Categoría: Historia

  • Solzhenitsyn, conciencia de Rusia

    Solzhenitsyn, conciencia de Rusia

    Alexander Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura 1970, ha sido figura clave de la cultura rusa del siglo XX, su estatura intelectual y moral se forjaron en la denuncia clarividente de los poderes de turno, el comunismo soviético y el capitalismo occidental, alzando su voz, sólida, profunda y valiente, cada vez que pudo, contra viento y marea.

    Solzhenitsyn nació en 1818, hijo único y huérfano de padre. Los recelos de su madre a la Revolución bolchevique no fueron obstáculo a que el sistema educativo estatal cumpliera su tarea y el joven Alexander se dejara encandilar, como muchos, por la propaganda comunista que construía la Unión Soviética. Al ingresar a la universidad, para estudiar física y matemáticas, postergó sus aficiones literarias, y adquirió conciencia de su militancia comunista, siendo un hijo leal de la revolución, optimista y parte del proyecto en marcha. Su educación familiar cristiana dio paso así a un alejamiento total de la religión, reemplazada por el materialismo dialéctico marxista. Avanzada la II Guerra Mundial no extrañó que Solzhenitsyn se incorporara con entusiasmo al ejército rojo, y formó parte de las tropas soviéticas que ingresaron a Alemania, siendo testigo no sólo de los excesos revanchistas de su ejército al penetrar a territorio germano, sino también, de la existencia real de combatientes rusos junto a los alemanes en la esperanza de derrotar al comunismo. Ambas experiencias fueron las primeras trizaduras en su, hasta entonces, sólido compromiso comunista.

    La vida del joven Solzhenitsyn daría un dramático vuelco al ser interceptada una de sus cartas, dirigida a un amigo, en la cual deslizaba algunas críticas al régimen stalinista. La dura represión comunista supuso que el hasta ahora oficial del ejército rojo fuera condenado nada menos que a ocho años de trabajos forzados y relegación perpetua. El hecho, que terminaría marcando su vida, comenzaba por mostrarle la brutal realidad de un régimen que aún estimaba. La esperada victoria frente al nazismo lo encuentra así, paradojas de la vida, entre las rejas de su propia ideología comunista. Comienza entonces la experiencia de Solzhenitsyn por lo que él llamaría archipiélago Gulag, es decir, el vivir en carne propia el horror de la represión en campos de prisioneros soviéticos.

    Los primeros meses, pasan entre el confinamiento animalesco en cárceles saturadas de prisioneros, y la espera de sentencias bajo una atmósfera kafkiana, alimentada por el continuo rumor de la posibilidad de una amnistía para los cautivos que la victoria soviética en la guerra permitía presagiar, pero que, en definitiva, no sólo no llega, sino que termina por agudizar la tragedia. Sus experiencias en los campos de prisioneros se plasmarán luego en sus novelas que lo llevan a la cima de la literatura del siglo XX. Cumplió los ocho años de trabajos forzados, donde se derriban poco a poco sus dogmas materialistas y se forja la inquebrantable idea de que el espíritu no sólo es superior sino que trasciende a la materia. “Primero viene la lucha por la supervivencia, luego el descubrimiento de la vida, luego Dios”, este itinerario permitió al prisionero fortalecerse espiritualmente en medio de la más patente carencia material. Solzhenitsyn aprovechó así todas las privaciones materiales para crecer en vida interior y desarrollar su vocación literaria en condiciones extremas inimaginables. Escribió versos furtivamente y luego se las arreglaba para memorizarlos antes de destruirlos por temor a sus omnipresentes carceleros. Llegó a memorizar 12.000 versos. Su traslado, luego de ocho años de trabajos forzados, a un pequeño pueblo del interior de Rusia, para continuar cumpliendo su condena, ahora de exilio perpetuo, coincide, en 1953, con la muerte de Stalin. La atmósfera posterior de desestalinización permitirá, tras tres años de relegación, que se revise su caso y se le otorgue la libertad.

    Un día en la vida de Iván Denisovitch fue su primera novela, publicada en 1956, gracias a las políticas revisionistas de Kruschev de crítica al régimen de Stalin. Su éxito fue inmediato, relataba en síntesis un día normal de un preso común en los campos de trabajo, la vida corriente de la mañana a la noche, de prisioneros que como él lo vivieron por años…muchos en la Unión Soviética pudieron ver en su relato parte del amargo destino de ellos mismos o de sus seres queridos. Su afán de relatar la verdad de lo que sucedía en la URSS fue permitido sólo unos pocos años, lo que duró la atmósfera de desestalinización. Kruschev fue separado del poder, y su sucesor, Brezhnev, volvió a la línea dura, donde los escritos de Solzhenitsyn más que incomodar comenzaron a sentirse peligrosos desde el Kremlin. La novela que lo hará pronto conocido en Occidente El primer círculo había sido rechazada por un ya debilitado Kruschev. A partir de mediados de los años 60, el régimen de Brezhnev, no sólo impidió la publicación de sus escritos sino que comienza a hostigarlo a través de la temible KGB, obligando al autor a publicar en forma clandestina y a esconder los manuscritos de lo que más tarde será la famosa novela Archipiélago Gulag. Mientras, en Occidente crece su prestigio ante el éxito consecutivo de sus novelas que habían logrado salir bajo cuerda: El primer círculo y Pabellón de cancerosos. Su libertad en la URSS, para un ya reconocido disidente, fue precaria, la vigilancia constante del régimen y la imposibilidad de dar a conocer su obra literaria, estrechan su ámbito de acción. El repudio y asedio oficial en su patria, contrastó con el reconocimiento internacional que se hizo evidente al recibir, en 1970, la noticia del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura.

    Para ese entonces, el escritor y su entorno recibía tal grado de hostigamiento, espionaje y persecución que estimó que salir de la URSS, aún para recibir el Premio Nobel, implicaría el riesgo de no poder regresar a su adorada patria. En 1973, una de sus cercanas colaboradoras muere en extrañas circunstancias, tras un interrogatorio de la KGB. En 1974, Solzhenisyn es arrestado, desposeído de la ciudadanía soviética y expulsado de su patria, se había convertido en una figura disidente, inmanejable por su valentía e integridad, y su fama era tal, dentro y fuera de la URSS, que su prisión habría supuesto un escándalo internacional de proporciones. No obstante, el dolor para el escritor fue enorme, nunca pensó en abandonar la Unión Soviética. Exiliado primero en Suiza y luego en los Estados Unidos, Solzhenitsyn mostrará en Occidente que sus denuncias van más allá de la descripción de los horrores del Gulag soviético, que hasta entonces lo habían distinguido, para encumbrarse como uno de los críticos más acérrimos de la utopía comunista en pleno periodo de guerra fría y, más aun, como un gran diagnosticador de la debilidad interna del régimen. Por de pronto, en uno de sus más comentados escritos, Carta a los líderes soviéticos, clama por abandonar la ideología marxista, desenmascarando su tiranía y falsedad, nosotros que la conocemos, estamos fingiendo. La mentira institucionalizada que supone el régimen soviético, por décadas hábilmente solapada, comienza poco a poco, en los años setenta, a ser denunciada en los ámbitos intelectuales, culturales y de medios de comunicación de Occidente, la responsabilidad de Solzhenitsyn en esta tarea, primero como disidente y luego como exiliado, lo encontró siempre en la primera línea.

    Donde el mensaje del escritor pareciera, provocar más sorpresa y polémica es en la crítica no menos descarnada del ambiente que constata en los países occidentales. Solzhenitsyn denuncia contra corriente, lo que eleva la integridad de su diagnóstico, la falta de valentía de la sociedad norteamericana que pareciera no querer oponer resistencia al avance comunista en el tenso escenario de la Guerra Fría. Ello tendría por causa la idea común en las sociedades occidentales de asumir el bienestar como medida de todas las cosas, los bienes materiales como requisito indispensable de la felicidad. Entre las múltiples y negativas consecuencias de esta “idea fuerza” del mundo contemporáneo, el Nobel ruso denuncia con clarividencia la aparición de una prensa invasiva y superficial, basada en la falsa premisa de que todos tienen derecho a conocerlo todo, lo que denuncia como un slogan falso, ya que también existe el derecho a no conocer, a no verse atiborrado de banalidades, chismes y vulgaridades.

    Pérdida de fuerza de voluntad, debilidad sicológica, es el diagnóstico que le otorga a Occidente, y en términos audaces y políticamente incorrectos, desafía: Si uno quiere defenderse a sí mismo debe estar dispuesto a morir, ¿quien hoy está dispuesto a morir, quien hoy está dispuesto a actuar sin considerar las consecuencias para su bienestar?. El better red than dead, consigna que puso de moda la juventud sesentera fue prueba palpable de la debilidad psicológica, del complejo occidental que diagnostica sin tapujos el escritor. En la Universidad de Harvard, en famoso discurso, denuncia la bancarrota moral de Occidente, describiendo, en su opinión, el itinerario histórico que lo explica: El humanismo sin Dios del Renacimiento, siglos XV y XVI, encontró su expresión política en la Ilustración, siglo XVIII, generando una autonomía del hombre ante cualquier instancia superior. Este antropocentrismo, esta consideración del hombre sin Dios, que se explica a sí mismo como centro del universo, bañado de soberbia, termina por entender que la felicidad se alcanza sólo en la tierra y se obtiene sólo a través de los bienes materiales. Toda otra consideración ajena a este objetivo materialista, quedará, en definitiva, ignorada, despreciada. Su propia experiencia de años de carencia material en campos de trabajo forzado lo llevaron a concluir que la felicidad no puede resignarse a una mera acumulación y goce de bienes materiales, sino que la felicidad del hombre exige un desarrollo interior, espiritual, el propósito de la vida debe ir unido al cumplimiento de un deber superior…una experiencia de crecimiento moral: dejar la vida siendo mejor ser humano que al empezar. Este leitmotif, está presente en toda su obra literaria y contradice el existencialismo nihilista, la pérdida de sentido de la vida, y el refugio final en el yo egoísta, tan habituales en el hombre contemporáneo. Occidente se ha olvidado de Dios, denunció ante un público atónito, su manifestación es la búsqueda de la felicidad en un consumismo ilimitado, la salida que propone es un desafío que pareciera chocar contra las banderas que flamean en la sociedad actual: promueve la autolimitación, la capacidad de no generarnos necesidades materiales artificiales, conciente que el verdadero sentido del hombre está en crecer en su interior, alimentar su espíritu: La autolimitación es el paso fundamental y más sabio de un hombre que ha logrado su libertad …y sólo podemos experimentar la verdadera satisfacción espiritual no en poseer, sino en negarnos a poseer.

