Etiqueta: egipto

  • El misterio de las pirámides

    El misterio de las pirámides

    Invocar la imagen de las antiguas pirámides egipcias, nos hace pensar en un paisaje seco, solitario, casi anaranjado, donde el camello es la bucólica manera de aproximarse a ellas. Imaginamos numerosos esclavos, trabajando bajo la orden del látigo y hasta fuerzas casi sobrenaturales participando de la construcción. Incluso podemos responder memorizadamente, casi como una trivia, que sus faraones fueron Keops, Kefrén y Mecerinos. Pero …, nada de esto es cierto.

    ¿Es un misterio la construcción de las pirámides? ¿Realmente  es incomprensible para el entender humano que sigan aún en pie? ¿Podemos justificar en el trabajo esclavo la subsistencia de tan antiguas edificaciones Ciertamente entender el ¿Misterio? de las Pirámides exige, en primer lugar, retroceder en el tiempo unos 5 mil años. Cuando el mundo acostumbraba ver pasar numerosas tribus primitivas, todas nómades, sin dejar casi huella. Sin embargo hubo un lugar diferente, donde comenzó a forjarse una historia distinta. Un río Nilo privilegiado, cargado de riquezas (fertilizantes naturales minerales y vegetales) que arrastraban sus aguas desde sus remotos afluentes procedentes del centro africano. Aún más, el río era tan generoso, que cada año, religiosamente, inundaba ordenadamente las tierras aledañas, haciendo de la agricultura una de las mejores excusas para que algunos de esas tribus decidieran asentarse.

    Si el tema del alimento ya estaba resuelto y la razón para quedarse en un solo lugar ya estaba dada, entonces ¿a qué dedicarían su tiempo estos nuevos pueblos? La respuesta fue inmediata. El arte, la literatura, la religión, la escritura, la educación, la medicina, la música y, por supuesto, la arquitectura. Todo ello desarrollándose velozmente. Ya se habían transformado en una civilización.

    Las Pirámides de Giza (nombre dado por el lugar en el que se encuentran emplazadas), son entonces una excelente muestra del nivel de desarrollo que alcanzaron los egipcios. Nos detallan su capacidad de construcción, sin olvidar que datan del siglo XXVI a.C. De hecho, se trata de las construcciones más antiguas del mundo que aún siguen levantadas. No por nada son una de las Siete Maravilla del Mundo Antiguo, las más antiguas y las únicas que no han caído.

    Los egipcios creían en la trascendencia, en la vida más allá de la muerte. Por eso debían prepararse muy bien y, llegado el momento, enfrentarse al juicio de Osiris, dios que resolvería su paso al paraíso (o el castigo del monstruo devorador). Si era tan importante, había que preparar el cuerpo –y por eso las momificaciones-. Pero también había que buscar el lugar más adecuado para depositarlo. En los comienzos, se dejaban bajo la arena, pero ello no siempre funcionaba. La volatilidad de la arena a veces dejaba el descanso a la deriva, por tanto la solución estuvo dada en una nueva alternativa: las mastabas. Cajones de piedra que cubrirían, de ahí en adelante, los cuerpos debidamente preparados. Así trascenderían.

    Pero, la gran figura del faraón, máxima autoridad y representante de los dioses en la tierra, buscaría siempre una mejor forma de trascender. Uno de ellos, Netjerjet, entregó la tarea a su visir Imhotep: debía encontrar una manera majestuosa. No le fue tan difícil. Mandó a posar una mastaba sobre otra. Seis en total. El único requisito era que las mastabas superiores, fueran más pequeñas que las donde se posaban. Así nació la primera pirámide escalonada. Era el año 2.650 a.C.

    Un siglo después, los faraones sofisticaron las líneas de aquella primera estructura, convirtiendo sus tumbas en las Pirámides de Giza. Ellos fueron Jufu, Jafra y Menkaura. Sus nombres no fueron Keops, Kefrén y Micerinos. Así fue como los llamaron los griegos, dos mil años después, al relatarnos –por primera vez- sus experiencias en el antiguo Egipto. La orden fue clara. Había que construir esas enormes estructuras, de hasta 146 metros de altura. Requerirían pesadisimos bloques de piedra y habría que montarlos con mucha precisión para que la estructura no cediera. Encontraron la manera. Cada bloque iba encajado en el otro, con un efecto similar al juego moderno de lego. Así, su efectividad fue absoluta, permitiendo mantener en pie las construcciones hasta nuestros días.

    Sí fue necesaria también, muchísima mano de obra. Pero no fueron esclavos. Los esclavos no existieron en la cultura egipcia. Todos los ciudadanos tenían el mismo derecho dentro de su sociedad. Así, los que hicieron estas labores fueron los propios campesinos, quienes pasaban varios meses al año sin trabajar, esperando que el Nilo regara sus tierras y volviera luego a su cauce. Es así como el faraón daba un salario a dichos campesinos, además de alimento, alojamiento, herramientas y vestimenta. Muy lejos de la idea de esclavo… El trabajo era duro. Había que transportar los pesados bloques por la arena. Encontraron la manera usando largos rollizos de madera que ponían a modo de trineos, avanzando a fuerza humana. Y una vez en el lugar, levantaban rampas en torno a la construcción, subiendo cada bloque hasta el nivel correcto.

