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Juan Mauricio Rugendas Pintura Chilena del Siglo XIX

Atraído por el exotismo de América, Rugendas dejó atrás su Baviera natal y cruzó el Atlántico para conocerla. Diez años estuvo en Chile dando, por primera vez, forma pictórica a las costumbres nacionales. Su colorida obra, que retrata la vida cotidiana del nuevo país, es un legado esencial para la identidad chilena, y una impronta duradera en el incipiente arte nacional.

Juan Mauricio Rugendas nació en Augsburgo, Alemania, el 29 de marzo de 1802. Hijo del dibujante, grabador y director de la Escuela de Arte y Dibujo de Augsburgo, Johann Lorenz Rugendas y Regina Lachler. Su padre apoyó desde un comienzo su vocación artística, y con el propósito de que el joven tuviera una formación más acabada, lo envió a Munich.

Imbuido por el ánimo viajero de los artistas de la época, Rugendas se embarca a muy temprana edad en una expedición que habría de realizarse en la selva amazónica de Brasil. Después de presenciar la declaración de independencia de ese país y la coronación del primer emperador, Pedro I, emprendió el viaje a la selva, donde hizo dibujos, acuarelas y bocetos. Producto de su mala relación con el organizador de la expedición, decide regresar a Europa, llevando consigo muchos de sus dibujos.

De vuelta en el viejo continente, Rugendas visita todas sus grandes capitales, entrando en conocimiento de los artistas y científicos más destacados de la época, dentro de los cuales cabe destacar a Humboldt, quien habría de elogiar su trabajo. El 30 de abril de 1831, decide iniciar un segundo viaje a América, llegando a México. Fue en esta etapa, enfrentado a la magnífica geografía del país del norte, que el paisaje comenzó a adquirir fuerza en su obra.

Expulsado de México por una presunta participación conspirativa, Rugendas recala en el puerto de Valparaíso en 1834, visita que se prolongaría hasta 1842. Las autoridades nacionales, al enterarse de la llegada del pintor, le encargaron inmediatamente algunos trabajos, entre los cuales se cuentan “La llegada del Presidente Prieto a la Pampilla” y “La batalla de Maipú”. Pero lo que más seducía a Rugendas era conocer a los araucanos, de quienes se había enterado por la lectura del poema épico de Ercilla. En su viaje a la zona de la frontera, y aprovechando la cercanía física que tuvo con sus modelos, pintó retratos, representaciones de araucanos a caballo y grupos de figuras. También pintó algunas de las escenas que rondaban el imaginario chileno respecto de los indígenas, como las de asaltos y raptos de mujeres blancas.

Rugendas estudió la fisonomía cultural del pueblo chileno, sus tradiciones y sus tipos humanos. Dibujó y pintó con predilección los personajes y costumbres más arraigadas del país, al campesinado, a los grupos urbanos modestos, al paisaje cultural. Fue un cronista gráfico, cuya obra, además de su calidad estética, interesa por su carácter histórico y documental. Muere en Wilheim, el 29 de mayo de 1858, a causa de la rotura de una arteria del corazón, lejos de las tierras donde alcanzara la consagración artística.

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