Categoría: Filosofía

  • Los remedios de la tristeza y del dolor según Santo Tomás de Aquino

    Los remedios de la tristeza y del dolor según Santo Tomás de Aquino

    El dolor es una de las realidades más conflictivas de la experiencia humana ya que desafía nuestro sentido de búsqueda de paz y de felicidad. El hombre tiende naturalmente a la felicidad, pero el dolor y el sufrimiento parecen querer enturbiarla. Muchos consideran, incluso, que esa presencia del dolor hace que la vida carezca de sentido y tratan de erradicarlo de sus vidas, pero con poco éxito. Y es que el dolor es parte constitutiva de la naturaleza humana. Es algo intrínseco a nuestra condición, a nuestra naturaleza de seres cognoscentes finitos, a nuestra naturaleza de seres libres compuestos de cuerpo y alma racional. 

    No se puede excluir el dolor y el sufrimiento de la vida humana, sin suprimir la vida humana misma, puesto que sufrimos por ser lo que somos. C.S Lewis se plantea la posibilidad de un mundo en el que no exista el dolor y afirma: “Esa clase de mundo sería de tal naturaleza que haría imposible los actos injustos, pero, por lo mismo, el libre albedrío quedaría anulado”. 

    En efecto, suprimir el dolor supone suprimir de la vida humana la libertad y, con ella, ciertamente que evitaremos que nos hagan daño, sin embrago, suprimiremos también el amor humano, la donación libre y voluntaria de la propia persona a los demás; suprimir el dolor supone excluir los sufrimientos padecidos voluntariamente con la finalidad de conseguir lo que amamos, aquello con lo que soñamos, como puede ser la obtención de un título, la adquisición de un saber, una saludable constitución corporal, etc. Para todo lo cual se requiere de un sacrificio, de un esfuerzo, de más de un sufrimiento. Y es que en esta vida todo lo que vale la pena exige nuestra cooperación esforzada y muchas veces dolorosa. 

    Pero, qué sucede con aquellos dolores que no hemos querido voluntariamente, aquellos dolores que se presentan a nosotros muchas veces  como carentes de sentido y que nos desgarran en lo más profundo de nuestro ser, como puede ser la pérdida de alguien que amamos, el sufrimiento de un niño inocente, una enfermedad que no tiene su causa en la propia persona, el desprecio injustificado, el desamor, la pérdida de todo lo que uno posee después de años de esfuerzo a causa de una catástrofe natural, etc. Estos dolores son sobre todo aquellos que nos hacen levantar nuestra mirada al cielo e inquirir a ese Dios que es Infinita Bondad con la pregunta ¿por qué? ¿por qué yo? ¿por qué ahora? ¿cuál es el sentido de este dolor? 

    La razón humana no es suficiente para responder completamente a este misterio, es algo que le escapa, que la enmudece, pero que la dispone para recibir una revelación sobrenatural y poder responder auxiliada por la luz de la fe. Sin embargo, aún cuando se encuentre sentido al dolor, desde la razón natural o desde la fe, el dolor no cesa. El dolor sigue ahí punzando, entorpeciendo el caminar como una piedrita en el zapato; sigue ahí, haciendo más lenta nuestra actividad, quitándole la completa perfección que debería tener.  De allí que muchos suelen preguntar por recetas, por técnicas, por remedios, para aliviar el dolor. Por eso, creo que conviene recordar la enseñanza de Santo Tomás de Aquino sobre los modos de aliviar los dolores. 

    Lo primero que señala el Doctor Angélico, siguiendo a Aristóteles, es que toda delectación, todo deleite o placer es un remedio para mitigar la tristeza. Si el placer es especialmente intenso contribuye a alejar el sufrimiento. Y es que el placer es “cierto reposo del apetito en el bien conveniente”, mientras que el dolor supone lo contrario, es decir, la afección del apetito por un mal. No dice que el placer o deleite suprime el dolor sino que en tanto que el apetito se une a un bien conveniente, ese dolor, el mal que afecta al apetito se mitiga. De manera que aquel que sufre encontrará cierto alivio en realizar actividades que le sean placenteras, como el disfrute de una buena película, actividades deportivas, paseos que le distraigan, la práctica de algún hobbie que le sea de especial deleite, etc. 

    Ahora bien, esta enseñanza podría suponer que cualquier placer es lícito y saludable para alejar la tristeza. No obstante, Santo Tomás se encarga en precisar que aun cuando los placeres ilícitos, esto es, los placeres que tienen su causa en un mal moral, verdaderamente alejan y mitigan la tristeza en el presente, la causan en el futuro, “en cuanto los malos se arrepienten de los males de que se alegraron”. Es común ver a muchas personas que sufren, evadirse o refugiarse en placeres intensos, como el alcohol, las drogas, la promiscuidad sexual, etc. Sin embargo, estos mismos, no solo sufren de dolores físicos y malestares consecuencia de los placeres mencionados, sino sobre todo, se contristan por cuanto se han degradado como personas, agravando su sufrimiento. 

    En segundo lugar nos enseña Santo Tomás que el dolor y el sufrimiento se mitigan con el llanto. Tanto las lágrimas como los gemidos alivian naturalmente la tristeza debido a que permite exteriorizar aquella pena contenida que está causando el dolor. Todo lo nocivo que se guarda en el interior, dice el Aquinate, aflige más, “pues la atención del alma se concentra más sobre ello, pero cuando se manifiesta al exterior, entonces la atención del alma en cierto modo se desparrama sobre las cosas exteriores y así disminuye el dolor interior”. El llanto es un modo de exteriorizar, de quitarle un peso al alma que está siendo atribulada. Al volcarse sobre el exterior disminuye la carga y se alivia el dolor. De ahí que también alivie, por ejemplo, escribir acerca del dolor que se padece, contar las propias penas, incluso a desconocidos, porque suponen un desprendimiento, aunque sea momentáneo, del propio sufrimiento. 

    Pero además, agrega Santo Tomás, el llanto alivia el dolor porque “la operación que conviene al hombre según la disposición en que se encuentra siempre es deleitable”, y el llanto es el efecto o la consecuencia natural del dolor o la pena. El llanto es conveniente a la persona que sufre y no así la risa. Por eso nos duele, nos entristece, si nos reímos en circunstancias en las que deberíamos llorar, puesto que estaríamos haciendo algo impropio. Llorar es lo propio de quien está sufriendo y por eso deleita, agrada, realizar la operación conveniente. Pero si tal como lo señaló anteriormente: todo placer aleja de la tristeza, le es posible concluir que el llorar también alivia el dolor. 

    En tercer lugar, como buen filósofo, señala Santo Tomás que la contemplación de la verdad es otro remedio para el dolor. Para comprender esta afirmación es necesario entender que para el Aquinate la felicidad perfecta consiste en la contemplación de la Verdad que es Dios, contemplación de la que se sigue un máximo deleite. En esta vida presente la contemplación de las cosas divinas son, por tanto, causa también de gozo y, por consiguiente, causa de que las tristezas se alivien. Y más se mitiga la tristeza cuanto más se ame la sabiduría. Pero sobre todo, enseña Santo Tomás, que el conocimiento de la verdad sobre las cuestiones últimas y fundamentales de la vida, permite incluso mantener la alegría en las tribulaciones porque se espera con serenidad la felicidad futura. Y pone el ejemplo del mártir Tiburcio quien andando con los pies desnudos sobre carbones encendidos afirmaba: “Me parece que camino sobre rosas en el nombre de Jesucristo”. 

    En cuarto lugar Santo Tomás, siguiendo la premisa inicial de que toda tristeza se mitiga con un deleite, nos enseña que son excelentes remedios para el dolor los baños y el sueño. Ambos se ordenan a reestablecer el orden en la naturaleza corporal. El dolor y la tristeza contrarían el movimiento vital del cuerpo, generan un cansancio no sólo anímico sino que también físico. De allí que el baño y el sueño permiten recuperar fuerzas, brindar deleite y así mitigar la pena. De hecho, según algunos, la palabra baño tiene su origen en el término griego valanion, que significa “echar fuera la pesadumbre, el malestar”. Con respecto al sueño, nos recuerda a San Ambrosio que decía que “el sueño reestablece los miembros debilitados para el trabajo, alivia las mentes fatigadas y libera a los angustiados de su pena”. Y a San Agustín quien dice en sus Confesiones: “Me dormí y desperté, y hallé en gran parte mitigado mi dolor”.  

    Finalmente, el remedio que considero más importante y fundamental en el alivio del dolor, tanto exterior como interior, de los que nos propone Santo Tomás, es la compañía y compasión de los amigos. El amigo que acompaña y se conduele con quien sufre, se vuelve una fuente inmejorable de consuelo y de alivio, mejor que cualquier analgésico o pastilla tranquilizadora. Esto porque, tal como lo ha señalado antes al hablar del llanto, el dolor es una carga, pesa, y el que sufre quiere precisamente liberarse de esa carga. Pero cuando alguien se da cuenta que otros, por amor,  sufren con él “se hace como una ilusión de que los otros llevan con él aquella carga, como si se esforzaran en aliviarle del peso, y, por eso, lleva más fácilmente la carga de la tristeza, como también ocurre en la transportación de las cargas corporales “. Pero sobre todo, la compasión de los amigos alivia y es remedio para el dolor interior, en tanto, si los amigos sufren y se contristan con quien padece el dolor, éste “entiende que le aman, lo cual es deleitable”, y tal como lo he señalado al comienzo, todo deleite aleja y mitiga el dolor. Pero este es un deleite especial, porque amar y saberse amado es lo que hace que la vida tenga sentido, de tal modo, que aún sufriendo, aún con el dolor que se padece, pero con la convicción de contar con amigos, fortalece la esperanza de seguir adelante. 

  • La Libertad en el Señor de los Anillos

    La Libertad en el Señor de los Anillos

    La libertad es un emblema por el cual el hombre ha luchado en forma continua. Aún resuena en los oídos de muchos el grito de William Wallace en la película de Mel Gibson, Corazón Valiente. Lo cierto es que en la Historia fue Robert de Bruce quien levantó la libertad como emblema de lucha. La Libertad es un bien deseado, pero no siempre respetado, ni menos entendido. Tal vez unos de los autores que mejor comprendió el sentido del término en su plenitud y lo convirtió en el centro de su obra fue John Ronald Ruel Tolkien. El Señor de los Anillos su obra magna es en si misma una oda a la libertad. 

    Tolkien entiende la libertad no solo como ausencia de coacción, sino más bien como capacidad de autodeterminación – la capacidad real de decir que no. Muchos creen que la libertad es hacer lo que uno quiere, cuando quiere y cómo quiere. La verdad es  que esto difiere de la visión  Tolkiana y de la definición esencial de la libertad como tal. La libertad no es libertinaje – hacer cualquier cosa, sino que hacer el bien. Por lo tanto un acto libre se aleja del mal y solo elige el bien y rechaza el mal, por tanto el acto libre implica la real capacidad de poder decir que no, lo que parece al menos a simple vista, algo contradictorio. ¿Como voy a ser libre si me niego posibilidades?  Hay que comprender que la libertad es intrínseca y que todo hombre quiere en lo más profundo de su alma ser feliz. Además hay que considerar que cualquier hombre mentalmente sano siempre elige el bien. ¿Y como entendemos entonces cuando elegimos el mal? Nadie sano elige el mal por el mal. El mal siempre se presenta con apariencia de bien y por eso lo elegimos.  Nos damos cuenta tras elegirlo que no era un bien, sino que un mal y nos arrepentimos. Así opera nuestro mecanismo de dicernimiento.  Vivimos en un mundo pleno de escacés y debemos elegir en forma constante y es en esta elección en la que se ejercita nuestra libertad. Podemos ser lo que elijamos ser. No estamos determinados y estamos llamados a autodeterminarnos. Esta es la visión cristiana del libre albedrío. Somos lo que decidamos ser. No estamos determinados, por lo que en lo que nos convirtamos es responsabilidad propia, sea para bien o para mal. Por eso la noción del libre albedrío cree que si un cristiano va al cielo se debe a sus buenas acciones y si va al Infierno se debe a sus malas acciones. En ambos casos es simple y completamente la responsabilidad de cada uno. No debemos culpar a nadie de nuestras decisiones y acciones y es por eso que el pasaje del Génesis de Adán y Eva tiene mucho que decirnos. Cuando Dios le pregunta a Adán que hizo, este dice que fue Eva y cuando le pregunta a Eva esta dice que fue la Serpiente. La verdad es que la culpa nunca es de otro. Adán pudo decir que no y no lo hizo, por tanto fue su elección y es culpable y Eva pudo decir que no y no lo hizo y es ella entonces culpable. El hombre tiende a culpar a otros de sus propios errores, pero los culpables somos siempre nosotros mismos. Es por eso que la Libertad siempre va acompañada de la responsabilidad, ya que yo debo ser responsable de mis acciones y de las consecuencias de las mismas. Teniendo estas ideas claras  intentemos comprender a Tolkien y su obra. 

    John Ronald Ruel Tolkien nació a fines del siglo XIX en Sudáfrica, entonces parte del Imperio británico. Era un inglés en las colonias, como muchos. Su padre era un funcionario en el Cabo. Tras permanecer algunos años en la zona, la familia decide volver a Inglaterra. Mabel, la madre, junto a sus dos hijos John Ruel y Hilary Ruel viajarían primero y Arhur el padre se les uniría al poco tiempo. De este modo, Mabel viajó hasta el sur de Inglaterra a la casa de sus padre en la campiña inglesa. El padre nunca se les unió , ya que murió de una fiebre reumática. Los niños crecieron con sus abuelos en al campo. Tolkien recuerda esta época como un tiempo feliz en el que el campo y la simpleza le permitían  ser libre de cuerpo y alma. 

    Era una época de resurgir católico en Inglaterra tras el decreto que les dio libertad de práctica (1829). El catolicismo había estado prohibido y había sido perseguido en Inglaterra desde la Reforma Anglicana del siglo XVI. Enrique VIII separó la Iglesia de Inglaterra de la romana por razones más carnales que espirituales. Confiscó los bienes de la Iglesia y no realizó grandes cambios dogmáticos. Tras su muerte  es sucedido por 

    su hijo hombre, Eduardo VI, quien por el lado materno pertenecía a una familia Presbiteriana. Como es un niño, sus regentes son sus tíos Seymour quienes incorporan cambios religiosos profundos a la ya realizada Reforma. Pero el niño muere adolescente y asume su hermana mayor, María , hija de Catalina de Aragón, nieta de los Reyes Católicos. Ella intenta volver al catolicismo y se enfrenta violentamente con los “reformados” es conocida por la historia oficial como “María al Sangrienta”. Pero muere sin descendencia y la suceda su hermana, Isabel, hija de Ana Bolena quien no vuelve al catolicismo y afirma la nueva religión establecida a través del Acta de Supremacía y el Acta de Uniformidad. Ella persigue activamente a los llamados “papistas” obedientes de la Iglesia romana y conspiradores en su contra. De ahí en adelante la historia de los católicos en Inglaterra será una historia de privaciones y persecuciones. Luego se prohibirá que un católico pueda ser rey. Muchas familias permanecerán católicas en silencio, manifestando su fe en esferas cerradas. Finalmente en 1829 se les dará libertad de ejercicio lo que implicará una reorganización de la diócesis para una nueva realidad industrial. Se harán nuevas fundaciones y se reestructurarán los obispados. Este resurgir atraerá a varios intelectuales de la época. Personajes fundamentales del Anglicanismo se harán católicos como John Henry Newman y Henry Edward Manning. Ambos llegarán a ser cardenales de la Iglesia de Roma. Esto hará que en círculos intelectuales especialmente en la Universidad de Oxford muchos se conviertan al catolicismo con lo que  se comenzará a hablar del Movimiento Católico de Oxford.  

    Este es el contexto que encuentra a Mabel de vuelta en Inglaterra. Ella comienza a relacionarse con sacerdotes del Oratorio, lo que la llevan a convertirse al catolicismo. Esto será un revés para sus padres que pertenecen a las Iglesias Reformadas y le hacen elegir, permanecer con ellos y abandonar el catolicismo o marcharse. Ella decide irse con sus niños a vivir a Birmingham y seguir su nueva fe. Birmingham es una ciudad industrial, Tolkien no se siente tranquilo con este cambio, ama el campo y considera que las chimeneas humeantes son antinaturales y esclavizantes. La madre encarga la educación de sus dos hijos al sacerdote católico oratoniano, Francis Morgan. Mabel enferma y se le complica la diabetes con lo que muy temprano en la vida, muere. Solo tenía 34 años y su hijo mayor John Ronald Ruel tenía 12 años y ahora era huérfano. Ambos niños quedaron a cargo del padre Francis, quien era estricto, pero cariñoso. Para Tolkien será una de las personas más importantes de su vida a tal punto que cuando ya es famoso y le critican a la Iglesia católica el asiente a los defectos que muchos ven en ella y afirma “con que haya un solo Padre Francis en la Iglesia, ésta se salva entera”. Crece como un católico devoto. No sólo es un creyente sino que un practicante de misa diaria, lo que explica mucho de su visión de mundo. 

    Será un gran alumno en el Kings college de Birmingham. Será aceptado en Oxford para estudiar Lengua Inglesa. En esta época conocerá a Edith Bratt, joven anglicana huérfana mayor que él de la que se enamorará. El Padre Francis le prohibirá verla hasta que termine su carrera. No le gustaba que saliese con una anglicana, consideraba que el sacrificio de su madre no podía ser mancillado. Tolkien obedece, se dedica a estudiar. Será un excelente alumno. Una vez que termina su carrera, le escribe a Edith para verla. Ella le dice que está comprometida para casarse con otro. El insiste, finalmente Edith devuelve el anillo a su otro pretendiente y se casa con Tolkien. Era 1916 y Europa estaba sumida en la Primera Guerra Mundial por lo que la felicidad de los recién casados se vio truncada, ya que Tolkien ahora graduado, debía ir al frente. Será jefe de los fusileros de Lancasshire  en la batalla del Somme. La Guerra lo marcará para siempre.  Allí en el horror de las trincheras conoció a los Hobbits, gente simple que se contenta con poco. El un profesor universitario de la Universidad de Oxford tenía certeza de los horrores que representaba la Guerra y se preguntaba en forma recurrente si esto era o no algo humano. Al modo Shaespeareano su pregunta era “to be or not to be human”. Mientras tanto esos soldados rasos, gente simple de la campiña inglesa, que nunca habían salido de sus casas, mostraban una valentía y valía que él no imaginaba. Como diría más adelante Gandalf  ”los Hobbits están llenos de sorpresas”, valen más de los que ellos creen.  Todos los amigos de Tolkien de el colegio con lo que él había formado su primer Club de intereses comunes, llamado el Tea Club and Barrowian Society murieron en la Guerra. Tolkien se salvó ya que sufrió la llamada “ Fiebre de trincheras” y fue llevado al hospital. Durante su recuperación ya comenzará  a escribir parte de lo que será el Silmarillion, obra que lo acompañará toda su vida y que nunca terminará. Será publicada póstumamente por su hijo, Christopher. 

