Categoría: Lugares

  • Petra: La Calma del Desierto

    Petra: La Calma del Desierto

    Petra, magnífica ruina de una ciudad romana, que combina arquitectura helénica con nabatea. Se aparece entre las rocas, impactando al observador y es, sin duda, la joya del desierto de Wadi Rum.

    Mapa de Petra 1912. Libro de Viajes de Karl Baedeker, 5ta Edición

    Cuando uno escucha el nombre Medio Oriente muchas opiniones e ideas vienen a la mente, especialmente la palabra conflicto es la que más resuena en nuestros oídos. Además, muchas veces cuando nos informamos ya sea a través de la prensa escrita o la visual encontraremos alguna noticia referida al tema del conflicto. También es justo decir que en la última década la zona lleva un estigma bajo los ataques y milicias terroristas en el lado musulmán. Connotación que ha sido designada por los ojos occidentales, pero que finalmente es una sola mirada y no un enfoque completo de toda una tradición.

    Los países árabes no pueden llevar la tilde de belicosos y terroristas,  sino que me atrevería a decir que la verdadera palabra que los define es es misterio y riqueza, en elementos ocultos a las mentes de occidente, los cuales se presentan como una belleza y una atracción preciosa. Medio Oriente árabe es un tesoro fecundo de riquezas en todo ámbito de la expresión humana, desconocido a muchos de nosotros. A que se debe la reflexión, se debe a una experiencia netamente personal. Hace aproximadamente un mes atrás tuve la suerte de viajar a la zona por motivos de vacaciones, mi expectativa era tremenda porque sabía que iba a una tierra virgen para mis ojos y espíritu.

    Aterricé en el aeropuerto “Queen Alia” en Amman, Jordania. Desde que inicié el trayecto al hogar de mis padres quienes se encuentran allá por trabajo, sabía que estaba lejos de casa y que me encontraba en una zona donde muchas miradas han sido puestas. Lo más llamativo en ese camino fue ver carteles que indicaban salidas hacia la frontera con Arabia Saudita camino que también llevaba a Yemen y otra salida que llevaba a la frontera con Irak. Sólo horas te separaban de lugares que siempre escuchas y que nunca piensas que estarás tan cerca de ellos. La emoción de aventura estaba siempre presente.

    Pero mis planes no contemplaban esos dos países, mi idea era conocer el país jordano y su actual apuntada maravilla del mundo; Petra. Todo el pueblo de Jordania se enorgullece de su “piedra” y uno podía ver en todas partes publicidad para visitar la ciudad, lo cual creaba una tremenda expectativa para ir de inmediato. Pero los jordanos tienen muchos más encantos en su tierra, poseen uno de los desiertos más místicos y maravillosos de la tierra; el desierto de Wadi Rum.
    Desde la perspectiva de la historia Wadi Rum fue lugar de planificación de Lawrence de Arabia durante la primera guerra mundial para llevar sus ataques en contra del Imperio Otomano. Por lo tanto, los dos lugares me aparecían lugares atractivos para conocer, además, Wadi Rum era accesible después de la visita a Petra.

    Inicié mi viaje a Petra junto a un joven jordano, temprano una mañana, para descubrir una de las nuevas siete maravillas del mundo. El precio de entrada a Petra son 21 dinares jordanos, los cuales equivalen a 30 dólares. Uno empieza la odisea a través de “As-Siq”, que es la entrada principal. Esta se asimila a una tremenda garganta con unos acantilados de unos ochenta metros de altura y un recorrido de unos 1.200 metros. Las formaciones geológicas con las cuales uno se encuentra son impresionantes, rocas de color rojo, canales de agua y embalses. Aspectos que están constantemente bajo la mirada de la cámara fotográfica.

    Después de la asombrosa caminata uno se encuentra con la principal atracción del lugar, que, tímidamente, se asoma al final del trayecto: Al-Khazneh. Este potente monumento se presenta ante la mirada humana como una verdadera maravilla de la arquitectura. Es una mezcla entre la arquitectura helena y la nabatea. Uno podría escribir un sin fin de características de este monumento histórico, pero las palabras serían demasiado subjetivas. Sólo se puede decir que al encontrarse con ella uno queda impactado por su belleza. Pero Petra no es sólo este tremendo y hermoso monumento, sino que ofrece muchas atracciones arquitectónicas; un odeón romano, tumbas reales, una calle columnada y muchos templos. Es injusto dedicarle un par de horas a esta nueva maravilla del mundo, pero sí creo que es posible encantarse y dejarse llevar por su belleza e historia. Sinceramente los jordanos se merecían poner su nombre en la historia del mundo con este nuevo nombramiento de las siete maravillas.

    Desierto de Wadi Rum

    Después de la agotadora, pero maravillosa experiencia en Petra, era el turno del inmenso desierto de Wadi Rum. Llegué ahí la misma tarde y ya me sentía pequeño ante la grandeza del desierto. Fui acompañado nuevamente por el chofer y un guía beduino de la zona. Nos encaminamos en una camioneta a explorar las dunas rojas marcadas por el cálido viento del verano jordano. La soledad se sentía y uno se encontraba dentro de una de las más bellas creaciones que sólo pueden ser atribuidas a la divinidad, ya que ningún hecho azaroso puede haber sido el artista de la bella pintura que estaba frente mis ojos. Este paisaje rojo que me rodeaba fue hecho inteligente para ser contemplado.

    Es en la inmensidad del desierto jordano donde más solo me he sentido, pero fue una soledad llena de alegría y meditación. El desierto otorga eso, invita al autoconocimiento y a la meditación profunda. Te muestra que estás alejado de toda distracción y te ofrece la oportunidad de encontrarte. No detallaré todo lo que pasó por mi mente en esa tarde mientras me maravillaba por la puesta de sol más bella que mis ojos han visto, pero si se me permite hacer una pequeña analogía, lo que sentí en ese momento fue lo que sintió el Principito de Antoine de Saint-Exupéry, fui capaz de revivir el encuentro que tuvo con el zorro y darme cuenta de la importancia de la rosa que nos presenta el autor francés.

    El desierto permite eso, la profunda reflexión y también la exposición de los sentimientos más profundos del alma. Además, ante tal belleza es imposible no mostrar agradecimiento de lo que uno realmente lleva dentro de sí. Al descender del cerro en el que me encontraba contemplando la puesta del sol, fui trasladado a una carpa beduina en la mitad del pleno desierto. Allí fui recibido por un joven llamado Fadi, que tenía veinte años y llevaba cinco años viviendo por su cuenta en el desierto. Como es de costumbre me ofreció el auténtico té beduino y gocé de una noche de música árabe y beduina, bajo las millones de estrellas que se reflejan en nuestro cielo, rodeado del calor de una fogata y la buena voluntad de los jóvenes beduinos.

    Después de conocernos un poco y disfrutar de una auténtica comida beduina, llegó la hora de descansar y el desierto me tenía una sorpresa más; el silencio de la noche. Nunca en mi vida había experimentado ese silencio que entraba en lo más hondo de mis oídos y hacía darme cuenta que estaba aislado, lejos de mi tierra y en un lugar donde no habían preocupaciones y problemas, sino que había paz. Fue en ese momento que me di cuenta de la mística del desierto y de medio oriente. Tantas cosas peyorativas se escuchan o dicen sobre esta zona, tantas cosas se dicen sobre la cultura y las personas, pero nada se dice sobre la tierra que compone a este lugar, está tierra roja y cálida llamada desierto es donde se encuentra el tesoro del mundo árabe, es en esta arena que cada vez se renueva y se ve virgen a través de la tierna brisa del viento es donde uno encuentra y siente paz en medio oriente.

  • La Península de Crimea

    La Península de Crimea

    Su historia y el regreso
    a la Madre Patria

    El 16 de marzo de 2014 casi el 97% de los habitantes de la península de Crimea votaron a favor de la reunificación con Rusia. Dos días más tarde el presidente ruso Vladimir Putin alabó el hecho con un discurso histórico, en el que, según sus palabras el hecho de que la península es parte fundamental de Rusia era algo absolutamente indiscutible. ¿Qué significa Crimea para la nación rusa?, ¿cuáles son los hechos que nos permiten explicar que su población haya deseado tan ardientemente el regreso a la Madre Patria?.

    Crimea ha sido una verdadera obsesión para varias culturas. Desde tiempos remotos, la península de algo más de 26.000 km cuadrados, y ubicada estratégicamente en la costa norte del Mar Negro, ha sido poblada por diferentes pueblos, quienes atraídos por su geografía, su clima, sus recursos terrestres y marítimos han tratado de dominarla.

    Escitas, griegos, bizantinos, godos, hunos y turcos; sólo por nombrar algunos. Sin embargo, fuertes lazos históricos, culturales, militares y económicos la unen a Rusia. Es difícil expresar en toda su magnitud lo que Crimea representa en el sentimiento nacional ruso, pero la noción de una historia común, de un sentimiento nacionalista y de orgullo patrio compartido nos ayudan a hacernos una idea de porqué la península es para Rusia parte de su historia.

    La Tauris griega

    Los primeros vestigios de la historia de Crimea nos remontan a la antigüedad. Sus primeros habitantes se conocen en las fuentes antiguas como los cimerios, quienes se habrían establecido ahí alrededor del siglo XII a.C. fundando Kymeria o Cimeria.

    Siglos más tarde, alrededor del VII a.C., parte del territorio de la península fue ocupado por escitas de origen iranio. Y en la Crimea montañosa de la costa sur se asentaron los taurus, una tribu descendiente de los cimerios. Ambas tribus serían reducidas posteriormente por los ataques de los sármatas, también de origen iranio.

