Mes: Diciembre 2020

  • La Orden de los Caballeros Templarios

    La Orden de los Caballeros Templarios

    El mundo medieval representa el período de consolidación y auge del nuevo ente cultural llamado occidente. Los elementos constitutivos de esta cultura, el ser grecorromano con su ideal del sabio, el mundo germano con su ideal del héroe y el ethos cristianos con el ideal del santo se funden completamente creando una cultura dinámica, amplia y rica. Esta amalgama ya está madura para el siglo XI y es por eso que en ese período esta nueva cultura busca la expansión. Se incorporan nuevas regiones de Europa al nuevo ente cultural y el llamado de ayuda del emperador de Constantinopla Alexis Comneno a Occidente sirvió para crecer territorialmente hacia el Oriente. El fenómeno de las cruzadas se entiende desde lo espiritual, recuperar los Lugares Santos; como desde lo estratégico, ampliar las esferas de influencias de la nueva cultura cristiana hacia el oriente. El llamado del papa Urbano II en Cleremont a los caballeros es el punto inicial del período conocido como Las Cruzadas, que serán una serie de movimientos de Occidente hacia oriente. Sólo la primera cruzada será exitosa. Con ésta se logrará formar un enclave cristiano en la zona, coronado con el Reino de Jerusalén. Tras la caída de este reino todas las otras acciones militares desde Occidente intentarán recuperar lo perdido sin lograr tener éxito. Es en el marco de estas acciones que surgen las llamadas órdenes militares que funden los ideales del siglo del monacato y la caballería.

    Sobre relieve con caballeros templarios

    La primera expedición de cruzados es liderada por Godofredo de Bouillon y logra recuperar los Santos Lugares que habían estado en manos de los musulmanes por cuatrocientos años en el 1099. Hay que entender que las peregrinaciones nunca se había cortado del todo y que las motivaciones para la expedición eran variadas. Si es cierto que los caminos de peregrinación eran peligrosos y muy sufridos. Es en este contexto que surge la primera orden militar – la de los Hospitalarios, fundada por mercaderes de Amalfi en el año 1084, que buscaba dar refugio y cuidado a los peregrinos en este tortuoso camino. La orden recibió el nombre de la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén y recibió como lugar para operar un edificio al lado de la Iglesia del Santo Sepulcro, el cual fue consagrado a San Juan Bautista. En el 1119 los sarracenos dan muerte a más de 300 peregrinos y toman cerca de 60 prisioneros, con lo que nace la idea de crear una orden que combine lo religioso con lo militar, que una dos ideales medievales, la caballería con el monacato – el santo-héroe. Es creada la orden de los pobres caballeros de Cristo, más conocida como Los Templarios, cuyo objetivo es proteger el camino de los peregrinos a Tierra Santa.

    La orden fue fundada por Hugo de Payens, noble de la zona de Champagne junto a ocho jóvenes más. No tenemos certeza de todos los nombres de los fundadores. Sabemos que entre ellos estaban Godofredo de Saint Omar y Andrés de Montbard, quien era tío de Bernardo de Claraval, una de las personalidades más importantes del siglo XII, cuya influencia sería determinante para el futuro de la orden. Siempre se ha hablado del origen humilde de la orden, sólo 9 caballeros jóvenes. Hay que tener en cuenta que un caballero no implicaba una sola persona, sino que un séquito. Cada caballero tenía varios caballos y personal de servidumbre. Hugo de Payen habría nacido en un caserío cerca de Troyes hacia el 1080. Se cuenta que por formación siempre habría sentido un doble llamado hacia las armas como hacia la vida de oración. Dos de los ideales del siglo le llamaban, la caballería y el monacato. Esto explica la visión que posteriormente se desarrollaría en la nueva orden, la idea de “ monjes guerreros”. Hay que tener en cuanta que no eran monjes, ya que no vivían en monasterios. Sí tenían votos de pobreza, castidad y obediencia. Es probable que Hugo se haya alistado en la primera cruzada en la tropas del conde Hugo de Vermandois, hermano del rey de Francia Felipe I. Fue en la cruzada donde encontró otros ocho compañeros que compartían su ideal del caballeros cristianos con votos – monjes – guerreros. Para ese entonces ya existía la orden del hospital que proveía de albergue y cuidado a los peregrinos enfermos y que se regían por la regla de San Agustín. De esta manera los nueve compañeros son recibidos por el Rey de Jerusalén , Balduino II , quien les otorga un espacio en lo que era conocido como el antiguo Templo de Salomón, que los musulmanes habían convertido en la mezquita de Al- Aksa. Aunque ellos se denominaban Pauperis Conmilitones Christi, los pobres caballeros de Cristo, comenzaron a ser llamados los caballeros del templo – Milites Templi Salomonis.

    Sello de la Orden del Temple

    En el 1127 Hugo de Payens con dos compañeros van a Roma a solicitar la autorización del Papa Honorio II para constituirse como orden religiosa. Reciben el apoyo de San Bernardo de Claraval, sobrino de uno de los fundadores, quien escribe un opúsculo ensalzando las virtudes de la orden, De Laude Novae Militiae (elogio a la Nueva milicia Templaria). Se reune un concilio en Troyes para regular los detalles de su organización. Aquí se redactó una regla para la nueva orden basada en al regla de San Benito, según la versión reformada pocos años antes – la cisterciense, por lo que adoptaron hábito blanco al que más tarde se le añadiría la cruz roja. Bernardo se refiere ala nueva milicia como “aquella que reviste su cuerpo con armadura de acero y su espíritu con la coraza de la fe que combaten a doble frente contra los hombres de carne y hueso y contra las fuerzas espirituales del mal”. Se levantan así como las fuerzas especiales de elite de Cristo, los más disciplinados guerreros de la cristiandad. Contaban con los tres votos tradicionales pobreza, castidad y obediencia al que se le sumaba un cuarto voto especial de contribuir a la conquista y conservación de la Tierra Santa. Era gente religiosa que seguía una regla, pero no eran monjes, ya que no vivían en monasterios. Representaban la unión de los dos ideales medievales de caballería y monacato, Leones en la batalla , corderos en las casas.

    La orden confirmó sus privilegios a través de tres bulas Omne datum optimun del 1139, Milites Templi del 1144 y Militia Dei del 1145. Estos documentos le otorgaban a la orden una autonomía hasta entonces no conocida. Dependían directamente del papa, lo que los hacía independientes de los obispos. Se les excluía de la jurisdicción civil y eclesiástica. Podían tener sus propios capellanes y sacerdotes que pertenecían a la orden. Se les permitía además tener bienes y recaudar dinero a través de limosnas en las iglesias. Tenían derechos especiales sobre las conquistas en Tierra Santa, podían construir fortalezas e Iglesias propias. Todo esto les daba una enorme independencia y un gran poder.

    En cuanto a su estructura la orden tenía distintos tipos de miembros. En el primer nivel estaban los caballeros que pertenecían a la nobleza, que eran los únicos que usaban ropajes blancos. Todos los otros niveles vestían de gris. En el segundo nivel estaban los sargentos y escuderos que eran auxiliares reclutados de la burguesía y del pueblo. Una tercera categoría de miembros eran los sacerdotes, que eran los responsables del oficio religioso. Y finalmente en el escalón más bajo de los miembros estaban los servidores que eran artesanos, criados y ayudantes. Sólo en este nivel podía haber mujeres. El maestre tenía el poder del abad, debía tener en sus manos el bastón y el vergajo para azotar los vicios de los que fallan. Es él quien ve que se obedezca la regla y es obedecido por los hermanos. La orden estaba además ordenada en provincias estando la capitana en Jerusalén y existiendo comanderías en Trípoli y Antioquia en oriente y en Occidente en Francia, Inglaterra, Poitou, Provenza, Aragón, Pouillé y Hungría.

    La regla establecía que el servicio comenzaba con la oración y el culto divino y hacía énfasis en la idea que “ finalizado el servicio que nadie se espante de ir a la batalla”. Del mismo modo, establece fórmulas para suplir los horarios de las oraciones y misas en caso que la guerra no permita su correcta realización. Del mismo modo establece cuales son las armas que pueden y no pueden usar y las acciones que deben obviar. Se trata de una regla de disciplina total. “ Ningún hermano debe bañarse, ni cuidarse, ni tomar medicina, ni ir a la ciudad, no correr a caballo sin permiso” Se les recuerda que han abandonado su propia voluntad y que nada es meas agradable a Cristo que la obediencia. Deben ser un ejemplo de caridad y de sabiduría, la máxima aspiración de los caballeros del siglo. La regla hace un llamado abierto a más caballeros a integrarse.

    Mapa que muestra la ciudad de Jerusalén como centro del mundo

    Es así como la orden creció enormemente. El contar con el apoyo del hombre más importante de la época, Bernardo de Claraval fue una catapulta de popularidad y le valió la rápida aprobación papal. Las familias más importantes ingresaron a alguno de sus hijos a la orden y donaron territorios a la misma. Rápidamente la orden se hizo enorme y poderosa. La mayoría de sus bienes se acumularon en occidente y eran explotados por los miembros de la orden para generar recursos para su fin, la protección y defensa de tierra Santa. Llegó a contar con más de 9000 encomiendas (pequeñas parcelas) en occidente que eran explotadas para generar recursos. Contaban incluso con molinos, bien escaso y de alta demanda en la época. En oriente construyen fortalezas bélicas de gran simpleza, que no tienen comparación con las exuberantes e imponentes fortalezas hospitalarias de la ruta de las cruzadas.

    Sabemos que su función era proteger a los peregrinos en al camino a Tierra Santa. Las fuentes nos hablan por primera vez de la acción de los Templarios en el sitio de Escalón en el 1153, bajo el reinado de Balduino II, donde se dice que murieron todos, hasta el maestre. Esto es previsible si uno mira la regla. La obediencia marcaba todo, “ningún hermano podía abandonar el campo de batalla”. El mariscal era la máxima autoridad en el campo de batalla y era quien llevaba el gonfalón, el cual debe permanecer siempre en pie.

    Hattin representó la pérdida del reino de Jerusalén. Se dan una serie de eventos que permiten por un lado la unión de los pueblos musulmanes y la debilidad del reino cristiano que culminarán con la pérdida del reino latino de Jerusalén. El rey Amaury pone fin a la alianza que sostenía con Egipto, lo que contenía a Siria musulmana. Una serie de asesinatos y golpes de Estado permiten el asenso de un kurdo como cabeza de los musulmanes, Saladino. En el 1169 es asesinado el visir, del mismo modo es destruido el califa de Egipto y asume una dinastía fatímida. Muere el Sultán de Damasco y su heredero, Nur ed Din tiene sólo 15 años. Saladino le arrebata Damasco y Alepo. De este modo se une el mundo musulmán en torno a Saladino.

    Por su parte en el mundo cristiano, muere el Rey Amaury, dejando a su único hijo Balduino IV como heredero. El joven tiene trece años y es leproso. Este se apoya en la orden del temple para la defensa del reino y logran ganarle a los mamelucos en Montguisard. Pero este rey enfermo morirá los 24 años de edad en el 1185- El poder pasa a su hermana Sibila, casada con Guy de Lusignac, quien no cuenta con buena fama. Nombra como regente a Raimundo II, conde de Tripoli, quien es un gran enemigo del maestre del temple, Gerard de Ridenfort. De este modo el maestre del temple se une a Guy de Luisignac para enfrentar a Raimundo III. En este estado de desunión se produce un hecho desafortunado que da la escusa a Saladino para atacar. Rainald de Chatillón, caballero feudal, considerado un señor bandido, ataca una caravana egipcia, con lo que le da la escusa a Saladino para la guerra abierta.

    San Bernardo de Clairvaux, Abad

    Frente a esto Gerard de Ridenfort decide atacar a los mamelucos en Casal Robert, con lo que Saladino toma represalias tomando Nazareth y haciendo a sus habitantes esclavos. Del mismo modo sitia Tiberiades y la guerra ya es vierta y directa. Aquí se ven las divisiones de los cristianos. Raimundo III, señor de Tiberiades recomienda esperar, frente a los que su enemigo, Guy de Lusignac ordena al ejercito ponerse en marcha hacia las lomas de Hattin. Saladino quema los alrededores, los cristianos son rodeados y derrotados. Reinald de Chatillón es ejecutado. Los templarios son degollados y Gerahrd de Ridefort es dejado en libertad. La ciudad de Jerusalén resiste heroicamente hasta que cae, varios de sus habitantes son dejados en libertad. El reino latino es reducido, pero aún subsiste. La resistencia es tomada por las órdenes militares y es comandada desde San Juan de Acre. Los Templarios ocupan la primera línea de la segunda cruzada al lado del rey inglés Ricardo Corazón de León, quien es reconocido por el propio Saladino como un digno contrincante. A pesar de estos los Santos Lugares nos son recuperados en esta segunda cruzada y tras la muerte de Ricardo poco después muere también Saladino. A pesar de esto las siguientes cruzadas no serán exitosas. La cristiandad nunca más peleará unida. Las divisiones internas impiden el éxito en las cruzadas posteriores. Serán muchas veces los intereses personales lo que primarán sobre la causa común. Las órdenes militares jugarán un papel fundamental en las próximas inscursiones hacia Tierra Santa. Para la tercera cruzada en el 1190 en San Juan de Acre se fundará la orden de los caballeros teutónicos, formadas por caballeros alemanaes que posteriormente se instaurarán en la fortaleza de Montfort en Acre.Posteriormente tendrán una acción fundamental en la incorporación de nuevos territorios a la cristiandad occidental , principalmente lo que hoy se conoce como Europa del Este.

    En las cruzadas posteriores los caballeros Templarios se opondrán al emperador alemán Federico II Hohenstaifen, quien por su parte contará con el apoyo de los caballeros teutónicos y hospitalarios. En el Emperador alemán se encarna la guerra civil entre los güelfos, partidarios del papa y los guibelinos a favor del emperador. Tierra Santa pasa a ser un campo cerrado donde se enfrentan de modo permanente los intereses temporales. Luego con las cruzadas de San Luis de Francia se logra una cierta unión, pero pronto florecerán las pugnas comerciales entre las ciudades italianas ahora quienes mueven las próximas cruzadas. Esto hace tomar posturas a la cristiandad. Los caballeros hospitalarios toman partido por Génova y los caballeros Templarios por Venecia y Pisa. Sin unión el objetivo común de recuperar los lugares santos es imposible. En el 1291 cae San Juan de Acre, último enclave de occidente en oriente con lo que las órdenes militares tienen que concentrar su acción en occidente y pierden en gran parte su razón de ser.

