el dominio de la razón sin libertad y de la razón libre, debe necesariamente insertarse otra época: la época de la conciencia o la ciencia de la razón.

    No obstante, el instinto, como mero impulso, repele la ciencia. En consecuencia para el surgimiento de la ciencia se supone la liberación del impulso ciego, y por ende, surge en consecuencia un nuevo período entre el domino del instinto racional, y la ciencia racional: la época de la liberación frente al instinto racional. Pero, ¿cómo podría la vida humana quedar libre de aquello que le mueve inconscientemente? Por eso, dirá, es menester que una época posibilite este crecimiento y que debe insertarse a continuación de la segunda.

    Esta época nace como el resultado provocado por el instinto de la especie que se erige como una autoridad exteriormente imperativa y mantenida en vigor con medios coactivos, por obra de los sujetos más fuertes, en quienes se expresa este instinto del modo más puro y amplio, que hacen despertar en los demás la razón, que se expresa en un impulso por la libertad personal, que se rebela ante la imposición externa que le usurpa sus derechos a ser libres, a hacer y decir lo que quieran. Esta autoridad exteriormente constituida despierta en los demás individuos la razón, sobre todo como impulso a la liberación, que no se rebela nunca contra sí misma, pero sí contra la intromisión de un instinto extraño que le usurpa sus derechos. Es decir, en el fondo, no es que la razón se libera contra su propio instinto sino frente al instinto de otro. Y así en esta época la especie quisiera liberarse de la autoridad para vivir según su libertad, satisfacer por sí mismo con consciencia los impulsos que le mueven.

    De este modo tenemos que entre el dominio del instinto racional y la liberación de este dominio, se encuentra un miembro intermedio expresado en una época en que existe una autoridad extrínseca al sujeto. Es la época de la liberación directa frente a la autoridad exteriormente imperativa. Finalmente ésta época final de pura libertad organizada según la razón, no es sino la organización de las libertades según el estado. Para Fichte la perfección de la vida humana en la tierra es el surgimiento de un estado perfecto, que hace posible la organización de la libertad de los ciudadanos.

    Existen por lo tanto como consecuencia cinco épocas fundamentales de la vida de los hombres en la tierra. Cada una parte de algunos pocos, pero finalmente les penetra a todos, y lo llena todo, durando un espacio, entrecruzándose con otras y en parte corriendo de forma paralela, hasta la consumación del tiempo en la quinta edad. Estas son así enunciadas por él mismo:

    1. La época del dominio incondicional de la razón por medio del instinto. 2. La época en que el instinto racional se ha convertido en una autoridad exteriormente coactiva, que apetece imponerse por la fuerza y exigen fe ciega y obediencia incondicional: estado de pecado incipiente. 3. La época de la liberación, directamente del imperios de la autoridad, indirectamente de la servidumbre del instinto racional y de la razón en todas sus formas: la edad de la absoluta indiferencia hacia toda verdad y del completo desenfreno sin guía ni dirección alguna: el estado de la acabada pecaminosidad. 4. La época de la ciencia racional, la edad en que la verdad es reconocida como lo más alto que existe y es amada del modo también más alto: el estado de justificación incipiente. 5. La época del arte racional: la edad en que la humanidad, con mano segura e infalible, se edifica a sí misma, hasta ser la imagen exacta de la razón: el estado de acabada justificación y salvación.

    Por medio de este camino, dirá el autor, la humanidad no hace sino volver a su origen. Es un camino que la humanidad debe recorrer por sí misma; por sus propias fuerzas debe hacerse nuevamente a sí misma, aquello más alto a lo que puede aspirar. Para ilustra su pensamiento toma como imagen el Paraíso y dice así: “Del Paraíso despierta la humanidad a la vida. Apenas ha cobrado valor para arriesgarse a vivir una vida propia, viene el ángel con la espada de fuego de la coacción que hace ser recto, y expulsada de la sede de su inocencia y de su paz. Vagabunda, fugitiva, yerra entonces por los desiertos vacíos, no atreviéndose apenas a fijar el pie en ninguna parte, de temor que el suelo se hunda bajo sus pasos. Prudente por magisterio de la necesidad, va reconstruyéndose penosamente, y arrancada del suelo, con el sudor de su rostro, las espinas y los abrojos del yermo para cultivar el fruto amado del conocimiento. El goce de este fruto le abre los ojos y le robustece las manos, y entonces se edifica su propio Paraíso según el modelo del perdido; brota para ella el árbol de la vida, extiende su mano hacia el fruto y come y vive en la eternidad”.

    Para Fichte al momento de dar esta segunda lección, la humanidad, cual más, cual menos, atraviesa la época de la rebelión contra toda autoridad. Años más tarde, cuando da sus discursos a la nación alemana, le parece encontrarse ya, más bien, en la cuarta edad.

    Ahondemos, un poco más en estas ideas expuestas, sobre todo respecto a la tercera edad. Liberación, es para Fichte, el estado en que la especie humana se hace poco a poco más libre, ya en este individuo, ya en este otro, ya de éste, ya de aquello a lo que la autoridad le mantenía atado con cadenas. El instrumento de esta liberación es el concepto, traducido en no admitir como existente y obligatorio absolutamente nada más que aquello que se comprender y concibe claramente.

    Dirá también que resulta un error grave y fundamento de todo los restantes el que el individuo se figure a sí mismo como existente y viviente y penante, capaz de obrar por sí mismo, y que uno mismo crea que es él mismo el que piensa y obra, cuando en realidad él solamente es un pensamiento aislado del pensar uno, universal y necesario. Idea que adelanta los sonidos de Hegel. Pero así también, afirmará, como consecuencia de que aquello que yo no comprendo no existe, es que no puedo concebir nada absolutamente nada más que aquello que se refiere a mi personal existir y bienestar; Luego tampoco existe nada más; y el mundo entero sólo existe realmente a fin de que yo pueda existir y encontrarme bien en él. Aquello que no concibo cómo se refiera a este fin de mi bienestar, no existe, ni me afecta en nada.

    En esta tercera edad, según Fichte “sólo mirara en todas partes a lo inmediato y materialmente útil, a la habitación, el vestido y lo que le sirva de alimento, a la baratura, la comodidad y, donde pique más alto, a la moda;…Con respecto a la constitución legal de los estados y del gobierno de los pueblos, una edad semejante, impulsada por su odio contra lo antiguo, edificará constituciones políticas sobre abstracciones llenas de aire y vacías de mayor contenido, y emprenderá el gobernar con frases retumbantes, sin un poder externo firme e inexorable, a unas generaciones degeneradas, o bien, sostenida por su ídolo, la experiencia, en todo acontecimiento, grande o pequeño,…Con respecto a la moralidad, reconocerá por única virtud el fomentar el propio provecho, añadiendo, a lo sumo, ya para salvar el honor, ya por una inconsecuencia, que también el del prójimo – bien entendido, si no es contrario al nuestro- y por único vicio, errar contra el propio interés…En suma, y para decirlo con una sola palabra, una edad semejante se halla a su altura cuando ha visto claro que la razón, y con ella todo lo superior a la mera existencia sensible de la persona, es simplemente una invención de ciertos hombres ociosos que se llaman filósofos”.