    Los antiguos griegos instalaron sus primeras colonias en la península en el siglo V a.C. y fueron los primeros en llamar a la región Tauris por los indígenas que la habitaban. Las ciudades griegas fueron estableciéndose a lo largo de toda la costa del Mar Negro, una de ellas será el puerto marítimo de Quersoneso, ubicada al sudeste de la península, en las afueras de la actual Sebastopol.

    Tauris, también llamada Táuride o Quersoneso Táurico, es en las antiguas leyendas griegas el lugar al que fue enviada Ifigenia luego de ser rescatada por la diosa Artemisa del sacrificio humano ordenado por Agamenón, su padre. Artemisa convirtió a la joven princesa en sacerdotisa de su templo, con la misión de sacrificar a los extranjeros que llegaran a esa tierra.

    En el siglo II a.C. la parte oriental de Tauris pasó a formar parte del Reino del Bósforo, para luego ser incorporada al Imperio Romano en el siglo I. En época romana comienza a difundirse el cristianismo, dejando importantes huellas. Crimea sería el lugar de sacrificio de San Clemente; quien, según la leyenda, fue deportado al Quersoneso Táurico y muere ahogado en sus aguas. Además, en el lugar predicaron el evangelio los hermanos Cirilo y Metodio, también conocidos como los apóstoles de los eslavos, quien provenientes de Tesalónica en el Imperio bizantino, se convirtieron en siglo IX en misioneros del cristianismo primero en Crimea, y después en la Gran Moravia.

    A lo largo de los siglos posteriores, y hasta el VIII d.C., Crimea fue invadida y ocupada sucesivamente por varios pueblos como godos, hunos, búlgaros y jázaros. Por su parte, la ciudad de Quersoneso quedó desde finales del siglo IV d.C. bajo la influencia del Imperio Bizantino.

    Del dominio del Rus de Kiev al Kanato de Crimea

    En la segunda mitad del siglo X, la zona oriental de Crimea fue conquistada por el príncipe Sviatoslav I de Kiev, pasando a formar parte del principado de la Rus de Kiev, el estado eslavo antiguo que es reivindicado hoy como origen por los estados modernos de Rusia, Bielorusia e Ucrania. Fue una época crucial para la historia de Crimea, en la que los eslavos de la Rus de Kiev comenzaron a habitar poco a poco todo el territorio de la península.

    El Gran Príncipe Vladimir I de Kiev, hijo de Sviatoslav, amplía las conquistas capturando la ciudad bizantina de Quersoneso. En ella, en el año 988 de nuestra era, fue bautizado bajo el rito ortodoxo. De regreso en su patria derribó monumentos paganos e inició la cristianización de los rus de Kiev. Una impresionante catedral ortodoxa rusa fue construida ahí para conmemorar este importante acontecimiento histórico.

    Sin embargo, el dominio de los rus de Kiev entró en decadencia a raíz de las invasiones de los mongoles. Entre 1239 y 1441 la península, salvo el territorio en manos bizantinas, quedó bajo el dominio de la Horda de Oro, el estado mongol que surge tras la ruptura del Imperio Mongol en la década de 1240.

    Después de la destrucción del ejército de la Horda Dorada en manos del  líder militar y político Tamerlán o Timur, serán los tártaros quienes se instalan en la península y fundan ahí el Kanato de Crimea en 1441, un estado tártaro e islámico con capital en la ciudad de Bakhchisaray. El kanato se convierte en protectorado otomano en 1475 y bajo esta protección, por más de trescientos años, controló no sólo la península de Crimea, sino también las costas y los territorios al norte del Mar Negro.

    La conquista rusa:
    una guerra religiosa

    Los antecedentes de la anexión del territorio del Kanato de Crimea al Imperio Ruso en  son múltiples. Desde el deseo de acceder al mar negro, crucial para la defensa militar del imperio en la frontera con el mundo musulmán, y hacer con ello viable su imagen de potencia en el continente europeo; hasta razones religiosas que le permitieron a los rusos reclamar Crimea como un lugar cristiano sagrado. Todas esas razones tomaron un carácter formal durante los años del reinado de Catalina la Grande.

    Como consecuencia de su derrota en la guerra ruso-turca de 1768 a 1774, los turcos se ven obligados a firmar el tratado de Kuchuck Kainarji, por medio del cual deben deponer su soberanía sobre el Kanato y conceder la independencia a los tártaros. Los rusos, por su parte, no ganaron muchos territorios pero si asumieron el derecho de proteger a la población cristiana ortodoxa.

    Los otomanos se mostraron reticentes a aceptar la independencia de Crimea, temiendo que muy pronto sería sometida por los rusos. Y así fue, aprovechando la débil independencia del Kanato, el Imperio Ruso de Catalina la Grande ocupa y anexiona Crimea en 1783 deponiendo a su último Khan, Sagin Giray.

    En opinión del historiador británico Orlando Figes, la anexión rusa de Crimea fue una amarga humillación para los turcos, se trataba del primer territorio musulmán que el Imperio Otomano perdía a manos de los cristianos.

    Catalina la Grande había tenido éxito en su esfuerzo por llevar a Crimea al seno de Rusia, lo que permitió salvar del olvido los vestigios de Quersoneso, cuna de la cristiandad eslava y símbolo sagrado dentro de la historia de Rusia. La antigua Táuride griega será a partir de entonces la Gubernia rusa de Táurida, el lugar en el que Rusia enlaza tanto con el mundo antiguo, como con la civilización helénica de Bizancio.

    En su primer viaje a Crimea, la Emperatriz Catalina definió a la península como una tierra de cuento de hadas de Las Mil y una Noche. De esa manera las tierras tártaras de Crimea pasarán a ocupar un lugar importante en el imaginario ruso, precisamente en el momento en el que Rusia de la mano de escritores, artistas y compositores buscaban la manera de definir el alma y el ser de los rusos.

    La Guerra de Crimea

    La península se verá enfrentada nuevamente a una guerra en 1853. Los afanes expansionistas del zar Nicolás I llevaron a Rusia a enfrentarse en Crimea con una alianza formada por el Imperio Otomano apoyado por el Reino Unido, Francia, y Piamonte-Cerdeña.

    Se trató de una guerra por territorio. Si el Imperio Otomano se derrumbaba, Rusia avanzaría y podría controlar una enorme franja de tierra desde los Balcanes hasta el Golfo Pérsico, de ahí la decisión del Reino Unido y Francia de apoyar a los turcos frente a la amenaza rusa.

    Pero fue además, y nuevamente, una guerra religiosa debido a la creencia cada vez más arraigada en el zar de que se trataba de una cruzada ortodoxa. El destino del Imperio Ruso era cumplir con la misión divina de defender a los cristianos ortodoxos del imperio islámico de los otomanos y llegar incluso a controlar Tierra Santa.

    Así en octubre de 1853 el zar Nicolás I exigió al sultán turco, a través de su emisario el príncipe Ménshikov, que le otorgara la protección de todos los habitantes ortodoxos del Imperio y la capacidad de intervenir en Palestina si la situación lo requería.

    Presionado por la diplomacia británica y francesa, el Sultán Abd-ul-Mejid I rechazó la petición provocando la invasión rusa de posesiones otomanas en el Mar Negro y el posterior desencadenamiento de la guerra.

    Fueron tres años de combates en las costas turcas, el Danubio y en la Península de Crimea que dejaron alrededor 800.000 muertos y episodios míticos como la  Batalla de Balaclava en la que se produjo la tristemente famosa Carga de la Brigada Ligera,  la batalla del río Alma o el asedio de meses al puerto de Sebastopol, ejemplo de coraje, valentía y resistencia del soldado ruso.

    La Guerra de Crimea fue la primera gran guerra industrial, en la que las viejas costumbres caballerescas chocaron con nuevas tecnologías. Se trató también del primer conflicto armado cubierto por periodistas, el primero en ser documentado y fotografiado ampliamente, el primero en emplear el telégrafo y, por cierto, un antecedente de la Primera Guerra Mundial.

    El Tratado de París de 1856 puso fin al conflicto, estableció la desmilitarización del Mar Negro y Rusia perdió sus posesiones en el Danubio y Besarabia lo que supuso un duro revés para la influencia rusa en la región.

    La guerra fue vivida como una terrible humillación para los  rusos, lo que exacerbó los ánimos contra Occidente, pero alimentó el sentido de orgullo nacional en aquellos hombres que lucharon por la defensa de Sebastopol, quienes sentían que sus sacrificios y los motivos cristianos por los que luchaban habían convertido su derrota en una victoria moral.

    La caída de Sebastopol se convirtió en un triunfo nacional y su capacidad de resistencia en un motivo de orgullo patriótico. Como consecuencia de la guerra se produjo un despertar nacional de Rusia que era reflejo de las actitudes heroicas del pueblo ruso durante la Guerra de Crimea .

    El convulso siglo XX

    Durante la Guerra Civil Rusa, y tras la revolución de octubre de 1917, Crimea se convierte en la base del anticomunista Ejército Blanco contra el Ejército Rojo. Sin embargo, tras la victoria de los comunistas en 1921, los bolcheviques anexionaron Crimea estableciéndola como República Autónoma Socialista Soviética de Crimea.

    Durante la Segunda Guerra Mundial Crimea sufrió duramente. En 1941 es invadida y ocupada por el ejército alemán, quienes en diez días alcanzaron Sebastopol. Tras un largo asedio de once meses, la ciudad fue destruida; sin embargo, los encarnizados combates por su defensa mostraron nuevamente la abnegación y el heroísmo de los soldados rusos.

