Categoría: Religión

  • La Virgen del Carmen en la Génesis de la Nación

    La Virgen del Carmen en la Génesis de la Nación

    El desastre de Rancagua marcó el término de la Patria Vieja y significó la restauración del régimen realista. Para los patriotas fue el fin de una etapa pero no de sus sueños de libertad y autonomía. Muchos emprendieron el éxodo a Mendoza desde donde retomaron la bandera de la Independencia chilena y americana.

    O’Higgins, acompañado de su madre y hermana, inició la travesía de los Andes en dirección a Mendoza el 3 de octubre de 1814 donde fue recibido por el gobernador de Cuyo, José de San Martín. El general chileno permaneció en esta ciudad un par de meses y a principios de diciembre se dirigió a Buenos Aires, donde vivió hasta los primeros días de febrero de 1816, fecha en que retornó a Cuyo para comenzar la preparación del Ejército Libertador.

    Durante el tiempo de preparación del Ejército en Mendoza, San Martín pudo observar que gran parte de los soldados y oficiales portaban el escapulario del Carmen y tenían la costumbre de rezar el rosario al atardecer. Al acercarse el momento de iniciar el cruce del macizo andino, San Martín, al mando de aproximadamente 5.000 hombres y con el destino de dos naciones en sus manos, quiso poner al ejército bajo la protección de la Virgen en alguna de sus advocaciones. Conocía San Martín el ejemplo del general Belgrano quien se había encomendado a la Virgen de la Merced en Tucumán y que ya en 1814 le había aconsejado, “no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre Nuestra Generala y no olvide los escapularios a la tropa”. Al mismo tiempo, poco antes del cruce de los Andes, Pueyrredón le recomendaba, “ojalá sea usted oído por nuestra Madre y Señora de las Mercedes”. 

    La costumbre de nombrar patronas celestiales encuentra algunos antecedentes en América del Sur. En 1783 el presidente de Quito, José García de León y Pizarro, obsequió a Nuestra Señora del Guápulo un bastón de marfil en acción de gracias por preservar la paz. También dispuso se pusiera un cuadro alusivo al hecho en el cual aparece él de rodillas ofreciendo a la Virgen del Guápulo el bastón presidencial. Otra ocasión se produjo en 1811 cuando el virrey Abascal, en una solemne misa que se celebró en el Templo de Santo Domingo de Lima, con motivo de la instalación del regimiento de la Concordia, depositó un bastón de oro en las manos de la imagen de la Virgen del Rosario, al mismo tiempo que colocó en su altar todas las banderas ganadas al enemigo.

    No obstante las sugerencias de sus superiores, San Martín no nombró como Patrona del Ejército Libertador a la Virgen de La Merced. Había observado que la devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en la provincia de Cuyo y que además numerosos oficiales chilenos eran miembros de la Cofradía del Carmen de Concepción, figurando entre estos los hermanos Francisco y Manuel Bulnes, Luis de la Cruz, Joaquín Prieto y Ramón Freire. 

    En clara muestra de su sentido práctico y para evitar disputas sobre este punto, tomó la decisión de llamar a una junta compuesta por los oficiales de mayor graduación a quienes les pidió que eligieran una advocación mariana bajo la cual se encomendaría el Ejército de los Andes. Los oficiales después de reunirse y votar, le comunicaron a San Martín que la triunfadora había sido la Virgen del Carmen. 

    El 5 de enero de 1817, en vísperas de iniciar el memorable cruce de los Andes, las máximas autoridades del ejército y de la ciudad de Mendoza, se reunieron con la finalidad de jurar a la Patrona del Ejército y a la nueva bandera nacional argentina, que había sido reconocida como tal por el Congreso de Tucumán. 

    Los actos se iniciaron a las diez de la mañana en la iglesia de San Francisco, justo en el momento en que los ocho templos de Mendoza comenzaron el repique de sus campanas. Al unísono, el Ejército inició su marcha por La Cañada en dirección al lugar donde se desarrollaría la ceremonia oficial. Los días previos las autoridades habían llamado a los mendocinos a adornar sus casas y volcarse a las calles para despedir a los hombres que pronto emprenderían el cruce de la cordillera. Se culminaba de esta forma el proceso de preparación y se iniciaba el que llevaría a la obtención de la libertad de Chile.

    El desfile militar detuvo su camino por primera vez frente al templo de San Francisco para esperar que saliera de él la Patrona Electa, la Virgen del Carmen, y después, continuó su marcha en dirección a la iglesia Matriz para bendecir el bastón de mando de San Martín y la bandera. Después de una misa solemne, las autoridades, el público y las tropas se dirigieron a un altar emplazado en el exterior de la iglesia, donde estaba instalada la imagen de la Virgen del Carmen. Según relato de Bartolomé Mitre, “San Martín puso su bastón en la mano derecha de la imagen, como Belgrano lo había hecho en vísperas de la Batalla de Salta con la Virgen de las Mercedes… y tomando la bandera subió con ella a la plataforma levantada en la plaza. Todos los cuerpos presentaron armas: los tambores batieron marcha de honor, y siguió un religioso silencio. ‘Soldados -señaló San Martín- esta es la primera bandera independiente que se bendice en América’. La batió por tres veces mientras el pueblo y las tropas lanzaban un estruendoso ¡Viva la Patria! Después de una triple descarga de fusilería, a la cual siguió una salva de 25 cañonazos, San Martín escoltó la imagen de la Virgen hasta su iglesia”. Una de esas banderas, serviría décadas después para amortajar los restos del prócer cuando estos fueron repatriados desde Francia a Argentina.

    La imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo que presidió esa histórica ceremonia se conserva hasta nuestros días en el altar mayor de la Iglesia de San Francisco en Mendoza. Su veneración data de comienzos del siglo XVIII, cuando Pedro de Núñez, hombre de gran fortuna y devoción, la hizo llevar desde Chile para donarla al templo de los jesuitas donde funcionó desde 1705 la primera Cofradía del Carmen de la ciudad. Con posterioridad a la expulsión de los jesuitas en 1767, la cofradía y la imagen se trasladaron a su actual ubicación.

    La Virgen del Carmen, un símbolo para la nueva república

    Los sucesos políticos ocurridos a partir de 1810 alteraron la normal comunicación entre las distintas órdenes religiosas al modificar las relaciones entre peninsulares y criollos. En esos años, la devoción por la Virgen María ocupaba un primerísimo lugar en la fe de los habitantes del Reino. Un interesante estudio del padre Gabriel Guarda señala que la mayoría de los templos en esos años tenía por titular alguna advocación mariana, siendo las más populares la Virgen del Rosario, la de la Merced, la de la Inmaculada Concepción y Nuestra Señora del Carmen. Durante el periodo de la Independencia las preferencias de los realistas se inclinaron hacia la Virgen del Rosario o de la Merced mientras la Virgen del Carmen fue quien acaparó el fervor de los patriotas.

    El ascenso oficial de la Virgen del Carmen al primer lugar del culto mariano se inició con posterioridad a la batalla de Chacabuco (1817) de la mano de O’Higgins. El prócer, al igual que en el caso de San Martín, no registra antecedentes previos a la Independencia que atestigüen su especial devoción por ella. De hecho, la única pertenencia oficial que se le conoce es a la Hermandad de la Virgen de los Dolores, fundada por un grupo de criollos desterrado en la isla de Juan Fernández durante la reconquista y a la cual O’Higgins se integró cuando estos fueron liberados. Sin embargo, el fervor que la Virgen del Carmen despertaba en sus hombres lo llevó a transformarla en la protectora de la incipiente república. El 11 de febrero de 1817, pocas horas antes del enfrentamiento con los realistas en Chacabuco, O’Higgins, en un primer acto de autonomía respecto a los argentinos, reiteró el juramento realizado a la Virgen del Carmen en Mendoza pero proclamándola ahora Patrona y Generalísima de las Armas de Chile.

    A partir de entonces la Virgen del Carmen estuvo presente en casi todos los actos de la naciente república que él encabezó, uniéndose la devoción religiosa con el sentimiento patriótico.

    Con posterioridad a Chacabuco, la primera ceremonia oficial de celebración del Ejército de los Andes se realizó cuando éste hacía su ingreso a Santiago por la calle de la Cañadilla, que era en esa época el acceso norte de la capital. Las tropas se detuvieron frente a la iglesia de la Estampa Volada de Nuestra Señora del Carmen, realizándose un primer acto en honor a la Patrona del Ejército. En ese entonces, sólo habían siete parroquias en Santiago: El Sagrario, San Isidro, San Lázaro, Santa Ana, San Pablo, la Estampa y Ñuñoa. Cabe señalar que solo estas dos últimas estaban bajo una advocación mariana y ambas veneraban a la Virgen del Carmen. 

    Para la primera celebración de la fiesta del Carmen del Chile independiente, el gobierno dispuso la realización de una serie de actos oficiales. La noche del 15 de julio hizo su estreno la bandera “de transición”, la cual fue conducida altar de la Virgen del Carmen de la iglesia de San Francisco para pasar la noche a los pies de su imagen, escoltada por soldados del Ejército de los Andes. Al amanecer del día siguiente, se dispararon 15 cañonazos en honor del nuevo emblema patrio ante la presencia de tropas chilenas y argentinas. Después de la misa fueron condecorados, en medio de la algarabía popular, los héroes de Chacabuco. 