    Ni fuerzas sobrenaturales, ni esclavos. Tampoco nombres griegos. Pero aún resta un mito. Cuando hoy en día nos animamos a visitarlas, ni el desierto es tan solitario ni anaranjado, ni el camello es la manera de acercarse. Una moderna carretera entorpece la visión, cruzándose entre ellas, impidiendo la imagen bucólica de los sueños infantiles.

  • El Misterio de Tutankamon,  el Rey Niño

    El Misterio de Tutankamon, el Rey Niño

    ¿Por qué es tan conocido este antiguo faraón egipcio? ¿Por sus grandes obras, por su corto reinado o por su juventud? ¿Será su vida lo que le trajo la fama o será más bien su muerte?

    La verdad histórica es que este joven monarca no destacó en vida, ni como gobernante ni en la larga lista de dinastías que tuvo la grandiosa civilización egipcia. Gobernó menos de una década y siendo apenas un niño. Subió al trono antes de cumplir los 10 años y de ahí en adelante no fue mucho lo que alcanzó a hacer antes de su muerte. Su extraña muerte.

    El arqueólogo británico Howard Carter

    ¿Su fama? Tal vez la única manera que encontró Tutankamón de destacar, fue recién en el mundo de los muertos, ese duat, donde el dios Osiris rescataba de la Sala del Juicio sólo a aquellos cuyo corazón pesara menos que la pluma de un avestruz. Y fue así. Recién tras encontrar su muerte, Tutankamón saltó finalmente a la fama. Su pequeña tumba –tan pequeña que probablemente no era para él- fue descubierta más de tres mil años después y sus tesoros, casi intactos, lo hicieron brillar como el faraón de los faraones. El mundo moderno no había conocido jamás la riqueza de tan nobles gobernantes.

    El descubrimiento fue difícil. Por años, décadas y casi siglos los arqueólogos habían buscado la manera de encontrar tesoros egipcios no saqueados. Y el británico Howard Carter no era la excepción. Tozudo y muy audaz, Carter se negaba a aceptar lo que todos los especialistas aseguraban en aquella época. Se negaba a creer que ya todo estaba descubierto en el Valle de los Reyes, un lugar con una treintena de tumbas faraónicas ya halladas. Llevaban años peinando esa zona, era noviembre de 1922, y cuando habían decidido que sería la última temporada de búsqueda, apareció una grada de piedra. Era el primer escalón para llegar a la tumba del Rey Niño.

    Primero una puerta sellada, más allá, una bóveda.Varias. Algunas cámaras secretas atestadas de riquezas, tesoros, figuras, joyas, amuletos e innumerables objetos ricamente decorados. Se veía saqueada, pero a la ligera. El desorden dejaba ver que lo principal aún estaba ahí. Los grandes tesoros empolvados demostraban que se trataba de un ajuar funerario. Pero no cualquiera. Un ajuar funerario real, es decir, monárquico. La momia que había ahí debía pertenecer a un rey, un faraón. Los estudios demostrarían después, que no tenía más de 17 ó 19 años.

    No fue nada de fácil acceder a la momia. Estaba dentro de un ataúd de piedra, es decir una enorme caja sellada, casi impenetrable. Y dentro de ella, no uno, sino cuatro sarcófagos, con formas humanas, uno dentro del otro. Al finalizar la búsqueda, el último sarcófago destellaba y encandilaba a quienes lo observaban. Completamente de oro macizo y con la famosísima máscara incrustada en lapislázuli, cuyos ojos fijos parecían haber despertado. Nadie pudo olvidar en ese momento, la antigua leyenda egipcia. Esa que castigaba a cualquiera que se atreviera a profanar el descanso eterno de un faraón. Se decía que todo aquel que violara alguna tumba, encontraría la muerte por su profanación. Era una maldición ancestral, que había recorrido milenios de historia intentando ahuyentar a los irrespetuosos.

    Mito o no, el canario que acompañaba a Carter en las excavaciones, fue devorado inmediatamente por una cobra –curiosamente la serpiente guardiana de los faraones en el Antiguo Egipto-. Y unos meses después, el financista de Carter, Lord Carnavon, fue picado por un insignificante mosquito. Una picadura más, de las miles que sufría todo aquel que pernoctara en el desierto. Pero esta vez se convirtió en una infección mortal, qué rápidamente había comprometido la garganta, el oído y uno de sus pulmones. Tras anunciarse su muerte a sus familiares, un prolongado corte de luz afectó a toda la ciudad de El Cairo. Poco después se supo que ese mismo día, pero en Londres, murió sin razón aparente su fiel perra fox terrier.