    La reconquista soviética de Crimea se produce a partir de mayo de 1944. Stalin toma la decisión de acusar a los tártaros de Crimea de colaborar con la Alemania nazi, lo que significó la deportación de al menos 200.000 tártaros, permitiéndoseles regresar recién en 1989, bajo el gobierno de Mijail Gorbachov.

    Y será precisamente en Crimea, en la ciudad de Yalta, donde una vez terminada la guerra, en el lujoso Palacio de Livadia donde se celebró la histórica Conferencia de Yalta. En ella, Churchill, Roosevelt y Stalin en representación de las potencias ganadoras definieron cómo se organizaría el mundo después del conflicto, lo que marcará profundamente el curso de la historia hasta nuestros días. En ella se selló la división de Europa y se sentaron las bases de la Guerra Fría.

    Será en 1954 cuando la historia de Crimea tenga nuevamente un vuelco inesperado. El entonces presidente de la Unión Soviética Nikita Kruschev, de origen ucraniano, transfirió la península y convirtió a Crimea en parte de la República Soviética de Ucrania. Para muchos un error e injusticia histórica que debía ser reparada.

    Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991 Crimea se transformará en foco de disputas permanentes entre Rusia y Ucrania. En 1992 el gobierno de Kiev impidió la celebración de un referéndum sobre la independencia de Crimea apoyado por los rusos. Sin embargo, y a modo de concesión, se creó la República Autónoma de Crimea, ampliando sus derechos dentro de Ucrania, pero eso no bastó.

    Años más tarde, Kiev y Moscú firmaron un acuerdo que permitió el establecimiento de la Flota rusa del Mar Negro en la ciudad de Sebastopol. La ciudad, además de formar parte del imaginario ruso por las grandes hazañas heroicas protagonizadas por sus soldados, es de importancia estratégica para Moscú ya que le permite mantener control del Mar Negro y un rápido acceso y presencia naval en el Mar Mediterráneo.

    El regreso a Rusia

    En noviembre del año 2013, Viktor Yanukovich, en ese entonces presidente ucraniano, anunció que su gobierno abandonaría los planes de fortalecer lazos con la Unión Europea y, por el contrario, reafirmaría los vínculos con Rusia. Inmediatamente comenzaron las protestas de la población que anhelaba una Ucrania cada vez más unida a Europa.

    Las protestas y disturbios en Maidan, la plaza central de Kiev, fueron en ascenso. En febrero de 2014 manifestantes mueren en las confrontaciones, pero logran sacar a Yanukovich de la presidencia e instalar un gobierno provisional.

    El gobierno del Kremlin decide intervenir en la política ucraniana, tal vez por temor a que esas manifestaciones pudieran traspasarse eventualmente a Moscú.  A principios de marzo, el Presidente ruso Vladimir Putin envía tropas rusas a ocupar Crimea, había comenzado el plan por llevar de regreso a casa a la Península. Por su parte, el gobierno prorruso de Crimea declara la independencia del territorio y organiza un referéndum sobre su adhesión a Rusia.

    El domingo 16 de marzo, los resultados de ese plebiscito son casi unánimes. La votación demostró la convicción de que Crimea era parte de Rusia. Ni siquiera los grandes cambios del siglo XX, ni los más de veinte años en que fue parte de otra nación lograron alterar esa convicción. La anexión de Crimea fue celebrada tanto en Rusia como en la propia península. Crimea había conservado su alma rusa y deseaba el regreso a la madre patria.

    Según la constitución ucraniana y las leyes internacionales el referéndum fue inconstitucional. De eso, no hay dudas. Hoy ha pasado un año desde esos acontecimientos y a pesar de las presiones y sanciones occidentales en contra de Rusia, la situación sigue siendo la misma; nada ha podido hacerse en contra de esa anexión. Rusia sigue defendiendo la idea de que Crimea es parte fundamental de la nación ya que representa un capítulo en su historia sin el cual no existiría la Rusia actual.

      

  • San Petersburgo

    San Petersburgo

    La joya de Pedro el Grande

    San Petersburgo es una una de las ciudades más grandes de Europa, hoy la segunda ciudad más poblada de Rusia. Fue la capital del imperio ruso por más de 200 años. Conocida como la ciudad de los tres nombres, coloquialmente los peterburgueses y rusos en general llaman a esta metrópolis Peterburg o de manera aún más familiar Píter. El centro de la ciudad, junto a monumentos en sus alrededores, son considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1990.

    Tres han sido las ciudades más importantes para la historia de Rusia. Kiev, la ciudad madre, Moscú, el corazón y San Petersburgo, su cabeza. Situada en el noroeste del país, en la costa del mar Báltico, San Petersburgo siempre ha tenido una importancia estratégica para Rusia. Imaginada, ideada y creada por el Zar Pedro el Grande, es para muchos la ciudad más bella de Rusia y la que representa el apogeo de la Rusia imperial. 

    La joya del Neva, como también es conocida, es la ciudad que enlaza a Rusia con Occidente. Es el bastión de la Rusia europea y occidental, cuya contraparte es Moscú como la ciudad que representa a la Rusia eslava y asiática. 

    Para entender su origen es necesario adentrarse en uno de los reinados más importantes para la historia de Rusia, el del Zar Pedro el Grande de la Dinastía Romanov. Hijo del zar Alejo I, Pedro gobernó desde 1682 hasta su muerte en 1725 y durante su reinado se vivió una las épocas de mayor esplendor en Rusia. 

    Fue proclamado como el zar de todas las Rusias, y con sus reformas logró transformar a la Rusia Moscovita en una de las principales potencias europeas. Desarrolló la industria, el comercio, la educación y las ciencias, reorganizó el Ejercito y la Armada. Todo de acuerdo a lo que vio en los años en los que viajó y estudió en Europa. 

    Pedro no sentía mayor apreció por Moscú ni por su nobleza. Por ello uno de las reformas por él emprendidas significó un cambio en el estilo de vida de la sociedad rusa. Mandó a la nobleza a cortar los abrigos, las barbas y el pelo, símbolos tradicionales de los viejos boyardos, principales nobles de Moscovia. Ordenó, por el contrario usar pelucas y tacos altos, muy al estilo de la Europa de entonces. 

    Amplió las fronteras del imperio enormemente. Sin embargo, a fines del siglo XVII, Rusia no contaba durante la mayor parte del año con una sálida viable hacia el mar, lo que limitaba su poder y su crecimiento económico. Pedro lo sabía, por ello el sueño del joven zar, era corregir esta situación y conseguir así la supremacía marítima rusa. 

    La pregunta era por dónde lograrlo, por el Mar Negro o por el Báltico. Dado que no podía hacerlo hacía el sur ya que había firmado la paz con el Imperio Otomano que controlaba el acceso al Mar Negro, Pedro apuntó en dirección contraria, hacia el Báltico, controlado por Suecia desde medio siglo antes.  

    Por esa razón el zar decidió involucrarse en la Guerra del Norte y declaró la guerra a Suecia. Su primer intento contra el rey Carlos XII terminó en el desastre de la Batalla de Narva de 1700. Pero su creencia de que lo imposible podía ocurrir lo hizo seguir adelante. El historiador británico Orlando Figues en su obra El Baile de Natasha, relata que en una neblinosa mañana de la primavera de 1703 “una docena de jinetes rusos cabalgaban por las desoladas y yermas tierras pantanosas donde del río Neva desemboca en el mar Báltico. Estaban buscando un sitio donde construir una fortaleza contra los suecos. (…) para el Zar que encabezaba esa pequeña tropa de exploradores, la visión de aquel río ancho y lleno de recodos que desembocaba en el océano era una promesa y una esperanza. Desmontó su caballo. Con su bayoneta, cortó dos tiras de turba y las dispuso en forma de cruz sobre el suelo pantanoso. Entonces, él, Pedro, dijo: aquí habrá una ciudad”. 

    Y así fue, pero pocos lugares podrían haber sido más inadecuados para levantar una gran metrópolis: pantanos, marismas, bruma, nieve, animales feroces y un río que se helaba casi la mitad del año hacían del terreno un lugar no apto para ser habitado por los hombres. Sin embargo, la voluntad férrea de Pedro hizo que, tras algunos triunfos sobre los suecos, decidiera levantar inmediatamente una fortificación en la pequeña isla Záyachi. Se inició así la construcción de la fortaleza de Pedro y Pablo. El hecho se considera el acto de fundación de San Petersburgo, en mayo de 1703. Pedro la bautizó como la ciudad de San Pedro, en honor del apóstol, su santo patrono. Pero lo hizo a la manera holandesa y alemana, rechanzando el de Petrogrado.  

    La ciudad se construyó con un ritmo vertiginoso para la época. Pedro se inspiró en Venecia y en Amsterdam para la creación de la ciudad promoviendo la construcción de canales en las calles. Hizo traer a arquitectos e ingenieros franceses, alemanes e italianos como Doménico Trezzini, los que se involucraronen en el desarrrollo y construcción de la ciudad, uno de los núcleos urbanos más espléndidos y armoniosos de Europa.

    Una enorme fuerza laboral de siervos fue traída desde todos los rincones del imperio. La cuota anual llegó a ser de 40.000 hombres que se trasladaban sólo con sus pertenencias para trabajar en hacer realidad el sueño del zar. Llegaban ahí a pasar hambre, frío y vivir en condiciones extremas muriendo gran catidad de ellos. Se calcula que la mortalidad entre los trabajadores en ocasiones alcanzaba incluso el 50 %.