    En los meses siguientes coexistieron la bandera de la Patria Vieja, la de transición de 1817 y la argentina, que presidió al Ejército de los Andes. El 18 de octubre de 1817 fue sustituida la bandera de transición por el actual emblema patrio. Este, hizo su primera aparición pública en la iglesia de San Agustín de Concepción el 12 de noviembre de ese año, en la misma fecha que se realizaba en esta ciudad la procesión de la Virgen del Carmen.  

    La nueva bandera había sido confeccionada en Concepción por las hermanas Pineda, quienes hicieron presente a las autoridades que no cobrarían por su trabajo en obsequio de la Patrona del Ejército y pusieron una estrella en la bandera tricolor, porque en las letanías a la Virgen se le invoca como “Stella Matutina” (estrella de la Mañana). Esa estrella representó por tanto a la Virgen del Carmen.

    La promesa de O’Higgins

    Desde principios de marzo de 1818 se vivía en el país gran expectación. La suerte de Chile estaba en juego con la llegada de la expedición de Mariano Osorio, lo que había provocado gran desazón.

    La mañana del 14 de marzo Santiago amaneció con sus tiendas cerradas. Se estimaba, con acierto, que pronto se libraría la gran batalla que sellaría el destino de la independencia. Es en este contexto que las autoridades, encabezadas por Luis de la Cruz y el Obispo José Ignacio Cienfuegos, convocaron a los capitalinos a una misa en la Catedral para invocar la protección de la Virgen del Carmen. Fue en esta ocasión cuando todos los presentes en el templo ofrecieron erigir en el lugar en que se obtuviese la victoria definitiva, una iglesia en honor a la Patrona Jurada del Ejército. O’Higgins se encontraba en el sur combatiendo a los realistas, pero al llegar a la capital hizo suyo el voto del pueblo de Santiago. La Gaceta Ministerial en los días siguientes dejó constancia de dicha promesa al señalar, “en el mismo sitio donde se dé la batalla y se obtenga la victoria, se levantará un Santuario a la Virgen del Carmen, Patrona y Generala de los Ejércitos de Chile, y los cimientos serán colocados en el mismo lugar de su misericordia, que será el de su gloria”. 

    Al ponerse el sol se dispararon salvas de artillería en la Plaza de Armas y ese mismo día en homenaje a la Virgen del Carmen se perdonó la vida de unos condenados a muerte. 

    El triunfo patriota en los llanos de Maipú fue el día más glorioso de la historia patria. Con posterioridad a esta victoria, el cumplimiento de la promesa realizada a la Virgen en la Catedral por el pueblo de Santiago se convirtió en un imperativo para el gobierno. 

    El 7 de mayo de 1818 O’Higgins dispuso, “no debe tardarse un momento el cumplimiento de esta sagrada promesa” y procedió a designar como superintendentes de la construcción del futuro templo a Juan Agustín Alcalde y a Agustín de Eyzaguirre, para que estos presentasen a la brevedad un plano y correspondiente presupuesto de las obras. También les encargó proponer la forma en que se debían financiar y organizar los trabajos recurriendo para esto a las corporaciones y vecinos.

    El deseo de agradecer a la Virgen por la victoria obtenida se refleja claramente en algunas disposiciones gubernamentales. El 29 de octubre de 1818 se decretó que una de las fragatas que se construían en Estados Unidos se llamara María del Carmen de Maipú, “en agradecimiento a la singular protección con que ha favorecido a nuestras armas la serenísima Reina de los Ángeles, bajo el título del Carmelo”. Pocos días después, el 15 de noviembre del mismo año, O’Higgins y San Martín encabezaron la larga fila de autoridades y fieles que peregrinaron hasta el lugar de la batalla de Maipú para poner la primera piedra del templo que pensaban construir. Algunos fueron a caballo, en carretas o carruajes, pero gran parte de la muchedumbre hizo el camino a pie. Tres días después, se abrió una suscripción particular para la construcción del templo, y algún tiempo después se iniciaron las obras las que poco después serían interrumpidas. El mismo 1818 se estableció que la procesión del Carmen sería realizada cada año el tercer domingo de octubre, para conmemorar así la fecha en que Bernardo O’Higgins peregrinó a Maipú. 

    Cuando se produjo en 1819, la reapertura del Instituto Nacional, el recuerdo de la promesa a la Virgen del Carmen estaba muy presente y por eso las autoridades decidieron que la ceremonia de inauguración debía hacerse el 16 de julio, a fin que la iniciativa educacional prosperara bajo sus auspicios de la Virgen del Carmen.

    Durante el gobierno de O’Higgins la energía de los hombres de Estado fue consumida, entre otras obras, por la organización de la expedición libertadora del Perú,  el desarrollo de las incipientes fuerzas militares chilenas, el establecimiento de nuevas instituciones y la realización de numerosas e importantes obras públicas. La promesa del prócer de levantar un templo en honor a la Virgen del Carmen fue paulatinamente postergada. No lo sabía O’Higgins en ese entonces, pero el cumplimiento de su promesa sólo se concretaría 156 años más tarde.

    En la década de 1870, cuando Benjamín Vicuña Mackenna escribía “La batalla de Maipú”, visitó el sitio histórico de la célebre batalla y pudo observar el abandono en que se encontraba el Templo de O’Higgins. Escribió en su libro refiriéndose a los miles de muertos que yacían en este lugar, “cuando la barreta del explorador de estos osarios (refiriéndose a él mismo) cavaba en la tierra con su propio brazo, venía a la superficie el polvo calcinado de los que murieron por un rey que no conocían y por una patria que les ha olvidado”. Implacable con los chilenos, señalaba, “otros pueblos habrían guardado y venerado esas cenizas sagradas, y concluido con premura las obras destinadas a su recuerdo… pero los chilenos son más prácticos que todo eso: sobre las faldas santas de Maipo han sembrado alfalfa, y de la iglesia votiva e inconclusa, si alguna vez le ponen cobertor de teja o de paja, harán los hacendados limítrofes un espacioso granero… Nosotros… solo querríamos que sobre los muros inconclusos del templo de Maipo una mano humilde escribiese esta leyenda de amargo reproche, pero de eterna y reparadora justicia, que algo siquiera enseñaría a nuestro orgullo: ‘Aquí, envuelto en su sudario de gloria, yace el patriotismo chileno’”.     

  • Santo Grial

    Santo Grial

    Cuando pensamos en el Santo Grial nos imaginamos la copa que Crsito usó en la última Cena que por una razón misteriosa parece haber llegado a Inglaterra , ya que son los caballeros del rey Arturo quienes salen en su búsqueda.

    ¿Pero, pudo la copa que Cristo usó en la última Cena llegar a Inglaterra? Frente a esta pregunta pareciera ser que son muy pocas las posibilidades y por tanto la idea de “Leyenda” ficción crece en nuestra mente. La verdad es que la historia es una invención literaria, como la mayoría de los ciclos legendarios medievales que se basa en fuentes de origen paganas y que no es meas que el proceso de cristianización el que termina por convertir un elemento pagano ancestral en una reliquia cristianísima de incalculable valor, como es el Santo Grial.

    Sabemos que el Rey Arturo tiene una base histórica en un personaje que existió en el siglo VI y que no fue más que un líder briton, celta que se enfrentó a los Sajones y que logró ponerlos a raya por una generación. ¿Pero tiene la historia del grial una idea historia inicial también? La verdad es que la respuesta es un tanto confusa. Si, hay elementos del pasado Celta que pueden relacionarse con la idea del grial, pero ninguno es el Santo Grial. Es Chretien de Troyes en el silo XII el primer autor en mencionar literariamente al Grial. De hecho en su Perceval, o Cuento del Grial, él  habla de Un grial, lo que supone que se trata de un elemento común. Un elemento del cual hay otros de su especie. Chretien es quien marca la base de las historia que se repetirá en los relatos posteriores. El nos cuenta la historia de Perceval quien es un joven galés quien ha sido criado por su madre en el bosque ignorante de las armas. No nos podemos olvidar que el autor escribe en pleno siglo XII, momento en el cual la Institución de la Caballería está en pleno auge. Por tanto el explicar que un joven ha sido criado ignorante de las armas se refiere a un joven asistémico en términos actuales. Su madre, quien había perdido ya a su marido y otros hijos a causa de las armas, tomó a éste su hijo menor alejándolo de la corte y manteniéndolo oculto del peligro que estas pudiesen implicar. Un día mientras el joven cazaba en el bosque con un venablo, se encuentra con tres caballeros del Rey Arturo, quienes resplandecen a causa de sus armaduras. Perceval asombrado se arrodilla y comienza  a razar pensando que se trata de ángeles. (El autor es un autor cristiano y hace hincapié en que su madre le había explicado muy bien a Perceval acerca de Dios y de los ángeles).Los caballeros del Rey Arturo sorprendidos de la ignorancia del joven, le explican que ellos no son ángeles sino caballeros y le explican acerca de la vida de corte y de armas. Perceval encandilado e irracional al volver a su casa decide dejar todo y marchar camino a la corte del Rey Arturo para ser ordenado caballero. Su madre lo intenta convencer que no se vaya, pero él no está dispuesto a escuchar razones. Entonces ella decide mal aconsejarlo para que así le vaya mal en su viaje y deba volver a casa. Llena de tristeza lo despide y al verlo partir cae desmayada junto al umbral de la puerta de la casa. Perceval la ve caer pero no regresa. 