    Finalizada la Guerra Tolkien vuelve a donde su amada Edith con la que comenzará a formar una bella familia. Juntos tendrán cuatro hijos y Tolkien será un padre devoto.  Su vida será para muchos algo predecible. Un profesor universitario de rutinas, amante del mundo germano y anglosajón, dedicado a la traducción de textos ancestrales y conocedor de historias memorables y amante de los valores entregados en éstas.  Un hombre simple con  pasiones intelectuales  influyente y creencias sólidas que le permitirán desde lo que parece predecible, crear algo impredecible y único, El Señor de los Anillos, tal vez el mejor libro escrito durante el siglo XX y probablemente uno de los mejores libros de todos los tiempos.

    ¿Qué tiene esta historia para hacerla tan única? Se trata de una recreación perfecta de nuestro mundo. Tolkien es un lingusita y primero creó lenguas, para luego inventar seres para que las hablases y finalmente una tierra para que la habitasen. El Señor de los Anillos tiene un presente que representa la historia misma y cuenta con un pasado que es el Silmarillion obra que escribía y completaba al mismo tiempo que escribía El Señor de los Anillos.

    De vuelta de la Guerra Tolkien tradujo Sir Gawain y el Caballero Verde y el Beowulf al Inglés. Una historia del mundo celta y otra la obra magna del Anglosajón. Tolkien era un conocedor el mundo celta, Anglosajón y Nórdico. Era profesor de Anglosajón y de nórdico antiguo y pertenecía a un grupo llamado los “Coalbitters “en el que se juntaban a leer Sagas Islandesas en nórdico antiguo. Conocía  cabalidad las tradiciones medievales y compartía su visión de mundo y este conocimiento se traspasara a su obra. Comenzará con la publicación de El Hobbit, una obra simple y como muchos mal interpretan “para niños”. Hay que comprender que la noción de Tolkien sobre la fantasía y los cuentos de hadas es que estos son para niños de 0 a 99 años, por lo que es errático pensar en El Hobbit como una historia sólo para niños. Se trata de una buena historia donde ya podemos ver la noción de Libertad trascendental en Tolkien en plena acción. Tolkien considera que las buenas acciones traen buenas consecuencias y las malas acciones traen malas consecuencias. Nada se debe a la simple suerte. De hecho muchos aquellos que no comprenden este libro han criticado al autor por dejar que las cosas sucedan por “simple suerte”. Lo que esos críticos no entienden es que Tolkien no cree en la suerte. Todo se debe a las acciones de cada uno, ya que cada acción, cada decisión tiene consecuencias. Hay que agregar el hecho que el autor como buen católico  cree que Dios actúa en el mundo a través de la Divina Providencia. Eso a lo que muchos llaman “ justo en ese minuto” o “ suerte”, Tolkien lo llama “la Acción de Dios en el Mundo”. Nada es por suerte. Tolkien comprende y muestra, ya en esta obra que es simple, que cada uno hace su camino y que nuestra vida es como un viaje. Somos un “Homo Viator” que se hace en el camino y que dependiendo de las elecciones que cada uno hagamos libremente podemos ser más, crecer o deteriorarnos. No es culpa de nadie, solo de cada uno. Por eso las buenas acciones llevan a “buena suerte” y las malas acciones encuentran perdición. El hombre es libre y se autodetermina, cada uno hace su camino y toma decisiones en el trascurso dela ruta y eso determinará las consecuencias al fin del camino. Cuando Bilbo Baggins es invitado por el mago Gandalf a una aventura, trata de negarse. Los hobbits no son seres propicios para las aventuras. Tras ser invadido por un montón de enanos en su propia casa, sentirse vejado  e intentar negarse de esta locura de ir a una montaña a quitarle un tesoro a un dragón, cosa que no parecía muy segura, finalmente se ve embarcado en la aventura que nunca buscó.  Es entonces cuando le pide a Gandalf que le asegure que no le va a pasar nada y que volverá, sano y salvo. Gandalf le dice que no puede hacer tal promesa y que lo único que le puede asegurar es que si es que vuelve, ya no será el mismo. Las aventuras cambian a las personas, para bien o para mal y eso depende de cada uno de los aventureros. Somos dueños de nuestras vidas y no depende nada de terceros. Bilbo será mucho más de lo que él hubiese pensado, encontrará la valentía y la generosidad. Estará dispuesto a sacrificarse por su amigos, lo que sólo lo harán crecer en sabiduría y virtud, lo que harán que para cuando regrese de la montaña solitaria será una mejor persona. Dueño de si mismo. Bilbo era un Hobbit de la comarca poseído por sus posesiones, preocupado de las cosas que tenía y que era incapaz de usar. Tuvo que ir a la cueva del Dragón, ser que se caracteriza por acumular lo que no puede usar “ el mal del dragón”, enfrentarlo para así él curarse de ese mismo mal que antes él poseía. Por otra parte Thorin, el jefe de los enanos de la historia,  tomando malas decisiones se enceguece con el mal del dragón y encuentra su propia perdición. Cada uno forja su camino haciendo uso del bien más preciado que poseemos, la libertad. Como se puede ver el Hobbits no es simplemente una historia de niños.

    Cuando Tolkien publica El Hobbit, el editor muy complacido con la historia, le pide más historias de “Hobbits”, esperando que el autor trajese para el año siguiente otra historia para publicar. Pero Tolkien era una persona muy meticulosa y perfeccionista y tardó 20 años en volver a donde el editor con más historias de Hobbits, con El Señor de los Anillos. Tolkien nunca sentía que las obras estaban terminadas. Tras trabajar muchos años en lo que sería El Señor de los Anillos le dice a su amigo C.S. Lewis que él dejó gran parte de su vida en esta obra y que lamenta que “nadie lo vaya a leer”. Pero estaba más que equivocado. Se trata de uno de los libros más leídos del siglo XX y objeto de culto para muchos, pero sobretodo, se trata de una obra en la cual el autor expresa una completa cosmovisión con una pluma magistral. 

    Para Tolkien existe un Creador de quien emana la Creación. Solo Dios puede crear de la nada – at nihil. El hombre solo puede crear de lo ya creado. Por eso Tolkien lo define como subcreador. Hay dos tipos de creaciones humanas, las que sirven al hombre, tecnología y las que ensalzan a Dios, arte. Para Tolkien esta chispa divina que posee el hombre que le permite crear radica su esencia en la libertad que éste posee. Su entendimiento en relación de lo que se entiende por acto libre se ve en pleno en el Silmarillion . Dios – Eru o Iluvatar crea desde su pensamiento a los Ainurs o Valar – los primeros vástagos. El que es el Logos (hace referencia a la definición del Dios Cristiano). Luego compone una  música creadora  e invita a sus vástagos a acompañarle en la creación. Todo comienza a surgir de la armonía, la tierra, las montañas , los mares, se ve la creación que ya es y lo que será.  Se ve el venir de los Primeros nacidos, los Elfos y de sus seguidores, los hombres. Todo es perfección hasta que uno de los valars, el más bello, decide desentonar.  Dios creó a sus seres libres y por tanto Melkor decide desentonar. Cree que él puede hacer mejor música que Dios. De la soberbia de Melkor surgen en la creación cosas que no estaban en el plan de Iluvatar.  En este pasaje del Silmarillion Tolkien resume un problema trascendental en la teología cristiana, el problema del mal. ¿Si Dios creo todo bueno, como el mal? Dios no creó el mal, pero permite el mal, porque nos creó libres. De la voluntad del hombre nacen las malas acciones que tienen consecuencias. Todo ejercicio de la libertad tiene consecuencias.  Melkor decidió desentonar y aparecieron cosas en la creación cosas que no estaban en el plan divino. Pero el gran problema de Melkor es creerse mejor que Dios pero saber a ciencia cierta que no es Dios. Solo Dios puede crear de la nada, Melkor necesita de la ceración divina para cambiarla para subcrear, para pervertirla. El gran fracaso del demonio es que no puede crear at nihil. 

    Melkor baja a la Tierra Media y se llena de odio. Sabe que no es Dios y no lo soporta. Atrapa a criaturas buenas y las corrompe , no puede crear de cero sus diabólicos secuaces, necesita degenerar. Odia tanto que no soporta ver el bien y la alegría. Ataca la luz e intenta romper la idea de simetría de Iluatar.  Busca el poder por lo que necesita contar con el poder militar para lograr imponerse. Quiere cambiar el plan de Iluvatar por su propio plan. Quiere subyugar a toda la Tierra Media. Esto provocará una serie de luchas y batallas en su contra en la que hombres y Elfos pelearán codo a codo por la Libertad. Será derrotado y caerá al vacío. Muchos creerán que es el fin del mal. Pero lo que Tolkien tiene claro en su obra y en su vida, en la realidad es que el mal nunca descansa. Sauron, seguidor de Melkor o Morgoth se levantará como el nuevo Señor Oscuro que querrá subyugar a la Tierra Media.  

    Tolkien cree en la libertad de las criaturas creadas y muestra fervientemente que Dios es respetuoso de esa libertad, de otro modo el mal no existiría.  En la historia de Turin Turambar que aparece en el Silmarillion y que es recontada en el libro publicado el 2008 “ Los Hijos de Hurin” se cuenta una historia de condena. Hurin, hijo de Huor , quien permaneció una estancia en la ciudad Oculta de Gondolin es capturado por Melkor quien quiere saber la ubicación de la ciudad. Lo encadena y lo tortura por años. Lo condena a él y a toda su familia a morir. Encadenado al trono de Melkor desde donde todo se ve, debe ver como sus dos hijos, Turin y Niniel mueren.  Turin es un joven impetuoso que conoce la condena de Melkor y trata de escapar de ella ocultándose y cambiando su identidad. Sabe que está condenado y actúa erráticamente. Lo que nunca entendió Turin es que nadie nunca puede condenarlo, que las condenas de un tercero no existen y que él con sus malas decisiones se condena solo. El usa mal su libertad y hace cumplir la supuesta condena. Buenas acciones traen buenas consecuencias y malas acciones traen malas consecuencias. Turin y su fatalidad es resultado de sus propias acciones y sólo él es culpable de sus desgracias.  El Señor Oscuro es inteligente y sabiéndose no todopoderoso canaliza los errores de los seres libres y los doblega por voluntad propia.  Es la libertad la que nos hace vulnerables.  La libertad es entonces un arma de doble filo, es lo que hace que la vida sea digna de vivir y lo que puede condenarnos. Es mucho más fácil estar determinados, no hay que elegir, ni hay responsabilidad en el actuar. El ser libres implica la difícil situación de decidir  y la real posibilidad de equivocarse. 

    Esto mismo se replica en forma constante en el Señor de  los Anillos. Sauron es ahora el nuevo Señor Oscuro que mediante engaños logró quebrar la voluntad de los hombres. Recordemos que nadie en su sano juicio elige el mal por el mal. Es por esto que Sauron se presenta como el Señor de los Regalos, como consejero con buenas intenciones y se apodera de las mentes de quienes acecha. Forja los anillos de poder para cada una de razas de la Tierra Media, Elfos, hombres y enanos para luego forjar un anillo único y gobernar sus mentes, tando los anillos y hundiéndolos en las tinieblas. Los anillos de poder son la máxima expresión de dominio y la pérdida total de la libertad. Además logra pervertir a los hombre y quiere el fin de la especie humana tentando a los Numeronianos (habitantes de la Isla de Numenor) a hacer lo único que tenía prohibido, navegar hacia Valinor. Es la réplica de la manzana de Adán. Dios castigará a los numerionianos y su isla se hundirá en el mar. Saurón  pierde su cuerpo pero desde el anillo único que tiene en si parte de su propio ser malvado se levanta desde la Torre Oscura para dominar toda la realidad. Se logra la última alianza de hombres y Elfos para combatir al señor oscuro y luchar por la libertad en la Tierra Media. Pero cuando finalmente hubo una real opción cuando Isildur le corta el dedo a Saurón y le quita el anillo único haciendo que Saurón se desintegre, no acepta terminar con el Anillo  que sabía tenía parte del ser del Señor del mal. Es la tentación del poder, de usarlo para el bien. Pero Tolkien sabe que el objeto malo no puede ser usado para el bien y que como ente de mal corrompe. El poder entiende Tolkien corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Esto le sucedió a Melkor que se convirtió en Morgoth y le volvió a suceder a Saurón. El mal no descansa siempre puede elevarse un nuevo señor Oscuro. Isildur será traicionado y asesinado en los campos Gladios y el anillo único caerá al fondo del río. Años más tarde será  encontrado por Deagol quien junto a su amigo Smeagol pescaban. Smeagol desea el anillo y mata a Deagol. El anillo tortura a Smeagol por años, él lo usa en forma permanente y se hace adicto a él. Smeagol se convierte en un esclavo del anillo y olvida quien es en verdad. Hasta olvida su nombre y pasa a ser Gollum.  El anillo es como  el pecado cuando se lo usa se es invisible par este mundo , pero visible para el Señor Oscuro. Mientras más se peca , más edicto se es a ese pecado y hay que continuar en el pecado. El anillo es adictivo y quien lo posee lo necesita como “ su tesoro precioso”.  Al pecar uno se olvida de quien es en verdad y pasa a justificarse desde un nuevo yo pervertido. Por eso Smeagol pasa a ser Gollum. Perdió su “ humanidad , perdió su libertad, es esclavo del anillo.

    Para el inicio de la obra Magna de Tolkien, The Lord of the Ring, Saurón debilitado busca el anillo único. Los Nazgul dominados desde los anillos menores lo ayudan en su búsqueda. El anillo quiere volver a su dueño y si lo hace el mal logrará el poder absoluto y con ello la perdición y el dominio de la corrupción absoluta y el fin de las libertades para siempre.  El anillo había sido encontrado en la cueva de Gollum por el ser meas simple e invisible jamás pensado, un Hobbit de la Comarca llamado Bilbo Bolsón. Allí permaneció en silencio  por años hasta que Gollum quien necesitaba el anillo y lo buscaba también cae en manos de Saurón y dice dos palabras claves – Comarca ( Shire) y Bolson ( Baggins). Con esto los Nazgul dejan la torre oscura y salen en búsqueda del anillo único. Galdalf , el mago gris, quien ya sospechaba que el anillo de Bilbo no era otro que el anillo único confirma sus temores y llega a tiempo para pedirle a Frodo que saque el anillo de la Comarca y que lo lleve hasta Bree donde él lo esperará. Frodo sale de la Comarca con su amigo Sam  a quien Galdalf le encomienda su cuidado. Se les unen dos Hobbits más, Merry y Pippin. Al llegar a Bree, no solo Gandalf no está sino que no les queda meas uqe confiar en un montarás que es llamado Trancos, Aragorn. Son 5 viajeros que ahora se dirigen con la pesada carga a Rivendel.  Tras ser perseguidos y atacados por los Nazguls, logran llegar a Rivendel donde son recibidos por el Sennor Elrond de los Elfosy el mago Gandalf y donde se celebra el consejo para saber que hacer con el anillo. Se trata de una carga pesada que todos saben hay que destruir. El único modo de destruirlo es lanzarlo al fuego en donde fue forjado, en el Monte del Destino en la Tierra de Mordor donde habita Saurón. O sea se trata de una aventura  peligrosísima, llevar el anillo literalmente a la “ boca del lobo”. Pero no solo la tarea es difícil, el gran problema es quien llevará el anillo para ser destruido. Los poderosos temen, saben que el anillo es el poder absoluto y que los corromperá absolutamente y lo rechazan. Finalmente el meas sencillo, el meas pequeño – Frodo se ofrece para ser el portador. Se viene a la cabeza la idea que los últimos serán los primeros y que de los humildes es el reino de los cielos. Junto a Frodo el portador se arma una hermandad para acompañarlo que será conocida como la Comunidad del Anillo. Dos hombres, un elfo un enano, un mago y cuatro Hobbits trabajarán cono a codo y en equipo para lograr la difícil y casi imposible tarea de destruir el anillo. 

    La aventura cambiará a todos los actores involucrados. La vida vista como un viaje, el viaje los cambiará a todos y durate la historia muchos tomarán buenas y malas decisiones. Galdalf parece morir en las minas de Moria, debe enfrentar su propia aventura, descender a los infiernos para desde ahí resucitar como Galdalf el Blanco. Pero sus amigos sólo lo ven morir. Boromir es seducido por el poder del anillo e intenta quitarle el anillo a Frodo, lo que hará que éste huya y la comunidad se separe. Tras esto intentará revindicarse protegiendo a Merry y a Pipin y mueriendo en el intento. Su libertad lo traicionará y tomará malas decisiones que traerán malas consecuencia y se redimirá dando la vida por sus amigos. Doblemente libre para el mal y para el bien.  Aragorn, Gimli y Legolás intentarán salvar a Merry y Pipin que habían sido capturados por Orcos y otros seres temibles. San y Frodo se dirigen nada meas y nada menos hacia Mordor. Los menos poderosos van al lugar más peligroso.  

    Todos encuentran su destino que nace de las decisiones que cada uno toma. Galdaf enfrenta sus temores y reemerge fortalecido como Gandalf el Blanco. Aragorn asume quien es, enfreta  elmundo de los muertso ( deciende también a los infiernos) y sale dispuesto a ser rey. Gimli y Legolás descubren que el potencial enemigo puede ser amigo y Merry y Pipin crecen y maduran siendo los gestores de la caída de Sarumán. Frodo y Sam para poder llegar a cumplir su misión no les queda meas que confuar en la criatura que los ha seguido casi todo el camino. Gollum, quien los guía hasta la puerta del destino. Gollum es repugnante y traicionero, lo que lleva a San a desearlo muerto, pero Sam no elige matarlo, sino que lo perdona. Frodo también elige el camino de la misericordia. Cuando Frodo en Moria le comenta a Gandalf que su tío Bilbo debió matar a Golum cuando pudo, Gandalf les responde diciéndole que cada cual cumple su rol y que sólo Dios da y quita la vida. Lo más increíble es que al momento final las fuerzas y la voluntad traicionan a Frodo y si Gollum no hubiese actuado, el anillo no habría sido destruido. 