    Las labores de la órdenes militares fuera de Tierra Santa se concentrarán en diversas actividades. Los Caballeros Hospitalarios se dedicarán al cuidado de los enfermos en varios enclaves de la cristiandad. Los Caballeros teutónicos por si parte, ampliarán las fronteras de Alemania hacia el este incorporando nuevos territorios a la cristiandad como un todo. Surgirán nuevas ordenes en torno a la lucha de la cristiandad contra los infieles. España de la reconquista musulmana será un escenario para estas nuevas órdenes. De hecho hasta los templarios jugarán un rol en este ámbito ayudando a proteger el camino de los peregrinos en el camino de Santiago de Compostela. Otras órdenes se constituirán para combatir la herejía cátara en el sur de Francia.

    Batalla de Hattin – Matthew de París

    Los Templarios tendrán importantes labores políticas y económicas en todos los reinos de la cristiandad. No es exagerado decir que eran “ los banqueros de Europa”. Su naturaleza de constitución y su independencia como orden les permitió acunar gran cantidad de bienes en occidentes, los cuales eran explotados por la orden para financiar las cruzadas y su rol de defender a los peregrinos en el camino a Tierra Santa. Tenían ingresos ordinarios que provenían de la explotación de más de 9000 encomiendas que la orden poseía en Europa e ingresos extraordinarios fruto de colectas anuales y donaciones que la orden recibía esporádicamente. Debido a su experiencia en administrar grandes cantidades de dinero y en su vasta experiencia en transferir montos desde occidente a oriente, comenzó a ser común que muchos fieles les entregaran bienes muebles e inmuebles a título de deposito para su resguardo. Del mismo modo, la orden cumplía la labor de prestatarios a interés justo. Hay que tener en cuenta que la Iglesia desde muy temprano había establecido la diferencia entre el interés justo, basado en la pérdida del valor del dinero en el tiempo y la usura, el excesivo interés. La usura estaba prohibida, no el préstamo a interés. Loe templarios llegaron a ser los mayores prestamistas a quienes realmente mostraban garantías reales de poder pagar. No eran prestamos blandos, sino que sumamente estrictos. Los usureros pedían menos garantías y por lo mismo cobraban más intereses. Muchas veces nos e les pagaba. Para facilitar sus labores bancarias los templarios inventaron varios instrumentos financieros usados hasta hoy como las letras de cambio, cheques de viajero, valores en custodia, cartas de crédito

    Para fines del siglo XII la capitana, ahora en Paris, era el lugar donde se manejaban todas las finanzas del reino de Francia. Era la depositaria del tesoro real y el lugar donde se administraba la cámara de cuentas. Incluso el rey tenía con ellos una especie de cuenta corriente desde la cual abastecía sus finanzas personales y administraba su reino.

    Del mismo modo los templarios se convirtieron en grandes consejeros de casi todos los reyes de Europa, lo que les daba además un gran poder político. No es exagerado decir que eran la institución más poderosa y rica de toda la cristiandad medieval.

    El Viernes 13 de Octubre de 1307 al alba, todos los templarios de Francia fueron arrestados en sus encomiendas. Había transcurrido sólo 16 años desde la caída de San Juan de Acre. El arresto se basaba en acusaciones que había llegado a oídos del rey de Francia, Felipe el Bello y la orden establecía apresarlos hasta el juicio y la confiscación de los bienes muebles e inmuebles de la orden. De este proceso hoy se sabe mucho. La documentación permite recrearlo casi en forma íntegra. Es paradójico ver que se sabe más del fin de la orden que de su propia existencia. Se trata de un proceso vergonzoso, manipulado por los intereses del rey de Francia ayudado por el abogado Guillermo de Nogaret, quien ayudó al monarca en varios temas complejos y vergonzosos, como el juicio contra el papa Bonifacio VIII y la cruzada contra los Albigenses. Felipe el Bello fue un rey complejo y enigmático, obsesionado con el poder y el dinero. Instauro devaluaciones financieras en el reino de Francia según sus necesidades, expulsó a los judíos en 1306 y se quedó con los dineros de éstos. Se enfrenta al papa Bonifacio VIII por pugna de poder, una vez que éste hizo énfasis en su poder temporal, lo que culminó en un proceso de herejía contra el papa, en la cual Guillermo de Nogaret fue parte. Para el siglo XIV si una persona quería sacar de circulación a otra lo acusaba de herejía. Con esto pasaban a un juicio con la Iglesia y el tribunal de la inquisición. Esto se usó en varias oportunidades políticamente. En el caso del papa, tras ser acusado de herjía será trasladado a Francia donde muere. Las presiones del rey de Francia logran que el conclave nombre a un papa francés, Beltrán de Got, quien asume como Clemente V y es invitado a residenciarse en Avignon, con lo que comienza el llamado pontificado avignonense. Felipe en su obsesión por lograr convertir a Francia en una potencia de primer orden buscará recursos financieros a toda costa para lograr su objetivo y manipulará muy bien a la opinión pública validando su actuar en forma permanente, lo que lo hacen un rey muy moderno.

    El arresto de los templarios se basa en “presunciones y violentas sospechas” que emanan de denuncias de un tal Esquieu de Flyran, nativo de Beziers, quien habría recibido la información de un templario prisionero. Este ciudadano va con las noticias a donde el Rey de Aragón , quien desestima las acusaciones. Tras esto se acerca a Felipe el Bello , quien ve en estas una oportunidad. El y su reino estaban endeudados con la orden y además un juicio en contra de la orden podía resultar algo sumamente conveniente para su objetivo de búsqueda de dinero. La investigación estuvo a acrgo del confesor del rey el inquisidor Guillermo de Paris, quien se limita a interrogar a los templarios tras haberlos arrestado. Guillermo de Nogaret se encarga de conseguir los testigos en contra de la orden. Para el 14 de octubre las acusaciones se hacen públicas a través de un manifiesto real. Se los acusa de apostasía, ultraje a Cristo, Ritos obscenos, sodomía, idolatría, entre otras. Se basan principalmente en el rito de admisión de los nuevos hermanos, a quienes, según los testigos, se los obligaba a renegar de Cristo tres veces y a escupir sobre la Cruz. Se les acusa también de adorar a una estatuilla que a los largo del juicio va mutando, un tal Bafomet. Por su parte Felipe manda a cartas a los príncipes europeos para que sigan sus acciones contra la orden, cosa que no obtiene buenos resultados.

    Quema de caballeros templarios relapsos

    Entre el 19 y el 24 de noviembre 138 templarios son interrogados por Guillermo de Paris. 36 de ellos mueren a causa de las torturas y solo 3 negaron los crímenes. Tras esto el papa Clemente V a través de la Bula Pastoralis Praeminentie, llama a los príncipes cristianos a arrestar a los templarios. Felipe reclama usando la opinión pública que los culpables no han sido castigados. El quería la supresión de la orden y que los bienes de ésta pasasen al reino de Francia. La comisión eclesiástica es favorable al rey. Se logra organizar la defensa templaria. Jacques Le Molay, Maestre de la orden declara y se muestra con evidencia que las declaraciones obtenidas son a causa de las torturas. A pesar de esto 54 templarios son condenados a muerte en la hoguera por herejes relapsos, reincidentes. Tras esta primera quema de “herejes” muchos templarios confesaron aterrorizados. A pesar de esto la defensa seguía constituyéndose. Para 1311 la investigación eclesiástica es declarada cerrada y la orden es suprimida a través de la Bula Vox in Excelso y los bienes de la orden entregados a través de la bula Ad Providam a la orden de los hospitalarios. Felipe no había logrado salir con la suya. La orden no fue considerada hereje, pero el papa considera que tras un juicio tan escandaloso la opinión pública ya no permitiría la reivindicación de la orden. En 1314 los principales dignatarios de la orden son condenados a muerte. Nace la idea de “ la maldición del templario”. Jacques le Molay una vez condenado a la hoguera habría maldito al rey y al papa que en menos de un año ambos morirían, cosa que se cumplió. Además habría maldito a la estirpe de Felipe, lo que inspirará las famosas novelas de “ Los Reyes Malditos”.

    Sobre los templarios se han tejido muchos mitos. Se dice que mientras ocuparon el templo de Salomón habrían escavado y que habrían encontrado algo…cosa que da para pensar lo que sea. Se habla del Arca de la Alianza y el Santo Grial. Del mismo modo la idea de un gran tesoro que luego habrían trasladado, según teorías pseudo históricas incluso a Norteamérica.

    Se cuenta que la flota de los templarios tras el aprisionamiento de la orden habría desaparecido misteriosamente. Hoy sabemos que dicha flota no existió. Que la orden sólo contaba con dos barcos propios y no con una flota , ya que subarrendaba embarcaciones según necesidad.

    Muchos intentan hoy vincular a Templarios y masones. Es fundamental tener en cuenta que son agua y aceite. El temple es una institución que nace del seno de la Iglesia católica como brazo derecho del papado para proteger el camino de los peregrinos a tierra santa y une los ideales medievales de monacato y caballería. Los masones son células de racionamiento que surgirán tras el auge del racionalismo y la separación de la fe y la razón como vías de verdad. Se constituyen como agrupaciones que ensalzan al ser humano y sus logros . Si bien se cree en la existencia de un Dios Creador, el gran Arquitecto, este se fue y el mundo ya no le necesita para funcionar. Ya no es un Dios providente. Por lo mismo se enfrentarán a un gran enemigo visible, la Iglesia dogmática y se levantarán como entes anticlericales por excelencia. Son miles los libros que unen a estas organizaciones. Los templarios murieron en auge y por tanto son un mito. Siempre es bueno vincularse con los mitos.

    Templarios juegan ajedrez 

    Tras la desaparición de la orden militar más emblemática, los templarios, estas continuaron existiendo. Fue la orden de San Juan la que se quedó con sus bienes. Los caballeros teutónicos continuaron con sus acciones de ampliar la cristiandad. Será en España en el marco de la Reconquista española donde surgirán muevas ordenes contra el infiel musulmán. Entre estas destacan al Orden de Calatraba, la orden de Santiago, la orden de Alcántara. La orden de Montesor, entre otras. Su ethos está en una institución caballeresco monástica para combatir a los infieles y extender y defender a la cristiandad.

  • Johann Gottlieb Fichte y el Idealismo Alemán

    Johann Gottlieb Fichte y el Idealismo Alemán

    Hace ya dos siglos, el 29 de enero de 1814 muere, a los 52 años de edad, Johann Gottlieb Fichte contagiado de fiebre tifus contraída por su esposa, ya convaleciente. El famoso profesor de la Universidad de Jena, considerado uno de los padres de idealismo alemán, es una pensador, de difícil comprensión, que se encuentra ensombrecido por la figura de Emanuel Kant que le antecede en el tiempo y de Georg Wilhelm Friedrich Hegel que le sigue, si bien marca un paso decisivo de la Filosofía trascendental al idealismo propiamente tal. Podría pensarse que tanto para Fredrich Shelling como para G. W. F. Hegel resulta un punto de partida decisivo en la configuración de sus sistemas. 

    Johann Gottlieb Fichte 1762 -1814

    Nació en Rammenau el 19 de mayo de 1762, en una familia humilde, y su primer oficio fue el de pastor de gansos. Su deseo inicial era ser pastor protestante, acostumbrado a memorizar los sermones del pastor de su pueblo y recitarlos a quienes lo hubiesen perdido. Así, ocurrió una mañana cuando el rico señor Miltitz llegó tarde y los aldeanos le remitieron al pequeño Johann, quien le repitió el sermón. Fue así como sorprendido por la capacidad del muchacho el señor Meltitz solventó sus estudios en la escuela donde se preparaban los jóvenes para este oficio.

    Pasados los años, y junto a la lectura de la ética de Benito Baruch Spinoza, que parece haber sido decisiva para él, se alejó de la predicación de la fe y se empeñó por introducirse cada vez más en el estudio y la enseñanza de la filosofía.

    Baruch Spinoza 1632 – 1677

    Podemos acercarnos al pensamiento de este profesor alemán por medio de tres obras fundamentales que son “La doctrina de la ciencia”, de la cual actualmente se conocen más de veinte redacciones, “Los caracteres de la edad contemporánea” y “Los discursos a la nación alemana”.

    Es un filósofo que conoce muy bien el pensamiento de Emanuel Kant y llega afirmar que éste tiene la verdadera filosofía, pero sólo en sus resultados, no en sus fundamentos. Será la reflexión sobre estos fundamentos explicitados por Fichte los que se encuentran muy presentes en el idealismo alemán.

    Es así como comienza la fundamentación de la crítica, e influenciado, tal parece, por el pensamiento de Salomon Maimon, procede a la eliminación de la famosa “cosa- en –sí” kantiana. Si para Kant resulta ésta inimaginable e incognoscible, Fichte, la declara sencillamente inverosímil. Se trata del resto de dogmatismo que aún pervive en Kant, afirmando que el sujeto es afectado por algo que no es puesto por él. Pero para Gottlieb Fichte la “cosa- en- sí” es puesta también por el sujeto cognoscente.

    Emanuel Kant había afirmado que la forma del conocimiento la da el entendimiento. Así no conocemos de las cosas sino sólo lo que nosotros hemos puesto en ellas, en ese sentido el “yo-pienso” es previo a todo conocimiento. Avanzando sobre esa senda Gottlieb Fichte piensa que la “cosa-en-sí”, o noúmeno, también es puesta por el “yo- pienso”, que es “acción”. De esta manera, cualquier resto de realidad objetiva que quede con los planteamientos de Emanuel Kant, es removido por el idealismo fichtiano, quien diluye toda la realidad objetiva extramental, quedándonos con el yo puro, como la única realidad, que luego Schelling tomará, llamándola “Absoluto”.

    Para Kant la cosa en sí es independiente del sujeto, y Fichte saca las consecuencias que Kant no enunció, pues para él el objeto todo es constituido por el sujeto, pues todo lo que podamos pensar de la realidad es algo puesto por el yo que piensa.

    Ésta primacía del yo, para Gottlieb Fichte encuentra su raíz más profunda en la facultad práctica en la que radica y al que se adhiere todo lo demás. El “yo” no es algo que tiene la facultad, no es una sustancia, no es capacidad alguna, sino que es en cuanto que actúa.