    Los rumores de la maldición habían comenzado. Vendría después el medio hermano de Lord Carnavon, quien apareció muerto en el baño de su casa y el caso del más cercano trabajador de Carter, cuya muerte no pudo ser explicada por los médicos que lo encontraron en la pieza de su hotel. La misma suerte corrió quien sacó las radiografías de la momia, la secretaria de Carter, el padre de ésta y hasta un amigo del arqueólogo. Todos habían estado en la tumba semanas antes de sus inexplicables muertes.

    Según los medios de la época, diez años después del descubrimiento, casi 30 personas relacionadas con los trabajos habían muerto sin razón aparente. Incluso pasado el tiempo, siguieron los ejemplos. Como el del Director de Antigüedades de Egipto, quien en la década del ’60 se negó a firmar la autorización para que algunas de las piezas del tesoro viajaran a París, por temor a la maldición. Luego de ser obligado a hacerlo por autoridades superiores, éste murió atropellado ese mismo día. E incluso su sucesor, quien se burlaba de los dichos populares, murió sorpresivamente la noche que supervisaba el embalaje de algunas muestras que viajarían esa semana a Londres. Y no sólo eso, la tripulación completa que voló ese avión a la capital inglesa, sufrió algún accidente misterioso.

    Hasta un científico que aseguró públicamente que las muertes de los trabajadores se debían sólo a un hongo que había en las tumbas, murió en un accidente de tránsito el mismo día que había dado la conferencia reveladora. Tras hacer la autopsia se comprobó que había sufrido un ataque al corazón minutos antes de la colisión.

    ¿Mito o realidad? Lo cierto es que la muerte, mucho más que la vida, fue lo que hizo destacar a Tutankamón. ¿Cómo murió él? Algunos explican que su prematura muerte se debió a un asesinato premeditado para usurparle el poder, mientras que otros insisten en que sólo fue un accidente de caza. Todos se basan en una fractura encontrada en su cráneo, aunque ella sólo podría deberse a una rotura provocada por los propios arqueólogos de Carter cuando retiraron la pesada máscara de 11 kilos de oro y lapislázuli que cubría su rostro. Sin embargo, hace apenas algunas semanas, científicos aseguraron que su muerte fue, simplemente, malaria y una deformación ósea heredada de sus antepasados.

    ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué quisiéramos creer y qué no? No será mejor preguntarse ¿qué habrán pensado esos obreros al ver el rostro del Rey Niño? ¿Qué habrá soñado Carter esa noche? ¿Qué habrán murmurado los saqueadores ante la imposibilidad de hacerse de ese tesoro? ¿Qué habrá dicho el mundo la primera vez que vio esos atentos ojos de obsidiana, dormidos desde el Antiguo Egipto? Pocas respuestas, aunque quizás sólo una posible. Se trataba, casi sin dudas, de uno de los descubrimientos arqueológicos más importante del siglo XX. Y no era el único. Otros hallazgos de igual importancia ya habían conmocionado a la población por esos años. El Palacio del Minotauro en Creta o las ruinas de Machu Picchu en Perú, ya estaban hablando su propia historia. Pero ello daría para otra larga conversación…