    Como se puede ver Tolkien entiende la libertad como una lucha externa contra la coacción e interna contra uno mismo. Si las buenas acciones tienen buenos resultados y las malas acciones malos resultados el hombre por naturaleza busca el bien, solo que a veces se le nubla la visión y confunde. La verdadera libertad liberadora siempre está en el camino del bien , ya que el hombre por naturaleza busca fervientemente y anhela ser feliz.  En todas sus obras el autor muestra a cabalidad la aplicación de la visión cristiana de la libertad y sus dimensiones teológicas de un modo magistral y ejemplificador.  Se trata de ver la vida como una aventura, una “queste” (búsqueda), siendo el camino caminado lo que resultará en las consecuencias posteriores. Somos libres, algo tremendamente difícil y de gran responsabilidad. Pero porque somos libres vibramos con la vida de un modo que otros seres son incapaces de hacerlo. La libertad es el don mayor del hombre es en si lo que lo hace humano como tal y lo que lo hace persona única e irrepetible. 

  • La importancia de saber leer

    La importancia de saber leer

    En este nuevo comienzo del año académico he querido poner mi atención en los más pequeños. En aquellos alumnos que recién comienzan su vida escolar y que dan sus primeros pasos en el mundo de la lectura y la escritura. Es verdaderamente admirable ver cómo poco a poco estos niños logran descifrar esos caracteres, hasta hace poco extraños para ellos, y que ahora aparecen llenos de sentido, posibilitándoles acceder a mundos nuevos de conocimientos, pero también a historias de aventuras y de fantasía apasionantes. A veces da gusto ver cómo, con tan solo 4 o 5 años consiguen leer y escribir con mucha facilidad. No obstante, la tristeza aparece cuando uno se encentra con jóvenes de 18 o 20 años que no solo leen mal sino que no tienen ningún gusto o afición por la lectura. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde ha quedado, después de 12 años de colegio, su pasión por las letras? ¿Qué ocurrió con esa precocidad literaria tan celebrada por sus padres? ¿Bastaba con enseñarles a leer o era necesaria una acción de otro tipo? A desentrañar lo que supone verdaderamente saber leer es que dedicaremos esta reflexión, la cual estará orientada a los niños como destinatarios últimos, pero dirigida de modo especial y directo a padres y maestros.  

    En su discurso de recepción del premio Nobel de Literatura en diciembre de 2010, Mario Vargas Llosa comienza con las siguientes palabras: “Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano (…). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas. La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura”. Este primer párrafo apunta a tres cuestiones que son claves para comprender la importancia de la lectura, así como su verdadero sentido.

    1.- En primer lugar, aparece con claridad que leer no es lo mismo que ser lector. En efecto, leer, en su más pleno sentido, no puede ser solo el acto mecánico por el que desciframos el significado de ciertos signos escritos. Si bien es cierto que saber leer indica, primeramente, la capacidad de decodificar signos –y así cuando decimos que alguien sabe leer o aprendió a leer, es a esto a lo que nos referimos–, no obstante, no puede esto confundirse con el hábito de leer. Solo quien posee este último merece el título de lector. Un niño de 6 años, gracias a la ayuda de la escuela y de sus padres, puede saber leer, pero desde luego, no es un lector. 

    Para comprender bien esta diferencia comparémoslo con la actividad de escribir. Una cosa es saber escribir y otra ser escritor. Un escritor es alguien que no solo escribe, sino que lo hace de un modo habitual, pero además, siendo capaz de comunicar una verdad o una historia con cierto arte. Siguiendo con el ejemplo, no decimos que un niño de 6 años que sabe escribir, sea un escritor. Y si existe en castellano la palabra “escribidor”, que el diccionario de la Real Academia Española define como aquel que es “mal escritor”, también es posible hablar de “leedor”, para referirse al mal lector, esto es, a aquel que sabiendo leer, solo lo hace por motivos extrínsecosa la misma lectura, es decir, usa la lectura para poder enterarse de ciertas cosas útiles, pero que de no mediar dicha necesidad, se mantiene alejado de la actividad lectora. Se ve en Vargas Llosa esa pasión por la lectura y su deseo de leer las historias que se le presentaban. El poeta Salinas en una obra sobre los libros sostenía: “Uno de los efectos del desorden intelectual contemporáneo es que mientras ha crecido el número de leedores, se ha vuelto una rareza singular el tipo de puro lector”. 

    Y ¿en qué consiste ser lector? Pues no en otra cosa que en leer por razones intrínsecas a la lectura, es decir, en la actividad de aquel que lee por el mismo bien que supone leer, no para informarse sobre algo, sino porque ha descubierto que la lectura es un bien en sí mismo. Como señala Salinas es lector “el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor invencible al libro, por ganas de estarse con él horas y horas. Ningún ánimo en él, de sacar de lo que está leyendo ganancia material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la escala social, nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo”. El lector sabe leer, por supuesto, pero hay algo más en él que lo distingue y ennoblece: su amor por la lectura, su pasión por estarse junto a un libro descubriendo lo que tiene para ofrecer.

    Este amor por la lectura es descrito también por un prestigioso escritor infantil, Gustavo Martín Garzo, quien se ha referido al lector como alguien “que se olvida de sus ocupaciones cotidianas, que abandona el ámbito de lo estrictamente racional, y que solo vive para desvelar el misterio de una llamada tan desconocida como irresistible. Que lo hace no buscando un mayor conocimiento de sí mismo o del mundo, sino, sobre todo, llevado por un movimiento de fascinación”. El lector, aquel que verdaderamente sabe leer, es alguien que está fascinado por la lectura y le busca en razón del mismo gozo que supone leer. Es obvio que todos somos leedores, el problema está en ser solo eso y no atreverse a ser también un poco lectores, atreverse a disfrutar con la misma lectura. Porque la verdad es que aunque nunca se ha leído tanto como ahora, nunca han existido tan pocos lectores. Leer no está de moda. Los estudios sobre hábitos lectores son unánimes en constatar que los alumnos universitarios no leen o leen poco. Un estudio publicado hace unos años indica que en las preferencias de ocio de los adolescentes españoles, la lectura está anteúltima por delante de “no hacer nada”. De tal manera que si hoy los índices de analfabetismo son bajísimos porque casi todos saben leer, no estaría mal considerar otro tipo de “analfabetismo”: el de aquellos que solo se han quedado en la condición de leedores. Salir de este analfabetismo supone adquirir el gusto por la lectura, dicho de otro modo: querer leer. 

    2.- En segundo lugar, ese gusto por leer está fundado en gran parte en aquello que se lee. En este sentido, saber leer no solo supone realizar la actividad lectora, ni disfrutar con la lectura, sino además saber qué es lo que se lee. Y este párrafo parece apuntarlo con claridad. Aprender a leer es lo más importante que le ha pasado a Vargas Llosa porque ha tenido la posibilidad de conocer a una serie de autores que le han mostrado un mundo absolutamente genial. Dumas, Víctor Hugo, Verne, Calderón, etc., son algunos de los clásicos mencionados por el escritor peruano. No dice que agradece haber aprendido a leer porque de ese modo puede leer el diario cada día y enterarse de las noticias; o leer las cartas de sus amigos y los emails del trabajo, sino que señala que de ese modo ha podido viajar con el capitán Nemo, y vivir diversas aventuras con diversos personajes entrañables. Son los clásicos aquellas obras que han conseguido expresar los más profundos deseos del corazón humano (los abismos de lo humano, dirá en otro lugar el autor) y que, por tanto, siempre se mantienen actuales. Son obras, como dice Italo Calvino que “nunca terminan de decir lo que tienen que decir”, porque su profundidad es inagotable. Siguen interpelándonos aún después de tantos siglos de haber sido escritos, de allí que sean obras que siempre se están releyendo. Estos son los libros que verdaderamente posibilitan convertirse en lector. No se hace uno lector, no adquiere gusto por la lectura, iniciándose en un tratado de química o de geología, sino en obras que causen gozo al alma. Por eso, el papel de los cuentos clásicos, de los cuentos de hadas, resulta insustituible en la formación del futuro lector. 

    3.- En tercer lugar, aparece aquí lo que a mi juicio es más importante y permite entender más la importancia de la lectura. Si uno pregunta por la importancia de la lectura, es evidente que la respuesta será “sí, es importante”. Pero lo que no es tan claro es para qué es importante. ¿En dónde radica la importancia de la lectura? ¿En que nos permite conocer y acceder a informaciones que de otro modo no tendríamos? ¿Para poder aprobar los exámenes y así obtener un título? ¿Para conseguir trabajo o para leer las instrucciones de funcionamiento de la lavadora nueva? ¿Para qué es importante saber leer? Y Vargas Llosa en este primer párrafo da razón de ese “para qué”: Dice el ganador del Nobel que la literatura “enriqueció mi vida”. La lectura es importante porque enriquece la vida. Porque nos ayuda a ser mejores personas. Sobre esto va a volver después a lo largo de su discurso, pero ya queda claramente establecido: “Agradezco saber leer al hermano Justiniano porque a través de la lectura mi vida ha sido enriquecida”. 

    La lectura literaria aparece como algo necesario, no por su utilidad o por su carácter pragmático, sino por su propia naturaleza, sobre todo en nuestros días, en que vivimos en una sociedad hiperteconologizada. A través de ese encuentro es posible una vida más armónica, equilibrada, más humana. Por eso conseguir que los alumnos se fascinen por la buena literatura es un desafío precioso al que estamos llamados todos. No es, de ninguna manera, algo utópico, aunque sea difícil y complejo. Es hacia allí donde debemos tender tanto los padres como los maestros: no solo a enseñar a leer, no solo a posibilitar que sean capaces de descifrar esos signos que les permiten acceder a la información que posee un texto, sino que debemos procurar transmitir pasión por la lectura acercando a los niños a los clásicos de siempre que les colman la vida de sentido. Y esto del único modo posible que existe para hacerlo: entusiasmarnos nosotros mismos con la buena literatura y practicarla a diario. Al principio puede que cueste, pero luego será parte de nuestra propia vida y solo desde allí podremos educar. 

  • La importancia de la familia en la formación de la resiliencia

    La importancia de la familia en la formación de la resiliencia

    La resiliencia es un concepto que aparece de modo recurrente en ámbitos especialmente psicológicos, pero que se ha trasladado con mucha fuerza también al mundo educativo. Si bien es un término que dice relación con el mundo de la física, puesto que designa la “capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”, pasa por analogía a designar aquella personalidad que luego de enfrentar grandes digicultades y dolores, vuelve a enfrentar el desafío de la búsqueda y consecución de su propia felicidad. La misma etimilogía de la palabra alude a  “saltar hacia atrás”, “rebotar”, “replegarse”, es decir, volver donde estábamos, continuar y rehacerse del daño o las heridas recibidas llevando la vida con normalidad y con buen ánimo. A lo largo del tiempo, aquellos que volcaron su interés y su tiempo en estudiar el concepto “resiliencia” aportaban un sentido innovador al significado de la palabra. Existen diferentes definiciones de resiliencia, todas ellas similares que expresan un mismo sentido. Entre las principales destacan la propuesta por el Bureau International Catholique de l’enfance, BICE, que afirma que se trata de “la habilidad para surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva”; o la de Vanistendael y Lecomte quienes sostienen que la resiliencia es “la capacidad para proteger la propia integridad bajo presión y de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles”. En ambos casos estamos ante una virtud muy semejante a una dimensión de la clásica virtud de la fortaleza que supone la perfección del ánimo frente a los males difíciles de soportar, aquella virtud de los enamorados que por amor son capaces de soportar las más diversas adversidades. Como lo expresa Boris Cyrulnik de modo sintético y muy preciso es el arte de navegar en los torrentes.

    El dolor es parte constitutiva de la vida humana, las dificultades aunque puedan tardar en llegar, sabemos que llegarán eventualmente, y en algunos casos son de una magnitud inesperada, pudiendo comprometer nuestra búsqueda y deseo de felicidad. Por ello es necesario y fundamental estar provistos de una personalidad resiliente, fuerte, valiente, para enfrentar dichos momentos. Pero, ¿cómo es posible formar una personalidad así? ¿qué hacer para ayudar a otros a enfrentar las dificultades de manera que no decaigan en la búsqueda de la felicidad? El mismo Cyrulnik explica que “un trauma empuja al herido en una dirección en la que hubiera preferido no ir. Pero como ha caído en una ola que le arrolla y le arrastra hacia una cascada de heridas, el resiliente ha de apelar a los recursos internos impresos en su memoria, ha de luchar para no dejarse arrastrar por la pendiente natural de los traumatismos, que le llevan dando tumbos de golpe en golpe  hasta que una mano tendida le ofrezca un recurso externo, una relación afectiva, una institución social o cultural que le permita recuperarse”. Como vemos, son necesario “recursos internos impresos en la memoria”, vivencias, de tal modo arraigadas en el propio interior, que permitan enfrentar las situaciones difíciles. Dicha adquisición, continúa Cyrulnik,  está estrechamente relacionada con aptitudes desencadenantes de un apego seguro. Lo cual favorecerá al individuo en cuanto a su desarrollo o por el contrario lo perjudicará: “Podremos constatar que los que han sido privados de estas adquisiciones precoces podrán desarrollarlas más tarde aunque más lentamente, a condición de que el medio, habiendo comprendido cómo se modela  un temperamento, disponga guías de resiliencia en torno a los heridos”.

    Hace tiempo, no obstante, esta característica poco común se atribuyó a una “constitución” especial, a algo que se tenía o no se tenía. No era algo que fuera posible adquirir. Pero, recientemente, se ha constatado la posibilidad clara de su adquisición según influencia de factores mayores que determinarán el desarrollo de esta virtud en nosotros mismos. Estos factores se han clasificados en: Factores de riesgo y factores de protección. Los primeros, los factores de riesgo, son aquellos factores estresores o condiciones ambientales que incrementan la probabilidad  de que un niño experimente un ajuste promedio pobre o tenga resultados negativos en áreas particulares como la salud física, la salud mental, el resultado académico o el ajuste social. Algunos de los factores de riesgo más importantes que se han identificado son experiencias traumáticas (como la muerte de un padre), pobreza, conflicto familiar, exposición crónica a la violencia, problemas de sus padres como abuso de drogas, conducta criminal o salud mental. La presencia de estos factores indudablemente condiciona negativamente la personalidad del niño haciéndole difícil la adquisición de la resiliencia. Los segundos, los factores de protección, por el contrario, son aquellos que reducen el riesgo de la persona ante distintas conductas problema, y el paralelo concepto de resiliencia que se ha elaborado para explicar la superación de situaciones difíciles o extremas en la niñez, cara a sus consecuencias para la vida adulta. Estos son los que directamente contribuyen a la formación de la resiliencia.

    Aparece claro que para adquirir una personalidad resiliente será necesario reducir tanto como sea posible los factores de riesgo y potenciar, fomentar y hacer crecer los factores de protección. ¿Cuáles son los factores de riesgo más comúnes? Los diversos autores señalan: la rigidez, la confusión de vínculos, la la rigidez, la ausencia de relaciones solidarias, el estrés y la afectación de los problemas de adultos a los niños. Mientras que si nos preguntamos por los factores de protección puede mencionarse, entre otros: la flexibilidad, cohesión entre los miembros de la familia, sentimiento de pertenencia, autoestima, autoconciencia, capacidad de resolución de problemas. En relación con estos últimos, Forés y Grané proponen una clasificación más precisa. Hablan de factores de protección internos, externos y sociales. Los internos son aquellos que tienen suma relación con el carácter y la personalidad del individuo además de sus creencias; los segundos, se refieren a los apoyos externos de la familia, vínculo de amigos, modelo de conducta y o servicios institucionales; finalmente los terceros, se refieren a la interacción con los demás y la capacidad de resolver problemas.

    Es evidente, luego de lo dicho, que la familia es absolutamente decisiva en la formación de personlidades resilientes capaces de enfrentar las dificultades de la vida de forma satisfactoria. Mancioux advierte que es importante estimular a los niños de temprana edad a partir de la interacción con sus padres para lograr un desarrollo significativo. Desde que llegamos al mundo, incluso en el seno materno, tenemos la necesidad de ser amados por nuestros padres y estar en continuo contacto con ellos ya que es el camino para sentirnos seguros y protegidos. Estamos hechos así, desde el primer momento necesitamos del amor del prójimo, que nos llevará a desarrolar en plenitud unos vínculos afectivos seguros y sanos que desencadenará la formación de nosotros mismos como seres humanos. 

    Estos principios consagrados y enseñados por la psicología más reciente, son aquellos que desde la Antigüedad los pensadores clásicos afirmaron continuamente. De modo más claro desde el Cristianismo, que ve en el hombre una creatura que procede del Amor y que se ordena al Amor y que no puede realizarse si no se da a sí mismo a los demás. La familia, escuela de amor, es el lugar idóneo en el que la persona recibe el amor de sus padres y se vuelve capaz de amar. No es en una clase de metafísica donde se aprende a amar a los demás y a enfrentar las dificultades –aunque las clases de metafísica hacen muy bien–, sino en el calor del hogar familiar. Allí por tanto se reciben esos factores de protección y se reducen los factores de riesgo posibilitando de manera exponencial la adquisición de una personalidad resiliente que permite enfrentar las adversidades de la vida con optimismo y alegría.  

    Para continuar con los factores de riesgo y protección, es importante tener en cuenta según menciona Delage (2010) el papel que toma el apego. Ambos factores de los que hablamos en este apartado del trabajo surgen dependiendo del apego o del vínculo establecido. Por tanto, desde este enfoque:

    – Los factores de riesgo son: la rigidez, la confusión de vínculos, la la rigidez, la confusión de vínculos, la ausencia de relaciones solidarias, el estrés y la afectación de los problemas de adultos a los niños.

    En cambio, en la otra vertiente:

    – Contamos con factores de protección como: la flexibilidad, cohesión entre los miembros, sentimiento de pertenencia, autoestima, autoconciencia, capacidad de resolución de problemas.

    Según el tipo de apego, seguro o inseguro, podemos desencadenar una de las dos vertientes expuestas que estarán de nuestro lado, potenciando los factores de protección y por tanto de resiliencia o, por el contrario, actuará a la inversa dictaminando un apego inseguro y una vulnerabilidad que afectará en todos los ámbitos del desarrollo del individuo.

    Sopesando las puntualizaciones hasta el momento, Forés y Grané (2011) proponen una clasificación de los segundos y últimos factores que se han mencionado, los factores de protección. Remiten a tres tipos:

    a) Internos: tienen suma relación con el carácter y la personalidad del individuo además de sus creencias.

    b) La dimensión externa: se refiere a los apoyos externos de la familia, vínculo de amigos, modelo de conducta y o servicios institucionales.

    c) La dimensión social: consolidada mediante a la interacción con los demás y la capacidad de resolver problemas.

    Es así cómo lo relata Boris Cyrulnik (2002) en Los patitos feos:

    Para volver a vivir, es preciso no pensar demasiado en la herida . Pero con el tiempo, la emoción provocada por el golpe  tiende a apagarse lentamente para no dejar en la memoria más que la representación del golpe. Ahora bien, esta representación que se construye laboriosamente depende de la manera como el herido ha conseguido historizar el hecho. […] El tiempo mitiga el recuerdo y los relatos metamorfosean los sentimientos.  A fuerza de tratar de comprender, de tratar de encontrar las palabras para convencer y construir imágenes que evoquen la realidad, el herido consigue curar la herida y modificar la representación del trauma.