    Queda así enunciado ya filosóficamente lo que el Romanticismo alemán por boca de Goethe dirá en el Fausto: “In principio erat actum”. De tal forma que el “yo- pienso”, que es acción, es el principio absolutamente primero, totalmente incondicionado, de todo saber humano y de toda realidad.

    La formulación que el autor realiza de su principio supremo es yo = yo. Aunque coincide con el principio de identidad A = A, éste último aunque sea universalmente válido, no significa que ponga algo en la realidad, no significa “A es”, es sencillamente una consecuencia lógica. A diferencia del principio de Fichte que es un hecho, es la acción originaria, es la actuación en la que el yo se pone a sí mismo, pone su propio ser, es decir “Yo soy yo”, en definitiva “Yo Soy”. El yo es así lo determinante del ser. Así pues, si a la realidad en sí misma se le podrá llamar “Sustancia” con Spinoza, “Absoluto” con Shelling, “Idea” con Hegel; entre Spinoza y Shelling, Fichte la llama “Yo”.

    G.W.F. Hegel

    El idealismo absoluto que presenta Hegel pretende dejar atrás la dualidad kantiana entre lo fenoménico y lo nouménico, y cancelar así este mundo doble mantenido en Kant, sirviéndose de la negación de la verdad de lo finito y lo múltiple por medio de la dialéctica, que encuentra un precedente en Fichte quien manifiesta la opción de considerar la praxis humana como principio absoluto.

    Es cierto que conocer, en cuanto conocer, universaliza al cognoscente, le infinita, porque en el alma cognoscente existe de alguna manera todo el universo en cuanto conocido. Esto constituye un descubrimiento que como en tantas ocasiones, ha hecho que se finalmente se pierda de vista el hombre cognoscente, que es el hombre quien conoce, como afirmaba Nicolás Bediaev, y así se esfuma toda la singularidad del hombre pensante. Fichte al reflexionar en lo que es conocer fue perdiendo de vista que es el hombre el que conoce, y así se eclipso en sus planteamientos el ser personal, su conocimiento y su libertad, sin llegar a ellos. No es algo del todo infrecuente, puesto que situaciones similares parece que se han producido en otros momentos también, por ejemplo, con Parménides, Averroes y después Hegel.

    Fichte observaba que en la terminología kantiana toda intuición se dirige hacia un ser, que sería un “ser- puesto”, un “estar”, así la intuición intelectual sería la conciencia inmediata del ser no sensible, pero para la teoría de la ciencia de Fichte todo ser es necesariamente sensible, de este modo la intuición intelectual de que trata la obra de Fichte no iría a un ser, sino a una actuar, que podría estar contenida en la apercepción pura de Kant.

    Escribe así: ”Atiende a ti mismo: vuelve tu mirada de todo lo que te rodea a tu interior – esta es la primera exigencia de la filosofía a su aprendiz. No se habla de nada que esté fuera de ti mismo, sino únicamente de ti mismo”. Se trata, según parece, de un inmantismo total, es como un volver sobre sí para quedar capturado en sí mismo.

    Estás ideas ejercen su influencia en el curso que siga el pensamiento filosófico en adelante. El “yo-pienso” de Fichte, se consolida en la idea en “Absoluto” para Shelling, la “Idea” luego, en Hegel, que bajo la crítica de Ludwig Fuerbach a este último, se trasforma en el “Sentimiento”.

    Las consecuencias prácticas de estas ideas del autor se plasman en lo que Johann Gottlieb Fichte piensa sobre la historia y luego en alguno de los mensajes que brinda a la nación alemana en sus famosos discursos.

    Detengámonos a considerar brevemente algunas de las ideas expresadas en las lecciones recogidas en “los Caracteres de la Edad Contemporánea” y posteriormente en los “Discursos a la Nación alemana” para descubrir, tal vez, algunos ecos contemporáneos de las reflexiones de este autor.

    Avancemos un breve tramo del primero de estos textos. En él el autor afirma en principio y con verdad que toda la multiplicidad debe reducirse a la unidad, y precisamente a la unidad de un concepto. Planteamiento muy sugerente, pero fácilmente distorcionable. Apreciemos la interpretación de Fichte. Dirá que toda experiencia se deriva de una idea previa, que le permite describir a priori la totalidad del tiempo y todas posibles épocas de él. Plantea entonces un concepto unitario de la totalidad de la vida a partir del cual se pueden hacer surgir como consecuencias todas las épocas de la historia, en orden al desarrollo en el tiempo que da el cumplimiento al propósito expresado en esa primera idea sintética. Ésta primera idea fundamento es meramente señalada por Fichte como un supuesto y dice: El fin de la vida de la Humanidad sobre la tierra es el de organizar en esta vida todas las relaciones humanas con libertad según la razón.

    Es sumamente interesante cómo de este principio hace derivar todo el curso de la historia, pues para lograr este cometido es que la humanidad atraviesa cinco momentos distintos pero internamente relacionados. Con este principio como eje se divide la vida de la especie sobre la tierra en dos edades capitales, una primera, en la que la especie vive y es sin haber organizado todavía con libertad y según la razón sus relaciones, una segunda, en la que se lleva a cabo esta organización de la libertad conforme a la razón.

    En esta primera época no es que la vida del hombre no se rija según la razón, sino que la razón rige sin libertad, y actúa como fuerza y ley natural, moviendo al hombre sin la intelección de los fundamentos, o bien sólo en la obscuridad de los sentimientos, es decir, como un obscuro instinto. Aquí el instinto es ciego, en contraposición con la libertad que es vidente, porque la libertades consciente de los fundamentos, es decir, es un impulso vivido conscientemente. Por ello, entre el dominio de la razón sin libertad y de la razón libre, debe necesariamente insertarse otra época: la época de la conciencia o la ciencia de la razón.

    No obstante, el instinto, como mero impulso, repele la ciencia. En consecuencia para el surgimiento de la ciencia se supone la liberación del impulso ciego, y por ende, surge en consecuencia un nuevo período entre el domino del instinto racional, y la ciencia racional: la época de la liberación frente al instinto racional. Pero, ¿cómo podría la vida humana quedar libre de aquello que le mueve inconscientemente? Por eso, dirá, es menester que una época posibilite este crecimiento y que debe insertarse a continuación de la segunda.

    Esta época nace como el resultado provocado por el instinto de la especie que se erige como una autoridad exteriormente imperativa y mantenida en vigor con medios coactivos, por obra de los sujetos más fuertes, en quienes se expresa este instinto del modo más puro y amplio, que hacen despertar en los demás la razón, que se expresa en un impulso por la libertad personal, que se rebela ante la imposición externa que le usurpa sus derechos a ser libres, a hacer y decir lo que quieran. Esta autoridad exteriormente constituida despierta en los demás individuos la razón, sobre todo como impulso a la liberación, que no se rebela nunca contra sí misma, pero sí contra la intromisión de un instinto extraño que le usurpa sus derechos. Es decir, en el fondo, no es que la razón se libera contra su propio instinto sino frente al instinto de otro. Y así en esta época la especie quisiera liberarse de la autoridad para vivir según su libertad, satisfacer por sí mismo con consciencia los impulsos que le mueven.

    De este modo tenemos que entre el dominio del instinto racional y la liberación de este dominio, se encuentra un miembro intermedio expresado en una época en que existe una autoridad extrínseca al sujeto. Es la época de la liberación directa frente a la autoridad exteriormente imperativa. Finalmente ésta época final de pura libertad organizada según la razón, no es sino la organización de las libertades según el estado. Para Fichte la perfección de la vida humana en la tierra es el surgimiento de un estado perfecto, que hace posible la organización de la libertad de los ciudadanos.

    Existen por lo tanto como consecuencia cinco épocas fundamentales de la vida de los hombres en la tierra. Cada una parte de algunos pocos, pero finalmente les penetra a todos, y lo llena todo, durando un espacio, entrecruzándose con otras y en parte corriendo de forma paralela, hasta la consumación del tiempo en la quinta edad. Estas son así enunciadas por él mismo:

    1. La época del dominio incondicional de la razón por medio del instinto. 2. La época en que el instinto racional se ha convertido en una autoridad exteriormente coactiva, que apetece imponerse por la fuerza y exigen fe ciega y obediencia incondicional: estado de pecado incipiente. 3. La época de la liberación, directamente del imperios de la autoridad, indirectamente de la servidumbre del instinto racional y de la razón en todas sus formas: la edad de la absoluta indiferencia hacia toda verdad y del completo desenfreno sin guía ni dirección alguna: el estado de la acabada pecaminosidad. 4. La época de la ciencia racional, la edad en que la verdad es reconocida como lo más alto que existe y es amada del modo también más alto: el estado de justificación incipiente. 5. La época del arte racional: la edad en que la humanidad, con mano segura e infalible, se edifica a sí misma, hasta ser la imagen exacta de la razón: el estado de acabada justificación y salvación.

    Por medio de este camino, dirá el autor, la humanidad no hace sino volver a su origen. Es un camino que la humanidad debe recorrer por sí misma; por sus propias fuerzas debe hacerse nuevamente a sí misma, aquello más alto a lo que puede aspirar. Para ilustra su pensamiento toma como imagen el Paraíso y dice así: “Del Paraíso despierta la humanidad a la vida. Apenas ha cobrado valor para arriesgarse a vivir una vida propia, viene el ángel con la espada de fuego de la coacción que hace ser recto, y expulsada de la sede de su inocencia y de su paz. Vagabunda, fugitiva, yerra entonces por los desiertos vacíos, no atreviéndose apenas a fijar el pie en ninguna parte, de temor que el suelo se hunda bajo sus pasos. Prudente por magisterio de la necesidad, va reconstruyéndose penosamente, y arrancada del suelo, con el sudor de su rostro, las espinas y los abrojos del yermo para cultivar el fruto amado del conocimiento. El goce de este fruto le abre los ojos y le robustece las manos, y entonces se edifica su propio Paraíso según el modelo del perdido; brota para ella el árbol de la vida, extiende su mano hacia el fruto y come y vive en la eternidad”.

    Para Fichte al momento de dar esta segunda lección, la humanidad, cual más, cual menos, atraviesa la época de la rebelión contra toda autoridad. Años más tarde, cuando da sus discursos a la nación alemana, le parece encontrarse ya, más bien, en la cuarta edad.

    Ahondemos, un poco más en estas ideas expuestas, sobre todo respecto a la tercera edad. Liberación, es para Fichte, el estado en que la especie humana se hace poco a poco más libre, ya en este individuo, ya en este otro, ya de éste, ya de aquello a lo que la autoridad le mantenía atado con cadenas. El instrumento de esta liberación es el concepto, traducido en no admitir como existente y obligatorio absolutamente nada más que aquello que se comprender y concibe claramente.

    Dirá también que resulta un error grave y fundamento de todo los restantes el que el individuo se figure a sí mismo como existente y viviente y penante, capaz de obrar por sí mismo, y que uno mismo crea que es él mismo el que piensa y obra, cuando en realidad él solamente es un pensamiento aislado del pensar uno, universal y necesario. Idea que adelanta los sonidos de Hegel. Pero así también, afirmará, como consecuencia de que aquello que yo no comprendo no existe, es que no puedo concebir nada absolutamente nada más que aquello que se refiere a mi personal existir y bienestar; Luego tampoco existe nada más; y el mundo entero sólo existe realmente a fin de que yo pueda existir y encontrarme bien en él. Aquello que no concibo cómo se refiera a este fin de mi bienestar, no existe, ni me afecta en nada.

    En esta tercera edad, según Fichte “sólo mirara en todas partes a lo inmediato y materialmente útil, a la habitación, el vestido y lo que le sirva de alimento, a la baratura, la comodidad y, donde pique más alto, a la moda;…Con respecto a la constitución legal de los estados y del gobierno de los pueblos, una edad semejante, impulsada por su odio contra lo antiguo, edificará constituciones políticas sobre abstracciones llenas de aire y vacías de mayor contenido, y emprenderá el gobernar con frases retumbantes, sin un poder externo firme e inexorable, a unas generaciones degeneradas, o bien, sostenida por su ídolo, la experiencia, en todo acontecimiento, grande o pequeño,…Con respecto a la moralidad, reconocerá por única virtud el fomentar el propio provecho, añadiendo, a lo sumo, ya para salvar el honor, ya por una inconsecuencia, que también el del prójimo – bien entendido, si no es contrario al nuestro- y por único vicio, errar contra el propio interés…En suma, y para decirlo con una sola palabra, una edad semejante se halla a su altura cuando ha visto claro que la razón, y con ella todo lo superior a la mera existencia sensible de la persona, es simplemente una invención de ciertos hombres ociosos que se llaman filósofos”.

    Y continua su descripción: ”Con indecible compasión y lástima se echa la vista a las edades anteriores, en las cuales los hombres eran aún tan estúpidos que se dejaban arrebatar por un fantasma de virtud y por el sueño de un mundo suprasensible el goce que se encontraba ya al alcance de sus labios; a esas edades de la oscuridad y de la superstición, cuando no habían llegado todavía ellos, estos representantes de los nuevos tiempos, y no habían escrutado e investigado aún por todos lados las profundidades del corazón humano, ni habían hecho aún el grande y sorprendente descubrimiento, ni lo habían proclamado en alta voz, ni lo habían difundido por todas partes, de que este corazón (el del hombre) en el fondo y en su raíz sólo es inmundicia”.

    Parece algo artificioso y nada real desde el punto de vista natural, que en el curso de la historia planteado por Fichte a esta edad tercera, así descrita por él, sigua una cuarta en la cual la verdad sea reconocida, como antesala de la quinta, que es la de la organización de todas las libertades según la verdad. Esto es según su lenguaje, que el género humano pase del estado del “acabada pecaminosidad”, al de una “justificación incipiente”, para luego instalarse definitivamente en una “acabada justificación y salvación”, en la que se consolida la quinta edad, que es la consumación de la vida humana sobre la tierra, en la que así misma se justifica y auto-redime por medio de la organización de la libertad según la razón.

    Desde la consideración de la descripción de esta tercera edad, parece que lo que podría ocurrir, más bien, es que producto una total anomia, que se traduce en un caos de libertades, para lograr un mínimo de organización deba reconocerse “la verdad” de que hay que someterse al “algo que organice”, en las determinaciones prácticas, para luego prácticamente someterse. Lo cual significa que la anomia en el corazón de los hombres sigue presente, pero externamente, hasta cierto margen, se respeta el mandato por la presión de quien organiza regulando, que posibilita sin auténtica unidad, la tolerancia en la pluralidad. Este “algo que organiza” la vida colectiva afirma que es el Estado.

