Categoría: Personajes

  • Winston Churchill, El mejor Primer Ministro de la Historia de Inglaterra

    Winston Churchill, El mejor Primer Ministro de la Historia de Inglaterra

    Estadista, escritor, político, orador brillante, Premio Nobel de Literatura, ciudadano honorario de los Estados Unidos, talentoso pintor, gran equitador y jugador de polo, periodista, hábil estratega y Primer Ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Para muchos el mejor Primer Ministro que ha tenido el Reino Unido en toda su historia. Fue el primero en advertir la amenaza del nazismo y luego, en 1946 condenó el comunismo soviético y fue también el primero que habló del “telón de acero” que había caído sobre Europa.

    Churchill junto al Presidente Franklin D. Roosvelt

    Al cumplirse 50 años de su muerte el pasado 24 de enero, el Reino Unido ha dedicado este año 2015, a recordar con diferentes actividades, a este hombre que ya hace una década fue nombrado “el más grande de los británicos” y que en el año 2000 la publicación francesa Historia designó como “el estadista del siglo XX”.
    En su discurso del 24 de enero, en uno de los tantos homenajes dedicados a su memoria, el Primer Ministro, David Cameron recordó: “Churchill fue nuestro mejor primer ministro de todos los tiempos y siempre estaremos en deuda con él. Su crucial decisión en mayo de 1940 de combatir a Hitler salvó a nuestro país y seguramente a todo el mundo”, y en ese mi¿Quién es Winston Churchill?smo discurso mencionó su cita favorita de Churchill cuando habló al pueblo en mayo de 1940: “Defenderemos nuestra isla, cueste lo que cueste. Los combatiremos en las playas, los combatiremos por tierra, en las calles, en las colinas, nunca nos rendiremos”. Y citó también las palabras que han quedado grabadas en la historia cuando dijo: “No tengo otra cosa que ofrecer que sangre, lágrimas, fatiga y sudor”.

    ¿Quién es Winston Churchill?

    Es muy difícil hablar en estas pocas líneas de un hombre que ocupó tantas páginas de la Historia y que es uno de los personajes más sobresalientes del siglo XX. Su imagen, con su sombrero de copa, su bastón, su puro eterno entre los labios, sus dedos en alto con la V de la victoria y su ancha sonrisa se han perpetuado para siempre en la memoria colectiva. También se lo asocia con su afición al whisky, al cognac, al champagne y al buen vino. Hombre de respuestas rápidas e incisivas no se dejaba sorprender por nadie y siempre tenía la respuesta adecuada a cada situación. Con respecto al alcohol, afición cuidadosamente controlada que nunca escondió, tiene algunas frases memorables. Una vez le preguntaron si le gustaba el té y contestó : “ Mi médico me ha indicado que no debo tomar nada que no tenga alcohol entre el desayuno y la cena”. En 1952 dicen que le contestó al rey Jorge VI: “Mi regla era no tomar bebidas alcohólicas antes del almuerzo, pero ahora es no hacerlo antes del desayuno”. Fue un personaje que estuvo muchas veces en el centro de la polémica y que en sus más de sesenta años de vida política dejó una profunda huella en la época en la que le tocó vivir. A él se le han adjudicado casi todos los adjetivos, tanto para alabarlo como para denostarlo. Se lo ha descrito como carismático, egocéntrico, vanidoso, convincente, enérgico, audaz, valiente, temerario, imprudente, intuitivo, agresivo, incansable, magnánimo, ingenuo, reaccionario, grosero, ambicioso, brillante y muchos otros más.
    Era el Primer Lord del Almirantazgo cuando estalló la Primera Guerra Mundial. En esta guerra ocurrió un hecho que significó el alejamiento de Churchill de su cargo y que estuvo en su conciencia toda la vida. Se temía que el ejército otomano atacara el Canal de Suez y para protegerlo, sugirió en el mes de noviembre de 1914 que la mejor manera de defender Egipto era tomar la península de Gallípoli, en los Dardanelos. Todos tenían alguna opinión y nadie se ponía de acuerdo. Pasó el tiempo y al momento de tomar la decisión, el ejército otomano se hizo muy fuerte y todo terminó en una masacre. Se trató de inculpar solo a Churchill, pero más adelante se hizo una investigación y fue rehabilitado. De todas maneras fue separado de su cargo y marchó a combatir a las trincheras de Francia. Esta acción le penó para siempre. Clementine, su mujer comentó a un amigo:” Yo creí que nunca superaría los Dardanelos, pensé que moriría de pena”. Pero la Segunda Guerra Mundial fue la vitrina en donde se agigantó su figura y es esa imagen suya la que recuerda hoy el mundo. Fue el primero que advirtió las intenciones de Hitler y anunció casi en forma clarividente lo que iba a ocurrir si no se tomaban urgentes medidas. Cuando el Primer Ministro Neville Chamberlain en 1939 regresó triunfal luego del pacto de paz de Munich, Churchill fue uno de los pocos que no celebró la noticia. Y tenía razón pues al poco andar el líder nazi rompió todas sus promesas. Churchill era en ese momento Primer Lord del Almirantazgo, el mismo cargo que ocupaba al declararse la Primera Guerra en 1914. Cuando Hitler invadió Polonia, Inglaterra declaró la guerra a Alemania, Chamberlain renunció y Winston Churchill ocupó el cargo de Primer Ministro. Ahí se dirigió al país con su famosa frase: “No tengo otra cosa que ofrecer que sangre, lágrimas, fatiga y sudor”. Su poder de oratoria se puso a prueba y y sus palabras estallaban en cada discurso, cada vez más convincentes y verdaderas y llegaban a todos los que las oían como una respuesta y una esperanza.

    Cuando Francia cayó Inglaterra estaba sola, pero después eran tres los aliados. Los Tres Grandes les decían a Stalin, Roosevelt y Churchill. Pero como dijo De Gaulle, Churchill era el más grande. Infatigable, Churchill, apodado el león, es un hombre de mil facetas, “un hombre orquesta” como dicen algunos de sus biógrafos y a lo largo de su vida se dedicó con apasionada energía, además de a la política, al periodismo, a la pintura, a la oratoria, a la literatura. Fue un destacado escritor y publicó libros históricos y biografías. Sus excelentes discursos como también su “dominio de la descripción histórica y biográfica” lo hicieron merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1953. Pero a su vez la literatura que existe sobre él es extensa y su nombre figura en casi todos los libros relacionados con la historia del siglo XX en Gran Bretaña y el mundo. Sobre su persona se han escrito alrededor de doscientos libros y existe un flujo de comentarios constantes en documentos y biografías políticas. No todos los escritos son favorables ya que Winston Churchill tuvo a lo largo de su vida fervientes partidarios y grandes detractores. Estos últimos le reprochan especialmente su actuación en los Dardanelos en la Primera Guerra Mundial y Dresde y Mers El- Kébir en la Segunda Guerra Mundial. Pero sus logros fueron más fuertes que sus errores y las críticas no logran empañar su figura que emerge grandiosa ante la historia. Clement Attlee, Primer Ministro en 1945 y opositor político de Churchill dijo en sus funerales: “Tenía simpatía, una simpatía increíblemente amplia para toda la gente común de todo el mundo. Hemos perdido al británico más grande de nuestro tiempo. Creo que ha sido el ciudadano del mundo más grande de nuestro tiempo”.
    A su vez el general Charles De Gaulle con quién Churchill nunca tuvo muy buenas relaciones expresó: “En este gran drama él fue el más grande” Pero la más importante y completa de las biografías que se han escrito sobre Churchill, es la que empezó su hijo Randolph y continuó con minuciosidad y perfección el historiador británico, Martin Gilbert. Esta obra comenzada en 1966 culminó en 1988 con la publicación del séptimo y último volumen.

    Su vida, su familia, la política

    Winston Leonard Spencer-Churchill nació el 30 de noviembre de 1874 en Oxfordshire (Inglaterra), en el palacio de Blenheim, propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. Fue el hijo mayor de lord Randolph Churchill y de Jennie Jerome, una norteamericana de gran belleza. Con su padre, miembro del Parlamento y muy activo en la política, que murió muy joven, cuando Winston tenía 20 años, no tuvo nunca una buena relación pero si con su madre a quién amó y admiró profundamente. De todas formas su infancia fue muy solitaria ya que Jennie y Randolph Churchill eran muy aficionados a la vida social y sus innumerables compromisos no les daban tiempo de ocuparse de sus hijos. Como era la usanza de esa época era la niñera la que tomaba todas las responsabilidades y para fortuna de Winston, la institutriz elegida, Mrs Everest le dio el cariño que el niño necesitaba desesperadamente: “Mrs. Everest era mi confidente, le contaba todas mis penas”.

    Winston Churchill a los siete años

    A los siete años fue al internado Saint Georges. El griego, el latín y las matemáticas no eran el fuerte de Winston y sus notas no eran de las mejores. Además por su conducta fue tachado siempre de “muy revoltoso” hasta “insoportable”. Los castigos físicos, frecuentes en esa época fueron utilizados en Winston. Su madre decidió sacarlo del Saint Georges para llevarlo a una pequeña escuela en Brighton que consideraron mejor para sus bronquios. Su conducta continuó siendo tan mala como siempre y en este ítem obtuvo el número 29 entre 32 alumnos. Un profesor dijo años después:” Era un alumnito pelirrojo, el más malo de la clase”. Era un gran lector y leía con entusiasmo lo que caía en sus manos. En 1888 ingresó al colegio secundario y como todos los Spencer- Churchill debería haber ido a Eton pero el clima al lado del Támesis iba a ser malo para sus bronquios por lo que fue inscrito en el también afamado Harrow, cerca de Londres. Allí tampoco tuvo una actuación destacada. Era insolente, peleador y desobedecía todas las reglas de la escuela. Seguía, eso si, siendo un voraz lector. Para su cumpleaños número trece pidió la Historia de la guerra civil norteamericana escrita por el general Grant y a los catorce descubrió y leyó con pasión la Historia de Inglaterra de Macaulay. Su memoria era prodigiosa y su manejo del idioma inglés insuperable. Estudiaba solo lo que le interesaba y luego de un año en Harrow, entró en una clase especial del mismo colegio que preparaba para los exámenes militares. En septiembre de 1893 ingresó a la Academia Militar de Sandhurst y en diciembre de 1894 se graduó, el octavo entre los ciento cincuenta de su promoción. Al egresar se incorporó al Regimiento de Caballería Cuarto de Húsares. En el año 1895 el Regimiento le dio cuatro meses de licencia y decidió viajar a Cuba atraído por la pelea que libraban los ejércitos españoles contra un grupo de rebeldes de la isla. Fue contratado por el periódico The Daily Graphic a quién ofreció enviar notas y comentarios. Cumplió así el sueño de participar de una guerra y sentir el peligro de las balas y por otra parte obtuvo bastante dinero con las excelentes crónicas que envió al diario. Aprovechó este viaje para visitar los Estados Unidos y fue presentado a la sociedad de Nueva York por un conocido de su madre.

    Winston Churchill con su uniforme militar en 1895

    A su regreso sabía que el destino con los Húsares era ahora la India. Cuando llegó a Bombay, en su apresuramiento por desembarcar sufrió un accidente y se dislocó un hombro, lo que le provocó dolores y molestias de por vida. En Bangalore dónde estaba asentado su regimiento, la principal ocupación era jugar al polo. El equipo tuvo bastantes éxitos, siendo el primer regimiento del Sur de la India en ganar la Copa Inter- Regimientos. Churchill también dedicó tiempo a leer gran cantidad de libros con temas muy variados. Sus autores, Macauly, Gibbon, La República de Platón, Wealth of de Nations, de Adam Smith, Modern Science and Modern Thougt, de Laing, entre muchos otros. En 1897 cuando estaba en Gran Bretaña con licencia se enteró de algunas sublevaciones en el noroeste de la India. Con esas ansias suyas de tener acción en la guerra, volvió a la India y como no había vacantes para pelear se lo invitó a participar como corresponsal de guerra. En septiembre de ese año fue la batalla de Malakand, zona de los pathans, musulmanes con hábitos guerreros y famosos por su ferocidad. Winston se hizo famoso por sus despachos como corresponsal y además a su regreso a Bangalore escribió el libro La Historia de la Fuerza de Tareas de Malakand . Fue tal el éxito, que hasta el Príncipe de Gales le mandó una felicitación. En 1898 el general Sir Herbert Kitchener estaba organizando una campaña para reconquistar el Sudán, y Churchill luego de muchos intentos logró que lo aceptaran. El Morning Post de Londres lo contrató como corresponsal. Allí participó en la batalla de Omdurmán en la que se produjo la última carga de caballería que precedió al uso de la ametralladora. En octubre de 1898 regresó a Inglaterra y comenzó a escribir The River War, una brillante descripción de la campaña, obra de dos volúmenes publicada en 1899. Luego de terminar este libro decidió seguir los pasos de su padre y a su vez su verdadera vocación e ingresó a la política como candidato del Partido Conservador. A pesar del entusiasmo y el empeño perdió la elección y decidió partir a la guerra de los Boer en Africa del Sur, originada por un desacuerdo entre el gobierno británico y los farmers holandeses en las repúblicas del Transval y el estado Libre de Orange. Winston a quién el peligro atraía con una fuerza irresistible partió como corresponsal del Morning Post con gastos pagados y en primera clase. Y fue ahí en Sudáfrica dónde vivió un episodio que le dio gloria y fama. El tren blindado en que viajaba junto a un regimiento británico fue atacado y el tren descarriló. Churchill, con gran valentía se hizo cargo de la situación y logró soltar la locomotora y ayudar al maquinista. Finalmente todos fueron hechos prisioneros y llevados a Pretoria. Desde allí escapó atravesando miles de peligros y arriesgando su vida a cada momento. Finalmente logró llegar a Durban donde fue recibido como un héroe. Todos los detalles de su cautiverio y sus peripecias para escapar los escribió en su libro My Early Life cuando regresó a Inglaterra en julio de 1900. Sus hazañas habían alcanzado notoriedad y los diarios comentaban en forma muy elogiosa su desempeño. Winston decidió intentar de nuevo ingresar a la política y lo consiguió. Fue elegido miembro del Parlamento el 1 de octubre de 1900 cuando faltaban unos meses para que cumpliera 26 años. En 1904 se pasó a las filas del Partido Liberal y aparentemente por su firme convicción en el libre comercio. Veinte años después volvió al Partido Conservador.

    Churchill con su esposa

    Su carrera política ya sea del lado liberal o conservador fue siempre en ascenso. En 1905 fue nombrado Subsecretario para las Colonias y en esta función estaba dichoso. Trabajaba frenéticamente, estaban a su cargo unos setenta países, leía todos los informes y agregaba unas notas interminables de su puño y letra, evaluando situaciones y dando su opinión. En 1908, Asquith que acababa de ser nombrado Primer Ministro le ofreció el Ministerio de Comercio. Desde allí participó sin descanso en mejorar las condiciones de los trabajadores. Acortó las horas de trabajo a los mineros, luchó contra el desempleo. En 1910 fue nombrado Ministro del Interior, convirtiéndose a la edad de 35 años en el Ministro del Interior más joven desde Sir Robert Peel en 1822. Desde allí tuvo que enfrentar serios problemas sociales. Su manejo en la huelga de los mineros de Gales le trajo muchas críticas. En 1911, fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo. Y ejerciendo este cargo enfrentó la Primera Guerra Mundial.

    Su matrimonio, su familia

    Hacemos un alto en la carrera política de Winston Churchill para hablar sobre su matrimonio y su familia.
    No se conocen romances intensos en la vida de Churchill hasta que conoció a Clementine, que sería la mujer de su vida. Antes de esto estaba muy entusiasmado con la actriz Ethel Barrymore a la que le propuso matrimonio pero fue rechazado. Según un biógrafo, “ se le declaró a Ethel poco después de conocerla y con la misma rapidez fue rechazado”. Pamela Plowden, otra mujer en la vida de Churchill a quién conoció en la India, dijo: ”La primera vez que se lo encuentra se notan todos sus defectos, pero el resto de tu vida lo ocupas descubriendo sus virtudes”. Una conocida economista de izquierda escribió en su diario:” Fui a cenar con Winston Churchill. Primeras impresiones, inquieto casi de un modo intolerable, egocéntrico, ostentoso, reaccionario, pero con cierto magnetismo personal”. Cuando conoció a Clementine Hozier quedó fascinado con su belleza y su encanto. En 1908 contrajeron matrimonio y a la ceremonia asistieron los personajes más connotados de la época incluido el rey que le regaló un bastón con cabo de oro. Clementine que le acompañó y lo alentó siempre, no tuvo una vida muy fácil con un personaje de esa vitalidad y de esa capacidad de trabajo pero estuvo a su lado en todas las circunstancias. Tuvieron cinco hijos, cuatro mujeres y un hombre. El hombre Randolph, le daría problemas siempre por su temperamento agresivo y su alcoholismo. Fue un matrimonio largo y feliz. Hay una anécdota que dice que una vez en una reunión de amigos se hizo un juego y se pidió a los concurrentes que en forma sucesiva contestaran la pregunta: “Si usted no fuera quién es, quién desearía ser?. Cuando llegó su turno, Winston miró a Clementina y dijo: Me gustaría ser el segundo marido de Mrs. Churchill”. Una vez Winston le escribió: ”La cosa más preciada que tengo en la vida es tu amor. Tu eres una roca y yo dependo de ti y descanso en ti…” Desde 1924 hasta el día de su muerte, Churchill vivió en Chartwell, una propiedad en Kent que adquirió por un legado y en que fue muy feliz. Cuando tenía algún tiempo libre, que eran pocos, se dedicaba a la chacra, hacía obras de albañilería y arreglaba el jardín.

    Su muerte

    Churchill, el León, como se le apodaba, está enterrado en el pueblo de Bladon, cerca de Oxford, a unos 100 kilómetros de Londres. Tras su muerte, la reina Isabel decretó que su cuerpo fuera velado tres días en el Palacio de Westminster y que su funeral de Estado fuera llevado a cabo en la Catedral de San Pablo. El ataúd que contenía los restos de Churchill cruzó el río Támesis la tarde del 30 de enero, y mientras lo hacía, las grúas de carga, situadas en la orilla, se inclinaban a su paso haciendo reverencia. Miles presenciaron el último camino de Churchill con un silencio absoluto, pagándole su máximo respeto. Antes del funeral del papa Juan Pablo II el de Churchill había sido el que más líderes mundiales había recibido.

    “Desde Stettin, en el Báltico, hasta Trieste, en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido a través del continente”. Es probablemente la frase más famosa de Winston Churchill, la cual formó parte de su célebre discurso del 5 de marzo de 1946 respecto a la situación geopolítica de Europa durante la Segunda Guerra Mundial

  • EL CAPITÁN COOK

    EL CAPITÁN COOK

    El capitán James Cook (1728-1779) es uno de los hombres más viajados de la historia: dios tres vueltas al mundo en una época en la que el ser humano quiso conocer, ordenar y catalogar todo. Representa el cambio de mentalidad racionalista en acción y encarna el espíritu aventurero, la autodisciplina y la superación, que lograron que este hijo de campesinos de Yorkshire llegase a ser uno de los hombres más célebres del Imperio Británico.

    El capitán Cook es una figura poco conocida en el mundo de habla hispana. Sin embargo, en el mundo anglosajón es un verdadero ícono, contando con estatuas, billetes y estampillas en muchos de los países donde Cook no solo estuvo, sino que cambió su destino. Sin duda, se trata de uno de los hombres más viajados de la historia: dio tres vueltas al mundo en una época en la que el hombre quiso conocer, ordenar y catalogar todo. James Cook representa el cambio de mentalidad racionalista en acción, fruto de la meritocracia incipiente y ascendente desde el siglo XVIII. Encarna el espíritu aventurero, la autodisciplina y la superación que lograron que este joven hijo de campesinos de Yorkshire llegase a ser uno de los hombres más célebres del Imperio Británico y, en gran medida, uno de los arquitectos iniciales de la idea del Empire over seas.