    A partir de la progresión de las definiciones vistas hasta ahora vemos cómo la resiliencia es un término muy amplio que ha existido desde antiguo pero solo hace unas décadas que lo relacionamos con una vida sana, fuerte y feliz. Además, es importante destacar la existencia de factores que intervienen en este proceso como los de riesgo y de protección, de los que también hablaremos a lo largo del trabajo.

    • Génesis

     Y esta capacidad ¿cómo nos viene dada? Igual que estar en este mundo no ha dependido de nosotros, dicha capacidad no solo se centra en nuestra persona, sino en todo lo que ha tenido que ver con nosotros desde nuestro nacimiento e incluso antes. Cierto que también la consolidación de la resiliencia tiene algo que ver con los genes que nos son dados.

    Pues la resiliencia no es inamovible. Según Cyrulnik, es una variante que incrementará si los factores son favorables y hará que la virtud sea más fuerte y se expanda. Así que no podemos afirmar que una persona resiliente vaya a serlo hasta el final de sus días. Todo dependerá en la afectación de los contextos que, consecuentemente, hará posible el proceso contínuo de construcción de la resiliencia a lo largo de nuestra vida.

    Se ha estudiado la resistencia ante un suceso de inestabilidad y todo aquello que nos desestabiliza. Mancioux (2010) relata que algunas personas son más resilientes que otras aunque no se pueda dar una razón específica de ello. Pero lo que ha permitido avanzar en los estudios de la resiliencia y en todo su camino hacia conseguirla ha sido identificar las competencias como aptitudes. Las competencias designan al niño, por ello, a parte de ser reconocidas deben estar estimuladas para crar un clima estable de afectividad en el vínculo familiar que une al niño y a sus progenitores. Desarrollar estas capacidades potenciales, será un papel decisivo en la aparición de la resiliencia en la persona de edad adulta y, con más énfasis, en la infancia.

    Así que, nos dice Mancioux que es importante estimular a los niños de temprana edad a partir de la interacción con sus padres para lograr un desarrollo significativo. Desde que llegamos al mundo, incluso en el seno materno, tenemos la necesidad de ser amados por nuestros padres y estar en continuo contacto con ellos ya que es el camino para sentirnos seguros y protegidos. Estamos hechos así, desde el primer momento necesitamos del amor del prójimo, que nos llevará a desarrolar en plenitud unos vínculos afectivos seguros y sanos que desencadenará la formación de nosotros mismos como seres humanos.

    Depende entonces de contextos sociales y afectivos la posibilidad de desarrollar la resiliencia primaria, en primer término, para facilitar una vida llena de oportunidades. Con el paso del tiempo, evolucionaremos  y nos desenvolveremos en la vida potenciando nuestras capacidades y aptitudes formándonos  como personas y seres resilientes por nosotros mismos. A esto se le llama, resiliencia secundaria.

    • La resiliencia primaria y secundaria

    Hemos mencinado una resiliencia primaria y secundaria. Pero esto no significa que exístan dos tipos de resiliencia. Ambos se refieren a lo mismo; al hecho de sobreponerse a cualquier adversidad. Pero veámos más detalladamente a qué se refiere cada uno de ellos. 

    a) Resiliencia primaria: llamamos resiliencia primaria a aquella que se refiere al propio nacimiento, en el momento que respiramos por nosotros mismos y somos llevados a la vida real. Barudy y Dantagnan (2009), citado en Rojas Marcos, (2010) nombran así este proceso de construcción humana en que los recién nacidos hacen frente a los primeros desafíos del mismo nacimiento, de estar con los demás y recibir vínculos afectivos y sanos.

    De esta manera facilitaremos la emergencia de la resiliencia secundaria.

    b) Resiliencia secundaria: la resiliencia secundaria según Forés y Grané (2008), es aquella en la que se vuelve a la vida después de haber pasado por una situación desdichada. Si hemos dicho anteriormente que la primaria tiene que ver exclusivamente con nuestro nacimiento y atender a las necesidades afectivas del recién nacido, la secundaria se refiere a un segundo nacimiento. Es una dinámica reparadora de vida. Por ello, podemos decir que la resiliencia tiene cualidades constructivas, ya que se trata de una construcción, o mejor dicho, de una reconstrucción humana. 

    También podemos añadir la propiedad generativa al hacer referencia a la felicidad, como fin último. Ya que únicamente se puede obtener si se mantiene y se proporciona unas raíces desde pequeños que les llevará a divagar hacia una vida llena de oportunidades.

    Además de generar felicidad, esta cualidad transmite la idea que la resiliencia es mucho más que adaptabilidad, más que ser robusto o rígido. Nos referimos a crecer hacia algo nuevo avanzando hacia adelante y, por tanto, evitando los factores que nos puedan desestabilizar.

    Como ejemplo de esta resiliencia secundaria, Tim Guénard, quién con solo tres años fue abandonado por su madre y atado a un poster de electricidad y maltratado por su padre pero que años más tarde, gracias a varias personas que se cruzaron en su camino, pudo apagar el odio que había en su interior. Y así volvió a nacer, se reconstruyó y volvió a la vida. Su vida está narrada en una obra autobiográfica en la que expone su testimonio como un evidente caso de resiliencia. Acostumbrado a un mundo debastado por el egoísmo, escasez y peligros, se encontró con unos gestos llenos de bondad que dieron un vuelco en su vida. De esta manera se convierte en un referente y en uno de los padres de la virtud resiliente.

    1.3. Metáforas vinculadas a la resiliencia

    Algunas metáforas ejemplifican muy bien el proceso resiliente. He aquí el Ave Fénix. Grandiosa como un águila y de colores intensos. Después de morir renace de sus propias cenizas y vuelve a su situación inicial. 

    A pesar de las heridas y de consumirse por el fuego vuelve a la vida. Hace referencia al proceso de reconstrucción de la resiliencia. Un proceso de adaptación positiva sobre cualquier problema o adversidad que nos perturba. 

    Por otro lado, se debe tener en cuenta que volvemos a vivir por segunda vez y vencemos a la adversidad pero, como personas que somos, aunque nos recuperemos satisfactoriamente, no vivimos de la misma manera. Evolucionaremos a mejor pero seremos diferentes.

    En esta ocasión, podemos acercar este significado a la agricultura. La tierra puede ser fértil después de un incendio pero deben pasar años de reconstrucción para volver a la vida. Una vez haya pasado este tiempo, flora y fauna volverá a la vida, aunque no igual que antes. Este ejemplo refleja a el significado generativo en cuanto a la resiliencia como metamorfosis, algo nuevo que se genera y surge. Esta generación se realiza en la persona cuando los demás provocan en uno mismo una sensación nueva e innovadora. 

    1.4. Factores de riesgo y de protección

    Es importante según Mancioux (2010) tener en cuenta que la respuesta de la resiliencia es favorable al individuo si todos aquellos factores potenciadores de la misma también lo son. Nos referimos si estos agentes son portadores de protección o, por el contrario, crea en el niño un estado de vulnerabilidad. De aquí podemos hablar de los factores de riesgo y de los factores de protección. 

    Además de estudiar las ventajas que obtenemos por parte de la resiliencia y lo que supone disponer de su ayuda, hemos de estudiar también los acontecimientos y lo que supone en el ser humano vivir una situación buena o vulnerable.

    a) Factores de riesgo: Braverman (2001) los define como:

    aquellos factores estresores o condiciones ambientales que incrementan la probabilidad  de que un niño experimente un ajuste promedio pobre o tenga resultados negativos en áreas particulares como la salud física, la salud mental, el resultado académico o el ajuste social […] algunos de los factores de riesgo más importantes que se han identificado son experiencias traumáticas (como la muerte de un padre), pobreza, conflicto familiar, exposición crónica a la violencia, problemas de sus padres como abuso de drogas, conducta criminal o salud mental.

    b) Factores de protección: Entendemos como factores de protección los que según Braverman (2001):

    reducen el riesgo de la persona ante distintas conductas problema, y el paralelo concepto de resiliencia que se ha elaborado para explicar la superación de situaciones difíciles o extremas en la niñez, cara a sus consecuencias para la vida adulta […] los factores de  protección contribuyen claramente a explicar la resiliencia.

    Los factores de riesgo, que son los primeros que se han definido, suscita a la estrecha relación que muestra con situaciones delicadas o de máxima vulnerabilidad. El nivel de negatividad que contienen condicionan al individuo en todas sus áreas particulares. Autores importantes como Pollard, Hawkins y Arthur (1999), entre otros, consideran reducir los factores de riesgo y los de protección, potenciarlos. Pero insisten en la importancia de unos y de otros. Por ejemplo, en la perspectiva de la drogodependencia, debemos dirigirnos a los factores de riesgo sin olvidarnos los de protección. En el caso de olvidarnos completamente, esto conllevaría a “reducir los factores de protección meramente a los factores individuales, los que posee el individuo, relegando otros de la misma importancia, como son los sociales y contextuales” tal y como menciona Pollard et al. (1999).

    Además de la importancia de ambos factores es importante hacer la distinción que relata Braverman (2001) en cuánto al término “niño resiliente”. En la mayoría de casos se alude a dicho término con la idea de crear al niño inmune por encima de cualquier calamidad. Este error proviene según Luthar et al. (2000) de relacionar la causa de los problemas con el individuo y no sopesar la posibilidad de los factores de riesgo ambientales como la sociedad, el sistema social, diferencias sociales, guerras, etc.

    Para continuar con los factores de riesgo y protección, es importante tener en cuenta según menciona Delage (2010) el papel que toma el apego. Ambos factores de los que hablamos en este apartado del trabajo surgen dependiendo del apego o del vínculo establecido. Por tanto, desde este enfoque:

    – Los factores de riesgo son: la rigidez, la confusión de vínculos, la ausencia de relaciones solidarias, el estrés y la afectación de los problemas de adultos a los niños.

    En cambio, en la otra vertiente:

    – Contamos con factores de protección como: la flexibilidad, cohesión entre los miembros, sentimiento de pertenencia, autoestima, autoconciencia, capacidad de resolución de problemas.

    Según el tipo de apego, seguro o inseguro, podemos desencadenar una de las dos vertientes expuestas que estarán de nuestro lado, potenciando los factores de protección y por tanto de resiliencia o, por el contrario, actuará a la inversa dictaminando un apego inseguro y una vulnerabilidad que afectará en todos los ámbitos del desarrollo del individuo.

    Sopesando las puntualizaciones hasta el momento, Forés y Grané (2011) proponen una clasificación de los segundos y últimos factores que se han mencionado, los factores de protección. Remiten a tres tipos:

    a) Internos: tienen suma relación con el carácter y la personalidad del individuo además de sus creencias.

    b) La dimensión externa: se refiere a los apoyos externos de la familia, vínculo de amigos, modelo de conducta y o servicios institucionales.

    c) La dimensión social: consolidada mediante a la interacción con los demás y la capacidad de resolver problemas.

    Mancioux et al. (2010) sostienen que si divagamos en la gravedad de los acontecimientos, es obvio que no todos suponen la misma reacción en la persona. A simple vista, los factores de riesgo no permiten una solución ante el problema. Es una confusión de vínculos y provoca una clara rigidez además de una ausencia de coherencia y solidaridad. Esta situación no conlleva nada bueno, ya que contamina a las vidas de los más allegados.

    Como causa principal de una vida alejada de la resiliencia tal y como hemos mencionado, es un apego inseguro. Tal y como apunta Cyrulnik (2016) “el afecto ayuda entre un 70% y un 80% a la resiliencia, a superar las dificultades y resituarse en el mundo de una manera más sana y segura” (Criterios de Resiliencia. Entrevista a Boris Cyrulnik. Sanchez Ana, Gutiérrez Laura, 2016).

    Por tanto, el apego es un factor de protección evidente ya que permite un vínculo y una cohesión entre un grupo de personas, por ejemplo, en la familia como primer grupo social al que pertenecemos. Si el niño forma parte de un vínculo bueno y, por tanto, afectivo y protector, todo serán ventajas para su desarrollo y capacidades: Obtendrá seguridad que permetirá al niño explorar lo que le rodea y hará posible una autoestima buena.

    Por otro lado, hemos de mencionar que los excesos tampoco son buenos. En este caso podríamos llamar sobreprotección al fenómeno que se caracteriza por evitar el sufrimiento al individuo. Este apego excesivo no ayuda a la persona en su proceso de superación. Así que, tal y como decía Aristóteles en la Ética a Nicómaco que la virtud está en el punto medio. 

  • Reflexiones sobre la generosidad

    Reflexiones sobre la generosidad

    Ha comenzado noviembre y ya aparecen en las vitrinas de las tiendas de muchas ciudades del mundo, los adornos y los símbolos que nos anuncian la llegada de la Navidad. Aún no es Adviento, esto es, el tiempo litúrgico que nos prepara para vivir en toda su plenitud la fiesta en la que celebramos el nacimiento del Redentor (y no, por cierto la fiesta del cumpleaños de Papá Noel), y sin embargo, en las calles, y de modo especial en el comercio, todo nos habla de la Navidad. Pero ¿para qué? ¿Para disponer nuestro espíritu a la contemplación? ¿Para preparar el alma para acoger las gracias que Dios tiene preparadas para nosotros en estas fechas? Pareciera que no. Pareciera que en realidad todo este despliegue de colorido es para “recordarnos” las compras que debemos hacer en estas semanas. Y es que, lamentablemente, el consumismo y el materialismo que invade todo en nuestra sociedad occidental, también ha invadido con ferocidad una de las más importantes celebraciones del mundo cristiano. Tanto que, incluso en algunos lugares más descristianizados, se desean felices fiestas; así sin más, en desmedro de la más cristiana salutación: ¡Feliz Navidad! 

    El tiempo para la oración, la acción de gracias, la reflexión sobre los misterios que revivimos, la vida familiar a la que invita de suyo esta fiesta; todo el tiempo que estas realidades exigen, en gran parte se ve reducido y hasta suprimido por el ajetreo y la vorágine de las compras, del consumo; en síntesis, de los bienes materiales. Cierto es que muchas de esas compras se ordenan a procurar un bien para otros, y es verdad, que en ese ir y venir por los pasillos de un mall, nuestra mente y nuestro corazón está ocupado por la persona amada; no obstante, nos hemos ido acostumbrando a que identificamos el grado de amor con el valor del bien comprado; nos hemos ido habituando a considerar que si no compramos, no amamos. ¡Y esto es grave! Pareciera que somos más generosos cuanto más grande y valioso es el bien que adquirimos con nuestra tarjeta. Por eso es que creo necesario hacer una breve reflexión sobre la naturaleza de la generosidad, a fin de ejercerla con más conciencia, no sólo en las próximas navidades, sino en toda nuestra vida. 

    La virtud de la generosidad tiene íntima relación con la justicia. Digo íntima relación, porque sin ser justicia propiamente, es una virtud que se le asemeja en algo y se diferencia en algo. Expliquemos esto un poco más. Sabido es que la justicia es la constante y perpetua voluntad de darle a cada uno su derecho, lo debido. Es, por tanto, la virtud que pone orden en nuestras relaciones con los demás; en primer lugar con Dios y luego con el prójimo, es la que ordena no sólo al hombre en sí mismo sino que con relación a los demás. Dicho de modo más sencillo, es la capacidad de vivir en la verdad «con el prójimo». Es por ella por la que respetamos los derechos de los demás, lo que les es debido y es por ella también, que cumplimos nuestros propios deberes.

    No vivimos solos en este mundo, el hombre es social por naturaleza y desde su nacimiento está en relación con otras personas que tienen también aspiraciones, necesidades que les deben ser saciadas y nosotros podemos cooperar con ellas. Por esto que lo que realmente persigue la acción de la justicia es que el hombre en su acción externa, se oriente hacia  la persona del otro; que no solo evite el perjudicarle sino que, ante todo, busque realizar el bien que le conviene a otro. De lo que se sigue que la acción justa pone en juego lo más entrañable del querer humano, porque trasciende la esfera personal y de lo meramente sensitivo para realizar el bien a los demás. La búsqueda del bien ajeno, propio de la justicia, refleja así, lo más íntimo del hombre hecho para la entrega de sí mismo a los demás. 

    Entendiendo siempre que ese bien que debemos procurar al otro es un bien que le es debido, tanto por la naturaleza, como por la ley escrita. Si no le robamos al vecino, no es solo porque hay una ley que me dice que si le robo iré a la cárcel; sino porque entendemos que su bien supone poder disponer de aquellas cosas que le pertenecen en justicia y que son parte de su propiedad. Por eso es que no sólo no debemos robarle, sino procurar que no le roben, alertándolo si vemos al ladrón, ya que lo que verdadera y últimamente buscamos es realizar el bien que perfecciona al vecino, que en este caso es que tenga lo que le es debido. Ver al ladrón y dejar que actúe, evidentemente que no es robar, pero no supone asegurarle al otro el disfrute de sus propios bienes. 

    No obstante lo anterior, el hombre debe ir más allá de la justicia. Puesto que aún, esforzándose en dar a cada uno lo que le corresponde, experimenta en lo más profundo de sí, que él recibe de otros, cosas que los otros no están obligados a dar. Y de ese modo la justicia se le hace insuficiente en la misma medida en que, como dice Joseph Pieper en su libro Las virtudes fundamentales, “aumenta la conciencia de ser un sujeto obligado ante Dios y ante los hombres. Y es ante esta realidad cuando el justo se ve capaz de estar dispuesto a dar aun lo que no se debe a nadie, a dar lo que ninguno podría forzarle a dar”. Este texto es maravilloso porque nos descubre que, en la misma medida en que nos reconocemos como deudores, como habiendo recibido algo que nadie estaba obligado a darnos, vamos ordenándonos hacia la gratitud primero, y luego hacia la imitación de esa liberalidad. Cuanto más reconozco el don recibido, más me lleva a agradecer, y más me impulsa a estar disponible para los demás, a través de la generosidad. Por eso que mientras que ser justo es dar a otro lo que es suyo, ser generoso, es dar a otro lo que es propio, no porque me sea debido legalmente, no porque haya un deber legal, sino porque hay un deber moral, que no es otra cosa que el reconocimiento de una norma no escrita, que está escrita en nuestro corazón y a la que nos adherimos con libertad. ¿Por qué muchas veces damos limosna, o ayudamos a alguien, por miedo a lo que va a pensar la gente? O más aún ¿por qué nos sentimos mal cuando no lo hacemos, o nos ponemos mil excusas para no serlo? Esto no es sino porque ayudar al que lo necesita es una inclinación de la naturaleza humana y no hacerlo contradice lo que somos y a lo que estamos inclinados. 