    Mientras se construía, los siervos encontraban agua a poco más de un metro de profundidad, por ello la ciudad y sus cimientos se contruían arrojando a los pantanos troncos y basura. Pero pese a los inconvenientes del lugar, el zar decidió seguir adelante con su empresa. La necesidad de maderas y piedras para crear cimientos sólidos lo llevaron a tomar medidas urgentes. Mandó traer madera de la región del Ládoga y de Nóvgorod. Y dio ódenes para conseguir las piedras para las edificaciones a cualquier precio. Estipuló, cuotas que debía aportar todo aquel que quisera comerciar en la naciente ciudad y luego prohibió que se construyera en Moscú y más tarde en cualquier parte del imperio con este material. Todo el esfuerzo y recursos del Imperio debían estar al sevicio de la creación de Pedro. 

    A pesar de las dificultades, Pedro la hizo realidad. La imaginación popular hizo creer a los rusos de que la ciudad tenía un plan celestial. Pedro la había construido en el cielo y luego la había hecho desdender al suelo. 

    Rápidamente se construyeron un gran número conjuntos de arquitectura barroca y neoclásica y se iniciaron las obras de un astillero, el Almirantazgo, que luego se convertiría en el cuartel general de la armada rusa. En 1712 la ciudad ya estaba lista para convertirse en capital del Imperio, lo que no gustó a los más tradicionalistas de la Iglesia ortodoxa rusa. Moscú era la capital patriarcal, símbolo de la Santa Rusia, la Tercera Roma. 

    La ciudad había tenido un crecimiento asombroso, hasta el punto que tenía cerca de 34.000 habitantes cuando Pedro la declaró capital del Imperio, medida que contribuyó aún más a su florecimiento. Alemanes, finlandeses, suecos, armenios, tártaros y representantes de muchas otras nacionalidades comenzaron a establecerse ahí desde principios del siglo XVIII.

    Ese mismo año, Pedro ordenó la construcción a orillas del Neva del Palacio de Invierno, icono de la ciudad que ha sido reedificado en diversas ocasiones a lo largo de la historia. El actual cuenta con unas 1.100 habitaciones y forma parte del céntrico museo, el famosísimo Hermitage.

    Pero Pedro muere en 1725 a los 52 años, antes de ver el mayor esplendor de la ciudad y sus restos descansan hoy en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. Un poco más de un siglo después uno de los más grandes poestas rusos y creador de la literatura rusa moderna, Aleksander Pushkin, escribirá “El Jinete de Bronce” donde dirá de Pedro el Grande, como una especie de profecía a posteriori: “Y pensaba: Desde aquí amenazaremos a los suecos. Aquí se edificará una ciudad que encolerizará a nuestro altivo vecino. Aquí la naturaleza nos ordena abrir una ventana sobre Europa”.

    Y efectivamente San Petersburgo será aquella ventana, y no sólo eso. Será, en plabras de Orlando Figues, una puerta abierta a través de la cual Europa entraba en Rusia y los rusos entraban en el mundo. Ser ciudadano de San Petersburgo significaba dejar atrás las costumbres atrasadas del pasado ruso de Moscú y entrar, como ruso europeo, al mundo moderno occidental.  

    Pedro falleció sin dejar un heredero digno y fuerte, una de las páginas más oscuras de su reinado. Tras su muerte le sucedieron una serie de reinados débiles hasta la coronación de la emperatriz Catalina II la Grande. Princesa alemana de nacimiento, sucedió en el trono a su marido Pedro II, sobrino de Pedro el Grande. Ávida de poder hizo todo lo posible por parecer rusa pura, aprendió el idioma, se convirtió a la fe ortodoxa y no tuvo dudas de que el destino de Rusia, estaba absulotamente ligado al suyo. Su misión era acercar a Rusia al resto del mundo y lograr la gloria de aquel país en el que Dios la había puesto.  

    Catalina expandió ampliamente el imperio. A expensas del Imperio Turco logró cumplir el otro sueño de Pedro el Grande, al dominar los puertos del Mar Negro en 1783 cuando ocupa y anexiona Crimea deponiendo a su último Khan, Sagin Giray. La  Gubernia rusa de Táurida transformó a Rusia en una potencia meridional.

    Desde San Petersburgo, Catalina siguió con atención las novedades parisinas y se transformó en protectora de ilustrados e intelectuales franceses quienes dominaban la vida artística y cultural del momento. La metropoli se transformó en una ciudad ilustrada y Catalina contribuyó mucho al embellecimiento de la ciudad. 

    Ansiosa de obtener legitimidad a los ojos del pueblo y ser relacionada con la figura de Pedro ordenó la construcción de una estatua en bronce como forma de homenajearlo. Por consejo de Denis Diderot con quien Catalina intercambiaba correspondencia encargó al escultor francés Étienne-Maurice Falconet la creación de la obra. El Jinete o Caballero de Bronce, que recibe este nombre por la influencia del poema homónimo de Pushkin lleva la inscripción “Catalina Segunda a Pedro Primero, 1782”.

    A pesar de la difícil situación financiera, la emperatriz gastó sus últimos años y casi sus últimos rublos en fundar el mueso de El Hermitage y dotarlo de valiosísimas obras de arte y en construir pretenciosos y majestuosos palacios, la mayoria para sus favoritos. El Palacio Táuride, para el artífice de la anexión de Crimea, Grirori Potemkin. Gatchina a 45 km de San Petersburgo, para el Conde Grigori Orlov. Y Tsarskoe Selo, en las inmediaciones de la capital. Hoy Pushkin, en honor al poeta quien estudió en el Liceo de la ciudad, contruído en 1811 por órdenes del Zar Alejandro I. 

    Con los reinados de los sucesores de Pedro y Catalina se construyeron en la ciudad el resto de los que hoy son sus principales atractivos turísticos. Con ello, San Petersburgo se convirtió en el centro político, cultural, científico, comercial e industrial de Rusia.  Y Rusia en una de las potencias hegemónicas de Europa. 

    El zar Alejandro I, nieto favorito de Catalina, será el salvador de Europa al triunfar sobre Napoleón y ser protagonista del Congreso de Viena. Pero al interior del Imperio la situación emperoraba, la posibilidad de perder la soberanía nacional había generado una heroíca lucha del pueblo ruso contra los invasores franceses, una Guerra Patria, pero a su regreso se encontraron con que la autocracia, la servidumbre y la politica de Alejandro se volvía cada vez más autoritaria. 

    San Petersburgo será el lugar donde comiencen a manifestarse los primeros síntomas de descontento. Tras la muerte de Alejandro en 1825, un grupo de jóvenes liberales rusos, que venían soñando con cambios, creen que ha llegado el momento de llevar a cabo una serie de reformas tendientes a establecer un tipo de monarquía que consagre sus aspiraciones más democráticas. 

    El zar había muerto sin hijos, y le corresponde al gran duque Constantino ocupar el poder. Las sociedades secretas lo apoyan, sin saber que Constantino, en ese momento en Varsovia, había renunciado al poder en favor del tercer hermano, el gran duque Nicolás. Mientras se dilucidaba la sucesión entre los dos hermanos, los rebeldes aprovecharon la situación para organizar una insurrección con el fin de restringir e incluso derrocar la autocracia. Los sublevados tomaron la Plaza del Senado en San Petersburgo, hoy Plaza Decembrista. El resultado será la Revolución Decembrista de diciembre de 1825, la que será duramente sofocada por el nuevo Zar Nicolás.

    San Petersburgo se transforma así en el lugar de fermentación de los movimientos revolucionarios, que poco a poco serán protagonistas de la historia rusa en la medida que nos acercamos al siglo XX. No sin antes ser la ciudad en la que es asesinado el Zar Alejandro II, víctima de un atentado. 

    Alejandro había iniciado una serie de reformas que llegaron demasiado tarde. El 13 de marzo de 1881 el zar se dirigió al Cuartel de la Manege en San Petersburgo para revisar los regimientos de la Guardia de Infantería cuando es alcanzado por un explosivo que le destruyó ambas piernas y horas más tarde le provocó la muerte. Alejandro murió rodeado de los miembros de la familia Románov, uno de ellos su nieto de trece años de edad, el que luego sería Nicolás II, último zar de Rusia. 

    En el lugar exacto del atentado, se erigió en 1883 una catedral por orden de Alejandro III en homenaje a Alejandro II. Ubicada a orillas del canal Griboedov, la Catedral de la Sangre Derramada es el típico ejemplo de la llamada arquitectura al estilo ruso. Nueve cúpulas, algunas doradas y otras esmaltadas, con una altura de 81 metros la más alta, su construcción demoró mas de 20 años, siendo finalizada recién en 1907.

     A raíz de lo ocurrido Alejandro III refuerza aun más la autocracia, mientras San Petersburgo crece y se transforma en la cuna cultural de Rusia, inspiración de poetas, artistas, músicos y escritores. Pero aumenta también su industrialización, y con ello la mano de obra que verá como empeoran sus condiciones de trabajo y forma de vida. Los intelectuales emigran a Europa para evitar la persecución y entran en contacto con las ideas de Marx.

    En San Petersburgo se gestaron las dos grandes revoluciones del Siglo XX. La de 1905 que limitó el poder de los zares y estableció la Duma. Y la de 1917 que puso fin al régimen zarista, exterminó a los últimos representantes de la dinastía Romanov y finalizó en la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS.

    A comienzos del siglo XX el descontento era generalizado. Rusia se había transformado en el caldo de cultivo necesario para la revolución. La ineficacia del zar se reflejó abruptamente en 1905 cuando Japón derrota a la que se consideraba una gran potencia europea. Y luego cuando una protesta pacífica en San Petersburgo que pretendía entregar al zar una petición de mejoras salariales, terminó siendo violentamente reprimida frente al palacio de invierno.