    Y continua su descripción: ”Con indecible compasión y lástima se echa la vista a las edades anteriores, en las cuales los hombres eran aún tan estúpidos que se dejaban arrebatar por un fantasma de virtud y por el sueño de un mundo suprasensible el goce que se encontraba ya al alcance de sus labios; a esas edades de la oscuridad y de la superstición, cuando no habían llegado todavía ellos, estos representantes de los nuevos tiempos, y no habían escrutado e investigado aún por todos lados las profundidades del corazón humano, ni habían hecho aún el grande y sorprendente descubrimiento, ni lo habían proclamado en alta voz, ni lo habían difundido por todas partes, de que este corazón (el del hombre) en el fondo y en su raíz sólo es inmundicia”.

    Parece algo artificioso y nada real desde el punto de vista natural, que en el curso de la historia planteado por Fichte a esta edad tercera, así descrita por él, sigua una cuarta en la cual la verdad sea reconocida, como antesala de la quinta, que es la de la organización de todas las libertades según la verdad. Esto es según su lenguaje, que el género humano pase del estado del “acabada pecaminosidad”, al de una “justificación incipiente”, para luego instalarse definitivamente en una “acabada justificación y salvación”, en la que se consolida la quinta edad, que es la consumación de la vida humana sobre la tierra, en la que así misma se justifica y auto-redime por medio de la organización de la libertad según la razón.

    Desde la consideración de la descripción de esta tercera edad, parece que lo que podría ocurrir, más bien, es que producto una total anomia, que se traduce en un caos de libertades, para lograr un mínimo de organización deba reconocerse “la verdad” de que hay que someterse al “algo que organice”, en las determinaciones prácticas, para luego prácticamente someterse. Lo cual significa que la anomia en el corazón de los hombres sigue presente, pero externamente, hasta cierto margen, se respeta el mandato por la presión de quien organiza regulando, que posibilita sin auténtica unidad, la tolerancia en la pluralidad. Este “algo que organiza” la vida colectiva afirma que es el Estado.

    Tal parece que esta cuarta edad no llega tras la tercera sin una manipulación, más bien se pasaría de la tercera a la quinta, por un estado intermedio artificial, que en definitiva hace en el fondo que la quinta época coincida en la práctica con lo que él describe como la segunda.

    Esta total libertad del hombre fuera de toda autoridad es lo que mejor garantiza el surgimiento de una fuerza coactiva a quien nadie pueda resistir, en la medida que colectivamente se experimenta que se es libre ante su presencia. Podemos relacionar esto con lo expresado por Spinoza en el “Tratado teológico – político” cuando afirma que lo que mejor asegura el poder inconmovible del estado es dejar que todos digan y hagan lo que quieran.

    Una vez deshecho el principio de autoridad, que da paso a una anomia colectiva, el orden finalmente se produce por un sometimiento total del ciudadano en lo práctico, sin coacciones propiamente morales en el plano de su vida interior, donde puede hacer y decir lo que quiera, pero si quiere progresar en la vida social, debe querer y decir lo que el estado.

    Desde esta tercera edad descrita por Fichte se va avanzando consecuentemente a la conducción del ciudadano respecto de los deberes y derechos sociales, en orden al definitivo establecimiento perfecto del hombre en sociedad, como intento de alcanzar por sí mismo la paz social.

    Esta autoredención del género humano, según la llama Gottlieb Fichte, necesita de un instrumento que la haga posible, que es descrito en sus discursos a la nación Alemana y conduce el paso de la tercera a la cuarta época y garantiza el advenimiento de la quinta. Tomaremos ideas del undécimo discurso a la nación alemana para concluir.

    El autor considera que la época tercera va quedando atrás, y orienta sus especulaciones a lo que será finalmente la configuración pacífica del género humano sobre el orbe. Para ello es necesario iniciar la formación de los hombres que liderarán este proceso de trasformación de la humanidad. Ello se lleva a cabo por medio de la educación, que es para él ahora “la cuestión más importante y la única urgente, por medio de la cual introducir la reforma y la trasformación del género humano”.

    Pregunta ahí: ¿Quién debe educar? Y responde: “El estado sería entonces hacia el que en primer lugar tendríamos que dirigir nuestras miradas expectantes. Para ello debe arrebatar a todo otro la primacía en la educación. La educación debe ser toda del estado. La educación para la vida en la tierra es imprescindible, primera”. Esta vida en la tierra es la vida ciudadana, esa es la primera vida, la que debe ser garantizada, a esta vida social es lo supremo.

    Esta educación impactará primeramente y positivamente la economía, dice:”Todos los sectores de la economía alcanzarán en corto espacio de tiempo y sin gran esfuerzo una prosperidad como jamás se ha visto antes. Por ello todo el desembolso inicial que el estado realice en esta materia se compensará con crecidos intereses. Así, el bienestar económico del pueblo aumentaría y junto con la riqueza de la nación, de tal manera que en un estado que se implantase tal educación, las penitenciarías y reformatorios se verían notablemente reducidos, y las entidades benefactoras desaparecerían por completo, pues ya no habría pobres”. Pues, para Fichte, sólo la educación puede salvarnos de los males que nos oprimen.

    Así el estado debe propagar esta educación por todo el territorio para todos sus ciudadanos futuros sin excepción, alzando al estado como “regente supremo de los asuntos humanos y como tutor de los menores”. Así ostenta naturalmente el derecho a obligarles a todos los ciudadanos una educación tal.

    Para el profesor de Jena, “el primer estado en llevar a cabo este proyecto tendrá por esto la mayor gloria”. Y no se encontrará sólo, sino que pronto tendrá seguidores e imitadores, lo importante es empezar, afirma. Después de veinticinco años los alemanes podrían ver a esta nueva especie brotar en sus suelos y verlos con sus propios ojos. Es una educación que les inicia en el gran arte de la vida que es la actividad, para suprimir la caridad.

    Empeñado en este propósito comenzará el estado viéndose a sí mismo como quien contribuye con su parte en este cometido, pero pronto se dará cuenta que no es parte sin que es el todo, “y que el cuidar del todo no es para él un deber sino un derecho. A partir de este momento desaparecerán todos los esfuerzos individuales de las personas particulares y se subordinarán al plan general del estado”.

