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  • El alma del Arte Victoriano

    El alma del Arte Victoriano

    John Ruskin (1819-1900) fue el mayor crítico de arte en la Inglaterra del siglo XIX. Su influencia estética en el ambiente victoriano favoreció el llamado revival neogótico, que apoyado en la nostalgia romántica por el mundo medieval, encontró especialmente su ámbito de difusión en Inglaterra.

    Boceto de John Ruskin 

    La infancia y juventud de Ruskin fueron muy particulares. Su padre fue un próspero comerciante de vino de Jerez y su madre una severa evangélica. Vivió su infancia en una mansión en las afueras de Londres recibiendo una educación intensa pero excéntrica, sus maestros fueron sus propios padres y algunos tutores privados, nunca acudió a la escuela. La religiosidad de sus padres escoceses se extiende en una estricta moral puritana en su único hijo, quien la cultiva en una constante lectura de los evangelios. Lo anterior, no obstante, favorece una profunda sensibilidad, que el joven John Ruskin desenvuelve a través de numerosos viajes por Gran Bretaña y Europa. Estudió en Oxford, donde con el tiempo será también maestro y hoy una Escuela de Arte lleva su nombre. Salta a la fama como crítico de arte, con sólo diecisiete años, defendiendo la obra nada menos que de Turner, a la postre el genio de la pintura inglesa.

    La mente de Ruskin era aguda y compleja, tres de sus maestros venerados nos ayudan a componer líneas claves de su pensamiento: Del novelista Walter Scott recoge el medievalismo romántico; del poeta William Wordsworth una aguda percepción de la belleza de la naturaleza, y de su amigo y artista Joseph W. Turner, hereda una pasión por el ícono, por la representación, por la capacidad del hombre para reproducir e interpretar el mundo a través del arte.

    Dibujo de Ruskin en íntimo contacto con la Naturaleza

    Los gustos de Ruskin fueron románticos, aunque también científicos, pero anti-clásicos. Ya en sus primeros viajes, y contracorriente a su época, estigmatiza el arte griego como pagano, anhelando descubrir el espíritu de Dios en las montañas al igual que en las ruinas góticas. Las imponentes montañas de los Alpes, tanto como las magníficas catedrales francesas, serán así su reiterada inspiración. Contempló, dibujó y escribió poemas en esos parajes. Su mirada artística, siempre activa y curiosa, estaba acompañada por el interés literario y por el estudio de la geología. Estas aficiones no fueron contradictorias, se reúnen en una etapa predarwiniana, ya que por entonces no conducían a la duda, sino que explicaban todas las bondades y maravillas del mundo creado por Dios.

    Lo destaca Pintores modernos, ensayo estético muy personal, que lanza sus dardos críticos contra la pintura europea post renacentista, sometida a rígidas fórmulas, infieles a la naturaleza y por lo tanto, para él, aborrecible. Los maestros del paisajismo neoclásico, Poussin y Claude Lorraine, son el centro de sus ataques y, en especial, “el patente e insulso veneno del arte de Rafael”. Turner, en cambio, es el modelo de su nueva visión, de inusitada luz, fuerza y color, su pintura es bella, dirá Ruskin, porque es veraz.
    Su precocidad en el manejo de las palabras, corre paralela a su destreza en el manejo del lápiz y es que, además de original e influyente crítico, Ruskin fue también un eximio dibujante. Sus dibujos se separan de los manuales, tienen la particularidad de no llenar el papel, de no ajustarse al rectángulo o al formato escogido, siempre quedan partes en blanco, rara vez enmarcó sus obras, sólo plasmaba lo que veía ante sí, no dibujaba de memoria, siempre lo hacía en contacto con el objeto o la naturaleza.

    Dibujo de Ruskin de la ciudad de Friburgo 

    Mientras el arte a mediados del siglo XIX seguía monopolizado por la Royal Academy, fundada y dirigida por años por Joshua Reynolds, Ruskin rompía los convencionalismos, y con ello, contra el neoclasicismo imperante, alentaba al grupo de jóvenes prerrafaelitas que renovarán la pintura inglesa con una mirada fresca y directa de la naturaleza y un no menor contenido poético y espiritual. Ruskin fue el padre intelectual y gran defensor de los prerrafaelitas, tanto de sus fundadores Rossetti, Hunt y Millais, como de los más tardíos, y no menos influyentes, Morris y Burne-Jones.

    En los escritos de John Ruskin sus opiniones artísticas, literarias y sociales van muy relacionadas. Vincula así el trabajo con el arte y denuncia que la satisfacción que otorga la creatividad manual habría sido aniquilada por la repetitiva manufactura industrial. Ruskin señala su interés en un arte esencialmente moral, causa y reflejo de la sociedad: “Nosotros podemos manufacturar todo excepto los hombres”. El remedio para la alienación del trabajo industrial de su época, lo busca en el trabajo medieval que habría sido colectivo, intelectual y creativo, vinculado el trabajo artesanal, con un sello también indiscutiblemente libre y personal; en cambio, la repetitiva y exacta precisión de los productos de la industria moderna serían, en su opinión, indicaciones visibles de la degradación del obrero industrial. Lo gótico revelaba así una cultura en la que las artes y los oficios, el arte y la obra eran uno sólo. La avaricia, en cambio, fue el enemigo natural de la plenitud, y la cultura medieval muere, precisamente para Ruskin, con el nacimiento del mercantilismo, a finales del siglo XV, cuando el ansia de ganancias materiales habrían superado al amor de Dios y a la belleza de su obra. No extraña, entonces, que pretendiera reanimar los gremios medievales llegando a crear su propia Guilda de San Jorge en pleno siglo XIX.

    Roslin Chapel, dibujo medieval de Ruskin 

    Pero no fue un mero soñador que idealizara el medioevo, fue también hombre de acción, clarividente y vanguardista, que inspira y participa en la “Society for the Protection of Ancient Buildings”, con Carlyle, Holman-Hunt, y William Morris, entre otros. El contacto íntimo con los problemas que generaba el criterio de propiedad exclusivamente mercantil del capitalismo, provoca en este grupo la necesidad de generar conciencia del patrimonio cultural, y de la responsabilidad de las nuevas generaciones para mantenerlo. Las siete lámparas de la arquitectura, escrito por Ruskin, llega a ser un avanzado manifiesto de propaganda de conservación, en una época en la cual estas campañas fueron polémicas y agresivas. Ruskin aparece así como un medievalista de avanzada, un conservador de vanguardia, tal como lo reflejan sus palabras que valoran un sentido orgánico e histórico de la sociedad y sus edificios: “La belleza de las obras maestras del pasado contienen en su labor de ejecución las aspiraciones de otras generaciones, sus esperanzas, las vicisitudes de sus contiendas y la calidad de sus vidas…no son reliquias muertas, son inspiración viva y cálida para el presente, muestran profundas cualidades humanas que no se extinguirán jamás”. 

