Categoría: Personajes

  • El Chocante Catolicismo de Shakespeare

    El Chocante Catolicismo de Shakespeare

    El más famoso escritor de la historia, ¿un católico? La sola sugerencia basta para crear escándalo. ¿Cómo es posible que el poeta de Avon, alabado por homófilos, feministas, relativistas y ateístas, como parte de su patrimonio, fuera un católico conservador? Resulta impensable. ¡Pero, en este caso, lo impensable es realidad!

    El tiempo develará lo que astutos planes esconden…(Time shall unfold what plighted cunning hides…) – Cordelia (King Lear, I,1.282)

    El más famoso escritor de la historia, ¿un católico? La sola sugerencia basta para crear escándalo. ¿Cómo es posible que el poeta de Avon, alabado por homófilos, feministas, relativistas y ateístas, como parte de su patrimonio, fuera un católicoconservador? Resulta impensable. ¡Pero, en este caso, lo impensable es realidad!

    Diversos autores, en distintas épocas, han propuesto que  Shakespeare era católico. G.K. Chesterton, por ejemplo, pensaba que la evidencia apuntaba a esta conclusión, aduciendo a que el “sentido común convergente” que llevara a pensar en que el poeta fuera un católico estaba “apoyado por algunos hechos externos y políticos de nuestro conocimiento”Se desprende de esta declaración que Chesterton, estaba al tanto de la considerable evidencia textual e histórica, acumulada por el erudito shakesperiano del siglo XIX, Richard Simpson, que apoya la tesis del catolicismo de Shakespeare.

    Sin embargo, Simpson no fue el primer erudito en concluir que había suficiente evidencia para aseverar que Shakespeare habría sido católico. En 1808, el escritor francés, Francois René de Chateaubriand, ya declaraba que “de tener alguna religión, la de Shakespeare era la católica. El mismo Thomas Carlyle escribió en su momento que “la era Isabelina, con Shakespeare incluido, es el resultado del florecimiento de todo lo que la precediera, es decir, que en sí es atribuible al catolicismo de la Edad Media”. Carlyle, gran contemporáneo de John Henry Newman, era todavía más enfático respecto de esta dimensión católica, agregando que Shakespeare “tiene tan poco de protestante en él, que los católicos han podido,sin extravagancia, proclamarlo como uno de los suyos”. A su vez, Hillaire Belloc, haciendo eco de Newman, insistía en que “las obras de Shakespeare habían sido escritas por un hombre con los hábitos mentales indudables de un católico”.

    Estos grandes escritores de la era victoriana y eduardiana, habrían percibido el catolicismo de Shakespeare en la visión moral que emerge de sus obras. Al contrario, “eruditos” modernos, ciegos a esta dimensión moral de las obras de Shakespeare, las han malinterpretado en forma habitual. En vez de ver la evidencia de la tradición moral cristiana, ven las obras como un reflejo de sus propios prejuicios fundamentalistas seculares. Por eso, hay que re-descubrir al verdadero Shakespeare y las creencias que el sostenía para, de una vez, exponer el abuso literario que se ha hecho de sus obras. Afortunadamente, un cuerpo sólido de erudición histórica reciente ha contribuido de forma significativa a considerar “los hechos externos y políticos”, conocidos por Chesterton y sus contemporáneos. Así, las aseveraciones de Carol Curt Enos en su reciente libro “Shakespeare and the Catholic Religión” (“Shakespeare y la religión católica”) contienen una confianza adicional a la de Chesterton en el énfasis de que “cuando las muchas piezas existentes del rompecabezas de la vida de Shakespeare se ensamblan, es muy difícil no ver su catolicismo”. Cada pieza, pacientemente ubicada en su lugar, nos revela una imagen objetivamente verificable del autor de estas magnas obras, y ese hombre emerge como un católico creyente, en una época en que los católicos eran ferozmente perseguidos por su fe.