    Es así como comenzará  a vivir a una seria de aventuras bastante desafortunadas a causa de su ignorancia. El autor nos exagera este punto. La ignorancia es causa de muchos males. Finalmente llega  ala corte del rey Arturo y sin tener ningún cuidado irrumpe en la corte exigiendo ser armado caballero. Perceval representa el anticaballero. No tiene formación en armas ni cordialidad en el comportamiento es literalmente un “ bruto”. El Senescal del rey Arturo, Sir Key se ríe de esta situación y le recomienda que si quiere ser caballero de la corte que vaya y enfrente a un caballero rojo que ha estado asediando a la corte y que de hecho nadie ha podido vencer. Es decir, lo manda a morir. Sin embargo en su tosquedad e ignorancia se enfrenta al caballero con su venablo, arma considerada poco noble y logra vencerlo dándole muerte. Entonces toma las armaduras del caballero rojo y se las pone y está totalmente convencido que él ahora es un caballero del rey Arturo. Chretien de Troyes nos deja claro que un caballero no es su destreza ni sus armaduras y que Perceval es aún un “ diamante en bruto”. No se ha formado, no pertenece a la Institución de la caballería. Es así como sigue su camino y llega  la casa de un buen hombre, Gornemant de Goort, quien lo recibe y comienza  atrabajar en el proceso educativo y de crecimiento de nuestro personaje. Hará de él un caballero. Sin embargo cuando aún su formación no ha culminado Perceval decide partir y en su camino se enfrentará  a varias aventuras entre la que destaca el salvar a una doncella dueña de un castillo del asedio de un mal caballero. Saldrá victorioso y se quedará en Belrrepierre junto a Blancheflor un tiempo. Se enamoran, sin embargo el diente algo extraño en su corazón, recuerda a su madre caída y decide ir a ver que sucedió cuando se fue. Es así como deja a su amada jurando volver. En el camino de pronto se encuentra con un pescador, quien lo invita a pasar la noche en su castillo. Perceval quien había recibido educación apropiada de Gornemant de Goort sabía que no debía hablar más de la cuenta, entre otras cosas. Llegan al castillo del señor pescador y ve que el rey del castillo está postrado y herido. Durante la comida, de pronto, aparece una cortejo con candelabros, un joven lleva una lanza de cuya punta emana sangre y luego una doncella porta un Grial. Perceval quiere preguntar ¿ Por qué sangra la lanza y a quién sirve el Grial? Pero el recuerdo de su maestro indicándole no preguntar más allá le reprime y no pregunta. Así termina la comida y Perceval se retira a dormir a su habitación y al día siguiente amanece en medio del bosque, todo ha desaparecido. Desconcertado y confundido camina errante por el bosque cuando se encuentra con una mujer quien dice ser su prima, quien le revela el error cometido. El era el caballero elegido para formular las preguntas que él se reprimió y con eso habría restablecido el orden perdido. Se habría curado el rey y por lo mismo la tierra habría vuelto a estar fértil. Perceval jura no volver a descansar hasta volver a encontrar el Castillo del Grial y lograr cumplir con su tarea de restablecer el orden perdido. Comienzan así unas serie de aventuras en que el personaje comienza su perfección moral y espera encontrarse nuevamente en el castillo del grial y lograr saber qué sucedió con su madre al partir. 

    Lamentablemente nuestro autor, Chretien de Troyes muere dejando la obra inconclusa justo cuando Perceval debía volver a Belrrepierre y reparar una espada rota ( típica prueba de perfección). Pero esta historia, que será la base para las historias posteriores no habla de ninguna reliquia cristiana y el Grial parece ser algo muy distinto, algo que por la naturaleza de las preguntas que quiere hacer Perceval alimenta físicamente a quien sirve. Chretien explica que el escribe esta obra bajo el patronazgo de Felipe de Flandes, quien habría sido quien le entregó la historia para poder revindicar los errores de su propia vida. Felipe era primo de Balduino IV el rey leproso del Jerusalén, quien en los momentos de agonía de su reino pidió ayuda a su primo Felipe, quien se negó. Tras esta negativa y tras la muerte de Balduino el reino cristiano de Jerusalén se perdió cayendo en manos de los musulmanes tras la fatídica batalla de Hattin. Felipe de Flandes quiere representarse en la figura de Perceval quien abandonó a su madre y desea reparar ese error. Felipe se enrola en la segunda cruzada para intentar recuperar el reino perdido y finalmente muere en San Juan de Acre. Lamentablemente nuestro autor muere antes de terminar su texto.

    Esta historia base será tomada por otros autores. Entre estos destaca Robert de Boron.  Este autor escribe también bajo el patronazgo de una caballero cruzado y lleva la historia  atrás en el tiempo, a la época de Jesús. Este autor escribe tres textos, “ José de Arimatea”, “ Merlín” y “ Didot-Perceval”. En el José de Arimatea cuenta como éste  tomó el cuerpo sin vida de Cristo, lo limpió y recogió su Santa Sangre en el recipiente que Jesús había usado en la última Cena, en el Grial. Por lo que éste tiene dos acepciones la copa que Cristo usó en la última Cena y el recipiente que recogió la Santa Sangre – Sang Real.  Tras dar sepultura  a Jesús , José es tomado prisionero y castigado por los romanos a inanición. Cuenta aquí la historia que el propio Cristo se le habría aparecido a José en prisión y le habría hecho entrega del Grial y confiado sus secretos. Es así como a pesar de no ser alimentado por sus carceleros, José vivirá del Grial, el cual le proporciona alimento y sustento. Fiablemente es liberado y deja Palestina para unirse a un grupo de seguidores entre los que está el marido de su hermana, Bron quien será el líder de José.  Cuenta el autor también que este grupo constituye una mesa para recordar la mesa de la última Cena y crean el linaje de los guardianes del Grial y de sus secretos y se van hacia la Isla Blanca.  Luego en los otros textos cuenta como Merlín crea la tercera mesa, la mesa redonda y cómo se establece el reino de Arturo. Finalmente el Didot- Perceval cuenta la historia de este joven galés quien ha sido criado por su madre en el bosque ajeno a la caballería y la historia sigue la línea de la narración de Chretien de Troyes. 

    De José de Arimatea sabemos por los cuatro evangelios canónicos. Se habla de él como un seguidor de Cristo quien habría prestado un sepulcro nuevo para la sepultura de Cristo. Sólo el Evangelio de Juan da un poco más de información contando que éste también habría usado aceites para embalsamar y preparar el cuerpo antes de darle sepultura. La historia inventada por Boron se basa en un Evangelio Apócrifo que data del siglo IV conocido como El Evangelio de Nicodemo. Esta historia cuenta que tras la muerte de Jesús sus seguidores fueron perseguidos y que José de Arimatea habría sido hecho prisionero por los romanos. Estando en prisión habría sido condenado a inanición pero en la presión se le habría aparecido el mismo Cristo, quien habría levantado las paredes de la prisión y lo habría liberado. Es así como cuando los romanos van a ver al prisionero, no está y luego lo encuentran sano y salvo en su cada en Arimatea. Pero en ninguna parte se hace mención al Grial. Otro texto, también del siglo IV, Vindicta Salvatoris, habla que José de Arimatea junto a un grupo habrían dejado Palestina para formar una comunidad Cristiana en una tierra lejana. 

    Aparecerán continuaciones de la obra de Chretien de Troyes tomando una de ellas la línea inaugurada por Robert de Boron. Estas ya hablan del Santo Grial como una reliquia cristianísima que ha llegado a Inglaterra y que es buscada por los caballeros de la corte del Rey Arturo.  Cada vez más las obras se van cristianizando dejando de lado los iniciales orígenes paganos.

    El Grial de Chretiene de Troyes es mencionado como algo común, él habla de un grial, no de El Grial. Su imagen evidentemente se basa en algo del pasado anterior celta. El mundo celta tiene una adoración por los calderos. Hay innumerables historias que cuentan acerca de calderos de sabiduría, renacimiento y abundancia. De reales talismanes de poder. Entre las historias del mundo precristiano celta. Llaman la atención algunas que tienen relación con las historias cristianes posteriores relativas al Santo Grial. El Mabinogion es una colección de cuentos galeses recopilada en forma escrita en el siglo en el siglo XIII aunque  sus historias son muy anteriores y sobrevivieron por generaciones como tradición oral.  Entre estas historias llama la atención la de Bran, el Bendito. Bran, cuyo nombre se asemeja mucho al del cuñado de José de Arimatea, Bron, es un gigante que posee un caldero de enormes proporciones que tiene la capacidad de resucitar a los muertos. Esta arma es usada en forma ventajosa en las batallas.  Bran debe partir a una excursión a Irlanda a causa de una afrenta. Su hermana, quien ha contraído matrimonio con el rey de Irlanda es maltratada en forma terrible. Bran va en su ayuda y se enfrenta en guerra abierta contra los irlandeses.  Usa su caldero de renacimiento para tener ventaja numérica en la batalla, pero es herido  en el muslo. Igual que el rey herido del castillo del Grial, Bran es el del muslo traspasado. Los celtas creen que el alma reside en la cabeza, por lo que Bran pida sus seguidores que le corten la cabeza y ésta separada se su cuerpo sigue conduciendo a sus ejércitos. Pide que lo entierren mirando hacia la colina blanca, Inglaterra. Hay muchos paralelismos con las historias posteriores.