  • Cuaderno de viaje de Villard de Honncourts

    Cuaderno de viaje de Villard de Honncourts

    Villard de Honnecourt es un arquitecto viajero de la Europa del siglo XIII, en la precisa época de la eclosión de las grandes catedrales que poblaron Francia y Europa después, que va registrando sus observaciones en un cuaderno único donde se han conservado los estados precisos de construcción y los proyectos de lo que iban a ser esas magníficas construcciones que son las catedrales.

    He querido presentar este artículo a fin de establecer algunas estrechas relaciones de tipo vivencial y profesional que me unen a un viejo arquitecto viajero del siglo XIII. La impúdica razón que me motiva, es que pude reconstruir un trayecto considerable de un viaje de tipo iniciático que realizó un hombre formidable, pero prácticamente desconocido entre los propios arquitectos, en plena época de la masiva eclosión del furor constructivo de las viejas catedrales del gótico clásico, y que hoy pueblan Europa. Hoy, 800 años después, pude realizar gran parte del trayecto de la ruta de las catedrales hecho por Villard durante los años 2006, 2007 y 2008, mientras hacía mi doctorado por esas tierras. Es recién este último año cuando cae en mis manos el cuaderno completo de Villard, con sus apuntes de viaje traducidos, que antes sólo había podido mirar parcialmente a través de reproducciones bastante mediatizadas en distintos libros de arquitectura. Al contemplar sus estupendos dibujos y observaciones, es que comencé a reparar en las similitudes de la mirada, y como él registró elementos por medio del dibujo, que a mí también me habían llamado poderosamente la atención, y que a su vez había registrado con mi cámara fotográfica. Ambos viajes son distintos en tanto a medios y tiempo, pero en un espacio y espíritu que nos hermanaba.

    Villard de Honnecourt registraba planos y levantamientos plagados de minuciosas observaciones, para tal vez construir en algún momento una summa arquitectónica sobre el arte de levantar catedrales y otras construcciones. Yo, a su vez registraba cuidadosamente, a distintas horas del día, cada catedral, cada programa escultórico y cada programa iconográfico de sus vitrales para poder traerme a extremo occidente, de algún modo, una exigua porción de esas portentosas y embriagantes obras arquitectónicas para poder contemplarlas, analizarlas y discutirlas con mis estudiantes y futuros arquitectos, en clases de Historia y Teoría de la Arquitectura. Había algo de íntimo en mi experiencia que compartía con el viejo Villard. Esto era precisamente el hecho de que las catedrales, a diferencia de casi cualquier otro tipo de monumentos, son organismos completamente vivos y participan de modo elocuente y activo en la vida de sus ciudades, con muchas de sus funciones originales, manteniendo una asombrosa solución de continuidad hasta aún hoy en día, proyectando una fuerza e irradiando una vitalidad que las hace demasiado únicas, como para pasar a formar parte del disecado panteón de obras de mundos ignotos; entiéndase por estas ruinas, reutilizaciones, puestas en valor, resemantizaciones, fachadas históricas, reacondicionamientos, etc. No es que ignore el valor de estas operaciones arquitectónicas, sencillamente es poder apreciar el inmenso valor de la obra arquitectónica en cuanto a su fidelidad a los propósitos originales.

    Portada Real de la Catedral de Chartres 

    Es así que el cuaderno de viaje de Villard de Honnecourt, que data de comienzo del siglo XIII, constituye un documento verdaderamente único y extraordinario por el valor de testimonio excepcional sobre el arte, la arquitectura y la ingeniería que intenta compendiar este personaje, especie de precursor que se anticipa en más de doscientos años a la actitud de personalidades tan vigorosas y espectaculares como Leonardo Da Vinci en el siglo XV y comienzos del XVI. Este documento está conservado actualmente en la Biblioteca Nacional de París en el departamento de Manuscritos (Fondos Franceses, 19093), ya que antes estuvo en la importante biblioteca del Monasterio de Saint-Germain-des-Prés en París. También sabemos que el manuscrito ha llegado hasta nosotros mutilado, pues está registrado que hasta el siglo XV tenía 41 folios. Aunque algunos autores creen que llegó a tener 62 folios. Actualmente sólo se conservan 33, lo cual nos obliga a ser prudentes sobre cualquier interpretación posible.
    Villard de Honnecourt fue un arquitecto viajero que recorrió el norte y este de Europa en la época en que se erigían las grandes catedrales en la época dorada del estilo gótico, donde se levantan Notre Dame de París, Chartres, Amiens, Reims, Beauvais, Bourges, San Denis, Rouen y tantas otras por el resto de Europa como Westminster, Colonia, Estrasburgo y Upsala, pero donde ya se habían levantado los primeros ensayos góticos como Senlis, Laon y Noyon. Aunque son muchas las sutilezas a las que nos podríamos referir sobre este extraordinario documento, lo primero es la intención declarada por el propio autor, quien nos dice: “…en este libro encontraréis gran ayuda en la albañilería y en las máquinas de carpintería, lo mismo que en el retrato, los dibujos, tal como el arte de la geometría lo manda y enseña”, por lo tanto estaríamos frente a un manual de carácter técnico destinados a los artesanos dedicados a la construcción de catedrales y otras obras de arquitectura, como así al arte de la escultura y el dibujo, y cómo participa la geometría en su elaboración. Podríamos decir que los textos y láminas que nos sobreviven carecen de cualquier alusión al arte de los vitrales, que con toda seguridad Villard vio en su paso por Chartres ejemplos insuperables, como el de la Notre-Dame-de-la-Belle-Verriére; pero eso no lo registra. Es a sus aspectos constructivos, a la tectónica del edificio, donde Villard concentra todo su talento observador y su envidiable capacidad de registro.

    Interior de la Catedral de Reims

    Por otro lado podemos observar que, al parecer, saca apuntes y croquis de detalles arquitectónicos que aún se encuentran en fase de estudio y no construidos, como observamos en el rosetón occidental de la fachada de la Catedral de Chartres, principalmente levantada entre el 1195 al 1220. Por lo que podemos elucubrar que este arquitecto viajero tuvo acceso a los planos ejecutados en pergaminos, o aun en superficies vaciadas en yeso, incluso podríamos aventurar que pudo, eventualmente, discutir con los arquitectos de la catedral. Lo que sí podemos afirmar es que la solución final es bastante más adecuada y estable que la frágil  estructura que nos presenta Villard en su cuaderno, donde las estructuras de los rosetones periféricos menores apenas se unen con el rosetón central del gran rosetón, lo que indudablemente podría comprometer la estabilidad de toda esta delicada estructura. Otro elemento que llama poderosamente la atención, es la capacidad de observación en un detalle que seguramente pasaría inadvertido en gran cantidad de visitantes. Nos referimos a la elevación interior que Villard hace -aunque no sin cierta exageración- de la Catedral de Reims (1211-1260), donde la columnilla central del triforio es visiblemente más gruesa que el resto, al parecer, sutileza del arquitecto constructor, para dar continuidad a la columna que divide las amplias ventanas tanto superiores como inferiores. Este detalle no se le escapó al célebre teórico del arte y la arquitectura Erwin Panofsky, que lo explica en términos de una reacción contra el horizontalismo extremo, para en cambio, acentuar su verticalidad. Lo importante, en todo caso, para nosotros, es que Villard lo hace conscientemente más grueso para que a quienes iba dirigidos, ese detalle no se les pasara por alto.