    Tal parece que esta cuarta edad no llega tras la tercera sin una manipulación, más bien se pasaría de la tercera a la quinta, por un estado intermedio artificial, que en definitiva hace en el fondo que la quinta época coincida en la práctica con lo que él describe como la segunda.

    Esta total libertad del hombre fuera de toda autoridad es lo que mejor garantiza el surgimiento de una fuerza coactiva a quien nadie pueda resistir, en la medida que colectivamente se experimenta que se es libre ante su presencia. Podemos relacionar esto con lo expresado por Spinoza en el “Tratado teológico – político” cuando afirma que lo que mejor asegura el poder inconmovible del estado es dejar que todos digan y hagan lo que quieran.

    Una vez deshecho el principio de autoridad, que da paso a una anomia colectiva, el orden finalmente se produce por un sometimiento total del ciudadano en lo práctico, sin coacciones propiamente morales en el plano de su vida interior, donde puede hacer y decir lo que quiera, pero si quiere progresar en la vida social, debe querer y decir lo que el estado.

    Desde esta tercera edad descrita por Fichte se va avanzando consecuentemente a la conducción del ciudadano respecto de los deberes y derechos sociales, en orden al definitivo establecimiento perfecto del hombre en sociedad, como intento de alcanzar por sí mismo la paz social.

    Esta autoredención del género humano, según la llama Gottlieb Fichte, necesita de un instrumento que la haga posible, que es descrito en sus discursos a la nación Alemana y conduce el paso de la tercera a la cuarta época y garantiza el advenimiento de la quinta. Tomaremos ideas del undécimo discurso a la nación alemana para concluir.

    El autor considera que la época tercera va quedando atrás, y orienta sus especulaciones a lo que será finalmente la configuración pacífica del género humano sobre el orbe. Para ello es necesario iniciar la formación de los hombres que liderarán este proceso de trasformación de la humanidad. Ello se lleva a cabo por medio de la educación, que es para él ahora “la cuestión más importante y la única urgente, por medio de la cual introducir la reforma y la trasformación del género humano”.

    Pregunta ahí: ¿Quién debe educar? Y responde: “El estado sería entonces hacia el que en primer lugar tendríamos que dirigir nuestras miradas expectantes. Para ello debe arrebatar a todo otro la primacía en la educación. La educación debe ser toda del estado. La educación para la vida en la tierra es imprescindible, primera”. Esta vida en la tierra es la vida ciudadana, esa es la primera vida, la que debe ser garantizada, a esta vida social es lo supremo.

    Esta educación impactará primeramente y positivamente la economía, dice:”Todos los sectores de la economía alcanzarán en corto espacio de tiempo y sin gran esfuerzo una prosperidad como jamás se ha visto antes. Por ello todo el desembolso inicial que el estado realice en esta materia se compensará con crecidos intereses. Así, el bienestar económico del pueblo aumentaría y junto con la riqueza de la nación, de tal manera que en un estado que se implantase tal educación, las penitenciarías y reformatorios se verían notablemente reducidos, y las entidades benefactoras desaparecerían por completo, pues ya no habría pobres”. Pues, para Fichte, sólo la educación puede salvarnos de los males que nos oprimen.

    Así el estado debe propagar esta educación por todo el territorio para todos sus ciudadanos futuros sin excepción, alzando al estado como “regente supremo de los asuntos humanos y como tutor de los menores”. Así ostenta naturalmente el derecho a obligarles a todos los ciudadanos una educación tal.

    Para el profesor de Jena, “el primer estado en llevar a cabo este proyecto tendrá por esto la mayor gloria”. Y no se encontrará sólo, sino que pronto tendrá seguidores e imitadores, lo importante es empezar, afirma. Después de veinticinco años los alemanes podrían ver a esta nueva especie brotar en sus suelos y verlos con sus propios ojos. Es una educación que les inicia en el gran arte de la vida que es la actividad, para suprimir la caridad.

    Empeñado en este propósito comenzará el estado viéndose a sí mismo como quien contribuye con su parte en este cometido, pero pronto se dará cuenta que no es parte sin que es el todo, “y que el cuidar del todo no es para él un deber sino un derecho. A partir de este momento desaparecerán todos los esfuerzos individuales de las personas particulares y se subordinarán al plan general del estado”.

    En este discurso advierte del lento y difícil comienzo pero que “¡Que nadie desista por ello de empezar!” Comience por los pobres, por los que no pueden pagar, así los regenerará. “¡No temamos que la pobreza y el embrutecimiento de su estado interior pueda ser perjudicial para nuestro objetivo! ¡Arranquémosles por completo y de repente de su estado y llevémosles a un mundo totalmente nuevo!; no dejemos en ellos nada que pueda recordarles lo antiguo; se olvidarán hasta de sí mismos y existirán como seres recién creados”. En los alumnos se grabará sólo lo bueno. Siendo el estado como “Regente supremos de los asuntos humanos” quien dice que es lo bueno.

    Y finaliza el discurso “Y por eso pienso que, con un poco de buena voluntad, no hay en la realización de este plan ningún obstáculo que no pueda fácilmente ser superado con la unión de unos cuantos que encaminen todas sus fuerzas hacia esté único objetivo”.

  • The Relevance of Shakespeare

    The Relevance of Shakespeare

    Last week, to celebrate the 450th anniversary of Shakespeare’s birth, I focused on the “eternal Shakespeare”, arguing that Shakespeare is timeless and therefore, and paradoxically, that he is also timely. Here are a few of the timeless truths in Shakespeare that are also and always timely.
    In Romeo and Juliet the difference between true and false love, i.e. rational and irrational love, is highlighted. This is evident in Romeo’s blasphemous exclamation that “heaven is here / Where Juliet lives”. Juliet is Romeo’s alpha and omega, his beginning and his end. She is the goddess to which he owes the sum of all his worship. It is for this reason that he chooses this “heaven” even when it becomes his hell. In Dante’s Inferno the lustful are described as “those who make reason slave to appetite” or as those who let their erotic passions “master reason and good sense”. Like Paolo and Francesca in the Inferno, Shakespeare’s lovers have overthrown reason in pursuit of passion. Embracing their madness and blindness, their “love” has surrendered to the force of feeling. Their love is headless and therefore heedless of the bad consequences of the bad choices being made. Shakespeare and Dante are well aware of the danger of separating love from reason. Love, like faith, must be subject to reason; a love that denies or defies reason is illicit and is not really love at all.
    In some ways, Romeo and Juliet can be seen as a cautionary commentary on the two great commandments of Christ that we love the Lord our God and that we love our neighbor. The two lovers deny the love of God in their deification of each other, with disastrous consequences, and their respective families deny the love of neighbor in their vengeful feuding. It could be said that the venereal and vengeful passions of Verona represent the culture of death in microcosm. A society that turns its back on Christ and His commandments is on the path to suicide, to nihilistic self annihilation. If the lessons are not learned and the warnings heeded, the sinful society will be doomed to be damned.
    Similar lessons to those taught in Romeo and Juliet are taught in The Merchant of Venice in which the test of the caskets shows that true love is about dying to oneself so that one can give oneself fully and self-sacrificially to the beloved. This true love is contrasted with the self-centred desire of those who fail the test. In similar vein, the test of the rings at the end of the play reinforces the necessity of self-sacrifice in the sacrament of marriage. Finally, of course, Portia’s timeless wisdom reminds us that we must love our neighbor, showing the quality of mercy that God has shown to us.

    In Julius Caesar, Shakespeare pours scorn on Caesar’s vanity, on Antony’s bloodthirsty opportunism, on Cassius’ ambition, and on Brutus’ brutal idealism. Yet he is not cursing from the perspective of a worldly cynicism but from that of a believing Christian at a time when believing Christians were being tortured and put to death by the vanity of monarchs, by bloodthirsty opportunists, by political ambition, and by brutal idealism.

    There is, however, a deeper level of meaning in Julius Caesar that is all too often overlooked completely. It is the sound of silence within the play; the scream in the vacuum of the play’s vacuity. It is the unheard and unheeded voice of the virtuous. It is the voice of Calpurnia, which, if heeded, would have saved Caesar’s life; it is the voice of Portia, which, if heeded, might have urged Brutus to think twice about his involvement with the conspirators. It is the voice of the Soothsayer and of the augurers. It is the voice of Artemidorus, a teacher of rhetoric, whose note to Caesar is devoid of all rhetorical devices and direct to the point of bluntness. The note is not read, the voices are not heard, and the consequences are fatal. All that was missing in the play is the one thing necessary, the still, small voice of virtue and wisdom that the proud refuse to hear.

    The whole of Hamlet turns on the crucial distinction between reason and will, and between that which is and that which seems to be, and the test of success is the extent to which the protagonists conform their will to reason and to the reality to which it points, irrespective of all appearances to the contrary. This is Hamlet’s struggle throughout the play. In the end, through conforming his will to reason and in connecting reason to faith, he becomes the willing minister of Divine Providence, bringing justice to the wicked King Claudius and restoring justice to the realm.
    In many ways, Macbeth can be seen as the anti-Hamlet. Whereas Hamlet begins in the Slough of Despond, temperamentally tempted to despair, he grows in virtue throughout the play until he reaches the ripeness of Christian conversion and the readiness to accept his own death as part of God’s benign Providence. Hamlet grows in faith because he grows in reason; Macbeth loses his faith because he loses his reason.
    In a more general sense, the dynamism of the underlying dialectic in Shakespeare’s plays, and therefore of the dialogue, is centred on the tension between Christian conscience and self-serving, cynical secularism. Whereas the heroes and heroines of Shakespearean drama are informed by an orthodox Christian understanding of virtue, the villains are normally moral relativists and Machiavellian practitioners of secular real-politik.
    In the final analysis, the right reason for learning Shakespeare is to learn the right reason that Shakespeare teaches!

  • The Eternal Shakespeare

    The Eternal Shakespeare

    He was not of an age, but for all time!
    Ben Jonson on William Shakespeare
     
    These famous words of praise by the great poet, Ben Jonson, in honour of the even greater poet, William Shakespeare, were published in the First Folio edition of Shakespeare’s plays in 1623, only seven years after Shakespeare’s death. The words of praise have, therefore, become words of prophecy because none of the Bard of Avon’s contemporaries could have foreseen the extent to which Shakespeare would conquer the world in the centuries after his death. Today, on the 450th anniversary of his birth, he stands as a colossus who straddles the centuries, towering above all other writers, with the possible exception of Homer and Dante. His stature as a giant of civilization is itself sufficient reason to read and study his works. In spending time with Shakespeare we are communing with genius. Can there be many better and more fruitful and edifying ways of spending our time?

    by Abraham van Blyenberch, oil on canvas, circa 1617

    There is, however, another and deeper meaning behind Ben Jonson’s words. It is not merely that Shakespeare has survived the test of time, it is that his plays, and the truth and morality contained within them, transcend time. They are not merely works that endure in time, they are works that are beyond time. They are timeless. They have their inspiration in eternal verities and they point to those same verities. Such truths do not change with time, nor are they changed by it. They simply are.
    Perhaps the best way of illustrating this timeless dimension to Shakespeare is to compare the Heilige Geist with the zeitgeist, the Holy Spirit with the Spirit of the Age. The Holy Spirit does not change from one generation to the next. He simply is. The Spirit of the Age, on the other hand, is always changing. It is subject to time and is changed by it. The literal meaning of zeitgeist is Time-Spirit. One who serves the Time-Spirit is one who wants to seem relevant to the fads and fashions of his own day. He is primarily concerned with being up-to-date. The problem is that those who are up-to-date are very soon out of date because, as C. S. Lewis quipped, fashions are always coming and going, but mostly going. One who is relevant to the fashions of today will be irrelevant to the fashions of tomorrow.
    The reason that Shakespeare is not of an age but for all time is that he serves the Heilige Geist and not the zeitgeist. The truths that inspire his Muse and the truths that emerge in the fruits of his Muse (his plays and poems) are the truths of the Holy Spirit. Such truths do not merely stand the test of time they are the very truths by which time itself is tested. This timeless aspect of truth is very important for us to understand but perhaps a little difficult to grasp. It might, therefore, be useful to employ a famous philosophical riddle: If a tree falls in a forest and there’s nobody there to hear it fall does it make a sound? The answer is that of course it makes a sound because the sound of the tree falling is not dependent on anyone hearing it. We might rephrase the riddle thus: If Shakespeare’s works are neglected so that they are no longer performed or read, will Shakespeare and his works cease to be relevant? The answer is that of course they are still relevant because the goodness, truth and beauty of the works are not dependent on our ability to see or understand them. Indeed, it could and should be argued that a culture that could no longer read Shakespeare because of its illiteracy and barbarism was suffering the woeful consequence of neglecting the truths that Shakespeare’s plays reveal!
    Another way of understanding the timeless dimension of truth is to see it in relation to eternity. When we say that God is omnipresent, it doesn’t simply mean that God is present everywhere in time and space, though He is. More importantly it means that everything in time and space is present to Him. There is no past and future from the perspective of the eternalpresence of God. His omnipresence means that everything is present to Him. In a similar though less perfect sense, Shakespeare enters eternity when he dies. On the assumption that He goes to heaven and not to the other place, he will enter into the eternal presence of God. He will be timeless. Insofar as Shakespeare’s works are good, true and beautiful, which of course they are, and in so far as they are the fruits of God’s presence in the creative process, which is indubitable, those works will be enshrined with Shakespeare in eternity. They will be with him because they are an integral and essential part of who he is. In this sense, Shakespeare’s works simply are. They will be even when the world passes away.

    Ben Jonson’s folio

    These metaphysical first principles are crucial to our understanding of why we should learn Shakespeare, or indeed why we should learn anything else that contains goodness, truth and beauty. The learning of such things points us towards eternity and helps us to get there. Can anything else be more worth learning?
    Lest we be tempted to think that the foregoing discussion means that the learning of Shakespeare is purely a spiritual or mystical undertaking, connected solely to what philosophers call the anagogical meaning of life, we should remind ourselves of the paradox that the timeless is always timely. If the timeless resides in the eternal it means that all times are present to it. If it is timeless, it is always true – and, if it’s always true it is always relevant. It is for this reason that Shakespeare’s works are rightly listed amongst the “permanent things”, those things which are and will always be, and, in consequence, those things that are and will always be relevant.