    Sello impreso en Nueva Zelanda en homenaje al capitán Cook, ca. 1940

    Nació en Marton, Cleveland, Yorkshire, Inglaterra el 27 de octubre de 1728, en una familia campesina. Sus biógrafos insisten que desde la colina de su casa se veía el mar y que eso marcó su espíritu. Como familia se trasladaron a un cottage en Great Ayton, donde el patrón del lugar, Thomas Scott, notó rápidamente las habilidades del joven y fomentó su educación. Siendo un adolescente se fue a vivir a Staithes, un pueblo pesquero. Terminó su formación allí y luego viajó a Whitby, donde trabajó ocho años en la casa de un comerciante, John Walker. Allí vivió junto a la familia de su patrón, en el ático. Aún se puede visitar la casa del célebre capitán en Whitby. Walker era un mercader y almacenero del pueblo, de una religiosidad y rigor de vida extremo. La estancia con esta familia caló profundamente en el ser de Cook. El espíritu reformado y de disciplina de Walker lo acompañarán toda su vida. Sirvió con esmero y dedicación en su trabajo, por lo que se le ofreció el grado de capitán de un barco mercante, pero él lo rechazó para enrolarse en la Royal Navy. De este modo, Cook dejó Whitby y se trasladó a Londres.

    En dos años, el joven Cook logró llegar por sus propios méritos al grado de capitán. En ese entonces, Inglaterra peleaba la llamada “Guerra de los siete años” en Canadá. Los británicos habían iniciado su colonización en Norteamérica con territorios bastante escasos. Básicamente, las llamadas 13 colonias eran una franja de tierra en la costa este de lo que hoy es Estados Unidos. Francia tenía muchos más territorios que Inglaterra en Norteamérica y la “Guerra de los siete años”, que estalló en 1756, tuvo como propósito hacer retroceder el poderío francés. Esta guerra fue ganada por Inglaterra, quienes con ayuda del mismísimo capitán Cook lograron tomar la estratégica ciudad de Quebec en el río San Lorenzo. Si bien los ingleses ya habían logrado penetrar en la parte sur de lo que hoy es Canadá, con esta guerra llegaron al corazón del enclave francés en el Nuevo Mundo y terminaron con las aspiraciones imperiales francesas en estas tierras para siempre.

    El capitán James Cook arribó a lo que hoy es Canadá en 1758, cuando la guerra ya llevaba dos años. Le tocó presenciar el asedio de Louisbourg y luego se dedicó a trabajar en cartografía, que era uno de sus principales aficiones. Conoció a Samuel Holland, cartógrafo británico que estaba haciendo mapas de lo que hoy es Prince Edwards Island, y trabajó bajo su dirección. Viajó a Halifax para comenzar a mapear toda la costa. Más tarde hizo un trabajo de gran dificultad: mapear las corrientes y profundidades del río San Lorenzo, lo que fue estratégico para la guerra. Ese río era especialmente dificultoso de navegar ya que en su interior hay una serie de rápidos que entorpecían la entrada a Quebec. Los franceses habían mantenido en secreto esta información, lo que era una desventaja para los ingleses, quienes pretendían tomar la ciudad. Las mediciones de James Cook fueron determinantes para que los ingleses pudieran finalmente tomar Quebec y derrotar a los franceses.

    En 1760, Cook regresó a Londres y se instaló en la zona de Mall, para estar cerca del Almirantazgo. En la segunda mitad del siglo XVIII, Londres había crecido mucho y se trataba de una ciudad bullante y llena de movimiento. Un mercado en donde el Támesis era la gran carretera por la que la producción de todo el reino llegaba a Londres y desde ahí se repartía. El movimiento era frenético y las calles estaban repletas de gente. Con el avance de la Revolución Industrial comenzó a proliferar el consumo y Londres era el centro de este nuevo mundo de intercambio. El joven Cook estaba fascinado. En una taberna conoció a la hija del tabernero, Elizabeth, que se convirtió en su mujer y con la que tuvo varios hijos. Se fueron a vivir a Mile End y desde allí Cook iba constantemente al Almirantazgo. Lo nombraron cartógrafo real, en reconocimiento a su labor en el Nuevo Mundo y lo clave de sus mapas para el triunfo. Fue enviado a Canadá, donde estuvo varios meses dedicado a realizar mapas de la isla de Terranova. Trabajó en los mapas junto a Michael Lane y se interesó por la flora y la fauna de Terranova.

    El advenimiento del llamado Racionalismo y la idea que la razón humana era la que creaba la realidad habían cambiado la visión de mundo. Sir Francis Bacon llamaba desde su método experimental a dominar y controlar la naturaleza para establecer el “imperio del hombre en el mundo”. Es cierto que durante este período se cree en la existencia de un Dios creador, pero que después de crear el mundo, se fue y el mundo funciona solo, sin Él. Es un Dios creador, pero no providente, no actúa. El mundo depende del hombre, que tiene el control y dominio de ese hábitat. El interés por la cartografía era parte de ese afán de dominio y control. Ordenar, catalogar, medir todo. Europa se llenó de asociaciones científicas que querían terminar con lo desconocido, dominar lo antes ignorado y terminar con la superstición y el fanatismo. La ciencia estaba de moda y generalmente se incluía entre los pasatiempos y entretenimientos de las personas.

    En aquellos años se sabía que se produciría un alineamiento del planeta Venus con el Sol, evento que podría servir para conocer la distancia entre la Tierra y el Sol. Como el lugar donde se podría apreciar mejor este acontecimiento astronómico era desde el Pacífico, llamaron a James Cook para encomendarle un viaje con el fin de hacer la medición en alguna isla del Pacífico. James Cook inició así el primero de sus tres viajes que lo llevaron a dar la vuelta al mundo y a convertirse en el marinero con más millas navegables hasta entonces. Partieron en 1768 y regresaron tres años después, en 1771. Joseph Banks, un millonario y científico amateur, pagó una suma de dinero inimaginable por sumarse a la expedición. El gran terror a bordo de cualquier nave era el escorbuto, que para ese entonces no se sabía que era producido por falta de vitamina A, sino que se pensaba que se generaba casi espontáneamente. Cook ya intuía que tenía que ver con la dieta y había desarrollado unos barriles con repollos en vinagre con cáscaras de naranja que creía evitaban el mal. Obligaba a los marineros a comer estos repollos por turnos. Como no eran sabrosos ni lucían bien, muchos marineros no querían comerlos. Entonces Cook demostró tino y sabiduría. Comenzó a servir esta preparación en el comedor de oficiales y la convirtió en el banquete de los elegidos. Invitaba con regularidad a los marineros al comedor y les servía los repollos y así, no solo comían, sino que se sentían honrados de hacerlo. De este modo, evitó el escorbuto entre sus tripulantes y mostró manejar a su gente con gran psicología.

    Retrato de Sir Joseph Banks, de Sir Joshua Reynolds, 1773

    Después de una larga travesía, llegaron por primera vez a Tahití, isla que había sido descubierta poco tiempo antes por Samuel Wallis, quien la había calificado como el paraíso terrenal. Una isla de esplendoroso verde con mares turquesas y población amable. Un lugar donde los marineros no podían creer el hecho de que los jefes de la zona para halagarlos les ofrecían a sus propias mujeres. Parecía definitivamente el lugar más perfecto sobre la tierra y el lugar en el Pacífico para hacer las mediciones del paso de Venus con precisión. El Endeavour fue recibido por los nativos con gran alegría y los marineros estaban felices. La formación puritana de James Cook le hacía estar muy molesto frente al hecho que sus marineros se entregasen a los placeres carnales. Después de semanas de esparcimiento, lograron establecer lo que llamaron “Fuerte Venus”. James Cook estaba preocupado de preparar todo para cumplir a cabalidad con la medición de la alineación del Venus con el Sol. Otro miembro del equipo, el dibujante Sydney Parkinson, estabainteresado en dibujar lo más fielmente posible todo lo que veía en la isla, especialmente los bailes de las mujeres tahitianas, algo que parecía totalmente novedoso para los estándares europeos. Son numerosas las ilustraciones realizadas por este dibujante sobre las maravillas naturales y lo exótico de esta tierra y sus gentes.

    Finalmente, el día de las mediciones llegó y aunque el capitán James Cook actuó con gran precisión, no pudo lograr la medición exacta del momento en que Venus se alineó en el instante preciso del alineamiento. Aunque todas las observaciones habían sido hechas con rigor, James Cook se sentía frustrado. Antes de partir desde Gran Bretaña, el Almirantazgo le había encomendado dos misiones: medir el alineamiento de Venus y al culminar esa tarea debía abrir un sobre que contenía una misión secreta, que consistía en descubrir el llamado “Continente del Sur”, la llamada “Terra Australis”. La creencia popular establecía que si había una gran masa territorial en el hemisferio norte de la Tierra, debía haber un volumen similar al sur, ya que si no la Tierra misma debía desbalancearse. Su misión era descubrir ese continente perdido e incorporarlo a las tierras de la corona inglesa. Antes de partir en su nueva misión, el capitán Cook realizó los mapas de Tahití. Mientras tanto, los equipos de Joseph Banks se dedicaban a clasificar la flora y la fauna, y junto a Sydney Parkinson realizan múltiples dibujos. Banks embarcó en el Endeavour una serie de muestras botánicas e insistió en que un aborigen llamado Tupaia los acompañara durante el resto del viaje. Tupaia fue de gran utilidad, ya que la lengua de Tahití tiene muchos elementos comunes con las de otras regiones de la polinesia, lo que le permitió servir de intérprete. Sabemos mucho sobre todas estas cosas, ya que el mismo James Cook llevó un diario de su viaje que más tarde fue publicado y se convirtió en un éxito de ventas. Cook no creía en la existencia del continente del sur, pero muchos de su tripulación sí, entre ellos Joseph Banks. Años antes, en 1642, el holandés Abel Tasman arribó a unas tierras en el sur que pensó se trataba de las costas de este misterioso continente, y se esparció la idea que Tasman había llegado a Terra Australis. Las tierras a las que llegó este explorador fueron bautizadas como “Tasmania” en su honor y hoy sabemos que no era un continente, sino una isla frente a otra gran isla que hoy conocemos como Australia. Siguiendo el camino relatado por Tasman, el capitán Cook llegó las costas de Nueva Zelanda. Recorrió la costa y luego desembarcó, produciéndose el primer encuentro entre nativos blancos y maoríes. De hecho, al bajarse con su tripulación y enfrentarse a los maoríes, fueron los primeros blancos en presenciar el Haka, baile maorí de la guerra internacionalizado por el equipo de rugby neozelandés, los Old Blacks. Este baile no debió haber dejado tranquilos a los ingleses y cuando el jefe Terakau sacó una espada, algunos miembros de la tripulación temieron por sus vidas y dispararon. Timaru se encontró cara a cara con el capitán Cook y se saludaron como iguales. Cook le rindió honores al caído y logró el acercamiento con los habitantes de la isla. Tupaia fue esencial para lograr una real comunicación entre las partes. Esta prueba lingüística de comprensión entre la lengua de Tahití y esta nueva isla llevaron a Cook a pensar que se trataba del mismo pueblo. Por su parte, Joseph Banks y Sydney Parkinson realizaron muchos hallazgos e intentos de catalogación. Son múltiples los dibujos sobre la tierra y las gentes de nueva Zelanda de este primer viaje del capitán Cook. Una de las cosas que llamó profundamente la atención de los europeos fue la costumbre de realizar tatuajes simétricos en todo su cuerpo.

    Tras algunas semanas decidieron volver a embarcarse. Cook quería realizar los mapas de la zona. De este modo, se alejaron de la bahía que llamarían “Poverty Bay”. Avanzando por las costas de la isla llegaron a “Tolaga Bay”, lugar donde compartieron con los aborígenes, exploraron y dibujaron, para poder llevar reportesfidedignos a la Corona. Tras completar la cartografía de la isla y constatar que se trataba de dos islas de mediana dimensión y que no era Terra AustralisCook tomó posesión de la isla en nombre de la Corona británica. Tras esto, continuó la ruta, llegando a las costas de lo que hoy es Australia. En este lugar, la actual Sidney, quedaron sorprendidos por la flora abundante que se les presentaba a los ojos, por lo que la bautizaron como “Botany Bay”. Joseph Banks estaba fascinado. Las caricaturas de la época posterior a este viaje reflejan el entusiasmo y asombro que habría experimentado Banks y el equipo del Endeavour. Los dibujos de la flora y fauna encontrada sorprendieron al mundo. El mismo Joseph Banks, de regreso en Inglaterra, publicó un libro al que tituló Florilegium, que le valió el elogio de la comunidad científica londinense. De hecho, Banks y Cook se retrataron junto a lord Sandwich como expertos científicos, lo que los elevó a hombres de su tiempo y de moda. Las descripciones de esta “Botany Bay” llevaron luego al gobierno británico a concluir que se trataba de una fabulosa solución a la sobre densidad de las cárceles británicas. Ya las cárceles no daban abasto y desde hacía años se habían inaugurado los buques prisiones, que resultaban ser instalaciones complejas. Great Expectations, una de las novelas de Charles Dickens maduro, inicia cuando de un buque prisión se escapan dos presos que pelean a muerte. Uno de ellos se esconde en el cementerio y es ayudado por el joven Pip. Con esa primera escena comienza la historia de redención de un gran hombre y se revelan las injusticias del sistema británico. Para solucionar este tema, se pensó dar fin a los barcos prisiones y establecer una colonia penal en “Botany Bay”. Sería un lugar para prisioneros y para aquellos que requerían un nuevo comienzo, como otra vez Dickens deja en evidencia en su obra David Coperfield, donde los caídos y los villanos terminan en Australia, lugar de redención.

    Banksia integrifolia, de Nueva Zelanda, publicada en Florilegium, de Joseph Banks

    Cook y su tripulación continuaron mapeando las costas de Australia hacia el norte, pero su error fue intentar navegar cerca de la costa frente a Queensland, sin saber que ahí se encontraba la Gran Barrera de Coral. Es así como dañaron el casco del Endeavour y casi naufragan. Usando las velas como vendaje del casco, continuaron viaje hasta el norte y llegaron a lo que hoy se llama Cookstown. Eligieron un lugar en el que se juntaban dos ríos, que podía ser de gran utilidad para llevar la madera hasta allí. El río fue bautizado como Endeavour, ya que el barco fue reparado allí entre junio y agosto de 1770. No había muchos aborígenes en la zona, pero la necesidad de alimentos los hizo adentrarse en el territorio y avistaron los primeros canguros, que fueron dibujados por Sydney Parkinson. Luego escribiría en su diario “Cuán diversa y rica es la creación divina”. Nuevamente, Cook reclamó las tierras de la llamada Nueva Holanda para la Corona británica. Este acto fue esencial para la construcción de la idea del Imperio Británico e hizo de Cook un héroe nacional. De regreso a Gran Bretaña, pararon en Batavia, hoy Yakarta, que era colonia holandesa y había sido recién remodelada. Era un buen lugar para descansar, conseguir provisiones y terminar de reparar el Endeavour de modo adecuado. Pero estando allí los azotó la peste y murieron muchos hombres, incluido el joven tahitiano Tupaia. Al partir, se llevaron agua contaminada, por lo que la muerte siguió llevándose a varios tripulantes, entre los que estaba el joven dibujante Sydney Parkinson y el astrónomo Charles Green. En total, murió un tercio de los hombres de Cook. Finalmente, en julio de 1771 divisaron los acantilados de Dover. Habían regresado a casa, con solo parte de los hombres y el preciado tesoro botánico de esta vuelta al mundo de más de tres años.

    Retrato de Omai, de Sir Joshua Reynolds, 1776

    Cook fue directo al Almirantazgo en vez de visitar a su mujer e hijos. Estaba preocupado, temía que la estrella fuera Banks con sus contactos y no él. Y de hecho, fue así. Rápidamente, George III le ofreció dos embarcaciones a Banks para realizar una expedición para encontrar los mares del sur. Cook fue ascendido, sus mapas eran considerados de gran importancia, pero no le ofrecieron barcos ni tenía una próxima expedición. Cook, en vez de alegar contra Banks, le escribió agradeciéndole la oportunidad de haber hecho el viaje juntos; quería acompañarlo. Banks comenzó a exigir muchas comodidades: quería un barco con doble cubierta, lo que era inviable para un viaje como ese. Al no concedérsele lo que pedía, desistió de viajar. Así, en 1771 zarpó una nueva expedición de dos barcos: el Resolution, capitaneado por James Cook, y el Adventure, al mando de Tobias Furneaux. Cook llevó todos los adelantos que le permitieran más precisión en sus mediciones. John Harrison, un relojero importante, le diseñó un reloj que lo ayudaría a medir los grados de latitud al navegar y ser exacto en sus mediciones. La misión nuevamente era encontrar el continente del sur. De este modo, avanzaron hacia el sur y se acercaron a los hielos. El dibujante de a bordo de este segundo viaje fue William Hodges, quien retrató la inmensidad de los hielos de un modo fascinante. Tras avanzar lo más lejos que pudieron, sin llegar a tierra firme, regresaron hasta Tahití. Los hombres de Cook permanecieron ilesos y saludables como siempre, por lo estricto del capitán en relación a la dieta de los marineros. El Adventure, sin embargo, sufrió de escorbuto y Furneaux perdió a algunos hombres. En Tahití, todos los hombres pudieron descansar y gozar del “Paraíso terrenal”. Cook volvió a lamentar las licencias de sus hombres y los excesos en el pecado de la carne. Aparte de los placeres, presenciaron sacrificios humanos, lo que los escandalizó. Furneaux insistió en llevar a un aborigen y fue así como Omai se incorporó a la expedición. Cook exploró los mapas que había hecho Tupaia y resultó ser verídico lo dicho por el aborigen muerto en la hoy Yakarta. Partieron rumbo a Nueva Zelanda. Los barcos habían quedado de encontrarse en el Estrecho de la Reina Carlota, pero Cook llegó antes y esperó dos semanas. Ante la demora de Furneaux, Cook prosiguió camino al sur. Furneaux llegó poco después y al ver que Cook no estaba, decidió explorar y ordenó a sus tripulantes bajarse en una de las islas a buscar provisiones, pero fueron atacados y todos resultaron muertos. El resto de la tripulación, horrorizada por el evento, decidió retornar a Londres. Al arribar a la capital, Omai se convirtió en el centro de la atención de la sociedad londinense. Fue retratado por Sir Joshua Reynolds, el gran pintor del minuto, lo invitaron a eventos sociales de gran envergadura e incluso fue presentado al Rey. Todos querían conocerlo. Representaba lo exótico.

    Mientras tanto, Cook insistía en llegar lo más al sur posible. Sus relatos probablemente inspirarían al propio Coleridge al escribir su Balada del Viejo Marinero. Exploraron el hielo y llega hasta los 71 grados sur, lo que para ese entonces era lo más al sur alcanzado por los europeos. En esta expedición lo acompañó el joven George Vancouver, quien sería después protagonista de otros viajes en la costa oeste de Norteamérica y que dejaría su nombre plasmado en la zona. El joven Vancouver, antes de dar la vuelta para volver al norte, se asomó sobre el mástil para ser el hombre que llegó más al sur. Cook contó luego acerca de su acercamiento al polo antártico entre los hielos, lo que fascinó al público en una era de descubrimientos. Volvieron a Nueva Zelanda y se dirigieron hacia el Cabo de Hornos, donde pasaron la Navidad, para luego regresar a Londres. Volvió a casa en 1775 a casa, lleno de cosas que mostrar y con dos vueltas al mundo en el cuerpo. El mismo William Hodges lo retrató como un hombre maduro y experimentado. Fue aceptado en la Hospedería de Greenwich como reserva. La vida de comodidades había llegado. Era reconocido por sus méritos. La Corona le estaba agradecida y le pagaba con generosidad.