    Sus denuncias y renuncias ya no sólo incomodaban a la nomenklatura comunista, a partir de entonces, también a buena parte de los dirigentes y los medios de comunicación occidentales. La publicación en Occidente de Archipiélago Gulag en tres extensos volúmenes y la fuerza de los testimonios allí expuestos fueron un síntoma coincidente del lento y, para muchos imperceptible, declive del imperio comunista. La llegada de Gorbachov, a mediados de la década de los  ́80, acelera el proceso ante el deterioro económico que desata la llamada Perestroika, reestructuración y apertura del estado que favoreció el debilitamiento progresivo del bloque soviético en Europa oriental, tanto como las reivindicaciones nacionales al interior de la propia URSS. Solzhenitsyn siempre auguró la caída del comunismo y anhelaba regresar a su patria. Los acontecimientos en Polonia y Hungría anticiparon la aún inesperada caída del muro de Berlín, durante el “mágico” año de 1989. A continuación, se precipitó la desunión soviética, es decir, la sorpresiva desintegración de la URSS. Solzhenitsyn ante la expectante coyuntura escribe: Cómo reorganizar Rusia mirando positivamente, tanto la caída del imperio comunista como el resurgimiento de naciones independientes en su reemplazo. Favoreció el desarrollo para la nueva Rusia de democracias locales en zonas reducidas, vitalizando el autogobierno de cada localidad, bajo el modelo suizo, de activa participación de los ciudadanos en el sistema cantonal. En lo económico, favoreció la propiedad privada y la iniciativa y arraigo que ella conlleva, junto a límites legales que eviten su concentración. Advirtió, en el tono apocalíptico que lo caracterizó, que el peligro para sus compatriotas era pasar de los errores marxistas al fuego económico devorador de Occidente. Pero los llamados a la autolimitación que hizo Solzhenitsyn, ahora también para sus compatriotas, cayeron en saco roto ante un pueblo ávido de deshacerse de todo tipo de limitaciones, luego de 74 años de régimen comunista. El desplome de la URSS permite que Yeltsin le comunique, en 1992, que las puertas de Rusia están para él abiertas.

    Antes de regresar a su patria, se despide de Occidente con otro famoso discurso, que completa y actualiza el de Harvard, esta vez en la Academia Internacional de Filosofía en Liechtenstein. Sus palabras son inquietantes: nuestra cultura se empobrece y apaga por mucho que intente encubrir su decadencia con el barullo de unas novedades vacías de significado. Mientras no dejan de mejorar las comodidades para las personas, el desarrollo espiritual está cada vez más estancado. Los excesos llevan a una persistente tristeza del corazón cuando sentimos que la vorágine de placeres no nos produce satisfacción y que no tardará en ahogarnos…hemos dejado de ver el propósito.

    Después de 20 años, en 1994, regresó a su querida Rusia, su vuelta generó gran expectativa llegando a Vladivostok para recorrer en tren desde el este hacia Moscú. Sin embargo, su mensaje apareció algo pasado de moda, e incómodo, aunque siempre directo y profundo para describir una realidad no tan nueva como aparecía a primera vista: Antiguos miembros de la elite comunista, junto con los nuevos ricos de Rusia, que han amasado fortunas instantáneas a través del pillaje, han formado una exclusiva…oligarquía de unas ciento cincuenta o doscientas personas que dirigen el país. Más temprano que tarde, confirma que la atmósfera materialista que afectaba a Occidente había sido muy bien recibida en la nueva Rusia, a pesar de sus advertencias, allí también el hombre se ha propuesto la meta de conquistar el mundo pero en el proceso pierde su alma. La respuesta a la crisis, a las prisas y a la superficialidad del siglo XX, debe encontrarse también y consecuentemente en el ámbito espiritual. Así, vincula estrechamente la fe ortodoxa a las raíces culturales de su patria, donde continuó manifestando la grandeza espiritual que yace tras el sufrimiento, aquella grandeza que no se cansó de testimoniar hasta los 90 años, cuando fallece en Moscú… Su espíritu, aún perdura.

  • Stravinsky y su reencuentro con el alma rusa

    Stravinsky y su reencuentro con el alma rusa

    “Había mucho de Rusia en el corazón de Stravinsky. Era mucho más que los iconos en su casa, que los libros que leía, o que la cuchara favorita de su infancia con la que comía. Mantuvo una sensación física y recuerdos de la tierra, de los hábitos de Rusia y sus costumbres, las formas de expresión y la interacción social, y todos estos sentimientos empezaron a volver a él en el momento en que puso un pie en su tierra natal. La opinión pública occidental vio a Stravinsky como un exiliado que visitaba el país de su nacimiento. Pero los rusos le reconocieron como un ruso que vuelve a su casa”.

    En 1962 Stravinsky aceptó la invitación soviética para visitar el país donde había nacido. Habían pasado exactamente 50 años desde que había dejado Rusia y por lo tanto sentía un cúmulo de emociones detrás de su decisión de volver. Como un emigrado, siempre había dado la impresión de rechazar en forma violenta su pasado ruso. Le contó a su amigo cercano y asistente musical, el conductor Robert Craft, que recordaba con añoranza su niñez en San Petersburgo como: “un período de espera para el momento cuando todos y todo iban a ser conectados con el infierno”.

    Gran parte de su antipatía a su país natal era la lógica reacción de todo emigrado del régimen soviético. La sola mención de la palabra Unión Soviética era suficiente para llenarlo de cólera. Cuentan que en 1957 un mesero alemán se acercó a su mesa y le preguntó si se sentía orgulloso de los rusos a causa del reciente lanzamiento del Sputnik al espacio. Stravinsky se enfureció con el mesero por preguntar, con los rusos por haber alcanzado este logro y con los americanos por no haber sido ellos quienes lo hicieran.

    Era especialmente crítico frente a la música soviética, donde el espíritu de Rimsky Korsakov y Glazunov, se manifestó en forma abusiva en la Consagración de la Primavera y lo mismo sentía en relación a los modernistas. Su música había sido prohibida en el repertorio de conciertos soviéticos desde el comienzo de los años 30 cuando fue denunciado por el régimen musical existente como “un ideólogo artístico del imperialismo y la burguesía”. Se trataba de una especie de Guerra Fría Musical. Pero tras la muerte de Stalin el clima cambió. Vino el “deshielo” de Kruschev que terminó con la campaña stalinista contra los llamados “formalistas” y restauró a Shostakovich al lugar que le correspondía, como cabeza del “régimen musical” existente. Emergieron jóvenes compositores quiénes se inspiraron en la obra de Stravinsky como Edison Denisov, Sofía Gubaidulina y Alfred Schittke. Una brillante generación de músicos soviéticos, Oistrakh, Richter, Rostropovich, el Cuarteto Beethoven, se hicieron muy famosos por sus grabaciones y tours en Occidente. Se veía a Rusia retornando al centro de la música europea – el lugar que había ocupado hasta que Stravinsky dejó el país en 1912.

    A pesar de sus propias negaciones, Stravinsky siempre lamentó las circunstancias en que se produjo su exilio de Rusia; cargaba con la separación de su pasado como una herida abierta. El hecho que cumpliera 80 años en 1962 fue esencial en su decisión de volver. En la medida que fue envejeciendo comenzó a pensar más en su niñez. Era común que usara frases infantiles rusas y diminutivos. Volvió a leer los libros que había leído en Rusia, como La Madre de Gorki: “ Lo leí cuando recién se publicó en 1906 y estoy tratando ahora de nuevo”, le dijo a Craft, “probablemente porque quiero reencontrarme conmigo mismo”. Pero a pesar de eso, Stravinsky le dijo a la prensa norteamericana que la decisión de volver a Rusia no tenía nada que ver con la nostalgia, aunque es un hecho que ese sentimiento estaba en lo profundo de su corazón. El 21 de Septiembre de 1962 voló en un avión soviético a su país y aterrizó en Sheremetyevo. Comenzó a divisar desde el avión, en la medida que éste iba descendiendo, los bosques que estaban comenzando a pintarse de amarillo, los prados, los campos y los lagos. De acuerdo con Craft, quien los acompañó en el viaje, Stravinsky estaba en shock producto de la excitación y la emoción. Cuando el avión se detuvo y se abrió la puerta, se asomó y parado en la parte alta de la escalera de descenso se inclinó como es la tradición rusa. Ese era un gesto de otra época, tal como los anteojos que lo protegían de la luz de la televisión y simbolizaban el tipo de vida que él llevaba en Hollywood. En la medida que descendía, Stravinsky comenzó a ser rodeado por un gran comité de bienvenida, entre los que se veía a María Yudina, una fuerte mujer con ojos tártaros, según la descripción de Craft, quien dijo ser sobrina del compositor. Otra mujer era la hija de Konstantin Balmont, el poeta que había introducido a Stravinsky al culto pagano de El Fuego y Los Ritos de la Primavera. Ella se presentó ante Craft y le entregó un canasto de corteza de abedul con una rama, una hoja, una espiga de trigo, una bellota un poco de musgo y otros recuerdos de la tierra rusa.
    El viaje había producido una gran emoción en Stravinsky. En los quince años que Robert Craft lo conocía nunca se había dado cuenta de lo importante que Rusia era para él y que profundo estaba este sentimiento dentro de su corazón. “Hace sólo dos días, en París, habría negado que alguna vez se podría sentir en casa de nuevo …. Ahora veo que medio siglo de expatriación pueden ser olvidados en una noche. No fue a la Unión Soviética que Stravinsky había regresado. Había regresado a Rusia. En el monasterio de Novodevichy, Stravinsky se conmovió mucho más de lo que jamás Craft hubiese imaginado: “No por razones religiosas o políticas, sino simplemente porque Novodevichy es la Rusia que ellos conocían, la Rusia que sigue siendo una parte de ellos.”