    En este discurso advierte del lento y difícil comienzo pero que “¡Que nadie desista por ello de empezar!” Comience por los pobres, por los que no pueden pagar, así los regenerará. “¡No temamos que la pobreza y el embrutecimiento de su estado interior pueda ser perjudicial para nuestro objetivo! ¡Arranquémosles por completo y de repente de su estado y llevémosles a un mundo totalmente nuevo!; no dejemos en ellos nada que pueda recordarles lo antiguo; se olvidarán hasta de sí mismos y existirán como seres recién creados”. En los alumnos se grabará sólo lo bueno. Siendo el estado como “Regente supremos de los asuntos humanos” quien dice que es lo bueno.

    Y finaliza el discurso “Y por eso pienso que, con un poco de buena voluntad, no hay en la realización de este plan ningún obstáculo que no pueda fácilmente ser superado con la unión de unos cuantos que encaminen todas sus fuerzas hacia esté único objetivo”.

  • Richard Wagner

    Richard Wagner

    Richard Wagner es una de las figuras claves de la música occidental. Su aspiración de crear el arte total lo llevó a componer un tipo de música monumental que llena todo espacio y que autores como Michael Burleigh define como arte que pretende levantarse como religión. Su tetralogía del anillo es, tal vez, una de las obras más ambiciosas y complejas jamás creada. Hoy a 200 años de su natalicio parece una buena ocación para revisar el gran aporte del autor a la cultura occidental.

    Wagner nació el 22 de mayo de 1813 en Sajonia. Hijo de Karl Friedrich Wagner, funcionario de  policía y de  Johana Rosine Wagner, hija de un panadero. Su padre murió  cuando Richard tenía sólo seis meses. Tras esto su madre se volvió a casar con un amigo de la familia, Ludwig Geyer. Tras esto la familia se trasladó a  Dresden, lugar donde Geyer trabajaría en su pasión, el teatro. Geyer será como un verdadero  padre para Wagner, de hecho el compositor tendrá sendas dudas si fue este su verdadero padre biológico, lo que ha llevado a especular posible sangre judía en él. Geyer  era un actor y escritor de obras de teatro, por lo que los hijos de Johana tuvieron un temprano acercamiento a este arte.  Wagner desde  muy niño estará muy vinculado a las tablas. Los niños Wagner se convirtieron en parte activa del mundo teatral, incluso representando personajes en diversas obras. Asimismo, fue Geyer quien despertó el interés musical de Richard, quien intentó tomar clases de piano sin gran éxito, ya que su profesor consideró que no tenía dotes musicales.  En 1821, cuando Richard sólo tenía 9 años, su padrastro murió y fue el hermano de éste quien se hizo cargo de la familia y envió al joven Wagner al Kreuzschule cerca de Dresden. Fue aquí donde conoció los acordes góticos de  la música de Carl Maria von Weber, especialmente de su opera Der Freischütz, la que capturó la sensibilidad músical del joven.  Intentó incursionar en la escritura de obras teatrales inspitadas en Shakespeare y Goethe. Su intención era musicalizarlas y convenció  a la familia de tomarle clases de música. De 1828 a 1831 tuvo clases de harmonía con Christian Gottlieb Müller. Pero fue la influencia de Beethoven la que marcó su rumbo, el cual se convirtió en su inspiración fundamental. La Séptima Sinfonía y en especial la Novena Sinfonía de Beethoven lo llevaron hacia un camino de cambio interior esencial.  Del mismo modo, el Requiem de Mozart causó en él una gran impresión. El dramatismo musical combinado con el canto dramático será para él  una línea a seguir. De este periodo inicial datan las primeras sonatas y oberturas de Richard Wagner como autor.  Fue tal vez  la experiencia de escuchar a la soprano Wilhelmine Schröder- Devrient, lo que despertó en el joven Wagner la idea del arte total , un arte que combinase la música con lo teatral, elemento que para él era tan cercano.  

    Para 1831 Wagner entra a la Universidad de Leipzig y se convierte en parte de la Fraternidad de Estudiantes Sajones. Es en esta época cuando toma clases de composición con Thomaskantor Theodor Weinlig, quien queda tan impresionado con las dotes musicales del joven que se niega a recibir paga alguna. Wagner escribe sonatas muy inspiradas en Beethoven y comienza a trabajar en su primera Opera – Die Hochzeit (La Boda), la cual nunca completó.  Ese mismo año consigue el puesto de director de coro en  Wurzburgo, junto a su hermano Albert. Es en ese entonces cuando Wagner, de 20 años, compone su opera  Die Feen, Las Hadas, la cual tiene un estilo cercano a Weber y recién será estrenada medio siglo después  en forma póstuma.  

    Para 1834 será brevemente director de la Opera de Magdeburgo. Durante este tiempo compone Das Liebesverbot, basado en Shakespeare, la que se representará en Magdeburgo en 1836 en sólo dos funciones, ya que el teatro entrará en quiebra y cerrará, dejando a Wagner en serios problemas económicos.  Es en esta época cuando conoce a la actriz  Christine Willhelmine Planer, “Minna” de la que se enamoró y con quien se casó el 24 de Noviembre de 1836 en la Iglesia de Tranheim. Pero los problemas económicos rondarán al compositor durante casi toda su vida. Para mayo de 1837 Minna  había abandonado a Wagner por otro hombre. Este será el primer conflicto de la infeliz pareja.  Ese año Wagner se traslada a Riga en el Imperio Ruso, para ser director de la opera local. Para 1838 Wagner y Minna reanudan su relación, pero a causa de los gastos excesivos la pareja adquiere una enorme deuda, por lo que deciden huir de Riga para evitar tener que hacer frente a los acreedores. Toman un barco con destino a París que deberá desviarse hacia Londres, ya que será azotado por las tormentas. Esto inspirará a Wagner para escribir Der Fliegende Holländer (el Holandés Errante), basado en el libro de Heinrich Heine.  Para 1839 la pareja se instala en Paris, donde permanecerán hasta 1842. En este período  estrena su opera Rienzi y El Holandés Errante. Recibirá el apoyo de  Giacomo Mayerbeer quien lo ayudará a lograr que se monten sus operas en el teatro de la Corte de Dresden en el Reino de Sajonia.  Tras esto Wagner y Minna se trasladan a Dresden, donde vivirán por casi  seis años. Wagner se siente sumamente emocionado de regrasar a Alemania y ver el Rin y jura eterna fidelidad a la madrepatria. El nacionalismo alemán es algo que está en el ambiente. Tras la acusación de Voltaire que Alemania no existía, Herder desarrolló el término Volkgeist – el espíritu del pueblo. Inspiró a generaciones en la búsqueda del ethos alemán y convenció a muchos de la idea de la existencia de una nación que debía caminar hacia la unificación. Wagner será parte de este movimiento y sus obras irán derivando hacia este camino nacionalista de definición de lo alemán.  En este período en Dresden se estrena Rienzi, el Holandés Errante y El Tannhäuser, con lo que alcanza el éxito. Es ya un autor conocido y su música muestra cierta particularidad. Junto con esto, comienza a vincularse en actividades políticas de izquierda de gran nacionalismo que pretenden definir a Alemania como nación. Estará en el mismo bando de lucha que importantes radicales como August Röckel y Mikhail Bakunin,  todos influenciados por las ideas de Pierre Joseph Proudhon y de Ludwig Feuerbach. Se dedican a diseminar el descontento en Dresden, ciudad  que se levantará en barricadas en 1849 en los llamados Levantamientos de Mayo. Wagner será parte. De estas acciones en las barricadas de la ciudad. Las presiones nacionalistas buscaban unificar a Alemania. La revolución fracasará y  se levantarán órdenes de arresto contra los dirigentes del movimiento, incluido Wagner.  Es por esto que deberá dejar Dresden y huir del territorio alemán para evitar ser arrestado. Irá primero a Paris y finalmente se instalará  en Zürich. Es aquí donde completará Lohengrin, la historia del Príncipe Cisne, que marcará el fin de su período intermedio. Gracias a la ayuda de Franz Lizst logrará que se estrene en Weimar en agosto de 1850. 