    El siglo XVIII había visto a Inglaterra cambiar. La incipiente Revolución Industrial estaba creando una sociedad de consumo y los bienes importados desde otras regiones gracias a la navegación y el auge de las compañías comerciales habían cambiado los gustos de los británicos. Por primera vez en la historia, había muchos bienes disponibles y la moda pasó a ser algo importante. El té había pasado a ser algo habitual en Inglaterra a tal punto, que el azúcar que lo acompañaba, antes un producto de lujo, era un bien básico. Josiah Wedgwood se había hecho millonario vendiendo porcelana. La reina Ana y Catalina la Grande de Rusia le habían comprado juegos únicos, y todas las mujeres querían su propia “China”. La India, desde donde venía el té y la seda con flores bordadas, se había convertido en un lugar fundamental. Muchos productos esenciales para el incipiente Imperio Británico provenían de allí. Encontrar un camino directo, sin pasar por África, implicaba evitar el control de los portugueses en el comercio. Se pensaba que debía existir un paso por el polo norte y los ingleses estaban empeñados en encontrarlo y controlarlo. El Almirantazgo sabía que Cook estaba retirado, pero no había capitán mejor que él. Por lo tanto, decidieron no llamarlo, sino lograr que él se ofreciera para la expedición. De este modo, James Cook fue invitado a una comida con Sir Hugh Palliser, contralor del Almirantazgo, y John Montagu, cuarto Earl de Sandwich, quienes le contaron lo que necesitaban y le pidieron ayuda para encontrar al capitán idóneo para esta empresa de suma importancia para la nación. Cook rápidamente se ofreció. Echaba de menos el mar, las comodidades estaban bien, pero él sabía que si lograba encontrar el paso, lo que vendría sería la nobleza, título que permanecería en las futuras generaciones. Esta tercera expedición podía ser la más importante de su vida. Cook era famoso, sus diarios de los viajes se habían publicado y se habían convertido en éxito en ventas, era un emblema nacional. La misión era secreta, nadie debía saber que Inglaterra buscaba el paso por el norte, por lo que públicamente se dijo que el viaje del capitán Cook tenía como fin devolver a Omai a su hábitat natural de Tahití. James Cook iría a bordo del Resolution y la otra nave, el Discovery, sería comandada por Charles Clarke. En este viaje lo acompañaron por segunda vez George Vancouver y William Bligh, quien más tarde sería inmortalizado por ser el capitán del motín del Bounty.

    Mapa de Nueva Zelanda realizado por el capitán Cook durante su primer viaje

    Este viaje dio la vuelta a África, pasando por Nueva Zelandia y Tahití, donde dejaron a Omai para luego seguir camino al norte. El genio de Cook se vio afectado, ya no era el mismo. El capitán templado, de decisiones mesuradas, había desaparecido. Era irascible y complejo. En la Isla de Morea ordenó matar a aldeanos por haberse comido la cabra del barco. Pasó por la Isla de Pascua y describió los moais. En 1883, arribó a Nueva Albion, Canadá, y luego a las Nuevas Hébridas. Al llegar a Alaska y al Ártico, concluyó que los mapas rusos que ocupaban no servían para nada. La falta de comida lo obligó a cazar lobos de mar para mantener a la tripulación. El hielo les impedía pasar, por lo que decidió abrirse camino. Así terminó divisando las islas de lo que hoy es Hawai, que él llamó islas Sandwich. Al llegar a lo que hoy es Waimea, fueron recibidos con honores y la gentileza y generosidad de los locales impresionó a toda la tripulación. Por esto, permanecieron varias semanas. Finalmente, decidieron partir para ver si lograban dar con el paso del norte, pero al poco andar, a causa del mal tiempo, el mástil de la embarcación se quebró, por lo que Cook decidió volver a Hawai para reparar el barco. Nadie sabe bien qué pasó, pero al parecer a los nativos no les gustó que Cook y sus hombres regresaran y no les dieron la bienvenida. Sin provisiones ni ayuda, Cook intentó tomar cosas por la fuerza y en la refriega resultó muerto. Allí, en medio del Pacífico, el gran navegante encontraría su última aventura el 14 de febrero de 1779. Tras este evento, la expedición continuó rumbo a Macao, dejando atrás el cuerpo del gran Capitán. La misión del paso del norte no se había logrado y con la muerte de Cook ya solo quedaba regresar a casa. El 11 de enero de 1780, los periódicos de Londres comunicaban la muerte de James Cook en Hawai.

    Hoy, a 250 años de su viaje, es importante apreciar el legado de este hombre. Un self made man que llegó a ser conocido como uno de los forjadores del Imperio Británico. El mundo no sería el mismo después de sus tres grandes viajes. Gran parte de la Tierra quedaría bajo la tutela de Britania gracias a este hombre que ayudó a construir ese Imperio anglosajón. Cook es una muestra del cambio en un mundo donde el mérito comenzaba a ser algo determinante. Es un adelantado. Hay estatuas y monumentos suyos en la mayoría de los lugares donde llegó. Sin embargo, en el siglo XXI ha sido sindicado como el causante de las muertes de miles de aborígenes y presentado como causa de vergüenza. Muchos de los monumentos dedicados a su persona han sido atacados y rayados, y no falta quien pida su eliminación de los lugares públicos. Pero a pesar de estos modernos discursos neomarxistas, que intentan condenar todo lo que huela a imperialismo, siempre y cuando no sea el propio, la historia del capitán Cook tiene mucho que decirles a ellos mismos. Muestra cómo alguien de baja cuna llegó a tocar el cielo creyendo en sus ideales. James Cook es, sin duda, uno de los aventureros más grandes de la historia y sus tres vueltas al mundo lo hacen merecedor todos los homenajes 

  • La vocación militar de O ́Higgins y las principales acciones militares en las que participó

    La vocación militar de O ́Higgins y las principales acciones militares en las que participó

    Bernardo O ́ Higgins se sintió atraído por la carrera de las armas cuando se encontraba estudiando en Europa e hizo algunos intentos por ingresar  al ejército y a una academia de navegación, lo que no fue posible debido a su condición de hijo natural. Su formación, entonces, fue bastante espontánea y se produjo a través de su vida y ante los grandes desafíos que tuvo que enfrentar.

    Bernardo O ́Higgins, sin saber cuál sería su destino, se sintió atraído por la carrera de las armas cuando se encontraba estudiando en Europa e hizo algunos intentos por ingresar al Ejército y a una academia de navegación, lo que no fue posible  debido a su condición de hijo natural. Su formación como tal, entonces, fue bastante espontánea y se produjo a través de su vida y ante los desafíos que esta le fue colocando.

    Su niñez en el campo, tanto en Chillán como en Talca, lo hizo un experto jinete y un conocedor de los secretos de la naturaleza, que lo ayudaría mucho en su quehacer militar futuro. Su estrecho contacto con los mapuches en Chile y con hijos de caciques en su estadía en Lima también le ayudaría mucho en sus tareas futuras relacionadas con la guerra, al conocer de sus tradiciones, juegos y mentalidad. Así aprendió el futuro soldado no solo a hablar el mapudungún, sino también entender que el ideal del joven mapuche era llegar a ser un famoso guerrero. Sus estudios en Chillán, Lima y Londres le abrieron un panorama insospechado al joven. Tuvo acceso a los clásicos, al estudio de la historia, la geografía, idiomas clásicos, al uso de mapas, técnicas de navegación y también a deportes de aplicación militar como la esgrima. De este modo, sin saberlo, el joven  O ́Higgins iba atesorando experiencias que le servirían mucho en su futura vida militar. Es importante recordar que en la época en que vive en Lima pudo observar de cerca las unidades militares acantonadas que servían de sustento al Virreinato. Luego, cuando viaja a Europa, el mundo estaba en guerra y los mares estaban llenos de peligros, infestados de piratas y de acciones de guerra entre Inglaterra, España y Francia.

    O ́Higgins intenta regresar a Chile en abril de 1800 en la fragata mercante La Confianza, parte de un convoy de varios navíos españoles que fue objeto de un sorpresivo ataque por buques ingleses. En una carta a su padre relata lo que sería su primera experiencia de combate. “A las tres de la mañana estando durmiendo, me vinieron a despertar dándome noticia que se divisaban algunas velas por la popa; apenas me había medio vestido, cuando nos tiró un cañonazo con bala que nos pasó por encima de la vela mayor haciéndonos muy poco daño”. En otra parte de la carta señala que en menos de diez minutos se les fue encima una fragata inglesa y dos buques más, lo que los obligó a amainar la navegación y enfrentarse a los agresores. Cuenta que los buques rodearon la fragata española y que desde la inglesa se solicitó un parlamento en inglés, haciéndoles ver  que si no aceptaban, la echarían a pique. El joven chileno tomó un altavoz e inició la conversación con el enemigo. Cuenta el joven O ́Higgins que en cubierta solo quedaba el comandante del buque y él; toda la marinería se había refugiado en el depósito de municiones. La fragata española, que no era de guerra, finalmente se rindió. A O ́Higgins le robaron todo lo que tenía y lo desembarcaron en Gibraltar, desde donde se trasladó a pie hacia Algeciras, medio desmayado de hambre, calor y cansancio.

    Entre 1802 y 1810 se inicia el período de agricultor de O ́Higgins en “Las Canteras” (Los Ángeles) junto a sus primeras incursiones en el terreno de la política. Los acontecimientos de 1810 lo llevaron a emprender una incesante actividad, que en lo militar se centró en alistar tropas para conformar un ejército que permitiera defender la autonomía alcanzada. Así propone la organización de dos regimientos de milicias de caballería con inquilinos de “Las Canteras” y de los alrededores. El vocal de la nueva Junta de Gobierno, Juan Martínez de Rozas, lo nombra Teniente Coronel de Milicias de la Laja y le confía la segunda comandancia del Regimiento “Lanceros de la Frontera”, movilizado prácticamente con los inquilinos de su hacienda. Esta sería su primera destinación y nombramiento militar. O ́Higgins estaba muy consciente de su falta de preparación militar, sabía perfectamente que sus estudios, su habilidad como jinete, sus experiencias en Europa y su primera acción de combate en el mar, como su reciente nombramiento de comandante de milicias, no eran suficientes para poder liderar una fuerza militar. De allí, entonces, que buscó consejo en uno de los militares más distinguidos y preparados de la época, también de origen irlandés, que vivía en Chile, el coronel Juan Mackenna O ́Reilly. A través de las cartas que intercambiaron se pueden conocer las inquietudes del alumno y los sabios consejos del profesor.

    Es impresionante este rasgo de humildad de O ́Higgins, que abre su corazón al nuevo maestro. Los consejos no tardan en llegar. Mackenna lo alerta ante la  vanidad y la presunción de los uniformes y las charreteras, las que no bastan para mandar un regimiento. Agrega que la preparación de los oficiales es fundamental, como lo pudo comprobar en las campañas en las que participó contra los franceses en 1793, 1794 y 1795, donde tuvo empleos de estado mayor que lo pusieron en condiciones favorables para juzgar tanto a los soldados como a los oficiales. Por lo tanto, insistía Mackenna, no bastaba el talento, sino que el estudio y el entrenamiento se consideraban fundamentales. De allí lo importante de conocer el terreno y de descubrir los secretos del adversario. Le insiste que el espíritu de trabajo es una de las cualidades más indispensables para ser un buen general. Le recuerda el gran ejemplo de su padre en cuanto a su honradez inflexible, el trabajo infatigable y la firmeza inconmovible, y le comenta que estudiando la vida de don Ambrosio encontrará en ella las lecciones militares más útiles y apropiadas a su situación presente, al tener siempre delante de sus ojos su brillante ejemplo. Puede afirmarse, entonces, que la vocación militar del prócer nace como una necesidad para poder cumplir su sueño de ver a Chile libre e independiente.

    La llegada de José Miguel Carrera a Chile generó una serie de insurrecciones que afectaron las relaciones entre la capital y Concepción. La rivalidad siguió creciendo, motivando un alzamiento de la oficialidad del Batallón de Infantería de la Frontera en Concepción, firmándose un acta en contra de la autoridad de Santiago. Ante ello, Santiago envió tropas para controlar la situación en marzo de 1812. La reacción de dicha provincia no se hizo esperar, nombrándose Teniente Coronel de Ejército a Bernardo O’Higgins, con la misión de recolectar fondos para el pago de las tropas y otras necesidades, junto con disponerse importantes aprestos militares en toda la zona. O ́ Higgins fue nombrado comandante de un batallón. En pocos días reunió cerca de dos mil hombres, la tensión continuó y las tropas de ambos bandos se acercaron a las riberas del río Maule. O ́ Higgins, desde Los Ángeles, le escribe a su madre a Las Canteras: “Acabo de llegar de Concepción con Don Juan de Dios Mendiburu. Venimos a acuartelar en esta plaza nuestros regimientos”. En la misma carta le detalla los movimientos de tropas desde Concepción y Santiago, y agrega: “Los coligues, que encargué a usted para lanzas, espero ya estarán cortados y si no lo están que se hagan cortar con la mayor brevedad”.

    Desilusionado por las intrigas políticas, O ́Higgins se retira a su hacienda para dedicarse de lleno a sus actividades agrícolas. Pasan algunos meses y a fines de marzo de 1813 el territorio es invadido por un ejército realista al mando del brigadier Antonio Pareja, que logra que Concepción y Los Ángeles se plieguen a sus fuerzas. O ́Higgins se traslada rápidamente al norte, colocándose a disposición de Carrera, que ya se encontraba en Talca para enfrentar a los realistas. Se presenta como voluntario y se le encarga la misión de detener un escuadrón realista que había ocupado Linares. Con trece dragones, nueve húsares y treinta y seis soldados, rodea al enemigo, consiguiendo apresar a su comandante y a sus soldados. En el parte que da cuenta, relata: “Es pues de más explicar el entusiasmo, espíritu y valor con que esta división avanzó al enemigo con el mayor orden gritando “Viva la Patria, Viva la Libertad””. Por esta acción, O ́Higgins fue ascendido a Coronel de Ejército en abril de 1813. Las fuerzas realistas continuaron su avance hacia el norte, refugiándose en Chillán, ciudad que establecieron como base de operaciones. O ́Higgins participa entonces en el hostigamiento a estas fuerzas al mando de dos brigadas de caballería. Los realistas se defienden en San Carlos y el nuevo coronel muestra su arrojo en combate frente al enemigo.

    Se le encarga entonces recuperar Los Ángeles, actividad que cumple a la cabeza de sus hombres. Se presentó en medio de los Dragones realistas y dando su conocido grito de “¡Viva la Patria!”, los convenció para que se pusieran a su servicio. Sea por efecto natural de la sorpresa o por adhesión al caudillo patriota, los Dragones comenzaron a gritar “¡Viva el Coronel O ́Higgins!”. Los realistas, ante la caída del fuerte el 27 de mayo de 1813, se ensañaron con la hacienda de “Las Canteras”, destruyendo sus siembras y apoderándose de sus animales. Los combates se suceden en el sitio de Chillán y luego en el vado de El Roble, en el río Itata, donde los patriotas son sorprendidos, causando un grave desorden. Pero gracias a la serenidad y rapidez del coronel O ́Higgins, el desorden se transformó en una enérgica reacción. Reunió doscientos soldados, los que concentró protegiendo la artillería. A continuación, contestó el fuego del enemigo, que trataba de desalojar a la infantería de sus posiciones. Se produjo así un reñido combate por espacio de más de una hora. Impacientado el coronel al comprobar que los realistas no cedían, tomó el fusil de un soldado que había caído muerto a su lado y levantándolo en alto, gritó a sus tropas: “O vivir con honor o morir con gloria. ¡El que sea valiente, sígame!”. Sus soldados lo siguieron con su bayoneta calada y al grito de “Viva la Patria” cargaron contra el enemigo, produciéndoles una completa derrota. O ́Higgins recibió una herida de bala en una pierna, siendo vendado por su ayudante, el teniente José María de la Cruz. El enemigo dejó más de ochenta muertos, diecisiete prisioneros, dos cañones, ciento treinta y dos fusiles y cuantiosas municiones.

    Su valerosa actitud y los errores cometidos por Carrera en el mando del Ejército hicieron que la Junta de Gobierno, en noviembre de 1813, designara un nuevo General en Jefe, alta responsabilidad que recayó sobre el coronel O ́Higgins. El decreto de su designación resumía el alto prestigio del joven oficial que contaba treinta y cinco años de edad. Se señalaba que era necesario colocar al frente del Ejército que debía decidir la suerte de la patria y formar su futura felicidad, un oficial de valor y mérito, y hallándose estas cualidades reunidas en él, se le nombraba General en Jefe del Ejército Restaurador.

    El desembarco de una segunda expedición realista en enero de 1814 agregó preocupaciones al nuevo General en Jefe, escaso de tropas y sin comunicaciones marítimas debido al bloqueo de Talcahuano. Después de un rápido avance, los realistas ocuparon Talca y O ́Higgins, con dos mil quinientos hombres, avanzó desde el sur para enfrentar al enemigo en los combates de Quilo y Membrillar. Las negociaciones detuvieron las operaciones, pero generaron grandes tensiones entre los patriotas, especialmente por el accionar de los hermanos Carrera desde la capital, que  habían apresado al coronel Mackenna y al Director Supremo. O ́Higgins decidió marchar al norte para enfrentar a los sublevados, encuentro que se produjo en el combate de Tres Acequias el 26 de agosto de 1814, que le fue desfavorable y lo obligó a retirarse al sur con sus tropas. Simultáneamente a estas acciones, los realistas desembarcaban una nueva expedición al mando del coronel Mariano Osorio. Ante esta inminente amenaza, O ́Higgins determinó que no era el momento de competencias y discordias y que debía buscarse un arreglo inmediato y definitivo a las dificultades pendientes, reuniendo las fuerzas de la patria para salvarla de la crisis que venía.

    Las fuerzas realistas se acercaban peligrosamente a la capital y O ́Higgins, con fecha 14 de septiembre de 1814, le escribía a Carrera que si el enemigo tomaba Rancagua preveía la infeliz suerte de Chile. Carrera aceptó la defensa en Rancagua y el coronel fortificó con los escasos medios disponibles la ciudad, preparando trincheras en las cuatro entradas de la plaza. Con fecha 1 de octubre, Osorio iniciaba el ataque contra Rancagua casi con el triple de las fuerzas patriotas y con dieciséis cañones. O’Higgins dirigió inicialmente las acciones contra el fuerte ataque desde la torre de la iglesia de La Merced, luego montó su caballo y al galope recorrió las trincheras infundiendo valor a sus soldados. Más tarde decidió abandonar la plaza y no rendirse. Así, al frente de sus soldados se abrió paso a través de las filas realistas rompiendo el cerco y salvando a parte de sus hombres, con los que se dirige a Santiago. Fueron cuatro años intensos los de la Patria Vieja para el O ́Higgins soldado, que de Teniente Coronel de Milicias alcanzaba el alto rango de General en Jefe. La valentía y arrojo mostrada en las acciones reseñadas le generó un alto prestigio y, por sobre todo, el respeto y la admiración de sus tropas. Terminadas estas acciones se dirigió a Mendoza, donde fue recibido por el coronel San Martín, que le encargó organizar a los soldados llegados desde Chile.

    Su estada en Buenos Aires y en Mendoza fue plena de actividades, preparando con San Martin la invasión a Chile. En su archivo se ha encontrado el Plan que propone al Gobierno argentino para liberar su patria, que titula: “Plan de Campaña para atacar, destruir y exterminar a los tiranos usurpadores de Chile”. O ́Higgins describe con gran conocimiento los detalles geográficos y también el despliegue realista, lo que muestra un detallado trabajo de inteligencia. Sobre esa base propone la invasión con cuatro divisiones: la primera por el sector de Antuco, para conquistar la costa de Arauco; la segunda para atravesar por el boquete de río Claro con la mayor parte de las fuerzas para ocupar Curicó y amenazar la capital; la tercera por el norte por la cordillera de Colanqui para ocupar Coquimbo, y la cuarta embarcada en  una flotilla para desembarcar en las islas Mocha y Santa María para amagar Concepción ocupando la desembocadura del río Carampangue. Insiste en mantener permanentemente una parla con los caciques pehuenches y abajinos para lograr alianza con ellos y luego, a través del bloqueo de los puertos de Talcahuano y Valparaíso, aislar Valdivia y Chiloé. Como puede verse.