    Detrás de las antiguas murallas del monasterio había como una isla de la antigua Rusia. En los jardines mujeres vestidas con pañuelos negros y zapatos y abrigos gastados estaban tendidas sobre las tumbas, y en la iglesia un sacerdote dirigía un servicio donde, como le pareció a Craft, los “miembros más fervientes de la congregación yacían en una posición de postración total como Stravinsky lo hacía en la Iglesia Rusa en Hollywood. Y a pesar de todas las turbulencias que había pasado la Unión Soviética, todavía había algunos valores de Rusia que permanecían sin cambios”. Stravinsky se regocijó en su redescubrimiento del idioma ruso. Desde el momento en que llegó se manejaba con facilidad en los modismos y palabras de Rusia y en la conversación, usaba términos y frases, expresiones de la infancia, mucho tiempo olvidados, que no había trabajado por más de cincuenta años. Craft fue golpeado por la transformación en el carácter de Stravinsky. Se preguntaba si estaba viendo “el verdadero Stravinsky “ en su elemento Ruso, el estadounidense respondió que “todo es bastante cierto … pero mi imagen de él la da finalmente su pasado que se ve tras una gran lucha entre lo que había supuesto serían “rasgos de carácter” o “idiosincrasia personal”. Craft también escribió que, como resultado de la visita a Rusia, su oído se puso en sintonía con los elementos de Rusia que había en la música de Stravinsky. El “rusianismo” de la música de Stravinsky no es inmediatamente evidente. Pero ahí está. De la Sinfonía de los Salmos (1930) al Réquiem (1966) su lenguaje musical mantiene un núcleo de Rusia. Como él mismo confesó a la prensa soviética: “He hablado ruso durante toda mi vida, mi forma de expresión es el ruso. Tal vez no puede ser apreciable en una primera audición, pero es inherente a mi música y forma su carácter latente interior “.

    Había mucho de Rusia en el corazón de Stravinsky. Era mucho más que los iconos en su casa, que los libros que leía, o que la cuchara favorita de su infancia con la que comía. Mantuvo una sensación física y recuerdos de la tierra, de los hábitos de Rusia y sus costumbres, las formas de expresión y la interacción social, y todos estos sentimientos empezaron a volver a él en el momento en que puso un pie en su tierra natal. La opinión pública occidental vio a Stravinsky como un exiliado que visitaba el país de su nacimiento. Pero los rusos le reconocieron como un ruso que vuelve a su casa. Una cultura es más que las obras de arte. No puede estar encerrada en una biblioteca – pensemos sólo en los ocho finos volúmenes de la obra de Pushkin que el poeta Khodasevich “empacó en una bolsa” cuando salió de la Unión Soviética en 1922: Todo lo que poseo son ocho volúmenes delgados, y contienen mi tierra natal.

    Una cultura se expresa en códigos no escritos, signos y símbolos, rituales y gestos, en las costumbres y convenciones, las creencias y actitudes sociales comunes que fijan el significado público de estas obras y organizan la vida interna de una sociedad. Es algo visceral, emocional, instintivo, una sensibilidad que moldea la personalidad y une a esa persona a un pueblo y a un lugar. Rusia es un lugar inmenso – un vasto plano abierto que se extiende En Rusia hoy coexisten lo ruso tradicional con lo soviético internacional sobre una sexta parte de la superficie del mundo. Históricamente, su cultura fue profundamente moldeada por las diversas influencias de Bizancio, Escandinavia, Europa Occidental, Persia, Asia Central y Mongolia. Todo muy complejo, demasiado dividido socialmente, muy mal definido geográficamente, y tal vez demasiado grande, para que sólo una cultura se pudiera constituir en patrimonio nacional. Sin embargo, hay un temperamento ruso, una serie de costumbres autóctonas, costumbres y creencias que celebra este pueblo disperso en forma conjunta, y que encontró su expresión en las obras supremas del arte, desde la poesía de Pushkin, a las novelas de Tolstoi y la música de Stravinsky, que se elevan como monumentos a la edad de oro de Rusia. Este temperamento difícil ha demostrado ser mucho más duradero, y más significativo, que cualquier Estado ruso. Le dio al pueblo el espíritu para sobrevivir a los momentos más oscuros de su historia y unió a los que huyeron de la Rusia soviética después de 1917.

    ¿Dónde está Shostakovich? , no dejaba de preguntar Stravinsky desde el momento de su llegada. Mientras él estaba en Moscú, Shostakovich estaba en Leningrado, y justo cuando Stravinsky fue a Leningrado, Shostakovich regresó a Moscú. Como artista Shostakovich adoraba a Stravinsky. Él era su musa secreta. Por debajo del cristal de su mesa de trabajo tenía dos fotografías: una de sí mismo con el Cuarteto Beethoven, y la otra, un gran retrato de Stravinsky. Se conocieron finalmente en Moscú, en un banquete en el Hotel Metropole. La reunión no fue ni una reunión ni una reconciliación de las dos Rusias que habían seguido caminos separados desde 1917. Pero fue un símbolo de unidad cultural que al final triunfaría sobre la política. Los dos compositores vivían en mundos separados, pero su música mantenía un ritmo único de Rusia. Fue una ocasión memorable – uno de esas ocasiones esenciales “de Rusia” interrumpida por una sucesión regular de brindis de vodka cada vez más amplios – y luego, Craft recordó, la sala se convirtió en un “baño finlandés, en todos sus vapores, proclamando y aclamando uno al otro “lo ruso”, diciendo casi lo mismo … Una y otra vez, cada uno se inclinaba ante el misterio de su rusianismo, y entonces, me di cuenta de golpe, que sus respuestas estaban superando los brindis. En un discurso perfectamente sobrio – él era el menos alcoholizado de la habitación – Stravinsky proclamó: ‘El olor de la tierra rusa es diferente, y esas cosas son imposibles de olvidar … Un hombre tiene un lugar de nacimiento, una patria, un país – sólo puede tener un país – y el lugar de su nacimiento es el factor más importante de su vida …. no me fui de Rusia por mi propia voluntad, a pesar de sentir un desagrado por mi Rusia y por Rusia en general. Sin embargo, el derecho a criticar a Rusia es mío, porque Rusia es mía y porque la amo, y no doy a ningún extranjero ese derecho.”

  • Tributo a la Luz: Peregrinación Medieval a Lindisfarne

    Tributo a la Luz: Peregrinación Medieval a Lindisfarne

    La visita a interesantes monasterios e iglesias fueron parte de este recorrido cuyo destino final es uno los lugares más insignes del Reino Unido y uno de los prioratos más emblemáticos de la Inglaterra medieval.

    Europa ofrece al peregrino una gran cantidad de destinos que lo llevan al pasado. En 2004, cuando me encontraba investigando en la Universidad de Oxford, conocí a Alex, un irlandés, oriundo de Galway, que había estudiado Historia en la Universidad de Saint Andrews, en la costa este de Escocia. Al terminar ese año le sugerí a mi conocido celta que la próxima vez que nos volviéramos a reunir, haríamos juntos un viaje a un lugar emblemático de la Edad Media.

    Vista del Castillo de Northumberland, Lindisfarne. UK

    Pasaron tres años antes del esperado encuentro y el destino elegido fue el Priorato de Lindisfarne, fundado por monjes irlandeses en el siglo VIII. A parte del aguamiel que ahí se produce desde antaño, el lugar es también famoso por una espectacular y muy conocida copia que nos han dejado de los evangelios.

    En un pequeño Skoda iniciamos la travesía hacia el sureste, en dirección a Edimburgo, donde después nos internamos en la provincia escocesa de los Bordes (porque bordea con Inglaterra). La Abadía de Melrose, cuyos restos medievales revelan la atrocidad de las guerras anglo-escocesas del siglo XIV, fue nuestra primera parada. Ahí también está enterrado el corazón de Robert The Bruce, el mal retratado protagonista de una saga hollywoodense y quien fuera Rey de Escocia en la época en que esta nación se levantó en contra de Eduardo I de Inglaterra.

    Abadía de Lindisfarne. UK

    Sentados en un banco comenzamos a leer la prosa del venerable historiador Beda, autor de la celebrada Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés, escrita en el año 731, quien también escribió sobre la vida de San Cutberto y sobre la fundación del monasterio que ante nuestros ojos se levantaba. Todos los monasterios que visitamos esa mañana presentaban el mismo deterioro bélico, pues en estos conflictos los soldados se atrincheraban en los pocos edificios de piedra que había. Hay que decir que en esa época, los escoceses harían lo propio con muchos monasterios en el norte de Inglaterra. Como en todas partes, las guerras fronterizas han significado un desgaste lamentable del patrimonio medieval británico.

    El sitio de Walter Scott:
    Rumbo hacia el sur, nuestra siguiente parada fue el Monasterio de Dryburgh, cuyas ruinas del siglo XII nos esperaban con una calma que no experimentamos en ninguna otra parte del trayecto. Fue precisamente la paz del entorno de Dryburgh la que hizo que Sir Walter Scott, uno de los más connotados literatos decimonónicos, escogiera como el lugar de su eterno descanso. Al llegar se comprende de una vez por qué el autor de “Ivanhoe” admiraba aquellos parajes monásticos que evocan el mundo medieval que tanto le atraía.

    Nos habríamos quedado en Dryburgh todo el día, pero el tiempo apremiaba y debíamos llegar a la Abadía de Kelso. Kelso fue fundada por el Rey David I de Escocia en la primera mitad del siglo XII. La Abadía está emplazada en el corazón de una ciudad, es más, su pórtico en ruinas se levanta a pocos metros de una concurrida rotonda vehicular. Algo de tenebrosidad transmite este edificio, aquella que a muchos les parece típica de la época medieval, pero que más bien acusa la acción del hollín citadino y el paso inclemente de los siglos.

