Categoría: Arte

  • Juan Francisco González, pintura chilena del siglo XIX

    Juan Francisco González, pintura chilena del siglo XIX

    Con trazos sueltos y colores intensos, que reflejaban su temperamento, González destaca como uno de los artistas más completos de Chile en el siglo XIX. Una  personalidad única lo alejó del academicismo imperante y lo llevó a crear su propio estilo pictórico, para transmitir en sus cuadros su amor por lo chileno: paisajes, flores, frutas y retratos.


    Juan Francisco González nace en Santiago el 25 de septiembre de 1853. Apasionado como pocos, inconformista, inquieto y único, probablemente fue el más original de los pintores de su generación. 
    Desde niño demostró interés y habilidad por la pintura, y estudió con maestros de la talla de Pedro Lira, Alejandro Cicarelli y Juan Mochi. Sin embargo, se alejó tempranamente de los convencionalismos sociales y pictóricos y buscó una manera propia de expresarse; al hacerlo, fue abriendo camino para la renovación del arte chileno hacia un arte más suelto y menos apegado a las normas de la Academia.

    Nogales

    Entre 1879 y 1887 vivió en Perú, La Serena y Valparaíso. En esa época, la escena artística en el puerto principal de Chile era muy estimulante. González entabló una gran amistad con el pintor Alfredo Helsby, así como con el poeta nicaragüense Rubén Darío. En 1887, decide partir a París y cumplir con el sueño de conocer en persona las obras de los artistas más relevantes de la época. En Europa González estudia a los clásicos, copia sus obras para mostrarlas en Chile y masificar la educación artística, y viaja por varios países para aprender de sus pintores.

    Calle de San Bernardo
    Calle de San Bernardo



    Regresa a Chile en 1888. Pronto se instala en Limache, donde reafirma y testimonia en obras su amor por Chile; retratándolo en sus mujeres y niños, flores, frutas y paisajes. Al mismo tiempo fue un viajero incansable. Su particular forma de mirar el mundo quedó plasmada en obras de los lugares que visitó durante sus múltiples viajes: Francia, Holanda, Italia, España, Alemania, Perú y Bolivia entre otros. Dentro de Chile recorrió el campo y la costa pintando al aire libre. Muchos asocian la obra de González con el movimiento impresionista, pero en realidad el amor por la pintura fuera del taller es lo único que tenían en común.
    González tuvo épocas difíciles, pero también conoció en vida el éxito de ser reconocido por el público de la época. Sus obras fueron premiadas varias veces en los Salones Oficiales y las familias acomodadas le encargaban retratos. También fue convocado como profesor titular de la Escuela de Bellas Artes, donde inspiró a generaciones de estudiantes con su pasión por la pintura.
    Después de haber pintado incansablemente paisajes, frutas, flores y retratos Juan Francisco González muere, de una neumonia, el 4 de marzo de 1933, a los 79 años. Murió en el cambio entre las dos estaciones que más le gustaban: terminaba el verano, con las exhuberantes frutas y flores que tanto pintaba, y comenzaba el otoño, que con sus colores y texturas inspiró muchas de las magníficas telas de uno de los más originales, visionarios e influyentes artistas chilenos del siglo XIX.

  • El alma del Arte Victoriano

    El alma del Arte Victoriano

    John Ruskin (1819-1900) fue el mayor crítico de arte en la Inglaterra del siglo XIX. Su influencia estética en el ambiente victoriano favoreció el llamado revival neogótico, que apoyado en la nostalgia romántica por el mundo medieval, encontró especialmente su ámbito de difusión en Inglaterra.

    Boceto de John Ruskin 

    La infancia y juventud de Ruskin fueron muy particulares. Su padre fue un próspero comerciante de vino de Jerez y su madre una severa evangélica. Vivió su infancia en una mansión en las afueras de Londres recibiendo una educación intensa pero excéntrica, sus maestros fueron sus propios padres y algunos tutores privados, nunca acudió a la escuela. La religiosidad de sus padres escoceses se extiende en una estricta moral puritana en su único hijo, quien la cultiva en una constante lectura de los evangelios. Lo anterior, no obstante, favorece una profunda sensibilidad, que el joven John Ruskin desenvuelve a través de numerosos viajes por Gran Bretaña y Europa. Estudió en Oxford, donde con el tiempo será también maestro y hoy una Escuela de Arte lleva su nombre. Salta a la fama como crítico de arte, con sólo diecisiete años, defendiendo la obra nada menos que de Turner, a la postre el genio de la pintura inglesa.

    La mente de Ruskin era aguda y compleja, tres de sus maestros venerados nos ayudan a componer líneas claves de su pensamiento: Del novelista Walter Scott recoge el medievalismo romántico; del poeta William Wordsworth una aguda percepción de la belleza de la naturaleza, y de su amigo y artista Joseph W. Turner, hereda una pasión por el ícono, por la representación, por la capacidad del hombre para reproducir e interpretar el mundo a través del arte.

    Dibujo de Ruskin en íntimo contacto con la Naturaleza

    Los gustos de Ruskin fueron románticos, aunque también científicos, pero anti-clásicos. Ya en sus primeros viajes, y contracorriente a su época, estigmatiza el arte griego como pagano, anhelando descubrir el espíritu de Dios en las montañas al igual que en las ruinas góticas. Las imponentes montañas de los Alpes, tanto como las magníficas catedrales francesas, serán así su reiterada inspiración. Contempló, dibujó y escribió poemas en esos parajes. Su mirada artística, siempre activa y curiosa, estaba acompañada por el interés literario y por el estudio de la geología. Estas aficiones no fueron contradictorias, se reúnen en una etapa predarwiniana, ya que por entonces no conducían a la duda, sino que explicaban todas las bondades y maravillas del mundo creado por Dios.