    A partir de septiembre de 1816 se traslada junto al Ejército de Los Andes al campamento de Plumerillo, a cuatro kilómetros y medio al norte de Mendoza. Allí, los ejercicios fueron intensos y desarrollados en largas y exigentes jornadas. El brigadier O ́Higgins fue designado como comandante de la Segunda División, unidad que debería cruzar la cordillera en el esfuerzo del centro por el Paso de los Patos, simultáneamente con las columnas que lo harían por el norte y el sur. La Segunda División inició su marcha el 19 de enero, cruzando la cordillera a una altura de tres mil seiscientos metros con fecha dos de febrero, después de un desplazamiento de más de doscientos cincuenta kilómetros. O ́ Higgins alcanzó Putaendo, luego San Felipe y el día 11 de febrero de 1817 al anochecer San Martín ordenó el avance de sus tropas a Chacabuco. Al mando de O ́Higgins marchaban el Batallón de Infantería No 7 y el No 8, más dos cañones y dos escuadrones de Granaderos a Caballo, que avanzarían por la cuesta vieja, el camino más corto y accidentado, para alcanzar Chacabuco, mientras la Primera División, al mando del brigadier Estanislao Soler, lo haría por la cuesta nueva para caer a la espalda de las fuerzas que defendían la entrada a la capital.

    El parte de la batalla que remite el general San Martín retrata claramente la decidida actuación del comandante de la Segunda División señalando: “La resistencia que nos opuso el enemigo fue vigorosa y tenaz; se empeñó desde luego un fuego horroroso y nos disputaron por más de una hora la victoria con el mayor tesón. Verdad que en este punto se hallaban 1.500 infantes escogidos, que eran la flor de su ejército, y que se veían sostenidas por un cuerpo de caballería respetable. El bravo brigadier O ́ Higgins reúne los batallones 7 y 8, al mando de los comandantes Cramer y Conde, forma columnas cerradas de ataque, y con el 7 a la cabeza carga a la bayoneta sobre la izquierda enemiga. –Continua más adelante–… sin el auxilio que me han prestado los brigadieres Soler y O’ Higgins la expedición no habría tenido resultados tan decisivos. Les estoy muy reconocido”.

    Años más tarde, el propio O ́Higgins, ante las acusaciones recibidas por su comportamiento temerario en dicha batalla, señaló: “Ellos ignoran el juramento que hice durante treinta y seis horas de combate en Rancagua, ellos no sabían que los clamores y ruegos que diariamente ofrecía a los cielos desde aquel aciago día hasta el 12 de febrero de 1817….y si mis acusadores hubiesen conocido estas cosas y experimentado sus tormentos, entonces habrían comprendido mis sentimientos de ponerme a la cabeza de mi brava infantería y usando de mis voces del Roble y Rancagua, cuando exclamé “Soldados , vivir con honor o morir con gloria, el valiente siga mi marcha, columnas a la carga”. El enemigo seguía presente en Chile, se reorganizaba en el sur y pronto le llegarían refuerzos desde Lima y España. Había que evitar la resistencia y para ello se requería un nuevo Ejército, tarea a la que se aplicó con tesón el Director Supremo, colocándose al mando de las unidades apenas se pudo, para liderar personalmente las acciones. Así se crearon las primeras unidades de infantería, artillería y caballería, y la Academia Militar para la instrucción de oficiales, sargentos y cabos con los conocimientos necesarios para las maniobras de batallón y escuadrón.

    A partir del 16 de abril de 1817 entregó el mando político y se dirigió a Concepción con una división de refuerzo, asumiendo el mando de las operaciones. Asaltó sin éxito las fortificaciones de Talcahuano en  diciembre del mismo año. Santiago recibía con estupor el fracaso de dicha acción y conocía del desembarco de refuerzos importantes de los españoles al mando de Mariano Osorio. Los patriotas decidieron replegarse hacia el Maule desde Concepción, junto a cientos de familias que emigraron hacia el norte. Se dispuso la política de la tierra arrasada. Una audaz maniobra de Osorio sorprendió a los patriotas la noche del 19 de marzo de 1818, en Cancha Rayada a las afueras de Talca. O ́Higgins resistió con valor, el caballo que montaba cayó de un balazo mientras su jinete recibía otro en su brazo derecho. Los patriotas se dispersaron en una confusa retirada hacia el norte. El brigadier chileno, desoyendo las advertencias de los médicos, galopó toda la noche hasta Rancagua. Ya en Santiago, su actividad no decreció en ningún momento, porque había que preparar la capital para la defensa y dispuso con claridad las medidas convenientes. El Ejército logró reconstituirse después del desastre relatado y se encontró preparado para enfrentar a Osorio y sus tropas en el llano de Maipú.

    La participación de O ́ Higgins en este destacado triunfo de las armas patriotas fue escasa; sin embargo, pese a su herida, se presentaría con refuerzos al término de ella. El 5 de abril, el día de la batalla de Maipú,  estaba postrado en cama debido a la febril actividad desarrollada el día anterior. Pero así y todo se puso al mando de las tropas con que contaba, quienes a pesar de su discutible valor combativo, se veían animosos. Antes de partir, los arengó, infundiéndoles el espíritu  necesario: “Pertenezco a vuestro cuerpo y moriré a vuestra cabeza”. Con esta batalla, la historia de Chile daba un giro y su Director Supremo dejaba la primera línea de combate para organizar tantos  detalles de la república independiente y continuar con el esfuerzo de conseguir la libertad de América del yugo español. Su figura  estaba en la mente y el corazón de sus soldados.

    Las ideas estratégicas que habían iluminado la reconquista de Chile seguían vigentes y muy claras en la mente del Director Supremo de Chile, y lleno de entusiasmo, escribió a San  Martín en mayo de 1819: “Véngase usted, pues, aquí lo dispondremos todo y llevaremos la guerra al Perú”. Y así fue, después de un largo proceso, O ́Higgins y San Martín pasarían revista a las tropas que participarían en la expedición. Una escuadra de siete buques armados con doscientos treinta y tres cañones, más una fuerza expedicionaria de cuatro mil efectivos llevarían la expedición a las costas peruana, bajo el mando de Lord Cochrane.

    En 1823, abdicaba al poder y partía al Perú. Simón Bolívar llegaba del norte a ponerse al frente de los ejércitos patriotas que combatían a las fuerzas realistas distribuidas aun en territorio peruano. O ́Higgins hizo gestiones para ingresar al Ejército, las que no tuvieron éxito. En las vísperas de la batalla de Ayacucho, O ́Higgins ardiendo de impaciencia no esperó más y se lanzó a la sierra peruana a plegarse al Ejército Libertador. Fue un largo e infructuoso viaje entre el 9 de Julio y el 6 de noviembre de 1824. Desconfianzas y recelos de parte de Bolívar impidieron que el general chileno tomara parte efectiva en las acciones de guerra de ese año. El general O ́Higgins falleció en Lima en 1842, añorando su regreso al país. En su tumba en Lima una hermosa inscripción rezaba: “Aquí yace esperando la resurrección de la carne el Excmo. Señor D. Bernardo O ́Higgins, Director Supremo y Capitán Jeneral de la República de Chile, su patria; Brigadier en la de Buenos Aires y Gran Mariscal del Perú. Ilustró tan altos cargos con virtudes católicas, militares y políticas; superior en la vida a la felicidad y desgracia, murió en la serenidad del justo el 24 de octubre de 1842; llorado por los pobres, amado y admirado por los que en tres repúblicas vieron los esfuerzos por la independencia y libertad de América”.

    Su legado como soldado a las nuevas generaciones:

    El relato que antecede no deja de producir una serie de sentimientos profundos al conocer los detalles de su formación militar, al compartir con él las vicisitudes que vivió en los combates en los que participó. Admirar su trabajo conjunto con San Martín, combatir con él en Chacabuco y Cancha Rayada, entender su labor como organizador del nuevo Ejército y del poder naval chileno, y comprender su enorme labor en la organización de la Expedición Libertadora al Perú.

    La figura de O ́Higgins como soldado obliga a reflexionar sobre los valores que un buen comandante, un buen líder de cualquier nivel debe tener. Su ejemplo no es solo para los militares, sino para todos los ciudadanos. El amor a la patria sobre los intereses personales, el estar siempre junto a los suyos, el predicar con el ejemplo, liderando la consecución de los objetivos, el resolver las necesidades de sus subalternos, el demostrar austeridad en las costumbres y acciones, la defensa de sus convicciones y el arriesgar la vida si es necesario para conseguir lo más sagrado del hombre: su libertad.

    La imagen de su estadía en Perú permanece, ya no tiene ni uniforme, ni grado, ni espada, pero no vacila en colocarse en primera fila para luchar por la Independencia de América. El desarrollo de Chile y su futuro están en su mente hasta el último hálito de su vida. Fue un soldado convencido de su causa, la que abrazó con vocación, devoción, convicción y pasión. En la retina queda fija su figura rígida vestida con sotana franciscana, pero debajo de ella su quepis y su guerrera, símbolos de su entrega por ideales superiores.

  • Patricia Highsmith y El Atractivo De Los Caracoles

    Patricia Highsmith y El Atractivo De Los Caracoles

    Fiona Peters, una de las especialistas más destacadas en la obra de la escritora norteamericana Patricia Highsmith (1921-1995), profundiza en este artículo sobre la forma innovadora y enigmática en que Highsmith incorpora a los caracoles en su obra.

    Patricia Highsmith adoraba los caracoles, no aliñados con ajo para comérselos, sino como criaturas que pueden demostrar tendencias benignas así como malignas, dependiendo de la situación en que se les ponga. En los años 60, Patricia vivió en Europa y viajó al Reino Unido con caracoles africanos gigantes adosados a su sostén, para evitar el escrutinio de aduanas. En ocasiones sociales organizadas por su agente o en otros eventos publicitarios que odiaba, se aislaba de la muchedumbre sentándose con un bolso en su falda, observando sus caracoles mascotas mascar la lechuga que ella les ofrecía: “Después de haberme quedado con ella en su casa de Suffolk, me encontré con ella la semana siguiente en un cocktail en Londres –nos dice Peter Thomson–. Entró con un bolso gigante, el cual abrió con orgullo; contenía cien caracoles y una enorme lechuga. Sin duda, adoraba sus caracoles, eran su compañía para esa velada”. Su editor en Doubleday, Larry Ashmead, recuerda que cuando Highsmith se mudó a Francia en 1967, le contó que introdujo sus mascotas en forma ilegal escondidos bajo sus senos. Y eso era solo un viaje. “Iba y venía llevando, según ella, entre seis y diez de las criaturas bajo cada seno, cada vez que ingresaba a Francia. Y esto no era broma, era en serio” (Wilson: 2003, 267).

    En una de sus primeras novelas, Deep Water (Aguas profundas, 1957), el “héroe”, Victor Van Allen, se siente distante de su indiferente esposa. Es un afuerino en los años 50 en un pequeño pueblo del norte del estado de Nueva York. Su consuelo (que, de paso, no dura mucho) proviene sus dos caracoles mascotas: Hortense y Edgar. En un abyecto pasaje, Highsmith describe cómo Victor ve la copulación de los caracoles como “hacer el amor”: “Hortense y Edgar hacían el amor. Edgar se deslizaba de una pequeña roca para besar a Hortense en los labios. Hortense se levantaba como en cuclillas, balanceándose para recibir sus caricias, como una bailarina encantada por la música. Victor observaba por unos breves instantes, con la mente vacía, ni siquiera en los caracoles, hasta que percibía las excrecencias en forma de copa que aparecían en el costado derecho de las cabezas de ambos caracoles. ¡Cómo se adoraban y qué perfectos se veían juntos! Las copas glutinosas aumentaban de tamaño y se tocaban borde a borde. Sus labios se separaron” (Highsmith: 1957, 131).

    Esta cita captura tanto el momento mundano como el tiempo extrañamente sublime de este extremo antropomorfismo de Victor. Lleva los caracoles consigo en el bolsillo de su chaqueta, como un talismán para alejar la hostilidad de un mundo duro, poblado por humanos, de la misma forma que Highsmith, su creadora, lo hacía en la realidad. Sin embargo, en la fecha de sus cuentos “El observador de caracoles” y “El buscador de chismes vacíos”, los caracoles son presentados bajo una luz diferente, como peligrosos y malignos. “El observador de caracoles” comienza en una forma similar a Aguas profundas, donde el protagonista, Peter Koppert, observa a dos caracoles copulando, justo antes de ser cocinados para la cena. Peter los rescata y los lleva a su estudio, solo para encontrar una muerte repulsiva, mientras los caracoles se reproducen a una  velocidad abismante, desgarrando el papel mural que lo cubre por completo y termina por asfixiarlo. Al mismo tiempo, en “La búsqueda del exótico Caleveringi”, un zoólogo, Avery Clavering, busca a un caracol gigante en una isla inhabitada, pesquisa que culmina con su muerte en el mar al tratar de escapar de este caracol gigante que quería tragárselo.

    Aun cuando Highsmith es básicamente una escritora de crimen-ficción, su representación de los caracoles está motivada por temas fundamentalmente góticos. Los caracoles son abyectos, extraños, y este artículo extraerá (a través de un lente predominantemente psicoanalítico) las implicancias del uso que Highsmith hace del caracol más allá de lo neutral e históricamente ambiguos modos de representación. Lilian M. C. Randall, en El caracol y su guerra marginal gótica, argumenta que hacia fines del siglo XIII se produjeron múltiples imágenes de hombres batallando con caracoles gigantes en manuscritos ilustrados encontrados en el norte de Francia, y que “a pesar de sus implicancias satíricas y humorísticas, en línea con el espíritu predominante de las extravagancias góticas de la época, no explican su popularidad” (Randall: 1962, 358).

    Randall explica que esta representación continúa durante toda la Edad Media, de hecho constituye una tradición artística. Rachel Gillibrand reflexiona sobre esto en 2016: “Mientras este concepto ha provocado muchas opiniones diferentes y teorías, todavía constituye un enigma para medievalistas e historiadores del arte” (Gillbrand: 2016). Continúa delineando las principales teorías y argumentos propuestos para explicar lo extraño que resulta que a esta inocente y benigna criatura se le utilice en forma combinada en el imaginario de esos tiempos: “El caracol deslizándose sobre su vientre era visto como algo repulsivo, sin columna vertebral, como la imagen que tenía el vulgo de un grupo en quien no se podía confiar. Roger Pinon, por otra parte, argumenta que el caracol representaba los genitales femeninos, con su imagen como concha de caracol. Esta idea nos conecta al tema de la burla, ya que un caballero medieval huyendo de miedo de una mujer o de un encuentro sexual, se prestaría para ser un hazmerreír” (Gillibrand: 2016).

    El caracol como símbolo de la sexualidad femenina se relaciona a otras teorías sobre el significado de su uso en el imaginario medieval, como sería “la reputación del caracol como peste en el jardín” (Biggs: 2009) o un comentario sobre los arribistas. Los posibles significados de su uso son múltiples, problemáticos y transgresivos. Los estudios sobre lo poco probable de un caballero batallando caracoles, apuntan a la tradición del amor cortesano, tal como Jacques Lacan y Slavoj Žižek teorizan; estas representaciones son totalmente masoquistas e íntimamente relacionadas al instinto de muerte y al narcisismo: “La idealización de la dama, su elevación a un ideal espiritual etéreo, es concebido como un fenómeno estrictamente secundario: es una proyección narcisista cuya función es hacer que la dimensión traumática se haga invisible” (Žiźek: 1999, p. 151). El acto de mostrar al caracol como guerrero combatiente en las imágenes medievales, en mi opinión, le da un carácter eminentemente extraño y disruptivo al imaginario. Los caracoles se pueden comer, como la exquisitez de la comida francesa: l’escargot. La receta tradicional para comérselos es que sean hervidos, un proceso muy doloroso para un gasterópodo capaz de sentir dolor. Pero los caracoles también son considerados una peste. Invaden huertos en la noche y pueden comerse una lechuga entera. Los hortelanos dedicados los combaten con sal, haciendo que sus cuerpos glutinosos se arruguen y se derritan. Informes eruditos han subrayado la amenaza que representan los caracoles para la parte continental de los Estados Unidos, donde la respuesta a su presencia provoca discusiones sobre alienígenas y otras especies:  “Lo cual sirve para ilustrar la facilidad con que el caracol africano gigante puede establecerse en los Estados Unidos, sin mediar los estrictos reglamentos de cuarentena en vigencia. Aun cuando algunas personas tienden a minimizar los elementos de peligro, basándose en que esta especie no podría sobrevivir las condiciones extremadamente áridas de Arizona central, investigaciones realizadas por la Universidad de Arizona demuestran, al contrario, que infestaciones de gasterópodos terrestres pueden perfectamente producirse” (Scholarspace: 2017).

    Estos ejemplos aislados demuestran las muchas maneras en que los caracoles han sido y siguen siendo percibidos. Todas estas visiones tienen en común que el caracol es siempre un desafío nuestro universo “limpio y seguro”. Aun cuando se consumen como alimento, deben ser privados de alimentación por varios días antes de ser sumergidos en agua hirviendo. Son, como insiste Julia Kristeva, objetos abyectos:“Ante alimentos repugnantes, basura o desperdicio y excrementos, los espasmos y el vómito me protegen. La repugnancia, la náusea que me voltea y me aleja del peligro, la alcantarilla o la inmundicia. La vergüenza de estar en algo turbio, o la traición. La fascinación que se siente cuando soy impulsada a separarme de estos males” (Kristeva: 1982, 2).

    El caracol puede verse como una criatura arquetípicamente grotesca: su cuerpo por afuera y por adentro resulta un objeto abyecto, conectado a lo extraño y lo gótico. Su baba contamina y se hace evidente bajo nuestro zapato, causando una respuesta de asco al pegarse a la suela, y peor aún si se está descalzo. El caracol es un objeto grotesco que atrae y repele. Kristeva mantiene que una categoría de lo abyecto es el “horror de los signos de diferencias sexuales” femenino (o semiótico en su terminología) y por ende, opuesto al orden simbólico gobernado por sistemas de autoridad patriarcales y masculinos. Según lo visto con anterioridad, la explicación de que el caracol sea un símbolo de la sexualidad femenina transgresiva, es una lectura prevalente del por qué es representado como un combatiente de los caballeros en el imaginario del período medieval. El caracol, objeto abyecto, grotesco, criatura gótica cuyo cuerpo no tiene bordes y es antepuesto al orden social (Grosz: 1990, 72).

    Patricia Highsmith transgrede el orden social en su escritura, usando diferentes medios. El uso de caracoles es solo uno de estos medios, pero muy importante. Como dijéramos anteriormente, ella amaba en forma especial a los caracoles y consistentemente ponía a los humanos en un plano más bajo que otras especies en términos de merecer afecto y consideración. Victor van Allen, protagonista de Aguas profundas, no es feliz con su esposa Melinda y su hija Trixie, en una comunidad suburbana del norte del estado de Nueva York, donde se le considera “extraño” y “apocado” por negarse a condenar expresamente las aventuras extramaritales de su esposa, sufriendo humillaciones y replegándose en su hogar, donde se concentraba en observar el comportamiento de sus amados caracoles. Como carece de amor en su propia vida, desplaza su deseo hacia los caracoles, antromorfizándolos al punto que los caracoles hermafroditas (que tienen órganos reproductivos masculinos y femeninos), pasan a ser masculino y femenino, llamados Edgar y Hortense. Victor es un esteta (al igual de Highsmith) que no siente ninguna de las sensaciones abyectas ya expuestas al tocar a sus caracoles y al describir sus actividades y sus sentimientos mientras los acariciaba.

    Hortense y Edgar tienen una relación “amorosa” en Aguas profundas. Dado que Highsmith (a través de Victor) adscribe emociones humanas e incluso una relación monógama entre los caracoles, esto le permite a Victor evadir la amenaza de la sobre presencia sexual de Melinda (por un rato al menos). Las maneras en que el amor entre los caracoles presenta una imagen de “cuerpos sin límites” son multiples. Representan fluidos físicos, haciendo el amor por muchas horas, cubriéndose de baba. La baba es una sustancia que calza bien con el concepto de Kristeva de “objeto abyecto”, pegándose al cuerpo, interrumpiendo el estado “limpio y seguro” que representa, según Kelly Hurley en El cuerpo gótico: sexualidad, materialismo y denigración en el fin de siglo (2004), un llamado de atención apenas perceptible y gótico al cuerpo como cosa: “Nada ilustra mejor la naturaleza de cosa de la materia como la baba, ni tampoco lo cosificado del cuerpo como la bravosidad o la propenso a ser baba. Las sustancias gelatinoso-babosas – excrementos, fluidos sexuales, la saliva, el mucus– surgen de los bordes del cuerpo, apuntando a la evidente materialidad del cuerpo (Hurley: 2004, 34).