    Un “Haggis”:
    Jedburgh fue la ciudad escogida para visitar antes de cruzar la frontera con Inglaterra. Fundada en el siglo XII y al igual que los otros sitios, Jedburgh también sufrió la embestida de las guerras de independencia entre Escocia e Inglaterra, más todavía tratándose de un emplazamiento fronterizo,a pasos del río Tweed. A pesar de que hasta hoy conserva casi toda su estructura, su monasterio carece de techumbre. Se acercaba la hora de almuerzo y nos pareció pertinente hacerle honor a la cocina escocesa antes de cruzar el Tweed y llegar a tierras inglesas. Un plato del tradicional “Haggis”, que no me atrevería a describir, y un vaso de “Irn Bru” (una especie de Fanta made in Scotland) calmaron nuestra hambre y sed. Una hora después de cruzar el Tweed, la primera urbe inglesa que nos recibió fue Newcastle, y después de atravesar el río Tyne nos encontramos en la pequeña iglesia anglosajona de Saint Paul, en Jarrow. En esos momentos, nuestra peregrinación gozó de un momento sublime: con Alex contemplamos el vitral medieval más antiguo que se conserva en Europa y, mucho más importante que eso, éste adorna una de las ventanas de la iglesia que vio crecer y morir al mismísimo Beda. Esta pequeña iglesia de piedra fue construida en el siglo VII y desde el siglo XVI es administrada por los anglicanos.

    Escultura de la Iglesia de Lindisfarne. UK

    A día siguiente, la jornada en Durham fue intensa. Primero fuimos a la catedral, construida por los normandos hacia fines del siglo XI, una de las pocas catedrales románicas que sobreviven en Europa y donde se encuentran los restos de Beda y Cutberto. La historia nos dice que, cuando el Priorato de Lindisfarne (nuestro destino final) fue atacado por los vikingos el año 793, los monjes lograron escapar cargando el cuerpo de San Cutberto, su más valioso tesoro. Después de instalarse en diversas localidades de Northumberland, los monjes llegaron a un sitio que ofrecía la mejor protección: se trataba de un montículo rodeado por el río Wear, donde instalaron su abadía y la tumba de Cutberto. Los milagros que el santo obraba en beneficio de los peregrinos que, poco a poco, comenzaron a llegar a este lugar, propagaron la fama de Cutberto y sus fieles monjes en toda Inglaterra y se constituyó aquel lugar como diócesis.
    La catedral normanda que hoy rasca los cielos de Durham debe su imponente construcción a la importancia que adquirió en los siglos medievales este obispado. Testimonio de ésto son los impresionantes objetos que hasta hoy se conservan en el museo catedralicio.

    Bendita isla

    Seguimos nuestro rumbo sur por la costa noreste de Inglaterra hacia Holy Island, lugar donde, por obra fundacional del monje irlandés, San Aidan, se instaló en el siglo VII el Priorato de Lindisfarne, como dependiente del Monasterio de Iona (Escocia). Holy Island tiene una característica geográfica que se presenta como un atributo medieval: es una isla de marea, es decir, sólo se puede llegar desde el continente sí la marea está baja. Al momento de cruzar, grandes carteles advierten a turistas y peregrinos que no han de desafiar la naturaleza y deben respetar las horas precisas en que el mar se repliega para conectar la pequeña con la gran isla.
    Manuscrito de Evangelio de Lindisfarne. SVII. combina el estilo celta con el anglosajón

    La marea de aquella tarde nos hacía contar con unas pocas horas para llegar y cumplir nuestro cometido espiritual: rendirle honores a Cutberto y al monacato celta de la época, autor de los maravillosos evangelios del priorato y luz en un periodo mal llamado Dark Ages. Al llegar, nos sorprendió encontrar el museo cerrado, así también como las tiendas donde encontraríamos el Lindisfarne Mead (aguamiel), que los monjes preparan en forma tradicional desde hace muchos siglos, en base a la fermentación de la miel.

    Lejos de entregarnos al desánimo, procuramos concentrarnos en el aspecto más importante del viaje. Así subimos a una colina donde pudimos rezar y conversar, y por supuesto, admirar a lo lejos el castillo que se alza sobre el Mont Saint Michel de Northumberland. Luego, contemplamos durante un buen rato las ruinas del priorato y entramos con timidez a una pequeña iglesia que alberga una de las cosas más notables que presenciamos en todo el viaje: un tallado moderno de madera, tamaño natural, que representaba el traslado del cuerpo de San Cutberto a hombros de los monjes de Lindisfarne en dirección a la nueva fundación monacal que se establecería en Durham.

    Decir que el hallazgo fue conmovedor es la forma más escueta de describir el momento. Minutos más tarde, nos encontrábamos en una tienda comprando aguamiel y el atardecer nos advertía que la marea acechaba y debíamos regresar. Detrás dejábamos uno de los lugares de peregrinación más insignes del Reino Unido y uno de los prioratos másemblemáticos de la Inglaterra medieval. 

  • Roma, Vida Cotidiana

    Roma, Vida Cotidiana

    Colorida y multiétnica, pero también sucia y peligrosa. La Roma de dos mil años atrás era muy distinta a como nos la imaginamos.

    Poblada como Calcuta. Multirracial como Nueva York. Lujosa como París. Rica como Tokio. Monumental como sí misma. La Roma de los primeros siglos después de Cristo (antes de la crisis y del traslado de la corte imperial) era una ciudad de mil caras: frenética y tranquila, austera y tolerante, noble y corrupta, sobria y lujosa. Poblada por casi un millón y medio de habitantes (no solo Romanos, sino que también Galos, Iberos, Africanos, Griegos, Sirios, Egipcios, Hebreos, Cilicios, Tracios, Sármatas, Germanos, Etíopes…etc.), vivía los mismos contrastes de una moderna megalópolis; los monumentos públicos y las grandes casas de los más adinerados, surgían en medio de un mar de pequeñas casuchas precarias, erigidas sin ninguna base ni criterio urbanístico preciso, las cuales se asomaban a calles angostas y malolientes, dinámicas y ruidosas de día pero semidesiertas y peligrosas de noche.

    Corazón palpitante. La más verdadera expresión de vida en la Urbe, de su riqueza y de su exhuberancia, eran los espacios públicos: los foros y los templos. Las grandiosas plazas que surgían en el centro de la ciudad (fora) eran no sólo la sede del gobierno y de la justicia, sino que también los lugares en donde se cerraban los negocios, se adquirían mercancías y géneros alimenticios, se encontraban amigos, se discutía, se participaba en ceremonias y manifestaciones. Al lado de las plazas surgían las basílicas, imponentes edificios con decenas de ambientes en donde se realizaban comicios, lecturas, juicios, pero también en donde encontraban resguardo miles de vagos. Y después los templos, desde los cuales las divinidades paganas dominaban y tutelaban a aquella, que en sus tiempos, era la metrópolis más poblada de la tierra.

    ¿Pero qué aspecto tenía la gente que animaba las calles de Roma? La respuesta nos viene dada por una ciudad en los faldeos del Vesubio, Pompeya, sepultada con casi todos sus 20 mil habitantes en la erupción del 79 d.C. De los análisis realizados en los frescos y en los restos de las personas fallecidas en la catástrofe, sabemos que los hombres tenían una altura promedio de 1,66 metros, y las mujeres de 1,54. Los primeros pesaban alrededor de 65 kg., y las segundas alrededor de 49, resultado de una dieta principalmente vegetariana. La edad promedio era de apenas 40 años. También por esta razón se casaban tan jóvenes, a los 13-14 años. Cada pareja tenía por lo general dos o tres hijos y un anciano por mantener. Sólo los niños llevaban el pelo largo, pero tampoco la calvicie era bien vista. La barba estaba permitida sólo a los filósofos, hasta que el emperador Adriano la convirtió en una moda. Las mujeres hacían un amplio uso de cosméticos, bases (hechas con carbonato de plomo, una sustancia tóxica), lápiz labiales (de yeso rojo o algas purpúreas), sombras (polvos de malaquita) y perfumes. Se usaban mucho también los cabellos postizos de color rubio, adquiridos a las poblaciones del norte.

    Aquella de Roma, era una sociedad multiétnica, con una fuerte presencia de extraeuropeos y mestizos. El componente etrusco variaba desde un 40% en las localidades de la Italia central, a un 10% en el sur de Italia. Pero habían también Sanitas, Griegos, Caucásicos e inclusive personas que provenían de la África negra. Una ciudad, por lo tanto, meta de miles de viajeros e inmigrantes, mistificada por muchas poblaciones del imperio en donde el concepto de raza era prácticamente desconocido. Y por esto, tuvo que pagar un precio no indiferente. Juvenal en una sátira, describe a Roma como un desproporcionado mercaducho regional, donde era casi imposible vivir: escribe, “la ola de gente que me está por delante me obstaculiza, aquella que se encuentra por atrás, me presiona por las espaldas como una falange cerrada” continúa el poeta “por acá uno me da un codazo, por allá me pega duramente una lettiga al pasar, otro me pega con una viga…”

    Problemas de alojamiento:
    La siempre mayor afluencia de personas y el espacio que se reducía progresivamente, obligaban a los últimos que llegaban a contentarse con habitaciones constituidas por una sola gran pieza, iluminadas solo por la luz que entraba por la puerta o al máximo por alguna ventanilla. Para hacerle frente a la sobrepoblación se recurrió a una solución que muchos comentaristas de la época juzgaron como peor que el mal: las insulae, precursoras de los modernos condominios, pero en realidad inestables edificios de cuatro o cinco pisos muchos de ellos habitados por cientos de pobres y esclavos.

    En el primer piso (planta baja), estaban las bodegas con un entrepiso piso para el alojamiento de los mercaderes; arriba, los departamentos de 2 o 3 locales. No obstante estaban privados de cualquier confort, calurosos en el verano y fríos en el invierno, algunos eran muy caros y arrendarlos no estaba al alcance de todos. El poeta Marcial afirmaba con sarcasmo que los inquilinos podían casi darse la mano de un edificio a otro. Fruto de las especulaciones de las clases acomodadas, las insulae eran construidas preferentemente en madera y bien a menudo, eran devoradas por las llamas, al igual que sus ocupantes.