    Lo destaca Pintores modernos, ensayo estético muy personal, que lanza sus dardos críticos contra la pintura europea post renacentista, sometida a rígidas fórmulas, infieles a la naturaleza y por lo tanto, para él, aborrecible. Los maestros del paisajismo neoclásico, Poussin y Claude Lorraine, son el centro de sus ataques y, en especial, “el patente e insulso veneno del arte de Rafael”. Turner, en cambio, es el modelo de su nueva visión, de inusitada luz, fuerza y color, su pintura es bella, dirá Ruskin, porque es veraz.
    Su precocidad en el manejo de las palabras, corre paralela a su destreza en el manejo del lápiz y es que, además de original e influyente crítico, Ruskin fue también un eximio dibujante. Sus dibujos se separan de los manuales, tienen la particularidad de no llenar el papel, de no ajustarse al rectángulo o al formato escogido, siempre quedan partes en blanco, rara vez enmarcó sus obras, sólo plasmaba lo que veía ante sí, no dibujaba de memoria, siempre lo hacía en contacto con el objeto o la naturaleza.

    Dibujo de Ruskin de la ciudad de Friburgo 

    Mientras el arte a mediados del siglo XIX seguía monopolizado por la Royal Academy, fundada y dirigida por años por Joshua Reynolds, Ruskin rompía los convencionalismos, y con ello, contra el neoclasicismo imperante, alentaba al grupo de jóvenes prerrafaelitas que renovarán la pintura inglesa con una mirada fresca y directa de la naturaleza y un no menor contenido poético y espiritual. Ruskin fue el padre intelectual y gran defensor de los prerrafaelitas, tanto de sus fundadores Rossetti, Hunt y Millais, como de los más tardíos, y no menos influyentes, Morris y Burne-Jones.

    En los escritos de John Ruskin sus opiniones artísticas, literarias y sociales van muy relacionadas. Vincula así el trabajo con el arte y denuncia que la satisfacción que otorga la creatividad manual habría sido aniquilada por la repetitiva manufactura industrial. Ruskin señala su interés en un arte esencialmente moral, causa y reflejo de la sociedad: “Nosotros podemos manufacturar todo excepto los hombres”. El remedio para la alienación del trabajo industrial de su época, lo busca en el trabajo medieval que habría sido colectivo, intelectual y creativo, vinculado el trabajo artesanal, con un sello también indiscutiblemente libre y personal; en cambio, la repetitiva y exacta precisión de los productos de la industria moderna serían, en su opinión, indicaciones visibles de la degradación del obrero industrial. Lo gótico revelaba así una cultura en la que las artes y los oficios, el arte y la obra eran uno sólo. La avaricia, en cambio, fue el enemigo natural de la plenitud, y la cultura medieval muere, precisamente para Ruskin, con el nacimiento del mercantilismo, a finales del siglo XV, cuando el ansia de ganancias materiales habrían superado al amor de Dios y a la belleza de su obra. No extraña, entonces, que pretendiera reanimar los gremios medievales llegando a crear su propia Guilda de San Jorge en pleno siglo XIX.

    Roslin Chapel, dibujo medieval de Ruskin 

    Pero no fue un mero soñador que idealizara el medioevo, fue también hombre de acción, clarividente y vanguardista, que inspira y participa en la “Society for the Protection of Ancient Buildings”, con Carlyle, Holman-Hunt, y William Morris, entre otros. El contacto íntimo con los problemas que generaba el criterio de propiedad exclusivamente mercantil del capitalismo, provoca en este grupo la necesidad de generar conciencia del patrimonio cultural, y de la responsabilidad de las nuevas generaciones para mantenerlo. Las siete lámparas de la arquitectura, escrito por Ruskin, llega a ser un avanzado manifiesto de propaganda de conservación, en una época en la cual estas campañas fueron polémicas y agresivas. Ruskin aparece así como un medievalista de avanzada, un conservador de vanguardia, tal como lo reflejan sus palabras que valoran un sentido orgánico e histórico de la sociedad y sus edificios: “La belleza de las obras maestras del pasado contienen en su labor de ejecución las aspiraciones de otras generaciones, sus esperanzas, las vicisitudes de sus contiendas y la calidad de sus vidas…no son reliquias muertas, son inspiración viva y cálida para el presente, muestran profundas cualidades humanas que no se extinguirán jamás”. 

  • La Iglesia de San Francisco. El gran hito colonial de Santiago

    La Iglesia de San Francisco. El gran hito colonial de Santiago

    La Iglesia de San Francisco de Asís, ubicada pleno centro de Santiago es, en opinión del Padre Gabriel Guarda O.S.B., el monumento nacional histórico más importante de la ciudad, junto a la Catedral y al Palacio de La Moneda. Estos últimos dos edificios son obra del célebre arquitecto italiano Joaquín Toesca Ricci, quien causalmente está enterrado en la Iglesia de San Francisco.

    El pasado 24 de septiembre la Corte Suprema acogió un recurso de protección deducido por un particular, que buscaba proteger este monumento histórico de los constantes ataques y rayados de que es objeto, principal, pero no exclusivamente, cada vez que se autoriza una marcha por la Alameda.

    En el escrito del recurso se señala que la Municipalidad de Santiago ha incumplido sus deberes de velar por la mantención de dicho monumento y el de cooperar con las funciones del Consejo de Monumentos Nacionales, obligaciones que le impone la propia ley de Monumentos Nacionales. Se señala también que el estado en que están los muros de la iglesia atentan contra la dignidad de la ciudad, pues resulta inconcebible que uno de los principales monumentos de Santiago –único que data, en parte al menos, de fines del siglo XVI- se encuentre en el lamentable estado que todos conocemos.

    Se dijo asimismo que se trata de un edificio egregio, merecedor de especial protección atendida su antigüedad e importancia arquitectónica. La parte recurrente acompañó dos informes histórico-arquitectónicos: el primero, emitido por el Padre Gabriel Guarda O.S.B., acaso la voz más autorizada en nuestro país para hablar de arquitectura, además de historiador ilustre, y otro suscrito por varias personas ligadas al mundo de la cultura, entre quienes figuran los profesores de la Universidad Gabriela Mistral, Julio Retamal y José Manuel Cerda.

    Dice el Padre Guarda en su informe, que firma estampando su sello abacial, que los hermanos menores de la Orden de San Francisco edificaron el templo “en cumplimiento de un voto hecho a la Virgen María”, cuyo auxilio reclamaron durante el ataque a la nueva ciudad por el cacique Michimalonco, en 1541.