    La situación en Zürich no será fácil. Lo financiero lo complicará en forma permanente. La falta de un sueldo regular, será su peor karma. La señora de su amigo Karl Ritter, Julie, comenzará a pagarle una pensión que lo mantendrá hasta 1859. Wagner nunca tendrá problema de vivir con lo que otros le dan y no será muy asiduo a pagar sus deudas, aunque sí a contraerlas.  Jassie Laussot también lo ayudará hasta descubrir la existencia de una romance entre su mujer y el compositor. A casa de la inestabilidad Minna caerá en una gran depresión y el propio Wagner se verá imposibilitado de componer. 

    Es en este período Wagner escribe una serie de ensayos que muestran su visión de mundo. Escribe El Trabajo Artístico del Futuro, donde definirá la Opera como “el arte total” (Geamtkunstwerk), la compilación de la música, con la danza , la poesía y  el teatro. La puesta en escena como algo magnífico que debe expresar la totalidad de las artes visuales. Del mismo modo, en 1850 publicará su ensayo El Judaismo en la Música, donde expresará una postura antisemita, la que manifestará la idea de la incapacidad de los judíos de conectarse con el espíritu alemán, por lo que sólo componen sombras y música artificial.  Sólo buscan la popularidad y el éxito financiero,  por lo que no crean trabajos genuinos de arte. De hecho Wagner entra en un conflicto especial con Mayerbeer, quien antes lo había ayudado. No se sabe bien cual fue la causa de su animadversión, pero esto realzó su posición antisemita. Por otra parte, en su ensayo La Opera y el Drama de 1851 describe lo estético del drama, lo que lo llevó a componer las operas del anillo. Este fue un tema que estuvo presente desde la juventud temprana del autor y que  le quitó el sueño en forma permanente. Lo alemán encarnado en la leyenda de Siegfried, La Saga de los Volsungos y El  Cantar de los Nibelungos. Ya desde la época de Dresden pensaba hacer una opera con este tema, como algo grandioso en varias partes. Inicialmente escribió el libreto para una opera sola, La Muerte de Siegfrido en 1848. Una vez en Zürich expandió el libreto hacia la historia de El Joven Siegfrido. Completó el texto con La Walkiria y El Oro del Rin. De este modo, revisando los otros libretos replanteó el concepto para 1852 en su ensayo La Opera y el Drama, renuncia a las operas anteriores, mostrando su cambio de visión. En su Comunicación a mi Amigo, ensayo autobiográfico, habla del rol de El Ciclo del Anillo diciendo que será su última opera y gran trabajo.  Lo germano atraía su atención. Dedicó gran parte de su tiempo al estudio de las Sagas Nórdicas – relatos en prosa que cuentan las aventuras de los pueblos germanos del norte, conocidos como los vikingos. Su admiración por esta cultura se basaba en el encuentro del verdadero ethos germano. Su interés por las historias de estos pueblos lo hizo incursionar especialmente la llamada Saga de los Volsungos, donde está la historia de Sigurd, conocido posteriormente como Siegfried. Del mismo modo, en esta época se adentrará en las llamadas Eddas germanas que cuentan las historias relativas a los dioses de estos pueblos. Existen dos Eddas, la Edda Poética, que es anterior y la llamada Edda Prosaica, que se le adjudica a Snorri Sturlson, quien fue un líder vikingo que llegó a gobernar Islandia y Noruega. Es autor de compilaciones fundamentales que nos permiten conocer en detalle estas culturas. El interés por lo germano era algo común al período, especialmente en los reinos germanos como parte del movimiento nacionalista que buscaba lo germano con el fin de usarlo políticamente para lograr la ansiada unificación. Autores como el escandinavo  Viktor Rydberg compilaron el saber conocido de lo germano en la llamada Mitología Teutónica. El inglés William Morris, en su interés por lo medieval traducirá al inglés de la época la Saga de los Volsungos, la cual será inspiración fundamental  para el Cantar de los Niebelungos del siglo XII y para la idea del anillo como ciclo. 

    Para 1857 dejó de lado la idea del Anillo para concentrarse en Tristán e Isolda, una de las historias de amor más sobrecogedoras de todos los tiempos.  Para esta obra será de gran influencia la filosofía de Arthur Schopenhauer expuesta en su libro El mundo como Voluntad e Idea, la cual Wagner conocerá gracias a su amigo poeta Georg Herwegh. La visión pesimista de Schopenhauer hará eco en Wagner quien seguirá al filósofo durante toda su vida, ya que éste consideraba que la música jugaba un rol supremo en las artes y era la expresión  de la esencia del mundo, llamada Voluntad. Esto hará que Wagner se concentre más en la música de sus posteriores óperas.

    En este periodo conoce a Mathilde Wesendonck, mujer del comerciante de sedas Otto Wesendonck. El matrimonio era admirador de la música de Wagner, por lo que comenzaron a apoyarlo financieramente y pusieron su casa de campo a disposición del autor.  En esta casa conocida como “el lugar de descanso” comenzará el romance entre Wagner y Mathilda.  Compone los llamados Wesendonck Lieder, cuatro canciones con voz y piano, inspirados en poemas a Mathilde. Del mismo modo comenzará los estudios de Tristán e Isolda, relacionando la idea del amor prohibido, con su amor por su patrona.  El romance terminó en 1858 cuando Minna interceptó una carta de los amantes. Tras una pelea con Minna, Wagner dejó Zurich solo y se instaló en Venecia, mientras Minna regresaba  a Alemania.  En noviembre de 1859 Wagner se traslada a Paris para revisar el Tannhäuser a petición de la Princesa Pauline von Metternich, mujer del entonces embajador en Paris.  A pesar de los esfuerzos, las representaciones del Tannhäuser fueron un fracaso a causa de la efervescencia política del minuto.

