Enrique Lihn

A propósito de los noventa años del nacimiento de Enrique Lihn (1929-1988) Una breve bio-bibliografía

Bajo la excusa de los noventa años que Enrique Lihn podría haber cumplido, ofrecemos un breve recorrido sobre parte de su vida y obra.

“¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos, aunque sólo sea por las almas puras, por los príncipes idiotas y por los alegres analfabetos que el país produjo con extraña generosidad y que aún hoy, según cuentan los viajeros, sigue produciendo, aunque en cantidades más limitadas. Bajo cierta luz, Lihn también podría ser un príncipe idiota y un alegre analfabeto”. Esto escribía Roberto Bolaño en 2002, un año antes de su muerte, en una columna publicada el 30 de septiembre en el diario Las Últimas Noticias, donde escribía semanalmente. La relación de Bolaño con Lihn se fraguó a través de un intercambio postal –que el poeta mantenía con varios escritores jóvenes– pero sobre todo a través de la lectura, como sucede con una infinita constelación de lectoras y lectores para quienes Lihn es un referente como escritor, como artista y como sujeto. Leer a Lihn es conocer una manera crítica de percibir el mundo; conocer a Lihn es dialogar con la impertinencia, la incomodidad del “sarcasmo de la inteligencia crítica”, como la llama Adriana Valdés. Aquí, bajo la excusa de los noventa años que el escritor podría haber cumplido, un breve recorrido sobre parte de su vida y obra.

Enrique Lihn nace en Santiago el 03 de septiembre de 1929 y fallece, en la misma ciudad, el 10 de julio de 1988. Hijo de una familia de la pequeña burguesía santiaguina, el escritor tiene sus primeros acercamientos al arte a través de las influencias literarias, pictóricas, musicales y místicas de su abuela materna y las de su tío, Gustavo Carrasco, pintor e ilustrador, quien lo alienta a ingresar a la Escuela de Bellas Artes, cuando el escritor tiene trece años. Un año después dejará el colegio y se dedicará largo tiempo a la creación pictórica, de la que derivará a la escritura. Pero las artes plásticas no desaparecen del trabajo de Lihn, si bien deja por un tiempo esa práctica, el lugar de la pintura en su obra es fundamental. Lo será tempranamente cuando ejerce como crítico de arte en la revista Pro Arte, también en la autorreflexividad de su poesía situada, donde la relación del mundo con el lenguaje, su experiencia del viaje, su calidad de meteco se alimentan de su tránsito por el arte. Si bien el escritor abandona formalmente la Escuela de Bellas Artes, es aquí donde se forja el grupo que luego recibirá la denominación de Generación del ’50, en el que participan otras figuras relevantes de la vida cultural chilena de esa época, como Luis Oyarzún, Roberto Humeres y Nicanor Parra, además de los miembros de dicha generación.

En el año 1952, Lihn –junto a Parra, Jodorowsky y Jorge Berti (mecánico automotriz y mueblista)– publican el periódico mural Quebrantahuesos, que se exhibía en calle Ahumada, principal vía peatonal y comercial del centro de Santiago, en una vitrina del restaurante “El Naturista”. En este se incluían parte de los “trabajos verbales” que realizaba Parra en su casa y que consistían en el montaje de frases, realizadas por los miembros del grupo, las que se intercalaban en un poema, acompañadas por caricaturas, recortes de diarios y revistas. La importancia del Quebrantahuesos en el desarrollo de la literatura y las artes visuales en Chile es incuestionable, entre otras cosas, por el cuestionamiento a los formatos tradicionales y la concepción crítica del arte. Esto y la publicación de Poemas y antipoemas (1954) del mismo Parra son fundamentales en la historia del autor.

Una de las cosas características en la vida de Lihn es su permanente desencuentro con las formas de vida práctica: vive en casa de sus padres pasados los cuarenta años y la subsistencia es una de sus principales angustias; sus trabajos alternaban entre sus colaboraciones a distintas revistas, la dirección de algunos medios académicos, clases y la escritura. Si bien vivirá fuera de Chile en distintos períodos, principalmente como beneficiario de algunas becas como la de la Unesco y una invitación del Gobierno cubano a trabajar en ese país, Lihn es uno de los pocos intelectuales que permanece en Chile después del Golpe Militar de 1973 y lo hará como académico del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile. Sus viajes, que quedan reflejados en parte importante de su producción poética, son producto de invitaciones por parte de distintas universidades tanto americanas como europeas. En 1975 viaja a Nueva York y realiza lecturas en Yale, Rutgers, Maryland y Stony Brook; en 1976 es profesor invitado en la Universidad de California –Irvine– y en 1977 se le concede la beca de la Fundación Guggenheim. En estos años publica París, situación irregular (1977) y A partir de Manhattan (1979), dos libros marcado por la experiencia del viaje, la imposibilidad del lenguaje que se acentúa frente a una lengua extranjera y el recuerdo de los espacios oscuros y represivos de su infancia. Al último libro nombrado pertenece uno de sus poemas más conocidos, “Nunca salí del horroroso Chile”: “Nunca salí del horroroso Chile / mis viajes que no son imaginarios / tardíos sí –momentos de un momento– / no me desarraigaron del eriazo / remoto y presuntuoso / Nunca salí del habla que el Liceo Alemán / me inflingió en sus dos patios como en un regimiento / mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible / Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor: / el miedo de perder con la lengua materna / toda la realidad. Nunca salí de nada”.