    Sophie Mantrant está de acuerdo con Hurley y relaciona este motivo al concepto de lo abyecto de Kristeva en su lectura de la baba como gótico, en Sacramentos del Mal, los cuentos supernaturales de Arthur Machen: “La imagen de lo amorfo, la masa babosa, algo recurrente en los cuentos de Mahen de 1890, y en la literatura de fin de siglo en general, se puede analizar a la luz del ensayo de Julie Kristeva sobre lo abyecto, donde define esto último como un estado intermedio, ni sólido ni líquido, ni vivo ni muerto” (Mantrant: 2016, 94). Aguas profundas trata del descenso gradual a la locura del “héroe” arquetípico de Highsmith, Victor. La novela comienza con un asesinato –el de un ex amante de su esposa–. Vic, un hombre de medios, independiente, que ama la vida definida por el orden, muy afectado por el caos de su matrimonio, se mantiene ocupado manejando un pequeño negocio de imprenta en una comunidad donde vive con su familia. Queda claro, desde el comienzo de la obra, que su comportamiento es considerado “extraño” por las parejas de los círculos de clase media que él y Melinda frecuentan.

    La aparente ecuanimidad con la cual Vic parece aceptar la seguidilla de amantes de su esposa, lascivos reptiles de bar, con inteligencia muy inferior a la suya, sin ninguna apreciación de los valores estéticos por los cuales Vic rige su vida, deja perplejos a sus amigos, uno de los cuales comenta durante una fiesta: “Eres como alguien que espera pacientemente hasta que un día haga algo” (Highsmith: 1957, 53). Aun cuando Vic no jugó ningún rol en el asesinato de Malcolm McRae (que aconteció en la ciudad de Nueva York), él dejaba que la comunidad en que vivía creyera que “tenía” algo que ver. Así parecía más “normal” a los ojos de su comunidad, que pensaba que a Vic le faltaba esa básica emoción. Con esto se elevó en la estimación de muchos, hasta que se atrapó al verdadero asesino, con lo que volvió a ser el marido que no se atrevía a actuar con firmeza, al que le faltaba la emoción de los celos.

    Cuando en una de esas fiestas de borrachera se le presenta la oportunidad de eliminar al amante de turno de Melinda, Charley de Lisle, sumergiéndolo en una piscina, Vic, siguiendo la repulsión que siente por los vivos, y ante un grupo horrorizado que acepta como normal vengarse del amante de su esposa, hace que su repulsión cese, saca a Charley y trata de revivirlo: “¿Creen – pregunta Vic mientras nada hacia Charley–, que deberíamos darlo vuelta y masajear su corazón? Y si bien pensaba estar calmo, se sintió estúpido por esa pregunta ansiosa, el tipo de pregunta que se esperaba que él hiciera” (Highsmith: 97). Esta acción lleva a Vic a planificar otros asesinatos y a retraerse más al mundo de sus caracoles. Highsmith da vueltas así ágilmente el significado común de lo abyecto a través de la forma en que Vic siente náuseas y repulsión hacia la proximidad física de otro cuerpos humanos, mientras que lo lascivo, los cadáveres etc., conceptos aceptados como lo abyecto en lo gótico, lo afirman y sosiegan. Desde un punto de vista psicoanalítico, puede decirse que los caracoles pasan a ser lo que Lacan llama un sinthome: “la manifestación de goce del sujeto de lo que no puede prescindir y que debe adoptar como “aquello que está en él y que es más que si mismo”” (Kay: 2003, 80).

    Žižek observa que los cuentos de Highsmith ilustran cómo el sinthome funciona como “pegamento”. Anota que la obra de Highsmith hace presente en los objetos las fuerzas extrañas, que repelen y atraen a la vez, y en los cuales el sinthome es un “grano invisible, un fragmento insignificante de lo real” (Žižek: 2001, 199), que logra penetrar el texto como un ancla, un fijador extraño y misterioso. En “El cementerio misterioso” el “brote subterráneo de goce” sobre el cual –argumenta– pivotea el texto son extrañas protuberancias que aparecen en el cementerio detrás de un hospital después de experimentos que utilizaron radiación sobre paciente moribundo. En vez de repulsar a los pueblerinos, como ocurriría en un texto clásico de horror, estos los adoptan y se sienten atraídos hacia ellos, escriben poemas y celebran sus existencia. Estos fenómenos, como pequeñas muestras de lo real, aun cuando insignificantes en sí mismos, le dan seguridad a la comunidad, fortaleciendo su cohesión, y teniendo la misma función que los caracoles en Aguas profundas, pero en forma colectiva y no individual, como es el caso con la soledad de Vic y su alienación de la comunidad.

    En tanto sinthome y apoyo psíquico, los caracoles de Vic lo protegen de las vicisitudes y riesgos en su vida cotidiana. A medida que la novela progresa, la protección que ofrecen se desintegra, como cuando Melinda amenaza con hervirlos en agua y comérselos para la cena, lo que hace para impresionar a Cameron, su último amante. Con la intención de provocar a Vic, Melinda envía a Cameron a preguntarle: “Oye Vic, ¿qué tal si me das dos o tres docenas de tus caracoles? Tengo una receta para una salsa de ajo y mantequilla que es una delicia. ¡Hasta un niño podría hacerla y tendría el mismo sabor que en Nueva Orleans!” (Highsmith: 199). Vic se ve obligado a defender a sus caracoles, porque no son para comer. Y cuando Cameron le pregunta para qué son entonces, Vic responde de forma ácida, que “no los usa para nada, que  son inútiles” (199). Melinda y los amigos que ha invitado a cenar intentan irrumpir en el cuarto donde Vic guarda sus caracoles, pero él logra salvarlos diciéndoles que para comerlos tiene que dejar de alimentarlos por varios días. Si bien Vic está molesto por la invasión de su espacio y el intento de matar a sus amados caracoles, se mantuvo calmo y la lógica vino a ayudarlo: “No se pueden comer los caracoles así no más –dijo en tono ligero–, tienen que tenerlos en ayuno por dos días para limpiarlos. Estos caracoles han estado comiendo, como bien lo saben” (199). Hacia el final de la novela, se atreve a traer un caracol a una celebración de su cumpleaños, y frente a amigos a quien considera dobles y que conspiran contra él, “puso el caracol adormilado que acababa de encontrar en la puerta del garage” (241).

    Esta es la última mención de caracoles en Aguas profundas. Algunas páginas antes, Hortense había puesto sus huevos cinco días después del ritual de copulación ya descrito, que es la más extensa y tierna descripción de un acto amoroso en la obra de Highsmith. La descripción antropomórfica merece ser citada porque ejemplifica la forma en que los caracoles, monstruosos, misteriosos y abyectos para algunos, son en los ojos de Vic criaturas maravillosas, quienes, por lo menos por un tiempo, lo protegen de la hipocresía y la intriga de otros seres humanos: “Los caracoles no hacían ruido. Hortense tiraba sus dardos primero. Sin dar en el blanco, ¿era eso parte del juego? Después de un rato, Edgar intentó, pero tampoco dio en el blanco. Retrocedió e intentó de nuevo, esta vez dando en el lugar correcto y el dardo se hendió, lo que motivó a Hortense a hacer otro intento. Le costó más a ella, apuntando hacia arriba, pero lo logró después de tres intentos deliberados y pacientes. Los caracoles, como anonadado en un profundo trance, sus cabezas levemente hacia atrás, sus tentáculos juntos. Vic sabía que si tuvieran párpados, sus ojos estarían cerrados. Ahora estaban estacionarios. Vic los miró hasta que vio que los bordes de sus copas se separarían. Caminó atravesando el garaje por un minuto, sintiéndose particularmente ansioso. Su mente se volcó a Melinda y luego volvió a sus caracoles para dejar de pensar en ella” (131).

    Los cuerpos babosos, sin bordes, que se transformaban en el rito amoroso, protegían la débil capacidad de Vic de funcionar en  el orden social que parecía desmoronarse a su alrededor. Después de la última mención de los caracoles, el texto simplemente revela las consecuencias de las “huellas de caracol” de Vic que quedarán como testigos de uno de sus asesinatos y que lo llevan hacia un quiebre psicológico, donde incluso la “protección” de sus amados caracoles no basta para salvarlo. En Aguas profundas, los caracoles se convierten en criaturas benignas y ya está demostrado cómo Highsmith los usa para subvertir la manera gótica generalmente aceptada de presentar a los caracoles como enigmáticos en la literatura. Vic no solo no reacciona a la baba viscosa de los caracoles con repulsión, de hecho, se siente atraído por ella debido al excesivo deseo antropomórfico de negar los horrores e irracionalidad del comportamiento humano. En otras obras de Highsmith, sin embargo, los caracoles son presentados de forma un tanto más maligna, pero debido al orgullo y estupidez de los seres humanos.

    Los dos cuentos relevantes: “El observador de caracoles” y “La búsqueda del exótico Clavering” están publicados en Eleven (1970). El primero cuenta la historia de Peter Knoppert, socio en una firma de corretaje, cuyo matrimonio no muestra las anomalías del matrimonio de Vic y Melinda en Aguas profundas. Una tarde antes de la cena, Mr. Knoppert (Highsmith nunca se refiere a él como Peter) va a la cocina y descubre “una pareja de caracoles en un bolo de porcelana en el secador del lavaplatos que se comportaban de manera extraña” (Highsmith: 1970, 13). Highsmith usa un lenguaje como en la seducción imaginaria de serpientes avanzando una hacia la otra, como si: “estuviera hipnotizada por un flautista” (14). Observa una protuberancia cual oreja “en el lado derecho de la cabeza de ambos caracoles, y su instinto le decía que estaba en presencia de algún tipo de actividad sexual” (14).

    Después de quedar mesmerizado por los caracoles copulando, Mr. Knoppert se los llevó a su estudio, salvándolos de una muerte inevitable, y de ahí en adelante “nunca más se sirvieron caracoles en la mesa de los Knoppert” (14). El cuidado y la crianza de caracoles pasaría a ser el hobby de Mr. Knoppert, el que practicaba en su estudio, espacio que sería de su uso exclusivo después que su esposa se resbalara en lo que ella veía como una criatura grotesca hedionda a pescado: “Su esposa Edna lo instó o bien a comerse los caracoles o a deshacerse de ellos y fue entonces que pisó sobre uno que había reptado hacia el piso” (15). Mr. Knoppert es disuadido de seguir el deseo de su esposa después de leer un pasaje de Henri Febre en el Origen de las especies de Darwin. En la página dedicada a los gasterópodos, Fabre observa que los caracoles exhiben una sensualité “en su copulación que no se encuentra en ninguna otra especie en el reino animal” (15). Mr. Knoppert hace de su estudio un lugar de procreación para caracoles y estos se multiplican de setenta a noventa con cada camada. Al leer este texto, queda claro que Highsmith se aleja de la forma ordenada de manejar los caracoles en Aguas profundas. Al contrario, en “El observador de caracoles” estos se escapan del control de Mr. Knoppert. Hay un período inicial de goce al observar la multiplicación (en un momento trata de contar el número exacto, pero termina por estimar el número entre once a doce mil). Los caracoles copulan y los huevos se realizan y las criaturas se deslizan por sus dedos, actividades que desbordan su universo privado de caracoles para darle confianza y éxito en los negocios. Estos pasajes son hermosos y aun así conllevan un aire de repulsión y peligro relacionado a lo que Žižek describe en “¿Por qué aparece el falo?”, como la transformación anamorfa de la cara de horror cuando es evocada por lo humano, y sin embargo no humano, imagen y comportamiento: “todos los que ven esta amorfa sustancia vital entran en el dominio prohibido y deben por ende ser excluidos de la comunidad” (Žižek: 2001, 115-116). Las protuberancias fálicas y las distorsiones transfiguran los cuerpos de los caracoles en copulación: “Cuando las excrecencias en forma de oreja se juntaron en forma precisa, borde con borde, un bastoncillo blanquecino como un tentáculo adicional se proyectó de una de las orejas a la oreja del otro caracol. La primera hipótesis del señor Knopper quedó anulada cuando un tentáculo surgió del otro caracol. Muy curioso, pensó. Los dos tentáculos se plegaron y de nuevo se extendieron como si supieran cuál era la marca invisible donde debían apoyarse en el otro” (Highsmith: 1970, 14).

    La “alegría” experimentada por Mr. Knopper al observar “sus caracoles” estaba en gran parte determinada por su fecundidad extraordinaria. Cada vez que visita la pieza de los caracoles cada tres semanas (que indicaba que su interés disminuía), siente que el cuarto es como un útero-prisión sofocante. Trata de salir del mismo, pero se siente impedido. Los caracoles se multiplican a tal punto, que lo abruman y no lo dejan salir. En sus intentos cada vez más desesperados de extraerse de la situación, los caracoles son presentados en la forma contraria a los caracoles de Vic en Aguas profundas. Es un cuadro grotesco: “Un caracol se metió en su boca y él lo escupió asqueado” (20). Al tratar de abrir la ventana, descubre que está atorada con criaturas gelatinosas, y trata entonces de escapar por la puerta del estudio, pero se ve impedido ya que el papel mural saturado de caracoles se desprende y lo golpea en el costado de su cabeza, y luego la lámpara se desprende y lo golpea también. Yace en el suelo agonizando, con caracoles reptando a su boca e inmovilizándolo en el suelo, sin poder ver ni respirar: “Con ojos apenas entreabiertos veía directamente en frente, a corta distancia lo que él había conocido como una planta de gomero en su macetero cerca de la puerta. Un par de caracoles estaban silenciosamente copulando sobre la planta, y justo al costado, pequeños caracoles, puros como el rocío, surgían desde un hoyo como un ejército masivo hacia el vasto mundo” (20).

    La antipatía de Highsmith contra los seres humanos y su afinidad por los animales es bien conocida. La colección de cuentos El libro de crímenes bestiales del amante de los animales (1975), incluye historias como la de un elefante explotado, ratones, gatos y otros animales. En “El observador de caracoles” estos se multiplican porque Mr. Knoppert decide permitir que los caracoles gocen su ritual copulativo, se complace y lo considera un éxito dado el grado de relajación que obtiene por todo eso. Al final, los caracoles, en la repelente escena gótica final, lo matan, pero sin rencor o intención. El cuento “La búsqueda del exótico Clavering” es el que más se asemeja en su preocupación a los textos de El libro de crímenes bestiales del amante de los animales. En El mejor amigo del hombre: la evolución, la rabia y el perro gótico, Claire Charlotte McKechnie argumenta que la forma gótica del cambio de apariencia está ligada al período victoriano tardío: “Las imágenes góticas de cambio de apariencia y de transformación, oscilan entre los contextos históricos y sociales del período victoriano tardío y los cambios significativos en el ‘progreso’ médico y científico de las décadas del 1880 y 1890” (McKechnie: 2013, 1). “La búsqueda del exótico Clavering” no ocurre en la última parte del siglo XIX, sin embargo, incorpora las sensibilidades de esa época, en especial el deseo del profesor de zoología Avery Clavering de descubrir nuevas especies animales a los cuales pudiera nombrar con su apellido: “El profesor tenía 48 años. No temía morir pronto, pero no había alcanzado fama alguna, y el descubrimiento de una nueva especie lo inmortalizaría entre sus pares” (Highsmith: 1970, 61). Avery, a pesar de la advertencia de no viajar a la isla inhabitada para ver por sí mismo estos caracoles gigantes que los “nativos” habían descubierto, insiste en ir. Cuando llega a la isla, encuentra un caracol gigante, y luego muchos más. “Una cara gigante lo observaba con mejillas o labios caídos y ondulados, con antenas de seis pies de altura, con ojos en sus puntas que lo examinaban con atención. (…) Si la concha tenía entre 15 y 18 pies en diámetro, calculaba que el cuerpo o pie del animal sería de unas seis yardas, extendido” (69). Su orgullo y su sentido de seguridad occidental humano céntrica, le cegaba al hecho de que los caracoles se movían rápido y que lo iban a matar. Highsmith narra en uno de sus cuadernos cómo concibió la trama, primero como la revancha femenina sobre la invasión del mundo de estos caracoles por Clavering, y en segundo lugar, por haber matado a su compañero: “nuestro héroe, mata al macho”, escribió en su cuaderno, pero es liquidado por la hembra que deja su cuerpo abandonado con desdén para que sea devorado por los pequeños caracoles, de lo cual Clavering es consciente mientras es devorado vivo (Wilson: 2003, 261). El maravilloso final macabro revierte la tendencia humana a comer caracoles. La tortilla se da vuelta, con Clavering corriendo hacia el mar y finalmente reconociendo su destino: “Estaba con el agua hasta la cintura cuando tropieza, la cabeza sumergida cuando el caracol se estrella contra él con miles de pares de dientes mascando su espalda. Se va a ahogar y va a ser devorado” (Highsmith:1970, 84). El caracol habituado a ser desprovisto de alimento por varios días y luego hervido vivo, revierte la situación con la humanidad.

    He podido demostrar que, mientras Highsmith utiliza a los animales en su trabajo, el uso que hace de los caracoles es único. Otras criaturas en los textos que se han discutido, también pueden describirse como imágenes góticas, como los chinches, que también viven en el garaje de Vic: “Dos chinches se movían en un pedazo del colchón buscando carne y sangre, pero él no estaba de humor para ofrecer su mano esa noche y los dos chinches arrastraron sus flácidos cuerpos buscando donde esconderse de los rayos de la linterna” (Highsmith: 1957, 19). Si bien estas criaturas chupa-sangre aportan un escalofrío gótico al texto, no tienen ninguna otra función, como es el caso de los amados caracoles de Highsmith

  • Gabriela Mistral – A 130 años del natalicio de la niña que fue Lucila

    Gabriela Mistral – A 130 años del natalicio de la niña que fue Lucila

    A 130 años del natalicio de Lucila Godoy Alcayaga, la niña que el mundo conoció y conoce como Gabriela Mistral, su obra literaria y humanitaria, su figura y su pensamiento conservan intacta su vigencia en Chile y el mundo.

    Pero Lucila Godoy Alcayaga es mucho más que Gabriela Mistral, es merecedora de nuestra atención, de nuestro tiempo y de nuestro estudio. La niña que creció entre montañas, mirando el cielo y las estrellas, y que se inspiró no solo en la magnífica geografía que la rodeaba, sino que también en su pueblo, encontró a la escritura – tanto poemas como prosa– como el vehículo para expresar lo que veía y que otros ni siquiera se daban cuenta: la pobreza, falta de educación, falta de respeto hacia las mujeres, pueblos indígenas y en forma especial lo que a ella le afectaba emocionalmente a lo más profundo.

    Lucila no tuvo que leer sobre pobreza, falta de oportunidades y las dificultades de crecer en una familia con un padre ausente. Todo esto lo vivió y lo expresó. Considerando las condiciones en las que nació y creció, no había indicio alguno de lo que el futuro tenía reservado para ella. A los 14 años, en su artículo “El perdón de una víctima”, una joven, profunda y valiente L. Godoy A. en forma directa y simple escribe sobre el horror del abuso a una mujer. Pocos años más tarde, cuando tenía 17, expresaba su preocupación por la mujer en su magnífico artículo “La instrucción de la mujer”, publicado en la Voz de Elqui. Hoy, a más de un siglo de esta publicación, desgraciadamente, aún aplica a muchos lugares del mundo. ¿Podría alguien haber imaginado que en unos pocos años, Lucila sería admirada y conocida por su labor como maestra y poetisa? ¿Que llegaría a ser considerada una de las más importantes figuras intelectuales y literarias de su época y del mundo contemporáneo? ¿Que llegaría a ganar el reconocimiento mundial al recibir el Premio Nobel? La respuesta es probablemente no. Pero a pesar de todas las dificultades, lo logró. El mundo reconoció y valoró a Lucila de Elqui, quien se convirtió en Lucila del mundo.