    Los intentos posteriores de otorgar mayores libertades, no fueron suficientes porque el tiempo para la Rusia de los Zares se acercaba a su fin. En 1914 estalla la I Guerra Mundial. El Zar Nicolás II no quiso dejar pasar la oportunidad de ser protagonista junto a las demás potencias europeas. Alrededor de 15 millones de soldados mal armados y poco abastecidos fueron enviados al frente de batalla dirigidos por el propio Zar. Dejando el mando del gobierno en San Petersburgo en manos de la Zarina Alejandra, quien estaba fuertemente influenciada por el monje Grigori Rasputín quien había llegado a vivir y a encandilar a la sociedad peterburguesa en 1903. 

    Al empezar la guerra, la capital del Imperio cambió su nombre de San Petersburgo, por sus evidentes resonancias alemanas, a Petrogrado, de contundentes raíces rusas y mucho más patriótico para el juicio de las autoriades de entonces. 

    El soviet de San Petersburgo será el motor principal de la agitación revolucionaria. Con el estallido de la revolución en 1917 la ciudad se convierte en el centro de la rebelión que provoca la caida del régimen del zar. Luego, tras una efímera experiencia liberal, el líder bolchevique Vladimir Ilich Ulianov, Lenin liderará el golpe de Estado en San Petesburgo contra el gobierno provisional de Kerensky. Y bajo la promesa de “Paz, Tierra y Pan” en octubre de 1917 triunfa la primera revolución comunista de la historia. 

    Una de las primeras medidas del régimen será en marzo de 1918 trasladar la capital nuevamente, y luego de 200 años, a Moscú. El Ejército Rojo organizado bajo la férrea disciplina de León Trotsky puso fin a la guerra civil entre blancos y rojos el 25 de octubre de 1922. Nace la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Dos años más tarde, en 1924, ante la muerte de Lenin la ciudad de San Petersburgo cambió nuevamente su nombre por el de Leningrado, en honor al líder de la revolución. Y así permanecerá por años.  

    La ciudad de Petrogrado primero y Leningrado después, sobrevivió a las dos  revoluciones, a la I Guerra Mundial, a la creación de URSS, a la pérdida de la capitalidad, a las matanzas comunistas y las purgas de Josif Stalin. Pero, sin lugar a dudas, el pasaje más dramático y traumático fue la II Guerra Mundial, cuando la ciudad fue sitiada por las fuerzas armadas de la Alemania nazi durante 29 meses, quienes la bombardearon constantemente y la bloquearon para que no pudiera abastecerse. 

    La metropoli sobrevivió y tras la derrota de Alemania en 1945, la ciudad fue nombrada Ciudad Heróica por las autoridades soviéticas. Tras el fin de la guerra se iniciaron las labores de reconstrucción muchas de las cuáles continúan hasta el día de hoy. En 1991, luego del fin de la Unión Soviética y tras un plebiscito, la ciudad volvió a recobrar su nombre: San Petersburgo, para muchos la ciudad más bella de Rusia. 

    En esta ciudad:

    • Se encuentra la mayor pinacoteca del mundo, el mueso estatal Del Hermitage. Fundado Catalina II en 1764. La emperatriz era una gran amante del arte, su colección era sorprendente e incluía destacadas obras de arte de artistas famosos como Rembrandt, Rubens, Tiziano, Rafael, Miguel Ángel. Hoy es un conjunto arquitectónico de 6 edificios que incluye el Palacio de Invierno, antigua residencia de los zares. Abrió sus puertas al público en 1852, en tiempos de Nicolás I. El Hermitage atesora más de 3 millones de obras de arte de todo el arte repartidas en  450 salas. 
    • Ahí muere Aleksander Pushkin en 1837, padre y fundador de la literatura rusa moderna. Y considerado por los rusos como el más grande de sus escritores. Otro de los grandes Nikolai Gogol, muerto en 1852 escribió varios de sus más famsos  cuentos inspirado en la ciudad de San petersbrugo. A la ciudad llegará a vivir, escribir y morir en 1881 Fiodor Dostoyevski, uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Ahí transcurre su obra Crimen y Castigo reflejo la vida y las costumbres de San Petersburgo.
    • En San Petersburgo triunfó y murió en 1840 uno de los más grandes compositores de todos los tiempos Piotr Ilich Tchaikovski. Sus clásicos como El Lago de los Cisnes o El Cascanueces se encuentran dentro de las obras de música clásica más famosas del mundo. 
    • En la ciudad se encuentra el mundialmente famoso Teatro Mariinsky. Construido inicialmente en 1783 bajo el reinado de Catalina II, pero que en aquel entonces se llamaba el Gran Teatro, ha sobrevivido a varios incendios y ha sido reconstruido y renovado varias veces, hasta que en 1848, un nuevo edificio fue construido en la Plaza del Teatro. Es sede del célebre Ballet Mariinski.
    • La Venecia del Norte, como también es conocida, es una ciudad rodeada de agua. Además del río Neva, recorren la ciudad el río Fontanka, el río Bolshaya Nevka, el río Moyka y otros ríos más pequeños. En la ciudad hay más de un centenar de lagos y lagunas y tiene un total de 800 puentes, 218 de ellos son peatonales. 
    • La Catedral de San Isaac, la de la cúpula dorada, está ubicada en la plaza del mismo nombre. Ahí se encuentran también edificios de gobierno, entre ellos el edificio de la Asamblea Legislativa y el Palacio Mariinsky. La catedral fue construida en honor a San Isaac de Dalamcia en el años 1858. Diseñada por Auguste Montferrand, su cúpula tiene una altura de 101 metros. En 1928 la catedral fue cerrada y sirvió como un museo antireligioso. Durante la II Guerra Mundial sufrió graves daños. Pero fue renovada y hoy luce nuevamente majestuosa y hermosa. Recién en el año 1992 se volvieron a realizar servicios religiosos en la catedral.
  • Nimes, Francia

    Nimes, Francia

    La presencia romana en Francia

    Para recorrer desde el hoy el mundo antiguo hay que desplazarse en el planeta. La verdad es que las mejores ruinas griegas están en Sicilia y no en Grecia y las mejores ruinas romanas  no están en  Roma. No hay que olvidar que El; Imperio Romano era un vasto imperio en torno al Mediterráneo y  los vestigios históricos de esta época se encuentran en toda Europa. Incluso en Inglaterra hasta llegar a la frontera de la civilización romanizada, conocida como el muro de Adriano. Por otra parte las extensiones orientales en manos de Imperio Romano de Oriente, que luego será el imperio Bizantino tienen una tónica arquitectónica diferente que más tarde dará origen al arte bizantino, que otra vez los mejores exponentes de este arte no están en Estabul, ex Bizancio, sino en Ravena , Italia. 

    Generalmente al pensar en vestigios del grandioso imperio romano el lugar común de nuestra mente se va al foro romano o a Pompeya en las cercanías de Nápoles. Pero la verdad es las mejores ruinas romanas no están en Italia. De hecho de los lugares meas fantásticos están en Líbano –  o en Turquía – Efeso. Se trata de ciudades que muestran más que simples vestigios ruinosos. Se trata de ciudades completas con una magnificencia inigualable.. Pero si se quiere encontrar edificaciones en perfecto estado no solo hay que pensar en el Panteón en Roma. Los edificios romanos intactos más grandiosos de Europa están en el sur de Francia. Ciudades como Nimes y Arles muestran parte de esta grandiosidad. 

    Nimes  es una de las ciudades más importantes del sur de Francia y ruta segura de comercio desde Narbonna a Carcasonne. Hoy es un mosaico de estilos. Una ciudad muy francesa con brasseries y pequeños cafecitos con sus sillas al exterior. Un toque racionalista en sus construcciones del siglo XVII y XVIII, pero de todas maneras lo que más destaca en la ciudad son sus fabulosos edificios romanos. Cuesta creer cuando uno llega al centro de la ciudad y se trata  de las llamadas Arenas de Nimes que uno está en Francia. Se trata de un circo romano completo, un anfiteatro. Es ver el Coliseo romano, en vez de tres pesos, de dos pesos y en vez de estar ruinoso, se trata de una estructura completa. El edificio está integro y en el interior el suelo de la arena está completo. De hecho hasta hoy las Arenas de Nimes es usada para espectáculos como coso taurino y para otros eventos masivos. De hecho este mayo se presentarán  en ella el grupo británico Radiohead presentando su ultimo disco. 

    Avanzando en la ciudad uno se encuentra con un templo romano completo de estructura tipo Partenón, la Maison de Carré que otra vez, aparece en medio de esta ciudad con dejos parisinos en medio de cafés  con tolditos exteriores.  Este templo sobrevivió gracias a que fue tomado por los agustinos y se convirtió por largo tiempo  en Iglesia Cristiana. Hoy es la sede del museo de escultura romana. Ambas construcciones datan del siglo I y se encuentran en el casco urbano. 

    En los alrededores  se hallan la torre Magna y el Pont du Gard ambos del siglo I.  Se trata de uno de los más famosos acueductos romanos, construido por Agripa. Fue diseñado para llevar el agua a través del pequeño valle del Gardon y fue parte de un acueducto de unos 50 Km. Que llevaba le agua desde  Uzes hasta la ciudad romana de Nemausus (Nimes), llevando 20.000.000 litros de agua diariamente. Desde 1985 fue declarado patrimonio de la humanidad , es uno de las atracciones turísticas francesas. Hoy es también el reverso del billete de 5 Euros.