    Examinemos la evidencia:

    La investigación sobre la vida de Shakespeare comienza con la evidencia innegable del catolicismo desafiante de su familia. Mucha de la erudición histórica en los años recientes se ha centrado en el legado espiritual de John Shakespeare, el padre del poeta, que claramente demuestra su buena fe católica y manifiesta su intenso deseo de morir como católico, en buena fe y en conciencia. El ítem IV es de especial interés: en él enuncia su deseo de recibir los últimos sacramentos de la iglesia, con la esperanza que este deseo fuera suficiente en caso de que no hubiera un sacerdote disponible para ejecutarlos en el momento de su muerte. Hay que recordar que en tiempos de John Shakespeare, de amplia persecución anticatólica, el proteger o refugiar a un sacerdote era penado con la muerte; por eso, era más que probable que no hubiera un sacerdote disponible para los católicos agonizantes. Es en este contexto oscuro de persecución, con nubes de incertidumbre pendiendo sobre los católicos, que debería ser interpretado el desafiante deseo de John Shakespeare de tener la extremaunción.

    Otros párrafos en el testamento de John Shakespeare, lamentan y expresan remordimiento por “cualquier murmuración en contra de Dios o la fe católica” y ofrece “gracias infinitas” a Dios por los beneficios recibidos, incluyendo “el sagrado conocimiento de ÉL y la verdadera fe católica”. La evidencia que John Shakespeare permaneció como católico desafiante, en medio de la amplia persecución anticatólica del estado isabelino, ha obligado a los eruditos modernos a aceptar que William Shakespeare fue criado como un católico creyente. Esto además es respaldado por el hecho de que John Shakespeare tuvo problemas con la ley debido a su compromiso irrestricto con la resistencia católica: en 1592 fue multado por su falta de sumisión, al negarse a asistir a los servicios anglicanos. Hay que agregar que la madre de Shakespeare, era miembro de una de las familias católicas más desafiantes en toda Inglaterra, la familia Arden.

    Shakespeare, ¿un católico en Londres?:

    Si este mar de evidencia ha obligado a la mayoría de los eruditos a aceptar que Shakespeare fue criado y educado en una familia católica, hay algunos que insisten que Shakespeare habría perdido su fe después de ir en busca de fortuna a Londres. Esto es altamente conveniente para los eruditos seculares, ya que les permite ver cualquier influencia católica en las obras como un rezago de la fe de niño que el poeta habría rechazado más tarde. Desafortunadamente para estos eruditos, los hechos de la vida de Shakespeare sugieren que él se mantuvo fiel a sus creencias católicas durantes sus años en Londres y que este apego a la fe habría influenciado sus obras. De nuevo, examinemos la evidencia.

    Antes de llegar a Londres, Shakespeare habría sido profesor en un hogar profundamente católico en Lancashire, y hay evidencia también de que tuvo que escapar de Stratford para evitar ser arrestado por Sir Thomas Lucy, un notorio perseguidor de los católicos. Una vez en Londres, su benefactor, el Earl of Southampton, era un devoto católico, cuyo confesor era el jesuita San Robert Southwell. Existe vasta evidencia documental que demuestra que Shakespeare y Southwell eran amigos desde antes que este último fuera arrestado en 1592. Southwell fue repetidamente torturado durante su prisión en la torre de Londres, ahorcado y cuarteado en Tyburn en 1595; más tarde fue canonizado como uno de los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales. Además, Shakespeare conoció a otro mártir jesuita, San Edmund Campion, y es probable que también conociera al martirizado sacerdote Robert Dibdale, quien fue más tarde beatificado por la iglesia como mártir.

    Si Shakespeare tenía amigos sacerdotes, sabemos también que tenía enemigos entre quienes perseguían a los católicos. Registros  de las cortes demuestran que Shakespeare estuvo involucrado en una disputa legal con William Gardiner. Éste era un Juez de Paz de un carácter particularmente deshonroso, quien “habría cometido fraude en contra de la familia de su esposa, en contra de su yerno y de su hijastro; que además persiguiera a sus vecinos y explotara a sus arrendatarios”. Gardiner y su igualmente deshonroso hijastro, William Wayte (“un cierto tipo suelto sin valores ni responsabilidad, enteramente a merced de las órdenes de Gardiner”), interpuso un recurso de protección, buscando una orden que garantizara la paz y seguridad. Esta orden nombraba a William Shakespeare, Francis Langley, Dorothy Soer, esposa de John Soer y de Ann Lee, y pedía protección por temor a ser asesinado por estas personas y otras cosas por el estilo. Si bien es cierto que algunas fuentes hablan de que Shakespeare fue demandado por asaltar físicamente a William Wayte, esto es poco probable. Que se sepa, Shakespeare no tenía un carácter violento, y el que dos de los acusados fueran mujeres casadas, sugiere que cualquier “violencia” aplicada en contra de Wayte habría sido efectuada con la lengua o la pluma, pero no con otra parte de la anatomía humana o implemento cualquiera. Sea como fuere, este curioso caso legal nos entrega una visión clara de la clase de personas a quienes Shakespeare consideraba amigos y enemigos en 1596.