    Y después, el ruido, ensordecedor. Séneca, que vivía encima de una estructura termal, así se lamentaba: “Me rodea un ruido, un gritar constante en todos los tonos que te hace desear ser sordo. Siento el jadear de aquellos que se ejercitan afanosamente con los pesos de plomo…Cuando después llega uno de esos que no saben jugar a la pelota sin gritar, y comienza a contar los puntos hechos en alta voz, entonces se acabó. Está el vendedor de bebidas, el salchichero, el pastelero y todos los diferentes vendedores que andan ofreciendo sus mercancías con una especial y única modulación de voz”. Y en las noches las cosas no mejoraban: a los carros y otros medios que abastecían a Roma, les estaba prohibido circular de día (con raras excepciones) para no hacer más caótica la situación. Así, al atardecer y llegar la oscuridad, la ciudad, casi totalmente carente de iluminación, se llenaba de carros y carritos. Comenta Marcial: “En Roma, la mayor parte de los enfermos muere de insomnio, porque ¿cuál casa en arriendo te permite dormir?”.

    También realizar un simple paseo era toda una empresa: pocas veredas, calles angostas, y además, varias veces obstruidas, en una época en que el único sistema para deshacerse de la basura era tirándola por la ventana. Las calles (vías) tenían un andar irregular y no poseían generalmente nombres. Tampoco las casas eran numeradas. Para los forasteros era casi inevitable confiarse en la “guía” de un habitante del lugar. Con todos los riesgos del caso. Los barrios más peligrosos eran obviamente aquellos populares, como el Esquilino, el Viminale o peor, la Suburra: aquí se encontraban los antros y locales de peor reputación, refugio de prostitutas, ladrones y cualquier tipo de delincuente. Después del atardecer, caminar en la ciudad era un reto al destino: los delitos eran muy frecuentes y quien estaba obligado a poner un pie fuera de su casa lo hacia acompañado de esclavos armados y con antorchas. Pero de todas formas, alrededor de un cuarto de la población de la Urbe se adaptaba a dormir bajo los puentes o los arcos de los grandiosos edificios, o sino, en improvisadas construcciones. La iluminación pública apareció sólo en el 450 d.C. Antes, las calles eran totalmente oscuras y las casas iluminadas por linternas o antorchas.

    Por cientos de miles de personas en condiciones precarias, habían otras que ostentaban riqueza y poder. Magistrados, jefes militares, políticos, banqueros y negociantes vivían lejos del centro, en zonas como el Quirinale, el Pincio, el Oppio o el Aventino, en villas de un sólo piso, rodeadas de jardines extraordinarios, con piscinas, termas, columnatas, porticados forrados en mármol. La planta de estos edificios era más o menos la misma: una primera zona –donde estaban expuestos los retratos de los antepasados y surgía el tabernáculo de los dioses protectores de la casa- incluía el atrium (una sala de entrada con una abertura en el techo para hacer entrar luz y agua) y el tablinum (donde estaba el archivo, la biblioteca y se recibía a las visitas); la segunda zona se desarrollaba alrededor a un patio porticado con jardín central (peristylium) por donde se iba a las habitaciones y al triclinium, el comedor.

    ¿Y el trabajo? En la época era aún un concepto indefinido. Sin duda no era un recurso para vivir. No al menos para todos. El cansancio, el trabajo arduo eran sólo de los esclavos y de las clases pobres, mientras los romanos más acomodados (pero no sólo ellos) alternaban la actividad pública de la mañana con el llamado otium, el tiempo dedicado a los juegos, a los circos, al relajo. Inclusive ser parte del ejército, para los ciudadanos de la edad imperial, se había convertido en algo inaceptable. En la antigua Roma, la privacidad no existía. Los hechos íntimos eran expuestos en la plaza sin vergüenza y comentados, como advertencia o ejemplo.

    Baños Romanos:
    Uno de los principales lugares de encuentro y placer eran los baños y las termas, construidas con las ganancias de las conquistas: habían más o menos 867 extendidas en el perímetro urbano. Su notoriedad creció rápidamente hasta convertirse casi en un símbolo de la metrópolis y de su filosofía de vida: el baño precedía el banquete posmeridiano, se paseaba en los jardines que había en los alrededores de las tinas y piscinas y se cerraban negocios. Para hacer funcionar estos establecimientos se necesitaba mucha agua, once acueductos abastecían a Roma más de cuanta puedan disponer hoy en día la muchas ciudades en el orbe.

    Pero sólo pocos privados, más o menos dos mil, podían gozar del agua corriente en las casas. El resto de la población recurría a las numerosas fuentes, al Tíber o se conectaban abusivamente a los conductos públicos. De hecho, algo similar, a lo que pasa hoy en día en muchas zonas del mundo. Baños calientes y fríos, masajes, sauna. Ir a las termas era la actividad más agradable y deseada. Durante la república los romanos aprendieron de los griegos la costumbre de incorporar en las casas, para quien pudiera permitírselo, una habitación para el baño. Y se apasionaron de tal manera que terminaron por construir, solo en Roma, once grandes complejos termales públicos (gratuitos) y 856 establecimientos balnearios privados (para entrar se pagaba un cuarto de As, los niños entraban gratis).

    En los enormes establecimientos termales, se podía acceder a distintos tipos de tratamiento, desde la transpiración en seco, a los masajes, al baño verdadero, frío o caliente, en grandes piscinas o en tinas individuales. Hornos subterráneos calentaban el agua e introducían aire caliente en los respectivos espacios existentes entre las murallas externas y aquellas internas. Con Domiziano y Trajano ningún impedimento prohibió más a las mujeres de bañarse con los hombres; a quien no le agradase tal promiscuidad, podía dirigirse a los establecimientos reservados sólo para las mujeres. En realidad, también en algunas termas públicas se obtenía la separación de los ambientes comunes, asignando horas distintas a los baños masculinos y a los femeninos.

    Trajano (emperador desde el 98 al 117) ha legado con su propio nombre también a una de las termas más grandiosas de Roma. Construidas en el Esquilino, en el 109 d.C., las termas de Trajano ocupaban un área de alrededor 10 hectáreas. Fueron las primeras orientadas en modo de aprovechar por todo el transcurso de la jornada la luz y el calor del sol. Hoy día, quedan algunos restos en el parque del cerro Oppio. Entre todas las calamidades que Roma tuvo que combatir, el fuego fue sin duda, una de las más insidiosas. Una mínima distracción o desatención en la manutención del fuego doméstico (focolare domesticus) podía de hecho iniciar incendios colosales, alimentados por la madera de la cual estaban hechas las habitaciones populares. Por esto, en el 6 d.C., se instauró la milicia de los vigiles, un cuerpo de 7 mil hombres (divididos en 7 cohortes) comandadas por un praefectus vigilum.

    A los “vigili”, que vivían en cuarteles especiales, les correspondía apagar los incendios pero también prevenirlos: por esto terminaron también teniendo tareas más amplias como de policía, especialmente para la seguridad nocturna. Según una ley emanada por el emperador Tiberio, al cuerpo de los vigiles podían acceder también los libertos, los cuales después de 6 años de servicio recibían la ciudadanía romana. El operar de los vigili, dotados de bombas, escaleras, aparejos y cuerdas, cubiertas con reservas de vinagre, orina y arena, se revelaban particularmente eficaces, también gracias a la abundancia de agua en Roma. 

  • Recuperando la Edad Media

    Recuperando la Edad Media

    La Edad Media en el Siglo XX:
    En el siglo XX aparecieron dos fuerzas muy diferentes que contribuyeron a formar nuestra visión del pasado medieval. La primera fue la gran cantidad de estudios sobre la Edad Media que se realizaron en las universidades. Miles de tesis doctorales y de facultades de literatura han estudiado la historia y la cultura del período, generando cientos de libros de texto, de estudios y de monografías. Al mismo tiempo, surgió otra fuerza que presentó su propia imagen de la Edad Media: el cine.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, la historia, la literatura, y luego la historia del arte se constituyeron en profesiones diferenciadas. Se establecieron cátedras para su enseñanza y se multiplicaron los cursos, las titulaciones y los departamentos universitarios que giraban en torno a ellas. Aparecieron entidades especializadas, como la Academia Medieval de Estados Unidos, que se fundó en 1925.

    El pueblo de Saint Andrew era un centro de peregrinación medieval

    El resultado de estos grandes adelantos de la organización y el financiamiento fue que la Edad Media quedó en manos de académicos profesionales, que trataban de imprimir su imagen del pasado en los jóvenes de clase media a los que educaban. Las opiniones de los académicos, no siempre bien entendidas, dieron forma a las imágenes del período que se formaron sus discípulos, y estas mismas imágenes han sufrido cambios.

    La historiografía medieval ha atravesado tres grandes momentos. El primero, a principios del siglo XX, privilegiaba la historia política y constitucional, y era un sistema de formación de funcionarios públicos y de administradores imperiales; la segunda dio más peso a la historia económica y social, y estuvo muy influida por las controversias de las décadas medias del siglo; la tercera se origina en el consumismo, el hedonismo y el feminismo de los tiempos actuales, que han encontrado su objeto natural en la historia de la cultura.
    Por supuesto, en todos estos momentos se pueden encontrar ejemplos de los demás, pero la tendencia es clara. Las anteriores generaciones de estudiantes, acostumbradas a investigar los grandes documentos de la historia constitucional de su país, contrastan con quienes defienden la interpretación marxista de la Edad Media o el valor de la escuela francesa de los Annales, influida por el marxismo, o con los estudiantes de los cursos superiores de la actualidad, que se interesan por el papel del género o del cuerpo en aquella época.

    Los cambios sociológicos y educativos del estudiantado se han visto acompañados por cambios paralelos de la imagen misma de la Edad Media que se les enseña. No sólo las modas han dado forma a los estudios medievales durante el siglo XX. Lamentablemente, la nueva disciplina también se ha visto sometida a los regímenes políticos del momento. En 1937, el nombre de la principal revista alemana de estudios medievales dejó de ser Neues Archiv (Archivo Nuevo) para convertirse en Deutsches Archiv (Archivo Alemán), abandonando también la tipografía moderna para adoptar la pseudomedieval, llamada Fraktur o gótica. El primer artículo de la nueva revista se titulaba «La Edad Media alemana», y su primera frase rezaba: «Para el nacionalsocialismo es indispensable que la validez universal de su cosmovisión conforme la base de la ciencia alemana, y que siga conformándola durante todo el porvenir». No todos los eruditos alemanes abrazaron el nazismo, como lo testimonia el hecho de que tantos de ellos abandonaran el país y pasaran a enriquecer las universidades inglesas, pero muchos lo hicieron.