    Luego al recorrer la cuidad en innumerables sectores uno se encuentra con los vestigios  de que Nimes fue un importante centro romano, templos y pequeños  restos de edificios se encuentran por todas partes.  Se trataba de un asentamiento Galo que para el 120 a.C. fue ocupada por los romanos. Fue incorporada a  la vía Domiciana, camino hacia Hispania y toma el nombre de Nemausus (expresión latina “ desde el Nilo”. Ya para el siglo II Nimes sustituyó a Carbona como capital de la Narbonense.

    En el 426 pasó a manos de los visigodos. Aparece un obispado en el siglo V. Es conquistada por los musulmanes en el 719 y el 754 pasa a manos carolingias. En el 872 pasó a manos de los condes de Tolosa y será ocupada durante la cruzada contra los Albigenses por Simón de Montfort en el 1215. Volverá por poco tiempo a manos de los Trencavel entre 1224 y será  tomada por el rey de Francia en el 1226 y luego será incorporada  a  la corona.  Durante la Reforma será un enclave hugonote y por un tiempo perdió importancia. Hoy es un centro turístico y destino seguro para los  amantes del mundo antiguo. 

  • Carcassonne: La Citadelle Perfecta

    Carcassonne: La Citadelle Perfecta

    Internarse en un recorrido en el sur de Francia es siempre una experiencia fantástica. La Provence es famosa por sus paisajes y su buena comida. Los cuadros de Van Gogh se nos vienen en forma recurrente  a la mente al recorrer estos parajes. Enornes campos de trigo y cielos inmensos que parecieran estar más cercanos. Por otra parte Marsella se presenta como la puerta de la codiciada Costa Azul. 

    Hoy la otra región del sur de Francia, conocida como el Langedoc u Occitania está de moda. Esto se debe a   la fama mundial de la novela de Dan Brown , El Código Da Vinci. Tras la novela aparecieron muchos libros semieruditos hablando de los Cátaros y sus ancestrales misterios. La zona del Langedoc es también conocida como “El País de los Cátaros”, ya que fue el lugar en donde se extendió la herejía que fue destruida en el siglo XIII tras la Cruzada contra los Albigenses. 

    Se trata de una región de alto interés turístico tanto por su geografía como por sus construcciones medievales. Cuenta además de una interesante  gastronomía y es famosa por su excelente producción de vinos. 

    Al recorrer la zona muchas fortalezas destacan a la vista como Beziers, Montsegur. Se trata de fortalezas que surgen como continuación de las montañas rocosas Se extienden como  casi una continuación natural y hacen pensar en hipótesis ridículas de construcción , ayuda alienígena o ideas por el estilo ( la misma justificación que muchos dan hoy al misterio de las Pirámides de Egipto). La verdad es que esa arquitectura evoca el misterio. Cómo con las tecnologías medievales pudo construirse algo así.  La geografía es interesante por sus amplias colinas y una enorme cantidad de historia se presenta al camino. Sin duda en la zona uno de los lugares más interesantes de conocer es la ciudad de Carcasonne, la cual fue en la época de los cátaros uno de los enclaves más importantes de los “ Buenos Hombres” . Se trata de una ciudad considerada hoy patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es la perfecta ciudad medieval completa. No es necesario usar la imaginación para retroceder en el tiempo , pareciera ser que el tiempo en está ciudad nunca transcurrió. Se trata de  un anillo doble de murallas y 53 torres en perfecto estado, no ruinas, sino completas.

    Cuenta con una plaza fuerte y un casco antiguo medieval intactos. La verdad es que es el lugar ideal para  recrear el Castillo perfecto de los cuentos mentales. Así como Neuschwainstein en la ruta romántica de Alemania se convirtió en la inspiración del Castillo de Walt Diney, Cracasonne es la inspiración ideal para revivir una época desde todas las ventajas del hoy. La arquitectura medieval perfecta, sin tener que apelar a la imaginación. Una iglesia gótica- la Iglesia de Saint Nazarine –  de una belleza extraordinaria con vitrales originales del siglo XIII y XIV, un Castillo fortaleza con amplias torres, patio central y puente levadizo, como sacado de una película.

    Carcasonne aparece como ciudad ya en el 800 a.C. Se trataba de un poblado de amplio intercambio comercial.  Para el año 100 a.C. la colina fue fortificada por los romanos y se convirtió en el centro administrativo de Iulia Carcaso, la que más tarde sería denominada Carcasum o Carcasso. Hoy aún se puede apreciar la presencia romana en las murallas  septentrionales de la fortaleza. En el siglo VII la ciudad fue ocupada por los visigodos, los cuales construyeron más fortificaciones. En el año 725 la ciudad fue tomada por los Sarracenos, los cuales fueron expulsados por Pipino El Breve en el 759. En el 1067 por una unión matrimonial, la ciudad pasó a  pertenecer a Ramón Bernardo Trencavel, vizconde de Albi y de Nimes. Fueron los Trencavel quienes construyeron el castillo condal y la basílica de San Nazarino. Los Trencavel fueron a veces aliados de los condes de Barcelona y otras veces de los condes de Tolosa, incluso a fines del siglo XII el vizconde de Carsaconne  se hace vasallo del rey de Aragón.

    Durante la cruzada contra los cátaros, llamada Cruzada contra los Albigenses ( fueron condenados como herejes en el Concilio de Albi) la ciudad de Carcasonne jugó un rol importante en la resistencia cátara. El Agosto del 1209 la ciudad fue asediada por el ejercito cruzado al mando de Simón de Montfort quien tras un sitio de quince días tomó la plaza fuerte y se convirtió en su nuevo vizconde. Ramón Roger Trencavel fue hecho prisionero, luego morirá en  prisión. 

    La cruzada contra los albigenses fue un hecho reprochable que causó muchas muertes, pero muchos errores se habrían  evitado de haber existido un adecuado liderazgo. Simón de Montfort era un guerrero en asenso de escasa educación y múltiples ambiciones. Muchos de los horrores  fueron el precio del asenso de este hombre, que ahora como señor de la ciudad, ampliará la fortaleza. Será él quien se independizará del rey de Aragón y marcará el dominio francés en la zona como vasallo del rey de Francia. El hijo de Ramón Trencavel tratará de recuperar la ciudad, pero fracasará. Los reyes de Francia tomarán posesión definitiva en el 1247. Luis IX fundará una parte nueva de la ciudad a los pies de la colina. El y su sucesor Felipe III ampliarán las fortificaciones exteriores, convirtiéndola en una fortaleza inexpugnable. 

    Muchas son las huellas que hoy la ciudad tiene de este período. Las pequeñas tiendecitas de sus angostas calles reciben nombres que evocan a los cátaros y recuerdan la cruzada. Del mismo modo los innumerables restoranes se jactan de preparar el original Casoulette, comida que se le daba a los soldados en el siglo XIV para la guerra de los cien años.  La ciudad resistió los asedios de este período, cosa que sigue siendo un orgullo hasta hoy. 

    Cuando Francia logra adquirir Rosellón siglo XVII, zona fronteriza de los Pirineos, la importancia estratégica de Carcasonne decae. Se abandonaron las fortificaciones y la ciudad sólo sobrevivió como centro económico. Las fortalezas perdieron importancia y se deterioraron a tal punto, que el estado francés consideró la posibilidad de botarlas.  Frente a la polémica por este punto, el historiador Jean-Pierre Cros-Mayrevieille y el escritor Prosper Mérimée lideraron una campaña para preservar la fortaleza como Monumento histórico. Fue así como se le encargó al arquitecto Eugène Viollet-le-Duc el proyecto de renovación del casco antiguo. Durante el siglo XIX como respuesta al Romanticismo nace un movimiento que recibe el nombre de Gothic Revival y es a esta iniciativa que responde esta increíble empresa de reconstrucción. 

    La reconstrucción ha sido muy criticada ya que  en el proceso se confundieron los elementos sobrevivientes de los reconstruidos, lo cual para muchos es la gracia. Es cierto que tal vez en la reciente arqueología las acciones de Viollet le Duc sean contrarias a las nuevas visiones, lo cierto es que se trató de un prolijo trabajo que implicó enormes estudios y una cantidad enorme de fantásticos dibujos. El arquitecto a cargo de la reconstrucción era un amante de la Edad media y volcó su amor hacia esta época  en reconstruir la maravillosa ciudad de Carcasonne. 

  • Historia de Inglaterra: Antes y después de 1066

    Historia de Inglaterra: Antes y después de 1066

    A 950 años de la Conquista normanda que inicia con la Batalla de Hasting el 14 de Octubre del 1066 es importante analizar lo que significó esta conquista y porque es tal vez la fecha más importante de la Historia de Inglaterra.

    Es fundamental comprender que Inglaterra como hoy la entendemos es un mosaico de pueblos que se mezclan tras invasiones. Originalmente la isla fue habitada primero por los llamados Britons, grupos Celtas, los que fueron invadidos  por los romanos en el gobierno del Emperador Claudio, con lo que fueron romanizados. La ocupación romana duró hasta el siglo V, a la caída del Imperio Romano de Occidente, las legiones romanas abandonaron la isla y sus habitantes faltos de unión volvieron a las rivalidades tribales. Los Celtas no tenían una administración central unitaria y lo que los unía era un ethos cultural y linguístico. Pero estas tribus divididas serán invadidas por grupos provenientes desde la península de Jutlandia, los Anglos, los Jutos y los Sajones.