    Es interesante, por ejemplo, que Ann Lee fuera la esposa del insumiso y rebelde Roger Lee, en cuya casa muchos sacerdotes proscritos encontraron refugio; y que una denuncia hubiera sido hecha en contra de la misma Ann por asistir a misa, y por haber ayudado al jesuita John Gerard a esconderse de las autoridades. Más curioso aún es el temperamento de su enemigo, William Gardiner. A este se le habría acusado por sus contemporáneos de ser “poco cristiano”, irreligioso”, “pagano”, e “impío”; y hombre de “opiniones extrañas”. Algunos lo consideraban un ateo, mientras que otros creían que era brujo o alquimista. En un pleito legal en 1588, se le acusaba de “magia, brujería….y de tener opiniones irreligiosas”. Así y todo, Gardiner podía estar seguro de que nunca sería acusado de ser católico. Aunque fuera puritano, ateo o brujo, todo el mundo sabía que no era “papista”, sobre todo porque tenía reputación de persecutor de la comunidad católica de Londres, a la que pertenecía Shakespeare.

    El virulento anti catolicismo de Gardiner se ha manifestado para la posteridad en un informe que le envió al consejo privado de Isabel en enero de 1585, en el que documentaba un allanamiento a una morada católica de Londres. Allí, Gardiner manifiesta vehemente su “anti papismo”, y entrega una visión bastante completa de quien Shakespeare considerara un enemigo. Shakespeare se vengaría tanto de Gardiner como de Wayte al insertarlos en “The Merry Wives of Windsor” (Las felices doncellas de Windsor), y en la segunda parte de “Henry IV”(Enrique IV) como los personajes del juez Shallow y de Slender, respectivamente. Ambas obras fueron estrenadas en 1597, por lo que es probable que el Juez Gardiner, quien murió en Noviembre de ese mismo año, hubiera alcanzado a enterarse de la “dramatización” de la venganza de Shakespeare.

    En los estertores del reino de Isabel, Shakespeare se vio envuelto en una obra controversial acerca de Tomás Moro, quien más de sesenta años antes había sido martirizado por su fe católica bajo las órdenes del padre de la reina, Enrique VIII. No es sorprendente que la obra fuera suspendida por Sir Edmund Tilney, jefe de los Calaveras y el censurador oficial de Isabel. A décadas de su muerte, Tomás Moro aún era una “papa caliente” que no sólo tocaba el nervio de Isabel —cuyo padre tenía la sangre del mártir en sus manos—, sino también de todo el reino. Moro había sido ejecutado por el monarca por negarse a comprometer su conciencia católica en el altar maquiavélico de la “realpolitik”, convirtiéndose así en modelo para Campion, Walpole, Southwell y muchos otros que sufrieron una suerte semejante durante el reino de Isabel. Por ende, cualquier retrato positivo de Tomás Moro, se veía como una condena peligrosa de los gobernantes del momento.

    La obra había sido escrita por Anthony Munday, pero Shakespeare se habría involucrado personalmente en su proceso de producción y revisión. El manuscrito original aún existe, y contiene correcciones al original de Munday que se cree fueron hechas por Shakespeare. Al parecer Shakespeare habría tratado de enmendar el trabajo para lograr su paso por la censura. Estas enmiendas claramente ilustran la simpatía de Shakespeare por Moro, y su convicción de que habían lecciones que sacar para su época de su santo ejemplo.