    Castillo de Warwick 

    En los países comunistas, los estudiosos estaban obligados a incluir a Marx y a Engels en sus bibliografías y a organizar su pensamiento de acuerdo con la teoría decimonónica de la evolución social de los dos fundadores del comunismo. De ello no siempre resultaron estudios empíricos de mala calidad: una de las investigaciones precursoras sobre el campesinado medieval inglés pertenece a un marxista impecable, E. A. Kosminsky. Sus estudios sobre la historia agraria de Inglaterra en el siglo XII aparecieron en traducción inglesa en 1956, con un prefacio donde el autor proclamaba: «He basado mi trabajo en el método marxista- leninista», y en una nota al pie citaba respetuosamente los últimos trabajos de José Stalin. El libro constituye un estudio histórico esencial sobre los modelos de propiedad del período medieval. Para la investigación histórica, la rigidez del marxismo demostró ser un veneno menos letal que las doctrinas racistas de los nazis.
    De este modo, entre el año 1900 y el momento actual se desarrolló un amplio sector académico y universitario dedicado a explicar y representar la Edad Media ante un público relativamente amplio. Esto tiene su importancia, pero mucho más la tiene el cine, a causa de, su capacidad para transmitir imágenes. Muy poco después de su nacimiento, se comenzaron a hacer películas de tema medieval. Juana de Arco pasó al celuloide en 1900, y la primera película sobre Robin Hood data de 1908. Así como las ideas que tenemos en la actualidad del imperio romano o del salvaje oeste están compuestas por un 90 % de cine y un 10 % de realidad, del mismo modo cuando pensamos en la Edad Media lo más probable es que nos la representemos según lo que hemos visto en la pantalla.

    Como es lógico, en el cine europeo se pueden encontrar ejemplos de poderosas imágenes del Medievo: la versión expresionista de Lang de las antiguas leyendas germánicas del Nibelungenlied (1924), el clásico nacionalista épico de Eisenstein, Alexander Nevski, o El Séptimo Sello (1957), la sombría y evocadora pintura de la conciencia y la muerte durante la Edad Media tardía de Bergman. El cine francés ha ofrecido muchas interpretaciones memorables de Juana de Arco. Pero quien dominó el género fue Hollywood, con sus versiones de hechos históricos, de leyendas de la Edad Media y de obras de ficción ambientadas en el período medieval. Las novelas históricas de los románticos, que ya había hecho tanto para crear una Edad Media vívida y pintoresca, fueron objeto de traducción cinematográfica. La MGM adaptó una de las novelas medievales más leídas de Scott: en la producción de Ivanhoe de 1952 se ve un castillo especialmente construido para la película, y que se dejó envejecer durante todo un año antes de comenzar el rodaje. En 1958, el mismo libro dio origen a una serie de televisión. Nuestra Señora de París de Víctor Hugo fue llevada siete veces al cine, primero en Francia en 1906 y noventa años después en la versión de Disney de 1996.

    Las producciones épicas de Hollywood como El Cid (1961) han influido tan poderosamente en la imagen popular de la Edad Media como todo lo que han escrito los historiadores. En esa película, Charlton Heston, muy erguido y leal, sigue su camino en un mundo lleno de peligros, de príncipes malvados y de temibles invasores. De acuerdo con la apología convencional de la paz que se hacen los filmes bélicos de la época, no se retrata al Cid como en realidad fue, un buen capitán de mercenarios, ni como campeón del cristianismo contra los musulmanes. En lugar de ello, es un hijo leal de «España», una España multicultural donde todos, hasta los musulmanes son muy educados. Los enemigos de todos ellos son los invasores fundamentalistas de Marruecos, vestidos de negro. Heston-Cid interviene en un complejo torneo ante las murallas de la ciudad de Calahorra, demuestra su coraje y su clemencia en los combates y muere defendiendo Valencia contra los sitiadores africanos. Sofía Loren añade la intriga amorosa haciendo el papel de doña Jimena, la esposa del Cid, cuyos sentimientos se ven complicados por el hecho de que su marido ha dado muerte a su padre (lo cual, contrariamente a lo que podía suponerse, es un recurso romántico ya empleado en la tragedia clásica francesa del siglo XVII).

    Las tumbas medievales son un ejemplo excelso de arte

    Al igual que los grandes cuadros históricos del siglo XIX o las óperas de Richard Wagner y de otros compositores, las películas de tema medieval presentan imágenes vigorosas, imponentes e inolvidables a un público mucho más numeroso que los lectores de los estudios académicos. En realidad, las películas históricas hollywoodenses son una continuación sin fisuras de la pintura histórica y de las óperas del período anterior. Pertenecen a la misma cultura romántica tardía, lo que no sólo se ve claramente en la música, sino también en la idealización del heroísmo, en lo elemental de sus modelos de la masculinidad y la feminidad, y en su tono ingenuo y moralizante. Reforzada por toda una corriente de fantasías pseudomedievales como los libros de Tolkien, y habiendo encontrado una nueva expresión en los juegos electrónicos, la Edad Media romántica ha logrado transmitirse por los medios informáticos y convertirse en una imagen ampliamente difundida. 

  • Los Estados Pontificios: Un Regalo con Consecuencias para La Iglesia

    Los Estados Pontificios: Un Regalo con Consecuencias para La Iglesia

    Desde que se estableció Pedro como primer obispo de Roma, los fieles y aún más los emperadores cristianos, fueron donando a la Iglesia romana gran cantidad de bienes territoriales, algunos de ellos con importantes extensiones de terreno. Estas posesiones, fueron integrando lo que se conoció como “Patrimonio de San Pedro”, y estuvieron diseminados por toda la península itálica e incluso fuera de ella.

    Su administración, aunque no convirtió inicialmente a los papas en jefes de Estado, les otorgó varias prerrogativas civiles y políticas. Como muchos papas procedían de la aristocracia romana, ejercían simultáneamente el cargo de obispo y de gobernante civil de la Ciudad Eterna. Sin embargo, los Estados Pontificios no se establecen en los primeros siglos de la Iglesia, sino que hasta el año 756, durante el pontificado de Esteban II y con la ayuda de Pipino III gobernador de los francos.

    Donacion de Pipino el Breve por el Tratado de Quierzy al Papa Estevan II el año 756

    Desde mediados del siglo VI, los lombardos, un pueblo germánico originario del norte de Europa, se asentaron en el valle del río Danubio y desde allí invadieron la Italia bizantina, el año 568, bajo la conducción de Alboino. Ocuparon casi toda la península y establecieron un reino lombardo (o longobardo, como se les decía en latín), que duró hasta la mitad del siglo VIII, cuando fueron derrotados por los francos. Veamos los orígenes de los Estados Pontificios. Indudablemente en centro de ellos está Pipino III, más conocido como Pipino el Breve, debido a su baja estatura, hijo menor de Carlos Martel, que nació hacia el año 715 en Jupille, en donde nace una gran parte de la dinastía Merovingia y Carolingia. Cuando el papa Esteban II solicita su ayuda, éste se la presta interviniendo ante Astolfo, rey de los lombardos, quien aceptó traspasar Ravenna a Roma. Sin embargo, incumplió su compromiso y, por añadidura, puso sitio a Roma. Se produce una nueva llamada de auxilio del Papa a Pipino el Breve y nueva acción militar de los francos en su auxilio. Sometidos los lombardos, por fin, éste hizo entrega al papa Esteban II de los extensos territorios conquistados, confiriendo al  Sumo Pontífice el dominio temporal de un Estado que, con algunas variaciones geográficas, habrá de perdurar hasta 1870, durante más de 11 siglos.

    Como retribución a tanta generosidad, el domingo 28 de julio del año 754, en la basílica de Saint Dennis, el papa Esteban II consagra a Pipino y le confiere los títulos de Rey de los francos y Patricio de los romanos. Se establece por medio de este acto, un estrecho lazo de continuidad entre la unción realizada a los reyes del Antiguo Testamento y los reyes de la nueva dinastía. Esta consagración pone fin al linaje merovingio y legaliza el advenimiento de los carolingios al poder. Confirmando a Pipino el Breve, como Rey de los francos, y consagrándole el mismo como tal, el Papa tomó distancia con el emperador de Bizancio, sometiéndose para su seguridad, a los soberanos francos. Es el comienzo de una larga colaboración, a menudo conflictiva, con los carolingios y sus lejanos herederos del Sacro Imperio Romano Germánico.

    A partir de esta consagración, la legitimidad del Rey, no dependerá exclusivamente de los señores francos, electores del rey, y se transformará en un reinado de derecho divino, que durará en Francia interrumpidamente durante ciento once años. Los francos querían una buena relación con los lombardos y también con el Papa. Por eso, el año 754 los francos envían una delegación para calmar a los lombardos en sus reivindicaciones territoriales, pero ésta no tendrá ningún efecto. Por ello, Pipino el Breve se ve obligado a lanzar en su contra una primera expedición militar de la que sale victorioso. Pero un año después los lombardos ponen sitio a la ciudad de Roma. Por lo tanto, entre el año 756 y el 758, el Rey de los francos deberá lanzar tres campañas contra ellos, hasta conseguir su retiro hacia el norte de Italia. No obstante, tras esta victoria, multiplicará sus esfuerzos para intentar restablecer el entendimiento entre los lombardos y Roma.