    ¿Por qué es importante Mistral?:

    Gabriela Mistral representó en su época y representará siempre los mejores valores de nuestro país y del continente americano, en todas sus facetas: como maestra, poetisa, ensayista, cronista, diplomática y humanitaria. Podemos hoy tomar cualquiera de sus ensayos, pensamientos o críticas y darnos cuenta que sus preocupaciones son las de nuestro mundo contemporáneo.

    Desde el punto de vista literario, Gabriela Mistral fue la primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura. Este gran reconocimiento abrió las puertas e invitó a Europa y al mundo no hispano parlante a conocer y valorar nuestra rica producción literaria. “Este premio es de América”, dijo Gabriela el día de la recepción del Nobel. Y así fue, porque muchos escritores latinoamericanos se vieron beneficiados.

    ¿Por qué recordarla y establecer una fundación en Nueva York?:

    Nueva York jugó un rol de gran importancia en la vida de Gabriela Mistral. Fue la ciudad donde publicó su primer libro Desolación (1922); en donde enseñó (Barnard, Vassar); en donde desempeñó labores diplomáticas tanto consulares como en la Liga de las Naciones, ahora conocida como la ONU; en donde forjó importantes relaciones intelectuales y es el lugar donde falleció. Por estas razones, un pequeño grupo de personas, liderado por Heraldo Muñoz, y después de la entrega del legado de Gabriela Mistral a Chile, formó esta fundación sin fines de lucro en el Estado de Nueva York. Somos un grupo muy pequeño en nuestra directiva y contamos con un excelente Consejo Honorario, todos voluntarios. Creemos firmemente en la misión de nuestra organización y entregamos lo mejor de nosotros, porque Gabriela ciertamente lo merece.

    Es para nosotros un gran honor y un privilegio ser parte de la fundación que honra y lleva su nombre. Pero nuestra fundación va más allá de recordarla. Nuestra misión es promover el importante legado literario y humanitario de Gabriela Mistral y continuar su labor de ayuda a los niños y adultos mayores necesitados en su Chile natal. Esta labor la hacemos entregando programas y proyectos de ayuda que tienen un impacto positivo en la vida de aquellos que más lo necesitan. Por ejemplo: Misión Humanitaria Médica a Chile; donación de sillas de ruedas; donación de equipos médicos; donación de pianos, iPads, libros, etc.

    Trabajamos con niños y jóvenes para que conozcan a Mistral, haciendo presentaciones, talleres y concursos, para que encuentren el vehículo para expresar sus sentimientos a través de la poesía y ensayos. Nuestra labor es también promover la obra literaria de Mistral. Para este efecto, realizamos presentaciones y eventos tanto en EE.UU. como alrededor del mundo, invitando a quienes no la conocen a conocerla y a quienes la conocen “algo” que la conozcan más. Por esta razón, la fundación traduce en forma continua y extensa la obra literaria de Gabriela Mistral. Para conmemorar los 70 años del Premio Nobel, publicamos el libro bilingüe De Chile al Mundo. 70 años del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral (disponible en confin.cl). En el 2018, ad portas de la celebración de los 130 años del natalicio, la fundación lanzó la revista anual bilingüe The Mistral Review. El primer volumen está dedicado a “Gabriela Mistral, la biblia y el pueblo judío”. Un importante tema en la vida de Mistral y que encontramos a través de toda su obra.

    Destacamos que las publicaciones se han hecho totalmente ad honorem y todas las ventas, tanto del libro como de la revista, van en su totalidad a financiar los programas y proyectos de Gabriela Mistral Foundation. Nuestro objetivo es hacer una diferencia en las vidas de quienes están en necesidad. Pero también, ¿por qué no soñar con la posibilidad de abrir el horizonte y las posibilidades de los niños… ya que quizás entre ellos podemos encontrar a otra Gabriela? Lucila le perteneció a Elqui, pero Gabriela le pertenece al mundo. Más de 20.000 personas al mes visitan nuestro sitio web desde distintos rincones del mundo, quienes nos solicitan información, ayuda, material etc. Estamos convencidos que con ayuda, atención y oportunidades, los niños tendrán un futuro mejor y así también será el futuro de nuestro planeta.

    Para celebrar este importante hito, Gabriela Mistral Foundation entrega un obsequio a los niños de Chile, los niños de Gabriela. Se trata de un proyecto realizado en colaboración con Historias para todos, que consiste en un video libro con ilustraciones, animación, narración e interpretación de lenguaje de señas chilena titulado Lucila y las palabras. La vida de Gabriela Mistral. Este video libro estará disponible en forma gratuita por medio del sitio web de Gabriela Mistral Foundation, Inc.; Ministerio de Educación, Ministerio de las Culturas, el Patrimonio y las Artes; Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de sus consulados, e Historias para todos. Próximamente también estará disponible con narración en inglés

  • Rebeca Matte

    Rebeca Matte

    Movimientos sutiles, rostros expresivos, realismo viviente, minuciosas esculturas y un sin fin de sensibilidades emergen de las manos de esta pionera artista del siglo XIX: Rebeca Matte Bello. A través del fascinante relato de Isabel Cruz de Amenábar, conoceremos la vida y obra de la primera artista moderna en Chile.

    Escultora, chilena y mujer, Rebeca Matte es una figura paradigmática del arte y la cultura de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Una artista trágica en su modo de ser, una obra de potente dramaticidad y una época en que colapsa el antiguo orden para dar paso al mundo contemporáneo constituyen una trilogía donde el arte se configura y, a su vez, configura ese ámbito.

    Como escultora, se enfrenta al problema de la forma concreta por antonomasia y a sus avatares, cuando la herencia del clasicismo, mantenida a través de las academias artísticas, va cediendo paso a la palpitación vital de la modernidad. Como chilena, cuestiona el vínculo del artista con su lugar de origen y muestra la movilidad cultural; las redes e intercambios que nutren la obra de un creador. Como mujer, encara la emergencia, el modelado de su propia identidad femenina en un proceso de autogestión, audaz y doloroso, que provoca dilemas y quiebres, alimento a su vez, de su propia reflexión y quehacer artísticos.

    Nacida el 29 de octubre de 1875, Rebeca Matte es hija de Augusto Matte Pérez y de Rebeca Bello Reyes, nieta de Andrés Bello. El destino adverso del artista romántico se cumple para ella desde su nacimiento. Su madre, aquejada de una grave y desconocida dolencia psíquica, abandona sus funciones y, recluida en una de las propiedades de su esposo, vegetará privada de razón por más de 50 años.

    El padre, hombre múltiple, abogado y político, Ministro de Hacienda durante la guerra contra el Perú y Bolivia, empresario, diplomático y educador, toma a su cargo la formación de su única hija. Sus tareas públicas no le impiden orientarla y cultivarla excepcionalmente en relación a la educación femenina de la época. La lectura de los clásicos, la historia y la filosofía, clases de piano, aprendizaje de idiomas y todas las oportunidades culturales que podía ofrecer Santiago a finales del siglo XIX: exposiciones, visitas al Museo de Bellas Artes, ópera y teatro.

    Privada desde la más temprana infancia del cariño y del ejemplo materno, el temperamento introvertido y melancólico de Rebeca Matte es encauzado positivamente no sólo por el padre, sino también por la abuela materna, Rosario Reyes de Bello, quien estimula en la niña la sociabilidad y la discusión intelectual a través de un “salón”, donde reúne en su casa de la calle Miraflores a destacados hombres de letras e intelectuales de la época.

    Los avatares de la política, la muerte de Rosario Reyes y el proyecto de completar la educación de su hija, llevan a Augusto Matte a iniciar un voluntario autoexilio en París en 1889. Rebeca tiene 15 años y la capital francesa ofrece oportunidades culturales que la fascinan. Mientras el padre trabaja, Rebeca Matte completa su educación secundaria. En 1896, sin mediar un aprendizaje especializado, realiza sus primeras esculturas. El modernismo, entonces en pleno auge en la capital francesa, y su atracción por la mitología se fusionan en los bocetos en greda de los jarros “La Tierra”, “El Vino” y “El Agua”, los que traspasados después al bronce muestran una decidida impronta estética.

    Estas primeras obras, decisivas en su orientación artística, motivan al padre a viajar a Roma, la escuela del arte clásico por excelencia, en 1898 y matricular a su hija con uno de los maestros académicos más afamados del momento: Giulio Monteverde. El aprendizaje tradicional que recibe allí Rebeca Matte, junto a la visión del verdadero museo arqueológico al aire libre que constituye Roma en ese entonces y la frecuentación de las grandes colecciones artísticas de la Antigüedad y del Renacimiento, constituyen un sólido bagaje. Allí realiza, entre otras obras, un “Retrato de Augusto Matte” y una alegoría en mármol al modo clásico: “La Grecia”.

    Encauzada ya en la escultura —la más concreta y también la más ardua de las artes visuales, que en los años entre los dos siglos está aún en la cúspide de su función pública de didáctica cívica— Rebeca Matte, apoyada por su padre, continúa su aprendizaje artístico en París en 1899. Acude a la prestigiosa Academia Julian, institución especializada en la formación de mujeres artistas, a nivel europeo y latinoamericano. Ernest Dubois y Denys Puech son sus maestros. La huella de su estadía en Italia es perceptible en dos obras realizadas en este período: el mármol “Horacio”, y la figura en bronce de “Meditación”. Más que la huella de estos escultores académicos, la impacta en 1900, en la gran Exposición Universal de Artes e Industrias que tiene lugar en París, el genio poderoso y antiacadémico de Rodin, influencia que madurará posteriormente.

    Ese año de inicio del nuevo siglo es también el inicio oficial de Rebeca Matte como escultora, pues es aceptada, como primera artista chilena mujer, en el Salón de París, con dos obras de tema femenino: “Militza” y “Eco”. Por la primera obtiene una Mención Honrosa, que no había recibido anteriormente ninguna artista chilena.

    Joven promesa de la escultura chilena y latinoamericana, Rebeca Matte presenta su “Militza” junto a “Eco” en la Exposición Internacional de Buffalo, Estados Unidos, en 1901. Por ellas obtiene Medalla de Bronce en la categoría Bellas Artes. Es la única mujer chilena que muestra esculturas en este evento y también la única chilena premiada. Ese mismo año contrae matrimonio con el diplomático Pedro Felipe Íñiguez Larraín y un año después nace su hija Lily: María Eleonora Íñiguez Matte. La producción de los años siguientes es menos intensa, pero no se encuentra suspendida, como ha señalado la historiografía artística tradicional.

    Su vocación se fortalece y su viaje a Chile a finales de 1902, junto a su padre y su familia, donde permanece hasta comienzos de 1905, constituye para ella una prueba de que en su patria no se dan las condiciones para que ella pueda llegar a ser artista a cabalidad. El regreso a Europa de toda la familia, el período de desajustes y desavenencias conyugales que le sucede y la tónica de las obras de estos años —“Esclava en el mercado”, “Santa Teresa” y “Desesperanza”— constituyen un testimonio de la lucha interior que sostiene la artista, dividida entre sus deberes familiares y su carrera artística. Ello se ve agravado por la falta de un hogar estable y sus continuos desplazamientos entre París, donde reside con su esposo e hija, y Berlín, donde su padre cumple un nuevo período como diplomático.

    El conflicto conyugal estalla y también el conflicto psicológico de la escultora, quien pasa largas temporadas en lugares de reposo para mejorar sus “nervios”, como se denomina en esa época al estado anímico. Recuperada, cae enfermo el padre en Berlín, y Rebeca Matte se establece allí para cuidarlo. El clima intelectual que se respira en la capital alemana es marcadamente pesimista, ante el belicismo del Imperio y los fracasos para instaurar la paz. Se percibe que Europa, como civilización, declina y está a las puertas de la decadencia. Estas preocupaciones quedan plasmadas en los bronces que realiza en Berlín: “Crudo invierno”, “Un vencido” y “Hamlet”.

    Con la muerte de Augusto Matte, en febrero de 1913, la artista abandona Berlín y se establece en Florencia, junto a su hija Lily de 11 años, en un “villino” de la vía Faentina. Su esposo regresa a Chile para dedicarse a la política y viajará todos los veranos para estar con su familia. La ciudad del Arno acoge a Rebeca con sus tesoros artísticos. El halo prístino de sus pintores “primitivos”, la presencia del Dante y Miguel Ángel, la actualidad del tema patrimonial, del coleccionismo y la musealización, y la existencia de una elite intelectual cosmopolita y cultivada, que restaura y actualiza antiguas viviendas para mantener la tradición, seducen a Rebeca Matte.

    En Florencia concluye la escultora, a fines de 1913, el primero de sus grandes monumentos, gestado en los días de Berlín imperial y el pangermanismo belicista, al que premonitoriamente titula “La Guerra”. Es instalado en los idílicos jardines del “Palacio” edificado para sellar la paz entre las potencias europeas, como contribución del gobierno de Chile a esta causa, en el verano de 1914, momento en el que estalla el conflicto. A pesar del clima de angustia que se vive en toda Europa y del ingreso de Italia a la guerra en 1915, Rebeca Matte viaja y trabaja intensamente durante este período, el más productivo de su vida.

    Su amor por la naturaleza, el paisaje y la vida retirada de la densidad urbana la han decidido a adquirir una villa antigua en las colinas de Fiésole, en medio de un anfiteatro montañoso que circunda Florencia y desde donde se goza de una vista privilegiada de la ciudad. La restaura, acondiciona e instala allí un gran taller, donde transcurre su jornada. La extraordinaria acogida de “La Guerra” entre la crítica especializada florentina y el respaldo de las asociaciones artísticas internacionales la motivan a continuar creando. La Academia Latina de Ciencias, Artes y Bellas Letras de París le otorga, en 1914, el Diploma de Miembro de Honor. Asimismo, le llegó el reconocimiento de parte de la Sociedad Académica de Historia Internacional, que la nombra Miembro de Honor en 1915. Las desilusiones y quiebres provocados por el conflicto y sus lecturas de los clásicos y la poesía simbolista, la motivan en la realización de dos mármoles de gran formato: “Ulises y Calipso” en 1915 y “Los ciegos” en 1916.

    1917 es para Rebeca Matte un año de triunfos y realizaciones Una artista trágica como ella creaba sus más logradas obras en ese ámbito de absoluta devastación. Mientras los soldados italianos caen por miles en el frente véneto, concluye otro monumento que le ha encargado el gobierno de Chile, para conmemorar otro episodio dramático: el de los “Héroes de la Concepción”; la gesta de los héroes-niños, acribillados, mutilados y carbonizados en esa aldea de la sierra peruana el 9 y 10 de julio de 1882. Conjuntamente le llega el máximo reconocimiento institucional; la Academia de Arte y Diseño de Florencia —fundada en 1563 con la protección del duque Cosme de Medici, bajo la dirección del pintor y tratadista Giorgio Vassari, cuyo primer miembro fue Miguel Ángel— la nombra miembro. Es una de las primeras mujeres en la historia de la institución y no había hasta ese momento artistas chilenos ni sudamericanos que hubiesen recibido esta distinción.

    Los desórdenes sociales en Italia con posterioridad a la conclusión de la guerra, hacen que la vida allí sea difícil para Rebeca Matte y su hija. Con todo, ella continúa trabajando recluida en su taller y realiza obras como “Silencio. Retrato de Ignacia Zañartu” y el pequeño bronce “Lasitud”. Otra gran tragedia adviene sobre Rebeca Matte en 1921. Su hija Lily, de 19 años, enferma de tuberculosis y debe ser trasladada al sanatorio de Leysin en Suiza. La artista se ve dividida entre sus funciones maternales y su carrera artística. Pero no vacila; la niña la necesita y acude a acompañarla.

    Como no puede ascender a la montaña con los pesado materiales de su escultura, reparte su tiempo entre Suiza y Florencia, donde alcanza a concluir dos de sus grandes monumentos: “Dolor”, iniciado en 1913 a la muerte de su padre y que termina tras el fallecimiento de su madre, en 1922, y “Unidos en la gloria y en la muerte”, encargado una vez más por el gobierno de Chile, para donarlo a Brasil con motivo de su independencia. Una nueva etapa se abre en la vida de Rebeca Matte, dedicada no ya al cultivo del ideal artístico, sino a la práctica del mensaje cristiano de la caridad. Ha redescubierto el catolicismo de su infancia. Los enfermos y los abandonados son la nueva materia a la que dedica sus desvelos, como ella misma lo testimonia por escrito.

    También la escritura —poesías, prosa poética, pequeñas oraciones y correspondencia— se le muestra como una nueva vertiente artística que actualiza la herencia intelectual del bisabuelo Andrés Bello. La muerte de su hija Lily en 1926, a los 24 años, es un golpe que la conmueve hasta los cimientos de su ser. Dotada escritora, Lily deja un interesante y conmovedor “Diario” y un tomo de poemas en francés, “Breve Chanson”, que su madre hace publicar en Milán.

    En memoria de su madre y de su hija concibe una fundación de caridad que acoja en Chile a las niñas más desamparadas, “Los Nidos”, palabra que es para ella sinónimo de calor de hogar. Con la salud quebrantada viaja a Chile en 1927 para dar a conocer los poemas de su hija e inaugurar su fundación, proyecto en el que la secundan su marido y fieles colaboradoras. Permanece en la patria hasta comienzos de 1929. De regreso a su villa La Torrosa en Florencia, sola entre sus mármoles y enredaderas, ha podido exclamar: “Sufrirlo todo, para amarlo todo”.

    Muere el 14 de mayo de 1929. Una ola de fervor y de admiración recorre a su patria. Se le tributan homenajes en Italia y en Estados Unidos. Es ya una figura artística de relieve universal, que en Chile adquiere las connotaciones de un mito: el mito de sus artistas que los países conforman para construir su identidad cultural. Pero el tiempo, el olvido o los cambios de gusto, pueden privar a una figura artística de su relieve e incluso borrarla del horizonte cultural de un país.

    Es un deber de justicia rescatar a Rebeca Matte y su arte, un deber con su personalidad y su obra, con una artista notable, una mujer extraordinaria, cuya concepción de la belleza traspasa el contexto estético para volcarse hacia el ámbito moral; al heroísmo, al amor, a la caridad. He ahí el mensaje de Rebeca Matte, que sus manos de mujer han transmitido íntegro: en sus mármoles, en sus bronces.

  • Pedro Lira

    Pedro Lira

    Pedro Lira nació en Santiago el 17 de mayo de 1845, en una familia acomodada, y sus padres fueron don Santos Lira y doña Teresa Rencoret. Desde sus primeros años se hizo evidente que Pedro tenía talento para diferentes manifestaciones artísticas, especialmente para la pintura y la poesía.

    Lira cursó sus estudios en el Instituto Nacional. Pero el colegio no ocupaba toda su vida: aprovechaba su tiempo libre para pintar. A los 16 años, participó en la exposición de pintura para aficionados organizada por la sociedad de Instrucción de Educación Primaria, donde logró favorables comentarios. Además se inscribió en la Academia que entonces dirigía Alejandro Cicarelli y fue alumno de Antonio Smith.

    Estaba seguro de que su vocación era la pintura, pero a su familia la decisión no le agradaba. Don Santos lo presionó para que entrara a estudiar Derecho a la Universidad de Chile, y Pedro aceptó. Mientras cursaba Leyes asistía también a la Academia. Cuando se tituló en 1867, renunció al mundo de la abogacía y optó por el arte. Cuatro años después se casó con Elena Orrego Luco, con quien luego tuvo tres hijos, Alberto, Jorge y Pedro. En 1873, el pintor decidió ampliar sus horizontes culturales en París y conocer directamente las obras de sus artistas favoritos, como Delacroix.

    Su educación, influida por el modelo francés, le permitió orientarse en el panorama parisino, y su personalidad cercana al romanticismo lo llevó a inclinarse por un perfeccionamiento, siguiendo los últimos ecos de ese movimiento. Pero en esas décadas finales del siglo europeo era el realismo el que marcaba la tendencia artística y el inquieto pintor rápidamente adquirió algunos rasgos de este movimiento. Luego de 10 años, Pedro Lira volvió definitivamente a Chile en 1882. Con este regreso se inició la etapa que sus estudiosos han considerado “el periodo más fecundo de su carrera como pintor, crítico y maestro”. En esos años Lira se estableció como el referente más importante del panorama artístico nacional, tanto por la calidad de su pintura como por el peso que tuvo su opinión como crítico de arte, además de su activo trabajo por impulsar eventos y políticas que fortalecieran la escena artística nacional.