  • Shakespeare: 450, Not Out

    Shakespeare: 450, Not Out

    Today is St. George’s Day. It is also Shakespeare’s birthday and, believe it or not, it is the day on which Shakespeare died. Apart from the astonishing coincidence that Shakespeare died on his own birthday, it is also singularly appropriate that England’s greatest poet should have been born and should have died on the feast day of her patron saint. It seems appropriate, therefore, that we should celebrate the 450th anniversary of Shakespeare’s birthday with a reference to cricket, that most quintessential of all English sports. Shakespeare is “450, Not Out”, continuing to hit his audiences for six after reaching several consecutive centuries of continuing relevance.
    On such a prestigious anniversary it would do well to remind ourselves of the enduring stature of the Bard of Avon.
    Arguably the three greatest writers of all time are Homer, Dante, and Shakespeare. Of the first of these, very little is known. Homer, it seems, has disappeared amidst the murk and mists of history. So great and wide is the chasm that separates him from us that he is almost invisible. What we know of him, for what it’s worth, is gleaned from allusive and elusive clues embedded in his work. Thus, for instance, it is widely presumed that, like Milton, he was blind. If so, like the blind seer Teiresias, he sees more in his blindness than those blinded by their own unwillingness to see.
    Much more is known of Dante, a devout Catholic and a disciple of the scholasticism of Thomas Aquinas, who lived much of his life as a political exile from his beloved Florence. Perhaps the fact that he is a thousand years closer to us than Homer might explain the greater knowledge. If so, why is it that such mystery continues to surround the seemingly elusive figure of William Shakespeare? In terms of the time that has elapsed from his time to ours, it would seem reasonable to presume that we should know more about the Bard of Avon than about the divinely-inspired poet of Italy, the latter of whom lived three hundred years earlier.
    Much of the mystery surrounding Shakespeare is linked to the age in which he lived. It was an age in which a large and alienated section of the population was considered outlaws by the state. In Elizabethan and Jacobean England it was a criminal offence to practice or propagate the Catholic religion, an offence that for priests was punishable by death. It is for this reason that England’s greatest poet remains largely unknown. He is unknown, first of all, because he sought to keep his religious life unknown, as far as possible, from the authorities. He is also unknown because later generations of Englishmen erected a myth in the nation’s likeness, ignoring or smothering the Bard’s “treacherous” popery in the interests of a nationally acceptable patriotic iconography. He became the posthumous victim of “patriotic correctness”.
    The overwhelming evidence for the Bard’s Catholicism is rooted in the solid facts of his life and in the theological, philosophical and moral truths to be found in his work.
    The factual evidence is to be found in documents, such as Shakespeare’s last will and testament and in the spiritual last will and testament of his father; in the persecution of Shakespeare family and friends for the practice of their faith; in court cases in which Shakespeare became embroiled; in property that he purchased; and in the sort of acquaintances and friends that he valued, and the type of people whom he considered enemies. All of these historical facts, pieced together meticulously by historians, paints a picture of Shakespeare’s life that points to his papist sympathies.
    The textual evidence to be gleaned from his work includes thinly veiled and sympathetic allusions to the work of the Catholic poet and martyr, St. Robert Southwell, and a host of allegorical connections in his poetry and plays to the religious and political turmoil of the times in which he lived. At its deepest level of meaning, Shakespeare’s oeuvre can be seen as a dialectical engagement with the opposing forces of Christian orthodoxy and secular fundamentalism, with the Bard’s sympathies clearly falling on the side of the former against the latter.
    One consequence of the emergence of the historically and textually verifiable Catholic Shakespeare is the construction of more acceptable “alternative” Shakespeares who can be made to dance obediently to the tune of the “religiously-correct” zeitgeist. Thus the dubious textual scholarship surrounding the “dark lady” of the sonnets was employed by Hollwood to depict an adulterous and hedonistic Bard in the travesty, Shakespeare in Love. More recently, the utterly absurd theory that Shakespeare’s plays were not written by the Bard but by Edward de Vere, the Earl of Oxford, has been resurrected by Hollywood. This so-called “Oxfordian theory”, which can be demolished with consummate ease with the merest modicum of historical scholarship, forms the basis of the more recent film, Anonymous.
    The construction of bogus Shakespeares is an act of treason against the real Shakespeare, who is still being hounded by his enemies 450 years after his birth. In this context, the distortions and fabrications that have dogged the Bard throughout the centuries can be said to be held at bay by the true scholars who are the Bard’s true friends. Set against the baying hounds who have hounded him, the true scholars can be likened to bloodhounds who unearth the evidence that sets Shakespeare and his times free of the falsehood that has surrounded them. Against the dogs of deception and deconstruction, such scholars can be likened to the hounds of heaven. Switching analogies, and considering the significance of today’s date, we might also liken the Shakespeare-abusers to deceitful dragons who have been slain by the scholarly St. George. As Henry V might have said, “The game’s afoot; Follow your spirit: and upon this charge, Cry — God for Shakespeare! England and Saint George!”

  • Shakespeare: 450 años, no está out

    Shakespeare: 450 años, no está out

    El 23 de abril es el día de San Jorge. Es también la fecha de nacimiento de Shakespeare, y aunque no se crea, el el mismo día en que Shakespeare murió. Fuera de la gran coincidencia de que Shakespeare muriera en el día de su nacimiento, es singularmente apropiado que el más grande poeta inglés haya nacido y muerto el día del santo patrono de Inglaterra. Parece apropiado, entonces, que celebremos los 450 años del nacimiento de Shakespeare con una referencia al cricket, el deporte más propiamente inglés que existe. Shakespeare es “450, NOT Out”, continúa influenciando audiencias por seis, tras haber alcanzado siglos consecutivos de continuada relevancia.
    En tan prestigioso aniversario sería bueno recordarnos de la perdurable estatura del Bardo de Avon.
    Posiblemente los tres grandes escritores de todos los tiempos son Homero, Dante y Shakespeare. Del primero de estos poco sabemos. Homero, parece haber desaparecido en la bruma de la historia. Entonces la distancia que nos separa de él es grande y amplia, lo que lo hace ser casi invisible. Lo que sabemos del él, que valga la pena está relacionado con claves alusivas a su obra. Por ejemplo es presumible que como Milton, el fue ciego. Si fue así, como el ciego vidente Teiresias, el veía más en su ceguera que aquellos cegados por su propia negación de ver.
    Bastante más se sabe de Dante, un devoto Católico y un discípulo de la Escolástica de Santo Tomás de Aquino, quien vivió la mayor parte de su vida como un exiliado político de su amada Florencia. Tal vez el hecho que el es mil años más cercano a nosotros que Homero pueda explicar este mayor conocimiento. Si es así, ¿por que el misterio continúa rodeando la figura aparentemente evasiva de William Shakespeare? En términos de tiempo que ha pasado desde su tiempo al nuestro, sería razonable de presumir que nosotros debiéramos saber más del Bardo de Avon que del divinamente inspirado poeta italiano, quien vivió trescientos años antes que éste.
    Mucho de los misterios que rodean a Shakespeare están ligados a la época en que él vivió. Fue un tiempo en la cual un gran grupo de la población fue alienada y considerada fuera de la ley por el estado. En la Inglaterra Isabelina y Jacobista era una ofensa criminal el practicar o propagar el catolicismo religioso, una ofensa que en el caso de los sacerdotes era castigada con la muerte. Esta es la razón por la cual el poeta más grande de Inglaterra ha permanecido casi desconocido. El es desconocido, primero que todo, porque quiso mantener su creencia religiosa oculta, en la medida de lo posible, de las autoridades. Es también desconocido porque las futuras generaciones de ingleses erigieron un mito basado en los gustos de la nación, ignorando o suavizando la traición papista del bardo en la iconografía de intereses patrióticos nacionalmente aceptables. El se convirtió en una víctima póstuma del “correcto patriótico”.
    La evidencia abrumadora del catolicismo del bardo está enraizada en los sólidos hechos factuales de su vida y en la verdad teológica, filosófica y moral que se encuentra en su obra.
    La evidencia factual se encuentra en documentos, tales como el testamento del propio Shakespeare y en el testamento y último deseo de su padre, en la persecución de la familia de Shakespeare y de sus amigos por la práctica de su fe, en casos de corte en los que Shakespeare se vio involucrado, en las propiedades que él compró, y en relación a los conocidos y amigos a quienes él valoraba y en relación al tipo de gente a quienes él consideraba sus enemigos. Todos estos hechos históricos, puestos en conjunto de modo meticuloso por historiadores, muestran un cuadro de la vida de Shakespeare que apunta a sus simpatías papistas.
    La evidencia textual que emana de su trabajo incluye finas y veladas alusiones de simpatía con el trabajo del poeta católico y mártir, St Robert Southwell y contiene conexiones alegóricas en su poesía y en sus obras con las realidades religiosas y políticas del tiempo en que él vivió. En el nivel más profundo de significado, la obra de Shakespeare puede ser vista como un compromiso dialéctico con las fuerzas opositoras de la cristiandad ortodoxa y el fundamentalismo secular, en las que las simpatías del bardo claramente caen hacia el lado de lo antiguo y en contra de lo nuevo.

    Portada de film Shakespeare in Love 

    Una de las consecuencias que emergen de la verificación histórica y textual del catolicismo de Shakespeare es la construcción de una más aceptable “alternativa” de Shakespeare, la cual puede bailar en forma obediente al ritmo del “ correcto religioso” del espíritu de los tiempos. De este modo queda en evidencia el estudio dudoso que rodea a la “dama oscura” de los sonetos empleados por Hollywood para mostrar a un adúltero y hedonístico bardo en la parodia Shakespeare in Love . Más recientemente, la teoría absurda que las obras de Shakespeare no fueron escritas por él sino por Edward de Vere, Conde de Oxford, también fueron resucitadas por Hollywood. Esta también llamada “ teoría de Oxford”, la cual puede ser demolida con facilidad consumada por el más mediocre estudioso de los hechos históricos, forma parte de la película reciente, Anonymous.

    Edward de Vere, 1575

    La construcción de estos falsos Shakespeare es un acto de traición contra el verdadero Shakespeare, quien es todavía perseguido por sus enemigos 450 años después de su nacimiento. En este contexto, la distorsión y fabricación que ha rodeado al bardo a través de los siglos puede decirse que ha llegado a puerto con la aparición de verdaderos estudiosos, quienes son los verdaderos amigos del bardo. Estos desentierran como sabuesos y muestran evidencias en contra de los sabuesos que lo persiguen las pruebas que liberan al verdadero Shakespeare de las falsedades creadas en el tiempo. Contra los perros del engaño y de la deconstrucción, aparecen los académicos del cielo. Considerando las analogías y la fecha de su nacimiento y muerte, podemos comprar a los abusadores e inventores del anti Shakespeare como dragones quienes fueron derrotados por los nuevos académicos , San Jorge. Como habría dicho Enrique V “ The Game’s afoot; Follow your spirit:and ipon this charge, Cry- Dios por Shakespeare! Inglaterra y San Jorge!!