    Por otra parte, en este mismo texto, se encuentra la historia de Peredur. Esta cuenta acerca de Peredur, joven galés que vive en el bosque con su madre, ignorante de las armas. Un día ve  a los caballeros del rey Artus y  decide seguirlos dejando atrás a su madre. La historia es absolutamente igual a la del “ Cuento del Grial” de Chretien de Troyes. La única gran diferencia es que cuando Peredur llega al castillo del rico pescador ve un cortejo. Viene una doncella portando una lanza de cuya punta emana sangre y luego una joven con una bandeja de enormes proporciones llana de sngre, sobre la cual hay una cabeza decapitada. Aquí no hay Grial. Peredur, quien ha recibido educación y sabe que es inapropiado preguntar de más no pregunta nada acerca de la lanza, ni de la cabeza. Luego se entera que la cabeza era de su primo y que él debía hacer venganza.

    A pesar de las diferencias en estas historias se ven influencias en tema y elementos que aparecerían después en la leyenda posterior.  La leyenda  con el avance del tiempo producirá nuevas historias cada vez más cristianas. Tras las continuaciones de Chretien de Troyes, vendrán las versiones relacionadas con monasterios, Glastonbury y cistercienses. El esfuerzo ahora será en marcar el camino de perfección en la búsqueda. Se centrará en los caballeros que buscan el Grial como mostrándolos como ejemplos de perfección moral. Es el caballero espiritual perfecto moralmente quien estará capacitado de llegar a la meta. La búsqueda como camino de Cruz será más importante que llegar  a la meta. Es por esto que las historias de aquí en adelante mostrarán los fracasos de los diversos caballeros como consecuencia de su imperfección moral. 

    Sir Gawain, quien es el gran héroe de las historias celtas y quien es uno de los protagonistas del cuento de Grial de Chretien (este cuenta alternadamente la historia de Perceval y la historia de Gawain) será visto como un caballero mundano. El representa los valores paganos celtas, no la perfección cristiana.  

    Por su parte Perceval, quien es una caballero que crece en el proceso de sus aventuras y a quienes los lectores acompañan desde ser un diamante en bruto a ser una joya pulida. Su bondad interior nos anima, sin embargo él llegarea lejos en la búsqueda, pero no alcanzará la meta. Múltiples pruebas muestran que Perceval no es perfecto. Se sienta en el asiento peligros, el cual no se lo traga, pero se quiebra. Une la espada rota pero queda imperfecta. No es el caballero elegido. La razón, su pecado. El abandonó a su madre. La vio caer y no dio vuelta atrás. Luego se enterará que su madre murió a causa de la pena del abandono. 

    Lanzelot será incorporado tardíamente al ciclo artúrico. De hecho será el mismo Chretien de Troyes quien escribe el Caballero de la carreta, quien lo agregue al ciclo.  Es presentado como el caballero perfecto. Cristiano, amable y bravo y diestro en la batalla. Pero las versiones de los monjes posteriores quieren ensalzar otros valores. Enfatizar  lo cristiano y lo espiritual.  Es por esto que le atribuirán una razón, una falta moral que le impida llegar a la meta del Grial. En las versiones iniciales el triangulo amoroso de la corte era  El Rey Arturo, su señora la Reina Ginebra y el sobrino del rey Morded. Pero las versiones tardías cambiaron a este último por la figura de Lanzelot. De esta manera el héroe no es apto para poder encontrar el Santo Grial, tiene un gran pecado, el adulterio y la traición. 

    De este modo cada caballero tendrá sus defectos vistos como pecados que manchan su potencialidad caballerezca por lo que no son dignos de encontrar el Santo Grail. Finalmente en estas versiones creadas en los monasterios se agregará un nuevo personaje, el caballero perfecto. El caballero moral ideal intachable, digno de llegar a una meta que no es de este mundo, el Santo Grial. Se trata de Sin Galahad. El es hijo de Lanzelot, quien engañado  concebirá un hijo con Elaine, la dama del grial. Esta tomará la forma de la Reina Ginebra, con lo cual Lanzelot estará seguro de estar con su amada. De esta unión nacerá un niño heroico como el padre y con la perfección moral de la madre. El joven es presentado a la corte de Camelot en algunas versiones por un grupo de monjas y en otras por el mismo Mago Merlín. Su destino es la perfección. Al entrar al lugar donde está la mesa redonda se sentará en el asiento peligroso el cual permanecerá intacto como prueba de su perfección. Galahad saldrá en la búsqueda del Grial usando reliquias magníficas. Tiene un escudo hecho con la madera de la Cruz  que tiene una cruz roja pintada con la propia sangre de Cristo. Su espada es la que decapitó al propio Juan Bautista. 

    Todos los caballeros saldrán a la búsqueda luego de confesarse, comulgar y hacer votos de castidad. Gawain llegará al Castillo de Grial verá el cortejo y no preguntará. Lanzelot se quederá dormido, lo que muestra su pecado y falta. Finalmente Perceval Galahad y Bors se embarcarán hacia la Isla de Sarrás en busca de la  santa reliquia. Los acompaña la hermana de Perceval, Didraine quien se contagiará de lepra y morirá. Los tres caballeros llegarán  a encontrarse con el Grial. Galahad en su perfección absoluta verá el Grial y se elevará con cuerpo y alma a los cielos. Su sosiego no está en este mundo sino en el otro, trasciende. Perceval verá la reliquia y se le revelará que es del linaje de los custodios del Grial y  se quedará para cuidar de él. Sólo Bors tras ver el Santo Grial volverá  la corte artúrica para contar lo vivido.

    La historia del Santo Grial no es más que una invención literaria que recoge en historias de orígenes anteriores un cambio de mentalidad. En la medida que la sociedad se iba cristianizando era necesario buscar modelos para avanzar a ideales superiores espirituales. La busqueda, la “queste”, es el camino en esta vida de sacrificio y dedicación, un recorrido al  que todos estamos llamados , considerando que la verdadera vida no es de este mundo y que sólo somos seres en un viaje – homo viator..

    Hoy muchos aseguran tener el verdadero grial. El cáliz de Velencia se enorgullece de ser el “ verdadero Grial”, lo mismo la copa Nanteos,  o el cáliz Mariano. La verdad es que es muy poco probable que la copa que Cristo usó en la última Cena y en la cual José de Arimatea puso su sangre haya llegado a Inglaterra. Aun menos probable es poner esta reliquia en la corte del rey Arturo, ya que Arturo jamás fue  rey. No hay una períodos histórico como la era de oro del Rey Arturo y no es meas que una magnífica  invención literaria.

  • Los remedios de la tristeza y del dolor según Santo Tomás de Aquino

    Los remedios de la tristeza y del dolor según Santo Tomás de Aquino

    El dolor es una de las realidades más conflictivas de la experiencia humana ya que desafía nuestro sentido de búsqueda de paz y de felicidad. El hombre tiende naturalmente a la felicidad, pero el dolor y el sufrimiento parecen querer enturbiarla. Muchos consideran, incluso, que esa presencia del dolor hace que la vida carezca de sentido y tratan de erradicarlo de sus vidas, pero con poco éxito. Y es que el dolor es parte constitutiva de la naturaleza humana. Es algo intrínseco a nuestra condición, a nuestra naturaleza de seres cognoscentes finitos, a nuestra naturaleza de seres libres compuestos de cuerpo y alma racional. 

    No se puede excluir el dolor y el sufrimiento de la vida humana, sin suprimir la vida humana misma, puesto que sufrimos por ser lo que somos. C.S Lewis se plantea la posibilidad de un mundo en el que no exista el dolor y afirma: “Esa clase de mundo sería de tal naturaleza que haría imposible los actos injustos, pero, por lo mismo, el libre albedrío quedaría anulado”. 

    En efecto, suprimir el dolor supone suprimir de la vida humana la libertad y, con ella, ciertamente que evitaremos que nos hagan daño, sin embrago, suprimiremos también el amor humano, la donación libre y voluntaria de la propia persona a los demás; suprimir el dolor supone excluir los sufrimientos padecidos voluntariamente con la finalidad de conseguir lo que amamos, aquello con lo que soñamos, como puede ser la obtención de un título, la adquisición de un saber, una saludable constitución corporal, etc. Para todo lo cual se requiere de un sacrificio, de un esfuerzo, de más de un sufrimiento. Y es que en esta vida todo lo que vale la pena exige nuestra cooperación esforzada y muchas veces dolorosa. 

    Pero, qué sucede con aquellos dolores que no hemos querido voluntariamente, aquellos dolores que se presentan a nosotros muchas veces  como carentes de sentido y que nos desgarran en lo más profundo de nuestro ser, como puede ser la pérdida de alguien que amamos, el sufrimiento de un niño inocente, una enfermedad que no tiene su causa en la propia persona, el desprecio injustificado, el desamor, la pérdida de todo lo que uno posee después de años de esfuerzo a causa de una catástrofe natural, etc. Estos dolores son sobre todo aquellos que nos hacen levantar nuestra mirada al cielo e inquirir a ese Dios que es Infinita Bondad con la pregunta ¿por qué? ¿por qué yo? ¿por qué ahora? ¿cuál es el sentido de este dolor? 

    La razón humana no es suficiente para responder completamente a este misterio, es algo que le escapa, que la enmudece, pero que la dispone para recibir una revelación sobrenatural y poder responder auxiliada por la luz de la fe. Sin embargo, aún cuando se encuentre sentido al dolor, desde la razón natural o desde la fe, el dolor no cesa. El dolor sigue ahí punzando, entorpeciendo el caminar como una piedrita en el zapato; sigue ahí, haciendo más lenta nuestra actividad, quitándole la completa perfección que debería tener.  De allí que muchos suelen preguntar por recetas, por técnicas, por remedios, para aliviar el dolor. Por eso, creo que conviene recordar la enseñanza de Santo Tomás de Aquino sobre los modos de aliviar los dolores. 