    Una tercera observación la constituye el registro de los bueyes de las torres de la fachada occidental de la catedral de Laon (1160- 1220), donde el Villard declara en sus Cuadernos: “He viajado por numerosas tierras, como podréis constatar por este libro; y en ningún otro lugar vi una torre como la de Laon. Veamos su primera altura, con las primeras ventanas. En esta altura, la torre está rodeada de ocho caras, las cuatro torrecillas son cuadradas, (apoyándose) sobre triples columnas, a continuación vienen las semitorrecillas de ocho columnas, y entre dos columnas hay unbuey…”. De verdad que las torres de esta Catedral del gótico primitivo son impresionantes, poseen una potente imagen no sólo dado por la particular articulación y dinamismo de sus elementos constructivos, sino que también por que la coronan 16 colosales bueyes, que según las leyendas fueron inmortalizados allí por su trabajo duro e incesante durante tantos años trayendo piedras de la cantera a los pies de la catedral como devotos cristianos.

  • Album de un Viaje por la República de Chile por Claudio Gay

    Album de un Viaje por la República de Chile por Claudio Gay

    En febrero de 1856, en una carta dirigida al presidente de la Academia de Ciencias de Francia, a la cual aspiraba ingresar, Claudio Gay alude a su condición de botánico-viajero. En la misiva en que presentaba su candidatura para la sección botánica de la reconocida institución, el naturalista recordaba que la que llama “categoría de botánico-viajero” se encontraba vacante, y que la tradición hasta entonces había sido la de conservar la representación de esa actividad encarnada en una persona de gran experiencia e interesada vivamente en la mayor parte de las materias científicas extraeuropeas, a las cuales, sostenía, da vida en todo momento “la frecuencia de los viajes”. A continuación exponía sus méritos, todos relacionados con sus trabajos científicos en Chile desde 1828 en adelante, recordando que “me marché de aquel país en 1842, sólo después de haberlo recorrido durante once años sin descanso y con la satisfacción de no haber dejado casi ninguna región inexplorada”.

    Resultado de su quehacer científico su Historia física y política de Chile, que en 1856 ya contaba “con 24 volúmenes y 2 atlas en cuarto, comprendiendo 315 láminas coloreadas de las cuales la mayor parte fueron realizadas a base de mis propios dibujos”. En este trascendental manuscrito para la trayectoria de Claudio Gay se encuentran todos los elementos que explican su Álbum de un viaje por la República de Chile.
    Gay nació en marzo de 1800 en la Provenza francesa. Desde su infancia demostró una inclinación por el estudio de las ciencias naturales y las excursiones dedicadas a ello. Alrededor de 1820 llegó a París para estudiar medicina y farmacia. Luego asistió a cursos públicos de Ciencias Naturales del Museo de Historia Natural y de La Sorbonne. En sus vacaciones hacía excursiones para herborizar fuera de Francia, o cumplir comisiones encargadas por el Museo. Además de Botánica y Entomología, sus aficiones preferidas, se adentró como autodidacta en la Física y la Química, para más tarde seguir cursos de Geología y de Anatomía comparada.
    Años después, y al comienzo de su monumental obra, el naturalista afirmó que fueron sus maestros en París quienes le señalaron la República de Chile como la más indicada para satisfacer su desmedida curiosidad por investigar las producciones de algún remoto clima. Desde entonces comenzó a tomar nota de lo muy poco que se había dicho de la historia y de la geografía de esta parte de América.

    Llegó a Chile tras aceptar la oferta del periodista y aventurero Pedro Chapuis, quien en 1828 organizó en París un grupo de profesores para establecer un colegio en Santiago. Claudio Gay vio en este viaje la posibilidad de dedicarse a la investigación en un país casi total y absolutamente desconocido para los hombres de ciencia europeos. Además de hacer sus clases en el Colegio de Santiago, se dio tiempo para recorrer diversos sitios y recolectar material científico, formando interesantes colecciones de plantas, animales y rocas.

    El celo y la pasión que Gay mostraba por la historia natural, expresada en su infatigable actividad y dedicación al estudio, no sólo llamaron la atención de los pocos sujetos con interés por las Ciencias Naturales existentes en Santiago sino que también llegaron a conocimiento de las autoridades, en las cuales rondaba la idea de estudiar científicamente el país, una antigua aspiración que no había podido materializarse por falta de una persona idónea para acometer la empresa. Entonces ni siquiera existían mapas medianamente aceptables; poco se sabía de la situación exacta de las ciudades y puntos geográficos de importancia; nadie había estudiado sistemáticamente las especies naturales; y, menos aún, preocupado de las características geológicas o de precisar adecuadamente las condiciones climáticas de los ambientes en que comenzaba a desenvolverse la república.

    En 1830, en los inicios de la república, el gobierno chileno contrató a Claudio Gay. Afortunadamente para Chile, el naturalista no solo cumplió con creces la tarea que se le encomendó: además, con los conocimientos que generó sobre la historia, el territorio y el mundo natural y cultural del país, contribuyó decididamente al proceso de organización republicana, ejercicio de la soberanía y consolidación de la nación. Un elemento decisivo en la determinación que el gobierno tomó, finalmente, fue el trabajo ya adelantado, que demostraba su capacidad como naturalista: en el lapso de un año había podido investigar acerca de la historia natural y la geología de los alrededores de Santiago; describir y pintar la  mayor parte de los objetos relacionados con ellas; preparar un plano de la ciudad capital y cartas geográficas del territorio; analizar las aguas minerales de Apoquindo; recopilar estadísticas del país en casi todas las administraciones y, por último, recorrer parte del litoral central y de la cordillera frente a Santiago.
    De acuerdo con el contrato firmado el 14 de septiembre de 1830, Gay quedó obligado a hacer un viaje científico por todo el territorio de la república, en el término de tres años y medio, con el objeto de investigar la historia natural de Chile, su geografía, geología, estadística, y todo aquello que contribuyera a dar a conocer los productos naturales del país, su industria, comercio y administración.

    Concluidos los trámites administrativos y los preparativos indispensables para emprender el viaje científico, Claudio Gay se  dispuso a acometer la exploración del territorio nacional, empresa que inició por la provincia de Colchagua en diciembre de 1830. Al año siguiente, y a la espera de poder abordar un barco para Europa, donde se dirigía para comprar instrumentos y libros adecuados para su trabajo, exploró los sitios cercanos a Valparaíso, que se extendió hasta mediados de febrero, zarpando hacia Francia el 14 de marzo de 1832.