  • Los infinitos nombres de la diosa Isis

    Los infinitos nombres de la diosa Isis

    Isis es una diosa poderosa que trasciende los límites de su momento mitológico e histórico. Influye a los egipcios y luego a los griegos y romanos y personifica los poderes de los dioses en sus elementos más puros y profundamente simbólicos. Isis es madre, diosa, maga, fecunda la naturaleza, sus alas sagradas llevan el alma a su destino, es la vaca sagrada que alimenta de leche a Egipto, es la serpiente reencarnada, tiene la capacidad de torcer la historia a favor de su hijo y de los egipcios, entre muchos otros atributos de su personalidad.
    La historia de la civilización egipcia faraónica es única. Debido a sus características especiales como la sacralidad de su rey, el faraón, su aislamiento defendido por el desierto, el mar rojo y el mediterráneo y la navegabilidad del Nilo lograron que su historia política y su desarrollo religioso se mantuviera inalterado por tres mil años. Fue de hecho el primer faraón, el legendario Menes quien, por influencia divina y encarnando a Horus el hijo de Isis y Osiris,logró unificar a los 42 nomos o regiones que existían en Egipto, logrando una unidad entre diversas cosmogonías,visiones de la muerte y dioses.
    De estos relatos sobre la creación hay uno que preponderó sobre los otros: el Heliopolitano, llamado así por venir de la ciudad de Heliópolis. Los conocemos gracias a dos fuentes principales: los textos de las pirámides, en los que nunca vemos el relato completo, pero sí frases y enunciados que hemos podido reconstruir, y el papiro de Bremner-Rhind catalogado con el número EA 10188 en el Museo Británico de Londres. Está escrito en hierático y tiene 33 columnas y 930 líneas escritas. En el aparecen
    las lamentaciones de Isis y Neftis, que debían cantarse ceremonialmente para recordar la muerte del dios Osiris. Este orden sagrado encontraba sus raíces en la enéda divina que termina por conformarse entre las distintas cosmogonías. En esta, Atum el gran dios sol que también llamamos Ra o Aton crea por iniciativa propia, y distinguiendo desde su propia divinidad, a Shu, el aire y Tefnut, la humedad. De Shu viene el dios Geb la tierra y de Tefnut sale la diosa Nut el cielo, la diosa inmensa que se posa sobre Geb y lo crean todo. Su descendencia son los hermanos Osiris e Isis, padres de Horus, Set y Neftis.
    Osiris e Isis protagonizaron un drama divino que conocemos detalladamente gracias a Plutarco en su obra De Iside et Osiride que Mircea Eliade cita en su primer tomo de Historia de las Ideas y Creencias Religiosas. Estos dioses pronto asumen la realeza divina como consortes, pero Set, el hermano envidioso asesina a Osiris pero Isis, la maga, logra resucitarlo lo suficiente como para quedar embarazada de Horus, a quien va a dar a luz escondida en el delta del Nilo. El niño tiene una vida secreta hasta su adolescencia, cuando decide retomar su derecho divino y se enfrenta a su tío. Set logra en primera instancia sacarle un ojo, pero Horus triunfa al final. Osiris es resucitado definitivamente como fuerza vital de la muerte y pasa a tomar su lugar en el trono del juicio de los muertos. Isis en cambio, viva yencarnando al trono real, queda representando el inmenso abanico de la diosa que viene de muy antiguo, será desde este mítico momento: madre, diosa, maga, fecundará la naturaleza, será las alas que lleven el alma en su viaje, será la vaca sagrada que alimente de leche a Egipto, será serpiente reencarnada, tendrá la capacidad de torcer la historia a favor de su hijo y de los egipcios, entre muchas otras.
    James Frazier en “La Rama Dorada” define a Isis como la “de los mil nombres”, queriendo explicar la infinita significación que tuvo esta diosa. Al contrario que sus antecesoras asiáticas, Isis fue buena esposa y madre. Originalmente fue diosa de la naturaleza, ella le regaló al hombre la cebada y le mostró satisfecha el descubrimiento de estas espigas a Osiris. Cuenta el sacerdote egipcio Manetón, autor de Aegyptíaka, una Historia de Egipto desde sus orígenes, que los segadores egipcios se golpeaban el pecho con las primeras espigas recreando el dolor de Isis al perder a Osiris. La llamaban “creadora de cosas verdes”, “señora del pan”. No solo esto, “es la misma mies verde que todo lo cubre, personificada en una diosa”. Con el pasar de los años su benéfica imagen fue purificándose y terminó traspasando las fronteras de Egipto. Su culto fue uno de los más populares en la Grecia helenizada y en Roma.
    Algunas Manifestaciones de Isis: La Diosa Pájaro
    La “diosa pájaro” es una imagen neolítica profundamente arraigada en la prehistoria. En las miles de pequeñas estatuas que los arqueólogos han encontrado y siguen encontrando, se reconoce una imagen de mujer con senos, largo cuello, sin boca. Algunas casi no tienen elementos humanos, pero nos reflejan la condición divina que tenia la femineidad en esta época. La podemos ver en la pintura rupestre en mano de antiguas diosas sumerias y en las sagradas alas de Isis.
    En el caso de la diosa egipcia se le suma además su misión de psico-pompa, es decir de conducir las alas de los difuntos a su viaje eterno. Esta es también una imagen muy antigua, los pajaros – buitre, el cuervo, la lechuza, el halcón – cumplieron esta misión ya en Catal –Huyuk y otras culturas. Isis, con su aliento y con el viento que resulta del batir de sus alas sagradas conduce al alma (ba) a su destino final.Así dice le dice un hijo a un faraón con motivo de su funeral (Textos de las pirámides): “Salve, padre mío, en este día en el que te presentas ante RA cuando asciende desde es Este y cuando eres investido con esta, tu dignidad que está entre los espíritus! Los brazos se enlazan por ti, los pies bailan por ti, se agitan las manos por ti. Isis te ha cogido de la mano y te introduce en el baldaquín (marquesina entre columnas). La tierra es cubierta, las plañideras se lamentan ”.
    Isis la mujer del dios de la muerte
    Luego de finalizada la tragedia entre Osiris y su hermano Set, el primero, dios de la muerte, queda reinando el inframundo como juez supremo. Frente a él se realiza el juicio en que el corazón del difunto se pone en una balanza enfrentado a una pluma de avestruz, símbolo de aquello que es perfecto y sublime. Si el difunto pasa la prueba pasa a la sala donde lo espera el dios custodiado por Isis y Neftis, diosas protectoras de los jueces. Isis y Osiris simbolizan la familia sagrada el matrimonio perfecto. Isis en su doble condición de hermana y esposa protege y ama al dios. Es ella, Isis, quien protege y ama a su hermano, quien lo busca sin desfallecer, sin reposo hasta encontrarlo, quien da sombra … y aire con sus alas Es ella quien alaba a su hermano, quien alivia la debilidad de quienes están cansados, quien recibe su semilla y da a luz a su heredero. Quien alimenta al niño en soledad sin que nadie sepa dónde está”.
    Isis la diosa Trono
    El jeroglífico del nombre de Isis era una trono. Ella está “tocada” por un trono en la cabeza. Lo que nos lleva a pensar que era originalmente la idea de darle la realeza al faraón. Hay que ser hijo de Isis para serlo, porque el primer faraón fue Horus y los siguientes faraones, al menos hasta que dejó de ser el mismo dios y paso a representarlo, encarnaba a Horus. El trono es también la gran montaña sagrada primitiva, totalidad del universo, unión de cielo, tierra e inframundo.
    Además de un trono, Isis puede verse en las imágenes de los textos de las pirámides con cuernos de vaca uniendo un disco solar (o lunar). Esta unida aquí a la diosa Hator. Esta diosa, muy antigua en la mitología egipcia, era originalmente imaginada como una gran inundación que alimentaba todo Egipto, siendo incluso creadora en algunas cosmogonías antiguas. Aparece en imágenes con sus cuatro patas en los cuatro puntos cardinales y su vientre lleno de estrellas simbolizando el mundo entero, la creación. Algo así como una gran montaña sagrada que alimenta. Es también la diosa celeste Nut. En la paleta de Narmer, simbólicamente riquísima, vemos a Hator reflejada en sus carillas, enmarcando las esquinas del planeta En algunos mitos también se le da el nombre de la estrella Sothis, el «segundo sol» (como sucede con Isis); se la relaciona así con la crecida del Nilo y con la inundación.

    Isis como Hator

    Encarnación de la Maat
    Isis como la diosa Maat (o Mayet) encarna parte de la esencia de la mitología egipcia, al reunir a seres divinos y humanos bajo unaley universal; todos viven por Maat, en Maat y para Maat. En este caso, cuando personifica a la sagrada Maat, esta tocada con una pluma de avestruz. La Maat como principio de orden y equilibrio era concebido como un principio eterno, preexistente incluso a los dioses. Atum, antes de crear por voluntad, antes de emerger por primera vez desde el agua primigenia, o en la montaña sagrada ya yacía con Maat, que estaba dentro de él y alrededor de él. Maat es en realidad un principio tanto filosófico como mitológico. Es el orden universal, que pude volver todo a su lugar a pesar de las catástrofes o de los desordenes que los hombres realicen en el mundo. Es la que hace volver al Nilo a su lugar luego de la inundación, es la que reparte esta justicia parecida al karma indio o la justicia divina nuestra. Es una armonía inscrita en la naturaleza, inalterable y mágica. Verdad, orden, legalidad y justicia. “no ha sido perturbada desde Ted Zepi” Este orden divino y sagrado se refleja en la sociedad a través de los actos del faraón quien simbólicamente la lleva en la mano.
    Primer monólogo de la creación por parte de Ra, del Papiro de Bremner Rhind:
    Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas, después de que hubiese venido a la existencia: ‘Fui yo quien vino a la existencia como Jepri.Cuando vine a la existencia, ‘el Ser’ vino a la existencia y todos los seres vinieron a la existencia después de que yo viniera a la existencia; numerosos fueron los seres que surgieron de mi boca antes de que el cielo hubiera venido a la existencia, antes de que la Tierra hubiera venido a la existencia, antes de que la tierra y los reptiles hubiesen sido creados en este lugar. Yo creé[algunos de ellos] en Nun como Los Inertes cuando aún no podía encontrar un lugar en el que permanecer Encontré favor (¿) en mi corazón, examiné con mi vista, y, estando solo, hice todas las formas antes de que hubiera escupido a Shu, antes de expectorar a Tefnut, antes de que viniera a la existencia cualquier otro que pudiera actuar conmigo.
    Yo concebí con mi propio corazón y allí vinieron a la existencia multitud de formas de criaturas vivas, a saber, las formas de los hijos y las formas de sus hijos. Realmente yo me excite con mi mano, copulé con mi mano, escupí con mi propia boca; escupí a Shu, expectoré a Tefnut y mi padre Nun los educó, mi Ojo siguiéndoles desde los eones cuando estaban lejos de mí. Después de que yo hube venido a la existencia como único dios, hubo tres dioses además de mí. Yo vine a la existencia en esta tierra y Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que se encontraban.Fueron ellos quienes me devolvieron mi Ojo, después de que yo hube unido mis miembros; lloré sobre ellos, y así es como la Humanidad vino a la existencia,de las lágrimas que surgieron de mi Ojo, porque él estaba furioso conmigo cuando volvió y encontró que yo ya había colocado otro en su lugar, habiéndolo reemplazado con elGlorioso.( Así, yo lo ascendí a mi frente y cuando él ejerció gobierno sobre esta tierra entera, su ira se extinguió, porque yo había restituido lo que había sido tomado de él. Yo surgí de las raíces, creé a todos los reptiles y todo lo que existe entre ellos. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, y Geb y Nut engendraron a Osiris, Horus [Mejentienirti], Seth, Isis y Neftis de su útero, uno tras otro, y ellos dieron origen a las multitudes que habitan esta tierra.
    PARA SABER MÁS
    Campbel, Joseph. Las Máscaras de Dios, Mitología Oriental. Ed. Alianza
    Crashford Jules y Bearing Anne. “El Mito de la Diosa”, ED Siruela.
    Campbell Joseph, Imagen del Mito, Atalanta, Girona, España, 1997
    Frankfort, Henry, Wilson J. A. y Jacobsen, T. El Pensamiento Pre filosófico, Egipto y Mesopotamia. Fondo de Cultura Económica, Colección Breviarios. 1954
    Frazer, James George La Rama Dorada, Magia y religión. Fondo de Cultura Económica. México, 2011

  • Huellas de España:  De Isabel a Carlos

    Huellas de España: De Isabel a Carlos

    De Isabel a Carlos tituló Jaime Eyzaguirre uno de esos ensayos suyos donde brotaba todo el talento de su pluma y un amor incontenible por la España que se gestaba de la unión de los principales reinos de la península. Esa misma tierra se aprestaba a empresas aún mayores, concluir la reconquista contra el invasor mahometano, y descubrir y conquistar nada menos que el nuevo mundo. Madrigal de las Altas Torres fue su cuna, continuaba nuestro historiador que, cual Ercilla en otros siglos, hacía de la Historia un poema épico cantando las hazañas de un pueblo, mejor dicho de una reunión de pueblos que nos hicieron entrar a la historia de la cultura occidental y cristiana.

    Serie Isabel de TVE

    Isabel la Católica, en las postrimerías del siglo XV, cuando se despiden los años de la caballería medieval y despunta el renacimiento y su política maquiavélica, sería una de aquellas reinas de película, la serie Isabel de TVE, le hace justicia en muchos de sus méritos, que no fueron pocos. Isabel de Trastamara, que así se apellidaba la que se conoce como Católica, tendrá una compleja carrera política, debió imponerse a una aristocracia poderosa y levantisca, animada por la propia debilidad de carácter del rey de Castilla, su medio hermano Enrique IV El Impotente, el pueblo castiga con el ignominioso apodo al indeciso Rey, que ha obtenido el trono intrigando contra Juan II, su propio padre. El ascenso de la joven Isabel no fue nada fácil, debió sobreponerse a la muerte de su hermano Alfonso y pactar con Enrique IV reconociéndole como rey de Castilla a condición de que ella, su media hermana y bastante menor, le sucediera en el trono. El acuerdo conocido como “Toros de Guisando” se impone por sobre las pretensiones de Juana, supuesta hija de Enrique, pero al parecer de un cortesano de nombre Beltrán de la Cueva, de allí que fuera apodada “La Beltraneja”. Luego, el matrimonio de Isabel con Fernando de Aragón, gatilló nuevas tensiones con Enrique IV y a la muerte de éste, una guerra con Juana la Beltraneja y su marido Alfonso V rey de Portugal quien se entusiasma con expandir su reino al constatar las disputas entre castellanos. Finalmente, el joven y popular matrimonio, Isabel y Fernando, se imponen, consolidando el trono de Isabel en Castilla y a la postre de Fernando en Aragón, con ello se abrirá la puerta a la unión de los dos principales reinos de la península y lo que con el tiempo dará lugar a España. “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”, se lee en el escudo de los Reyes Católicos, lo que implica, prudentemente, que ella reina en Castilla y él en Aragón, esperando que algún día sus hijos reúnan ambos legados. Castilla se proyectará, en gran parte gracias a los méritos políticos de Isabel, como un reino clave ya no solo en la península ibérica sino en toda Europa, y es que su nueva dimensión Atlántica, con el descubrimiento de América, despliega enormes posibilidades. Aragón es, no menos importante, una potencia en el Mediterráneo, incorpora Cataluña y Valencia, y domina las Baleares, Nápoles y Sicilia, Cerdeña.
    El mismo año en el que Colón desembarcaba sin saberlo en América, Isabel y Fernando han liderado y logrado una esperada victoria, poniendo fin a la reconquista cristiana de la península ibérica. Para ello han vencido en Granada, último reducto moro, lo han conseguido con tesón y paciencia, luego de años, significando una de las primeras empresas que los historiadores llaman propiamente española, ya que colaboraron en ella no solo castellanos y aragoneses, sino también cántabros, vascos, gallegos, catalanes y los mismos que hoy se llamarían andaluces.