    Lo primero que señala el Doctor Angélico, siguiendo a Aristóteles, es que toda delectación, todo deleite o placer es un remedio para mitigar la tristeza. Si el placer es especialmente intenso contribuye a alejar el sufrimiento. Y es que el placer es “cierto reposo del apetito en el bien conveniente”, mientras que el dolor supone lo contrario, es decir, la afección del apetito por un mal. No dice que el placer o deleite suprime el dolor sino que en tanto que el apetito se une a un bien conveniente, ese dolor, el mal que afecta al apetito se mitiga. De manera que aquel que sufre encontrará cierto alivio en realizar actividades que le sean placenteras, como el disfrute de una buena película, actividades deportivas, paseos que le distraigan, la práctica de algún hobbie que le sea de especial deleite, etc. 

    Ahora bien, esta enseñanza podría suponer que cualquier placer es lícito y saludable para alejar la tristeza. No obstante, Santo Tomás se encarga en precisar que aun cuando los placeres ilícitos, esto es, los placeres que tienen su causa en un mal moral, verdaderamente alejan y mitigan la tristeza en el presente, la causan en el futuro, “en cuanto los malos se arrepienten de los males de que se alegraron”. Es común ver a muchas personas que sufren, evadirse o refugiarse en placeres intensos, como el alcohol, las drogas, la promiscuidad sexual, etc. Sin embargo, estos mismos, no solo sufren de dolores físicos y malestares consecuencia de los placeres mencionados, sino sobre todo, se contristan por cuanto se han degradado como personas, agravando su sufrimiento. 

    En segundo lugar nos enseña Santo Tomás que el dolor y el sufrimiento se mitigan con el llanto. Tanto las lágrimas como los gemidos alivian naturalmente la tristeza debido a que permite exteriorizar aquella pena contenida que está causando el dolor. Todo lo nocivo que se guarda en el interior, dice el Aquinate, aflige más, “pues la atención del alma se concentra más sobre ello, pero cuando se manifiesta al exterior, entonces la atención del alma en cierto modo se desparrama sobre las cosas exteriores y así disminuye el dolor interior”. El llanto es un modo de exteriorizar, de quitarle un peso al alma que está siendo atribulada. Al volcarse sobre el exterior disminuye la carga y se alivia el dolor. De ahí que también alivie, por ejemplo, escribir acerca del dolor que se padece, contar las propias penas, incluso a desconocidos, porque suponen un desprendimiento, aunque sea momentáneo, del propio sufrimiento. 

    Pero además, agrega Santo Tomás, el llanto alivia el dolor porque “la operación que conviene al hombre según la disposición en que se encuentra siempre es deleitable”, y el llanto es el efecto o la consecuencia natural del dolor o la pena. El llanto es conveniente a la persona que sufre y no así la risa. Por eso nos duele, nos entristece, si nos reímos en circunstancias en las que deberíamos llorar, puesto que estaríamos haciendo algo impropio. Llorar es lo propio de quien está sufriendo y por eso deleita, agrada, realizar la operación conveniente. Pero si tal como lo señaló anteriormente: todo placer aleja de la tristeza, le es posible concluir que el llorar también alivia el dolor. 

    En tercer lugar, como buen filósofo, señala Santo Tomás que la contemplación de la verdad es otro remedio para el dolor. Para comprender esta afirmación es necesario entender que para el Aquinate la felicidad perfecta consiste en la contemplación de la Verdad que es Dios, contemplación de la que se sigue un máximo deleite. En esta vida presente la contemplación de las cosas divinas son, por tanto, causa también de gozo y, por consiguiente, causa de que las tristezas se alivien. Y más se mitiga la tristeza cuanto más se ame la sabiduría. Pero sobre todo, enseña Santo Tomás, que el conocimiento de la verdad sobre las cuestiones últimas y fundamentales de la vida, permite incluso mantener la alegría en las tribulaciones porque se espera con serenidad la felicidad futura. Y pone el ejemplo del mártir Tiburcio quien andando con los pies desnudos sobre carbones encendidos afirmaba: “Me parece que camino sobre rosas en el nombre de Jesucristo”. 

    En cuarto lugar Santo Tomás, siguiendo la premisa inicial de que toda tristeza se mitiga con un deleite, nos enseña que son excelentes remedios para el dolor los baños y el sueño. Ambos se ordenan a reestablecer el orden en la naturaleza corporal. El dolor y la tristeza contrarían el movimiento vital del cuerpo, generan un cansancio no sólo anímico sino que también físico. De allí que el baño y el sueño permiten recuperar fuerzas, brindar deleite y así mitigar la pena. De hecho, según algunos, la palabra baño tiene su origen en el término griego valanion, que significa “echar fuera la pesadumbre, el malestar”. Con respecto al sueño, nos recuerda a San Ambrosio que decía que “el sueño reestablece los miembros debilitados para el trabajo, alivia las mentes fatigadas y libera a los angustiados de su pena”. Y a San Agustín quien dice en sus Confesiones: “Me dormí y desperté, y hallé en gran parte mitigado mi dolor”.  

    Finalmente, el remedio que considero más importante y fundamental en el alivio del dolor, tanto exterior como interior, de los que nos propone Santo Tomás, es la compañía y compasión de los amigos. El amigo que acompaña y se conduele con quien sufre, se vuelve una fuente inmejorable de consuelo y de alivio, mejor que cualquier analgésico o pastilla tranquilizadora. Esto porque, tal como lo ha señalado antes al hablar del llanto, el dolor es una carga, pesa, y el que sufre quiere precisamente liberarse de esa carga. Pero cuando alguien se da cuenta que otros, por amor,  sufren con él “se hace como una ilusión de que los otros llevan con él aquella carga, como si se esforzaran en aliviarle del peso, y, por eso, lleva más fácilmente la carga de la tristeza, como también ocurre en la transportación de las cargas corporales “. Pero sobre todo, la compasión de los amigos alivia y es remedio para el dolor interior, en tanto, si los amigos sufren y se contristan con quien padece el dolor, éste “entiende que le aman, lo cual es deleitable”, y tal como lo he señalado al comienzo, todo deleite aleja y mitiga el dolor. Pero este es un deleite especial, porque amar y saberse amado es lo que hace que la vida tenga sentido, de tal modo, que aún sufriendo, aún con el dolor que se padece, pero con la convicción de contar con amigos, fortalece la esperanza de seguir adelante. 

  • Reflexiones sobre la religiosidad humana

    Reflexiones sobre la religiosidad humana

    La Navidad pasada fue escenario de una radicalización del laicismo que Europa vive desde hace varios años. En Barcelona, por ejemplo, su alcaldesa, Ada Colau, llamó a celebrar el ‘solsticio de invierno’, privando a aquella fiesta de todo sentido religioso. Durante el solsticio de invierno, decía a través de la página web del ayuntamiento, “los días son más cortos que en ningún otro momento del año, pero es en este periodo cuando se empiezan a alargar. Con el solsticio, por lo tanto, celebramos el triunfo de la luz sobre la oscuridad, un momento que anuncia la primavera que llegará pronto”. Lo que se pretendía era “mostrar a los barceloneses y barcelonesas que hay maneras alternativas de vivir la Navidad de una manera diferente”. Esta “manera diferente” no es otra que una manera no religiosa. Lo confirmó luego con la puesta en una plaza céntrica de la ciudad de un pesebre gigante en el que no había ninguna referencia a los pastores, ni mulas, ni bueyes, ni reyes magos, ni la Sagrada Familia de Nazaret, salvo porque en una ventana de un edificio se veía una pareja con aspecto “hípster”, que tenía un niño en sus brazos. 

    En Madrid también hubo cambios. Su alcaldesa, Manuela Carmena, sustituyó dos Reyes Magos de la tradicional cabalgata, por dos “Reinas Magas”, debido a que según ella es necesario introducir el feminismo en una fiesta que está especialmente dominada por los hombres. De ese modo, despojando el carácter religioso de la celebración, se la utiliza como arma a favor de la ideología de género, de la que dicha edil es partidaria.  

    Estas y otras acciones de diversos alcaldes, van acentuando el rechazo al hecho religioso, ya que este es considerado no solo contrario a la sociedad política, sino a la propia condición humana. Pero, evidentemente, esto exige una reflexión seria que dé razón de la importancia de mantener ciertas tradiciones constitutivas de la sociedad cristiana. Por eso, es lícito preguntarse: ¿es el hecho religioso algo de lo que debe prescindirse en una sociedad democrática? ¿Es el hombre un ser religioso o solo es un aspecto propio de una cultura determinada que debe, en esta sociedad posmoderna, ir desapareciendo poco a poco? Intentemos responder estos interrogantes.    