    En París Gay fue recibido entusiastamente por sus maestros, con  los cuales mantenía contacto epistolar, y frente a quienes, ahora personalmente, desplegó el fruto de su trabajo científico en Chile. El reconocimiento por su labor fue inmediato y se materializó, entre otras medidas, en que el gobierno francés lo distinguió con la Cruz de la Legión de Honor.
    Ya de regreso, en mayo de 1834, y provisto de los instrumentos científicos necesarios para sus trabajos, así como de material para incrementar el gabinete de historia natural, Claudio Gay se trasladó  a Melipilla y Casablanca en junio, para regresar a Santiago y dirigirse a Valdivia en octubre del mismo año, llegando a la bahía de Corral a fines de mes. Allí recorre y explora los sitios aledaños. La siguiente etapa de su viaje lo llevó a la provincia de Coquimbo, instalándose en La Serena en septiembre de 1836. A fines de diciembre del mismo año reinició sus excursiones dirigiéndose hacia Andacollo y a las minas de sus alrededores. Luego emprendió viaje hacia el extremo sur de la provincia de Coquimbo.
    En septiembre de 1837 se dispuso a volver al sur. Durante el mes de enero y parte de febrero de 1838 el sabio francés se dedicó a excursionar en los parajes cordilleranos frente a Santiago. Desde septiembre hasta diciembre de 1838 recorre las provincias del llano central, visitó la costa de Arauco hasta Tirúa, Nacimiento, la cordillera de Nahuelbuta y diversas localidades cercanas.

    La mayor parte de la serie araucana de sus ilustraciones, como  “Juego de chueca”, “Un machitún” y “Araucanos” tiene su origen entonces; aunque también “Pinales de Nahuelbuta”, “Visita al volcán de Antuco”, “Caza a los guanacos”, “Vista de la laguna de la Laja”, “Molino de Puchacay” y “Salto de la Laja”, algunas de las cuales muestran elocuentes escenas del paisaje y la vida natural. Luego de un viaje al Perú iniciado en marzo de 1839, que le significó alejarse poco más de un año y cuyo propósito fue revisar los archivos limeños en busca de documentación relativa a la historia de Chile, se dirigió al norte de Chile en diciembre de 1841. Con esta última excursión, y luego de cuatro o cinco intentos fallidos por llegar a la provincia de Atacama, finalmente Claudio Gay cumplía su íntimo anhelo de “no dejar ningún punto de Chile sin haberlo realmente visitado”, como se lo hizo saber a Ignacio Domeyko en una carta fechada el 8 de diciembre de 1841. Al respecto, no debe olvidarse que en esa época el desierto de Atacama era el límite septentrional del país, y que todavía no se iniciaba el esfuerzo destinado a asegurar la soberanía nacional sobre el estrecho de Magallanes y su entorno.

    Durante sus excursiones, y gracias a haber permanecido sucesivamente en cada una de las provincias, el naturalista recogió la mayor parte de las especies animales y vegetales existentes en el territorio considerado chileno en ese entonces. Preocupación especial mostró siempre por fijar con exactitud la situación de los puntos geográficos, los estudios geológicos,  el levantamiento de la respectiva carta geográfica de la zona visitada, realizar observaciones climáticas, conversar con la gente y observar sus formas de vida, práctica que le sirvió par obtener antecedentes de los hechos históricos e identificar los rasgos propios del pueblo chileno.
    Una vez concluida la etapa de la investigación en terreno, Claudio Gay debía iniciar las tareas destinadas a dar a la prensa el fruto de años de trabajo. En su propuesta explicaba que editaría su obra sobre Chile dividida en varias secciones: la flora, la fauna, la minería y geología, la física terrestre y meteorológica, la estadística, la geografía, la historia y la costumbre y usos de los araucanos. El sabio francés tuvo clara noción de la necesidad de acompañar sus textos de “una gran cantidad de láminas iluminadas”, no sólo de los animales, plantas y restos que el mundo natural le proporcionaría; también, “con láminas de vistas, vestuarios y planos de las principales ciudades”, es decir, con dibujos que ilustrarían la sociedad y sus habitantes.

    Dos grandes volúmenes de ilustraciones conforman el atlas geográfico, científico y de escenas pintorescas de la Historia física y política de Chile, cuyas primeras estampas se publicaron en 1844 y las últimas en 1854. La primera edición del Atlas de la historia física y política de Chile data de 1854. La mayor parte de ellos apareció con sus ilustraciones iluminadas, es decir, coloreadas, aunque también los hubo con láminas en blanco y negro.
    Con las estampas sobrantes de la edición original el naturalista formó ejemplares, muy escasos, que obsequió a algunos de sus más cercanos e íntimos amigos y colaboradores y que llevan por título Album d`un voyage dans la république du Chili par Claude Gay, fechado también en 1854. Luego de estas ediciones, en 1864, realizó una segunda de los tomos I y II, esta vez compuesta casi en su totalidad por ilustraciones en blanco y negro.
    En el que llamó Álbum de un viaje por la república de Chile de ClaudioGay incluyó un número variable de láminas que, en el caso del que fue reproducido en 1982 por Editorial Antártica, alcanzaba a 70 estampas. Muchos de los grabados del Atlas dan cuenta de los hechos, costumbres y modos de vida que habían formado el ir y venir de los chilenos de la época en que Claudio Gay vivió en el país, y que el naturalista viajero apuntó durante sus excursiones. Ellas son producto de las exploraciones, de las experiencias en terreno que pudo conocer, vivir, percibir y, en ocasiones, sufrir.

    Las estampas contienen escenas que representan labores agrícolas y mineras, formas de sociabilidad, manifestaciones de piedad, edificios, espacios públicos, poblaciones, tipos y costumbres populares y vistas de paisajes del territorio. Junto a estas, el Atlas también ofrece ilustraciones de especies vegetales y animales, dibujos del sabio francés para explicar lo que se nombró “la ecología del país, su paisaje, sus flores y sus frutos”. Una serie de mapas de las provincias de Chile, de algunos de sus principales puertos, de sus accidentes geográficos más notorios, y planos de Santiago y de la batalla de Maipú también fueron incluidos. Todos, encabezados por el gran Mapa para la inteligencia de la Historia física y política de Chile.
    Considerando el valor de las estampas, Claudio Gay reúne en su Atlas, y luego en su Álbum, además de las cartas y planos, cuarenta y seis ilustraciones que permiten apreciar el estado de una población particular, la belleza de un paisaje natural o la representación de un hecho significativo para la historia, como por ejemplo un parlamento en la Araucanía o el incendio de Valparaíso. Todas ellas son preciosos testimonios del quehacer de culturas originales, como los restos arqueológicos presentados, o bien de espacios urbanos o hábitat naturales tal vez hoy inexistentes. Pero también de costumbres, modos de ser, hábitos, faenas y tareas campesinas y mineras, medios de transporte, vestidos, diversiones y tipos sociales ya desaparecidos.