    Su construcción duró más de 40 años y pudo terminarse gracias a un cuantioso aporte del Rey Felipe II, además del esfuerzo de los habitantes de la ciudad. La iglesia alberga la imagen de Nuestra Señora del Socorro, virgen que llegó a Chile con Pedro de Valdivia y que preside el retablo de la nave central de la iglesia. En el convento se encuentra la muestra de arte colonial más importante del país, con lienzos que contienen una relación completa de la vida de San Francisco de Asís. Además, en su museo tiene los franciscanos la medalla y el diploma del Premio Noble que recibió Gabriela Mistral en 1945.

    Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco de Assis, Santiago de Chile

    El segundo informe, junto con confirmar las palabras del Abad Emérito del Monasterio Benedictino de Las Condes, dice que el templo y convento de San Francisco de la Alameda, constituyen un monumento nacional de la más alta jerarquía, además de subrayar su valor urbanístico y su carácter de edificio más representativo de la ciudad.

    La parte recurrente –el párroco- alegó también que se trata de un monumento que merece especial protección por estar más expuesto que cualquier otro a la acción vandálica de quienes se expresan rayando, pegando carteles, propaganda, haciendo grafitis en las puertas y muros e incluso desprendiendo piedras de sus muros para lanzarlas a carabineros durante las marchas. En suma, la iglesia ha desempeñado durante los últimos 25 años el triste papel de “pizarrón de Santiago”, todo lo cual ha sido considerado por la Corte Suprema para darle una adecuada protección al templo más antiguo de nuestra ciudad.

    Nuestro máximo Tribunal revocó el fallo de la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, que había desechado el recurso, argumentando que La imagen de toda sociedad se refleja en el legado histórico-cultural que da tradición y carácter a la fisonomía de una nación. Este pasado que permite definir la individualidad de cada país y al cual estamos profundamente vinculados, exterioriza su presencia en ruinas y objetos arqueológicos, en manifestaciones arquitectónicas y artísticas, en los lugares donde se han desarrollado acontecimientos notables de la vida nacional y en las piezas que enriquecen los Museos. Este conjunto tangible de bienes que conforman y configuran la trayectoria histórica de una nación, constituye su patrimonio cultural. La debida cautela de este patrimonio o “bienes culturales” es un deber ineludible del Estado. Su defensa representa un compromiso ético que cada Estado debe contraer como una forma de respeto hacia la cultura nacional, la cultura continental, la cultura universal” (tomado del mensaje presidencial con que se dio inicio a la tramitación de la ley de monumentos nacionales).

    La Tercera Sala de la Corte Suprema, en forma unánime, ordenó a la Municipalidad de Santiago recurrida “proporcionar los medios humanos y materiales necesarios para limpiar y pintar los muros y puerta del monumento nacional Iglesia San Francisco”, y al Cuerpo de Carabineros Chile “incrementar las rondas periódicas de manera de prevenir -en la medida de lo posible- daños al referido monumento nacional”.

    En el contexto del recurso, lo anterior significa que la Municipalidad de Santiago deberá pintar los muros y puertas de la iglesia de San Francisco a su costo, incluyendo pintura y mano de obra, y aplicar a la pintura una capa de barniz anti grafiti, que permite lavar las murallas cuando, de aquí en adelante, sea necesario, para mantenerlas limpias.

    Con este fallo la Corte Suprema ha dado una señal importante a las autoridades civiles, quienes de aquí en más deberán mantener en buen estado los muros de la Iglesia de San Francisco. Si así no sucediese, la Orden Seráfica reclamará nuevamente el amparo de la Justicia y las autoridades se verán obligadas a pintar nuevamente su fachada y muros.

    Sin embargo, el problema de fondo obedece a una alarmante falta de educación y desinterés por la cultura: el diagnóstico es en tal sentido tan claro como lapidario. Habrá que trabajar entonces con niños y jóvenes en colegios y escuelas, para lograr inculcarles verdaderos valores e incentivarlos a la superación mediante el esfuerzo que implica el estudio emprendido con seriedad.

    Un país nunca será desarrollado, aunque tenga un elevado Producto Interno Bruto, si parte considerable de sus habitantes apenas entiende lo que lee o se expresa a través de rayados de dudoso gusto en propiedad ajena; ¡y cuánto más tratándose de un monumento como la Iglesia de San Francisco! Es de esperar que las autoridades tomen cartas en el asunto.

    Por ahora, sólo queda celebrar una decisión ajustada a Derecho. Bien por el patrimonio histórico y cultural chileno.

  • Sir John Tenniel

    Sir John Tenniel

    Una Maravilla observadora
    de su País y su tiempo

    Conocido como el ilustrador de Alicia en el país de las maravillas de su primera edición de 1865, fue el ilustrador jefe del Punch el diario satírico político más importante de Inglaterra Victoriana. Gran observador de su tiempo, el sólo ver sus dibujos nos permite entender mucho más de su tiempo que leyendo un centenar de libros. 

    Este 2014 se cumplen los 100 años de la muerte de Sir John Tenniel uno de los más célebres ilustradores victorianos. Conocido mundialmente como el primer ilustrador de Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll, Tenniel quedó inmortalizado en las mentes occidentales y es aún objeto de culto y colección. Su visión de Alicia en un vestido celeste con delantal blanco quedó inmortalizada por Disney y renovada por Tim Burton en su película sobre las obras de Carroll. Pero John Tenniel refleja toda la época victoriana, no sólo desde el auge editorial de la segunda mitad del siglo XIX, sino que  en su presencia permanente en los periódicos como ilustrador de humor gráfico y sátira política. 