    Mapa de Castilla

    Muchas son las huellas de Isabel, la unidad política y también religiosa, el orden interior que permitirá consolidar a Castilla como una de las potencias de la época. La labor de Fernando será clave en el ámbito diplomático, y los matrimonios de los hijos de ambos, verdaderos enlaces políticos a usanza de los tiempos, demuestran los afanes que culminarán, como veremos, con uno de sus nietos a la cabeza de un imperio. La tarea culminada no la verá la reina Isabel, por el contrario, debió sufrir en su vida el devenir de muchos dolores, la muerte de su hijo predilecto el heredero Juan, el que murió por amor, recién casado con Margarita de Borgoña. Además, le golpea la muerte de su hija Isabel, casada con Manuel de Braganza, ya rey de Portugal, ésta le encargó a su pequeño hijo Miguel, quien, otra tragedia, muere con su abuela a los dos años. Mientras, Catalina está lejos, en Inglaterra, y Juana, casada con Felipe de Habsburgo, apodado el Hermoso, desvaría tras la muerte de su amado marido.
    Ante los dolores e infortunios, Isabel pone a prueba sus profundas convicciones religiosas, que le otorgan serenidad ante la muerte de sus hijos y de ella misma. Fallece en 1504, tenía cincuenta y tres años y había reinado casi treinta. Su testamento es una pieza histórica y humana de primer orden. Demuestra su Inteligente visión política, favoreciendo la unidad de España, mediante la sucesión dinástica que previene la incapacidad de Juana, la loca. A Fernando de Aragón le encarga la regencia, sabiendo que los castellanos son orgullosos y poco dóciles, y en espera que el infante Carlos, nieto de ambos e hijo de Juana y Felipe, cumpla los 20 años. Destaca en el mismo testamento la especial preocupación por el trato que hay que dar a los naturales de las Indias, interés que fue una constante durante su vida como asevera, el tan crítico, Bartolomé de las Casas quien reconoce que la reina Isabel “no cesaba de encargar que se tratase a los indios con dulzura y se emplearan todos los medios para hacerlos felices”. Entre Isabel y su nieto Carlos, en Castilla el poder pasará entre las manos del efímero Felipe de Habsburgo, el propio Fernando de Aragón y el voluntarioso Cardenal Cisneros. Carlos había nacido en Gante, hoy Bélgica, en el año de 1500; en él confluían cuatro legados de cuatro notables dinastías europeas. Detengámonos en ello porque su magnitud lo exige. Carlos es nieto no solo de los Reyes Católicos, sino también del emperador adel Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano de Habsburgo y de su mujer María de Borgoña, padres de Felipe el Hermoso. Así de los Habsburgo recibiráAustria, Estiria, Carniola y Carintia además del Tirol, y la posibilidad de ser electo sucesor de Maximiliano en el imperio alemán. De su abuela paterna recibe Flandes, Brabante y Luxemburgo y el disputado Franco Condado. De nuestra Isabel, Castilla, Granada y la reciente incorporada Navarra, además de los nuevos e inmensos territorios de Indias, en pleno proceso de descubrimiento y conquista. De Fernando, un crecido Aragón, Sicilia, Cerdeña y Nápoles, en suma, como vemos, un legado que por su extensión pudo haber aturdido a cualquiera, pero que el joven Carlos asume con indudable responsabilidad. Estaba llamado así a convertirse en el gobernante más poderoso de su tiempo, tamaña tarea fruto de un inmenso legado patrimonial, la realizará, cómo no, con aciertos y errores. Si enorme fueron sus territorios no menores las dificultades o desafíos a los que debió hacer frente. Los resumiremos en cuatro, el avance del Islam, la reforma protestante, la permanente rivalidad con Francia y la conquista de América. De nuevo cada una de ellas pudo llenar muchas vidas y Carlos debió rasumirlas casi simultáneamente. Desde mediados del siglo XV, con la toma de Constantinopla, el Islam ahora encabezado por el himperio turco otomano presionó e incluso desbordó las fronteras del occidente cristiano. Cae Hungría y en su defensa pierde la vida su rey, Luis II casado con una hermana de Carlos. Los turcos sitian Viena, y avanzan por el centro de Europa y por el Mediterráneo, saqueando sus costas. En tierra, los detendrán la legendaria caballería polaca de los jagellones, y los propios tercios de Carlos que levanta el sitio de Viena. En el Mediterráneo no verá Carlos resuelto el problema, finalmente sus hijos Felipe II y Juan de Austria, ya muerto Carlos, vencen en el mar al cruel Suleiman el Magnífico en la trascendente batalla de Lepanto. Por otra parte, la Reforma Protestante cambiaría el mapa espiritual de Occidente hasta el día de hoy, Carlos fue finalmente electo emperador del Sacro Imperio Germánico y paralelamente Martín Lutero y su reforma protestante se hacía fuerte en buena parte de los reinos del norte. Carlos descendía de familias históricamente comprometidas con la defensa de la religión católica, y su postura estuvo a la altura de sus antepasados, se reunió con el propio Martín Lutero en la dieta de Worms y se afanó por convocar un Concilio que, algo tarde, finalmente detuvo el avance del protestantismo y favoreció la reforma católica. No obstante, fueron repetidos los problemas políticos con Pontífices de la época, basta mencionar el Saco de Roma, y las continuas tensiones con príncipes alemanes del Imperio, sostenedores del propio Lutero y su reforma. Respecto a Francia, no cabe duda que su rey Francisco I se siente intimidado por su múltiple vecino y, ante ello, el renacentista monarca galo consagra lo que, para desgracia de Carlos y probablemente de Europa, se llamará la “razón de Estado”, en otras palabras, políticas que justificadas en la defensa del estado llevarán a pactar al “católico” Francisco ya sea con el Turco en defensa de sus costas, o en ocasiones acordar alianzas bélicas con los príncipes protestantes en el afán de combatir juntos al adversario Habsburgo. El escenario de rivalidad con Francia fue por lo general el disputado territorio italiano, allí en la batalla de Pavía cayó prisionero Francisco, pero prima la diplomacia y, luego de negociaciones, fue liberado tras un elegante cautiverio madrileño.

    Colón arribando a América

    En aquella misma batalla participó en defensa de su emperador Carlos, un joven extremeño que, años después, conquistaría Chile, Pedro de Valdivia. Con ello conectamos con el cuarto de las grandes desafíos que debió enfrentar Carlos I de España y V de Alemania, me refiero a continuar con el descubrimiento y conquista de América. El mismo Valdivia le escribió sus Cartas de Relación del Reino de Chile a su emperador Carlos, exagerando las bondades del clima y condiciones del territorio para favorecer la llegada de mayor contingente de peninsulares a las nuevas tierras y poder asegurar un proceso a todas luces incierto que le costaría la vida al propio conquistador. Por su parte, Hernán Cortés cuando regresa a la península luego de conquistar México, la Nueva España, se pone al servicio de su emperador combatiendo en el Mediterráneo al Islam. Incluso Francisco Pizarro es recibido en audiencia por Carlos para relatarle sus aventuras y desventuras incaicas. La polémica por los justos títulos habla del rigor jurídico de la España del siglo XVI que convoca a destacados juristas de la propia Universidad de Salamanca para cuestionarse la licitud y legitimidad de la empresa americana. Carlos fue un emperador europeo, realizó más de cuarenta viajes de gobierno por aquel continente en una época en la que los traslados eran un largo sacrificio. Casado con su prima, también nieta de Isabel la Católica, la bella Isabel de Portugal, así al menos la retrató Tiziano, el César Carlos abdicó finalmente en su hijo Felipe II, los territorios de Flandes, España, Italia y América; a su hermano Fernando le había encargado el gobierno del Imperio alemán y los territorios austríacos; quien fuera el gobernante más poderoso de su tiempo abandona así, cansado pero voluntariamente, el poder, para retirarse al monasterio de Yuste, austero y alejado, en la seca región de Extremadura donde falleció en 1558.

    Sepulcro real de los reyes católicos en Granada

  • Walter Crane: diseñador, artista, ilustrador y creador de los Libros Juguetes

    Walter Crane: diseñador, artista, ilustrador y creador de los Libros Juguetes

    “Alice was beginning to get very tired of sitting by her sister on the bank, and of having
    nothing to do: once or twice she had peeped into the book her sister was reading, but it had
    no pictures or conversations in it, “and what is the use of a book,” thought Alice “without
    pictures or conversation?” (Alice in Wonderland, Lewis Carroll).

    A 100 años de la muerte de Walter Crane, uno de los ilustradores más destacados d e l p e r í o d o v i c t o r i a n o , resulta interesante conocer más acerca de su vida como multifacético artista. Participó en los orígenes del Art &Craft, para luego mutar de manera inevitable hacia el Art Nouveau. No solo fue ilustrador de cuentos para niños, su arte también sirvió de complemento a textos de revistas, manifiestos, pinturas, cerámicas, vidrio, yeso y otras artes decorativas.

    El papel que cumplen las ilustraciones de libros durante el siglo XIX responde a la visión romántica y su afán por englobar las artes y no hacer diferencia entre arte y artesanía. En el ámbito de la ilustración, se trata de integrar texto e imagen desde una perspectiva expresiva. Ya en 1786 Heinrich Tischbein acompañó a Goethe en su recorrido por Italia, dibujando los paisajes, personas y experiencias de ese viaje. Era común que los aventureros románticos ilustraran sus bitácoras y narraciones. Algo así como la cámara de fotos que en la actualidad nos acompaña y registra las experiencias de nuestro viaje. Sin duda, una tímida aproximación a la cultura visual que hoy engloba a toda nuestra sociedad. Durante esos años era muy famoso el libro de Thomas Bewick titulado “History of the british birds”. En él, las viñetas no tienen una función solo descriptiva de las especies que se estudian en el texto, sino que se trata de dibujos que conducen al lector al mundo de los paisajes, hábitat geográficos y no biológicos y a paisajes naturales en los que se plasma también lo típico y pintoresco sin un fin netamente científico. Charlotte Bronte narra en su libro “Jane Eyre” cómo la protagonista resulta atraída por este libro porque tenía viñetas. Bewick reconocería más tarde que sus escritos iban dirigidos a los más jóvenes y que justamente esas viñetas constituían el anzuelo para que se motivaran con la lectura. ¿Pero era la ilustración gráfica el género dónde mejor se plasmaba la ambición romántica sobre la función de las artes? En la obra de Walter Crane específicamente se puede aprecia una unidad visual entre imagen y texto que además recupera la estética de los antiguos códices medievales. Crane valoraba la obra de Bewick, lo consideraba un gran artesano, cuyas aportaciones técnicas crearon escuela, pero sin cualidades poéticas o de estilo. La obra de Crane es en sí misma un manifiesto estético en el que toma partido por un estilo: Art & Craft en sus comienzos y luego por su sucesor natural el Art Nouveau. En ambos lo decorativo se entiende como una categoría artística superior, cercana a lo sublime.
    Los cuentos de los hermanos Grimm
    La colección de cuentos de hadas de los hermanos Jacob y Wilhem Grimm es conocida y querida por todo el mundo. Sin embargo, comúnmente se olvida que en realidad los hermanos Grimm fueron quizás los más sofisticados profesores del siglo XIX. Además de los cuentos y leyendas, ellos publicaron documentos legales, históricos, mitológicos y lingüísticos, además de un completo diccionario de alemán, en el cual empezaron a trabajar en 1838.

    LITTLE RED RIDING HOOD.
    Illustration by Walter Crane, 1875.

    Para ellos los cuentos de hadas, canciones y fábulas formaban parte del folclore popular y lograr recomponerlos era similar a un hallazgo arqueológico. Cuando publican su primera colección de cuentos titulada “Kinder und Hausmärchen” (Los niños y cuentos de casa) en 1812, ellos no tenían en mente que sus lectores serían tan jóvenes. De hecho, se trata de relatos con una cierta aproximación científica, en los que están también publicadas sus propias anotaciones sobre cada cuento de hadas, lo que claramente no corresponde a la idea de literatura entretenida para niños. Algunos de ellos con contenido brutal y erótico no eran aconsejables para lectores pequeños. Será Wilhelm Grimm quien realice, años después, una revisión de las historias y así hacerlas aptas a los niños. Después de 45 años y 7 ediciones, en 1857 esta colección de historias pasó de ser una científica y arqueológica recopilación de literatura folclórica a un genuino libro para niños que ilustraría Walter Crane durante la década de 1870.
    Walter Crane, los cuentos de hadas y más
    Este diseñador británico que influenciaría a generaciones completas de ilustradores durante el siglo XX da sus primeros pasos como artista bajo el alero del movimiento Art & Craft, liderado por su amigo William Morris. Influenciado por el arte de los prerrafaelitas, Crane abrazó la idea de hacer libros para niños por el potencial que eso significaba para él como diseñador gráfico. En éste ámbito Crane era sin duda el mejor, un experimentador incansable, capaz de mezclar a la perfección texto, decoración e imágenes con el objetivo de rescatar los libros de los niños con una estética unificada, todo cuidadosamente planeado.
    Nació en Liverpool y en esa ciudad aprendió con el conocido grabador William James Linton. A los 20 años produce su primer “libro juguete” de rimas para niños muy pequeños. Edmund Evans, un maestro en el arte de la impresión en color, lo ayudaría en este desafío. Su éxito inmediato venía a confirmar la necesidad de las familias de libros para niños de calidad. Es así como rápidamente Crane desarrolla cuarenta publicaciones en su estilo prerrafaelita en el que ya se vislumbran elementos importantes del Art Nouveau. La princesa y el sapo (1874), La Cenicienta (1873), La Bella y la Bestia (1874), Juan y las habichuelas mágicas (1875) y La Caperucita Roja (1875). Durante su vida, Crane ilustraría varios libros para niños y adultos, incluido el clásico libro de 1882 “Household Stories from the collection of the brothers Grimm” con una traducción de su hermana Lucy. Uno de los méritos de Crane es que logró cambiar la manera de concebir los cuentos para niños, fue uno de los primeros en realmente preocuparse por el hecho de que estos libros debían ser exquisitamente diseñados, logrando que además fueran un objeto de juguete que llamara la atención de los más pequeños. Crane fue la cabeza de una generación de artistas cuyas ideas sobre el diseño de libros estaba absolutamente influenciada por sus ilustraciones.
    Mientras la publicación de libros en Inglaterra avanzaba con rapidez, Crane y sus discípulos no dudaban en poner a prueba sus ideas. Para ellos el proceso de hacer libros, significaba encapsular sus ideas sobre el rol de las artes decorativas en la vida diaria. Ésta es la ideología tras el movimiento Arts & Craft y luego también parte importante del Art Nouveau y Art Deco. Como diseñador y artista, los dibujos de Crane responden a diferentes fuentes de inspiración. Por un lado la artesanía medieval de los illuminated manuscript o libros luminosos, el temprano Renacimiento italiano y la vanguardia prerrafaelita.
    Para el historiador William Feaver, la escena del banquete en el cuento La princesa y el sapo refleja esta mezcla de influencias. Desde la idea de una princesa al estilo de Botticelli, hasta el neoclasicismo que se ve en los muebles, y la influencia japonesa en los platos azul con blanco. Además, Crane fue activo en otras áreas de las artes decorativas como el diseño de tapices, vidrio y textiles en general. Fue fundador del gremio de artesanos en 1884. Era un hombre con fuertes creencias políticas y también, con sus ilustraciones apoyó a la causa socialista en su emisión de panfletos y revistas. Otras de las notables ilustraciones que realiza es para el libro de Oscar Wilde “El príncipe feliz y otros cuentos”, “El Quijote de la Mancha” y el aclamado “La Reina Hada” (The Faerie Queene) de Edmund Spenser.
    Su trabajo como ilustrador es amplio y ha llegado a nuestros días como un ejemplo de la belleza y delicadeza, así como de una depurada técnica en el trabajo del color y las figuras. Es además un reflejo de una sociedad que quería reflejar la belleza de la naturaleza y mostrar su mundo idealizado. Sus libros juguetes están destinados a estimular la conciencia visual de los niños, durante el proceso de lectura y el aprendizaje. Una de sus frases célebres es que “los artistas deben haber aprendido las formas que usan, con el corazón”.

  • La Peste Negra: El fin de la Sociedad Medieval

    La Peste Negra: El fin de la Sociedad Medieval

    Amplia popularidad ha tenido en los últimos años el género de películas apocalípticas. En ellas la tierra es parcial o totalmente destruida por maremotos, glaciaciones, tormentas solares, terremotos, asteroides “asesinos”, o invasiones alienígenas.