    La sola existencia de una obra como la compuesta por Claudio Gay a mediados del siglo XIX muestra la intención de ofrecer una visión amplia de la realidad de Chile. En él se produce la conjunción entre el afán por el estudio de la naturaleza y el de la sociedad; entre la descripción del ambiente natural y la exposición de la realidad social generada por el desarrollo de la humanidad en el territorio chileno.

  • Hampton Court celebra a Enrique VIII

    Hampton Court celebra a Enrique VIII

    En 2009 se conmemoran los 500 años de la ascensión al trono de uno de los reyes más famosos de la historia. En el palacio, ubicado en Kingston, se mantiene vivo su legado y también, alguno de sus “fantasmas”.

    Hampton Court y St. James son los únicos palacios construidos por el Rey Enrique VIII que todavía sobreviven. El primero, ubicado en la ciudad de Kingston a unos 20 kilómetros del centro de Londres, es el mejor exponente del carácter de este monarca que llegó al poder en junio de 1509. Para conmemorar los 500 años de su ascensión al trono, se han organizado festejos y recreaciones de la época. Si bien Hampton Court Palace ofrece una muestra única de la historia de las cortes inglesas entre los años 1500 y mediados de 1700, es la herencia de Enrique VIII la que más encanta a los turistas. No sólo por el magnífico estilo Tudor, presente en muchos rincones del palacio, sino también por las misteriosas historias que subsisten y aún recuerdan a este monarca. Por ejemplo, dicen que todavía se sienten los gritos de Catalina Howard, quinta señora del rey, en una de las galerías del palacio donde vivió el arresto,domiciliario tras ser acusada de adulterio.
    Muchas de estas experiencias, además de un desarrollo integral que busca transmitir el valor patrimonial de este tipo de construcciones, es lo que mantiene vivo al palacio. Como explica William Le Fleming, education officer de Hampton Court, este recinto año a año cautiva a más de 5.000 visitantes. Pero lo más relevante es el trabajo que se ha realizado para atraer a niños y jóvenes. “Hemos implementado un concepto denominado family learning, con actividades que permiten que padres e hijos compartan juntos una experiencia entretenida. Además, gracias a distintas iniciativas puestas en marcha, cerca de 65 mil alumnos vienen a este recinto cada año”.

    Las visitas en terreno son usualmente las más memorables experiencias de aprendizaje que los estudiantes pueden tener, agrega Le Fleming. La Torre de Londres y Hampton Court Palace han ganado el Sandford Award que premia los esfuerzos por transmitir el legado patrimonial de Inglaterra. “El apoyo para estudiantes y profesores comprende recursos como entradas rebajadas y gratuitas, en algunos casos; sesiones interactivas; presentadores expertos vestidos con los atuendos de la época; cursos para profesores y entrega de materiales pedagógicos; cuenta-cuentos, y recreación de deportes”.Para este año se espera un 30% más de visitantes. Se cumplen cinco siglos de la ascensión al trono de Enrique VIII, y todo gira en torno a su memoria. Hay tours guiados por sus apartamentos, por los espacios habitados por sus mujeres, por las cocinas, juegos de justas y caza, entre otras muchas actividades que incluyen hasta la gastronomía del siglo XVI.
    El encanto de los Tudor.

    Famoso por sus seis señoras y varias otras excentricidades, Enrique VIII (1491 – 1547) buscó la inmortalidad en todas las tareas que emprendió. Quería una Inglaterra fuerte y poderosa, y para eso, era esencial mantener la dinastía a través de un heredero. La búsqueda de ese ansiado hijo fue lo que llevó a este monarca a desconocer la autoridad del Papa y a declararse cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Así cambió la historia para siempre.
    En Hampton Court se encuentran diversas muestras de su semblante. Enrique VIII se destacó desde niño por su carisma, inteligencia y sensibilidad artística. Aprendió latín, griego, leyes, matemáticas, teología, música y los secretos de la caballería. También el arte de la guerra, que lo llevó a consolidar el poderío naval inglés y, entre otros logros, a anexar Gales al Reino Unido. Si bien los orígenes de Hampton Court Palace se remontan a la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén en el siglo XIII, fue el cardenal Thomas Wolsey, arzobispo de York, quien le dio su magnificencia hacia el año 1514.

    Cuando en 1528 Wolsey entrega esta propiedad a Enrique VIII, Hampton Court era ya un palacio importante. Las ampliaciones y remodelaciones del monarca consolidaron este espacio como uno de los puntos más emblemáticos de reunión de la corte. Las cocinas del palacio son un monumento vivo a la cocina real y del entretenimiento. La construcción de más de 50 habitaciones destinadas a este propósito, le valieron a Enrique VIII la fama de “consumidor de alimentos y de mujeres”. Para ser justos, estos espacios se construyeron no sólo para alimentar al rey, sino más bien a los más de 1.200 miembros de la corte.

    Excepcionalmente rico en colorido y en decoración es la Royal Chapel. Fue en esta capilla, en 1540, que el arzobispo Cranmer entregó una carta a Enrique VIII, incriminando de adulterio a su joven señora, Catalina Howard, quien más tarde fue ejecutada en la Torre de Londres. En tanto, en el Great Hall se puede contemplar el exquisito gusto del monarca. Sus paredes están cubiertas por enormes tapices, que rememoran la historia de Abraham. Para conocer más de Enrique VIII se puede seguir el recorrido por sus habitaciones, comedores y hasta su peculiar baño. Si de intimidad se trata, Hampton Court tiene habilitada una sala con una muestra especial, denominada “Young Henry VIII” que da cuenta de sus distintas facetas, incluso como marido de seis mujeres (Catalina de Aragón, Ana Bolena, Jane Seymour, Anne de Cleves, Catalina Howard y Catalina Parr).

    Las mujeres de Enrique VIII:
    Catalina de Aragón se casa con Enrique VIII en 1509, mismo año que asciende al trono. En 1511 nace el Enrique, quien muere a los dos meses. La princesa María nace en 1516. En 1533 el monarca se divorcia de Catalina.

    Autor desconocido. National Portrait Gallery, London.

    Enrique VIII se casa con Ana Bolena en 1533, una de las damas de honor de Catalina de Aragón. Da a luz a la futura Reina Isabel I. Tres años después es decapitada bajo la acusación de adulterio, incesto y traición.

    National Portrait Gallery, London.

    En 1536 Enrique VIII contrae matrimonio con Jane Seymour y al año siguiente nace el príncipe Eduardo. Jane muere poco después del parto.
    Ana de Cleves, cuarta señora de Enrique VIII. El matrimonio, realizado en 1540,dura menos de un año y se anula en buenos términos y de mutuo acuerdo. 