    La generosidad, así entendida, se asemeja a la justicia en el hecho de que hay algo debido a otro, pero se distingue de ella, en tanto lo debido no es legal, sino moral. Nuestra naturaleza social y nuestra radical inclinación a darnos, a vivir para los demás, nos lleva a encontrar nuestra felicidad en hacer bien a los demás en quienes vemos que la justicia no se cumple plenamente. 

    Pero la generosidad supone algo mucho más profundo que el mismo hecho de ayudar con liberalidad a otro que lo necesita. La generosidad es una virtud que tiene como finalidad moderar en la persona el amor y el deseo de riquezas y bienes materiales. Esta moderación es la que permite al hombre usar de las riquezas como conviene, esto es, acorde con las propias necesidades y con las necesidades de los demás. Sólo porque le doy a las riquezas el valor propio que tienen, es que puedo darlas con generosidad para paliar o aliviar el mal ajeno, puesto que si las valorara más de lo debido, no se verá razón para desprenderse de ellas. No hay ninguna coerción ni ninguna obligación que mande dar a los demás, pero la propia persona descubre la bondad que supone amar más a las personas que a las riquezas y usar estas como medio que manifieste ese amor. Por eso es que cuanto más amo las riquezas materiales y más las deseo para mí, menos persona me hago en cuanto hago de mí un avaro: mientras que cuanto más libre y generosamente me desprendo de esos bienes materiales, más y mejor persona me hago, en tanto, hago de mí un ser generoso. 

    La medida de nuestra generosidad no estará, en estas fiestas y en nuestra vida, tanto en lo que demos, en lo que compremos, en lo que regalemos, sino en nuestra capacidad de moderar nuestra apetencia de estos bienes materiales, de modo que no sean ellos los que manden y dominen nuestras existencia, sino que siendo dueños de  nosotros mismos, nos dispongamos a usar de esos bienes para colmar o aliviar las necesidades (que no los caprichos), de aquellos que los necesitan. Sólo siendo capaces de moderar ese deseo de riquezas y bienes materiales nuestro espíritu quedará libre para entregarse al amor y a la compañía tanto de aquellos con quienes compartimos nuestra vida como con los que no.   

  • Karl Marx

    Karl Marx

    200 años del nacimiento
    de un nuevo dios

    Antes y después de él, lo que demuestra que son las ideas las que mueven la historia. Hoy a 200 años de su natalicio parece importante revisar su vida y pensamiento y ver si el joven romántico de Tréveris sigue aún vigente.

    Karl Marx nace en Tréveris una ciudad alemana importante que había sido un gran centro desde la era romana,  el 5 de Mayo de 1818,  en plena era de cambios. La revolución industrial estaba cambiando el mundo conocido hasta entonces por una realidad nueva , plena de abundancia, como nunca antes había existido en la historia. Su familia eran descendientes de judíos, sus dos abuelos por línea materna y paterna habían sido rabinos, uno en Holanda y el otro en Alemania, en la misma Tréveris.  Su padre Herschel Mordecai había recibido una educación laica y se había hecho luterano para insertarse mejor en la sociedad de Alemania. Esto era algo muy propio del proceso de desguetización del siglo XIX. Del mismo Modo habría cambiado su nombre de Herschel a Heinrich Herschel para verse más germano.  Como un joven de la segunda mitad del siglo XVIII se había entusiasmado con las ideas de la Ilustración, entusiasmándole de modo particular las visiones de Voltaire y de Inmanuel Kant. Ya Hienrich Herschel Marx va a verse involucrado en actividades revolucionarias, siendo parte de las agitaciones que buscaban mayor participación, ideas de constitución y de reformas en Prusia. Las ideas del Contrato Social de Jean Jacques Rousseau movían su alma. Rousseau es clave para entender toda postura socialista que ensalza la igualdad. El es parte del movimiento de los llamados teóricos políticos pactistas. Son parte del movimiento de la ilustración que cree que es el hombre el centro de todo, el hombre está iluminado por la luz de la razón. Esta visión que deja a Dios en segundo plano, es abiertamente antropocentrista y  considera que el soberano, quien ostenta el poder es el Hombre. Nace con esto la política moderna con la idea de soberanía popular.  Hay un estado de naturaleza, un pacto con el que se crea la sociedad. Todos los pactistas tienen esto en común, pero son muy distintos entre ellos. El primer pactista es Hobbes, quien cree que en el estado de naturaleza el hombre es malo- el hombre es un lobo para el hombre – solo aspira a quitarle los bienes a los otros y b=vivir se hace imposible. Es por esto que todos estos hombres malos renuncian a su poder y hacen un pacto para elegir un gobierno que traiga el orden. Como los hombres son malos, el gobierno que nace del pacto de Hobbes es grande, autoritario y castigador, es un Leviathan, un monstruo acuático. Con poder de castigo para ordenar  a los hombres. Con esta visión el cree que el mejor gobierno para controlar y dominar a los hombres malos es una monarquía. Su estado es grande y autoritario.  El segundo pactista es John Locke quien cree que en el estado de naturaleza el hombre es bueno. Pero si es buen, para qué el pacto? El pacto era porque los hombre eran malo y querían quitarle las cosas a los otros. Locke cree que los hombres tienen derechos anteriores al pacto, los que son sagrados y nunca nadie puede pasar a llevar. Estos derechos son, el derecho a la propiedad, el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Para asegurar que nadie pase a llevar esos derechos se hace el pacto, el estado que emerge de este pacto es un estado pequeño ya que si no podría pasar a llevar los derechos de los individuos. Es un estado subsidiario, ya que para Locke el Individuo es  meas importante que el Estado y la libertad es meas importante que la igualdad.  El tercer pactista es Jean Jacques Rousseau que al igual que Locke cree que el hombre en el Estado de naturaleza es bueno y aunque inician igual son muy distintos, de hecho agua y aceite. Para Rousseau el hombre era libre y bueno en el estado pre social. El hombre nace libre y bueno y se lo ve por todas partes encadenado y corrupto es el inicio de su libro El Contrato Social  la idea que el Hombre es bueno y que la sociedad lo corrompe.  El hombre era nómade era un Bon Savage, corría libre por las praderas, hasta que se sedentarizó, la propiedad es el origen de todos los males, porque trae la desigualdad. El hombre perdió su bondad por culpa de la propiedad. La desigualdad es el mal. Por esto el pacto, se busca recuperar la bondad perdida. Se entrega la voluntad a un algo mayor que es la voluntad general y emerge un Estado grande ya que solo el Estado puede devolver la bondad perdida, solo el Estado puede redistribuir. La idea que el Estado es meas importante que el individuo y que la igualdad es meas importantes que la libertad es la base de todo socialismo. Ya el padre de Marx admiraba estas ideas u Rousseu es comunista antes que Marx. 

    Tras la Revolución Francesa ascendió Napoleón Bonaparte, quien es un hijo de las ideas de la Revolución. El Institucionalizó las ideas de la Revolución y al invadir toda Europa, exportó este ideario por toda Europa. Pero las invasiones napoleónicas no solo exportaron e hicieron crecer estas ideas, sino que despertaron los nacionalismos nacionales bajo la idea que ellos no eran franceses. Alemania como tal no existía. El mismo Voltaire había dicho abiertamente : Alemania ni existe:, lo que había hecho reaccionar a Herder quien  indignado habló de Alemania como una unidad bajo el espíritu del Volkgeist. Es así como muchos movimientos nacionalistas en busca del ethos germano aparecerán entre los que destacarán el llamado Das Junge Deutschland, la joven Alemania.  En este grupo participaban Heinrich Heine, Karl Gutzkow, Heinrich Laube, Ludolf Wienbarg y Theodor Mundt . Buscaban no dólo definir lo alemán, sino que combinaban sus ideas románticas con las ideas socialistas que querían la participación del pueblo en la administración del Estado, la emancipación de los judíos y la abolición de la coacción religiosa.  Estas ideas eran propias de los románticos, en Inglaterra Percy Bysshe Shelley, quien había sido expulsado de la Universidad de Oxford por escribir : Las Razones para el ateísmo, conectaba la opresión política con la explotación económica.

    Marx era el tercero de  nueve hermanos, todos fueron bautizados en la Iglesia Luterana. Al morir su hermano Moritz en 1819 se convirtió en el hermano mayor., lo que hizo que el padre depositara las esperanzas en Karl. Entra a estudiar a la Universidad de Bonn. Era un aficionado a las bebidas alcoholicas, por ,lo que entra al Club de la Taberna de Téveris ( Landmannsch aft der Treveraner), asociación de la cual llega a ser copresidente. No se trataba simplemente de un grupo de bebedores,  sino que era también una reunión de intelectuales que querían mejorar el mundo y  que complementaban sus discusiones con el alcohol.   Es aquí donde conoce las ideas de Hegel. Ya Inmanuel Kant había destruido la filosofía tradicional. La cultura Ociidental heredó del mundo griego el modo de pensar que se basaba en la idea que la verdad existe y que se puede alcanzar. La obsesión por la verdad movió a los griegos desde los llamados presocráticos. Desde un inició unos creyeron que lo que componía la realidad e las cosas era el agua, otros vieron este componente en el fuego, otros en el aire y otros en el agua, en los llamados  4 elementos. Finalmente Parménides concluirá que lo que compone las cosas, no es algo físico sino el “ser”. La esencia, la verdadera realidad. Esta idea es perfeccionada por Platón, quien considera que ese ser a lo que él llamará Idea es la verdadera realidad que no está en este mundo sino en el “Topus Uranos” en el Mundo de la ideas, de donde venimos . Alguna vez conocimos la verdad y al caer en este mundo, que es como una caverna en la que estamos presos, que no nos permite conocer la verdad de la realidad, sino sólo sus sombras. En este mundo al conocer , recordamos lo que alguna vez conocimos , la verdadera realidad del mundo de las ideas y por eso para Platón el conocer es recordar – Reminiscencia. Aristóteles va un paso más allá las esencias o universales no están en otro mundo, sino en la mente. Ese árbol que es todos los árboles y ninguno a la vez existe en la mente. 

    Toda filosofía occidental se construye sobre esta base, la verdad existe y se puede alcanzar. Tras la caída del Imperio Romano y el ascenso de la nueva cultura Cristiano occidental la idea será, la verdad existe, se llama Dios y se puede alcanzar por la fe y por la razón. Dios es el logos, es racional por lo que la razón humana puede intentar alcanzarlo, cuando la razón no puede llegar, la fe ilumina. Todo el período medieval la fe y la rezón caminaron juntas para llegar a la verdad que es Dios. Esto comenzará a quebrarse en el siglo XIV con el quiebre entre fe y razón. El fideísmo que surgirá tras Duns Scoto y Guillermo de Occam dejarán aún a Dios como lo más importante , sólo que enfatizarán en que sólo la fe conduce a Dios y que la Razón no sirve para llegar a él.  A causa de este quiebre que separa la fe de la razón y que dejará a la fe a merced de la opinión, surgirá la Reforma y la Cristiandad que era una, quedará para siempre fragmentada. Paro la noción de la existencia de la verdad permanecerá. De hecho al surgir el Racionalismo con la idea que es la razón Humana la que crea la realidad, aún existe la confianza en que la verdad existe y se puede alcanzar. La nueva noción que trae la filosofía cartesiana y la visión de Francis Bacon será la de que Dios creó el mundo y luego el mundo funciona solo y que es deber del hombre develar los secretos del mundo. El Hombre es el nuevo señor del mundo que debe encontrar la verdad que existe y que aún se puede alcanzar. Todo el movimiento de la ilustración que es un movimiento antropocéntrico cree en la verdad, está seguro que esta se puede alcanzar. Mientras la ilustración que confía plenamente en la capacidad humana y que llega a su máxima expresión con la Revolución Francesa, la que termina aboliendo el culto católico y establece el culto a la diosa razón, desde una rama de la ilustración alemana un profesor predecible en todos los aspectos de su vida, romperá con la visión imperante en la historia de la filosofía. Inmanuel Kant, un hombre de rutinas que durante toda su vida caminaba a la misma hora de su casa a la Universidad y lo mismo de vuelta, un hombre predecible y tranquilo criticará la teoría del conocimiento hasta entonces abrazada por occidente . Concluirá que la razón humana está limitada por el tiempo, por el espacio y por las categorías del entendimiento. Y que las esencias están más allá de nuestro tiempo y espacio, por lo que no se pueden conocer. O sea, la verdad puede que exista, pero lo claro es que no se puede alcanzar. Occidente como cultura perderá la noción de absoluto y como dice Chesterton, “cuando el hombre deja de creer en Dios, cree en cualquier cosa’. Toda la filosofía post kantiana buscará diversos elementos par convertirlos en su absolutos en sus nuevos dioses.  Es por eso que la filosofía occidental tiene un antes y un después de Inmanuel Kant. Ya nada será lo mismo. Tras su visión surgirán dos corrientes, los llamados idealismo y el positivismo. Todos buscarán sucedáneos para afirmar cono absolutos. Todos buscarán levantar ”nuevos dioses”. Los Idealistas son todos distintos pero tienen en común que buscar una idea a la que convierten en absoluto, a la que convierten en su nuevo “Dios”.  Todos además son dialecticos, creen que la realidad se construye y crece en base a choques. La dialéctica es entendida como el choque de contrarios con superación. Donde A choca con B y nace una síntesis que ahora se llama AB y que es más que A y Más que B por separado. AB choca con C y se crea ABC que es más que las dos premisas anteriores y esto es eterno y no termina en la Z. Los dialecticos creen que el futuro es más, siempre más. Ascendente y acumulativo.  Fichte es al psicólogo de los idealistas alemanes y considera que su absoluto, su dios es el Yo. Este ser individual se hace y se afirma cuando  choca con los que el llama No Yo. Schelling es el esteta, para él su “dios” es la belleza la que se enfrenta con la fealdad. Hegel será el llamado Idealista Absoluto, ya que en su pensamiento pretende abordar toda la realidad. Su absoluto o “dios” es una entelequia a la que él llama Espirito que es toda la realidad. Dentro del Espirito está toda la realidad, pero no es una realidad estática sino que el pone dentro del Espíritu la Dialéctica, la realidad está siendo. Al Espíritu no se lo puede conocer porque no es sino que está constantemente cambiando, por lo que solo se puede conocer lo que ya se ha explicitado, la historia. Lo que ya fue. Hegel pretende cubrir con su visión filosófica toda la realidad explicar todo en base a triadas englobando toda la realidad.  Pretende construir una nueva religión para un nuevo mundo que ha dejado a Dios de lado.  Su filosofía será enormemente atrayente para un séquito de jóvenes laicos y ateos que abrazarán el hegelianismo con una alternativa. Surgirán con fervor los llamados jóvenes hegelianos a los que se unirá el joven Marx.  No es raro ver que entre los jóvenes hegelianos aparecerá Friedrich Strauss quien escribirá un libro tremendamente controvertido para ese entonces y aún hoy, Das Leben Jesu, en el que mostrará a Cristo como solo humano. La idea es desmitificar la religión y despojar el relato de lo sagrado, limitándolo a lo terrenal.  Ya el mismo Marx decía “una Cortina había caído, mi santuario desgarrado y nuevos  dioses debían ser instalados”.  Estos nuevos dioses pasaron a ser el centro de su vida.  En 1841 Ludwig Feurebach escribirá su Esencia del Cristianismo en la que abordará una dimensión materialista de la historia, cosa que tomará Marx. Será el secularismo y el abandono a Dios lo que pavimentará el paso al socialismo. Es así como el joven Marx caerá en la manos de Bruno Bauer con quien comenzará a trabajar su tesis sobre La Diferencia entra la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro.  Bauer era considerado el Robespierre de la Teología. Para él con el Vristianismo la alienación había pasado a ser total, ya que era el mayor obstáculo al progreso y a la autoconciencia. Para él lo fundamental era el reconocimiento que Dios no existe y resumía su misión en la destrucción de esta ilusión que el hombre llamaba Dios.  

    En 1842 la confrontación entre el gobierno y los jóvenes Heguelianos aumenta. El gobierno se endurece de modo considerable por lo que el 29 de marzo de ese año se dicta la prohibición de enseñar contra Bruno Bauer, lo que termina con la expectativa de  carrera académica para el joven Karl Marx. No pudiendo continuar con su tesis se dedica a escribir otras cosas como Escorpión y Felix, una novela humorística  y Oulanem, una conspiración ficticia.  Es el Marx entregado a la ficción, que no es el más común.  En 1843 contrae matrimonio con Jenny Von Westphalen con la que estaba comprometido desde 1836. Ella pertenecía a una familia de la nobleza menor.  Será su suegro el barón Ludwig  von Westphalen quien lo ayudará a culminar su tesis ofreciéndole la opción de conseguir otro tutor. Marx en su tesis defendía el ateísmo de Epicuro, ya era una franco oponente a la creencia en dios.  Sabiendo que su tema es complejo decide defender su tesis en la Universidad de Jena, cuna de Hegel, ya que era más abierta y tendría menos problemas. De este modo obtiene el doctorado de esa casa de estudios.  Conocerá a Moses Hess junto con el que comenzará a escribir en la Gezeta Renana (Rhenische Zeitung). En sus artículos incluso llega a cuestionar de la capacidad misma del estado para representar los intereses generales, cosa que era clara en la filosofía de Hegel. Para Hegel la máxima expresión del Espíritu que era toda la realidad, era el Estado, que era fruto del espíritu del Volk y no de la voluntad general como muchos creían. Para Hegel el Estado debía ser igual al Espíritu, total, abordar toda la realidad.  En este periodo los estados cumplían muchas funciones que para nosotros parecen increíbles. Velaban hasta por la creencias de las personas – había una religión oficial del Estado y el no practicarla era potencialmente imputable.  Lo mismo en relación a las opiniones, no había libertad de Opinión y una de las labores trascendentales de los Estados era manejar la censura. En esta época el Zar Nicolás I de Rusia  quien tratará de volver a la autarquía dura tras zares reformadores será visto como el modelo del control.  Federico Guillermo IV de Prusia lo tendrá como modelo y controlará más firmemente la censura, lo que complicará al joven Marx , quien no opinaba precisamente dentro de lo establecido.  En este período escribirá sobre La Cuestión Judía y publicará la Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel, en la que manifestará de modo abierto que “la Religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas carente de Espíritu. Es el opio del pueblo”.  Debido a las complicaciones con la censura establecida por el gobierno el joven Marx junto a su mujer se trasladarán a Paris, donde la intelectualidad era bullente y podían manifestar opiniones e ideas con mayor soltura.  En Paris colaborará  con Arnold Ruge en los llamados Anales Franco Alemanes (Deutsch-Frazosische Jahrbucher). Se trataba de publicaciones subversivas  para el mundo germano.  Sus ingresos eran menos que limitados por loq ue su vida junto a su mada Jenny estaba llena de carencias. En este tiempo se vincula con el anarquista Bakunin, se encontró con Heinrich Heine de los jovenes alemanes, quien escribía Idas contra Ludwig de Babiera y estaba fichado como subversivo. Aquí también se encuentra con Friedrich Engels a quien ya había conocido antes en Alemania. Este encuentro con Engels en parís marcará la vida de Marx, ya que su vida financiera e intelectual dependerán de Engels el resto de la vida. Serán simbióticos, no se puede entender a uno sin el otro.  Engels quien era un empresario en Manchester le contará del mundo industrial de Inglaterra y de las condiciones de los trabajadores en este sistema capitalista. Ya él había escrito un libro que sería trascendental para la elaboración de la posterior teoría ‘The Condition of the Laborur in England” en el que Engels presenta a un nuevo tipo humano, aquellos que no tienen nada, excepto su prole- Los Proletarios.  Se reunían en forma ascidua en el Café Regence, donde muchos intelectuales pasaban los días compartiendo y discutiendo teorías para arreglar el mundo. 