    Muchos se sienten atraídos para observar –desde la comodidad de sus casas o la butaca de un cine- el desafío que significa sobrevivir en condiciones extremas y las distintas reacciones que los seres humanos y, en definitiva la sociedad, tienen en situaciones límite . Pero muchos no son conscientes que nuestra civilización, en su historia reciente ya ha pasado realmente por un evento de este tipo: La Peste negra que azotó Europa entre 1347 y 1350.

    Existe coincidencia entre los historiadores que habrían muerto por la peste a lo menos unas 25 millones de personas en Europa, un tercio de la población de esa época. En África y Asia habrían fallecido otros 30 a 70 millones adicionales según la fuente consultada. En total habría desaparecido cerca de un 20% de la población mundial. Para tener una idea de la dimensión de este cataclismo demográfico, sería en nuestros días equivalente a la muerte de toda la población europea y la mayor parte de la americana.

    La Medicina medieval no logró detener el avance de la peste

    Las crónicas de la época mencionan que, por ejemplo. en la ciudad papal de Aviñón fue tan grande el número de víctimas que el papa Clemente VI consagró el río Ródano para poder echar en sus aguas los cadáveres que no podían ser enterrados. También otorgó una remisión completa de los pecados a aquellos que morían por la peste ante la imposibilidad de poder escuchar tantas confesiones.

    Pero el impacto de la peste fue mucho más allá que la pérdida de vidas. Habría herido de muerte las bases espirituales, sociales y económicas del mundo medieval, hasta el punto que podría corregirse la cronología tradicional y situar como verdadero fin de la Edad Media a 1347, el año de inicio de la peste.

    La mayoría de los historiadores contextualiza a la Peste Negra dentro de la cadena de desgraciados hechos que asolaron a Europa en el siglo XIV. Explican los cambios sociales y económicos que conducen al fin de la sociedad medieval también por la Guerra de los Cien años; la crisis del papado; la proliferación de las herejías y el fortalecimiento de la burguesía, los estados nacionales y la monarquía. La tesis que propongo, por el contario, es que el fin del Medioevo debe situarse en torno al evento que cambia los fundamentos de esta civilización Cristiana Occidental; a saber, el sistema social político y económico nacido del feudalismo; la percepción de una sociedad jerárquica y ordenada; y la visión trascendente que aporta el cristianismo.

    Las instituciones sobreviven mientras son necesarias y útiles a las sociedades que las generan. Según la tesis del historiador Arnold Toynbee las civilizaciones se desarrollan y crecen en un proceso de incitación y respuesta frente a desafíos externos y la decadencia se produce cuando la minoría creadora pierde su capacidad de dirigir a la mayoría sin tener que recurrir a la fuerza.

    El feudalismo y la Iglesia medieval habrían logrado, en el período turbulento que sucedió al Imperio Romano, entregar protección, sentido de trascendencia, desarrollo económico e importantes avances en la educación y el arte. La Peste Negra habría terminado con este “encantamiento”.

    A partir del imperio Carolingio y hasta finales del siglo XIII el feudalismo significó seguridad y protección, en medio de un largo período de tiempos turbulentos. Las frecuentes invasiones, inseguridad en los caminos y la distancia con un rey debilitado y sin ejército propio, explican que la mejor respuesta fue la fragmentación del poder. La sociedad medieval sobrevivió económica y socialmente al amparo de una caballería guerrera que la defendió, impartió justicia y mantuvo el orden.

    Uno de los fundamentos del feudalismo era la ligazón del siervo a la tierra, a una comarca determinada. Esta se había originado por diversos mecanismos: impuestos sobre la propiedad agrícola que había obligado a los campesinos pobres a ponerse al servicio de los campesinos más ricos; masas de aldeanos traspasadas como botines de guerra; cesiones de territorios a nobles destacados; la necesidad de protección en tiempos turbulentos o sencillamente el hambre. Esta relación que se había mantenido estable por provecho mutuo, o en el peor de los casos porque el siervo no tenía otra alternativa, se rompe con la Peste Negra. Por la alta mortandad, el trabajador se hace escaso en relación a la tierra y grandes masas de siervos se independizan, se van a las ciudades, a otras tierras con una mejor paga o renegocian una nueva relación.

    En muchos feudos el trabajo a cambio del derecho a labrar la tierra del señor, se cambia por el pago en metálico. Los nobles pronto se dieron cuenta de que los campesinos, forzados a trabajar en condiciones inferiores a la “competencia” (los salarios que ofrecía el vecino o la ciudad cercana), ejercían una resistencia pasiva y tenían una productividad muy inferior respecto a los remunerados, de manera que no compensaban siquiera la alimentación requerida.

    Un segundo pilar que queda desmoronado es la confianza en las instituciones, en la tradición. La visión de una sociedad jerárquica, estable y protectora. El noble, la Iglesia y las autoridades, en que el hombre común había puesto su confianza y buscado seguridad, fueron incapaces de detener a la peste. Ante la epidemia fueron inútiles las recetas de los médicos, las bulas papales, las oraciones y las medidas de las autoridades políticas. El ciudadano observó atónito que muchos dignatarios morían igual que ellos o, mucho peor, huían olvidando sus responsabilidades.

    El sistema jerárquico de la sociedad se resquebraja. Hasta entonces romper el lazo feudal no sólo era un crimen; era motivo de deshonor. El sistema falla en su esencia, al ser incapaz el señor de proteger a su vasallo. Con la Peste Negra la relación queda en muchos casos reducida a una dimensión meramente económica y contractual y se hace común el cuestionamiento a la autoridad.

    Los campesinos y los burgueses exigen un nuevo trato, menos impuestos y mejores condiciones de vida, tienen más poder de negociación y lo ejercen. Muchos disminuyen la productividad de su trabajo, o no pagan las rentas, en algunos casos incluso persiguen a los cobradores de impuestos. Muchos huyen del señor feudal y se refugian en nuevos territorios o ciudades con mejores condiciones. Por ejemplo, entre 1368 y 1370 el Arzobispo de Magdeburgo, Albrecht III, aumentó tanto la carga fiscal, que 3000 campesinos abandonaron sus tierras.

    Por último, surge lo impensable, grandes rebeliones populares en que se asalta y mata por igual al noble y al eclesiástico. Las rebeliones más importantes fueron las de la “Jacquerie” francesa de 1357, la sublevación campesina inglesa de 1381 dirigida por Wat Tyler y John Ball; la revuelta de los trabajadores textiles de Florencia, los “Ciompi” en 1378; la de los trabajadores del norte de Francia y los Países Bajos en 1381-1382; la de Siena en 1371 y la revolución portuguesa en 1383. Todas ellas fracasaron, pero fueron el preludio de reivindicaciones que resurgirían más tarde. Sólo una reacción monárquica fuerte logra restablecer el orden, pero ya es una jerarquía impuesta por la fuerza y no por la mutua conveniencia.

    Se aceleró entonces un proceso de pérdida de poder político, social y económico de la antigua aristocracia guerrera, que se refugió en fiestas, torneos y ceremonias. Se endeudó, hipotecó y vendió sus tierras para llevar una vida lujosa, intentó compensar con refinamiento la riqueza y el poder que traspasaba paulatinamente a la burguesía. Una crónica de la época cuenta que una viuda vendió una aldea para hacerse un hermoso vestido de terciopelo verde.

    El triunfo de la muerte

    El tercer vértice de la sociedad medieval era la influencia de la Iglesia, que excedía a la meramente espiritual. Europa, si bien tenía numerosos príncipes y reyes, tenía una sola religión. La iglesia era la fuente de legitimidad del poder terrenal, el elemento aglutinante más importante de la sociedad europea.

    Era además la gran protectora espiritual de Occidente. La sociedad confiaba en que la red de iglesias, monasterios y abadías que había construido y mantenido, le serviría para conseguir la protección divina y evitar el castigo del cielo. La Iglesia era su abogada ante Dios y debía mantener a raya lo que Duby llama ‘las fuerzas oscuras que lanzan el hambre, la epidemia y la invasión’. La muerte de un tercio de los habitantes de la Europa cristiana fue un duro golpe a esa esperanza. Más aún, esta muerte era pestilente, masiva, y repentina, lo que en la época era un estigma vergonzoso ya que impedía la adecuada preparación cristiana.

    La iglesia había construido su prestigio no solo por la fuerza de su mensaje, sino que también en base al ejemplo de miles de mártires que, inspirados por el testimonio de San Pedro y los Apóstoles, habían señalado con sus vidas el camino a seguir. A la inversa, el ejemplo del Papa Clemente VI, al recluirse para salvar su vida, marcaría el camino de una parte importante de los Obispos y la curia, que habría tenido una tasa de mortalidad equivalente a la mitad de la población y casi la tercera parte de clero regular. En lo peor de la peste, el médico personal del Papa, Guy de Chauliac, lo aisló en el Palacio Papal de Aviñón y lo sentó en medio de dos enormes fuegos que lo aislaron del contagio. ¡En pleno verano!.

    La cobardía de un sector de la Iglesia y la equivocada visión de atribuir la peste a un origen divino debilitaron en forma importante el prestigio de la Iglesia. Se sumaron nuevas críticas a los cuestionamientos que ya existían por las acusaciones de herejía, las querellas con el poder político y la conducta poco apropiada de parte de los sacerdotes.

    El Papado y la mayoría de los eclesiásticos cometieron, además, un error importante al darle a la peste un origen sobrenatural. La creencia de que la mortandad era un castigo divino alejó a muchos cristianos de un “dios cruel” que se complacía en hacer sufrir a sus creyentes. La Iglesia no tuvo la visión para darse cuenta que la sociedad medieval no sólo estaba diezmada físicamente sino que además estaba sicológicamente herida, desesperanzada, sin siquiera ánimo vital para trabajar, casarse y tener hijos. Se estima que en las décadas posteriores a la peste el 25% de la población permaneció soltera. Cuando explicó la peste por “los pecados del hombre” acentuó el cataclismo social y la dejó en la orilla del frente de muchos de sus fieles.

    La disminución de sacerdotes, y en muchos casos el abandono de las poblaciones sufrientes privándolas del consuelo de la extremaunción y del funeral, generaron una desconfianza hacia la iglesia. El hombre medieval sintió que la Iglesia, y particularmente su jerarquía, le había fallado. Lothar de Sajonia resumió el sentir de muchos al expresar “aquellos que tenían el título de pastores jugaron el rol de los lobos.” Acusación para muchos injusta, ya que la mayoría del clero sí cumplió su deber, como lo demuestra la mayor mortalidad de éste en relación a la población general.

    Este resentimiento, unido a que el clero que se ordenó para reemplazar a los caídos no siempre estuvo a la altura de sus predecesores, facilitó la propagación de ideas heréticas, en vastos sectores el agnosticismo e, incluso por oposición, algunos se vuelcan a prácticas ocultistas y a la brujería. Se comenta que incluso el piadoso Carlos V de Francia contrató al astrólogo Tomás de Pizan para que confeccionara imágenes de cera para destruir a los ingleses en la Guerra de los 100 años.

    En vastos sectores se genera un resentimiento que sería la base del protestantismo. No cabe duda que la Iglesia que emergió tras la Peste Negra no tendría la misma influencia y credibilidad que la del período anterior. Si bien antes de la peste ya tenía problemas, después de ella su prestigio e influencia habían mermado en forma importante.

    Como en todas las crisis, salió lo mejor y lo peor del ser humano. Una mayoría profundizó su fe y se multiplicaron capillas, el culto a los santos y las peregrinaciones. Pero también existieron padres que abandonaron a sus hijos; persecuciones a los judíos y los leprosos; flagelaciones públicas y masivas para expiar el sentimiento de “sociedad pecadora”; desenfreno, y una fatalidad que empujaba a vivir sólo el presente. La relajación de las costumbres con posterioridad al paso de la peste fue tal, que en 1394 una bula papal sancionó con la excomunión a aquellos que bailaban, bebían, jugaban y copulaban ¡en los cementerios!

    La oveja se sentía sin pastor, y además estaba resentida con él. Una parte importante de la sociedad se vuelca al goce de los placeres terrenos y ante la amenaza de la muerte, intenta aprovechar al máximo su tiempo finito, reflejo de ello es que comienzan a aparecer relojes en las plazas de la mayoría de las ciudades.

    Entierros masivos

    La cultura, las artes y la ética se vieron afectados por la muerte. Se le cantó como gran niveladora; corruptora de la belleza y de los poderosos; como fin de linajes gloriosos o del placer terrenal. El horror y el miedo quedaron plasmados como testimonios en cuentos, oraciones, novelas, pinturas y danzas infantiles.

    El arte volcó sus ojos hacia el hombre y desarrolló nuevas técnicas para mostrar más realistamente al ser humano, en esta época por ejemplo se desarrolla la técnica de pintura al óleo. Ya no se presenta a Cristo crucificado en gloria y majestad, prefigurando la resurrección; sino que abatido por el dolor y la muerte, recordando la fragilidad de la vida. De alguna manera lo hacen compartir con los sobrevivientes de la peste, el sufrimiento y las desventuras que estaban experimentando.

    La Iglesia advierte y atemoriza a la población sobre la fragilidad de la vida y la necesidad de vivir una vida más cristiana. Representa en cementerios, capillas, y poemas la universalidad de la muerte y lo pasajero de la fama y de los placeres terrenales. Intenta corregir a su grey por el temor. Ejemplos de este arte son las “danzas de la muerte” en que esqueletos bailan y se llevan por igual al campesino, al noble y al obispo.

    Con todo, la peste negra tuvo algunos efectos positivos. Generó por décadas un cierto bienestar económico derivado del aumento de salarios y de las herencias recibidas de parientes fallecidos. Promovió un gusto por el lujo y el arte y obligó también a los sobrevivientes a mejorar los hábitos de higiene; y a construir viviendas más espaciosas y separadas de la crianza de animales. Finalmente, la escasez de mano de obra obligó a probar nuevas tecnologías de labranza y manufactura, más eficientes y que requerían menos mano de obra.

    En conclusión, Occidente nunca volvería a ser el mismo después de la hecatombe demográfica y espiritual de la Peste Negra. Muchos contemporáneos sintieron que su mundo se hundía y que era el fin de la raza humana. Con la perspectiva del tiempo podemos decir que al menos fue un punto de quiebre, probablemente el fin del Medioevo.