    El siglo XIX es un siglo fascinante. Es en ese período donde se inventa el mundo moderno tal como lo conocemos. El mundo cambió de modo radical en muy poco tiempo. La Revolución Industrial creó una nueva concepción, que en un plazo de muy poco tiempo se impuso y creó nuevas realidades. La aplicación de la máquina de vapor a la producción hizo que se lograra producir cantidades inimaginables, mucho más allá de las necesidades, con lo que se instauró la sociedad de consumo. Lo que antes era visto como un lujo, ahora era una necesidad. La gente comenzó a moverse y a demandar cada vez más cosas. Con la invención del telégrafo las noticias  comenzaron a ser frescas y las mejoras en las máquinas de impresión permitieron desarrollar y masificar un nuevo producto que rápidamente se impuso, el periódico. Es la época de oro de los diarios y publicaciones que irá de la mano con el auge de los ilustradores. En una época pre fotografía los ilustradores serán de suma importancia ya que apoyarán a las publicaciones de texto con imágenes de la realidad que se expresa. Toda Europa se llenará de los llamados periódicos ilustrados en los que los dibujantes tendrán un lugar primordial y serán completas celebridades. En una época de creación de la llamada Opinión Pública, las caricaturas políticas serán elementos centrales de las conversaciones de los salones y los grupos de reunión. The Punch será el gran periódico satírico de la época y John Tenniel  uno de sus principales colaboradores.  Del mismo modo Tenniel será amigo de Charles Dickens y pertenecerá al grupo amateur de teatro del actor. Será hecho caballero por la reina Victoria en 1893 por sus méritos. 

    El Caricaturista político

    Nace en Bayswater, oeste de Londres en 1820. Como muchos victorianos antes de la ley de instrucción primaria que obliga a todos a ir al colegio,  tendrá autoeducación. Más tarde ingresará a la Royal Academy y a la Sociedad de Arte de la calle Clipstone pero será conocido como ilustrador y caricaturista. Ya en 1850 exhibe cuadros en  la Academia de Liverpool en el que destaca un cuadro basado en la gran conspiración que quiso volar el parlamento.  Uno de los murales del  actual Parlamento sobre Santa Cecilia es de él. Pero rápidamente se impuso su capacidad humorística que muy pronto lo convirtió en uno de los ilustradores favoritos de los periódicos. Llegará a ser el caricaturista jefe de The Punch sobresaliendo por su capacidad irónica y satírica.  Sus caricaturas registran la política victoriana en toda su amplitud. Sus dibujos recorrerán los principales acontecimientos políticos de la segunda mitad del siglo XIX.  Entre las caricaturas inolvidables de Tenniel están las realizadas tras el llamado Motin de los cepayos en la India. El ejército británico de la India se rebeló contra las autoridades británicas al obligárseles a usar unos cartuchos engrasados con grasa de cerdo, lo que para ellos representaba una ofensa religiosa. Rápidamente se generará un movimiento de descontento por la ocupación británica y la apropiación de territorios por parte de éstos, lo que culminará en ataques desmedidos de los llamados cepayos contra la población británica que culminará en asesinato de blancos, incluyendo mujeres y niños. La opinión pública quedará horrorizada y la reacción y venganza inglesa no se hará esperar. Este evento terminará con el gobierno político de la India que estaba en manos de la Compañía de las Indias Orientales y se creará el gobierno de Raj. Tenniel mostrará en sus imágenes la Reacción de “Britania” sobre el tigre ( la India) como algo justo y merecido. 

    Del mismo modo en relación a la Guerra de Crimea, la cual fue una vergüenza para Inglaterra, ya que dejó en claro que el “León” podía ser vencido. La guerra de Crimea pretende probar los poderes del Imperio Ruso, Francia, el Imperio Turco e Inglaterra respectivamente. Se dice que tiene relación con la custodia de los Santos lugares de parte de Francia, pero la realidad es muy diferente. Los intereses del Imperio ruso por la salida al mediterraneo le hicieron probar fuerzas y ver si Inglaterra sería realmente una piedra de tope. Inglaterra estaba segura de su potencial económico y se creía invensible. Pero esta guerra, que será la primera Guerra fotografiada de la historia, será una derrota vergonzosa, ampliamente cubierta por la prensa, lo que golpeará al gobierno de la reina Victoria. John Tenniel realizará geniales caricaturas en las que mostrará al oso, Rusia triunfante sobre el pavo ( Turquía), el León (Inglaterra).

    Muchos serán los temas contingentes tocados por John Tenniel desde el Punch. Desde ya el temor británico a la Reform Bill. Una serie de leyes que ampliarían en el tiempo el electorado y permitiría una mayor participación.  Es el terror al “pueblo”, los ingleses odian las revoluciones, las consideran algo muy “ francés” y la participación del “ pueblo” en una mayor proporción les asustaba enormemente. Pero la reforma no condujo a la revolución pero si facilitó una serie de reformas que permitieron descomprimir las presiones sociales de la segunda mitad del siglo XIX.  La revolución industrial había traído muchos cambios favorables, pero también trajo consecuencias indeseadas, como la llamada “ cuestión Social”. Marx y Engels escribieron el “Manifiesto Comunista” pensando en la revolución en Inglaterra. Para 1848, año del manifiesto, el movimiento Cartista parecía ser la puerta al sueño marxista, pero no fue así. El odio a la revoluciones llevó a legislar y descomprimir las presiones sociales. En 1847 el parlamanto aprobó la famosa “ ten hours Bill” con la cual se redujo por ley la jornada laboral, con lo que el movimiento cartista perdió toda la fuerza. Marx y Engels recorrerían entonces el continente esperando su ansiada revolución que nunca verían llegar.

    Del mismo modo  Tnniel tocará la gran rivalidad entre los dos más famosos primeros ministros de la reina Victoria, William Gladstone ( wigh) y Benjamin Disraeli ( tory). La rivalidad entre ambos, no era solo partidaria, sino que personal. Mientras Gladstone era fruto de la meritocrácia y había realizado toda la perfecta carrera política esperada y debía por sus buenas labores ser amado por la reina; Disraeli escribía novelas y amaba el teatro, no era aplicado en las finanzas personales, pero la reina confiaba en él y lo quería y admiraba.  El odio los hacía ver como agua y aceite y además en la segunda mitad del siglo XIX se iban turnando la silla de primer ministro. Esta rivalidad era caldo perfecto para la sátira política. Se los denominaba el León y el Unicornio, mostrándolos como las dos caras del escudo inglés. Tenniel no solo los caricaturiza y se ríe profundamente de esta enemistad, sino que los sitúa incluso en el mundo de Wonderland cuando el León y el Unicornio están en la corte de la reina de corazones, quien no es más que la mismísima Victoria Regina.