    La Revolución industrial había cambiado el mundo de modo radical. Antes de la aplicación del motor primero a vapor y luego en base a otras fuentes de energía lo que primaba en la historia había sido la pobreza. Todos tenían poco y las distancias eran las distancias de a caballo y más comúnmente a pie. La revolución industrial creo el mundo moderno. Acortó las distancias y permitió producir bienes en cantidades nunca antes imaginadas.  Ya en 1832 Thomas Arnold, director Rugby School, uno de los public schools más importantes del Reino Unido decía “hemos vivido 300 años en 30”refiriéndose a que el cambio era evidente.  Edward  Bulwer Lytton, periodista victoriano connotado, decía “en nuestra época la transición es visible”. La aplicación del motor a vapor ala industria generó polos industriales donde las chimeneas humeantes pasaron a ser  parte del paisaje natural. La migración del campo a la ciudad llenó los polos industriales y el ferrocarril se levantó como el protagonista del siglo. El mundo se había achicado como nunca antes en la historia.  La sociedad de consumo había su aparición y se  coronaba con la inauguración del Cristal Palace para la exhibición Universal de Londres de 1851. Era el primer Mall de la Historia, nunca antes hubo tanta producción para mostrar.  Surgen las tiendas específicas y luego las grandes tiendas, se inventa el retail y las necesidades crecen junto con el poder adquisitivo de las personas. Inglaterra se divide en dos realidades un norte industrial donde las chimeneas humeantes se levantan como símbolos del cambio y el sur bucólico pastoril que muestra los vestigios de ese viejo mundo preindustrial de escala human.  Los contrastes se incrementan, aunque surge con cada vez meas fuerza una clase media nueva, se ve una sociedad dividida entre Wealthy and Poor. La realidad Victoriana no ayuda a estos cambios. La visión victoriana de la Autoayuda, lleva a la idea que el pobre es pobre porque no se autoayuda lo suficiente. Si él no se autoayuda, porque debiera ser ayudado por otro?. En esta lógica en 1834 el gobierno inglés terminará con la antigua ley de pobres que existía desde el gobierno de Isabel I, con la que el Estado entregaba ayuda económica a las parroquias, la que a su vez ayudaban a los parroquianos en dificultad. Ahora el nuevo sistema ya no entregaría la ayuda a las parroquias sino que creaba un sistema estatal ”Las Workhouses”. Bajo la idea que el pobre es pobre porque no se ayuda lo suficiente, por tanto es pobre porque es flojo, las Workhouses debían ser peores que afuera para incentivar que buscasen trabajo y no perpetuar la asistencia. La idea es que el Estado debía separar a las mujeres de los hombres y de los niños, habiendo establecimientos independientes para cada uno. La realidad de las workhouses era terribles y será el arte y la literatura la que acusará estas realidades. Luke  Fieldes, pintor mostrará la realidad de las colas para buscar albergue de los indigentes con un realismo que parece salido del un libro de Charles Dickens.  Muchos artistas mostrarán el horror de la realidad de los despojados que al menos surgirán cuestionamientos al sistema.  El mismo Gustave Doré había dibujado el contraste y la pobreza de Londres en su peregrinaje por Londres. Benjamin Disraeli, quien luego sería Primer Ministro escribirá acusando la realidad de los desposeídos en su novela Sybil, Elizabeth Gaskel será conocida como autora de novela Industrial mostrando la realidad de los invisibles. Charles Kingsley y sin duda Charles Dickens, quien será un gran observador y acusador de las realidades y de las incongruencias de su tiempo.  Lo invisible se hace evidente desde la literatura. Charles Dickens nos muestra la realidad de las Workhouses desde la voz de un niño de estas instituciones – Oliver Twist es un huérfano que vive en una Workhouse. Desde su amable y sufrido niño hace que los sufrimientos de otros pasen a estar cerca y los hace otra vez humanos.  El periodismo ayudará también a acusar realidades que requieren mejoras.  Henry Mayhew escribe su libro London Labour, London Poor donde nos muestra el submundo de la capital inglesa.  A esta realidad de los miserables es a la que tiene acceso Friedrich Engels desde  la ciudad de Manchester. Hijo de un industrial alemán, el joven Engels se vinculó desde joven con el socialismo y tempranamente abrazó el ateísmo. De una familia industrial y pietista, el hijo rebelde debía ser ordenado de algún modo. El padre consideró que lo mejor para  enrielar a su hijo era mandarlo a cargo del capítulo británico de la compañía familiar. Una vez en Manchester se hará amante de una obrera irlandesa Mary Burns. Con ella tendrá acceso a la realidad obrera  de carencia, hacinamiento, enfermedades, trabajo infantil, lo que le ayudará  a publicar en la década del ’40 su libro sobre la condición de la clase obrera en Inglaterra. Los años ’40 son conocidos en Inglaterra como “The Hunger Forties”, es la peor época, Engels verá y acusará esa realidad. Lo curioso es que teorizará, pero como empleador no será mejor que otros. 

    Ya habían surgido otras voces antes que Engels, los llamados Socialistas Utópicos, entre los que destaca el Empresario Robert Owen. El no predicaba la lucha de clases, sino la fraternidad humana.  Se trataba de un sistema económico alternativo basado  en  la cooperativa.  En su empresa ubicada en New Lanark Owen decidió mejorar la  vida de sus empleados proveyéndoles casas dignas, prohibiendo el trabajo infantil y estableciendo colegios  y hasta salas cunas para los hijos de sus obreros. Creía en la educación como un modo invaluable de mejora.  Estaba convencido de la bondad humana, en sus libros a New View of Society or Essay on the Principle of the Human Character (183) y su Book of the Moral World ( 1836-44) sistematiza su pensamiento – Se que la sociedad podría existir sin delitos, sin pobreza, con una condición sanitaria mejor, sin ser infeliz o estar afligida por penas, y con una felicidad centuplicada; y que ningún obstáculo, aparte de la ignorancia, se opone a ello en la actualidad, ni impide que tal estado social se convierta en Universal”. Creía en la posibilidad de establecer el paraíso terrenal sobre la tierra.   New Lanark fallarea ya que el costo de mantener todas esas prestaciones serán insostenibles. Intentará una nueva prueba en el nuevo mundo en Indiana, Estados Unidos, donde instalará su comunidad ideal en un lugar que bautizará New Harmony. Comparea una colonia de Luteranos alemanes que tenía una incipiente industria y reunirá a colonos y establecerá esta comunidad socialista en la que todo sería repartido en  partes iguales. Muchos más que trabajar se dedeicaban a teorizar y a eperar que les repartieran las partes que les correspondían, con lo que la producción bajará hasta que la vida y producción en el lugar sería insostenible. Quebraría. Su hijo diría meas adelante que no hay nada más injusto que pagarles lo mismo a los que producen y alos que no lo hacen, ya que eso solo lleva a que luego ya nadie produce. New Harmony fue ahogado y con esto el sueño de Owen. Esta idea de Owen no era nueva  Tommasso Campanella había escrito un libro que proponía una idea así llamado La Ciudad del Sol, la idea de una sociedad igualitaria y feliz. Luego Thomas Moro propuso lo mismo, solo que sabiendo que era una realidad imposible tituló su libro como Utopía – una idea linda, el paraíso terrenal en la tierra, solo que inviable.  Pero las ideas de Owen serían tomadas por los llamados Pioneros de Rochdale quienes levantarían e institucionalizarían la idea del Corporativismo. Tras esto otros socialistas utópicos en Francia buscarían perfeccionar la realidad como Fourier y el Conde de Saint Simón.  Estas son las ideas que estaban en el ambiente francés en la que el joven Marx y el joven Engels se reunían en el café Regence. Los llamados anarquistas eran parte de estos grupos. El anarquismo es una postura asistémica que engloba muchas realidades. Muchos de ellos tomarán las ideas socialistas y luego las comunistas, con lo que surgirá el llamado Anarco comunismo, entre los que están Bakunin y Proudhon. Pierre Joseph Proudhon afirmará que la Propiedad es un robo.  Es la visión anti propiedad que proviene de Rousseau y de la tradición democrática socialista francesa que cuajó y se instaló en la Revolución de 1789 y en las revoluciones posteriores.  Todas estas ideas colaboran a que la tónica europea en general tiendan a los socialismos. A esto se le agregará la obsesión por la ciencia propia del siglo XIX y llevará  a Marx y a Engels  a construir lo que ellos llamarán Socialismo Científico. Esto será así por ley, es parte del proceso propio del capitalismo. En 1845 Marx escribirá una crítica al jiven hegeliano Bruno Bauer, quien había sido su tutor de tesis en un libro que se titulará “La Sagrada Familia”.  Incursionará en las ideas políticas en lo que luego serán publicados como  Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 En sus tesis sobre Feurbach desarrollará la idea de la acción, los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de Trasformarlo. Es la primera aparición del materialismo histórico – el mundo no se cambia por las ideas, sino por la acción física, material y práctica. 

    Comenzó a escribir para el único periódico alemán radical sin censuta de Europa, el Vorwärts!. Finalmente en el veranos de 1844 junto con Engels y otros activistas formaron la Liga de los Comunistas en Paris. Pero sus acciones hicieron que el gobierno de Guizot pusiera los ojos sobre ellos y que los expulsara de  Francia. Marx y Engels se vana a Bruselas. Allí se reencuentra con Moses Hess, conoce a Joseph Weydemeyer y trabaja con  Karls Heinzen que es uno de los primeros en defender el derecho de las mujeres a las relaciones sexuakes abiertas.  Se trata de un período fértil de producción intelectual. Escribe en este periodo lo que en 1932 sería publicado como La Ideología Alemana. Escribe la Misera de la Filosofía para contestarle a Proudhon, quien había escrito el libro La Filosofía de la Miseria. Aquí se distancia del pensamiento socialista francés. 

    Ese año a Marx y a Engels se les encarga escribir las bases para el partido Comunista . trabajan arduamente para lograr un opúsculo que será publicado cono El Manifiesto del partido Comunista. Con una pluma magistral Marx interpreta toda la Historia como la Historia de la Lucha de clases donde la relación humana ha estado dividida entre opresores y oprimidos. Primero eran Patricios y plebeyos, luego señores feudales y vasallos y hoy Burgueses y proletario.  Ya conciben que el valor es generado por el trabajo con lo que los superhabit se generan del robo a quienes producen. Toman la idea que los proletarios son una realidad internacional y que  para cambiar la sociedad deben tomar conciencia de clase, ya que no tienen nada que perder más que sus cadenas. Como todo idealista Marx busca una idea para convertirla en su nuevo absoluto,  en su dios.  Esta idea es la Economía. Para él la economía es la infraestructura de la sociedad y si yo cambio la infraestructura, cambio la supra estructura. Dependiendo de cómo es la infraestructura económica como son las supra estructuras, la política, la cultura, el arte, la sociedad. Si la economía es burguesa, todo lo es. Por tanto, si yo cambio la economía, cambio toda la sociedad. Los obreros deben despertar, unirse y cambiar la infraestructura apoderarse de los medios de producción.

    El año 1848 que es el año del Manifiesto Comunista es un año complejo. Europa se levanta en las llamadas Revoluciones Burguesas que buscan más libertades y participación, Hay movimientos en Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Polonia y muchos otros lugares. Incluso Inglaterra que era la sociedad más industrial y donde el capitalismo estaba más maduro para pasar a la siguiente fase se levantará en el llamado Movimiento cartista, que pedían meas participación, voto secreto y 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de recreación.  Marx pensó que su anunciada Revolución vendría con las oleadas revolucionarias de 1848 y tras seguir los movimientos en Francia, Alemania y ser perseguido por sus ideas en todas partes terminará trasladándose a Inglaterra, donde vivirá el resto de su vida.  Vivirá mantenido por la plata que le aporta Engels, quien como industrial trabajará por los dos para la causa. Marx debía escribir una gran obra – Das Kapital, que explicaría  a cabalidad todo el pensamiento marxista. Pero Marx se desconcentraba feacil escribirá teorizando sobre la falla de los movimientos de 1848 en el libro El Dieciocho de Brumario de Luis Napoleón Bonaparte, donde dice abiertamente que el proletariado debe destruir al Estado Burgues.  En 1864 forman la asociación Internacional de Trabajadores – el Manifiesto Comunista terminaba diciendo “Obreros del Mundo Unios.  Tras la Guerra Franco prusiana los comunistas se tomarán el gobierno de la ciudad de Paris por dos meses estableciendo la llamada Commune.  El movimiento será masacrado, pero admirado por todas las izquierdas en la historia.  Marx escribirá un libro titulado La Guerra Civil en Francia explicando el fracaso del Movimiento. Trabajará de forma permanente en el museo británico en el Capital, pero también realizará otras obras lo que lo alejaba de completar la tarea de la gran obra.  Escribe Grundise, que nos e publica hasta 1931. En 1859 publica su Contribución  a la Crítica de la Economía Política, donde muestra haber estudiado en profundidad toda la teoría económica de Adam Smith y especialmente de David Ricardo a las que agrega las ideas de Saint Simon y Babeuf.  Publica  su Historia Crítica de la Teoría de la Plusvalía, donde tomando a Ricardo en la idea que es el trabajo lo que produce la riqueza acusa que el capitalismo tiene una contradicción intrínseca y que por la plusvalía y el robo a quien produce la riqueza los capitalistas son cada vez más ricos, mientras que el trabajador es más pobre. Finalmente en 1867 termina su obra magna Das Kapital en la que desarrolla en profundidad todas las ideas anteriores. 

    Siempre vivió del dinero que le entregaba Friedrich Engels, no fueron pocas las veces en las que Marx escribía a su patrón reclamando que lo recibido no le había alcanzado, ya que tenía que cambiarle los vestidos a las niñitas. El romántico y revolucionario Marx aspiraba a una vida burguesa y a casar bien en la sociedad victoriana a sus dos hijas. Jenny recibe luego una herencia que le permite  a los Marx cambiarse de casa a un mejor barrio. Parece ser que la visión del mismo Marx cambiará en el tiempo en la medida que la legislación laboral cambie también la vida de los trabajadores. Marx ya en  la década de los ’70 hasta invertirá en la bolsa. 

    Publicará la Critica del Programa de Gotha, en el que se distancia del proyecto de los comunistas alemanes, Willhelm Liebknecht, Agust Babel, Ferdinand Lasalle de  comprometerse con el Socialismo de Estado. 

    En 1881 muere su mujer y publica una colección de poemas de amor en su honor., En 1882 se saca una última foto para sus hijas. Muere en 1883. A su funeral asisten 5 personas, Friedrich Engels, sus hijas Laura y Eleanor, Karl Libknecht y Paul Lafarge, marido de Laura. En la ceremonia Engels sin saber mucho si sería así dice, Su nombre permanecerá en el tiempo, como también su trabajo. Realmente fue así, si hay alguien que cambió la historia de la humanidad con ideas, fue Karl Marx. En 1954 su tumba es reemplazada por un memorial hecho por le artista Laurence Bradshaw con un busto monumental que es  hasta hoy lugar de peregrinación de los marxistas del mundo. Marx tomando a su maestro Hegel, creo una nueva religión atea. Una religión en las queél, Engels y luego Lenin, Stalin y Mao se levantarían como los nuevos dioses a venerar. Una religión con himnos sagrados como la Internacional Comunista, himno que los devotos cantan hasta hoy frente a su tumba.  El Marxismo es religioso, opera al nivel de la fe y por eso, no entiende razones. Es por esto que a pesar de que en nombre de Marx muchos hicieron la revolución en la historia y que el color rojo se convirtiera en una marea que avanzaba en el globo y que en nombre de la causa en la historia se le adjudiquen más de 200 millones de muertes, la causa justifica todo y ser comunista no es ni mal visto. Marx ha triunfado  y demostrado que las ideas mueven al mundo. 

  • Educar la libertad humana (II)

    Educar la libertad humana (II)

    Hablábamos en un número anterior acerca de la educación de la libertad de nuestros hijos, y decíamos allí, que el fin de nuestra actividad educativa no es otro que  posibilitarles amar en plenitud, de tal modo que puedan entregarse a los demás por amor. Ese es el mejor modo de encaminarlos hacia la felicidad. Pero claro, esto no es fácil, y por eso, es necesario continuar con aquella reflexión deteniéndonos esta vez en los medios que nos permiten realizar tan ardua labor. 

     ¿Cómo podemos hacer que nuestros hijos sean capaces de amar más unas cosas que otras, cómo podemos hacer para que sean capaces de amar libremente aquello que vale la pena ser amado y, por el contrario, que rechacen aquellas cosas que exigen ser rechazadas? Seguramente, si el querido lector es madre o padre, ya habrá dado la respuesta en el fondo de su corazón, porque no tiene mayor secreto: amando incondicionalmente a los hijos. El lugar donde los hijos aprenden a amar es en el seno de la familia y si no lo aprenden allí, no lo aprenderán en ningún libro de autoayuda o de psicología contemporánea. Es en la familia, en esa comunidad de vida y de amor, donde el hijo es amado por lo que es, donde vive esa experiencia de ser amado por el hecho mismo de ser, sin tener que realizar ninguna acción especial, ni extraordinaria. Lo único que valdría la pena recordar aquí es que ese amor a los hijos será plenamente educativo si está fundado en el amor profundo y comprometido entre los esposos. Los hijos aprenden a amar no solo con la experiencia de ser amados, sino en la contemplación del amor que tienen sus padres entre sí. Los hijos quieren que sus padres se quieran y, por ello, todo lo que altere esa comunión de amor afectará inevitablemente a la actividad de los padres como educadores. 