    El hombre es un ser racional que se interroga, que se hace preguntas de diversa índole: preguntas cotidianas y superficiales, pero también, preguntas últimas y fundamentales. Esa capacidad de cuestionarse sobre temas últimos y de exigir una respuesta, revelan la ordenación de la naturaleza humana a lo religioso o trascendente. Como señala Luigi Giusanni: “El factor religioso representa la naturaleza de nuestro yo en cuanto se expresa en ciertas preguntas: ¿cuál es el significado último de la existencia? ¿Por qué existe el dolor, la muerte? ¿Por qué vale la pena vivir realmente?”. No se trata de la profesión de una determinada religión, no se trata de si se es creyente o no, sino que se trata de que por ser lo que somos, no podemos dejar de hacernos preguntas radicales sobre nuestra vida. Por eso, se puede afirmar que todo hombre es necesariamente religioso ya que, inevitablemente, tiene que situarse ante las cuestiones últimas  y dar una respuesta.

    La experiencia religiosa es una dimensión fundamental del hombre. Toda la historia de la antropología lo demuestra. Efectivamente, la religión ha sido el dinamismo inspirador de las grandes realizaciones del hombre: artes, arquitectura, pintura, poesía, canto, danza, teatro, códigos religiosos, escuela, universidad, etc. El autor francés Comte-Sponville, que abiertamente se declara ateo, confiesa que: “Estamos obligados a admitir que no conocemos ninguna gran civilización sin mitos, sin ritos, sin sacralidad, sin creencias en fuerzas invisibles o sobrenaturales y en suma, sin religión”. Mircea Eliade, un experto en historia de las religiones, pero además un experto que no es creyente sino más bien agnóstico, afirma con rotundidad esto mismo: “Lo sagrado es un elemento de la estructura de la conciencia humana, no un estadio en la historia de la conciencia”. ¿Qué significa esto? Que lo religioso no es un momento, no es una etapa del desarrollo histórico del ser humano, sino un elemento de la estructura de la conciencia humana.  Y concluye: “El hombre arreligioso en estado puro es un fenómeno más bien raro, incluso en la más desacralizada de las sociedades modernas. La mayoría de los sin religión se comportan todavía religiosamente, sin saberlo. No hablamos solamente de la masa de supersticiones o de los tabúes del hombre moderno, todos los cuales tienen una estructura y un origen mágico-religiosos. Sin embargo, el hombre moderno que se siente y se pretende irreligioso dispone todavía de toda una mitología camuflada y de numerosos ritualismos degradados”. La religiosidad, por tanto, es un dato de funcionamiento del hombre, es decir, el hombre funciona así, esté donde esté, en cualquier época, en cualquier cultura. Dicho más claramente: la religiosidad no es un elemento creado por una cultura, sino que pertenece al ser mismo del hombre, de todo hombre. Y lo más curioso: no puede no funcionar así. De manera que en el caso de que niegue a Dios, necesariamente lo reemplazará por otra divinidad, puesto que el deseo de infinito está inscrito en la misma naturaleza humana.  

    La misma universalidad del fenómeno religioso se fundamenta precisamente en esta suerte de necesidad que tiene el corazón del hombre. Karl Jaspers lo expresaba de la siguiente manera: “Queriendo o sin querer el hombre busca el absoluto”. Y continúa: “Si suprimo algo que es absoluto para mí, automáticamente otro absoluto ocupa su puesto”. Suele hablarse de un deseo natural por parte del hombre hacia Dios. Dicho deseo no es otra cosa que la inclinación de la voluntad hacia el Bien. El hombre, dice Tomás de Aquino, “posee una aptitud natural para conocer y amar a Dios, aptitud que consiste en la naturaleza de la mente, y es común a todos los hombres”. De allí que las respuestas religiosas sobre la existencia de Dios es unánime en todas las distintas tradiciones culturales y en todas las épocas de la historia, aunque la respuesta acerca de la naturaleza de Dios sea diversa en muchas de ellas, hasta el punto de que en algunas la imagen aparece completamente deformada, al punto que en ella es más fácil reconocer la huella del hombre que la de Dios. 

    Pero, por más que Dios sea una realidad trascendente, inabarcable para la finita inteligencia humana, lo cierto es que desde el principio el hombre ha sentido la necesidad de entrar en contacto con Él, con esa Realidad trascendente, que la naturaleza de alguna manera le revela y que la propia conciencia presiente. Y allí, en ese deseo del corazón humano de unirse con Dios, de volver a ligarse con su Creador, de intentar responder a todas esas preguntas que le aparecen como sin respuesta, se fundamenta el fenómeno religioso. Las religiones naturales son una manifestación  del deseo natural que posee el hombre de Dios. Como señala Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est: “No son un producto aberrante de la razón pre-científica, fenómenos marginales, más o menos irrelevantes o pintorescos…Al contrario, en las religiones se expresa algo del ser del hombre que no puede ser ignorado ni eliminado sin daño para el mismo hombre; su apertura natural a Dios”. 

    Por eso es necesario tener cuidado con pensar, como es habitual en algunos hombres de nuestros días, que el hombre se inventa a Dios y a la religión para lograr cierta tranquilidad, pero que en el fondo es un engaño para justificar sus dolores, sufrimientos, males y, en definitiva, la propia muerte. Un ejemplo de esto es André Compte-Sponville, ya citado, quien afirma: “Quizás es que necesitan un Dios para consolarse, para tranquilizarse, para escapar del absurdo y de la desesperación”. Pero la realidad es muy diversa. El hombre no se engaña a sí mismo, sino que entra verdaderamente en una relación real con un Ser también real y sumamente importante: Aquel que es Dueño del mundo y de su destino. Y es que el hombre no puede comprenderse a sí mismo de modo total, de modo pleno, si prescinde de Dios. “Nos hiciste señor para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti”.

    Ciertamente que el autor de la religión natural es el hombre, que entrevé su existencia y le rinde culto. Pero, sólo lo hace en respuesta a un deseo e inclinación natural, propia de su naturaleza, de reconocer a su Creador, rendirle culto y responder a las preguntas más fundamentales sobre el mismo Dios, el hombre y el mundo. De allí que podamos distinguir como propio de cualquier religión: una doctrina sobre el origen y el destino del hombre, una moralidad y formas de relacionarse con la divinidad, individual y socialmente, esto es, poseer un culto y oración. 

    No inventa el hombre una religión para consolarse y tranquilizarse, sino para relacionarse con Dios. Sin dudas que esas religiones estarán llenas de insuficiencias y errores, pero manifiestan aquella ordenación del hombre a Dios. Sin duda que dichas religiones están llenas de ambigüedades, pero eso es porque solo Dios habla bien de Dios, para decirlo con Pascal. ¿Qué significa eso? Que solo la Revelación rompe el hermetismo del mundo y ofrece la posibilidad de superar todas esas ambigüedades (Romano Guardini). Sólo Él puede decirnos quién es, que quiere de nosotros, como quiere que le adoremos, etc… “Quiso Dios en su Bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo Encarnado, tienen acceso al Padre en Espíritu Santo y se hacen partícipes de la naturaleza divina”. A diferencia de las religiones naturales que suponen una búsqueda de Dios realizada con el esfuerzo y el deseo del hombre, la religión Revelada, es una búsqueda que Dios mismo hace del hombre para darle a conocer su corazón. Frente a ella, frente al hecho de la Revelación lo que cabe al hombre es la obediencia de la Fe. 

    Pero más allá de esta Revelación de Dios, lo que nos interesa destacar ahora es que la religiosidad es el comportamiento humano más adecuado ante la trascendencia, puesto que significa relacionarse con ella. Por eso es considerada generalmente como una de las cosas más serias de la vida de la que sólo una exigua minoría se atreve a prescindir enteramente. La consideración radical de la religión se eleva a lo más hondo e interior de la persona, es allí donde encontramos a Dios como interlocutor de nuestras más profundas aspiraciones. De allí que desterrarla de la vida social como si se tratarse de algo superfluo, artificial e irrelevante, solo puede producir grandes males que son expresados magníficamente por Henri de Lubac cuando señala que “no es verdad que el hombre no pueda organizar la tierra sin Dios. Lo cierto es que sin Dios no puede, en fin de cuentas, más que organizarla contra el hombre“.

  • Historia del Cristianismo

    Historia del Cristianismo

    La historia del cristianismo está íntimamente ligada a la Historia de la Cultura Occidental. No se puede pensar en esta cultura sino en una dimensión cristiana. Occidente nace como cultura tras la caída del Imperio romano. No se trata de una continuación intacta de la tradición del mundo antiguo, sino una nueva creación que toma la manera de pensar y su espíritu inquieto del mundo Grecorromano, su manera de organizarse política, social y económicamente de las tradiciones de los pueblos germanos y su esencia y postura frente al mundo del cristianismo. 

    El Cristianismo es una religión que nace de la figura histórica de Jesús de Nazaret, quien tuvo 30 años de vida privada y 3 años de ministerio público. La historicidad de Jesús está avalada por múltiples fuentes históricas, romanas, judías y cristianas. Esto nos deja clarísimo que el personaje tuvo una existencia histórica real ya que fuentes de diversos orígenes hacen mención de su vida y obra. Era un judío y todos sus primeros discípulos fueron todos judíos, por lo que las primeras formas cristianas se acercan mucho al judaísmo, era la única forma conocida para ellos. Es por esto que al período inicial del cristianismo se lo llama judeocristianismo. Practicaban los rituales judíos a cabalidad y agregaban las nuevas visiones impuestas por Jesús. De hecho para ellos cualquier persona que ingresaba al cristianismo debía circuncidarse. El primer gentil, no judío, que se convierte al cristianismo fue un tal Cornelio, centurión romano, quien habría entrado a la nueva religión por influencia de Pedro. Esto está narrado en Hechos 10, 1- 48, se cuenta que se habría convertido él y toda su casa. Antes de esto ya había dos tipos de cristianos – judíos cristianos (habla aramea) y cristianos helenísticos (habla griega, pero judíos). Con el ingreso de Cornelio nacerá un nuevo tipo llamado “cristianos gentiles”, no judíos.