    Al final de estas expediciones, Pipino el Breve decide regalar al papa Esteban II las regiones conquistadas: 22 ciudades del centro de la península itálica. Ravenna, Perusa, las provincias de Emilia – Romagna y de la Penta – Cole se unen a Roma, dando forma así, a los Estados Pontificios, cuya capital será la Ciudad Eterna. Una donación de los territorios reconquistados que, como veremos, serán para la vida y misión de la Iglesia, lo que acostumbramos llamar un “presente griego”. Un nuevo Estado formado por un conjunto de territorios básicamente centro italianos, que se mantuvieron como un estado independiente, bajo la directa autoridad civil de los papas, entre los años 756 y el año 1870. Limitaba al norte con el Sacro Imperio Romano Germánico, con los Ducados de Toscana y Módena y la República de Venecia. Los otros límites fueron: al este con el mar Adriático, al sur con el Reino de Nápoles y al oeste con el mar Mediterráneo.

    Mapa de los territorios carolingios 

    Es así, como sin haberlo buscado, el Papa se convierte en soberano de un Estado temporal, que como hemos dicho, duró durante once siglos y que todavía subsiste su heredero, el pequeño Estado de la Ciudad del Vaticano, creado el 11 de febrero de 1929, gracias al Concordato de Letrán, entre la Santa Sede y el Gobierno Italiano. Con ello se pone punto final a los múltiples problemas que surgieron a raíz de la toma de Roma por Garibaldi, cuando éste en 1870 lucha militarmente por la unificación de Italia y pone fin a los Estados Pontificios. Mediante este Concordato el Papa queda como soberano de un minúsculo Estado: la Ciudad del Vaticano, pero enteramente libre, en el corazón de Roma.

    Con perspectiva histórica, podemos decir que el regalo de Pipino el Breve a la Iglesia, fue un peligroso presente, pues el Papa se transformó con ello en un gobernante temporal, teniendo hasta su propio ejército. Los papas, al querer igualarse a los emperadores y reyes de la época, tuvieron que reunir enormes cantidades de dinero, para financiar las monumentales y hermosas construcciones que se requerían, para hacer de Roma una ciudad que estuviera a la altura de las otras grandes capitales europeas. A raíz de ello surge la venta de indulgencias y la corrupción que afectó fuertemente la vida de la Iglesia, pero esto será materia de otro análisis. Podemos decir con tristeza, que el Papa tuvo que abandonar parte de sus tareas espirituales, para dedicarse a las actividades propias de un Jefe de Estado, y la Sede de San Pedro empezó a resultar atractiva para  hombres codiciosos de poder, riqueza y prestigio. 

  • Las Órdenes Militares Medievales

    Las Órdenes Militares Medievales

    Las Ordenes militares de caballería que hoy siguen fascinando a la novelística y a la historia nacieron hacia el año 1.000. Surgieron de las transformaciones sociales y políticas de la época feudal, del rol preponderante de los castillos y de la adopción de nuevas técnicas de combate por parte de los guerreros. Encontraron un enemigo en el Islam y la caballería se opuso fuertemente a él.

    La sociedad que surgió de las invasiones del siglo V – VI en Europa fue aristocrática y guerrera e hizo que los hombres libres se relacionarán mediante la sujeción a otro más poderoso, mediante juramento de fidelidad, la encomendación. Ya en el siglo X abundaban los principados y los señoríos, y con ellos “ejércitos” privados sometidos a un señor.
    Esta sociedad era violenta y la Iglesia busca pacificar mediante instituciones como la Paz de Dios y la Tregua de Dios, que restringían la guerra privada y buscaban crear un clima de paz. Por otro lado el Islam, que había conquistado vastos territorios del África Cristiana y de Occidente (España, Sicilia) era un peligro que exigía defensa. El Islam buscaba la conversión del mundo entero.

    Mural del Siglo XII, Capilla de los Templarios de Cressac

    Así fue surgiendo una sociedad militarizada, constituida por tres órdenes: Clérigos, Guerreros y Campesinos, como lo expresó Aldaberón en un escrito en honor a Hugo Capeto. La Iglesia quiso formar una caballería eclesiástica, Militia Sancti Petri, pero no lo consiguió. Pero sí logró imponer un código ético en los guerreros y que profesaran defender la fe católica. Ello se conseguía mediante una Regla.

    La primera cruzada:
    En 1095, mientras España vive un proceso de recoquista frente al Islam que la habia invadido el 711, Urbano II predica la I Cruzada. En ambas empresas se comprometieron los caballeros que tomaron las armas para seguir al Papa y esta acción los transformó en el caballero prototipo del cristiano: distinguido y noble. En torno al caballero surgirá un código de honor, una literatura y una mitología, gracias a su armamento, a los torneos y a sus valores cristianos. Nacerán las canciones de Gesta, que cantarán sus aventuras.

    Los Caballeros Templarios:
    Fue la de los Templarios la más famosa en los siglos medievales. Sus miembros laicos guerreros, sacerdotes capellanes y servidores sargentos, guerreaban en la defensa del Reino latino de Jerusalén y en los principados cristianos, defendiendo al peregrino y siendo testigos de la fe.
    Ellos, como las otras órdenes, tenían un Código o Regla, aprobada por el Papa. Poseían independencia política y tenían un Gran Maestre, elegido de entre los más altos caballeros. poseían fortalezas en Oriente y Occidente. Fue una orden rica lo que despertó la ira y codicia del rey Felipe IV el Hermoso, que los persiguió, encarceló y presionó al Papa Clemente V de Aviñón, que los suprimió en el Concilio de Vienne (1311 – 1312).
    Se acababa así el servicio a los peregrinos en Medio Oriente y la defensa militar. La obra de su fundador Hugo de Payns, se acababa con la muerte, en la hoguera, acusado de herejía y traición a Cristo, de Jacques de Molais, el último Gran Maestro, que injustamente fue ajusticiado junto a la plana mayor de la Orden. Nacía así, la leyenda acerca de los templarios que dura hasta hoy. 

  • La Restauración de la Torre di Pisa

    La Restauración de la
    Torre di Pisa

    A pesar de que la Torre Inclinada de Pisa es uno de los atractivos turísticos más importantes de Italia, es en realidad sólo una parte del “Duomo de Pisa”, compuesto por cuatro edificios.

    Italia posee el 45% de los monumentos arquitectónicos del mundo y entre ellos la Torre de Pisa es uno de los que más retiene en su mente el viajero que visita este país. Sin embargo, para poder entender el por qué de su fama internacional, debemos conocerla con un mínimo de rigor y profundidad. La Torre de Pisa no es más que el campanil de tipología arquitectónica aislada del “Duomo di Pisa”, ambos edificios forman parte de un conjunto arquitectónico- urbanístico único en el mundo en su género, el llamado “Campo dei Miracoli”, que está compuesto por cuatro edificios: “il Duomo, la Torre, il Battistero e il Camposanto”, envueltos los cuatro por un muro perimetral que transforma al conjunto en un espacio cerrado y por ende en una obra Arquitectónica única.

    Campo dei Miracoli

    Por lo tanto, no podemos referirnos a la Torre, sin al menos exponer una pequeña reseña de los edificios parte del complejo. En primer lugar, “il Duomo”, iniciado en el año 1064 por el Arquitecto Buscheto y terminado por el Arquitecto Rainaldo en el S.XII. En su interior paradojalmente aún cuelga de la nave principal el “péndulo” con el cual el Maestro Galileo Galilei, generó una serie de experimentos desde la cúspide de la Torre, entre ellos la demostración del “isocronismo del péndulo”. “Il Battistero” iniciado en el año 1152 y terminado a fines del 1300, sus principales autores son los Arquitectos Diotisalvi y Nicola Pisano. “Il Camposanto”, iniciado en el año 1277 por el Arquitecto Giovanni di Simone, y finalmente “Il Campanile del Duomo”, también llamado desde la antigüedad la “Torre pendente”, actualmente conocida como la Torre de Pisa.

    Esta construcción iniciada en el año 1173 posee una altura de 55 m y una inclinación de 5o – 30. Al finalizar el tercer nivel, la Torre comienza a inclinarse, lo cual lleva a una suspensión inmediata de los trabajos por razones evidentemente estructurales. Sin una razón histórica ni científicamente comprobada, en el año 1275 se continúa su construcción conservando la inclinación de los tres niveles anteriores, obra encargada al Arquitecto Giovanni di Simone, quien generando una aparente suerte de “Ilogísmo Arquitectónico”, cada vez que construía un nuevo nivel, lo hacía retomando la verticalidad perfecta de éste. Sin embargo, al terminar el nuevo nivel, con su peso inclinaba más la Torre, acusando claramente que el terreno cedía. Esta operación y curioso fenómeno se repitió hasta terminar la Torre coronándola con su “cella campanaria”. La fecha de término data de la segunda mitad del 1300, generando una de las Torres más altas de su época, a la que se asciende por una escala de 294 escalones.

    En el interior de “Il Duomo” aún cuelga de la nave principal el “péndulo” con el cual el Maestro Galileo Galilei, generó una serie de experimentos desde la cúspide de la Torre, entre ellos la demostración del “isocronismo del péndulo”.

    La Restauración constó esencialmente de una exhaustiva limpieza de todos los agentes patológicos de epidermis a nivel físico, químico y biótico, aplicando como terminación sustancias consolidantes para garantizar la no disgregación de la materia. Dado que la Torre no se puede enderezar, pues fue construida curva e inclinada como si luchara contra la fuerza de gravedad con cada nuevo nivel que se le agregaba, la operación que se realizó en primer lugar fue la consolidación del terreno de su base para impedir que se siguiera curvando, pero conservando la inclinación original ya que es parte de su especial historia y de su valor como Monumento. En segundo lugar, de la mano con la operación anterior, se intervinieron cuidadosamente sus cimientos para garantizar así su estabilidad estructural. 

  • Petra: La Calma del Desierto

    Petra: La Calma del Desierto

    Petra, magnífica ruina de una ciudad romana, que combina arquitectura helénica con nabatea. Se aparece entre las rocas, impactando al observador y es, sin duda, la joya del desierto de Wadi Rum.

