Moby Dick

Moby Dick a 200 años del nacimiento de su autor

Esta novela clásica de la literatura norteamericana y mundial sigue apasionando a los lectores  contemporáneos. Este artículo abordará una de las múltiples razones de su éxito: el entramado preciso entre ficción y no ficción. En el bicentenario del nacimiento del escritor norteamericano Herman Melville, es difícil comprender las críticas y cuestionamientos que recibió de sus contemporáneos y los años que su obra estuvo postrada en el olvido y en la falta de reconocimiento.

No fue sino hasta el centenario de su nacimiento, en agosto de 1919, que un renovado análisis de sus obras y de su legado, le dieron el sitial que hoy ocupa en la literatura internacional. Este proceso, conocido como “Melville’s Revival”, fue producto del trabajo de Raymond Weaver, quien en su biografía Herman Melville: Man, Mariner and Mystic encendió la flama del resurgimiento de la obra de Melville, rescatándola de la oscuridad histórica en la que se encontraba y asegurándole un lugar de privilegio en la literatura, no solo americana sino también mundial. Weaver hizo suya la causa de reconocer a Merville como uno de los autores norteamericanos más ejemplares, al tiempo que asumía que los aspectos más perturbadores de su visión podían generar un reclamo generalizado contrario a su causa.

La biografía de Weaver recibió diversas muestras de aprecio y críticos como Carl van Doren se sumaron a la valoración de la obra de Melville. Van Doren llegó a señalar que Benito Cereno iguala lo mejor de Conrad, en términos del peso del drama y la habilidad de su desarrollo, y que sus novelas cortas, sin importar lo dicho de ellas en su momento, pertenecían a las obras de ficción más distinguidas y originales producidas en su país. Con esto, el resurgimiento de Melville estaba asegurado.

Indudablemente, muchos expertos y lectores aficionados han coincidido, con el paso de los años, que la obra más trascendente de Herman Melville es Moby Dick. La difundida historia de esta aparentemente inmortal ballena blanca y su eterno persecutor, el obsesionado capitán Ahab. Obsesión que no solo lo lleva a su propia muerte, sino a la destrucción de toda su tripulación, con la sola excepción del así autodenominado Ismael, a quien le corresponde ser el narrador de este trágico pero cautivante relato. Una historia de este nivel épico debe resolver muchos conflictos Una historia de este nivel épico debe resolver muchos conflictos y, entre ellos, iré desarrollando, sin pretender en modo alguno agotar el tema, la dualidad entre la no ficción y la ficción en la obra. De igual forma, realizaré algunas reflexiones acerca de sus principales protagonistas.

Melville presenta verdades enigmáticas y sutiles, muchas veces ambiguas y cargadas de ironía. Verdades de un espíritu que deseaba dar a conocer y para las cuales requería de la ficción. De igual forma, hay otras verdades que necesita expresar y para las cuales debe encontrar un espacio. Entre ellas, podemos mencionar descripciones de hechos reales y de materias asociadas que necesitan ser contadas como no ficción, a modo de prosa referencial, como señalan algunos de los expertos en esta materia. Moby Dick no es solo una novela acerca de la caza de ballenas, sino también de la batalla entre el bien y el mal. Si bien el narrador es ficticio, Ismael declara que sus relatos son exactos, basados en fuentes confiables y en su propia experiencia como ballenero.

Aprovecha cada oportunidad para manifestar la veracidad de sus historias y alude constantemente a una serie de autoridades y expertos en la materia para dar sustento a su narración. Extensos tratados de psicología, sin trama alguna, cumplen el mismo fin. De esta forma, Ismael va presentando capas de verdad, hechos reales de la caza de ballenas adornados y embellecidos con una buena cuota de ficción, una combinación entre novela y texto de estudio. En este punto, no puedo dejar de recordar las palabras de mi profesor de Literatura Inglesa y Norteamericana, don Juan Vargas Duarte, quien siempre tomaba las palabras de Ismael para invitarnos a descubrir qué había “below the little layer”.  Un relato estructurado, y me apoyo en Elizabeth Schultz, en capas de humor, ironía, escatología, mitología griega, hebrea, hindú, toques shakesperianos, madera negra americana, acero, fuego, líneas, círculos, ataúdes, pirámides, máscaras y fantasmas. Capas de ideas acerca de la economía, la religión, la justicia, el destino, la libertad, la democracia, el imperialismo, el racismo, la naturaleza, la maquinaria, la poética, la tecnología, la muerte y la vida. Esta desafiante cantidad de capas interactuantes, pone de manifiesto la importancia del punto de vista que el lector asuma al abordar esta obra. Su interpretación de la misma dependerá, en gran medida, de la óptica personal de cada individuo.