    Ahora bien, junto a este amor incondicional de los padres es preciso, en orden a educar la verdadera libertad, que los hijos conozcan lo que es verdadero y bueno, de tal modo que puedan elegirlo, siendo para ello necesaria una firme y tierna autoridad. Requieren que se le presente el bien, que se les haga atractivo, que lo vean como perfectivo. Solos, no son capaces de conocer lo bueno, de tal manera, que si quisieran moverse desde sí mismos sin conocer el bien que les perfecciona, se moverán de un modo parcial, limitado, no completamente libre. Es por eso que requieren la autoridad de alguien que les muestre lo que es digno de ser amado; requieren, exigen, la autoridad de los padres que les guíen y les conduzcan hacia el estado de virtud; requieren de los padres que les sirvan de sustento; exigen una palabra que les dé sentido a su existencia, que los oriente en el camino de la verdadera felicidad. 

    Autoridad educativa, afirma Monseñor Carlo Cafarra: “Significa posesión segura y vivida de una interpretación de la realidad que se ofrece-propone para la verificación existencial de quien es educado”. En efecto, si no se conoce lo bueno, si no se conoce lo que es verdaderamente valioso, si no se posee una interpretación segura de la realidad que proponerle al hijo, no hay educación posible. Sin esa autoridad, complemento indispensable del amor incondicional, los hijos podrían terminar encerrados en sí mismos, con una personalidad inmadura, porque aún recibiendo la experiencia del amor de los padres, no sabrán lo que deben elegir y amar, pudiendo incluso pensar que no hay nada suficientemente digno de ser amado como para realizarlos, volviendo así imposible la educación de la libertad.

    En nuestros días la autoridad está bastante desprestigiada, hay una verdadera crisis de autoridad. Ella se ve como imposición arbitraria de la mentalidad de quien tiene el poder, se la hace sinónimo de autoritarismo y no se la considera o no se la quiere ejercer. No nos atrevemos a decirles a nuestros jóvenes: “esto es verdadero”, “esto vale la pena”, “esto es bueno y debe amarse”, porque muchas veces pensamos que no hay verdad, ni bien, ni cosas valiosas. Pero así abdicamos de nuestra tarea. Mostrarles lo bueno – mostrarles, proponerles, no imponerles – lo digno de ser amado, no es autoritarismo sino verdadera autoridad, supone estar al servicio de la vida de otro, acompañando el proceso de mejora y de crecimiento de ese otro. 

    Así entendía la autoridad San Agustín, para quien el que manda sirve. En casa del justo, decía el obispo de Hipona, “hasta los que mandan están al servicio de los que son mandados, y no mandan por afán de sobresalir, sino que lo hacen por un amor lleno de servicio”. En efecto, la autoridad tiene como finalidad servir a nuestros hijos, custodiar el bien de nuestros hijos. No se ejerce para que todo el mundo vea lo bien que van las cosas en la propia casa, lo ordenado que está todo, lo poco que molestan los críos, sino porque a través de ella nos empeñamos en conseguir el bien de nuestros hijos y ese bien es que sean verdaderamente libres para amar en plenitud. Para lo cual la autoridad debe ejercerse estableciendo los límites y las obligaciones necesarias para el desarrollo de su personalidad, límites que están encaminados a la felicidad y plenitud del hijo, así como también deben establecerse sus derechos y posibilidades. 

    Es esta autoridad así entendida, la que permite apuntalar, guiar para que se eviten las desviaciones o para corregirlas si aparecen, y en esa corrección, en ese indicar los límites y reglas del juego, el padre y la madre deben ser firmes, porque de su firmeza depende el bien de su hijo. De tal manera que en las correcciones uno debe decir o más propiamente manifestar que se lo ama demasiado como para permitir aquel desvío. “Te amo tanto, hijo mío, quiero con tanta fuerza tu bien, que no me puedo permitir dejarte hacer esto”.   

    No obstante, esa firmeza en el ejercicio de la autoridad debe ejercerse a la vez con paciencia, con ternura y con cariño, frutos estos de aquel amor incondicional del que hablábamos al principio, puesto que faltándole estos ingredientes puede perfectamente convertirse en autoritarismo. De modo especial hay que tener esto en cuenta en la adolescencia, puesto que en esta etapa la autoridad pasa de ser un mandato meramente externo a tener la dimensión de un consejo. Los adolescentes tienen que descubrir que no se les imponen las cosas sino que también se les aconseja, se les deja un ámbito propio. Se ejerce sobre ellos una autoridad razonada. Una autoridad que supone exigirles responsabilidades. Ha llegado el momento en que han de darse cuenta que son capaces de determinarse hacia lo que es bueno para sí mismos, no solo por la autoridad paterna-materna, como en la infancia. Ahora ya tienen un mundo interior, ya pueden ordenarse o negarse a lo que es bueno desde su propia interioridad. Ahora  es el tiempo en el que deben ser fortalecidos, por su propio bien, con responsabilidades. 

    Recordemos que no son niños chicos y, por eso, no puede tratárselos como tales. El hogar, la vida en familia, es de todos no solo de los padres. No puede ser que los padres sean los que se esfuerzan día a día mientras el adolescente se dedica a pasarlo bien. La familia entera está comprometida, la vida familiar no es solo cosa de los padres, sino de todos sus integrantes, de allí que debe ayudárseles a implicarse en las tareas y actividades familiares. No es posible que algunos adolescentes vayan al colegio sin haber tenido nunca una responsabilidad en casa. Así, el colegio mismo tampoco puede verse como un compromiso serio. Un adolescente sin responsabilidades, en un momento en el que está emergiendo su interioridad, su personalidad, no podrá descubrir verdaderamente de qué es capaz. 

    Debe darse una autoridad fuerte, exigente, que le suponga responsabilidades y obligaciones, pero que se mueve no solo en la línea de la fuerza o poder para conseguir cosas, sino en la línea del consejo. La autoridad es la garantía de la libertad, porque es ella una fuerza para garantizar lo bueno y no hay que tener miedo de ejercerla. A veces puede pensarse que exigiendo, que poniendo límites, que diciendo “no”, alteraremos la paz familiar o traumatizaremos a nuestros hijos o peor aún, perderemos su cariño y su amor. Pero esto, no solamente es falso, sino que además es profundamente injusto. No es justo tener miedo a mandar a los hijos. Tener miedo significa dudar del amor que los hijos tienen a sus padres. Ellos son los que están pidiendo a gritos una palabra que los oriente. Una palabra con sentido que les de una sólida razón para vivir. Pero cuidado, esa palabra que sale del corazón de sus padres, debe ser respaldada con hechos. De aquí que, a mi juicio, el mejor medio en orden a educar la libertad verdadera de nuestros hijos es el ejemplo. El ejemplo que los padres dan en su obrar es aquello a cuya imitación se hace algo y es para el hijo el punto de referencia para su propio comportamiento. Mirando la acción de sus padres, los hijos pueden realizar su propia acción de modo que ésta se asemeje a aquella. De este modo, el actuar moral de los padres se convierte en algo que es conocido, que es mirado por el hijo cuando pone en obra su propia acción. Es ese el mejor modo por el cual los padres son capaces de inclinar a sus hijos hacia el bien concreto que le proponen.  Mediante su amor desinteresado, gratuito, consiguen paulatinamente que el hijo quiera las acciones buenas que el padre le propone con su acción. Con su acción educativa, siempre constante, siempre firme y a la vez tierna, delicada y conforme al modo individual del hijo, los padres van posibilitando que los hijos sean verdaderamente libres y capaces de amar en plenitud. Por eso, la mejor receta si queremos que nuestros hijos sean verdaderamente libres, amantes de lo verdadero, lo bueno y lo bello; la mejor receta que tenemos que aplicar es serlo nosotros mismos, porque en definitiva, uno no educa gracias a diversas metodologías especialmente avanzadas, no educa gracias a frases bonitas, no educa por las cosas que dice, sino que se educa por lo que uno es. “Nos esforzamos en educar a los hijos de cierta manera y al final, me decía un hombre sabio en una sobremesa, salen tal como somos nosotros”. Por eso, es preciso que nos esforcemos en ser mejores personas ya que así nuestros hijos lo serán también. 

  • Educar la libertad humana

    Educar la libertad humana

    Cuando hablamos de educación, sea cual sea la postura filosófica que se adopte, debe reconocerse que se está hablando de una actividad que tiene como finalidad la mejora de la persona humana. La actividad educativa debe entenderse siempre como una actividad encaminada a hacer que la persona que nos ha sido confiada, que nos ha sido encomendada, llegue a ser más y mejor persona, que alcance ese Bien y esa Felicidad a la que se encuentra naturalmente inclinada. Quienes mejor ven y aprecian esta verdad son las madres que anhelan con todas las fuerzas de su corazón ver a sus hijos felices. Esa es su mayor pretensión cuando emprenden la obra educativa. 

    De esta concepción de la educación que se arraiga en el más profundo sentido común humano se sigue, con total claridad, que no podemos reducirla ni limitarla a una mera adquisición de informaciones y enseñanzas útiles para la vida que hagan del educando una persona instruida, culta, preparada, técnicamente competente para enfrentar las tareas y los desafíos del nuevo siglo. Ciertamente que es importante que tenga una adecuada preparación intelectual y técnica, pero no consiste en eso la esencia de la educación. Si lo que se quiere es educar a los hijos, no se puede reducir la acción formativa a brindarles medios que le permitan adquirir ventajas sociales, económicas o bienestar material. Educar es mucho más que enseñar determinadas cosas para que se “ganen la vida”, sin perjuicio de lo útil que pueda llegar a ser.

    Chesterton nos advertía del peligro de reducir la educación a mera capacitación cuando decía, con su particular ironía: “Sé que hay animales que entrenan a sus crías con trucos especiales, como los gatos enseñan a los pequeños gatos a cazar ratones. Pero es una educación muy limitada y más bien rudimentaria. Es lo que los industriales millonarios llaman educación para los negocios o para la administración de empresas; es decir, no es de ninguna manera educación”. En efecto, no es eso educar. Educar es, como apuntábamos al comienzo, llevar a la persona a su plenitud y realización en cuanto persona; es comprometerse a fondo en el crecimiento hondo, profundo, del educando en tanto que es un ser personal. En síntesis, y utilizando las palabras del papa Juan Pablo II: Educar es “hacer a la persona más y mejor persona”.   

    La pregunta que surge inevitablemente entonces es ¿en qué consiste esa plenitud humana hacia la cual la persona está ordenada? La Constitución Pastoral Gaudium et Spes nos dice al respecto: “El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. Sólo en la medida en que somos capaces de donarnos, de entregarnos, por amor y con amor a otro ser personal (primeramente a Dios y a otra persona humana, secundariamente), nos realizamos como personas. 

    Víctor Frankl, judío, psiquiatra y neurólogo austríaco, se expresa en términos semejantes: “Nos sale aquí al paso un fenómeno humano que yo considero fundamental desde el punto de vista antropológico: la autotrascendencia de la existencia humana. Quiero describir con esta expresión el hecho de que en todo momento el ser humano apunta, por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia un sentido que hay que cumplir, o hacia otro ser humano, a cuyo encuentro vamos con amor. En el servicio a una causa o en el amor a una persona, se realiza el hombre a sí mismo. Cuanto más sale al encuentro de su tarea, cuanto más se entrega a su compañero, tanto más es él mismo hombre y tanto más es sí mismo. Así pues, propiamente hablando sólo puede realizarse a sí mismo en la medida en que se olvida de sí mismo, en que se pasa por alto a sí mismo”. Somos felices en la medida en que libremente nos damos. Cuando más vivimos para nosotros, menos nos realizamos y menos felices somos, por mucho que la pasemos estupendamente bien. 

    Nuestra actividad educativa, por tanto, debe ir en la línea de permitir esa donación, de permitir que el educando se trascienda a sí mismo, busque salir del amor propio y se aventure a amar en plenitud, pero que lo haga no como coaccionado por los educadores, no como obligado por quien lo conduce a ser mejor, sino que la educación (y en esto radica su dificultad) debe disponer al educando para que libremente se decida por lo bueno y mejor, para que libre y voluntariamente se decida a vivir para los demás. En este sentido, el educador no es el que hace feliz, sino el que mediante la formación en las virtudes humanas, dispone al educando a que libremente se ordene a la felicidad. 

    Ahora bien, no se puede propiamente donarse a los demás, si no se es plenamente libre. Sólo en la medida en que se es libre, puede el hombre entregarse por amor a los demás, y por tanto, ser más persona. Porque de lo contrario se obraría de manera determinada, necesaria y no habría propiamente donación. Sería amar como ama el pingüinito a la pingüinita, esto es, necesariamente. El pingüinito no puede decirle que no, está determinado a amarla. 

    La persona humana, en cambio, se mueve libremente hacia lo amado, de tal manera que ama, que se entrega, que se compromete, si quiere. De lo que se sigue que hacer a la persona más persona, es hacerla más libre, hacer a la persona más persona es educarla para la libertad. Y en este sentido hay que amar profundamente la libertad de nuestros hijos. Sí, hay que desear y promover la libertad de nuestros hijos, tanto niños, como adolescentes, como jóvenes. Pero, claro, afirmar eso supone correr el riesgo de entender impropiamente lo que eso significa, de manera que bien vale aclarar qué se entiende por libertad. 

    Ser libre significa, en primer lugar: no estar determinado, sino que autodeterminarse a actuar. Los seres irracionales, lo seres no personales, realizan sus actos absolutamente determinados por su naturaleza específica. Ellos sí que están completamente determinados. No hay ovejas que desafíen al lobo, ni leones que se apiaden frente a las cebras. Ellos  realizan sus operaciones siguiendo la determinación de la especie, obran desde su especie, lo que hace uno, lo hacen los demás, porque no obran desde su individualidad, sino desde su especie. La persona humana, por su racionalidad, no obra desde su especie, sino desde su individualidad. Ella decide poner un acto en la existencia o no; es ella la que decidirá qué hacer en cada momento. El hombre puede elegir, los animales no. Esta autodeterminación, esta capacidad de elegir, por la que actuamos o no actuamos, hacemos una cosa u otra es la raíz y el fundamento de la libertad humana. Sin embargo, no es, ni puede ser toda la libertad. La elección es un momento de la libertad pero no es lo esencial a ella.

    En tanto que la persona humana está ordenada a su realización, lo esencial de la  libertad para que sea propiamente humana será su ordenación a dicha perfección. La libertad es un medio, no un fin, por lo que el hombre dispone de la libertad para ordenarse por sí mismo a su felicidad y no a su desgracia. De este modo, la libertad supone elegir lo bueno; moderar las apetencias sensibles, de tal modo que el hombre sea capaz de obrar en la línea de su realización personal; tender a bienes verdaderamente humanos y no dejarse llevar por falsos placeres egoístas. La libertad personal es, por tanto, señorío sobre uno mismo y sobre sus propios actos. No como simple posibilidad de optar o elegir entre unas cuantas cosas más o menos interesantes, sino como la capacidad de decidir por uno mismo, en cada momento, aquello a lo que por naturaleza está uno ordenado a ser: una persona plena, realizada, feliz; más propiamente, según lo que venimos diciendo: una persona capaz de amar y ser amada en plenitud. 

    Educar para la libertad significa entonces, formar jóvenes que sean verdaderamente dueños de sí mismos, jóvenes empeñados en lograr su propia perfección y no su ruina, jóvenes que sin coacciones, desde sí mismos, se muevan hacia lo bueno, jóvenes capaces de decirle “no” a aquellas cosas que no les perfeccionan, pero, que a la vez tengan la alegría y la vitalidad de decirle “sí” a las cosas que los engrandecen. Dicho más simplemente, educar para la libertad, no es otra cosa sino educar para el amor, para el amor de aquello que es digno de ser amado; formar a los jóvenes para que sean capaces de amar bien, de amar más unas cosas que otras y así lograr su realización.

    La actual mentalidad relativista, al desconfiar de la capacidad de la inteligencia humana para conocer lo verdadero, se ve obligada en el orden de la realización humana a no establecer diferencias entre los bienes existentes, dejando a los mismos jóvenes la determinación de lo que ellos mismos consideran bueno. Si todos los bienes son del mismo valor, será igualmente bueno ayudar a los pobres como drogarse; sacrificarse por la familia, que ir de fiesta; etc. El educando, precisamente porque es educando, exige una palabra orientadora de la existencia que le permita apreciar la mayor bondad de unas opciones sobre otras. Son los educandos mismos los que esperan que aquellos que los aman les digan qué vale la pena elegir o qué vale la pena amar. Faltando esa palabra, se instalará un profundo vacío en sus almas que intentarán llenar con placeres o diversiones incapaces de satisfacer su anhelo de felicidad. De allí la especial responsabilidad de los padres y educadores en el ejercicio de la actividad educativa. 

    Por eso cuando hablamos de educar para la libertad, cuando decimos que hay que amar la libertad del adolescente, de ninguna manera estamos pretendiendo que haya que favorecer y promover una independencia frente a la autoridad o a las normas, no estamos diciendo que haya que promover la irresponsabilidad del adolescente o permitir que haga lo que quiera hacer, cuando quiera y con quien quiera. 

    Lo que estamos significando cuando decimos que es preciso educar para la libertad, es que nuestra actividad educativa debe encaminarse a posibilitar al adolescente a amar en plenitud, a ser verdaderamente suyo, de tal modo que pueda entregarse a los demás por amor. Eso es lo que debemos anhelar: educar para el amor y para la libertad, no para la frustración y la esclavitud de las pasiones. Sobre cómo llevar a cabo esta maravillosa tarea hablaremos en una próxima oportunidad. 

  • ¿Descansar para trabajar o trabajar para descansar?

    ¿Descansar para trabajar o trabajar para descansar?

    El sentido del
    descanso humano

    El término de las vacaciones, la finalización de ese tiempo de descanso y diversión, suele provocar cierta tristeza y desazón, a la vez que un profundo desgano al enfrentar otra vez las actividades intelectuales y laborales. Se vuelve al trabajo, pero se esperan y anhelan de manera ferviente las vacaciones futuras. Se retoman las ocupaciones, pero con el espíritu aún enredado en “la arena y el mar”. No suelen ser frecuentes las manifestaciones de júbilo causadas por el regreso a la sala de clases o al puesto de trabajo. 

    Pero este sentimiento generalizado, que más de alguna vez ha embargado al que escribe estas líneas, manifiesta una apreciación impropia de lo que significan el descanso y la actividad en la vida humana, ya que considera al primero como fin y al segundo como medio, manifestando con ello una visión del hombre reducida a que éste viva en orden al descanso y no hacia la realización de sí mismo mediante alguna actividad perfectiva. Por eso, es conveniente realizar algunas reflexiones en torno al verdadero sentido del descanso, la diversión y el juego; y su relación con las actividades humanas. 