  • Los infinitos nombres de la diosa Isis

    Los infinitos nombres de la diosa Isis

    Isis es una diosa poderosa que trasciende los límites de su momento mitológico e histórico. Influye a los egipcios y luego a los griegos y romanos y personifica los poderes de los dioses en sus elementos más puros y profundamente simbólicos. Isis es madre, diosa, maga, fecunda la naturaleza, sus alas sagradas llevan el alma a su destino, es la vaca sagrada que alimenta de leche a Egipto, es la serpiente reencarnada, tiene la capacidad de torcer la historia a favor de su hijo y de los egipcios, entre muchos otros atributos de su personalidad.
    La historia de la civilización egipcia faraónica es única. Debido a sus características especiales como la sacralidad de su rey, el faraón, su aislamiento defendido por el desierto, el mar rojo y el mediterráneo y la navegabilidad del Nilo lograron que su historia política y su desarrollo religioso se mantuviera inalterado por tres mil años. Fue de hecho el primer faraón, el legendario Menes quien, por influencia divina y encarnando a Horus el hijo de Isis y Osiris,logró unificar a los 42 nomos o regiones que existían en Egipto, logrando una unidad entre diversas cosmogonías,visiones de la muerte y dioses.
    De estos relatos sobre la creación hay uno que preponderó sobre los otros: el Heliopolitano, llamado así por venir de la ciudad de Heliópolis. Los conocemos gracias a dos fuentes principales: los textos de las pirámides, en los que nunca vemos el relato completo, pero sí frases y enunciados que hemos podido reconstruir, y el papiro de Bremner-Rhind catalogado con el número EA 10188 en el Museo Británico de Londres. Está escrito en hierático y tiene 33 columnas y 930 líneas escritas. En el aparecen
    las lamentaciones de Isis y Neftis, que debían cantarse ceremonialmente para recordar la muerte del dios Osiris. Este orden sagrado encontraba sus raíces en la enéda divina que termina por conformarse entre las distintas cosmogonías. En esta, Atum el gran dios sol que también llamamos Ra o Aton crea por iniciativa propia, y distinguiendo desde su propia divinidad, a Shu, el aire y Tefnut, la humedad. De Shu viene el dios Geb la tierra y de Tefnut sale la diosa Nut el cielo, la diosa inmensa que se posa sobre Geb y lo crean todo. Su descendencia son los hermanos Osiris e Isis, padres de Horus, Set y Neftis.
    Osiris e Isis protagonizaron un drama divino que conocemos detalladamente gracias a Plutarco en su obra De Iside et Osiride que Mircea Eliade cita en su primer tomo de Historia de las Ideas y Creencias Religiosas. Estos dioses pronto asumen la realeza divina como consortes, pero Set, el hermano envidioso asesina a Osiris pero Isis, la maga, logra resucitarlo lo suficiente como para quedar embarazada de Horus, a quien va a dar a luz escondida en el delta del Nilo. El niño tiene una vida secreta hasta su adolescencia, cuando decide retomar su derecho divino y se enfrenta a su tío. Set logra en primera instancia sacarle un ojo, pero Horus triunfa al final. Osiris es resucitado definitivamente como fuerza vital de la muerte y pasa a tomar su lugar en el trono del juicio de los muertos. Isis en cambio, viva yencarnando al trono real, queda representando el inmenso abanico de la diosa que viene de muy antiguo, será desde este mítico momento: madre, diosa, maga, fecundará la naturaleza, será las alas que lleven el alma en su viaje, será la vaca sagrada que alimente de leche a Egipto, será serpiente reencarnada, tendrá la capacidad de torcer la historia a favor de su hijo y de los egipcios, entre muchas otras.
    James Frazier en “La Rama Dorada” define a Isis como la “de los mil nombres”, queriendo explicar la infinita significación que tuvo esta diosa. Al contrario que sus antecesoras asiáticas, Isis fue buena esposa y madre. Originalmente fue diosa de la naturaleza, ella le regaló al hombre la cebada y le mostró satisfecha el descubrimiento de estas espigas a Osiris. Cuenta el sacerdote egipcio Manetón, autor de Aegyptíaka, una Historia de Egipto desde sus orígenes, que los segadores egipcios se golpeaban el pecho con las primeras espigas recreando el dolor de Isis al perder a Osiris. La llamaban “creadora de cosas verdes”, “señora del pan”. No solo esto, “es la misma mies verde que todo lo cubre, personificada en una diosa”. Con el pasar de los años su benéfica imagen fue purificándose y terminó traspasando las fronteras de Egipto. Su culto fue uno de los más populares en la Grecia helenizada y en Roma.
    Algunas Manifestaciones de Isis: La Diosa Pájaro
    La “diosa pájaro” es una imagen neolítica profundamente arraigada en la prehistoria. En las miles de pequeñas estatuas que los arqueólogos han encontrado y siguen encontrando, se reconoce una imagen de mujer con senos, largo cuello, sin boca. Algunas casi no tienen elementos humanos, pero nos reflejan la condición divina que tenia la femineidad en esta época. La podemos ver en la pintura rupestre en mano de antiguas diosas sumerias y en las sagradas alas de Isis.
    En el caso de la diosa egipcia se le suma además su misión de psico-pompa, es decir de conducir las alas de los difuntos a su viaje eterno. Esta es también una imagen muy antigua, los pajaros – buitre, el cuervo, la lechuza, el halcón – cumplieron esta misión ya en Catal –Huyuk y otras culturas. Isis, con su aliento y con el viento que resulta del batir de sus alas sagradas conduce al alma (ba) a su destino final.Así dice le dice un hijo a un faraón con motivo de su funeral (Textos de las pirámides): “Salve, padre mío, en este día en el que te presentas ante RA cuando asciende desde es Este y cuando eres investido con esta, tu dignidad que está entre los espíritus! Los brazos se enlazan por ti, los pies bailan por ti, se agitan las manos por ti. Isis te ha cogido de la mano y te introduce en el baldaquín (marquesina entre columnas). La tierra es cubierta, las plañideras se lamentan ”.
    Isis la mujer del dios de la muerte
    Luego de finalizada la tragedia entre Osiris y su hermano Set, el primero, dios de la muerte, queda reinando el inframundo como juez supremo. Frente a él se realiza el juicio en que el corazón del difunto se pone en una balanza enfrentado a una pluma de avestruz, símbolo de aquello que es perfecto y sublime. Si el difunto pasa la prueba pasa a la sala donde lo espera el dios custodiado por Isis y Neftis, diosas protectoras de los jueces. Isis y Osiris simbolizan la familia sagrada el matrimonio perfecto. Isis en su doble condición de hermana y esposa protege y ama al dios. Es ella, Isis, quien protege y ama a su hermano, quien lo busca sin desfallecer, sin reposo hasta encontrarlo, quien da sombra … y aire con sus alas Es ella quien alaba a su hermano, quien alivia la debilidad de quienes están cansados, quien recibe su semilla y da a luz a su heredero. Quien alimenta al niño en soledad sin que nadie sepa dónde está”.
    Isis la diosa Trono
    El jeroglífico del nombre de Isis era una trono. Ella está “tocada” por un trono en la cabeza. Lo que nos lleva a pensar que era originalmente la idea de darle la realeza al faraón. Hay que ser hijo de Isis para serlo, porque el primer faraón fue Horus y los siguientes faraones, al menos hasta que dejó de ser el mismo dios y paso a representarlo, encarnaba a Horus. El trono es también la gran montaña sagrada primitiva, totalidad del universo, unión de cielo, tierra e inframundo.
    Además de un trono, Isis puede verse en las imágenes de los textos de las pirámides con cuernos de vaca uniendo un disco solar (o lunar). Esta unida aquí a la diosa Hator. Esta diosa, muy antigua en la mitología egipcia, era originalmente imaginada como una gran inundación que alimentaba todo Egipto, siendo incluso creadora en algunas cosmogonías antiguas. Aparece en imágenes con sus cuatro patas en los cuatro puntos cardinales y su vientre lleno de estrellas simbolizando el mundo entero, la creación. Algo así como una gran montaña sagrada que alimenta. Es también la diosa celeste Nut. En la paleta de Narmer, simbólicamente riquísima, vemos a Hator reflejada en sus carillas, enmarcando las esquinas del planeta En algunos mitos también se le da el nombre de la estrella Sothis, el «segundo sol» (como sucede con Isis); se la relaciona así con la crecida del Nilo y con la inundación.