Si bien la realidad en Moby Dick ha sido mucho menos estudiada que su ficción, no son pocos los autores que han sostenido que su utilización marca el ritmo lento de la obra. A pesar de que los aspectos no ficticios de la novela pueden considerarse difíciles y aburridos, cada relato requiere de sus tiempos lentos y Moby Dick no es la excepción. De igual forma, la información entregada y, en especial, los temas cetológicos le agregan verosimilitud al relato y establecen el tema de la búsqueda del conocimiento. Además, ayudan al logro de la unidad temática y estructural de la novela. Si bien la información y conocimiento acerca del mundo de las ballenas entregado puede tener un valor en sí mismo, no se debe desconocer que también sirven para dar sustento a los aspectos ficticios de la novela. Las alusiones filosóficas y las partes argumentativas se relacionan de manera intrincada con los aspectos narrativos y dramáticos de la obra en muchas partes. Es así como el relato ficticio nos permite empatizar con Ahab, su búsqueda y su tripulación, mientras que en el ámbito no ficticio podemos encontrar buena parte de la gracia, ingenio, sustancia y estilo de la obra.

Probablemente son los elementos no ficticios aquellos que produjeron buena parte de la crítica que este libro generó entre los contemporáneos de Melville. La escuela de su época consideraba la no ficción como mero “periodismo” y, por lo tanto, de un menor nivel. El verdadero genio se encontraba en la ficción. El reporte de hechos pasaba a un segundo plano frente al proceso creativo considerado propio de los poetas y novelistas. No obstante, con el paso de las décadas y la aparición de otros importantes novelistas, está noción es desafiada y se le comienza a dar mayor o incluso la misma importancia a los aspectos no ficticios de una novela. En cierta medida, Melville puso en juego nuestras propias preconcepciones para el entendimiento de su obra. Desafió el concepto simple y claro de género narrativo que existía en su época agregándole, a través de las diversas capas contenidas en su relato, elementos que produjeron confusión entre sus lectores y críticos. Algunos de estos últimos llegaron a decir que Moby Dick era en realidad dos libros: un tratado acerca de ballenas y su caza, y una novela, basada en el primer material, donde se desarrolla y hace extensiva la ficción del libro. Aquí vuelve a aparecer la concepción de su época, el contenido no ficticio es el mero preludio para la obra de ficción, en la cual radica el verdadero genio o el valor de la obra.

Existe gran controversia respecto al lugar y el valor que el autor de Moby Dick le otorgaba a la ficción. Para algunos estudiosos, Melville no tenía problemas en ser considerado un escritor periodístico, ya que dudaba del poder de la ficción para contar una verdad. Para otros, en cambio, cada una de sus palabras era una obra de ficción. Probablemente, Moby Dick no es completamente ficción pero tampoco es puramente invención. Aquí, una vez más, la ambigüedad a la que nos referíamos y, quizás, una de la principales riquezas de esta obra. Sí debiera existir un mayor consenso en que Moby Dick es una historia bien contada. Hay quienes ven ella la búsqueda de la verdad, pero también el temor a la nada. Temor expresado en algunas de las reflexiones de Ismael, miedo a que no exista nada más allá de la ballena blanca o temor a que la ballena signifique nada. Ahora, la mera aceptación de la nada no es una noción carente de significado. Bajo esta óptica, la búsqueda de la verdad es, en sí misma, valiosa y significativa, aunque tal verdad no se alcance. Un libro que da cuenta de tal búsqueda es de por sí relevante.

Ismael va presentando muchas dudas y cuestionamientos a lo largo del relato, pero jamás duda de este ejercicio. En sus reflexiones posteriores, como único sobreviviente de la cacería de la ballena blanca, Ismael deja entrever que lo importante no es encontrar nuevas respuestas, sino más bien redescubrir verdades eternas y recuperar aquello que, con la acción humana, se ha perdido o desvirtuado. Ismael se conforma con encontrar verdades pequeñas en lo que va viendo y viviendo y, al hacerlo, logra algún grado de felicidad. Muchos de los estudiosos de su época, basados en los cánones y estándares tradicionales bajo los cuales fueron formados, presentaban serias dificultades al procurar clasificar Moby Dick. Esta ambigua y desbalanceada mezcla entre ficción y no ficción, sin una forma predominante, ¿era una crónica, un ensayo, un monólogo, una argumentación, un reportaje o un tratado? ¿Cuál era el lugar de estas largas meditaciones sin trama acerca del cuerpo de una ballena sin que su tema fuera Moby Dick?