    En sus últimos años el artista continuó, infatigable, influyendo en el panorama cultural chileno con su quehacer artístico. Aunque la diabetes lo tenía bastante mal, el espíritu de Lira conservaba el ímpetu de su juventud. Murió a los 66 años en Santiago, el 20 de abril de 1912, dejando tras de sí un legado fundamental para el arte chileno.

  • La Resurreción de G.K. Chesterton

    La Resurreción de G.K. Chesterton

    Después de décadas de indiferencia, hoy vemos en los jóvenes un renovado interés por la obra de G.K. Chesterton. Así queda demostrado con el aumento en la venta de sus libros, con el interés de los alumnos universitario de pre y postgrado  en los cursos que se imparten de este importante autor, y en la asistencia a las conferencias que se realizan en su nombre.

    “Las noticias de mi muerte han sido muy exageradas”, bromeaba Mark Twain al saber que su obituario había sido publicado en un diario local. De todas maneras debe haber sido una experiencia halagadora para este gran escritor norteamericano leer su propia muerte estando aún vivo. Sería aún más halagador para él si supiera que sigue vivo tantos años después de su muerte. Sin embargo los autores que sobreviven en sus libros, están sentenciados a sufrir una segunda muerte cuando pasan al olvido. C.S. Lewis estaba convencido de esto, que sus libros serían leídos mientras él viviera, pero que sería olvidado años después de su muerte. Cuán equivocado estaba!

    Que alentador es saber que un autor cristiano como C.S. Lewis esté viviendo un renacimiento, y aún más alentador es saber que G.K. Chesterton, cuya obra es una defensa a la Verdad Cristiana esté viviendo este mismo fenómeno: “Hace veinte años había menos de diez obras de Chesterton en imprenta” asegura Dale Ahlquist, presidente de la Sociedad Americana de Chesterton: “Hoy, hay más de setenta, incluyendo nuevas colecciones de material inédito. Y más títulos salen a la luz”

    El entusiasmo de Ahlquist es igual al de Tony Ryan, Director de Marketing de Ignatius Press: “Claramente las ventas de los libros de y sobre Chesterton han aumentado notablemente en los últimos diez años” dice Ryan, “lo que es una gran noticia para la Iglesia y los Católicos en el mundo ya que Chesterton fue un autor muy prolífico que tocó temas muy importantes para el género humano”.

    Pocos habrían pensado en los años  ́ 60 que la popularidad de Chesterton viviría un renacimiento. En esa época eran pocos los fanáticos que leían su obra. En Estados Unidos el padre Ian Boyd fundó en 1974 el “Chesterton Review” que es en la actualidad el periódico literario más importante del mercado académico. En los 80′, cuando yo era un adolescente y conocí la obra de Chesterton, era fácil encontrar sus obras y había ediciones baratas en las librerías que habían sido vendidas por conventos o teólogos más liberales. No es una locura hacer un paralelo entre el renacimiento del interés por las obras de Chesterton y la disminución de las vocaciones pertenecientes a las órdenes que siguieron las enseñanza del Concilio Vaticano II. El mismo análisis podemos hacer con la obra de C.S. Lewis y el anglicanismo. Así, podemos imaginar que, mientras más gente lee a C.S. Lewis, menos gente asiste a las misas anglicanas. Y, claro, los millones de lectores de C.S. Lewis deben agradecerle a Chesterton ya que a él le debe Lewis su conversión: “Al leer a Chesterton no sabía en lo que me estaba metiendo”.

    La lógica inexorable y el encanto irresistible de Chesterton en su apología al Cristianismo de “El Hombre Eterno” terminó por derrumbar el ateísmo de Lewis: “Al leer el Hombre Eterno encontré sentido al Cristianismo por primera vez”. Y no es sólo Lewis quien debe a G.K Chesterton su conversión, hay una horneada completa de escritores que se rindieron al ingenio y sabiduría del escritor. Entre ellos destacan Maurice Baring, Ronald Knox, Christopher Dawson, Theodor Maynard, Alfred Noyes, y Graham Greene. Hoy no sólo más gente lee a Chesterton, sino que se ven cada vez más conversiones como consecuencia de esta lectura.

    Dawn Eden, una periodista rockera y de vida disipada leyó por casualidad “El Hombre que fue Jueves” y quedó tan impresionada por la verdad encerrada en ese libro que lo leyó dos veces más y luego leyó todo lo que pudo sobre el autor. Esta periodista no sólo se convirtió sino que además, su conferencia “La Mujer que Tenía Sed: cómo leer a Chesterton me llevó a mi conversión” fue la principal en la última “Chesterton Conference” en Saint Paul, MN. Esta conferencia, que en los   ́ 80 congregaba a un poco más de 20 personas, hoy atrae a quinientas. Vienen de tan lejos como Australia o Nueva Zelanda y no solo a oír las conferencias, sino que a vivir el espíritu chestertoniano. Los sedientos participantes llevan vino hechos en viñas personales gratis, mientras que el agua en botella debe ser comprada. Esto habría sido aprobado por Chesterton que decía “no me importa donde el agua vaya, mientras no sea a mi vino”.

    Esta Conferencia anual es organizada por la Sociedad Americana Chesterton, una organización que es el eje del renacimiento de la obra de GKC. Su sitio web (www.chesterton.org) tuvo 100 mil visitas los primeros seis años, y en los cuatro siguientes ha excedido medio millón. También publican “Gilbert Magazine, más popular y fácil de leer que la académica “Chesterton Review”. Es increíble ver como los moradores de la postmodernidad buscan detener la ola emergente de interés por la obra de Chesterton: “De todas partes del mundo me buscan alumnos de pre y postgrado para hacer sus tesis sobre Chesterton”, dice Ahlquist. “Lo han descubierto pero el problema es que muy pocos profesores saben de él. La Asociación Americana es, por supuesto, el mejor lugar para ayudarlos”.

    Yo soy uno de esos profesores que descubrieron a Chesterton y que, gracias a Dios, encontraron entre sus palabras la Verdad y me convertí al Catolicismo. Yo lo enseño siempre en mis clase de Literatura del Siglo XX e incluyó “El Hombre que fue Jueves” y “Lepanto”. En el 2006, el curso “Chesterton y Belloc” fue el electivo más popular en la Ave María University, de Naples Florida. La generación más joven es la más entusiasta por los escritos de Gilbert Keith Chesterton y cada vez se lee con mayor interés toda su obra. Puede que con esta nueva popularidad del escritor algunas de sus obras, en un futuro no muy lejano, sean llevadas al cine. Ya hemos visto en la pantalla gigante la magnífica obra de Peter Jackson con el Señor de los Anillos de Tolkien y con las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis representadas con Disney. Con esto ya sabemos que la moral y la literatura cristiana vende en la taquilla. Esto sería magnífico, pero por ahora nos conformamos con saber que Chesterton vive en el siglo XXI. Su lugar no está en la tumba de los autores cuya influencia se desvanece como una moda. Ocupa un lugar de honor entre los vivos. No lo busquen junto a los hombres de letras que ya se han ido. No está ahí. Ha resucitado de su muerte.

  • J.R.R Tolkien y la Guerra

    J.R.R Tolkien y la Guerra

    Tolkien vivió en carne propia el trauma de la Primera Guerra Mundial, probablemente el conflicto bélico más traumático de la historia inglesa. En este relato, en el que lo amargo y lo dulce se entremezclan, sir Martin Gilbert cuenta lo que oyó de la boca del escritor cuando se conocieron como profesores en la Universidad de Oxford.

    J. R.R Tolkien y la batalla del Somme están intrínsecamente unidos. Aprendí esto hace cuarenta y cuatro años, tras haber sido elegido para mi primera entrevista universitaria en el Merton College de la Universidad de Oxford, cuando yo tenía veintitrés años. En esos días existía una norma muy estricta en las comidas de los college. La autoridad se sentaba al centro, los miembros más antiguos a ambos costados de él y los miembros novatos en la parte final de la mesa. También al final estaban los miembros eméritos, hace largo tiempo retirados, muchas veces venerables y grandes guardianes del nombre del college. Muchos de ellos habían servido en la Primera Guerra Mundial. Cuando descubrían un historiador  nuevo en el ambiente, se sentían muy contentos de poder hablar de esos días distantes de más de cuarenta años atrás. A algunos les gustaba cantar las canciones de las trincheras, en  una versión más ruda de la que se cantaba en esa época. Tolkien era más reticente, de hecho jamás se auto glorificaba y se negaba a embellecer esos recuerdos.

    En 1916, Tolkien de veinticuatro años era segundo lugarteniente de los fusileros de Lancashire. En la tarde del 14 de julio, dos días después de comenzada la batalla del Somme, su batallón fue enviado al frente. Lo que más tarde llamó “el horror animal” de las trincheras era para entonces deconocido para él. Pronto se enteraría que uno de sus más cercanos amigos, Robert Gilson, había muerto ese mismo día. Gilson era dos años menor que Tolkien, había escrito a su casa dos días antes de su muerte. “El tronar de las armas durante la noche es hasta hermoso- no se siente muy terrible. Suenan los enormes estruendos, pero como una garra que irrumpe en una escena pacífica. Sería maravilloso poder estar a cientos de millas de la línea de fuego otra vez”

    Tolkien debió experimentar muchas noches como ésta, incluso tendrá que perder más amigos. El 22 de julio, tres días después de su primer turno de cinco días en la trinchera, su amigo Ralph Payton murió en acción y su cuerpo de Payton nunca fue identificado, su nombre está inscrito hoy en el Memorial Thiepval a los desaparecidos. Dos días después que Payton murió, Tolkien regresó a las trincheras por un segundo turno de cinco días de deberes en la línea del frente. Como oficial de señal del batallón, su objetivo cada vez que iba “arriba a la linea” era supervisar las comunicaciones de la posta del comando de la brigada en una milla y media tras las trincheras. El mejor método de comunicaciones era a través de palomas.

    Cuando hablábamos de esos lejanos tiempos, Tolkien recordaba, tan vívidamente como si fuese ayer, el constante daño de la artillería alemana en las zonas circundantes, acompañados de sus chirridos y bramidos, las nubes de polvo y lodo, y los llantos desconsolados de hombres que habían sido heridos. Como todos los soldados de la Primera Guerra Mundial en la comida del college, Tolkien sabía que su historia sonaba anticuada comparada con las memorias más recientes de aquellos que habían peleado en la Segunda Guerra Mundial. Algunas veces me dijo, en palabras que más tarde usó en la segunda edición de El Señor de los Anillos: “parece que para ser tomado en cuenta por la juventud, 1914 no es una experiencia en comparación con los hechos ocurridos desde 1939 en adelante”.

    Cuarenta y cuatro años antes de mis conversaciones en el Merton College con Tolkien, pasé por la Iglesia Católica de Bertrancourt, tres millas atrás de la antigua línea del frente. Ahí el 6 de Agosto, asistió a misa, antes de partir a la mañana siguiente a la primera línea de la trinchera. Era su tercer turno en la parte alta de la línea y había sido afortunado. Durante los cinco días que estuvo a cargo de las comunicaciones, no hubo ningún asalto y sólo cuatro hombres murieron. Uno escribió “solamente” porque, en ese tiempo, la muerte de cuatro soldados de un batallón parecía un número muy reducido.

    Como muchos otros soldados, Tolkien hablaba de la desolación, del vacío de las cosas cotidianas de la vida que muchos sentían en el campo de batalla. Pero ahí no había falta de acción. El 27 de Septiembre Tolkien estaba de vuelta en el frente, organizando las comunicaciones entre el laberinto de astilleros del bosque de Thiepval, como parte de la lucha vana de subatallón por entrar al Schwaben Redoubt, un importante punto fuerte alemán que había resistido a todos los esfuerzos de ser capturados desde el primero de julio. Al día siguiente cuando el batallón realizaba una incursión efectiva sobre una ametralladora alemana que había causado varias bajas con sus ataques, más de treinta alemanes fueron prisioneros.

    Tolkien, que hablaba alemán, recordaba con un gesto, entre de asombro y risa, que cuando le ofrecía agua a los oficiales alemanes heridos, éstos aceptaban, pero no sin antes corregir su pronunciación. Tolkien y su equipo eran siempre vulnerables. Uno de ellos, el soldado Sydney Sumner, desapareció tras un intenso bombardeo el 9 de julio. Por dos meses no se encontró ningún rastro de él. “Querido señor”, escribía su mujer a Tolkien con esperanza y desesperación, “No me importaría si sólo pudiera saber cómo se fue”, y agregaba. “Yo sé que todos no se pueden salvar y regresar a casa”. Sumner había dejado una hija de tan sólo un año. Su nombre está en el Memorial Thiepval de los desaparecidos: un memorial con más de 73.335 nombres grabados. Ninguno de esos hombres fue nunca reconocido debido a la crueldad del campo de batalla, otra cara del “horror animal” del que hablaba Tolkien.

    El 21 de octubre Tolkien estaba otra vez en la línea del frente con sus compañeros y seguían a las primeras oleadas de infantería, la que había atrapado una trinchera alemana frente a ellos. Durante el ataque, una granada alemana alcanzó a uno de sus compañeros. Otros pudieron rescatar el canasto de palomas del equipo. Al día siguiente el encargado del batallón, el capitán Evers, quien había desaparecido  durante la contienda, regresó a las línea británicas cubierto de sangre. Había pasado la noche en la llamada tierra de nadie, bajo el fuego de la artillería alemana, tendido bajo los heridos.

    El 26 de Octubre, cuando estaba de reserva, el batallón de Tolkien fue inspeccionado por Sir Douglas Hais. Al día siguiente Tolkien cayó enfermo. Había contraído la llamada “Fiebre de la trinchera”, una bacteria en el sistema sanguíneo. Tras esto no volvería al servicio. El 18 de noviembre, el último día de la Batalla del Somme, Tolkien fue evacuado a Inglaterra. Nunca olvidaría esos cinco meses en el Somme. En El Señor de los Anillos, Sam Gangee- el personaje ficticio del cual Tolkien dice que se trata de una “reflexión acerca del soldado inglés  anónimo que él conoció en la guerra de 1914, a quienes reconoce superior a él mismo” viaja, “sosteniendo sus pies en una vieja raíz o alguna mata de hierba. Se caía y sentía el peso en sus manos, las cuales transpiraban desde sus pegajosas heridas, de manera que su cara era llevada cerca de la superficie oscura. Había un casi imperceptible silbido, un fétido olor subía… Sacando sus manos del charco volvía a romper en llantos: había cosas muertas, caras muertas en el agua” decía con horror.

    Me siento orgulloso de haber podido contar la historia de una batalla en la cual  mi primer testigo fue Tolkien.

  • G.K. Chesterton un autor que cautiva el alma

    G.K. Chesterton un autor que cautiva el alma

    El encuentro con Chesterton es una experiencia maravillosa que se disfruta intensamente. Su vehemencia, su sabiduría, su sentido del humor, su bondad, su inteligencia, su capacidad para maravillarse aún de las cosas más pequeñas y cotidianas provocan asombro. Con Chesterton pasa, que uno cree descubrirlo, cuando en realidad es él quién nos atrapa.

    G. K Chesterton es un personaje que despierta la curiosidad del lector por conocerlo más, por leer su obra, por entenderlo; pero escribir sobre él es una tarea difícil porque siempre queda la sensación de no hacerle plena justicia. Su pluma y su retórica tienen tanta profundidad y sabiduría que sería presuntuoso decir que a través de estas líneas vamos a conocerlo en toda su verdadera dimensión. Las siguientes páginas son sólo una aproximación a su genio y a su persona, un bosquejo, para tratar de entender al hombre que a través de sus ideas marcó definitivamente a la gente de su tiempo y cuyo pensamiento trascendió, con la misma fuerza de entonces, hasta nuestros días.

    Joseph Pearce, escritor inglés, autor de numerosas biografías, entre ellas la del mismo Chesterton, visitó el año pasado nuestro país invitado por la Universidad Gabriela Mistral. En una de sus charlas contó que en su juventud había sido activista, violento, racista y sobre todo anti- católico. Su agresividad, que lo hacía salir a las calles a gritar y provocar desórdenes lo llevó dos veces a la cárcel. La segunda vez cayó en sus manos en forma accidental un libro de Chesterton “La Poza y los Charcos”. Esta lectura le hizo reflexionar profundamente y al poco andar se convirtió al catolicismo.

    Pearce en su libro “Los Autores Conversos” relata la influencia que tuvo este autor en la conversión de numerosos escritores ingleses de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Fueron muchísimos los que influenciados por la pasión, por la vitalidad y por los argumentos de G.K. Chesteron se convirtieron al catolicismo. Dice Pearce: “El profundo agradecimiento de Belloc, ante ese ejército de conversos, tenía como objeto, en buena parte al menos, a la obra de su amigo G.K. Chesterton. Fue éste antes que cualquier otro escritor, quién en la primera década del nuevo siglo se midió con el laicismo, plantando batalla a “herejes” como Shaw o como Wells, con una amable jovialidad que se pegaba. El cristianismo de Chesterton era contagioso y gracias a sus penetrantes paradojas y a su quijotesco entusiasmo, muchos comenzaron a descubrir el atractivo de la ortodoxia” .

    Pero lo curioso es que mientras sus obras y su testimonio convencían a los demás de engrosar las filas de la Iglesia de Roma,  el propio Chesterton no daba el paso decisivo. Dice Luis Ignacio Seco en su libro, Chesterton, un Escritor para todos los Tiempos: “Eran muchos los que se preguntaban dentro y fuera de la Iglesia Católica que detenía a Chesterton en el umbral de su decisión. En Herejes (1905) en Ortodoxia (1908) y en escritos posteriores estaba claro que veía a Dios en Jesús de Nazaret, que admiraba la fidelidad de la Iglesia a su mensaje a lo largo de los siglos, que hablaba de los sacramentos como encuentros de Dios con los hombres, que contemplaba al hombre como hijo de Dios”.

    Jorge Luis Borges, considerado por muchos uno de los mejores escritores del siglo XX, era un gran admirador de Chesterton y en el primer Ensayo que escribió sobre él se había declarado el más devoto de sus lectores. En el segundo Ensayo escrito después de la muerte de Chesterton en 1936 dijo: “Pienso que Chesterton es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo y ello no sólo por su venturosa invención, por su imaginación visual o por la felicidad pueril o divina  que traslucen todas sus páginas, sino por sus virtudes retóricas, por sus puros méritos de destreza”.

    Además de citarlo siempre en sus conferencias, entrevistas, ensayos, artículos y cuentos, Borges hizo una maravillosa traducción al español de su poema Lepanto. Debemos agregar que Borges declaró siempre su gusto por la literatura inglesa y dentro de ella por Chesterton especialmente. Todos estos elementos, despiertan la curiosidad por conocerlo,  por leer su obra y todo lo que otros han escrito sobre él. El encuentro con Chesterton es una experiencia maravillosa que se disfruta intensamente. Su vehemencia, su sabiduría, su sentido del humor, su bondad, su capacidad para maravillarse aún de las cosas más pequeñas y cotidianas provocan asombro. Con Chesterton pasa, que uno cree descubrirlo, cuando en realidad es él quién nos atrapa.