    Estos grupos se impondrán sobre los britons y se asentarán como los pueblos originarios y dueños de la isla. Con ellos surgirá el nombre Inglaterra, la tierra de los Anglos y la denominación cultural de Anglosaxons o Anglosajones. J.R.R Tolkien, quien además de escribir su famosa epopeya, El Señor de los Anillos, era un lingüista habla de la Inglaterra Anglosajona como la verdadera Inglaterra, esa que hablaba una lengua germana llamada Anglosajón.

    La historia de la Inglaterra anglosajona estará ligada a la historia de Escandinavia en forma permanente. El año 793 la abadía del norte de Inglaterra , Lindesfarne será saqueda por el mítico Ragnar Lothbrock, y con este hecho se iniciará la llamada Era Vikinga. Estas Sippes de germanos del norte comenzarán a asediar las costas y las ciudades europeas, entrando por los ríos navegables del viejo continente con su gran invento, el Longship. Los invadidos hablarán pestes de ellos, lo más cercano al azote de  Dios y los llamarán vikingos. Se trataba de granjeros, que habitaban en Escandinavia , donde tal vez el recurso más escaso es, la tierra fértil. Eran comerciantes y es por esto que su invensión tecnológica del barco largo ce baja quilla le permitirá casi conquistar el mundo.

    Vikingos suecos entrarán por los ríos de lo que hoy es Rusia y se mezclarán con los eslavos de la zona y fundarán Novgorot y Kiev. Se los conocerá como los Rus y de ellos vendrá el nombre de Rusia. 

    Vikingos daneses y noruegos azotarán las costas británicas constantemente por 200 años. Fundarán la ciudad de Dublin y desde ahí amenazarán con ocupar  definitivamente la isla. La llamada Great Headen Army, liderada por el mítico Ivar the Boneless, supuesto hijo de Ragnar Lothbrok, casi conquista la isla y se asienta en Rempton desde donde será derrotado. El norte y la ciudad de York serán dominio vikingo y allí imperará la ley danesa. Será el personaje del sabio y santo rey, Alfredo el Grande quien detendrá el avance de los Vikingos y consolidará la idea nacional que se logrará en el gobierno de Aethelsthan. Con esto florecerán los reinos Anglosajones.

    Pero los vikingos asediarán también el continente. Paris será saquedo innumerables veces, lo que se explica por el hecho que cada grupo vikingo era una iniciativa individual, no existía el rey de los vikingos, ni la noción de estado nación unitario. Es esta constante competencia la que hará que nazca la Era Vikinga. Durante este período los saqueos vikingos a ciudades francesas son contantes y es por esto que en uno de los ataques, liderado por un líder vikingo conocido como Rollo, el rey de Francia, Carlos el simple decidió hacer un acuerdo con él. Rollo debía hacerse católico y recibiría tierra en el norte de Francia y sería el duque de Normandía y a cambio protegería al reino de Francia de la peste vikinga. La idea funcionó. Rollo y sus descendientes se instalaron e hicieron crecer el ducado y se afrancesaron. Se casaron con nobles francesas y adoptaron el francés. Con el cambio de idioma, cambió también su modo de ser y de pensar. El duque de Normandía será uno de los principales señores feudales del reino de Francia. Por su parte los normandos se incorporarán como parte activa de la cristiandad y de las cruzadas.

    Guillermo “el bastardo”, como se le conocía, era hijo de Roberto I, duque de Normandía, descendiente de Rollo. Pero, como hijo ilegitimo de su padre, nunca esperó ser ni duque de Normandía, ni menos algún día rey de Inglaterra. Se trata de un hombre que sorteó los  problemas que se le presentaron con gran astucia, y cumplió sus metas y con esto, cambió la historia. El 1066 serpa el año de la Conquista, los normandos invadirán Inglaterra y se impondrán por sobre los Sajones. Guillermo pasará a la historia como “el Conquistador”.

    Los historiadores ingleses dividen la historia antes y después del 1066, año de la conquista normanda. Ese año se libra la famosa batalla de Hasting en la cual los sajones son definitivamente derrotados y asumen los normandos como los señores de las Islas Británicas. Esto implica un cambio en la cultura y en la forma de ver el mundo, que va desde lo más gráfico, un cambio profundo en la arquitectura de Inglaterra, hasta  la adopción de modos afrancesados que permanecerán en la corte inglesa por generaciones. Esta batalla fue ganada por un personaje cruel, pero genial, como pocos ha habido en la historia.

    Hijo ilegítimo  de Roberto I, duque de Normandía, conocido como “el Magnífico” y de Herleva, concubina, al parecer amada por el duque. Nace en el Castillo de Falaise en el 1028. Al cumplir siete años de edad, su padre se va a las cruzadas. Antes de partir su tío, Oddo convence a Roberto de nombrar al niño como su heredero. Roberto muere en la cruzada y al llegar la noticia de su muerte al ducado, varios nobles ambicionan el poder y otros tantos se mueven para proteger al niño. Entre los protectores de Guillermo destacaban su tío, el Arzobispo de Rouen. Gracias a las acciones de éste, el niño logró sobrevivir. Muchos aspiraban el ducado y el obispo dormía en la misma pieza del niño. Al cumplir 18 años es nombrado oficialmente duque de Normandía sin regente. Muchos barones se levantan tratando de probar la fuerza del joven, pero Guillermo se impone con firmeza y gran estrategia.  En el 1047 logra imponerse en la Batalla de Val- es- Dunes y tras esto debe guerrear en forma continua, avanzando dentro de su ducado subyugando a los señores y haciéndoles jurar fidelidad directa a él. Incluso entrará en conflicto con el propio rey de Francia, así como sus vecinos de Bretaña, Maine y Anjou. Buscando nuevas alianzas contraerá matrimonio con Matilda, hija del rey Balduino V de Flandes, con lo que asegura un gran frente de los territorios del norte. Se une la Alta y la Baja Normandía. Del mismo modo, busca acercarse al Papado. El papa estaba molesto ya que Guillermo no consideró la autorización papal para contraer matrimonio.

    Ya en el 1060 Guillermo es famoso por su habilidad bélica y sus conquistas. Avanza sobre los señores y territorios estableciendo un sistema de vínculo personal entre el derrotado y él. Con esto la pirámide de vasallaje deja de tener los niveles comúnmente usados y cada señor- caballero jura lealtad en forma directa a Guillermo. Premia a quienes lo apoyan con la fórmula “servitium debitium”, dándoles territorios y privilegios. Del mismo modo, ejerce un fuerte control sobre la Iglesia y se dedica a fundar monasterios y  el propio Arzobispo de Rouen es fiel colaborador del duque. Con esto surge un renacer eclesiástico en el ducado y los obispos se muestran partidarios a Guillermo. Junto a la entrada del espíritu cluniacense se fundan o refundan  muchos monasterios, entre los que destacan: Jumieges, Saint Wandrille, Mont Saint Michel, Saint Ouen, Fecamp, Bernay, Cerisy, Mountvilliers, entre otros. El mismo Guillermo junto a su mujer Matilda patrocinan Caen e incitan con esto que la nueva aristocracia apadrine fundaciones eclesiásticas. Se produce un renacer intelectual que se ve reflejado en la Abadía Le Bec y en la persona de San Anselmo.

    Este nuevo desarrollo eclesiástico y nobiliario trajo gran flujo de recursos al ducado, lo que se manifestó en una época de auge y expansión, como no se había conocido. Guillermo crea en torno a sus parientes cercanos una gran red familiar que lo protegen. Entre estos destacan sus dos medios hermanos, Odón, obispo de Bayeux y Roberto, Conde de Mortain. Otro caballero de gran confianza de él es Guillermo Fitz Osbern, quien también está emparentado con el duque. Usa las estructuras de condes y vizcondes para gobernar y controlar a sus aliados, creando con estos unidades administrativas, judiciales y militares, las cuales le asegurarán el control en toda Normandía, desde los castillos ducales. Construye fortalezas para asegurar el poder, castillos de piedra entre los que destacan, Arques, Brionne, Tillieres, los cuales controlan respectivamente sus regiones. Crea una estructura diplomática marcada por cuatro oficios, el senescal, condestable, chambelán y mayordomo. El control  era total.

    Las relaciones anglo-normandas habían sido muy fluidas. Inglaterra en el siglo XI había sido asolada por los daneses, incluso la familia real anglosajona había tenido que refugiarse en Normandía. Fue entonces cuando Guillermo, aún niño, conoció a Eduardo, quien más tarde sería rey de Inglaterra. Eran primos, Eduardo era hijo de la hermana de su padre. De hecho fueron los normandos quienes ayudaron a Eduardo a recuperar el trono inglés para los anglosajones. Una vez rey, Eduardo, “el Confesor”, sin tener descendencia nombró a  su primo Guillermo, de entonces 23 años, como su sucesor. Entre los señores sajones, quienes podían reclamar el trono, Godwin era el más poderoso. Su hijo y heredero Harold aspiraba la corona de Inglaterra. Por otra parte, los noruegos junto a los daneses, quienes también decían tener derechos sobre la corona de Inglaterra se levantaba la figura de Harald Hardraada para entonces Rey de Noruega. Los daneses había ocupado Inglaterra en varias ocasiones y en dos oportunidades el rey de Dinamarca había ostentado también la corona inglesa. El gran Rey Cnut era recordado y añorado por estos pueblos germanos del norte.