    Para 1862 se le permite a Wagner regresar a  Alemania, con lo que se establecerá en Biebrich, Prusia.  Minna lo visitará, quedará claro que la relación está totalmente cortada. Wagner la mantendrá hasta su muerte en 1866. En esta época Wagner comenzará su obra Los Maestros Cantores de Nurenberg, su única comedia. Intentará representar Tristán e Isolda en Viena, la cual será vista como imposible de cantar.

    Para 1864 la suerte de Wagner cambiará para siempre. Ludwig II asumirá el trono de Baviera a la edad de 18 años. Este joven rey era un gran admirador de Wagner y de sus obras, por lo que lo invita a Munich.  Paga todas las deudas del compositor y le propone montar  todas sus obras y apoyarlo para que pueda desarrollar sus planes futuros. Del mismo modo, lo entusiasma para que escriba sus memorias, por lo que el compositor comienza a escribir lo que será Mein Leben.  Logrará finalmente que su Tristán e Isolda sea representada en el Teatro Nacional de Munich el 10 de junio de 1865, la cual será dirigida por Hans von Bülow. Para ese entonces Wagner ya tenía un romance con la mujer de von Bülow, Cosima, hija de Franz Lizst con la condesa Marie d’Agoult, con quien tuvo una hija, Isolda. Ella era 24 años menor que Wagner. El romance escandalizó a Munich y enemistó a Wagner con muchas personas de la corte, quienes presionaron sobre Ludwig para que le quitara su favor.  Es así como finalmente el rey le pide a Wagner que deje Munich. Wagner se instala en la Villa Tribschen a orillas del Lago Lucerna. Aquí completa los Maestros Cantores de Nurenberg en 1857, la cual es estrenada en 1858. Por insistencia de Ludwig completa dos de las obras del Ciclo del Anillo, El Oro del Rin y la Walkiria las que se estrenan en Munich en 1869 y 1870. Wagner mantiene su sueño de poder estrenar todas las obras juntas en un teatro especialmente hecho para eso. 

    Minna muere de un ataque al corazón en 1866. Wagner no asiste a su funeral. Tras esto, Cosima le escribe a Hans von Bülow pidiéndole el divorcio, el cual se niega a otorgarlo. Finalmente, una vez que Cosima ha tenido dos hijos más con Wagner, Eva y Siegfried se lo da.  Richard y Cosima se casan el 25 de agosto de 1870. Ese año estrena el Idilio de Sigfrido como regalo de cumpleaños a su mujer. Wagner se concentra en terminar el Ciclo del Anillo.

    Durante este periodo son asiduos amigos del filósofo Friedrich Nietzsche, quien estaba platónicamente enamorado de Cosima y profesaba una profunda admiración hacia Wagner, creyendo que éste era la encarnación del superhombre de su filosofía. Se trataba de un autor que ensalzaba lo heroico,  siendo esto el ideal fundamental de su filosofía. Para éste los hombres no eran iguales, y no debían serlo. Había almas heroicas que estaban llamadas a dominar y elevarse, y almas serviles que debían ser dominadas. Wagner parecía elevarse desde lo heroico. Esta fascinación por el compositor terminará abrúptamente cuando el compositor musicalizó el Parsifal, basándose en la obra de Wolfram von Eschembach con la idea de la reliquia cristiana, el Santo Grial y la búsqueda del objeto por Parsifal.  Esto terminará con la admiración y la visión de Wagner como un alma heroica que está más allá del bien y el mal. Wagner no era más que un hombre que ensalzaba ideales serviles, como el cristianismo. 

    En 1871 Wagner se traslada a Bayreuth, lugar elegido para construir su Teatro de Opera. El consejo del pueblo donó la tierra y el dinero. Así ponen la primera piedra del Teatro del Festival anunciando representaciones anuales. En 1873 por primera vez se representa el Ciclo del Anillo completo. Tras el fin de los apoyos del rey Ludwig, los avances de la construcción se retrasaron. Para recaudar fondos se fundaron las Sociedades Wagner en diversas ciudades y  el compositor recorrió Alemania dirigiendo conciertos.  Para 1873 sólo un tercio de los fondos se habían recaudado. Finalmente Ludwig puso lo restante. Los edificios planificados incluían la casa familiar de Wahnfried a la cual la familia se trasladó en 1874. El teatro se completó para 1875 y los programas del festival se establecieron para el año siguiente.  Wagner agregó innovaciones en el teatro. Oscuridad en la sala durante las representaciones y puso la orquesta en un foso frente a la audiencia.  Se preocupó de la acústica y de los efectos tras el escenario para lograr puestas en escena sublimes.

    Por su parte, Ludwig II se dedicará a construir los castillos de sus sueños basados en los temas Wagnerianos. En Neuschwanstein dedicará la decoración de los diversos salones  a las operas de Wagner.  Será el Parsifal, obra en que Wagner trabaja a fines de la década de los ’70 la inspiración del Hall central del magnifico castillo.  Siegfried y el anillo estarán e otros salones y Tristán e Isolda en la habitación. Lohengrin y el Tannhauser estarán ta,bién presentes. Tal vez este  castillo en medio de la Selva Negra, sea la máxima expresión del neomedievalismo romántico que inspiró a muchos durante el siglo XIX.

    En 1883 Wagner viaja a Venecia donde  inalmente muere. Tras esto será Cosima la encargada de mantener viva la obra de su marido. Es sin duda la Tetralogía del Anillo su mayor contribución. Se trata de una obra única, heroica con una música digna del Walhala. Lo épico completa todos los sentidos. Es la culminación de su idea del Arte Total – el teatro, la música, la puesta en escena, la mitología y la leyenda se funden en una todo artístico que apela a los completos sentidos de la audiencia. Es la expresión de la visión wagneriana del arte total.  Hoy en sus 200 años de su natalicio, la visión del autor como un gran compilador de conocimientos  y emociones lo levantan como un gran medievalista y magnífico compositor que fue capaz de elevar el arte de la opera a un nivel superior e inigualado hasta hoy. Las últimas puestas en escena de la tetralogía del MET fueron asombrosas y para este 2013 se espera un gran Parsifal en Nueva York y aquí en Santiago. 