Ciertos círculos creen que su función era intensificar el significado de la búsqueda de la ballena blanca y que Melville se aprovecha de esto para exponer acerca de las ballenas en general y, así, desarrollar una interesante cobertura de credibilidad para su relato. Probablemente, lo que Melville simplemente pretendía era demostrar que la verdad, al ser multifacética, podía ser contada de diversas maneras. Críticos posteriores le han otorgado a esta ambigüedad, a su juicio, bien balanceada, gran valor e importancia. En ella radicaría el poder de la novela, constituyendo esta ambigüedad el tema central de la obra. Lo cierto es que Ismael va estableciendo el relato, en ocasiones en presente, en otras en pasado.

A veces de forma cercana, en otras, tomando distancia. Lo que no cambia es su actividad narrativa de estilo alusivo, enciclopédico y de asociaciones libres. Es su voz la que nos lleva a un mundo que nos conmueve y asombra. Mas no hay que confundirse, el que nos habla no es el Ismael joven que se embarca por no tener dinero o algún prospecto en tierra o por su deseo de conocer la vida de los hombres de mar; habla el único sobreviviente de una tragedia, el que se sometió a la voluntad de una carismático y obsesivo capitán, el que conoció la destrucción en forma de ballena. En consecuencia, es un narrador con experiencia de vida y una visión mucho más amplia de la existencia y de los seres humanos. Por lo tanto, no es de extrañar que, en su relato, Ismael vaya interpolando hechos ficticios con otros no ficticios. Para algunos estudiosos de Melville, estas alternativas ficticias a la fábula principal, ofrecerían diversos ángulos para la interpretación de la ballena blanca, al tiempo que sugerirían los límites de la trama principal. Lo cierto es que Melville dotó la voz de Ismael de la estructura más amplia y libre posible, tomando algo de cada género y trascendiéndolo. Prueba de ello es que Moby Dick debe contener todas las formas posibles de referirse a una ballena, pero también todas las formas verbales y literarias disponibles. Esto genera la sensación de que el relato de Ismael transciende las formas tradicionales, dejando de lado las restricciones del medio para centrarse en la búsqueda de la verdad. Su voz parece resumir todas las otras voces, tal como el blanco de la ballena que –de acuerdo a la tradición literaria–resume a todos los colores. En consecuencia, la sensación es de  compleción, no de vacío.

Hasta aquí me he centrado en la visión y el rol de Ismael, más Ahab es un personaje tan atrayente y envolvente que también merece algunas consideraciones. Ahab es el capitán del barco ballenero Pequod. Mutilado por Moby Dick en un encuentro anterior, pierde una de sus piernas, por lo que jura venganza, fortaleciendo aún más su carácter determinado, desafiante, obsesivo y su necesidad de control y dominancia. Este mismo deseo de revancha lo hace asumir riesgos mayores en alta mar. Situación que lo dotaba de una cierta fama y que era bien conocida por su entorno. De hecho, señala el relato, los barcos que el comandaba pagaban un seguro más alto. Quienes leen Moby Dick desde una óptica bíblica, proponen que Ahab, en cierta medida, encarna todo el odio y la ira de la humanidad desde la caída del hombre del Edén. Frente a Moby Dick, Ahab parece perder toda su fe y equilibrio. Para el desmembrado capitán, la ballena blanca es un símbolo del mal, más pensante e inteligente. El busca su ideal y su redención en la destrucción de Moby Dick, olvidando que el odio no salva y que atentar contra la creación termina por destruir a quien lo intenta.