    Disraeli fue quien enfatizó la idea del colonialismo al constatar en la segunda mitad del siglo XIX que Inglaterra estaba perdiendo ventaja en lo industrial, por tanto enfatizar en la idea le Imperio británico los hacía verse poderosos aún. El decía que Inglaterra era una potencia asiática y tras la unificación de Alemania en 1871 como Imperio, no quiso que Victoria se viese menos siendo sólo reina y la hizo coronar Emperatriz de la India.  Así mismo se encargó de lograr el dominio sobre el canal de Suez y no escatimó en recibir los aportes en dinero de Rothschield y asegurarse las llaves del paso hacia la India. Todas estas imágenes fueron caricaturizadas por Tenniel en forma magistral y las caricaturas  muestran la realidad sin máscaras.  Gladstone en sus últimos gobiernos intentará dar solución al tema irlandés que amenazaba la paz inglesa, cosa que le será muy compleja y le costará el cargo. Tenniel otra vez en forma genial lo mostrará  en toda su verdad, intentar tomar el toro por las astas suele terminar con el torero corneado. 

    Alicia y la fama

    A pesar de ser uno de los ilustradores más importantes durante la época victoriana, hoy se le recuerda por ser el primer ilustrador de la obra de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.  Para este trabajo Tenniel desarrollo 92 ilustraciones para la edición de 1865 de Alicia en el país de las maravillas y  para la edición de 1871 de Alicia a través del Espejo de Carroll.  Estas ilustraciones son tal vez  las más famosas ilustraciones de libros del mundo, para él fueron tan importantes que dice no haber podido ilustrar nada más.

    Lewis Carroll  se llamaba en verdad Charles Lutwidge Dodgson y era un matemático y fotógrafo victoriano. Fue una casualidad que escribiese Alicia en el país de las Maravillas. Había llegado al Christ Church college de la Universidad de Oxford un nuevo decano de apellido Liddell, quien tenía tres hijas, Alicia, Edith y  Lorina. Tras un día de campo con varias personas y las niñas, Dogson contó una historia oral de aventuras usando el nombre de Alicia. Tras una tarde entretenida de pic nic, la niña le pidió que lo escribiese. Así surgió el manuscrito de lo que él llamo “ Las Aventuras Subterráneas de Alicia”. No era su intención publicarlo, pero el libro era muy bien acogido por quienes lo leían y entonces tres años después visitó a un amigo editor quien aceptó la obra , pero sugirió cambiar el nombre por “ Alicia en el país de las Maravillas”.  Las habilidades de ilustración de Dodgson no eran buenas, por lo que siendo un admirador del Punch solicitó a John Tenniel que ilustrara su obra.  Tenniel aparte de las caricaturas políticas había ilustrado varios libros de ficción.  Undine en 1846, las fábulas de Esopo en 1848, las obras de Edgard Alan Poe en 1857, las mil y una noche en 1863, y algunas obras de Charles Dickens,  entre otras. 

    La imaginación de Lewis Carroll creará un mundo sin lógica matemática, pero será la imaginación de John Tenniel quien le dará una estética a este mundo inigualable.  En un momento del auge editorial y la consideración de nuevos mercados, el infantil; las publicaciones ilustradas eran la tónica. Los niños comenzarán a ser vistos como un mercado, la nueva sociedad de consumo apunta a ellos. El siglo XVII consideraba a los niños seres imperfectos, con su capacidad racional aún no desarrollada, por tanto inferiores. Descartes y el racionalismo, no mira  a los niños, aún no merecen ser vistos. Es el romanticismo el que considera que los niños son puros en el inicio, la sociedad los corromperá después. Es tal vez “el Emilio” de Jean Jacques Rousseau el que  está muy en sitonía con  su otro libro “el Contrato Social” plantea la bondad inicial plasmada en los niños, que luego la sociedad hará perder y que el Contrato social y el volver a la igualdad hará retornar. Los niños comienzan a ser vistos como puros y buenos y por tanto valorados de un modo diferente. Pero esta infancia valorada es el siglo XIX muy precaria. En un mundo sin antibióticos, los niños morían en forma abundante. Si a esto le sumamos la sociedad de consumo y la tendencia masiva a la educación, el resultado es cada vez más publicaciones para niños. La competencia por las publicaciones hizo que el mercado de los libros se fuese sofisticando y para cuando Lewis Carroll publica su Alicia, los estándares están impuestos. El piensa en el mejor ilustrador que conoce, John Tenniel para que visualice lo que él propone en este mundo de caos. La historia es particularmente genial, pero las ilustraciones son memorables a un nivel que nunca nadie más se liberará de ellas. Tras las edición inicial con ilustraciones en blanco y negro, Tenniel abordará una nueva con ilustraciones coloreadas. Tras él otros ilustradores grandes de fines del siglo XIX intentarán con la historia de Carroll. Entre estos destacan Arthur Rackham, Charles Folkard y Furnis. Todos ellos mantendrán la línea imaginativa de Tenniel. Es él quien abre el camino a las maravillas y visualiza por vez primera lo que Lewis Carroll pretende mostrar en sus escritos. 

    Tenniel merece ser recordado y entendido como una gran observador de su tiempo. Tal vez desde las caricaturas uno recién comienza a comprender la realidad inglesa decimonónica. 

  • Richard Wagner

    Richard Wagner

    Richard Wagner es una de las figuras claves de la música occidental. Su aspiración de crear el arte total lo llevó a componer un tipo de música monumental que llena todo espacio y que autores como Michael Burleigh define como arte que pretende levantarse como religión. Su tetralogía del anillo es, tal vez, una de las obras más ambiciosas y complejas jamás creada. Hoy a 200 años de su natalicio parece una buena ocación para revisar el gran aporte del autor a la cultura occidental.

