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La cultura Romana

Matemáticas: reprobado. Física: reprobado. Astronomía: reprobado. Las notas de un romano medio en materias científicas, hubieran sido un desastre. Inteligente pero no aplicado.

A los romanos las ciencias no les interesaban, o mejor, se interesaban y ocupaban de ellas sólo si tenían un efecto práctico inmediato. Era gente concreta, que imponía un dominio militar y político, no científico. Distinto de lo que había acontecido en el mundo griego, en donde las ciencias habían florecido y habían producido a grandes “cerebros” del calibre de Euclides y Arquímedes, asesinado por las legiones que saquearon Siracusa en el 212 a.C. Tanto que, muy a menudo, en las casas de la Urbe, los esclavos griegos eran bastante más cultos que sus patrones, e incluso sus tutores.

Por lo tanto, los conocimientos de los romanos en materias científicas derivaron de obras griegas y así también sus textos, parecidos a enciclopedias en donde se trata de recopilar todo el saber humano. Es el caso, por ejemplo de Plinio el Viejo, un ex oficial de caballería que produjo una monumental “Naturalis Historia” en 37 libros, que van desde la geografía hasta la medicina, de la metalurgia a la botánica. Lo escribió entre el 77 y el 78 d.C., justo antes de morir asfixiado por los humos del Vesubio, que, como buen científico, había querido ver demasiado cerca.

Cayo Plinio segundo el viejo

La ambición de Plinio era destacable pero el resultado científico escaso. En la “Naturalis Historia”, las informaciones fundadas desde un punto de vista científico se mezclan con interpretaciones erradas o fantasiosas. Un ejemplo: hablando de las celdas de los panales de las abejas, Plinio sostenía que eran hexagonales porque cada una de las seis patas de la abeja construía un lado. En realidad, son así porque de tal forma permite la optimización del espacio para almacenar la miel.

GEÓGRAFOS POR OBLIGACIÓN:

Un poco mejor les iba en geografía, aunque siempre los conocimientos eran de segunda mano. De Grecia, los romanos habían heredado una concepción esférica de la tierra: un globo, que fue representado en muchas monedas a partir del 76-75 a.C., situado al centro de una esfera celeste con dos polos, los trópicos y el ecuador. Los mapas geográficos estaban bastante bien hechos, porque tenían que responder a las exigencias de los militares y de los mercantes. La confección de mapas, tuvo un gran impulso en los tiempos de Augusto, cuando se hizo uno con todo el mundo conocido, llamado el “mapa de Agrippa”, para cuya realización se tomaron veinte años.

El interés en las medidas del espacio se manifestaba también en la precisa división de las tierras, sea en la ciudad como en los campos: la “centuración” (centurazione), una subdivisión del territorio en forma de “ajedrez” la cual facilitaba el censo de la población y las atribuciones precisas de la propiedad. La centuración estaba administrada por especialistas, los mensores, los cuales tenían discretas competencias de geometría e instrumentos de medida adecuados, como la groma.

¿QUÉ HORA ES?:

Entre sus contemporáneos, destacaba el talento de Julio César. Hombre de cultura además de gran estadista, entre una batalla con los galos y una cita con Cleopatra había estudiado astronomía, dándose cuenta que el calendario que estaba entonces en uso “se atrasaba”. Nadie en Roma era capaz de solucionarlo, así que Cesar llamó a un astrónomo alejandrino, Sosígenes, el cual inventó el año bisiesto. El calendario juliano permanecerá en vigor, sustancialmente invariado, por 16 siglos.

Distintamente de los griegos, los romanos hacían comenzar el día civil en el transcurso de la noche y no al atardecer. En su origen, se refería a los distintos momentos de la jornada con expresiones como gallicinium (el instante en el cual canta el gallo), diluculum (el surgir del día), ad meridiem (alrededor del mediodía), prima fax noctis (el momento en el cual se enciende la primera antorcha), y así sucesivamente.

En el 273 a.C., el día fue oficialmente dividido en horas, cuya duración eso sí era variable. De hecho el día y la noche estaban divididos en doce partes iguales. Por lo tanto en el invierno, cuando las jornadas son más breves, las horas eran de alrededor 45 minutos, en cambio en el verano eran de 75. La hora prima comenzaba a las 4:27 en el solsticio de verano y a las 7:33 en aquel del invierno.

Para medir el tiempo se usaban las clepsidras de agua (la primera es del 11 a.C.) o las meridianas, las cuales se basaban en las sombras proyectadas por el sol. Las horas principales eran anunciadas en las plazas con fuertes gritos: los ciudadanos romanos no conocían la hora exacta por las campanas, sino que por los gritos. Tanto era así, que Juvenal decía que le daban pena los sordos, porque nunca sabían que hora era.

GRANDES ARQUITECTOS:

Las disciplinas técnicas en la cual los romanos destacaban en serio, eran la arquitectura y la ingeniería civil. Los atestiguan los puentes,los acueductos, los anfiteatros, los templos y  otras construcciones que han llegado hasta nuestros días y también algunos textos fundamentales, como el “De Architectura” de Vitruvio Pollione, escrito entre el 25 y el 23 a.C. En los 10 libros que lo componen, Vitruvio habla también de hidráulica y de gnomónica, el arte de construir las meridianas, y, por primera vez se encuentran descritos los tres órdenes arquitectónicos clásicos: dórico, jónico y corintio.

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