    Isis como Hator

    Encarnación de la Maat
    Isis como la diosa Maat (o Mayet) encarna parte de la esencia de la mitología egipcia, al reunir a seres divinos y humanos bajo unaley universal; todos viven por Maat, en Maat y para Maat. En este caso, cuando personifica a la sagrada Maat, esta tocada con una pluma de avestruz. La Maat como principio de orden y equilibrio era concebido como un principio eterno, preexistente incluso a los dioses. Atum, antes de crear por voluntad, antes de emerger por primera vez desde el agua primigenia, o en la montaña sagrada ya yacía con Maat, que estaba dentro de él y alrededor de él. Maat es en realidad un principio tanto filosófico como mitológico. Es el orden universal, que pude volver todo a su lugar a pesar de las catástrofes o de los desordenes que los hombres realicen en el mundo. Es la que hace volver al Nilo a su lugar luego de la inundación, es la que reparte esta justicia parecida al karma indio o la justicia divina nuestra. Es una armonía inscrita en la naturaleza, inalterable y mágica. Verdad, orden, legalidad y justicia. “no ha sido perturbada desde Ted Zepi” Este orden divino y sagrado se refleja en la sociedad a través de los actos del faraón quien simbólicamente la lleva en la mano.
    Primer monólogo de la creación por parte de Ra, del Papiro de Bremner Rhind:
    Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas, después de que hubiese venido a la existencia: ‘Fui yo quien vino a la existencia como Jepri.Cuando vine a la existencia, ‘el Ser’ vino a la existencia y todos los seres vinieron a la existencia después de que yo viniera a la existencia; numerosos fueron los seres que surgieron de mi boca antes de que el cielo hubiera venido a la existencia, antes de que la Tierra hubiera venido a la existencia, antes de que la tierra y los reptiles hubiesen sido creados en este lugar. Yo creé[algunos de ellos] en Nun como Los Inertes cuando aún no podía encontrar un lugar en el que permanecer Encontré favor (¿) en mi corazón, examiné con mi vista, y, estando solo, hice todas las formas antes de que hubiera escupido a Shu, antes de expectorar a Tefnut, antes de que viniera a la existencia cualquier otro que pudiera actuar conmigo.
    Yo concebí con mi propio corazón y allí vinieron a la existencia multitud de formas de criaturas vivas, a saber, las formas de los hijos y las formas de sus hijos. Realmente yo me excite con mi mano, copulé con mi mano, escupí con mi propia boca; escupí a Shu, expectoré a Tefnut y mi padre Nun los educó, mi Ojo siguiéndoles desde los eones cuando estaban lejos de mí. Después de que yo hube venido a la existencia como único dios, hubo tres dioses además de mí. Yo vine a la existencia en esta tierra y Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que se encontraban.Fueron ellos quienes me devolvieron mi Ojo, después de que yo hube unido mis miembros; lloré sobre ellos, y así es como la Humanidad vino a la existencia,de las lágrimas que surgieron de mi Ojo, porque él estaba furioso conmigo cuando volvió y encontró que yo ya había colocado otro en su lugar, habiéndolo reemplazado con elGlorioso.( Así, yo lo ascendí a mi frente y cuando él ejerció gobierno sobre esta tierra entera, su ira se extinguió, porque yo había restituido lo que había sido tomado de él. Yo surgí de las raíces, creé a todos los reptiles y todo lo que existe entre ellos. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, y Geb y Nut engendraron a Osiris, Horus [Mejentienirti], Seth, Isis y Neftis de su útero, uno tras otro, y ellos dieron origen a las multitudes que habitan esta tierra.
    PARA SABER MÁS
    Campbel, Joseph. Las Máscaras de Dios, Mitología Oriental. Ed. Alianza
    Crashford Jules y Bearing Anne. “El Mito de la Diosa”, ED Siruela.
    Campbell Joseph, Imagen del Mito, Atalanta, Girona, España, 1997
    Frankfort, Henry, Wilson J. A. y Jacobsen, T. El Pensamiento Pre filosófico, Egipto y Mesopotamia. Fondo de Cultura Económica, Colección Breviarios. 1954
    Frazer, James George La Rama Dorada, Magia y religión. Fondo de Cultura Económica. México, 2011