    Si bien Pedro es una de la figuras esenciales del cristianismo , ya que fue elegido por el propio Cristo como piedra para levantar su Iglesia, la figura de Pablo de Traso representa para la historia de la nueva religión un salto cuantitativo y cualitativo de proporciones. Pablo tenía una formación diferente al resto de los apóstoles. Hay que tener en cuenta que los apóstoles eran personas sencillas de escasa educación. Ninguno de ellos sabía leer , ni escribir. El alfabetismo de la gente del siglo I era muy bajo y los apóstoles eran gente de oficios menores, por lo que es ampliamente probable que ninguno supiera leer ni escribir. El propio Pedro era pescador. Pablo era un ciudadano romano con una sólida preparación intelectual que marcará la diferencia teológica y llevará al cristianismo a un nivel superior. Es él quien por primera vez se hace una distinción profunda entre el cristianismo judaizante y la helenización del mismo. Dará una dimensión universal, católica a la nueva religión, la salvación es para todos. “ En esta nueva naturaleza no hay griego, ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro, escita, esclavo ni libre, sino que Cristo está en todo y en todos” (Colocenses 3:11). Es Pablo quien ve que no se puede forzar a los gentiles que se convierten al cristianismo a tomar las formas judías. Asume su misión de ser el Apostol de los Gentiles. En la Epístola a los Gálatas dice haber sido elegido por Cristo para esta misión. De hecho habrá una pugna inicial sobre si es necesario seguir exigiendo las formas judías o no. Pablo representa la idea de independencia del cristianismo del judaísmo en lo formal. En su primer período Pablo fue persecutor de cristianos y se convertirá abruptamente al cristianismo tras caerse del caballo camino a Damasco. El mismo Cristo se le habría aparecido dicéndole” Saulo Saulo, por qué me persigues”. Pablo como buen converso será apasionado en su nueva religión y comenzará una batalla con los judeocristianos insistiendo que para aquellos que no vienen del mundo judío las formas judaizantes deben ser abandonadas. Triunfará su visión, el concilio de Jerusalén establecerá que la circuncisión no será obligatoria para aquellos no judíos que se hagan cristianos. Este primer concilio representará un nuevo rumbo en el sentido de la universalidad de la nueva religión cristiana. 

    El período de expansión de la nueva religión cristiana sobre la diáspora por la acción de los apóstoles será conocida como la “era apostólica”. Esta culminará el año 95 con la muerte de San Juan quien era el menor de los apóstoles, de hecho era imberbe para el momento de la muerte de Jesús. Para este entonces, la religión cristiana había penetrado por las acciones principalmente de Pablo de Traso sobre una amplia parte del Imperio Romano, que se extendía por todo el alrededor del Mar Mediterráneo. El Imperio siempre se mostró dispuesto a aceptar nuevos dioses en el Panteón romano. Se trataba de una religión politeísta integrativa que aumentaba sus deidades junto con sus territorios. Pero en la nueva religión cristiana, los romanos encontraron un problema. Los cristianos no estaban dispuestos a que su Dios compartiese el lugar con dioses paganos. El Dios Cristiano era considerado el único verdadero Dios. Es por esto que las autoridades políticas romanas se vieron complicadas frente al crecimiento de esta nueva religión. Comienzan las acciones contra la expansión del cristianismo. Se inicia un período de persecuciones. Las primeras persecuciones serán de corte literario en las que destacan las lideradas por Celso en el siglo III ante las cuales los cristianos responden con defensas a su religión, por lo que los primeros intelectuales cristianos serán conocidos como apologetas, defensores. En la medida que crezca el cristianismo aumentarán las persecuciones, las cuales no serán sólo de argumentos , sino también violentas. Hasta el año 250 serán persecuciones parciales, limitadas a ciertas regiones y en ciertas circunstancias específicas, como la persecución de Nerón tras el incendio de Roma. Tras el año 250 comenzarán las persecuciones generales, las cuales se dan en todo el Imperio y coinciden con la debilidad de la religión politeista romana. En la decadencia del Imperio Romano, que ha perdido la fuerza de su ethos, Decio, Valeriano y especialmente Dioclesiano arremeten violentamente contra los cristianos. Debido a las presecusiones los cristianos comienzan ver el martirio como ideal de defensa a su fe. San Esteban es considerado el primer mártir de la Iglesia Cristiana. El propio Pablo de Tarso participó en su muerte, cuidando las ropas de quienes estaban atentando contra el hoy considerado santo. 

    El proceso de creación del llamado Canon de lo que constituirá el Nuevo Testamento es un proceso lento. De hacho el proceso de la Torah, o antiaguo Testamente también fue sumamente lento, abarcando varios siglos. Ya para el siglo II, los cristianos aceptan cuatro evangelios, Mateo, Marco, Lucas y Juan como verdaderos. San Ireneo dice que estos cuatro evangelios son como los vientos de la tierra, que hay que leerlos todos para tener una verdadera noción de la verdad. Dice que separados sólo muestran parte de la verdad y que desvía la orientación. El proceso de recopilación del Nuevo Testamento completo se extenderá hasta el siglo IV. Muchos evangelios y otros libros serán considerados “ Apócrifos”, falsos, en el proceso. El emperador Constantino no tuvo nada que ver en este proceso. Hoy son múltiples las teorías falsas, casi de ciencia ficción , que atribuyen un rol primordial en la creación de falsos credos y la expansión de los mismos en occidente. Si, es cierto que Constantino representó un momento clave en la historia del cristianismo, él no manipuló los evangelios ni convirtió a Cristo, antes visto como hombre, en Dios. Constantino como emperador da libertad de culto a los Cristianos (Edicto de Milán 313d.C.), con lo que estos entran a la estructura oficial de Imperio (dejan de ser perseguidos). Es cierto que nadie puede asegurar que la conversión de Constantino haya sido de convicción. La tradición nos dice que éste se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte. Las nuevas teorías que inspiran múltiples libros, entre ellos “El Código da Vinci” dicen que Constantino no se convirtió de convicción y que habría seguido siendo seguidor del Sol Invictus. Es cierto que no podemos asegurar si su conversión fue de real convicción, eso lo sabe sólo él y Dios, pero Constantino era un político y como tal, obedece a razones políticas. El vio que la nueva religión tenía más futuro dentro del Imperio y por eso les dio libertad. El Cristianismo había crecido considerablemente en el Imperio. Desde un comienzo los cristianos concordaban que Cristo era hombre y Dios al mismo tiempo. El gran problema es cómo se es hombre y Dios, parecieran ser dos realidades contrapuestas. Es por esto que desde el comienzo surgen dos corrientes consideradas heréticas, los adopcionistas, que consideren que Cristo es sólo hombre y los docéticos que consideran que es sólo Dios. Constantino ve que hay peleas entre los cristianos, religión que para él tenía más futuro político en el Imperio. Es por esto que convoca al Concilio de Nicea el año 325 para unir la visión de la nueva religión. Prima la visión de San Atanasio de Alejandría que establece que Cristo es hombre y Dios al mismo tiempo ya que es de la misma naturaleza del padre y que no son dos personas sino tres, dogma de la Santísima Trinidad. 

    En el siglo II y III surgen un grupo de herejías conocidas hoy como gnosticismo. No se trata de un grupo unitario de creencia sino en varias variantes que responden a ciertas características comunes. Ellos son dualistas, coinciden el mundo dividido en dos, lo material y lo espiritual. Para ellos todo lo material es malo, por lo que Dios no puede haber creado el mundo, sino que éste sería obra de un demiurgo (no dios) y Cristo no podría jamás haber tomado la forma material humana. Ellos ven la bondad en la espiritualidad total y por tanto en el alejarse de lo material. La Salvación se alcanza a través de la adquisición de un conocimiento llamado gnosis, mediante el cual uno se va despojando de lo material y perfeccionándose. Por tanto, la salvación no es para todos, sino sólo para aquellos iniciados en la gnosis. Esta gnosis fue traída a la tierra por Cristo que no es más que un ente espiritual , sólo Dios. Son por tanto docéticos y no creen en la salvación para todos por tanto vistos por la Iglesia como heréticos.