    ¿Quién es Gilbert K. Chesterton?:

    Que difícil tarea la de tratar de describir a este hombre, poeta, ensayista, escritor, periodista, orador, polemista, porque como dice Luis Ignacio Seco: “A Chesterton hay que verlo de cuerpo entero, como lo vio Borges y como lo ven en definitiva la multitud de lectores anónimos que una vez descubierto ya no le abandonan.  Hay que verlo como un solitario genial que entró de rondón en la transición del siglo XIX al XX, que fue un testigo excepcional de su época y que supo trazar diagnósticos tan certeros que siguen y seguirán sobre el tapete de la Historia”

    Y aún así, viéndolo de cuerpo entero, hay partes de él que se nos escapan, su vida es tan intensa, tan vertiginosa, que en esta  loca carrera por alcanzarlo lo perdemos y lo encontramos una y otra vez. Su pensamiento vuela, sus ideas se multiplican, su pluma corre entre uno y otro tema, sus argumentos sólidos y punzantes “Pienso que Chesterton es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo y ello no sólo por su venturosa  invención, por su imaginación visual o por la felicidad pueril o divina que traslucen todas sus páginas, sino por sus virtudes retóricas, por sus puros méritos de destreza” Jorge Luis Borges

    Considerado un gozador de la vida, siempre defendió el buen tomar en oposición al abuso. “Si hay un grupo tomando cerveza y riéndose siempre son católicos“especial desarman a cualquier adversario, su marcha es incansable, su imaginación sin límites. Su apariencia es única. Es un hombre gordo, grande, majestuoso, vestido con una amplísima capa para cubrir su gordura y desaliño, un sombrero de ala ancha y un bastón. Su físico es imponente, más de un metro noventa de estatura y alrededor de ciento treinta kilos de peso. Se ríe de sí mismo como nadie: “no soy tan gordo como parezco, dijo una vez en una conferencia, es que me ven ustedes amplificado por el micrófono”. El humor y la alegría no lo abandonan nunca. Alfonso Reyes en el prólogo de El Hombre que fue Jueves lo describe así: “Siempre combativo, de una combatividad alegre y tremenda, tiene un buen humor y una gracia de hombre gordo, una risa madura de hombre de cuarenta y cinco años. Su cara redonda, sus cabellos enmarañados de “rorro”, inspiran una simpatía instantánea”

    Chesterton nació en Londres un 29 de mayo de 1874 y murió en 1936. Con su clásico sentido del humor nos cuenta en su Autobiografía de su infancia y de su familia “Lamento no tener un padre siniestro y brutal que ofrecer a la mirada pública como la verdadera causa de mis trágicas inclinaciones; ni una madre pálida y aficionada al veneno, cuyos instintos suicidas me hayan abocado a las trampas del temperamento artístico. Lamento que no hubiera nadie en mi familia más audaz que un tío lejano ligeramente indigente y siento no poder cumplir con mi deber de hombre verdaderamente moderno y culpar a los demás de haberme hecho como soy. No tengo muy claro como soy, pero estoy seguro que soy responsable en gran medida del resultado final” y más adelante agrega: “Lo maravilloso de la niñez es que cualquier cosa en ella puede ser una maravilla. No era simplemente un mundo lleno de milagros, era un mundo milagroso”

    Y no cabe duda que en el resultado final influyó sobremanera esa infancia prodigiosa y feliz aunque en su adolescencia y juventud Chesterton buscará por diferentes caminos esa Verdad que llegó finalmente después de varios años dándole todo el sentido a su existencia. Dice Luis Ignacio Seco: “El valor más efectivo en la vida y la obra de Chesterton fue su inquietud religiosa, su necesidad de buscar respuestas a los interrogantes ineludibles para dar sentido a su existencia y a la ajena”

    Después de esta infancia feliz y llena de recuerdos mágicos, Chesterton se enfrentó a una juventud llena de dudas y escepticismo. A pedido de su padre ingresó a la Slade School para estudiar dibujo y pintura, pero la dejó al poco tiempo para dedicarse a escribir. Comenzó a interesarse por el espiritismo y la literatura teosófica, conocida también por ocultismo. Como él lo cuenta en su Autobiografía fue una época oscura de su vida, se sentía sumido en el pesimismo del entorno y entonces para librarse de esa pesadilla con la ayuda de la filosofía, pero no todavía de ninguna religión, se inventó una teoría mística que lo sacara de todas las pesadillas de su alma. Sintió que todavía había un pequeño hilo de agradecimiento que lo ligaba a una cierta religiosidad: “Lo que me sorprende al volver la vista a mi juventud e incluso a mi adolescencia es la enorme rapidez con la que se cree estar de vuelta de lo fundamental y con la que incluso se niega lo fundamental”

    Años después trata de plasmar todo este proceso en su libro “El Hombre que fue Jueves” y que pone como subtítulo: Pesadilla. Pero sigamos intentando delinear a este hombre, que sorprende por su capacidad infinita de reinventarse a sí mismo y reinventar el mundo con él. Valiente, audaz, se lanzaba siempre a la defensa de lo que creía justo, estaba al lado del hombre de la calle, del hombre común como gustaba llamarle. Fue tildado de anti imperialista y de ser pro boer y lo era. Para él los boers eran los verdaderos patriotas y justificaba ampliamente que usaran las armas para defender sus campos y sus casas que los usurpadores británicos querían quitarles. Argumentaba a quién quisiera escucharlo de su repudio tanto al socialismo como al capitalismo.

    Defensor acérrimo de la propiedad privada, apoyó abiertamente la corriente llamada del distributismo impulsada por la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII y que era en definitiva la Doctrina Social de la Iglesia. Le molestaba el materialismo imperante y sobre todas las cosas odiaba la sociedad industrial y el progreso. Tuvo un largo noviazgo con Frances Blogg, a quién amó apenas conocerla y a quién siguió amando toda su vida. Se casó con ella en 1901. Callada y tranquila, Frances comprendía y aceptaba el carácter desbordante y a veces excéntrico de su marido.Hay una anécdota que relata el mismo Chesterton que es de la época en que viajaba dando conferencias por toda Inglaterra, y que lo pinta de cuerpo entero: “Cuentan que un día de aquellos envié un telegrama a mi esposa, que estaba en Londres, y que decía así:”Estoy en Market Harborough. ¿dónde debería estar?. No recuerdo si la historia es cierta, pero no es improbable ni creo que sea poco razonable”

    En esa infancia feliz tuvo un papel importantísimo su queridísimo hermano Cecil, cinco años menor que él, que murió al final de la Primera Guerra Mundial: “Nació cuando yo tenía casi cinco años; tras una breve pausa empezó a discutir y continuó discutiendo hasta el final, porque estoy seguro que discutía enérgicamente con los soldados entre los que murió, en las gloriosas postrimerías de la Gran Guerra” Dice Chesterton que cuando Cecil nació, se alegró pensando que al fin iba a tener público que lo escuchara. Que equivocado estaba. Cecil resultó tanto o más vehemente y testarudo que su hermano Gilbert. Sus discusiones eran interminables y así lo recuerda en su Autobiografía “No dejamos de discutir en toda nuestra adolescencia y juventud, hasta convertirnos en una auténtica pesadilla para nuestro círculo social. Nos gritábamos de un lado a otro de la mesa, a propósito de Parnell, el puritanismo o la cabeza de Carlos I, hasta que los más próximos y queridos huían al vernos aparecer y solo encontrábamos un enorme desierto alrededor”

    Con cierta alegría llena de nostalgia Chesterton aclara en su Autobiografía que a pesar de sus interminables discusiones no riñeron jamás. Pero indudablemente las dotes de polemista de su hermano las consideró siempre extraordinarias: “El hombre acostumbrado a discutir con Cecil Chesterton no tiene porqué temer discutir con nadie” Cecil era un “pagano más rebelde”, gran enemigo de los puritanos, Gilbert defendía, aunque tibiamente, el idealismo y la religiosidad victoriana. Ambos hermanos, socialistas y agnósticos en un comienzo, terminaron juntos en la fe católica. Cecil lo hizo primero, Gilbert varios años después.

    Tuvo amigos y muy buenos. Pero hay dos que están demasiado unidos a su vida y no se pueden dejar de nombrar: Hilaire Belloc y Maurice Baring. Hay un célebre cuadro pintado en 1932 por Sir James Gunn “Tertulia”, hoy en la National Portrait Gallery, en que aparecen los tres alrededor de una mesa. De esta relación entre los tres dice Joseph Pearce: “No sólo participaban de una amistad común, también compartían una misma filosofía y una misma fe. Sí no llegaban a ser tan indivisibles como la Santísima Trinidad, desde luego si eran tan indómitos como los Tres Mosqueteros. En el caso de la quimera Belloc-Baring- Chesterton el grito de guerra de, uno para todos y todos para uno, nunca resultó inapropiado”

    De esta amistad, especialmente la de Belloc, a quién conoció en un café del Soho y le marcó la vida, comenzó la lenta transformación que llevaría a Chesterton a convertirse en el transcurso de los años en un católico ferviente, y de esta amistad nació la ocurrencia de Bernard Shaw de hablar de Chesterbelloc, estas dos mitades de un “divertido elefante de circo”. Pero no podemos dejar de mencionar a Bernard Shaw en la vida de Chesterton. Dice Joseph Pearce en Sabiduría e Inocencia: “Lo cierto es que la relación entre los dos estuvo presidida por un cálido afecto que se oponía a su antagonismo intelectual. Fueron amigos y también enemigos y ambos obtuvieron un inmenso provecho tanto de su amistad como de su enemistad”

    Y Maisie Ward, biógrafa de Chesterton, citada por Joseph Pearce en Sabiduría e Inocencia: “Hasta que apareció Chesterton, Bernard Shaw había tenido el mundo de la polémica para él solo, pero tan pronto como aquél saltó al cuadrilátero, Shaw tuvo que empezar a medir sus pasos y a aprovechar su habilidad en la palestra. Chesterton podía romper la guardia del viejo irlandés en cualquier momento y ello aportaba una emoción especial a sus encuentros en las tribunas o en las páginas del G.K. ́s Weekley o del New Witness”

    Chesterton era un contendor temible y temido. Un orador extraordinario pero con un respeto profundo por sus adversarios sí éstos tenían altura; a los que no la tenían, no titubeaba en liquidarlos. Tuvo largas discusiones con H.G. Wells pero lo estimaba: “Siempre había sido un liberal un fabiano, un amigo de Henry James o Bernard Shaw. Y tenía razón con tanta frecuencia que sus movimientos me irritaban como la contemplación de un sombrero mecido perpetuamente por el mar sin llegar nunca a la orilla”. Pero Bernard Shaw era su preferido. En su Autobiografía citada en este trabajo, Chesterton habla con cariño y con admiración de él: “Mi experiencia fundamental, desde el principio hasta el final, ha consistido en polemizar con él. Vale la pena señalar que he aprendido a profesarle afecto y un respeto cálido más a partir de nuestra disensión que a partir de lo que la mayoría de la gente logra a través del acuerdo. Bernard Shaw, a diferencia de algunos de los que he hablado aquí, muestra su mejor lado en el antagonismo. Diría que muestra su lado mejor cuando se equivoca; o mejor aún, todo en él es erróneo salvo él mismo”.

    Y los dos mejores polemistas de Inglaterra no sólo eran diferentes en sus ideas, sino absolutamente en todo. Uno, Chesterton, gordo y jovial, el otro, Shaw, flaco y austero. El primero amante de la buena mesa y el trago, “de las chuletas y la cerveza” y Shaw vegetariano y abstemio. Pero los dos se necesitaban y se potenciaban y el público necesitaba de sus intensas polémicas que marcaron época. Cuando Chesterton murió, Bernard Shaw le escribió a Frances: “Parece totalmente ridículo que yo, dieciocho años mayor que Gilbert, sobreviva a él de forma tan despiadada… Las trompetas están sonando en su honor”

    Ortodoxia y El Hombre Eterno:

    En 1908, Chesterton pública Ortodoxia, su primer libro explícitamente cristiano y que muchos consideran un aporte fundamental para el desarrollo del pensamiento de la Iglesia. Lo cierto es que muchos de sus lectores se sintieron tocados en lo más profundo e influyó, como mencionamos en la introducción, en ese “ejército de conversos” que cita Joseph Pearce del cuál Hilaire Belloc se siente tan feliz.

    En Ortodoxia, Chesterton exalta el cristianismo, pero más concretamente escribe y siente como un católico aunque faltan todavía catorce años para dar el paso definitivo. La clave del éxito de este libro es el modo en que Chesterton se comunica con el lector. Usa un estilo directo, potente, franco. Las palabras estallan, se mueven, se levantan del libro para tocar al lector y abrazarlo sin darle tregua alguna. En 1952, la escritora Dorothy L. Sayers diría:” Para los jóvenes de mi generación, G.K.C era una especie de libertador cristiano. Como si de una bomba beneficiosa se tratara, hizo saltar por los aires en la Iglesia un buen número de vidrieras de una época poco brillante para dejar paso a una fresca brisa en que las hojas muertas de la doctrina danzaban con todo el vigor y la falta de decoro de Juglar de Nuestra Señora” .

    Y acerca de la influencia en la conversión de tantos, cita Joseph Pearce varios casos, en el libro “Escritores Conversos”: “No está claro si Ortodoxia tuvo algo que ver con la eminente conversión de Maurice Baring, pero dada su admiración por las primeras obras de Chesterton y el creciente cariño que sentía hacia él, raro sería que no lo hubiera leído en los meses inmediatamente previos a su recepción en la Iglesia, ocurrida el 1 de febrero de 1909”. En Ortodoxia pone Chesterton su propia experiencia en la búsqueda espiritual. Se compara a un hombre, un aventurero que sale a explorar mundos nuevos, que cree haber descubierto una lejana isla y de pronto se da cuenta que está en su propio país, en el mismo lugar de dónde había partido: “A menudo he soñado en escribir la historia de un piloto inglés que, habiendo calculado mal su derrotero, descubrió nada menos que la antigua Inglaterra, bajo la impresión de que era una ignorada isla del Mar del Sur… su equivocación fue en verdad la más envidiable de las equivocaciones posible; y mi hombre, si era como yo lo supongo, no dejaría de reconocerlo así. Porque ¿puede haber nada más delicioso que pasar en unos cuantos minutos, por todos los grados de la escala patética, desde las fascinaciones y terrores de arrojarse a lo desconocido hasta la humanisima seguridad de volver a lo familiar y propio?… Tengo mis razones para insistir porque yo mismo soy ese hombre, yo descubrí Inglaterra”

    Y es la llaneza y frescura de su prosa lo que encanta y como dice Alfonso Reyes: “Así en Chesterton, este nuevo padre de la Iglesia, la paradoja humorística sustituye a la parábola cristiana. Habla de las verdades más antiguas de la Iglesia, pero con el mismo tono de voz con que describe los ritos misteriosos de la isla recién descubierta en el Mar del Sur. Así en Chesterton, este salteador de su propia bodega, aprendemos a gustar otra vez el vino de nuestros abuelos”

    Recordemos que Ortodoxia fue escrito en respuesta a la crítica de su libro “Herejías”, 1905. Se le reprocha que enumera allí todas las herejías presentes en la sociedad pero no dice cuál es su propia posición y filosofía de la vida. Chesterton encontrando quizás certera la crítica se embarca en este libro, dónde expone sus verdaderos sentimientos en cuanto a religión. No cabe ninguna duda que es un católico verdadero y su libro es un himno que exalta su fe. Sin embargo asentado en la Iglesia Anglicana- Católica, incomprensiblemente para muchos, no da el salto definitivo. El propio Chesterton expresa: “Ante todo debo considerar mi postura acerca si debo estar dentro o fuera. Yo pensaba que uno podía ser anglocatólico y estar realmente dentro, pero si eso significa quedarse solo en el pórtico, creo que no quiero estar en el pórtico, y desde luego no en un pórtico separado del edificio”. Dicen que Belloc su gran amigo y ferviente católico de toda la vida, fue uno de los grandes sorprendidos cuando supo en 1922 de su conversión. Parece que había perdido totalmente las esperanzas.

    Pero el gran obstáculo para Chesterton era Frances, su mujer con quién había compartido todo en la vida y ella se oponía tenazmente a convertirse al catolicismo. Joseph Pearce dice en Escritores Conversos que Frances había dicho una vez que no haría jamás tres cosas: tener una secretaria eficiente, cortarse el pelo, y ser católica. Por lo menos esta última no la cumplió porque cuatro años después de su marido ingresó a la fe Católica. Pero, volvamos a G.K. Chesterton y a su largo proceso espiritual para llegar al fin a la fe presentida y anhelada toda su vida. Para hablar de ello tenemos que nombrar inevitablemente a dos personas que influyeron notablemente en su decisión de “pasarse al Papa”.

    Ellos fueron Ronald Knox y el padre John O’Connor. A Knox lo conoció un par de años antes de su conversión a través de su amigo Baring. Knox había sido sacerdote anglicano hasta 1917 cuando luego de pasar años de incertidumbre y angustia decidió entrar a la Iglesia Católica de Roma. Chesterton y sus escritos habían tenido alguna influencia en su decisión. Por cierto le admiraba y lo único que quería era ayudarlo a profesar el catolicismo. Al padre O’Connor, quién fuera inspirador de su famoso personaje de cuentos policiales, padre Brown, lo había conocido muchísimo antes en Yorkshire y le había impresionado desde el primer momento su sencillez, su inteligencia y su bondad. Cuando llegó el momento de la decisión final, fue la propia Frances, su mujer quién le aconsejó que llamara al padre O’Connor. En julio de 1922 Chesterton fue recibido dentro de la Iglesia. Pero la verdad es que lo único que hacía falta era su consentimiento, no necesitaba ser instruido en esta fe porque hacía más de veinte años que hablaba del catolicismo sin ser católico, sus conocimientos de la ortodoxia y el dogma eran mucho más profundos que los de muchos creyentes.

    Dice en su Autobiografía: “Estoy orgulloso de mi religión hasta donde puede estarlo un hombre de una religión que hunde sus raíces en la humildad; sobretodo estoy orgulloso de esos aspectos que con mayor frecuencia se califican de superstición. Me siento orgulloso de estar sujeto a dogmas anticuados y esclavizado por credos muertos (como repiten sin descanso mis amigos periodistas), porque sé muy bien que los credos heréticos son los que mueren y solo los dogmas razonables viven lo suficiente para que se les llame anticuados”

    No se puede terminar este esbozo de la persona y la vida de Chesterton sin mencionar su libro “El Hombre Eterno”: El Hombre Eterno que muchos consideran su mejor obra es una fulminante y clara reflexión histórica que solo podía escribir en un período de relativa calma, sin los agobios de la urgencia periodística. Según Evelyn Waugh surgió para cubrir una necesidad temporal y quedó como un monumento permanente y Borges lo considera una “extraña historia universal que prescinde fechas y en la que casi no hay nombres propios y que expresa la trágica hermosura del destino del hombre sobre la tierra”. Esta obra escrita en 1925 surge como respuesta a “Esquema de la Historia” de H.G. Wells. En ese libro Wells, con una visión materialista del mundo, considera que el hombre es solamente el resultado de la evolución. Nada podría haber exasperado más a Chesterton que tiene una opinión diametralmente opuesta: José Manuel de la Prada en el prólogo a este libro dice “El hombre según Chesterton no es el fruto de una evolución, sino de una revolución y para mejor explicar este aserto nos lleva de la mano al interior de las cavernas que habitaron nuestros antepasados”

    Pero veamos como el mismo Chesterton nos explica que este libro está considerado mucho más desde el punto de vista histórico que el teológico y que no debe relacionarse con su reciente conversión a la fe Católica. Aquí hay dos conceptos que quiere tratar: la criatura llamada hombre y el hombre llamado Cristo: “He dividido este libro en dos partes: la primera es un esbozo de la aventura más importante vivida por la raza humana hasta el término de su itinerario pagano; la segunda, un resumen de la sustancial diferencia que supuso su transformación al cristianismo”

    Y así como “Ortodoxia” provocó una serie de conversiones, también lo hizo “El Hombre Eterno”. Entre los que fueron impactados profundamente por el mensaje y contenido del libro se encuentra el escritor C.S Lewis quién en su libro Sorprendido por la Alegría dice: “Entonces leí El Hombre Eterno de Chesterton y por primera vez ví toda la concepción cristiana de la historia expuesta en una forma que me parecía tener sentido. De alguna manera me las arreglé para que el remezón no fuera demasiado fuerte. Recordarán que ya creía a Chesterton el hombre vivo más sensato que existía, dejando de lado su cristianismo”

    Quiero citar algunas palabras de Chesterton en las conclusiones de El Hombre Eterno: “Sin embargo (la Iglesia Católica) ha aguantado dos mil años, y el mundo, a su sombra, se ha hecho más lúcido, más equilibrado, más razonable en sus esperanzas, más sano en sus instintos, más gracioso y alegre ante el destino y la muerte, que todo el mundo que no se acoge a ella”.