    En primer lugar es preciso señalar que el descanso y la diversión son realidades no solo convenientes sino también necesarias. San Agustín, refiriéndose a aquel que se dedica a labores intelectuales, dice: “Quiero que seas indulgente contigo mismo, porque conviene que el sabio relaje de vez en vez el rigor de su aplicación a las cosas que debe hacer”. El descanso, por tanto, es un deber, no sólo para aquel que se dedica al trabajo que implica un esfuerzo corporal, sino también para el que realiza actividades intelectuales. Y lo es en la medida en que es necesaria la conservación de las propias fuerzas. No es posible mantener la tensión del estudio, de la entrega constante al conocimiento, al saber y al trabajo, sin padecer el cansancio que generan dichas actividades. Cansancio que exige ser reparado para continuar realizando plena y perfectamente las actividades que lo ocasionaron. 

    En el caso del cansancio físico lo que se exige es la suspensión de las actividades. Mientras que para el descanso del intelecto, la diversión y el juego son los medios más eficaces. El alma humana encuentra la reparación en la medida en que dirige su atención hacia otras cosas, distintas del trabajo habitual, en la medida en que se di-vierte, en que se vuelca, se vierte hacia otra realidad. De allí que diga Tomás de Aquino que el juego y la diversión tienen cierta razón de bien en cuanto son útiles para la vida humana y cuenta aquella historia del evangelista Juan, en la que algunos de los que lo frecuentaban se escandalizaron al verlo jugar con sus discípulos. Entonces, Juan “mandó a uno de ellos, que tenía un arco, que tensara una flecha. Después de hacerlo muchas veces, le preguntó si podría hacerlo ininterrumpidamente, a lo que el otro respondió que, si lo hiciera así, se rompería el arco. San Juan hizo notar entonces que, al igual que el arco, se rompería también el alma humana si se mantuviera siempre en la misma tensión”.  

    De lo cual concluimos que si bien es necesario el descanso y la diversión, lo son en la medida en que se ordenan a reparar las fuerzas para retomar la acción. No son buenos en sí mismos, sino como un medio exigido para retomar la acción con fuerza renovada. Y es que el trabajo, tanto físico como intelectual, no es simplemente una actividad mediante la cual conseguimos lo necesario para sobrevivir, sino que es mucho más que eso. El trabajo es un acto personal ordenado al perfeccionamiento integral del sujeto que lo realiza. Mediante el trabajo la persona se autorrealiza y se dignifica. Es erróneo pensar que el valor del trabajo se mide en función de la productividad y no por la dignificación que la persona adquiere en su obrar. No es el descanso lo que nos realiza en cuanto personas, por ello no puede ser nunca buscado como fin. Aquello que propiamente debe ser buscado en orden a nuestro crecimiento personal es esa actividad con la que de alguna manera aportamos novedad a lo ya dado, colaboramos al progreso social y a la obra creadora de Dios. 

    De lo que se sigue que por muy noble y necesario que sea el descanso y la diversión no pueden ser lo más importante en nuestra vida, no podemos ordenar nuestra vida teniéndolos como centro. Así lo enseña Aristóteles: “La felicidad no consiste en el juego y el descanso. Sería un absurdo que la diversión fuera el fin de la vida. La diversión es una especie de reposo, y como no se puede trabajar sin descanso, el ocio es una necesidad. Pero este ocio, ciertamente, no es el fin de la vida, porque sólo tiene lugar en razón de la futura operación. La vida dichosa es la vida conforme a la virtud; ésta va con el gozo, pero no con el gozo del juego. Las cosas serias son mejores que las que mueven a risa y a chanza, y el acto de la mejor parte del hombre, o de lo mejor del hombre, esto es el intelecto, se considera como el acto más serio”. Una vida dedicada al descanso y a la diversión como fin es poco seria; de hecho, tiene más semejanza con la vida animal que con la vida propiamente humana. Es cosa de ver a algunos animales, como el gato o el león, cómo pasan gran parte de su día recostados, durmiendo o descansando y solo se animan para alimentarse y procrear; pero su estado natural es, para decirlo coloquialmente, “estar echados”. De allí que aún teniendo aseguradas de por vida la satisfacción de nuestras necesidades básicas, es decir, aún no necesitando del trabajo para conseguir los recursos que me permiten subsistir, aún así no podríamos dejar de realizar alguna actividad intelectual o productiva que nos enriquezca espiritualmente. Es a ella a la que debemos amar más que al descanso. 

    Luego de haber afirmado la necesidad y la conveniencia del descanso, el juego y la diversión, es preciso en segundo lugar, referirse al orden propio que debe animarlos. Porque la relajación del alma y del cuerpo no significa dejar de obrar humanamente. El abandono de las actividades laborales no supone el abandono del obrar que enriquece al ser humano. Santo Tomás nos llama a recurrir al deleite que proporciona el juego, la diversión y el descanso, para “relajar la tensión del espíritu”, pero nunca para olvidarnos del espíritu. Si bien divertirse supone un salir en cierta manera de uno mismo, salir un poco de lo habitual, del esfuerzo constante; sin embargo, no puede ser un salir que pierda de vista nuestra realización personal. El Doctor Angélico señala tres cosas que es preciso evitar en el descanso y la diversión. “La primera y principal, que este deleite se busque en obras o palabras torpes o nocivas. En segundo lugar, hay que evitar que la gravedad del espíritu se pierda totalmente. En tercer lugar, concluye, hay que procurar, como en todos los demás actos humanos, que el juego se acomode a la dignidad de la persona y el tiempo”. Este orden de la razón en la diversión es lo que Aristóteles llama eutrapelia, esto es, la virtud que ha de moderar el descanso y la diversión, de manera que no caiga en excesos. 

    Muchas veces, sin darnos cuenta, la diversión da paso a un mayor cansancio o lo que es peor, a la amargura. Esto se debe a que no sabemos descansar, no guardamos el orden debido, entregándonos a una diversión que altera la tranquilidad del alma, porque preferimos ambientes ruidosos y masificados, o nos entregamos a acciones torpes que no guardan ninguna relación con aquello que nos perfecciona. Santo Tomás nos enseña que el verdadero descanso del alma es el gozo y Sertillanges nos ilustra esto al decir: “Los juegos, las conversaciones familiares, la amistad, la vida de familia, las lecturas agradables, el contacto con la naturaleza, el arte fácil, un moderado trabajo manual, la visita a una ciudad, los espectáculos poco absorbentes, los deportes moderados, son elementos de expansión”. Cuan diferente es esta visión del descanso con la que parece reinar en la sociedad moderna basada en la televisión, Internet y videojuegos. Divertirse no puede ir de la mano con el olvido del perfeccionamiento humano. El descanso no es un momento en el que hacemos un paréntesis en nuestro empeño por ser mejores, sino sólo un descanso en el esfuerzo cotidiano en orden a tomar nuevas fuerzas para continuar realizando aquello que de verdad amamos. Dicho de otro modo, para divertirse y descansar es preciso ocuparnos en esas actividades que relajan, distienden, sosiegan, reparan fuerzas para que después seamos capaces de mayores esfuerzos. Cuando se plantean las cosas de modo inverso y se tiene la diversión como fin en sí mismo, se espera de la diversión algo que ella no nos puede dar. Eso explica las tristezas al volver de las vacaciones o al concluir los fines de semanas. Cuando el descanso que se había tomado como fin termina, lógicamente comienza el desencanto, la desazón del alma. Quizá se anhelan entonces nuevas diversiones, nuevos descansos, que si siguen tomándose como razón de ser de la existencia, nunca conseguirán hacer feliz. ¿Cuál es el sentimiento que a usted, estimado lector, le embarga después de haber concluido las vacaciones?  

  • La curiosidad intelectual: ¿virtud o vicio?

    La curiosidad intelectual: ¿virtud o vicio?

    “Es preciso incentivar la curiosidad de los alumnos”; “mi hijo es muy curioso intelectualmente”; o “la curiosidad es necesaria para la ciencia”, son expresiones comunes en nuestros días. Pero cuando uno recuerda que “la curiosidad mató al gato”, entonces tiene sentido preguntarse si acaso la curiosidad es una virtud que debe adquirirse para la perfección de nuestro entendimiento; o, por el contrario, es un vicio en el que es preciso evitar caer para que no muera, en este caso, nuestra vida intelectual.

    Para comprender la naturaleza de la curiosidad es preciso entender primero que el hombre posee una naturaleza espiritual y en virtud de ello, posee naturalmente el deseo de saber. Todo hombre tiende por naturaleza a saber, dice Aristóteles al comienzo de la Metafísica, todo hombre desea por naturaleza conocer algo. En tanto que el hombre vive una vida intelectiva, en tanto que vive de los razonamientos, existe en su corazón un deseo de conocer tan profundo que renunciar a ello comprometería su propia existencia. Pero, ¿puede el deseo por conocer la verdad ser moralmente incorrecto? ¿Existe verdaderamente la necesidad de una moderación del deseo de conocer o todo puede y debe ser conocido? Siendo una tendencia natural a algo tan perfectivo del hombre, es lícito pensar que no se requiere de ninguna moderación y que el hombre puede desear conocer todo lo que es verdadero. Millán Puelles ordena ésta objeción de la siguiente manera: “a) No es posible que la verdad sea moralmente mala; b) Tampoco cabe que sea moralmente malo el conocimiento de la verdad; c) En consecuencia, el interés por conocer la verdad no puede ser malo moralmente”. 

    Sin embargo, esto es sólo una apariencia, ya que así como es natural al hombre nutrirse en vistas a conservar su ser, no por ello decimos que no deba moderar y regular dicho apetito, antes al contrario, requiere para ello de la virtud de la abstinencia, que ordena a la razón el apetito de los bienes comestibles; lo mismo podemos decir de la tendencia natural de conservar la especie mediante los actos procreativos. El apetito sexual debe ser moderado por la virtud de la castidad para que permanezca en el orden humano y contribuya efectivamente al bien del hombre. Precisamente porque son naturales, estas tendencias son particularmente fuertes y resulta fácil que se desordenen de aquello que dicta la razón. 

    Es esto lo que sucede también en el orden espiritual con respecto al deseo de conocer. El hombre desea conocer y conocerlo todo, pero debe moderar su deseo en orden a que lo conocido sea perfectivo para él y no termine desordenándolo de aquello que es su verdadero Bien. La virtud que regula este deseo de saber se denomina estudiosidad. La estudiosidad se ordena a que el hombre conozca la verdad, no al modo como lo hacen las virtudes intelectuales, perfeccionando el intelecto; sino que lo hace disponiendo al hombre para que quiera conocerla, esto es, perfeccionando el apetito. Lo que modera y perfecciona esta virtud es el apetito, el deseo de conocer la verdad. 

    Ahora bien, no hay que olvidar que, como dice Santo Tomás, “el afecto humano arrastra a la mente hacia la consecución de aquello hacia lo cual se siente atraída”. Y, como el hombre se siente atraído especialmente por aquello que halaga su carne, es natural que su pensamiento se dirija a eso. Así, es preciso ordenar el deseo de conocer hacia aquello que perfecciona al espíritu, aquello que perfecciona al hombre mismo. De ahí la necesidad de una virtud que saque al hombre de la materialidad y lo eleve hacia la verdad, haciéndolo más hombre, conocedor de Dios y de las cosas y de sí mismo en orden a Dios.

    La falta de esta virtud, muy olvidada en nuestros días, puede ocasionar la aparición de dos vicios opuestos: la negligencia, es decir, la despreocupación y falta de atención a aquellas cosas que deben conocerse; y la curiosidad vana, esto es el exceso inmoderado en el conocimiento. En efecto, lejos de ser una virtud, la curiosidad es un vicio del apetito humano. De ella nos ocuparemos en estas reflexiones.

    La curiosidad aparece primeramente como el deseo que posee alguien de saber o averiguar lo que no le concierne. En efecto, apoyada en nuestro natural deseo de saber, en aquel instinto propio de nuestra naturaleza cognoscitiva, la curiosidad lo dirige hacia aquellas realidades que no conviene sean conocidas por el hombre o no deben ser conocidas. 

    Pero ¿de qué manera puede uno excederse en el deseo de conocer? ¿Cuándo es desordenado el deseo de saber? ¿Cuáles son los criterios para establecer que el deseo de conocer la verdad es desordenado y, por tanto, ilícito moralmente? Santo Tomás establece cuatro modos en los cuales puede darse este vicio de la curiosidad en lo que se refiere al deseo de conocer la verdad. 

     En primer lugar, “en cuanto que por el estudio menos útil se retraen del estudio que les es necesario”. Esto, a nuestro juicio, debe entenderse en un doble sentido. En primer lugar en un sentido restringido a aquel que se dedica a la vida intelectual. Y en este caso, ha de entenderse, que se excede en el deseo de conocer la verdad y por tanto, obra mal, aquel que desechando aquello que debe atender en orden a cumplir con sus obligaciones, se dedica a conocer u aprender otras cosa, que aunque más perfectas e importantes, son menos “útiles” en ese particular momento. Es lo que sucede con el estudiante que ante una evaluación de matemáticas, sin haber preparado aún convenientemente su examen, se dedica a leer libros de literatura, muy educativos y formativos; o el maestro que debiendo preparar y repasar su clase, sólo atiende a sus gustos por lecturas personales. Santo Tomás pone el caso de un juez que está tan enamorado de la geometría que descuida sus obligaciones en la persecución de la justicia. Especial mención merece Internet, herramienta muy útil en nuestros días, pero  que puede ser una especial fuente de curiosidad y perdida de tiempo para el que entra a navegar sin saber muy bien lo que quiere y desde luego, para aquel que es incapaz de moderar su deseo de conocer. 

    No obstante lo anterior, en un sentido más propio, obra  contra el recto deseo de saber, aquel que aspirando a alcanzar altos conocimientos científicos, técnicos o artísticos, descuida aquellos más necesarios, esto es, aquellos que tienen que ver con su felicidad y perfección última. 

    Este descuido de lo necesario se ha vuelto en nuestros días algo muy extendido y se manifiesta especialmente en el desprecio por la filosofía y en el extendido desinterés por las cuestiones últimas. Sólo interesa lo frívolo, lo superficial y pasajero. Santo Tomás enseña que la buena vida requiere de la necesaria atención a “cosas más altas”, cosas que el curioso desdeña y prefiere no atender. Gran Hermano, los programas del corazón o la tele basura, constituyen ejemplos de ese deseo de conocer cosas que no se ordenan a la perfección del hombre en ningún sentido. 

    En segundo lugar, se cae en el vicio de la curiosidad “en cuanto que uno se afana por aprender de quien no debe”. En el afán incontrolado de saber, el hombre no repara en la legitimidad para enseñar del sujeto que enseña. Santo Tomás se refiere explícitamente a los que preguntan a los demonios algunas cosas futuras, es decir, a la magia de la adivinación. Esto que podría pensarse como cosa pasada y propia de la época del Aquinate, es tremendamente actual y vuelve a aparecer de la mano de ciertos futurólogos o pretendidos adivinos que nos ofrecen develarnos los acontecimientos que hemos de vivir. No se trata de que sea o no verdad aquello que nos manifiestan, sino de que querer saberlo obedece exclusivamente a una vana curiosidad que de ninguna manera nos es lícito consentir. Llenos de una profunda humildad ante los acontecimientos que nos van sucediendo en la historia de nuestra vida, hemos de seguir el ejemplo de San Agustín quien con profundo realismo afirmaba en sus Confesiones: “Ya no me preocupo de la marcha de las estrellas, ni busco jamás una respuesta en el mundo de las sombras. Aborrezco todas las obras de la magia. No obstante, ¿cómo no iba a intentar el demonio seducirme con el deseo de exigir de Ti, mi Dios y Señor, una señal clara a la que seguir fiel y ciegamente?”.

    Pero, ciertamente, no son estos pretendidos adivinos los únicos falsos maestros del mundo contemporáneo. Hoy en día, se yergue ante nosotros todo un conjunto de opinólogos televisivos y mediáticos, que intentan transmitir una visión del mundo y de la vida alejada completamente de la verdad. Muchos hombres, instruidos sólo por estos falsos maestros, parecen creer que nada les queda por saber, y lo más terrible es que muchas veces se confunde lo que es realmente cierto con lo que no lo es. Por el sólo hecho de aparecer en la pantalla las cosas se vuelven reales y ciertas.

    En tercer lugar, señala Tomás de Aquino que es curioso quien desea“conocer la verdad sobre las criaturas sin ordenarlo a su debido fin, es decir, al conocimiento de Dios”. En un mundo secularizado y que vive como si Dios no existiera, este parece ser el punto de más difícil comprensión, no obstante, es una verdad que no se puede callar. En efecto, si nuestra inteligencia se ordena naturalmente a conocer aquella verdad total y absoluta que es Dios y, precisamente por ello, no se ve satisfecha con el conocimiento de las criaturas. Permanecer en el conocimiento de ellas y no ordenarse a trascenderlas es ir contra el mismo orden natural de la razón. Es forzar a la razón que está orientada hacia lo alto, a que, como los animales, dirija su mirada al suelo. Santo Tomás refuerza este punto con una cita admirable de San Agustín que señala: “Al considerar las criaturas, no debemos poner una curiosidad vana y perecedera, sino que debemos utilizarlas como medios para elevarnos al conocimiento de las cosas inmortales”. De lo cual se deduce claramente que de ninguna manera se debe interpretar este punto como una condena al deseo de descubrir los secretos de la naturaleza. Pero, pretender agotar las capacidades del entendimiento humano, en cierto modo infinito, con aquellos conocimientos que proceden exclusivamente de las criaturas, es como pretender alcanzar la felicidad poseyendo todos los bienes materiales. Y la verdad que aunque sepamos todo lo que es posible saber acerca de las criaturas, aunque poseamos todo el conocimiento científico, limitándonos de esa manera a las causas segundas, en realidad, aún no conocemos nada, ya que poseemos ciencia, pero carecemos de sabiduría. 

    Finalmente, se cae en el vicio de la curiosidad “aplicándose a la verdad por encima de la capacidad de nuestro ingenio, lo cual da lugar a que los hombres caigan fácilmente en errores”. Muchas veces movidos por la vanidad o el orgullo suele aspirarse a cosas más altas de las que uno en realidad puede, y es ese espíritu el que nos aconseja moderar Santo Tomás. Por ello, si bien no brinda ningún ejemplo concreto, a lo que apunta en definitiva es a que se practique la modestia y la humildad en el estudio, a que se busque la verdad por sí misma y no los beneficios que de ello se siguen, tal como lo hacían los sofistas en tiempos de Sócrates. 

    De esta manera, hemos visto que la curiosidad más que una virtud es un vicio, en tanto, supone un deseo inmoderado de conocer. Aquello que debemos incentivar en los jóvenes y cultivar nosotros mismos, no es la curiosidad, sino la estudiosidad. Es esta virtud la que ordena al hombre a la mejor y más perfecta adquisición de la ciencia y la sabiduría, mientras que la curiosidad lo desordena, entregándolo a conocimientos vanos e insustanciales.