  • Akhenatón: El Faraón Hereje

    Akhenatón: El Faraón Hereje

    ¿El Primer Monoteísmo de la Historia?

    Un Reformador Religioso

    Akhenatón, el faraón que decidió romper con la tradición religiosa politeísta típica de la religión egipcia, introduciendo una nueva religión monoteísta, no eligió para ello al dios-sol Amón-Ra, sino a una manifestación de éste, el disco solar Atón. La exaltación de esta divinidad un tanto especial, las reformas que la acompañan y la energía y vigor que el propio faraón le imprimió a su reforma religiosa, hacen de Akhenatón una de las figuras más apasionantes de la historia del Antiguo Egipto.

    El reinado de Amenhotep IV o Akhenatón constituye uno de los episodios más problemáticos y ciertamente uno de los más atractivos no sólo del Imperio Nuevo, sino de la historia de Egipto en general. Dependiendo de la óptica desde la cual se ha analizado la reforma religiosa introducida por este faraón, su figura ha sido considerada de diversas maneras: el primer monoteísta de la historia, el faraón hereje, un revolucionario y pacifista, o un verdadero estratega que intentó fortalecer y recuperar la función que la realeza había tenido en épocas de mayor esplendor.
    Su reinado datado entre 1377-1358 a.C es denominado como el período de Amarna, debido al nombre árabe actual del lugar elegido por el faraón para fundar su nueva capital: Akhetatón, esto es, el Horizonte de Atón.

    Neferjeperura Amenhotep IV llegó al trono con el mismo nombre de nacimiento de su padre, Amenhotep III, que en antiguo egipcio significa Amón está satisfecho o Amón está en paz. Su Gran Esposa Real, Nefertiti, quien ha pasado a la historia por ser la dueña de una gran belleza física y por poseer grandes dotes como gobernante.

    Para adentrarse en este período controvertido, es imprescindible mirar el pacífico reinado Amenhotep III, uno de los períodos de oro del Imperio Nuevo. Gobernó por alrededor de treinta ocho años, a los treinta años trasladó su residencia de Menfis a Tebas, en momentos en que algunos principios de la religión adquirían una renovada importancia. Uno de ellos fue el creciente énfasis en la universalidad del dios sol Amón-Ra y particularmente su conexión con la ideología de la realeza que hacia que el faraón fuera considerado el Hijo de Ra.

    Ya desde el Imperio Antiguo, la religión egipcia se había ido centrando en la figura del sol como base, y los himnos a los dioses solares y a su beneficiosa actividad se multiplicaban. Así en la dinastía XII Amón se transformará en Amón-Ra, y se pondrá al frente del panteón egipcio. Luego, y a causa del dominio de los invasores hicsos, Amón-Ra se convertirá en dios nacional, y en la lucha por la independencia será la divinidad liberadora. A la llegada la XVIII dinastía, y debido a la ampliación del territorio egipcio a expensas de Asia, pasó a ser la deidad conquistadora. Todo un proceso que lo convirtió en el dios universal, supremo y de primacía indiscutida.

    Cabe suponer que siendo todavía príncipe heredero, Amenhotep IV vio el interés de su padre de afirmar su propio carácter divino, que participó en las discusiones relacionadas con el culto dinástico del rey y de su dios Sol, y que maquinó desde muy temprano la que sería su gran reforma religiosa, sustituir al dios Amón por el disco solar, Atón.