  • El Muro de Berlín 30 años de su caída

    El Muro de Berlín 30 años de su caída

    La idea del Muro, encerrar
    a toda una población

    Los muros parecen estar de moda. Después de la exitosa serie de HBO, Game of Throne todos parecían encontrar lógico ‘The Wall in the North”, que separaba y protegía la civilización de lo no civilizado e incluso de los muertos vivientes. La verdad es que la ficción siempre se basa en la realidad. Muros ha habido muchos en la Historia, la Gran Muralla China, el Muro de Adriano, el llamado Offa’s Dyke entre Mercia y Gales, por nombrar algunos. Todos ellos se construyeron para evitar que las personas entren a un lugar. La Migración es algo muy humano y de hecho hoy muchos hablan de ella como un derecho. Las personas tienen derecho a moverse.  En la historia los movimientos humanos han sido muchos y siempre van de economías deprimidas a economías más pujantes. Las personas se mueven buscando un mejor futuro. Nadie abandona su lugar de origen para buscar estar peor en otro lugar. De hecho las ciudades desde sus orígenes por lo mismo, buscando la defensa y controlar la migración fueron concebidas como un recinto cerrado detrás de una muralla. Las murallas y los puentes podían también controlar el pago respectivo de impuestos. Sin paso libre, las personas deben pagar el importe establecido antes de pasar. El muro de Adriano , el real muro en el norte construido por los romanos para dividir la Britania romanizada de la tierra de los pictos, hoy Escocia, no romanizada. No se trataba de impedir invasiones pectas, sino de controlar el comercio y asegurar los impuestos, algo que  a los romanos les preocupaba en demasía. 

    Pero el muro de Berlín es diferente, es el único muro en la historia para evitar que las personas salgan de un lugar. Para literalmente encerrarlas y coartar su ,libertad de movimiento. Justificarán lo injustificable llamándolo Barrera antifascista, pero la verdad es que se trató de encerrar a las personas impidiéndoles buscar un futuro mejor.  A treinta años de la caída de este brutal experimento vale la pena recordar varios hechos y re presentarlos para las actuales generaciones.  La idea de encerrar a gran parte de la población tiene que ver con un momento de la historia en que la ideología, falsas creencias nubló las mentes de las personas. El siglo XX es un siglo complejo, construido desde la visión filosófica del siglo XIX que abandona a Dios y por lo mismo, se entrega a cualquier cosa. La disolución del concepto de verdad objetivo abre el paso a las verdades múltiples y a las falsas verdades que se manifiestan en las ideologías que pretenden “instaurar el paraíso terrenal sobre la tierra”. 

    El racionalismo establece un nuevo concepto de mundo que empodera al hombre. Es ahora el ser humano con su razón el que crea la realidad, “pienso, luego Existo” y el que está llamado a “Instaurar el Imperio  el Hombre en el mundo”. Las visiones de René Descartes y Francis Bacon abrirían el paso a la revolución Científica y a cambios antes inimaginables.  Todo se redefinirá en términos humanos. El hombre es lo más importante y por tanto el arte se enfocará en éste y su cotidianidad. La Arquitectura buscará elevar a reyes y a personajes poderosos. El poder en esta tierra pasará  a ser lo esencial. Nacerá la política moderna que considera que el soberano es el hombre. El concepto de Soberanía popular y de creación de la sociedad desde el pacto se impondrá. Dos visiones opuestas aparecerán aquí y estarán presentes hasta hoy. Serán la base de dos visiones de mundo que se convertirán en ideologías.  Las ideas de John Locke y de Jean Jacques Rousseau. Locke cree que el hombre en el llamado Estado de naturaleza es bueno y que tiene derechos anteriores al pacto que son sagrados. Hay que protegerlos a toda costa. Estos derechos son el derecho a  la vida, a la libertad y a la propiedad. Para asegurar la protección de esos derechos se hace un pacto y se elige a un gobernante, que debe ser pequeño ya que de lo contrario podría pasar a llevar los derechos e los individuos.  Los individuos son los sujetos de derechos y el Estado solo debe estar cuando el individuo no puede hacerlo, debe ser subsidiario. Para Locke el Individuo es más importante que el Estado y la Libertad es más importante que la Igualdad. En contraposición está Jean Jacques Rousseau, suizo, parte del movimiento ilustrado francés.  Aunque comienzan igual, no son lo mismo; más bien son “agua y aceite”. El cree que en el Estado de Naturaleza el hombre es bueno, un bon savage. El hombre nace libre y bueno, dice Rousseau en su contrato Social… Pero se lo ve por todas partes encadenado y corrupto. La idea que el hombre es Bueno y que es la sociedad la que lo corrompe. El hombre era nómade, un buen salvaje que corría libre por las praderas… pero el hombre se sedentarizó y comenzó a acumular. Rousseau cree que la propiedad es el rigen del mal porque genera la desigualdad. La bondad tenia que ver con la igualdad y la corrupción con la desigualdad. El cree que para recuperar la bondad perdida el Buen Salvaje debe entregar su voluntad ala voluntad general y constituir un gobierno que debe devolver la bondad perdida. El Estado es el único capaz de hacer eso. El Estado debe redistribuir devolviendo la igualdad y con ella, la bondad.  Para Rousseau el Estado es meas importante que el Individuo y la igualdad más importante que la libertad. Estas dos posturas explican toda la política hasta hoy. Locke es padre del llamado liberalismo que inspirará la Revolución de la Independencia americana y Rousseau es el padre del socialismo que llevarán a Francia a la Revolución Francesa. Ambas visiones son la base de la democracia actual en sus dos versiones, libertaria y socialista.  La idea Roussoniana aplicada en la revolución francesa por los jacobinos llevará a instaurar la idea que la causa permite y justifica cometer atrocidades. Saint- Just quería renovar la “raza Humana desde la sangre “y afirmaba que el fracaso de la convención de debía a no haber muerto a suficiente cantidad de personas. Los jacobinos dividieron el mundo en Pueblo y no pueblo; en ”amigos “y en  “enemigos” de la Revolución. A unos de se los gobierna con la razón y a los otros, con el terror. Esta justificado y es deseable eliminarlos.  La revolución Francesa será una masacre en la que los realistas y católicos serán perseguidos y eliminados sistemáticamente.  Estas ideas de socialismo, laicicismo y fanatismo entrarán en Europa con las invasiones napoleónicas, que es un hijo de la revolución misma y exportará sus ideas.  La invasión francesa sobre Europa levantará el movimiento nacionalista en Alemania e Italia, países aún no constituidos, que comenzarán a tratar de definir que es lo que son. Muchas veces para saber que se es, es más fácil definirse desde lo que no se es y lo que estaba claro es que franceses no eran.  Tanto las revoluciones de 1830 , como las de 1848 combinan ideas de nacionalismo, socialismo y romanticismo. Es la idea de la democratización que queda en el ambiente en sus diversas expresiones desde  al Revolución francesa. El establishment europeo temía a la expansión de las ideas socialistas jacobinas y tras la derrota de napoleón hizo todo lo posible por controlar esta “infección”. Pero el socialismo creció y para la segunda mitad del siglo XIX era la tónica del mundo. 