    Wagner nació el 22 de mayo de 1813 en Sajonia. Hijo de Karl Friedrich Wagner, funcionario de  policía y de  Johana Rosine Wagner, hija de un panadero. Su padre murió  cuando Richard tenía sólo seis meses. Tras esto su madre se volvió a casar con un amigo de la familia, Ludwig Geyer. Tras esto la familia se trasladó a  Dresden, lugar donde Geyer trabajaría en su pasión, el teatro. Geyer será como un verdadero  padre para Wagner, de hecho el compositor tendrá sendas dudas si fue este su verdadero padre biológico, lo que ha llevado a especular posible sangre judía en él. Geyer  era un actor y escritor de obras de teatro, por lo que los hijos de Johana tuvieron un temprano acercamiento a este arte.  Wagner desde  muy niño estará muy vinculado a las tablas. Los niños Wagner se convirtieron en parte activa del mundo teatral, incluso representando personajes en diversas obras. Asimismo, fue Geyer quien despertó el interés musical de Richard, quien intentó tomar clases de piano sin gran éxito, ya que su profesor consideró que no tenía dotes musicales.  En 1821, cuando Richard sólo tenía 9 años, su padrastro murió y fue el hermano de éste quien se hizo cargo de la familia y envió al joven Wagner al Kreuzschule cerca de Dresden. Fue aquí donde conoció los acordes góticos de  la música de Carl Maria von Weber, especialmente de su opera Der Freischütz, la que capturó la sensibilidad músical del joven.  Intentó incursionar en la escritura de obras teatrales inspitadas en Shakespeare y Goethe. Su intención era musicalizarlas y convenció  a la familia de tomarle clases de música. De 1828 a 1831 tuvo clases de harmonía con Christian Gottlieb Müller. Pero fue la influencia de Beethoven la que marcó su rumbo, el cual se convirtió en su inspiración fundamental. La Séptima Sinfonía y en especial la Novena Sinfonía de Beethoven lo llevaron hacia un camino de cambio interior esencial.  Del mismo modo, el Requiem de Mozart causó en él una gran impresión. El dramatismo musical combinado con el canto dramático será para él  una línea a seguir. De este periodo inicial datan las primeras sonatas y oberturas de Richard Wagner como autor.  Fue tal vez  la experiencia de escuchar a la soprano Wilhelmine Schröder- Devrient, lo que despertó en el joven Wagner la idea del arte total , un arte que combinase la música con lo teatral, elemento que para él era tan cercano.  

    Para 1831 Wagner entra a la Universidad de Leipzig y se convierte en parte de la Fraternidad de Estudiantes Sajones. Es en esta época cuando toma clases de composición con Thomaskantor Theodor Weinlig, quien queda tan impresionado con las dotes musicales del joven que se niega a recibir paga alguna. Wagner escribe sonatas muy inspiradas en Beethoven y comienza a trabajar en su primera Opera – Die Hochzeit (La Boda), la cual nunca completó.  Ese mismo año consigue el puesto de director de coro en  Wurzburgo, junto a su hermano Albert. Es en ese entonces cuando Wagner, de 20 años, compone su opera  Die Feen, Las Hadas, la cual tiene un estilo cercano a Weber y recién será estrenada medio siglo después  en forma póstuma.  

    Para 1834 será brevemente director de la Opera de Magdeburgo. Durante este tiempo compone Das Liebesverbot, basado en Shakespeare, la que se representará en Magdeburgo en 1836 en sólo dos funciones, ya que el teatro entrará en quiebra y cerrará, dejando a Wagner en serios problemas económicos.  Es en esta época cuando conoce a la actriz  Christine Willhelmine Planer, “Minna” de la que se enamoró y con quien se casó el 24 de Noviembre de 1836 en la Iglesia de Tranheim. Pero los problemas económicos rondarán al compositor durante casi toda su vida. Para mayo de 1837 Minna  había abandonado a Wagner por otro hombre. Este será el primer conflicto de la infeliz pareja.  Ese año Wagner se traslada a Riga en el Imperio Ruso, para ser director de la opera local. Para 1838 Wagner y Minna reanudan su relación, pero a causa de los gastos excesivos la pareja adquiere una enorme deuda, por lo que deciden huir de Riga para evitar tener que hacer frente a los acreedores. Toman un barco con destino a París que deberá desviarse hacia Londres, ya que será azotado por las tormentas. Esto inspirará a Wagner para escribir Der Fliegende Holländer (el Holandés Errante), basado en el libro de Heinrich Heine.  Para 1839 la pareja se instala en Paris, donde permanecerán hasta 1842. En este período  estrena su opera Rienzi y El Holandés Errante. Recibirá el apoyo de  Giacomo Mayerbeer quien lo ayudará a lograr que se monten sus operas en el teatro de la Corte de Dresden en el Reino de Sajonia.  Tras esto Wagner y Minna se trasladan a Dresden, donde vivirán por casi  seis años. Wagner se siente sumamente emocionado de regrasar a Alemania y ver el Rin y jura eterna fidelidad a la madrepatria. El nacionalismo alemán es algo que está en el ambiente. Tras la acusación de Voltaire que Alemania no existía, Herder desarrolló el término Volkgeist – el espíritu del pueblo. Inspiró a generaciones en la búsqueda del ethos alemán y convenció a muchos de la idea de la existencia de una nación que debía caminar hacia la unificación. Wagner será parte de este movimiento y sus obras irán derivando hacia este camino nacionalista de definición de lo alemán.  En este período en Dresden se estrena Rienzi, el Holandés Errante y El Tannhäuser, con lo que alcanza el éxito. Es ya un autor conocido y su música muestra cierta particularidad. Junto con esto, comienza a vincularse en actividades políticas de izquierda de gran nacionalismo que pretenden definir a Alemania como nación. Estará en el mismo bando de lucha que importantes radicales como August Röckel y Mikhail Bakunin,  todos influenciados por las ideas de Pierre Joseph Proudhon y de Ludwig Feuerbach. Se dedican a diseminar el descontento en Dresden, ciudad  que se levantará en barricadas en 1849 en los llamados Levantamientos de Mayo. Wagner será parte. De estas acciones en las barricadas de la ciudad. Las presiones nacionalistas buscaban unificar a Alemania. La revolución fracasará y  se levantarán órdenes de arresto contra los dirigentes del movimiento, incluido Wagner.  Es por esto que deberá dejar Dresden y huir del territorio alemán para evitar ser arrestado. Irá primero a Paris y finalmente se instalará  en Zürich. Es aquí donde completará Lohengrin, la historia del Príncipe Cisne, que marcará el fin de su período intermedio. Gracias a la ayuda de Franz Lizst logrará que se estrene en Weimar en agosto de 1850. 