    Mapa de Petra 1912. Libro de Viajes de Karl Baedeker, 5ta Edición

    Cuando uno escucha el nombre Medio Oriente muchas opiniones e ideas vienen a la mente, especialmente la palabra conflicto es la que más resuena en nuestros oídos. Además, muchas veces cuando nos informamos ya sea a través de la prensa escrita o la visual encontraremos alguna noticia referida al tema del conflicto. También es justo decir que en la última década la zona lleva un estigma bajo los ataques y milicias terroristas en el lado musulmán. Connotación que ha sido designada por los ojos occidentales, pero que finalmente es una sola mirada y no un enfoque completo de toda una tradición.

    Los países árabes no pueden llevar la tilde de belicosos y terroristas,  sino que me atrevería a decir que la verdadera palabra que los define es es misterio y riqueza, en elementos ocultos a las mentes de occidente, los cuales se presentan como una belleza y una atracción preciosa. Medio Oriente árabe es un tesoro fecundo de riquezas en todo ámbito de la expresión humana, desconocido a muchos de nosotros. A que se debe la reflexión, se debe a una experiencia netamente personal. Hace aproximadamente un mes atrás tuve la suerte de viajar a la zona por motivos de vacaciones, mi expectativa era tremenda porque sabía que iba a una tierra virgen para mis ojos y espíritu.

    Aterricé en el aeropuerto “Queen Alia” en Amman, Jordania. Desde que inicié el trayecto al hogar de mis padres quienes se encuentran allá por trabajo, sabía que estaba lejos de casa y que me encontraba en una zona donde muchas miradas han sido puestas. Lo más llamativo en ese camino fue ver carteles que indicaban salidas hacia la frontera con Arabia Saudita camino que también llevaba a Yemen y otra salida que llevaba a la frontera con Irak. Sólo horas te separaban de lugares que siempre escuchas y que nunca piensas que estarás tan cerca de ellos. La emoción de aventura estaba siempre presente.

    Pero mis planes no contemplaban esos dos países, mi idea era conocer el país jordano y su actual apuntada maravilla del mundo; Petra. Todo el pueblo de Jordania se enorgullece de su “piedra” y uno podía ver en todas partes publicidad para visitar la ciudad, lo cual creaba una tremenda expectativa para ir de inmediato. Pero los jordanos tienen muchos más encantos en su tierra, poseen uno de los desiertos más místicos y maravillosos de la tierra; el desierto de Wadi Rum.
    Desde la perspectiva de la historia Wadi Rum fue lugar de planificación de Lawrence de Arabia durante la primera guerra mundial para llevar sus ataques en contra del Imperio Otomano. Por lo tanto, los dos lugares me aparecían lugares atractivos para conocer, además, Wadi Rum era accesible después de la visita a Petra.

    Inicié mi viaje a Petra junto a un joven jordano, temprano una mañana, para descubrir una de las nuevas siete maravillas del mundo. El precio de entrada a Petra son 21 dinares jordanos, los cuales equivalen a 30 dólares. Uno empieza la odisea a través de “As-Siq”, que es la entrada principal. Esta se asimila a una tremenda garganta con unos acantilados de unos ochenta metros de altura y un recorrido de unos 1.200 metros. Las formaciones geológicas con las cuales uno se encuentra son impresionantes, rocas de color rojo, canales de agua y embalses. Aspectos que están constantemente bajo la mirada de la cámara fotográfica.

    Después de la asombrosa caminata uno se encuentra con la principal atracción del lugar, que, tímidamente, se asoma al final del trayecto: Al-Khazneh. Este potente monumento se presenta ante la mirada humana como una verdadera maravilla de la arquitectura. Es una mezcla entre la arquitectura helena y la nabatea. Uno podría escribir un sin fin de características de este monumento histórico, pero las palabras serían demasiado subjetivas. Sólo se puede decir que al encontrarse con ella uno queda impactado por su belleza. Pero Petra no es sólo este tremendo y hermoso monumento, sino que ofrece muchas atracciones arquitectónicas; un odeón romano, tumbas reales, una calle columnada y muchos templos. Es injusto dedicarle un par de horas a esta nueva maravilla del mundo, pero sí creo que es posible encantarse y dejarse llevar por su belleza e historia. Sinceramente los jordanos se merecían poner su nombre en la historia del mundo con este nuevo nombramiento de las siete maravillas.

    Desierto de Wadi Rum

    Después de la agotadora, pero maravillosa experiencia en Petra, era el turno del inmenso desierto de Wadi Rum. Llegué ahí la misma tarde y ya me sentía pequeño ante la grandeza del desierto. Fui acompañado nuevamente por el chofer y un guía beduino de la zona. Nos encaminamos en una camioneta a explorar las dunas rojas marcadas por el cálido viento del verano jordano. La soledad se sentía y uno se encontraba dentro de una de las más bellas creaciones que sólo pueden ser atribuidas a la divinidad, ya que ningún hecho azaroso puede haber sido el artista de la bella pintura que estaba frente mis ojos. Este paisaje rojo que me rodeaba fue hecho inteligente para ser contemplado.

    Es en la inmensidad del desierto jordano donde más solo me he sentido, pero fue una soledad llena de alegría y meditación. El desierto otorga eso, invita al autoconocimiento y a la meditación profunda. Te muestra que estás alejado de toda distracción y te ofrece la oportunidad de encontrarte. No detallaré todo lo que pasó por mi mente en esa tarde mientras me maravillaba por la puesta de sol más bella que mis ojos han visto, pero si se me permite hacer una pequeña analogía, lo que sentí en ese momento fue lo que sintió el Principito de Antoine de Saint-Exupéry, fui capaz de revivir el encuentro que tuvo con el zorro y darme cuenta de la importancia de la rosa que nos presenta el autor francés.

    El desierto permite eso, la profunda reflexión y también la exposición de los sentimientos más profundos del alma. Además, ante tal belleza es imposible no mostrar agradecimiento de lo que uno realmente lleva dentro de sí. Al descender del cerro en el que me encontraba contemplando la puesta del sol, fui trasladado a una carpa beduina en la mitad del pleno desierto. Allí fui recibido por un joven llamado Fadi, que tenía veinte años y llevaba cinco años viviendo por su cuenta en el desierto. Como es de costumbre me ofreció el auténtico té beduino y gocé de una noche de música árabe y beduina, bajo las millones de estrellas que se reflejan en nuestro cielo, rodeado del calor de una fogata y la buena voluntad de los jóvenes beduinos.

    Después de conocernos un poco y disfrutar de una auténtica comida beduina, llegó la hora de descansar y el desierto me tenía una sorpresa más; el silencio de la noche. Nunca en mi vida había experimentado ese silencio que entraba en lo más hondo de mis oídos y hacía darme cuenta que estaba aislado, lejos de mi tierra y en un lugar donde no habían preocupaciones y problemas, sino que había paz. Fue en ese momento que me di cuenta de la mística del desierto y de medio oriente. Tantas cosas peyorativas se escuchan o dicen sobre esta zona, tantas cosas se dicen sobre la cultura y las personas, pero nada se dice sobre la tierra que compone a este lugar, está tierra roja y cálida llamada desierto es donde se encuentra el tesoro del mundo árabe, es en esta arena que cada vez se renueva y se ve virgen a través de la tierna brisa del viento es donde uno encuentra y siente paz en medio oriente.

  • Juan Francisco González, pintura chilena del siglo XIX

    Juan Francisco González, pintura chilena del siglo XIX

    Con trazos sueltos y colores intensos, que reflejaban su temperamento, González destaca como uno de los artistas más completos de Chile en el siglo XIX. Una  personalidad única lo alejó del academicismo imperante y lo llevó a crear su propio estilo pictórico, para transmitir en sus cuadros su amor por lo chileno: paisajes, flores, frutas y retratos.


    Juan Francisco González nace en Santiago el 25 de septiembre de 1853. Apasionado como pocos, inconformista, inquieto y único, probablemente fue el más original de los pintores de su generación. 
    Desde niño demostró interés y habilidad por la pintura, y estudió con maestros de la talla de Pedro Lira, Alejandro Cicarelli y Juan Mochi. Sin embargo, se alejó tempranamente de los convencionalismos sociales y pictóricos y buscó una manera propia de expresarse; al hacerlo, fue abriendo camino para la renovación del arte chileno hacia un arte más suelto y menos apegado a las normas de la Academia.

    Nogales

    Entre 1879 y 1887 vivió en Perú, La Serena y Valparaíso. En esa época, la escena artística en el puerto principal de Chile era muy estimulante. González entabló una gran amistad con el pintor Alfredo Helsby, así como con el poeta nicaragüense Rubén Darío. En 1887, decide partir a París y cumplir con el sueño de conocer en persona las obras de los artistas más relevantes de la época. En Europa González estudia a los clásicos, copia sus obras para mostrarlas en Chile y masificar la educación artística, y viaja por varios países para aprender de sus pintores.

    Calle de San Bernardo
    Calle de San Bernardo



    Regresa a Chile en 1888. Pronto se instala en Limache, donde reafirma y testimonia en obras su amor por Chile; retratándolo en sus mujeres y niños, flores, frutas y paisajes. Al mismo tiempo fue un viajero incansable. Su particular forma de mirar el mundo quedó plasmada en obras de los lugares que visitó durante sus múltiples viajes: Francia, Holanda, Italia, España, Alemania, Perú y Bolivia entre otros. Dentro de Chile recorrió el campo y la costa pintando al aire libre. Muchos asocian la obra de González con el movimiento impresionista, pero en realidad el amor por la pintura fuera del taller es lo único que tenían en común.
    González tuvo épocas difíciles, pero también conoció en vida el éxito de ser reconocido por el público de la época. Sus obras fueron premiadas varias veces en los Salones Oficiales y las familias acomodadas le encargaban retratos. También fue convocado como profesor titular de la Escuela de Bellas Artes, donde inspiró a generaciones de estudiantes con su pasión por la pintura.
    Después de haber pintado incansablemente paisajes, frutas, flores y retratos Juan Francisco González muere, de una neumonia, el 4 de marzo de 1933, a los 79 años. Murió en el cambio entre las dos estaciones que más le gustaban: terminaba el verano, con las exhuberantes frutas y flores que tanto pintaba, y comenzaba el otoño, que con sus colores y texturas inspiró muchas de las magníficas telas de uno de los más originales, visionarios e influyentes artistas chilenos del siglo XIX.