    Catalina Howard, se casa con Enrique VIII en 1540. Al poco tiempo es puesta en arresto domiciliario bajo el cargo de traición. Fue ejecutada en 1542 en la Torre de Londres. La única mujer que sobrevivió a Enrique VIII fue Catalina Parr. Este matrimonio se efectuó en 1543 y duró cuatro años. En 1547 muere el monarca.

    Pintor desconocido. National Portrait Gallery.

  • Historia de Inglaterra: Antes y después de 1066

    Historia de Inglaterra: Antes y después de 1066

    A 950 años de la Conquista normanda que inicia con la Batalla de Hasting el 14 de Octubre del 1066 es importante analizar lo que significó esta conquista y porque es tal vez la fecha más importante de la Historia de Inglaterra.

    Es fundamental comprender que Inglaterra como hoy la entendemos es un mosaico de pueblos que se mezclan tras invasiones. Originalmente la isla fue habitada primero por los llamados Britons, grupos Celtas, los que fueron invadidos  por los romanos en el gobierno del Emperador Claudio, con lo que fueron romanizados. La ocupación romana duró hasta el siglo V, a la caída del Imperio Romano de Occidente, las legiones romanas abandonaron la isla y sus habitantes faltos de unión volvieron a las rivalidades tribales. Los Celtas no tenían una administración central unitaria y lo que los unía era un ethos cultural y linguístico. Pero estas tribus divididas serán invadidas por grupos provenientes desde la península de Jutlandia, los Anglos, los Jutos y los Sajones.

    Estos grupos se impondrán sobre los britons y se asentarán como los pueblos originarios y dueños de la isla. Con ellos surgirá el nombre Inglaterra, la tierra de los Anglos y la denominación cultural de Anglosaxons o Anglosajones. J.R.R Tolkien, quien además de escribir su famosa epopeya, El Señor de los Anillos, era un lingüista habla de la Inglaterra Anglosajona como la verdadera Inglaterra, esa que hablaba una lengua germana llamada Anglosajón.

    La historia de la Inglaterra anglosajona estará ligada a la historia de Escandinavia en forma permanente. El año 793 la abadía del norte de Inglaterra , Lindesfarne será saqueda por el mítico Ragnar Lothbrock, y con este hecho se iniciará la llamada Era Vikinga. Estas Sippes de germanos del norte comenzarán a asediar las costas y las ciudades europeas, entrando por los ríos navegables del viejo continente con su gran invento, el Longship. Los invadidos hablarán pestes de ellos, lo más cercano al azote de  Dios y los llamarán vikingos. Se trataba de granjeros, que habitaban en Escandinavia , donde tal vez el recurso más escaso es, la tierra fértil. Eran comerciantes y es por esto que su invensión tecnológica del barco largo ce baja quilla le permitirá casi conquistar el mundo.

    Vikingos suecos entrarán por los ríos de lo que hoy es Rusia y se mezclarán con los eslavos de la zona y fundarán Novgorot y Kiev. Se los conocerá como los Rus y de ellos vendrá el nombre de Rusia. 

    Vikingos daneses y noruegos azotarán las costas británicas constantemente por 200 años. Fundarán la ciudad de Dublin y desde ahí amenazarán con ocupar  definitivamente la isla. La llamada Great Headen Army, liderada por el mítico Ivar the Boneless, supuesto hijo de Ragnar Lothbrok, casi conquista la isla y se asienta en Rempton desde donde será derrotado. El norte y la ciudad de York serán dominio vikingo y allí imperará la ley danesa. Será el personaje del sabio y santo rey, Alfredo el Grande quien detendrá el avance de los Vikingos y consolidará la idea nacional que se logrará en el gobierno de Aethelsthan. Con esto florecerán los reinos Anglosajones.

    Pero los vikingos asediarán también el continente. Paris será saquedo innumerables veces, lo que se explica por el hecho que cada grupo vikingo era una iniciativa individual, no existía el rey de los vikingos, ni la noción de estado nación unitario. Es esta constante competencia la que hará que nazca la Era Vikinga. Durante este período los saqueos vikingos a ciudades francesas son contantes y es por esto que en uno de los ataques, liderado por un líder vikingo conocido como Rollo, el rey de Francia, Carlos el simple decidió hacer un acuerdo con él. Rollo debía hacerse católico y recibiría tierra en el norte de Francia y sería el duque de Normandía y a cambio protegería al reino de Francia de la peste vikinga. La idea funcionó. Rollo y sus descendientes se instalaron e hicieron crecer el ducado y se afrancesaron. Se casaron con nobles francesas y adoptaron el francés. Con el cambio de idioma, cambió también su modo de ser y de pensar. El duque de Normandía será uno de los principales señores feudales del reino de Francia. Por su parte los normandos se incorporarán como parte activa de la cristiandad y de las cruzadas.

    Guillermo “el bastardo”, como se le conocía, era hijo de Roberto I, duque de Normandía, descendiente de Rollo. Pero, como hijo ilegitimo de su padre, nunca esperó ser ni duque de Normandía, ni menos algún día rey de Inglaterra. Se trata de un hombre que sorteó los  problemas que se le presentaron con gran astucia, y cumplió sus metas y con esto, cambió la historia. El 1066 serpa el año de la Conquista, los normandos invadirán Inglaterra y se impondrán por sobre los Sajones. Guillermo pasará a la historia como “el Conquistador”.

    Los historiadores ingleses dividen la historia antes y después del 1066, año de la conquista normanda. Ese año se libra la famosa batalla de Hasting en la cual los sajones son definitivamente derrotados y asumen los normandos como los señores de las Islas Británicas. Esto implica un cambio en la cultura y en la forma de ver el mundo, que va desde lo más gráfico, un cambio profundo en la arquitectura de Inglaterra, hasta  la adopción de modos afrancesados que permanecerán en la corte inglesa por generaciones. Esta batalla fue ganada por un personaje cruel, pero genial, como pocos ha habido en la historia.

    Hijo ilegítimo  de Roberto I, duque de Normandía, conocido como “el Magnífico” y de Herleva, concubina, al parecer amada por el duque. Nace en el Castillo de Falaise en el 1028. Al cumplir siete años de edad, su padre se va a las cruzadas. Antes de partir su tío, Oddo convence a Roberto de nombrar al niño como su heredero. Roberto muere en la cruzada y al llegar la noticia de su muerte al ducado, varios nobles ambicionan el poder y otros tantos se mueven para proteger al niño. Entre los protectores de Guillermo destacaban su tío, el Arzobispo de Rouen. Gracias a las acciones de éste, el niño logró sobrevivir. Muchos aspiraban el ducado y el obispo dormía en la misma pieza del niño. Al cumplir 18 años es nombrado oficialmente duque de Normandía sin regente. Muchos barones se levantan tratando de probar la fuerza del joven, pero Guillermo se impone con firmeza y gran estrategia.  En el 1047 logra imponerse en la Batalla de Val- es- Dunes y tras esto debe guerrear en forma continua, avanzando dentro de su ducado subyugando a los señores y haciéndoles jurar fidelidad directa a él. Incluso entrará en conflicto con el propio rey de Francia, así como sus vecinos de Bretaña, Maine y Anjou. Buscando nuevas alianzas contraerá matrimonio con Matilda, hija del rey Balduino V de Flandes, con lo que asegura un gran frente de los territorios del norte. Se une la Alta y la Baja Normandía. Del mismo modo, busca acercarse al Papado. El papa estaba molesto ya que Guillermo no consideró la autorización papal para contraer matrimonio.