    Esta es la razón por la cual era fundamental convocar a un concilio que uniese y definiese el credo de los cristianos. Constantino convoca al concilio de Nicea donde se define el Credo Niceano que es la profesión de fe de un cristiano hasta el día de hoy. “Creo en Dios padre todo poderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único hijo….” Se establece que Cristo es hombre y Dios al mismo tiempo. Que son tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son una persona al mismo tiempo. Que el alma es eterna y que existe la comunión de los santos y el perdón de los pecados. Esta instancia es fundamental para entender el rol de la Iglesia y su creencias. Se establece que hay una sola Iglesia Santa que es la Iglesia católica, que ya para ese entonces cuenta con amplias estructuras

    En cuanto al rol de Constantino en la confección de los evangelios no es tal. “El Enigma Sagrado” y “El código Da Vinci” dicen que Constantino habría manipulado los evangelios convirtiendo a Cristo que hasta entonces era visto como sólo humano en Dios. Esta es una falsa afirmación. Los Cristianos desde el comienzo consideraban a Cristo Hombre y Dios al mismo tiempo, el gran problema, como hemos visto, era como coexistían estas dos naturalezas. El proceso de los evangelios comenzó antes de Constantino y termina mucho después de él. El no tiene ninguna ingerencia en el proceso. Es cierto que él mandó a copiar evangelios, pero es muy fácil ver que estos textos mandados a hacer por él no fueron manipulados, al comparar estas copias con otras de data anterior. No hay variación en los textos. Ya en el siglo II San Ireneo habla de los los cuatro evangelios canónicos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. A fines del siglo III ya se cuenta con el Canon Muratoniano que cuenta con los cuatro evangelios de Ireneo, agrega los Hechos de los Apóstoles y nueve epístolas de Pablo. El criterio de inclusión de textos responde a cuatro criterios, que determinan que los textos sean aceptados o canónicos (incluidos en el canon) o apócrifos (falsos). El primer criterio es que sea Antiguo. Hay textos posteriores al siglo IV que ya por tiempo quedan fuera. El segundo criterio es que sean Apostólicos, que se adjudiquen la versión de un apostol. Hay que tener en cuenta que los evangelios no fueron escritos de primera fuente y por eso hablamos de los evangelios según San Mateo, según San Marcos, según San Lucas y según San Juan. Y no del evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Lo que si, es fundamental tener en cuenta que la mayoría de los evangelios considerados apócrifos se adjudican una versión de un apostol también. El tercer criterio, uno de los más fundamentales es que sea Católico, es decir universal. Que la salvación sea para todos. En este punto muchos evangelios considerados apócrifos quedan fuera. Todos los evangelios inspirados por el gnosticismo consideran que la salvación no es para todos sino que sólo para los iniciados en la gnosis. Esta es la visión de Pablo “ Cristo está en todos”, la salvación es para todos. El cuarto y último criterio de inclusión es que sean Ortodoxo, esto se refiere a considerar a Cristo Dios y Hombre al mismo tiempo, que como vimos, era uno de los puntos de mayor disputa en la época. No debían ser docéticos, ni adopcionistas. Estos criterios aplicados juntos hacen y definen al cánon y catalogan de apócrifos no sólo a evangelios, sino también cartas y hasta Apocalipsis. De este modo en el siglo IV Eusebio hace un orden donde cataloga a los libros en canónicos (aceptados) , disputados y espuria (prohibidos y falsos). En esta lista caen todos los llamados Evangelios gnósticos de la Biblioteca de Nag Hamadi, que hoy están tan de moda.

    En la medida que el cristianismo ya inserto en el Imperio crece nace una vida intelectual más polífera. La teología es inherente a la visión cristiana, ya que ésta como religión considera que Dios es el Logos y que el hombre está llamado a llegar a Dios por la fe y la razón. La razón humana debe hacer el esfuerzo de intentar entender la realidad. Los primeros inletectuales cristianos fueron los Apologetas, que defendían a la religión cristiana de quienes la perseguían y criticaban. Una vez ya insertada en el Imperio comenzarán a aparecer los llamados “padres de la Iglesia” que sentarán las bases teológicas de la nueva religión. Entre los padres griegos destaca San Atanasio de Alejandría, en los Siriacos, Efrén el Sirio y en los latinos, San Agustín de Hipona, Jerónimo de Estridón, Gregorio Magno y Ambrosio de Milán.

    El caso de Ambrosio de Milán podría ser citado como un ejemplo de “corrupción” fue hecho sacerdote y nombrado obispo el mismo día. Pero este es un caso en la que el fondo era meas que lo formal. Ambrosio no sólo tenía gran vocación , sino que además hablaba de modo extraordinario y atraía a las audiencias. Las conversiones aumentaron por su causa, siendo al de San Austín mérito suyo. San Jerónimo será clave en esta nueva etapa dentro del Imperio ya que traducirá la Biblia al latín creando al llamada “Vulgata”. Esto será una labor complicada ya que deberá generar la creación de nuevos conceptos latinos para ajustarse a la realidad de las escrituras hasta ese minuto en arameo y griego. 

    Es sin duda Agustín la gran figura de este período. Nace en Tagaste, Numidia, parte del Imperio Romano en el siglo IV, tras vivir una vida de desenfreno y pertenecer a una secta gnóstica, maniqueismo se convierte al cristianismo, siendo su libro “Confesiones” uno de los más cautivantes y espirituales de la cultura occidental. Su conversión se debe a la acción del obispo de Milán , Ambrosio, quien lo sorprendió y se su madre Santa Mónica, quien rezó en forma constante por su hijo. Construirá una teología sólida que enfatizará en la doble vía de la fe y la razón como camino hacia Dios. En “La Ciudad de Dios” muestra los dos caminos y el modo en que la fe ilumina y rectifica. Plantea que el hombre sin Dios se equivoca constantemente, “ camina encorvado”. Le tocará luchar constantemente durante su vida contra las herejías que en su tiempo por la dificultad de los medios de comunicación prenderán en forma continua. El año 380 a través del Edicto de Tesalónica el Emperador Teodosio hace del Cristianismo la religión oficial del Imperio. El Imperio ya estaba decadente, de hecho éste caerá el año 476 d.C., por lo que el cristianismo no podrá aprovechar plenamente esta incorporación oficial.

    Tras la caída del imperio romano vendrá un período de confusión. Los germanos de diversas sippes (tribus) penetrarán sobre el Imperio y se generará un gran caos. La historiografía habla de este período como la Era Oscura, ya que no hay fuentes escritas. La historiografía trabaja con fuentes y cuando no hay fuentes, no hay luz para reconstruir la historia. El período tras la caída del Imperio romano es un período oscuro y confuso, donde la civilización y pensamiento creado podría haber quedado en el olvido y podría haberse perdido. Los germanos eran paganos y por tanto el cristianismo quedará relegado a pequeños enclaves en el continente europeo. Deberá reiniciarse la conversión de Europa. 

    Será esencial la acción de Irlanda en este proceso. Hay autores como Thomas Cahill (How the Irish saved the civilization) que consideran que los Irlandeses salvaron la civilización que podría haberse perdido tras las invasiones. Desde Irlanda San Patricio, quien había sido un druida (líder espiritual celta) se convierte al cristianismo y comienza expandir la nueva religión creando una nueva espiritualidad que será la del monacato. El y sus seguidores, entre los que destacan san Columbano comenzarán la fundación de monasterios que no son aún constituidos como una institución unitaria. Cada monasterio tenía su propia regla, por lo tanto no se puede hablar aún de la Institución del monacato. Pero la acción de estos monjes irlandeses explica la conversión de los visigodos, anglosajones y francos. La conversión de Clodoveo, rey de los merovingios al catolicismo, esencial para la historia posterior de la Iglesia se debe a esta acción. Europa se llena de monasterios. Será San Benito de Nursia quien concebirá una regla unitaria para esta nueva institución creada y les dará unidad. Los monasterios serán los enclaves de cultura y preservación en este mundo de caos y confusión. De hecho hay autores, como Thomas Woods, en su libro “Como La Iglesia Construyó la Civilización Occidental” que afirman que en los monasterios, los monjes crearon nuestra cultura. Ellos disecaron los pantanos, enseñaron el cultivo, la metalurgia, en gran medida la ciencia, la caridad como una labor institucional. Cada monasterio tendrá además su sriptorium donde los monjes copiarán los libros, bajo la idea que mientras meas se copie menos posibilidad hay que se pierda. Serán los monjes los que preservarán la antigüedad para las generaciones posteriores. La fe vista como verdad, camino y vida deberá ser enseñada. Como la gente no lee es necesario enseñarla de otras formas. Es por esto que en los monasterios nace el arte occidental como una forma de enseñar en imágenes a personas que no decodifican códigos. Será primero el arte carolingio, luego el románico y finalmente el gótico las formas para enseñar esta religión que es de convicción. Una religión abierta que quiere incluir a toda la humanidad. En torno a los monasterios y catedrales surgirán escuelas de enseñanza, las escuelas catedralicias. El año 800 Carlomagno es coronado Emperador Cristiano, Occidente ya está maduro. El Emperador está por sobre la Iglesia, pero que tiene como fin el evangelizar y el aumentar las fronteras de un concepto unitario heredado del Imperio romano, La cristiandad. Este concepto no morirá tras la muerte de Carlomagno y la división del imperio Carolingio, revivirá con más fuerza en la restauración de Otón I y posteriormente en el concepto de Occidente Cristiano- El concepto de Europa Cristiana. Se aumentarán las fronteras de ésta hacia el este y luego hacia Escandinavia. Nacerá el concepto europeo de “la Cristiandad” que será el marco Geográfico de la nueva cultura occidental cristiana. 

    Pero, de hecho, la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la Promesa fuera otorgada a los creyentes mediante la fe en Jesucristo.Y así, antes de que llegara la fe, estábamos encerrados bajo la vigilancia de la ley, en espera de la fe que debía manifestarse. De manera que la ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo, para ser justificados por la fe. Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús .En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo:ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa.

    Galatas 3, 22-29 ( San Pablo)

    • Woods, Thomas E. How the Catholic Church built the Western Civilization. Ed Rednery, Washington 2005
    • Cahill, Thomas How the Irish Saved Civilization. Anchor Books, Ireland 1995
    • Fletcher, Richard The Conversión of Europe. Fontana Press UK 1997
    • McManners, John The Oxford Illustrated History of Christianity (Editor), 2001