    Tras su larga búsqueda de su ser Alemania logró el sueño de Unificación . Fue el reino de Prusia y no desde Austria el que logró unir los diversos principados con “Sangre y Hierro”. Otto von Bismark tras enfrentarse a una guerra contra Dinamarca en 1864 y a otra contra Austria en 1866, que logró poner a Prusia en las ligas mayores, buscó una guerra externa para lograr sumar al sur de Alemania a la Unión. Francia con Napoleón III  le da lo necesario. La Guerra franco prusiana será un triunfo prusiano y tras derrotar a los franceses en la batalla de Sedán de declarará el Segundo Reich Alemán en el salón de los Espejos del palacio de Versalles.  Tras la Unificación, Alemania entrará fuertemente en la segunda fase de la revolución Industrial con el gran problema que aunque produce más y mejor, no puede competir con Inglaterra que tiene colonias que le aseguran materias primas más baratas y  le aseguran mercados para sus productos.  Será esta competencia industrial la que en combinación con el ascenso del nuevo Kaiser, Guillermo II llevarán al mundo a la Primera Guerra Mundial. 

    El Socialismo que había crecido durante la segunda mitad del siglo XIX y había pasado de una visión utópica a una científica que aseguraba resultados inexorables. Desde la publicación del Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, la visión materialista determinista de la historia como la historia de la lucha de clases, se impuso. Durante la segunda mitad del siglo XIX Marx publica el Capital, su gran compendio económico. Su obra magna la completa Engels, ya que la muerte encuentra a Marx antes de terminar su magna obra. Para fines del siglo XIX los socialismos crecieron en todas partes y la visión de Marx se convirtió en una nueva religión laica en la que la Internacional Socialista ejecutaba rituales del tipo religioso.  La idea internacional de la unión de los obreros del mundo tomando conciencia social y apoderándose de los medios de producción para cambiar la infraestructura de la sociedad, la economía, se impuso y se generalizó. La economía era la base de todo. Si se cambiaba la economía, se cambiaba la sociedad. Esto era científico, por lo que si algo fallaba, era boicot. 

    Durante la Primera Guerra Mundial Lenin logra hacerse del poder en Rusia. Tras una revolución en febrero que logró sacar al Zar, Lenin radicaliza ese movimiento en el mes de octubre de 1917 . Tras hacer un plebiscito que demostró que su postura no era la mayoritaria, Lenin buscó al Guerra Civil para imponer sus ideas. Con esto aplicando la lección jacobina, pudo eliminar a todos los “No pueblo”, justificando los injustificable.  Una vez afirmada la Revolución tras el triunfo en al Guerra Civil, Lenin decide aplicar las ideas internacionales de Marx. Se establece en al Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas  la llamada Internacional Comunista, el Kommintern que debía establecer los dictámenes para todos los partidos comunistas del mundo.  La postguerra de la Primera Guerra Mundial era perfecto caldo para lograr aplicar la revolución en un lugar adecuado. Marx había escrito para una sociedad industrial y Rusia era una sociedad agraria. 1919 será el año Rojo en que intentonas comunistas tratarán de hacerse del poder en Italia, Alemania, Hungría y hasta Inglaterra.  Frente a esto surgirán los llamados Socialismos Nacionalistas, como el fascismo Italiano y el Nacionalsocialismo Alemán. Todos creen en el Estado por sobre el Individuo, son socialistas, son izquierdas, pero son nacionalistas y no internacionales como el comunismo. Por  eso son anticomunistas. 

    Había un consenso mundial en el socialismo y la necesidad de los Estados de controlar las áreas estratégicas de la población y es más, parecía ser que los resultados de las economías planificadas eran admirables. Stalin había logrado industrializar a la URSS en pocas décadas, el punto era a qué costo.  Incluso aquellos que creían en la libertad aceptaban la idea de Keynes que el Estado debía intervenir en la economía y controlar la producción y los precios.  Su visión parecía ser la sensata tras el desastre de la crisis de 1929 que dejaba en evidencia  lo inescrupuloso del libre mercado.

    En 1933 Adolf Hitler asume como canciller de Alemania y el 1934 muere el general von Hindemburg por lo que Hitler declara el fin de la República de Weimar y establece el Tercer Reich que estaba destinado a dudad mil años.  Hitler en su visión de crear el Espacio vital para la raza Aria lleva el mundo a la Segunda Guerra Mundial en  Septiembre de 1939. Con una Guerra Relámpago  ocupa gran parte de Europa para Abril de 1940. La Guerra se extendería hasta 1945 y pondría al mundo en jaque. El gran error de Hitler fue la invasión ala Unión Soviética lo que terminó con su alianza con Stalin y le generó un desgaste que luego le haría perder la Guerra.  Los Aliados reorganizaban el mundo y habían acordado la liberación e Europa para luego liberar el Pacífico. Europa es rescatado desde el sur de Italia por Sicilia y por el norte de Normandía. Una vez Liberado Paris avanzan hacia Berlín que es rescatado por el Oeste por la alianza de Americanos, Ingleses y Franceses y por el Este por las soviéticos.  Hitler se suicida en el Bunker con la que ahora era su mujer, Eva Braun. El General Jodl firmaría la rendición final. Alemania quedaba dividida en 4 zonas de ocupación, una inglesa, una francesa, una americana y una soviética. En la zona soviética quedaba la ciudad de Berlín, también dividida en 4 zonas con los mismos ocupantes. Ya en la conferencia de Postdam se ve que los amigos que liberaron a Europa, no eran necesariamente amigos.  Stalin tenía otras intenciones, no precisamente las de liberar. Tras la segunda Guerra mundial la ola de izquierdización se hizo sentir.  Winston Churchill ganó la Guerra, pero perdió la paz. En las elecciones de 1945 es electo el candidato laborista Clemens Atlee. Su intención era incrementar el rol del Estado en la economía británica y lograr el control total de todas las áreas estratégicas de producción. Se produce la nacionalización del carbón, el gas, los trasportes, el petróleo e incluso la banca. Atlee quería terminar con las empresas privadas y esperaba construir un Estado de Bienestar que protegiera a laos ciudadanos británicos desde la cuna a la tumba. Le encarga a Lord Breveridge el informe para la construcción de la nueva Jerusalén. 