    Ya en el 1060 Guillermo es famoso por su habilidad bélica y sus conquistas. Avanza sobre los señores y territorios estableciendo un sistema de vínculo personal entre el derrotado y él. Con esto la pirámide de vasallaje deja de tener los niveles comúnmente usados y cada señor- caballero jura lealtad en forma directa a Guillermo. Premia a quienes lo apoyan con la fórmula “servitium debitium”, dándoles territorios y privilegios. Del mismo modo, ejerce un fuerte control sobre la Iglesia y se dedica a fundar monasterios y  el propio Arzobispo de Rouen es fiel colaborador del duque. Con esto surge un renacer eclesiástico en el ducado y los obispos se muestran partidarios a Guillermo. Junto a la entrada del espíritu cluniacense se fundan o refundan  muchos monasterios, entre los que destacan: Jumieges, Saint Wandrille, Mont Saint Michel, Saint Ouen, Fecamp, Bernay, Cerisy, Mountvilliers, entre otros. El mismo Guillermo junto a su mujer Matilda patrocinan Caen e incitan con esto que la nueva aristocracia apadrine fundaciones eclesiásticas. Se produce un renacer intelectual que se ve reflejado en la Abadía Le Bec y en la persona de San Anselmo.

    Este nuevo desarrollo eclesiástico y nobiliario trajo gran flujo de recursos al ducado, lo que se manifestó en una época de auge y expansión, como no se había conocido. Guillermo crea en torno a sus parientes cercanos una gran red familiar que lo protegen. Entre estos destacan sus dos medios hermanos, Odón, obispo de Bayeux y Roberto, Conde de Mortain. Otro caballero de gran confianza de él es Guillermo Fitz Osbern, quien también está emparentado con el duque. Usa las estructuras de condes y vizcondes para gobernar y controlar a sus aliados, creando con estos unidades administrativas, judiciales y militares, las cuales le asegurarán el control en toda Normandía, desde los castillos ducales. Construye fortalezas para asegurar el poder, castillos de piedra entre los que destacan, Arques, Brionne, Tillieres, los cuales controlan respectivamente sus regiones. Crea una estructura diplomática marcada por cuatro oficios, el senescal, condestable, chambelán y mayordomo. El control  era total.

    Las relaciones anglo-normandas habían sido muy fluidas. Inglaterra en el siglo XI había sido asolada por los daneses, incluso la familia real anglosajona había tenido que refugiarse en Normandía. Fue entonces cuando Guillermo, aún niño, conoció a Eduardo, quien más tarde sería rey de Inglaterra. Eran primos, Eduardo era hijo de la hermana de su padre. De hecho fueron los normandos quienes ayudaron a Eduardo a recuperar el trono inglés para los anglosajones. Una vez rey, Eduardo, “el Confesor”, sin tener descendencia nombró a  su primo Guillermo, de entonces 23 años, como su sucesor. Entre los señores sajones, quienes podían reclamar el trono, Godwin era el más poderoso. Su hijo y heredero Harold aspiraba la corona de Inglaterra. Por otra parte, los noruegos junto a los daneses, quienes también decían tener derechos sobre la corona de Inglaterra se levantaba la figura de Harald Hardraada para entonces Rey de Noruega. Los daneses había ocupado Inglaterra en varias ocasiones y en dos oportunidades el rey de Dinamarca había ostentado también la corona inglesa. El gran Rey Cnut era recordado y añorado por estos pueblos germanos del norte.

    Eduardo el Confesor no era partidario de Harold (el sajón) y menos de Harald (el nórdico). Sin herederos había puesto sus esperanzas en su primo normando, Guillermo.  Según el Tapiz de Bayeux, (bordado de 70 metros que cuenta la conquista normanda de Inglaterra) Eduardo le habría pedido a Harold Godwinson ir a Normandía para confirmar públicamente  a Guillermo como el sucesor del trono de Inglaterra. Harold quería mostrarse como un gran señor, pero su barco es embestido por una tormenta por lo que llega a Pouthieu. Allí es capturado por el señor local, quien es vasallo de Guillermo y pide una recompensa por el prisionero. Guillermo ordena que lo liberen y manda una escolta para llevarlo a Caen. Harold humillado, no puede mostrarse contrario a Guillermo sino que debe jurarle fidelidad.  Tras eso permanece en Normandía y se hace compañero en armas del duque.

    El 5 de enero del 1066 muere Eduardo el Confesor. Al día siguiente Harold Godwinson es coronado rey de Inglaterra. Dice que el Rey Eduardo, en su lecho de muerte, habría cambiado de opinión, nombrándolo a él sucesor al trono. Incluso menciona un documento, del cual hoy no se tiene registros, que demostraría esta nueva actitud de Eduardo. Hoy no se sabe si esto fue cierto, lo único que se tiene claro es que Eduardo el Confesor murió delirante y tal vez en esa condición podría haber cambiado de opinión. No hay documento que lo demuestre. Pero para los efectos, poco importa. La cuestión de la sucesión no iba  arreglarse por documentos ni abogados. La guerra era segura. Guillermo mandó rápidamente emisarios con reclamos tras enterarse de lo sucedido y comienza a preparar las tropas para invadir Inglaterra y recuperar lo que por derecho le corresponde.

    Por su parte Harald Hadraada, quien venía acompañado del hermano desterrado de Harold Godwinson, Totsy, tenía desde antes listas sus tropas para invadir. Tras solucionar ciertos problemas internos de rebeliones en Noruega y asurar la ayuda de los daneses,  en septiembre estaba listo para partir rumbo a Inglaterra. Guillermo no tenía la flota ni el armamento listo para invadir, por lo que ocupó todo el verano en prepararse para la acción bélica que debía ser decisiva y segura. Para agosto todo estaba listo. Tenía todas la tropas en Saint Valery, pero igual que los ejércitos de Agamenon para la guerra de Troya,  los vientos no eran favorables. Harold Godwinson tenía su ejércitos en el sur. Intentó juntar un ejército de proporciones, pero tuvo problemas con el abastecimiento y con el reclutamiento de hombres, no había vínculos personales tan fuertes como los que tenía Guillermo para con él.