    Por otra parte, tanto económica como social y militarmente, Egipto conoció uno de sus períodos de mayor gloria bajo esta dinastía XVIII. El espectacular crecimiento económico y la importancia de las instituciones religiosas, particularmente el templo de Amón en Tebas, hizo que los sacerdotes consolidaran y ostentaran gran poder. El que junto a sus riquezas llegó a ser asfixiante, el clero recibía una parte de los tesoros capturados a los enemigos en las campañas de expansión territorial y de los cautivos ganados al adversario, además de las donaciones de tierras debidas a la piedad de los príncipes y altos dignatarios.

    En este escenario y a la muerte de su padre, el joven Amenhotep IV es coronado faraón. Durante los primeros años de su reinado su actitud se ajustó a las normas de sus predecesores residiendo en la ciudad de Tebas. Sin embargo, a poco andar dio inicio a su reforma. Disolvió el culto de Amón en la gigantesca ciudad-templo de Karnak, prohibió al Sumo Sacerdote de Amón administrar sus bienes, ordenó borrar sistemáticamente el nombre de Amón por todo el país y mandó a construir en la parte Este de la ciudad grandes instalaciones consagradas al culto de su nuevo dios Sol: Atón.

    Pero eso no bastó, y al aparecer como la atmósfera que se vivía Tebas no terminaba por satisfacer al soberano, ya que el enorme peso de la tradición del culto a Amón impedía que su reforma religiosa resultara satisfactoria, en el quinto año de su reinado, Akhenatón y toda la corte fijaron su residencia en su nueva capital Akhetatón.

    A primera vista la elección del lugar en el que se construye esta nueva capital genera ciertas interrogantes, se trata de un lugar extraño, en la parte oriental del Nilo, en medio de la llanura de la actual Tell el-Amarna. Al parecer, se abstuvo de fundar su metrópoli sobre un territorio perteneciente ya a alguna otra divinidad. Akhenatón buscaba un lugar virgen, no tocado por la acción humana y libre a sí mismo de la presencia de otras divinidades, un lugar puro en el que su dios solar demiurgo dio comienzo a la creación.

    Akhetatón se construyó rápidamente. La arquitectura de sus instalaciones diferirá de la usada en los templos consagrados a los demás dioses. No existían edificios cerrados con la imagen sagrada del dios, sino patios abiertos con altares como lugares de culto. En uno de estos patios y en el centro de la ciudad se elevaba el elemento esencial de la nueva religión, un gran altar al que se subía por escaleras y en el que se celebraba el culto, sin estatuas, sin misterios, sólo frente a la luz del sol.

    Y será el propio faraón quien ejercerá personalmente el cargo de intermediario en el culto. Ese es el momento, el faraón decide cambiar su nombre por el de Akhenatón, el servidor de Atón.

    La nueva divinidad se manifestaba en el Sol, y en los rayos que de él emanan. Atón no será representado, por tanto, con figuras humanas, ni animales, como los demás dioses, sino como un disco solar cuyos rayos terminan en forma de manos humanas que parecen acariciar al faraón y su familia. Su carácter será el de ser creador del mundo y responsable del orden y la vida.

    El faraón convertido ahora en Akhenatón había logrado dar vida a su nueva religión, centrada en el culto al disco solar Atón, como representación última de la divinidad solar, de la que se resalta fundamentalmente su carácter de creador y regenerador de la vida, como el mismo lo expresa en su Himno a Atón.

    Pero, ¿por qué?, ¿cuáles son las razones que llevaron a Akhenatón a realizar esta reforma?. Se trata de una conversión de fe, acción religiosa que convertiría el culto a Atón en el primer monoteísmo de la historia, y al Faraón, en hereje al haber negado el reconocimiento a todos los dioses excepto a uno, e intentar convertir a todos los que pensaban de una manera distinta. O se trata de un hábil político que trató de suprimir la molestia que suponía para la autoridad faraónica, el clero y el culto a Amón, y lograr con ello dotar al faraón del poder que había ido perdiendo.

    Al parecer el culto a lo solar no es algo nuevo, sino más bien, una tendencia general que ya venía desarrollándose desde los inicios del Imperio Nuevo. Por ello, cabe postular, que el culto de Atón fue la culminación de un proceso que llevaba ya algún tiempo verificándose desde comienzos de la dinastía XVIII.

    El dios del sol Ra, había asumido de hecho rasgos de otras divinidades, de suerte que se había producido una especie de monoteísmo sincrético, en el que los demás dioses eran considerados encarnaciones de Ra. En muchos aspectos Ra se hallaba estrechamente vinculado con el faraón y la monarquía. Así, el protagonismo concedido a Ra constituía en realidad un modo de subrayar la naturaleza omnipotente y divina del faraón. El disco solar surgió, por tanto, dentro de este proceso, como un aspecto distinto y cada vez más importante de la divinidad solar, que venía a poner de relieve su relación con el soberano, llegando a su cúlmine con Akhenatón como encarnación en la tierra del único rey celestial Atón.