    Mientras tanto, Stalin había ocupado la mitad de Europa y como dijo Churchill en su discurso en Fulham, se había establecido en Europa una cortina de Hierro. La idea era aumentar el área de influencia de la Unión Soviética intentando controlar nuevos territorios. Se hacía sentir la Guerra Fría, los bloques congelados  de dos ideologías opuestas competían por lograr más áreas de influencia en una Europa destruida. Alemania era el centro de la polémica. En los últimos día de la Guerra había sido dramáticamente bombardeada por doble bombas, que abrían techo e incendiarias, lo que dejó a todas las grandes ciudades alemanas reducidas a cenizas. Era la llamada hora cero “stunde null”.Con la moral en el suelo y el país totalmente destruido, los alemanes veían un futuro incierto. La liberación de los soviéticos por el Este implicó la violación de casi todas la mujeres alemanas. La amenaza del avance soviético en influencia hizo que los americanos desde el Secretario de  Estado George Marshall se decretara un plan de ayuda económica para levantar a Europa  y evitar  que el viejo continente cayera en manos comunistas. Grandes sumas de dinero fueron entregadas para la reconstrucción de los países y el hielo de la guerra fría se hizo sentir cuando Checoslovaquia y Hungría quisieron postular a esta ayuda, la Unión Soviética dijo de no podían aceptar. Eran dos mundos irreconciliables. Dos visiones de mundo y dos sistemas económicos diametralmente opuestos. 

    Alemania dividida en sus cuatro zonas de ocupación lidiaba con estas dos visones. Los americanos estaban obsesionados con desinfectar las mentes alemanas e iniciar un proceso de desnazificación. Eliminaron los símbolos nazis de las edificaciones e intentaron limpiar el territorio de la ideología visible.  Llevaron a  acabo en la ciudad de Nuremberg el juicio a importantes próceres nazis por crímenes de lesa humanidad. Del mismo modo obligaron a la población local a remover los miles de cuerpos de las fosas comunes y darles digna sepultura . 

    El que había sido el alcalde de Colonia, Konrad Adenauer había formado un nuevo partido político la CDU Christian Democratic Union que serviría para la restructuración de  Alemania. Habiendo participado en el Zentrum y habiendo sido perseguido y encarcelado por los nazis parecía ser la persona correcta para la restructuración de Alemania.  La guerra fría se recrudecía y el restructurar a  Alemania parecía ser sensato y necesario. 

    La  postguerra parecía casi unánimemente abrazar al socialismo. Todos creían en las ideas de Keynes, en la necesidad de la intervención del Estado en la Economía. Todos menos un pequeño grupo de disidentes. Economistas de la llamada escuela austriaca entre los que se encontraban Ludwig von Misses y Friedrich Hayek. Estos minoritarios se reunirían en una reunión en un hotel en Suiza en Mont Pelerin. Estaban preocupados ya que veían que la libertad estaba en peligro y estaban convencidos que no podía haber libertad política sin libertad económica. Que las dos eran inseparables. A esta reunión llegaron  alumnos de la universidad de Chicago entre los que se encontraba Milton Friedman.

    Fue entonces cuando Stalin decidió que se apoderaría de la ciudad de Berlín y estableció un Bloqueo a la parte occidental de la ciudad.  La capital alemana quedaba dentro de la zona de ocupación soviética y también estaba dividida en cuatro zonas. El Bloqueo era una medida de presión para poder apoderarse de la capital alemana de modo completo. Fue entonces que los americanos en el marco de la guerra fría  y del tire y afloje de fuerzas no podían permitir la caída de Berlín, por lo que decidieron hacer un plan de salvataje  que consistió en establecer un puente aéreo para el abastecimiento de  la ciudad. Los aviones salían desde la zona americana hasta Templehof llevando las provisiones necesarias para que la población de la ciudad no cayese en manos enemigas. Esto se mantuvo por casi un año. Era ya común que antes de  aterrizar los pilotos americanos lanzaban chocolates Hershey a los niños que se acumulaban cerca del aeropuerto.  El esfuerzo logístico y económico de esta heroica acción no es menor. Finalmente el 29 de julio de 1949 Stalin decidió poner fin al bloqueo con lo que se solucionaba  la crisis inmediata. Con esto las tres zonas occidentales decidieron  constituir la que sería la República Federal Alemana RFA y nombrarían a Konrad Adenauer como su primer canciller. Del mismo modo la zona soviética se constituía como la República Democrática Alemana RDA y nombraban a Walter Ulbricht como su jefe, quien respondía directamente con el Kremlin soviético. Alemania quedaba dividida en dos. La Guerra fría se hacia presente en Alemania, quien se convertía en la encarnación de la división del mundo.

    Adenauer comenzaría la reestructuración de Alemania. Se acercaría al mundo judía buscando la reconciliación. Llegaría a ser muy amigo de Ben Gurion. Tomará una postura radical en contra del comunismo, entendiendo que el futuro de Alemania dependería del no crecimiento de esta  ideología. Para la lucha contra el comunismo su principal aliado será Estados Unidos, su relación con Eisenhower no será siempre fácil. Pero el gran problema de Alemania Federal será poder levantar la cabeza de Alemania, mejorar la economía y controlar el mercado negro y el desabastecimiento.  Adenauer nombrará como ministro de Economía  a Ludwig Edhard, miembro del grupo de Mont Pelerin y creyente en la libertad económica. Es por esto que aunque Alemania Federal seguía bajo la supervisión de los aliados Edhard decidió liberar los precios, cosa que era impensada en el ambiente de la época. Logrará estabilizar el marco y con la libertad de precios, la economía de Alemania comenzará a mejorar a pasos agigantados. De hecho mientras el resto de Europa había optado por el camino del socialismo y el desabastecimiento era la tónica de todos, Alemania tenía los escaparates llenos de productos. Edhard creía en la libertad y en la competencia como el modo más eficiente para lograr crecimiento y modo de lograr la prosperidad.  La libertad económica produciría el llamado “milagro Alemán” que haría que en tiempo record permitiría el resurgir de Alemania. El desempleo bajaría a niveles muy superiores al resto de Europa y la bonanza económica hacía a todos mirar con cierta curiosidad. Ningún país de Europa había logrado niveles de recuperación como los de Alemania Federal. Si esto era evidente con todos los países Europeos, era aún más evidente en relación a la otra mitad de Alemania. La bonanza económica comenzó a provocar una fuerte migración desde Alemania Oriental a la Alemania Occidental.  Esto amenazaba a real sobrevivencia de la Alemania Democrática. Estaba quedando sin personas, con lo que Walter Ulbricht comenzó a plantear la idea de construir un muro para evitar que la gente emigre de la Alemania Democrática a la Federal.  Así en 1961 los habitantes de Berlín se sorprendieron cuando un muro de alambres  separó a la ciudad en dos. Ese primer muro se iría sofisticando dividiendo la ciudad en dos por  por 28 años. El muro sería el símbolo de la Guerra fría y la frontera de dos mundos irreconciliables.