    El 18 de septiembre Harald Hadraada desembarca en el río Humber con una gran flota y un enorme ejército. A los diez días ocupan la ciudad de York. Harold Godwinson reúne los ejércitos que tiene y marcha hacia el norte para hacer frente a los invasores. El 25 de septiembre noruegos-daneses y anglosajones se enfrentan en la batalla Fulford sin lograr ninguno la victoria definitiva. Luego, en la batalla de del puente Stamford los anglosajones logran imponerse. Harald Hadraada  es muerto en batalla, Godwinson estaba feliz. Todo se mostraba favorable a los anglosajones.

    El 27 de septiembre el viento por fin se mostró favorable y los normandos pudieron zarpar. La habilidad de Guillermo había quedado más  que clara. Tras una larga espera sin posibilidad de navegar a causa de los vientos, había logrado mantener unido a los ejércitos. Llegan  a Pevensy cerca de Hastings donde construyen rápidamente puestos defensivos controlando las llanuras. Sabía que Harold Godwinson vendría tras él. El 6 de octubre Harold llega a Londres e intenta reclutar más tropas. Había perdido muchos hombres en la Batalla de Stamford. Necesitaba más hombres y no podía esperar demasiado, ya que cada día Guillermo era más poderoso. La noche del 13 al 14 de octubre Harold llega con sus tropas a Hastings, la batalla comenzaría  al día siguiente. Harold habría tomado posición en una colina cercana y Guillermo habría atacado. Fue una batalla de más de seis horas. Ninguno de los bandos fue mejor que otro, pero la disciplina normanda fue superior y las fuerzas sajonas comenzaron a esparcirse. Durante la tarde hasta el mismo Harold había caído en batalla. Para ese minuto la batalla ya estaba perdida para los anglosajones. Guillermo había ganado la batalla pero tenía que ganar Inglaterra. Invita a los señores sajones  para que lo reconocieran como el legitimo rey. Espera cinco días, pero ninguno viene, todos se habían retirado a sus tierras para defenderlas. Para fines de noviembre Guillermo controla toda la región de Wessex. Para diciembre ocupa Londres, con lo cual muchos señores le juran fidelidad. Para la navidad del 1066 se corona rey de Inglaterra y proyecta la torre de Londres como fortaleza estratégica.

    Los cinco años siguientes se dedicará a aplacar rebeliones. En la medida que avanza sobre el territorio construye fortalezas de piedra y se las entrega a señores fieles a él. Replica las acciones antes ejecutadas en el ducado. Los caballeros que pelearon con él en Hastings reciben tierras en toda Inglaterra.  Para el 1073 ya se había impuesto sobre Inglaterra y regresa a Normandía para ver como están las cosas en el ducado. Al regresar al ducado debe aplacar rebeliones en todo el territorio, incluso algunas provocadas por su propio hijo Roberto en alianza con el Rey de Francia. Tras solucionar los problemas en el ducado, vuelve a Inglaterra en el 1085 a aplacar rebeliones danesas y sajonas en todo el territorio. La autoridad normanda se establece a través de la fuerza bruta y luego se da un proceso de institucionalización. Fue muy difícil aplacar las rebeliones, los anglosajones se habían aliado con nórdicos. Ordenó a todos sus fieles ir a Salisbury y allí firmar un juramento de fidelidad directa a él, saltándose el usado sistema de vasallaje de niveles que existía en la época.  Guillermo innova en el sistema feudal eliminando los vínculos intermedios y fortaleciendo el vínculo directo al rey.

    Para poder asegurar el control Guillermo decide hacer un inventario de los bienes del reino. Contrata encuestadores para  visitar cada villa de Inglaterra y registrar todos sus bienes y las obligaciones legales de cada habitante. La colección de registros es conocida como el Libro Domesday. Esta compilación es muy valorada por los historiadores para poder analizar la estructura social y económica del siglo XI en Inglaterra. Guillermo lo usó para alcanzar la fortaleza militar y económica en Inglaterra y establecer un sistema de impuestos efectivo y controlado.  Este documento es único en la Edad Media y muestra el control ejercido por Guillermo que es único en su tiempo.

    Roberto su hijo, quien era considerado el heredero de Normandía e Inglaterra, complotó contra su padre con lo cual Guillermo decidió dividir sus territorios, entregándole Inglaterra a su hijo segundo, Guillermo. La historia había sido muy distinta si el ducado de Normandía y la corona Inglesa habrían permanecido unidos. Si los territorios habrían permanecidos juntos Normandía habría sido anexada a Inglaterra y se habría desprendido de Francia.

    Guillermo regresa a su ducado a aplacar las rebeliones encabezadas por el rey de Francia. Cae enfermo durante la campaña y es llevado al monasterio de Saint Gervais. Muere el 9 de septiembre de 1087.  Inmediatamente tras su muerte estalla la guerra entre los señores que aspiraban al poder del ducado. Los restos de Guillermo sufren una terrible suerte. Primero, debido a las luchas los restos son descuidados y se retrasa el proceso de sepultura. Finalmente se organiza el entierro, con el fin de llevar sus restos a Caen. La ceremonia debe ser suspendida por un incendio, el cuerpo queda botado en el suelo. La muchedumbre huye. De este modo, los funerales deben continuar después. Pero sus restos no descansarían en paz. Su tumba será saqueada por grupos calvinistas durante las guerras de religión en el siglo XVI y durante la Revolución Francesa. Hoy de sus restos no queda nada, sólo una placa conmemorativa que lo recuerda.

    La Conquista Normanda cambió el destino de Inglaterra y Guillermo es una figura clave en su historia. Se reemplazó la nobleza sajona por una nueva nobleza normanda. Ya para el 1086 el 80% de la nobleza era de origen normando. Se aplicaron políticas centralizadoras que cambiaron la administración pasando un quinto de las tierras de Inglaterra a la persona del rey, un cuarto a la Iglesia y el resto a los señores normandos fieles al rey , asegurándose que ninguno fuese lo suficientemente poderoso como para hacerle frente. Se realiza una gran innovación militar la cual se refleja en  los castillos construidos en piedra. El avance en el territorio inglés va de la mano con la construcción de fortalezas que marcan las zonas ocupadas y controlan el poder. Los normandos cambian las costumbres en Inglaterra, adoptando formas francesas, incluso el idioma francés. El idioma de la corte británica será el francés hasta el siglo XV. Incluso Ricardo Corazón de León, el famoso rey inglés de la segunda cruzada y Robin Hood, hablaba francés.

    Cambia también el concepto de la tenencia de tierras. Antes existían las tierras sin dueño. Ahora el concepto será “ Nullus Terre Sans Seigneur”- no hay tierra sin señor. Todas las tierras eran entregadas a los señores a cambio de un servicio. Imponía grandes demandas a sus vasallos, ya que les entregaba múltiples beneficios. Del mismo modo, llegó con la conquista la Iglesia normanda con su espíritu reformador y su arquitectura románica. La antigua iglesia inglesa estaba centrada en monasterios, la nueva en pueblos y catedrales. Es la conquista la que aleja a Inglaterra se su influencia nórdica escandinava y la hace mirar a  Francia al continente uniéndola al destino de Europa Central.