    La situación en Zürich no será fácil. Lo financiero lo complicará en forma permanente. La falta de un sueldo regular, será su peor karma. La señora de su amigo Karl Ritter, Julie, comenzará a pagarle una pensión que lo mantendrá hasta 1859. Wagner nunca tendrá problema de vivir con lo que otros le dan y no será muy asiduo a pagar sus deudas, aunque sí a contraerlas.  Jassie Laussot también lo ayudará hasta descubrir la existencia de una romance entre su mujer y el compositor. A casa de la inestabilidad Minna caerá en una gran depresión y el propio Wagner se verá imposibilitado de componer. 

    Es en este período Wagner escribe una serie de ensayos que muestran su visión de mundo. Escribe El Trabajo Artístico del Futuro, donde definirá la Opera como “el arte total” (Geamtkunstwerk), la compilación de la música, con la danza , la poesía y  el teatro. La puesta en escena como algo magnífico que debe expresar la totalidad de las artes visuales. Del mismo modo, en 1850 publicará su ensayo El Judaismo en la Música, donde expresará una postura antisemita, la que manifestará la idea de la incapacidad de los judíos de conectarse con el espíritu alemán, por lo que sólo componen sombras y música artificial.  Sólo buscan la popularidad y el éxito financiero,  por lo que no crean trabajos genuinos de arte. De hecho Wagner entra en un conflicto especial con Mayerbeer, quien antes lo había ayudado. No se sabe bien cual fue la causa de su animadversión, pero esto realzó su posición antisemita. Por otra parte, en su ensayo La Opera y el Drama de 1851 describe lo estético del drama, lo que lo llevó a componer las operas del anillo. Este fue un tema que estuvo presente desde la juventud temprana del autor y que  le quitó el sueño en forma permanente. Lo alemán encarnado en la leyenda de Siegfried, La Saga de los Volsungos y El  Cantar de los Nibelungos. Ya desde la época de Dresden pensaba hacer una opera con este tema, como algo grandioso en varias partes. Inicialmente escribió el libreto para una opera sola, La Muerte de Siegfrido en 1848. Una vez en Zürich expandió el libreto hacia la historia de El Joven Siegfrido. Completó el texto con La Walkiria y El Oro del Rin. De este modo, revisando los otros libretos replanteó el concepto para 1852 en su ensayo La Opera y el Drama, renuncia a las operas anteriores, mostrando su cambio de visión. En su Comunicación a mi Amigo, ensayo autobiográfico, habla del rol de El Ciclo del Anillo diciendo que será su última opera y gran trabajo.  Lo germano atraía su atención. Dedicó gran parte de su tiempo al estudio de las Sagas Nórdicas – relatos en prosa que cuentan las aventuras de los pueblos germanos del norte, conocidos como los vikingos. Su admiración por esta cultura se basaba en el encuentro del verdadero ethos germano. Su interés por las historias de estos pueblos lo hizo incursionar especialmente la llamada Saga de los Volsungos, donde está la historia de Sigurd, conocido posteriormente como Siegfried. Del mismo modo, en esta época se adentrará en las llamadas Eddas germanas que cuentan las historias relativas a los dioses de estos pueblos. Existen dos Eddas, la Edda Poética, que es anterior y la llamada Edda Prosaica, que se le adjudica a Snorri Sturlson, quien fue un líder vikingo que llegó a gobernar Islandia y Noruega. Es autor de compilaciones fundamentales que nos permiten conocer en detalle estas culturas. El interés por lo germano era algo común al período, especialmente en los reinos germanos como parte del movimiento nacionalista que buscaba lo germano con el fin de usarlo políticamente para lograr la ansiada unificación. Autores como el escandinavo  Viktor Rydberg compilaron el saber conocido de lo germano en la llamada Mitología Teutónica. El inglés William Morris, en su interés por lo medieval traducirá al inglés de la época la Saga de los Volsungos, la cual será inspiración fundamental  para el Cantar de los Niebelungos del siglo XII y para la idea del anillo como ciclo. 

    Para 1857 dejó de lado la idea del Anillo para concentrarse en Tristán e Isolda, una de las historias de amor más sobrecogedoras de todos los tiempos.  Para esta obra será de gran influencia la filosofía de Arthur Schopenhauer expuesta en su libro El mundo como Voluntad e Idea, la cual Wagner conocerá gracias a su amigo poeta Georg Herwegh. La visión pesimista de Schopenhauer hará eco en Wagner quien seguirá al filósofo durante toda su vida, ya que éste consideraba que la música jugaba un rol supremo en las artes y era la expresión  de la esencia del mundo, llamada Voluntad. Esto hará que Wagner se concentre más en la música de sus posteriores óperas.

    En este periodo conoce a Mathilde Wesendonck, mujer del comerciante de sedas Otto Wesendonck. El matrimonio era admirador de la música de Wagner, por lo que comenzaron a apoyarlo financieramente y pusieron su casa de campo a disposición del autor.  En esta casa conocida como “el lugar de descanso” comenzará el romance entre Wagner y Mathilda.  Compone los llamados Wesendonck Lieder, cuatro canciones con voz y piano, inspirados en poemas a Mathilde. Del mismo modo comenzará los estudios de Tristán e Isolda, relacionando la idea del amor prohibido, con su amor por su patrona.  El romance terminó en 1858 cuando Minna interceptó una carta de los amantes. Tras una pelea con Minna, Wagner dejó Zurich solo y se instaló en Venecia, mientras Minna regresaba  a Alemania.  En noviembre de 1859 Wagner se traslada a Paris para revisar el Tannhäuser a petición de la Princesa Pauline von Metternich, mujer del entonces embajador en Paris.  A pesar de los esfuerzos, las representaciones del Tannhäuser fueron un fracaso a causa de la efervescencia política del minuto.