El mismo nombre de nuestro capitán es una referencia al malvado Rey Ahab en el Antiguo Testamento y cuyo pecado consistió en tolerar otras religiones y permitir la adoración de otros dioses. Sin embargo, el capitán Ahab no es exactamente malvado. Su herida, la caza de la ballena y su muerte, le dan también un carácter heroico y, por cierto, atractivo. Desafía la creencia del Dios cristiano, adora el fuego y el sol, incluso llega a bautizar a sus arponeros en el nombre del demonio. Arroja su cuadrante y se deja guiar por el sol. En síntesis, Ahab deja atrás todo aquello que estorbe su propósito y abraza cuanto el sienta pueda ayudarle, sin mediar costo físico o moral alguno. A pesar de estas evidentes e inquietantes características, sumadas a los largos periodos de reclusión de su capitán, Ahab logra sorprendentemente que su tripulación lo siga. Su fuerza interior y su carisma los hace partícipe de su ira y de su misión. De una u otra forma, cómplices de su deseo de venganza y, por lo tanto, merecedores de su mismo destino trágico. El doblón que le ofrece a la tripulación, para el primero que aviste a Moby Dick, es el instrumento que materialmente Ahab utiliza para asegurar la fidelidad de su gente. Además, demuestra una faceta más humana en su interacción con miembros de su barco, reafirmándolos en su rol y valorando sus cualidades. Moby Dick, por su parte, es en sí todo un personaje. Para la tripulación del Pequod, la ballena blanca es una criatura nebulosa, en cierta medida fantasmagórica. A medida que la persiguen y la enfrentan, se vuelve una figura a temer, incomprensible y dotada de poderes sobrenaturales, como la inmortalidad y la ubicuidad, no solo en el espacio, sino también en el tiempo.

Sus dos ojos son una invitación a múltiples miradas. Ya su color blanco denota, para algunos, la compleción, todos los colores en uno, como señalé en su momento. Es así que la ballena contendría todos los significados en su blancura, convirtiéndose, de esa forma, en un símbolo de la búsqueda de Ahab del conocimiento total. Este conocimiento se alcanzaría al capturar al cetáceo blanco, aún a riesgo de fracasar y sucumbir en el intento. Para otros, el color blanco nos es más que una representación del vacío más absoluto. Hay quienes ven en Moby Dick un instrumento de Dios para castigar la soberbia de Ahab, mientras que el mutilado capitán ve en Moby Dick la personificación de todo el mal. Como lector, uno descubre la astucia de la ballena blanca, sus movimientos estratégicos, la cualidad de reconocer a sus enemigos, su fortaleza y determinación, su resistencia al dolor y su capacidad de sobrevivencia. En cada enfrentamiento sale victoriosa, sobre todo en los tres días de la caza final. Ante esto es válido preguntarse si era Ahab quien perseguía a la ballena o si Moby Dick acechaba al capitán.

El drama se consuma. Melville dotó su obra de significados más allá de la mentalidad de su época. Entrega su verdad a través de la voz de Ismael, una teoría del cielo y la tierra, un tratado místico de búsqueda de la verdad. La existencia del hombre es temporal y la naturaleza no va a esperar a que alcance su destino en la historia. Melville dejó de lado los principios narrativos y no utilizó los géneros de ficción normativos de su época. Más aún las rechazó como insuficientes para sus propósitos. Es así que Moby Dick posee una riqueza y variedad de estilos narrativos que dan cuenta de la diversidad de las experiencias humanas. Melville cuestionó las convenciones y las formas de valorar las obras de arte, pero, por sobre todo, nos proporcionó la oportunidad de abordar la búsqueda de la verdad desde una óptica personal. No son poco los estudiosos que consideran que Melville fue un adelantado para su época; otros, más entusiastas, lo consideran un profeta. Anticipó el futuro y proclamó la realidad interna de las cosas. Además Introdujo temas de plena vigencia y discusión como, por ejemplo, género, sexualidad, raza, nacionalidad y multiculturalismo.

A pesar de las duras críticas de sus contemporáneos y de la falta de reconocimiento en vida para Herman Melville, con el paso de los años, su contribución ha trascendido el ámbito estricto de la novela para ejercer también su influencia en el mundo del teatro (recientemente se montó la obra Moby Dick de Juan Cavestany en el Teatro Goya de Barcelona); la pintura (cientos de cuadros basados en la ballena blanca, siendo probablemente los de William Turner los más conocidos); la escultura (unas muy interesantes creaciones de nuestro cetáceo fueron exhibidas en la Feria de Artesanía Aragonesa el 2012); el cine (al menos cinco películas reconocen estar basadas en la historia de la ballena blanca) y la música. El compositor Richard Melville toma su nombre Moby del libro de su tío bisabuelo. Además de la canción de Led Zeppelín y un grupo musical llamado Moby Dick, está el musical de Longden y Kaye estrenado en Londres en 1992, e incluso, en esta década, JakeHeggie presenta al mundo su ópera Moby Dick, con texto de Gene Sheer, en la Dallas Opera el 30 abril del 201). Como dato anecdótico adicional, los creadores de la cadena internacional de café Starbucks, la llamaron así por el primer oficial del Pequod (único personaje que pudo, en algún grado, oponerse a Ahab). Sirva todo esto de un justo y necesario reconocimiento

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