    Eduardo el Confesor no era partidario de Harold (el sajón) y menos de Harald (el nórdico). Sin herederos había puesto sus esperanzas en su primo normando, Guillermo.  Según el Tapiz de Bayeux, (bordado de 70 metros que cuenta la conquista normanda de Inglaterra) Eduardo le habría pedido a Harold Godwinson ir a Normandía para confirmar públicamente  a Guillermo como el sucesor del trono de Inglaterra. Harold quería mostrarse como un gran señor, pero su barco es embestido por una tormenta por lo que llega a Pouthieu. Allí es capturado por el señor local, quien es vasallo de Guillermo y pide una recompensa por el prisionero. Guillermo ordena que lo liberen y manda una escolta para llevarlo a Caen. Harold humillado, no puede mostrarse contrario a Guillermo sino que debe jurarle fidelidad.  Tras eso permanece en Normandía y se hace compañero en armas del duque.

    El 5 de enero del 1066 muere Eduardo el Confesor. Al día siguiente Harold Godwinson es coronado rey de Inglaterra. Dice que el Rey Eduardo, en su lecho de muerte, habría cambiado de opinión, nombrándolo a él sucesor al trono. Incluso menciona un documento, del cual hoy no se tiene registros, que demostraría esta nueva actitud de Eduardo. Hoy no se sabe si esto fue cierto, lo único que se tiene claro es que Eduardo el Confesor murió delirante y tal vez en esa condición podría haber cambiado de opinión. No hay documento que lo demuestre. Pero para los efectos, poco importa. La cuestión de la sucesión no iba  arreglarse por documentos ni abogados. La guerra era segura. Guillermo mandó rápidamente emisarios con reclamos tras enterarse de lo sucedido y comienza a preparar las tropas para invadir Inglaterra y recuperar lo que por derecho le corresponde.

    Por su parte Harald Hadraada, quien venía acompañado del hermano desterrado de Harold Godwinson, Totsy, tenía desde antes listas sus tropas para invadir. Tras solucionar ciertos problemas internos de rebeliones en Noruega y asurar la ayuda de los daneses,  en septiembre estaba listo para partir rumbo a Inglaterra. Guillermo no tenía la flota ni el armamento listo para invadir, por lo que ocupó todo el verano en prepararse para la acción bélica que debía ser decisiva y segura. Para agosto todo estaba listo. Tenía todas la tropas en Saint Valery, pero igual que los ejércitos de Agamenon para la guerra de Troya,  los vientos no eran favorables. Harold Godwinson tenía su ejércitos en el sur. Intentó juntar un ejército de proporciones, pero tuvo problemas con el abastecimiento y con el reclutamiento de hombres, no había vínculos personales tan fuertes como los que tenía Guillermo para con él.

    El 18 de septiembre Harald Hadraada desembarca en el río Humber con una gran flota y un enorme ejército. A los diez días ocupan la ciudad de York. Harold Godwinson reúne los ejércitos que tiene y marcha hacia el norte para hacer frente a los invasores. El 25 de septiembre noruegos-daneses y anglosajones se enfrentan en la batalla Fulford sin lograr ninguno la victoria definitiva. Luego, en la batalla de del puente Stamford los anglosajones logran imponerse. Harald Hadraada  es muerto en batalla, Godwinson estaba feliz. Todo se mostraba favorable a los anglosajones.

    El 27 de septiembre el viento por fin se mostró favorable y los normandos pudieron zarpar. La habilidad de Guillermo había quedado más  que clara. Tras una larga espera sin posibilidad de navegar a causa de los vientos, había logrado mantener unido a los ejércitos. Llegan  a Pevensy cerca de Hastings donde construyen rápidamente puestos defensivos controlando las llanuras. Sabía que Harold Godwinson vendría tras él. El 6 de octubre Harold llega a Londres e intenta reclutar más tropas. Había perdido muchos hombres en la Batalla de Stamford. Necesitaba más hombres y no podía esperar demasiado, ya que cada día Guillermo era más poderoso. La noche del 13 al 14 de octubre Harold llega con sus tropas a Hastings, la batalla comenzaría  al día siguiente. Harold habría tomado posición en una colina cercana y Guillermo habría atacado. Fue una batalla de más de seis horas. Ninguno de los bandos fue mejor que otro, pero la disciplina normanda fue superior y las fuerzas sajonas comenzaron a esparcirse. Durante la tarde hasta el mismo Harold había caído en batalla. Para ese minuto la batalla ya estaba perdida para los anglosajones. Guillermo había ganado la batalla pero tenía que ganar Inglaterra. Invita a los señores sajones  para que lo reconocieran como el legitimo rey. Espera cinco días, pero ninguno viene, todos se habían retirado a sus tierras para defenderlas. Para fines de noviembre Guillermo controla toda la región de Wessex. Para diciembre ocupa Londres, con lo cual muchos señores le juran fidelidad. Para la navidad del 1066 se corona rey de Inglaterra y proyecta la torre de Londres como fortaleza estratégica.

    Los cinco años siguientes se dedicará a aplacar rebeliones. En la medida que avanza sobre el territorio construye fortalezas de piedra y se las entrega a señores fieles a él. Replica las acciones antes ejecutadas en el ducado. Los caballeros que pelearon con él en Hastings reciben tierras en toda Inglaterra.  Para el 1073 ya se había impuesto sobre Inglaterra y regresa a Normandía para ver como están las cosas en el ducado. Al regresar al ducado debe aplacar rebeliones en todo el territorio, incluso algunas provocadas por su propio hijo Roberto en alianza con el Rey de Francia. Tras solucionar los problemas en el ducado, vuelve a Inglaterra en el 1085 a aplacar rebeliones danesas y sajonas en todo el territorio. La autoridad normanda se establece a través de la fuerza bruta y luego se da un proceso de institucionalización. Fue muy difícil aplacar las rebeliones, los anglosajones se habían aliado con nórdicos. Ordenó a todos sus fieles ir a Salisbury y allí firmar un juramento de fidelidad directa a él, saltándose el usado sistema de vasallaje de niveles que existía en la época.  Guillermo innova en el sistema feudal eliminando los vínculos intermedios y fortaleciendo el vínculo directo al rey.

    Para poder asegurar el control Guillermo decide hacer un inventario de los bienes del reino. Contrata encuestadores para  visitar cada villa de Inglaterra y registrar todos sus bienes y las obligaciones legales de cada habitante. La colección de registros es conocida como el Libro Domesday. Esta compilación es muy valorada por los historiadores para poder analizar la estructura social y económica del siglo XI en Inglaterra. Guillermo lo usó para alcanzar la fortaleza militar y económica en Inglaterra y establecer un sistema de impuestos efectivo y controlado.  Este documento es único en la Edad Media y muestra el control ejercido por Guillermo que es único en su tiempo.

    Roberto su hijo, quien era considerado el heredero de Normandía e Inglaterra, complotó contra su padre con lo cual Guillermo decidió dividir sus territorios, entregándole Inglaterra a su hijo segundo, Guillermo. La historia había sido muy distinta si el ducado de Normandía y la corona Inglesa habrían permanecido unidos. Si los territorios habrían permanecidos juntos Normandía habría sido anexada a Inglaterra y se habría desprendido de Francia.

    Guillermo regresa a su ducado a aplacar las rebeliones encabezadas por el rey de Francia. Cae enfermo durante la campaña y es llevado al monasterio de Saint Gervais. Muere el 9 de septiembre de 1087.  Inmediatamente tras su muerte estalla la guerra entre los señores que aspiraban al poder del ducado. Los restos de Guillermo sufren una terrible suerte. Primero, debido a las luchas los restos son descuidados y se retrasa el proceso de sepultura. Finalmente se organiza el entierro, con el fin de llevar sus restos a Caen. La ceremonia debe ser suspendida por un incendio, el cuerpo queda botado en el suelo. La muchedumbre huye. De este modo, los funerales deben continuar después. Pero sus restos no descansarían en paz. Su tumba será saqueada por grupos calvinistas durante las guerras de religión en el siglo XVI y durante la Revolución Francesa. Hoy de sus restos no queda nada, sólo una placa conmemorativa que lo recuerda.

    La Conquista Normanda cambió el destino de Inglaterra y Guillermo es una figura clave en su historia. Se reemplazó la nobleza sajona por una nueva nobleza normanda. Ya para el 1086 el 80% de la nobleza era de origen normando. Se aplicaron políticas centralizadoras que cambiaron la administración pasando un quinto de las tierras de Inglaterra a la persona del rey, un cuarto a la Iglesia y el resto a los señores normandos fieles al rey , asegurándose que ninguno fuese lo suficientemente poderoso como para hacerle frente. Se realiza una gran innovación militar la cual se refleja en  los castillos construidos en piedra. El avance en el territorio inglés va de la mano con la construcción de fortalezas que marcan las zonas ocupadas y controlan el poder. Los normandos cambian las costumbres en Inglaterra, adoptando formas francesas, incluso el idioma francés. El idioma de la corte británica será el francés hasta el siglo XV. Incluso Ricardo Corazón de León, el famoso rey inglés de la segunda cruzada y Robin Hood, hablaba francés.

    Cambia también el concepto de la tenencia de tierras. Antes existían las tierras sin dueño. Ahora el concepto será “ Nullus Terre Sans Seigneur”- no hay tierra sin señor. Todas las tierras eran entregadas a los señores a cambio de un servicio. Imponía grandes demandas a sus vasallos, ya que les entregaba múltiples beneficios. Del mismo modo, llegó con la conquista la Iglesia normanda con su espíritu reformador y su arquitectura románica. La antigua iglesia inglesa estaba centrada en monasterios, la nueva en pueblos y catedrales. Es la conquista la que aleja a Inglaterra se su influencia nórdica escandinava y la hace mirar a  Francia al continente uniéndola al destino de Europa Central.