    Para 1862 se le permite a Wagner regresar a  Alemania, con lo que se establecerá en Biebrich, Prusia.  Minna lo visitará, quedará claro que la relación está totalmente cortada. Wagner la mantendrá hasta su muerte en 1866. En esta época Wagner comenzará su obra Los Maestros Cantores de Nurenberg, su única comedia. Intentará representar Tristán e Isolda en Viena, la cual será vista como imposible de cantar.

    Para 1864 la suerte de Wagner cambiará para siempre. Ludwig II asumirá el trono de Baviera a la edad de 18 años. Este joven rey era un gran admirador de Wagner y de sus obras, por lo que lo invita a Munich.  Paga todas las deudas del compositor y le propone montar  todas sus obras y apoyarlo para que pueda desarrollar sus planes futuros. Del mismo modo, lo entusiasma para que escriba sus memorias, por lo que el compositor comienza a escribir lo que será Mein Leben.  Logrará finalmente que su Tristán e Isolda sea representada en el Teatro Nacional de Munich el 10 de junio de 1865, la cual será dirigida por Hans von Bülow. Para ese entonces Wagner ya tenía un romance con la mujer de von Bülow, Cosima, hija de Franz Lizst con la condesa Marie d’Agoult, con quien tuvo una hija, Isolda. Ella era 24 años menor que Wagner. El romance escandalizó a Munich y enemistó a Wagner con muchas personas de la corte, quienes presionaron sobre Ludwig para que le quitara su favor.  Es así como finalmente el rey le pide a Wagner que deje Munich. Wagner se instala en la Villa Tribschen a orillas del Lago Lucerna. Aquí completa los Maestros Cantores de Nurenberg en 1857, la cual es estrenada en 1858. Por insistencia de Ludwig completa dos de las obras del Ciclo del Anillo, El Oro del Rin y la Walkiria las que se estrenan en Munich en 1869 y 1870. Wagner mantiene su sueño de poder estrenar todas las obras juntas en un teatro especialmente hecho para eso. 

    Minna muere de un ataque al corazón en 1866. Wagner no asiste a su funeral. Tras esto, Cosima le escribe a Hans von Bülow pidiéndole el divorcio, el cual se niega a otorgarlo. Finalmente, una vez que Cosima ha tenido dos hijos más con Wagner, Eva y Siegfried se lo da.  Richard y Cosima se casan el 25 de agosto de 1870. Ese año estrena el Idilio de Sigfrido como regalo de cumpleaños a su mujer. Wagner se concentra en terminar el Ciclo del Anillo.

    Durante este periodo son asiduos amigos del filósofo Friedrich Nietzsche, quien estaba platónicamente enamorado de Cosima y profesaba una profunda admiración hacia Wagner, creyendo que éste era la encarnación del superhombre de su filosofía. Se trataba de un autor que ensalzaba lo heroico,  siendo esto el ideal fundamental de su filosofía. Para éste los hombres no eran iguales, y no debían serlo. Había almas heroicas que estaban llamadas a dominar y elevarse, y almas serviles que debían ser dominadas. Wagner parecía elevarse desde lo heroico. Esta fascinación por el compositor terminará abrúptamente cuando el compositor musicalizó el Parsifal, basándose en la obra de Wolfram von Eschembach con la idea de la reliquia cristiana, el Santo Grial y la búsqueda del objeto por Parsifal.  Esto terminará con la admiración y la visión de Wagner como un alma heroica que está más allá del bien y el mal. Wagner no era más que un hombre que ensalzaba ideales serviles, como el cristianismo. 

    En 1871 Wagner se traslada a Bayreuth, lugar elegido para construir su Teatro de Opera. El consejo del pueblo donó la tierra y el dinero. Así ponen la primera piedra del Teatro del Festival anunciando representaciones anuales. En 1873 por primera vez se representa el Ciclo del Anillo completo. Tras el fin de los apoyos del rey Ludwig, los avances de la construcción se retrasaron. Para recaudar fondos se fundaron las Sociedades Wagner en diversas ciudades y  el compositor recorrió Alemania dirigiendo conciertos.  Para 1873 sólo un tercio de los fondos se habían recaudado. Finalmente Ludwig puso lo restante. Los edificios planificados incluían la casa familiar de Wahnfried a la cual la familia se trasladó en 1874. El teatro se completó para 1875 y los programas del festival se establecieron para el año siguiente.  Wagner agregó innovaciones en el teatro. Oscuridad en la sala durante las representaciones y puso la orquesta en un foso frente a la audiencia.  Se preocupó de la acústica y de los efectos tras el escenario para lograr puestas en escena sublimes.

    Por su parte, Ludwig II se dedicará a construir los castillos de sus sueños basados en los temas Wagnerianos. En Neuschwanstein dedicará la decoración de los diversos salones  a las operas de Wagner.  Será el Parsifal, obra en que Wagner trabaja a fines de la década de los ’70 la inspiración del Hall central del magnifico castillo.  Siegfried y el anillo estarán e otros salones y Tristán e Isolda en la habitación. Lohengrin y el Tannhauser estarán ta,bién presentes. Tal vez este  castillo en medio de la Selva Negra, sea la máxima expresión del neomedievalismo romántico que inspiró a muchos durante el siglo XIX.

    En 1883 Wagner viaja a Venecia donde  inalmente muere. Tras esto será Cosima la encargada de mantener viva la obra de su marido. Es sin duda la Tetralogía del Anillo su mayor contribución. Se trata de una obra única, heroica con una música digna del Walhala. Lo épico completa todos los sentidos. Es la culminación de su idea del Arte Total – el teatro, la música, la puesta en escena, la mitología y la leyenda se funden en una todo artístico que apela a los completos sentidos de la audiencia. Es la expresión de la visión wagneriana del arte total.  Hoy en sus 200 años de su natalicio, la visión del autor como un gran compilador de conocimientos  y emociones lo levantan como un gran medievalista y magnífico compositor que fue capaz de elevar el arte de la opera a un nivel superior e inigualado hasta hoy. Las últimas puestas en escena de la tetralogía del MET fueron asombrosas y para este 2013 se espera un gran Parsifal en Nueva York y aquí en Santiago.