    Lo que si es original en la nueva religión es la representación solar que Akhenatón elige, dejando de lado las representaciones animales o humanas tan típicas de las divinidades egipcias. La imagen no antropomórfica de Atón permitía representar al dios simplemente como un disco suspendido sobre la cabeza del faraón, del que salen rayos que terminan en manos que sujetan el símbolo de vida egipcio, el ankh.

    También es nuevo el carácter exclusivo de la nueva divinidad, no sólo Amón será rechazado, sino que todos los demás incluido Osiris el dios de los muertos, quien será sorprendentemente silenciado en este período. La elección de Atón como único dios será incompatible con el panteón tradicional, ya que la religión egipcia no era exclusivista, por el contrario, reconocía a un número ilimitado de dioses y no poseía ni un libro sagrado ni un dogma central.

    Lo que es cierto es que el faraón escoge para adorar al sol, creador por excelencia, un sólo aspecto, el disco solar. El resultado de esta elección tendrá un tono universal que presenta apariencias de monoteísmo. Se trata de una transformación de Amón en Atón. Hay autores que han afirmado que el cambio en sí no tiene nada de revolucionario, y que está lejos de ser una religión revelada. Se trata más bien de la cristalización de la tendencia heliopolitana que se define como la “solarización” de los principales dioses”, tal como había sucedido con Amón mediante la forma de Amón Ra.

    Se trató también de un modo de incrementar el estatus divino de la monarquía a través de una justificación religiosa. La reforma religiosa tenía en el fondo razones políticas ya que nunca se había afirmado de forma tan rotunda el dogma de la divinidad del faraón. Como ya no existía la obligación de acudir a un clero especializado, único con capacidad para servir de intermediario entre los hombres y un dios impenetrable. El faraón se transformó en ese intermediario privilegiado y único con la divinidad, logrando a través de su figura la percepción de lo divino, de Atón, en oposición al dios oculto, Amón.

    La importancia del faraón adquiere límites insospechados. Los textos oficiales parecen otorgar a Atón y a su Akhenatón el mismo rango, por ello se rodeaba el nombre de Atón con el cartucho de los reyes y se colocaba a continuación el epíteto real dotado de vida eternamente. Akhenatón, por su parte, se dejaba adorar como si fuera dios, sus nombres se encontraban al lado y ocupaban el mismo rango que los de Atón, como si el faraón participara plenamente de la dignidad de su padre divino.

    Akhenatón murió sin designar un sucesor. Poco tiempo después de su muerte, sus reformas se abolieron. Amón fue rehabilitado y vuelto a entronizar en sus templos, la capital se trasladó nuevamente a Menfis, quedando Akhetatón abandonada.
    La existencia de un único dios había sido implantada por una orden del rey. Y probablemente, por ello la población no siguió al monarca en sus ideas, por lo que al poco tiempo se desplomó por sí mismo el intento de implantar en Egipto un monoteísmo.

    Al parecer el pueblo apenas tuvo ocasión de apreciar el nuevo culto, el que prácticamente se encontraba restringido en torno a la figura del faraón. El pueblo continuo viviendo conforme a las bases religiosas tradicionales sobre todo en el culto a Osiris y el mundo de los muertos. El culto a Atón proclamaba admirablemente su amor a la vida y la belleza del universo, pero permanencia totalmente mudo frente al problema esencial de cualquier religión, el destino del alma después de la muerte.

    El culto a Atón llevó al límite la tolerancia del sentimiento religioso egipcio. Su sucesor, Tutankatón, “imagen viviente de Atón”, luego de restaurar el culto a Amón cambia su nombre por el de Tutankamón,“imagen viva de Amón”.
    El nombre del faraón Akhenatón será anatematizado, la ciudad y sus templos arrasados. Tan completa fue la venganza que son pocos los testimonios que han llegado hasta nosotros para reconstruir los acontecimientos y evaluar la personalidad y razones que guiaron al faraón Akhenatón.

    El Himno a Atón, atribuido al propio Akhenatón:

    Apareces resplandeciente en el horizonte del cielo,
    Oh Atón vivo, creador de la vida!
    Cuando amaneces en el horizonte oriental,
    Llenas todas las regiones con tu perfección.
    Eres hermoso, grande y brillante.
    Te elevas por encima de todas las tierras.
    Tus rayos abarcan las regiones
    Hasta el límite de cuanto has creado.
    Siendo Ra alcanzas sus límites,
    y los dominas para este hijo bienamado por ti (Akhenatón).
    (…) El que alimenta al hijo en el seno de su madre,
    el que lo tranquiliza para calmar su llanto.
    Nodriza en el seno,
    Dador del aliento
    Con que alimenta a todas sus criaturas (…)
    ¡Cuántas son tus obras,
    aunque estén ocultas a la vista,
    oh dios único aparte del cual no existe ninguno!