La situación personal del autor en esa época es compleja y no siempre bien comprendida; si bien tenía serias disidencias con la militancia dogmática y cerrada que caracterizaba a algunos grupos  de la izquierda de entonces, nunca careció de un profundo sentido de compromiso con la realidad y de profunda –y a ratos dolorosa– disidencia con la situación imperante. La asfixia que le producía permanecer bajo el estado de censura y totalitarismo en el que vivía Chile por esos años son motivo frecuente en su obra, tanto en la búsqueda de nuevas formas de escritura y de reflexión sobre la realidad, así como en su labor como articulista donde desplegará su más acérrima, inteligente y crítica lucha contra la censura. A esta tiempo pertenecen El Paseo Ahumada (1983), Pena de extrañamiento (1986) y La Aparición de la Virgen (1987).

En 1987, el autor enferma de cáncer. Durante el breve período que dura su enfermedad llevará un diario y creará una historieta. Esta se publica de manera póstuma, bajo el título de Roma la loba, una muestra gráfica de la angustia que vivía el escritor en sus últimos días. Sobre este tiempo han circulado una serie de mitos urbanos, pero sin duda, es Adriana Valdés, en su libro Enrique Lihn: vistas parciales, quien aporta el relato más cercano y certero de ese tiempo, de los afectos, obsesiones y la escritura del autor. Además de la historieta mencionada, al año siguiente de su deceso, Valdés, a quien Lihn le encomienda la publicación de esos poemas finales, junto a Pedro Lastra se encargan de la edición de Diario de muerte (1988). Ambos escritores no solo tenían una profunda cercanía con Lihn sino que también son algunos de los lectores más lúcidos de su obra. Lihn publica sus primeros poemas en el volumen titulado Nada se escurre (1949), luego seguiría Poemas de este tiempo y el otro (1954) y La pieza oscura (1957-1963).

Su primer libro de narrativa reúne cuatro cuentos de distintas épocas y recibe el título de uno de ellos –precisamente el texto recogido por Enrique Lafourcade en su Antología del cuento chileno– Agua de Arroz (1964). El relato más conocido de este libro es “Huacho y Pochocha”, publicado por primera vez en El nuevo cuento realista chileno (1962), compilación de Yerko Moretic y Carlos Orellana, a partir del cual el autor construye una línea reflexiva que seguirá en sus posteriores producciones narrativas. En estas, Lihn tomará por primera vez el tema de la articulación de una literatura que se construye desde la realidad y que discute el estatuto de lo literario en contraposición al primer término.

En 1966, aparece Poesía de paso –con el que obtiene el premio Casa de las Américas– producto de su paso por Europa, gracias a una beca de la Unesco para estudiar Museología. En este libro comenzará un registro que luego será una constante en la producción poética del autor: los viajes y la extranjería, el fracaso ante la lengua ajena: “Cirios inmensos para siempre encendidos, / surtidores de piedra, torres de esta ciudad / en la que, para siempre, estoy de paso / como la muerte misma: poeta y extranjero; / maravilloso barco de piedra en que atalayan / los reyes y las gárgolas mi oscura existencia”.

En este libro también reaparece la pintura como parte de esa extranjería, en la medida en que el hablante recorre el museo a través de la palabra y re-conoce aquellas reproducciones que veía en su infancia mientras se enfrenta al original: “Ciudades son imágenes. / Basta con un cuaderno de escolar para hacer la absurda vida de la poesía / en su primera infancia: / extrañeza elevada al cubo de Durero, / y un dolor que no alcanza a ser él mismo, melancólicamente”. Luego de este viaje el poeta parte a Cuba, donde vivirá dos años. De esta experiencia es Escrito en Cuba (1969), texto en el que Lihn articula su concepto de “poesía situada”, precisamente en un momento en el cual a la poesía –latinoamericana– se le exigía un compromiso social y político evidente, lo que radicalizará la veta autorreflexiva. Su siguiente libro de poemas, La musiquilla de las pobres esferas (1969), es un texto fundacional como un todo en torno a esa temática y el desarrollo de esa “poesía situada”, concepto fundamental en su obra y que se refiere a lo que Lihn llama “el enfrentamiento con la situación”, es decir, una escritura consciente de su entorno y de sus condiciones de producción, recepción y circulación.

En 1973 aparece su primera novela, una suerte de folletín paródico, con muchos elementos tanto estructurales como temáticos del cómic, titulado Batman en Chile o El ocaso de un ídolo o Solo contra el desierto rojo. Luego vendrán otras dos novelas: La orquesta de cristal (1976) y El arte de la palabra (1980), las que se caracterizan por el cripticismo de su escritura, cripticismo concentrado en una narración claramente metaliteraria, reconstruyendo mundos que aluden a un pasado asimilado de manera decadente en América Latina (la Belle Èpoque) y cuyo protagonista es Gerardo de Pompier, histrión literario (noción heredada de E.A. Poe) quien también va a protagonizar la performance Lihn & Pompier que da origen al book-action del mismo nombre.

Lihn publicó sus libros en distintas partes, no solo dentro de Chile (Cuba, México, Perú, España, Francia y Estados Unidos). Asimismo, en vida se encargó de dirigir algunas antologías suyas, especialmente en España y EE.UU.: Algunos poemas (1972), Por fuerza mayor (1975), Álbum para toda especie de poemas (1989), Mester de juglaría (1987), The dark room and the other poems (1976) y Al bello aparecer de este lucero (1983). 

“¿Merecíamos los chilenos a Lihn?”, se preguntaba Bolaño, un chileno profundamente chileno y profundamente extranjero. La respuesta del autor es tan lúcida y aguda como la pregunta. Agregó también que lo necesitábamos, por la calidad de su obra, de su pensamiento crítico, de la impronta ética y estética de todo su trabajo. También para abrir los ojos y enfrentarse a lo incómodo. Para aprender a leer de otra manera, o a pensar más allá de los entretelones de la contingencia.

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