    Evidencia adicional de la admiración del poeta por Moro es discernible en el Soneto 23, en el que utiliza el mismo juego de vocablos con el nombre de Moro que usó en sus correcciones a la obra de Munday. Si la palabra “more” (“más”) aparece en la duodécima línea del soneto con mayúscula (“More than that love which More hath more expressed”), el soneto es transfigurado en un homenaje al santo: Shakespeare contrasta su propio imperfecto (unperfect) amor, debilitado por el miedo y la ira, con el amor santo “que [M]ore había expresado” (“[M]ore hath more expressed”). También aparece una alusión sublime a la misa como “la perfect ceremonia del derecho al amor” (“the perfect ceremony of love ́s right”), reforzado por el juego de vocablos de “right (derecho) / rite (rito)”; así, ilustraba un profundo entendimiento teológico de la misa como la “ceremonia perfecta” y “el rito del amor” (love ́s rite”). Abriendo aún más este seductor soneto, vemos que el poeta lamenta de no estar presente en esta “perfecta ceremonia” tan a menudo como quisiera, “por temor (falta) de confianza”, quizás como referencia a los espías que acudían a estas misas secretas para reportar los nombres de los “papistas” y entregar a los sacerdotes a las autoridades. Sin tener el heroico amor de auto sacrificio, que podía llevar a la muerte —como en el caso de Tomás Moro—, el poeta desea que “sus libros” sean “su elocuencia”, los “mudos presagios de su elocuente pecho”. Las últimas dos líneas son sin duda dirigidas a sí mismo y al lector, rogándole a este último que “aprenda a leer” en sus obras lo que el amor del poeta, silenciado por el miedo, no se atreve a decir abiertamente. Dado que los lectores no oirán al poeta hablar, deben ver lo que quiere decir en sus obras, oyendo con sus ojos y usando su propia “inteligencia refinada de amor” para discernir su significado más profundo.

    “O, aprended a leer lo que el silencioso amor ha escrito, Oir con los ojos es parte de la inteligencia más refinada del amor” (“O learn to read what silent love hath writ To hear with eyes belongs to love ́s finest wit”)

    Recordando la devoción de Shakespeare por Moro, no es sorprendente que le convencieran de participar en el esfuerzo para que la obra de Munday pasara la censura. Finalmente, la censura indicó al margen del texto,:“montar esta obra a riesgo propio”.  Pero a pesar de los esfuerzos de Shakespeare, Tilney se negó a levantar la censura y prohibió su presentación. Tuvieron que pasar cuatrocientos años para que, en el reino de otra Isabel, “Thomas More “ de Munday debutara. Cuando, en el verano del 2004, la compañía Royal Shakespeare montó la obra en el New Globe Theatre, Shakespeare y Moro finalmente fueron reunificados en el arte, del mismo modo que lo habían estado en sus creencias. El poeta, de cuya obra Ben Jonson dijera que “no es de una época sino para todos los tiempos”, había podido al fin rendir homenaje al santo, quien, según el título de la memorable obra de Robert Bolt, fue “un hombre para todos los tiempos”.

    Una de las piezas de evidencia más convincentes del catolicismo de Shakespeare está en la compra de Blackfriars Gatehouse, en Marzo de 1613. Esta casa era un “reconocido centro de actividades católicas”, con “puertas diversas y salidas de escape escondidas, cámaras secretas y recovecos” y “tenía una historia de sospechas y de allanamientos en busca de “Papistas””. En 1598, sobre la base de una denuncia de que Gatehouse era una colmena de actividades de insumisos, con “muchos escondites y pasajes secretos” y “salidas secretas al río” (Thames) por las que los sacerdotes podían escaparse, la casa fue allanada por las autoridades. John Fortescue —el propietario católico de la casa—, estaba ausente, pero su esposa e hijas fueron interrogadas. Ellas admitieron que eran insumisas, pero negaron que hubieran escondido a sacerdotes en la casa. En 1605. El jesuita John Gerard, el hombre más buscado de Inglaterra, se presentó desesperado en la casa, portando una peluca, barba postiza y un disfraz. Pedía refugio ya que no sabía donde esconderse.

    Poco se sabe de la historia de Gatehouse entre el periodo en que los Fortescue optaran por el exilio y la compra de la casa por parte de Shakespeare, pero en 1610 se comentaba en Nápoles que la casa era la base de un complot de los jesuitas para “enviar al rey un par de medias bordadas, envenenadas, que causaran la muerte a quien las portaran”(xii). Aún cuando tales elucubraciones pueden ser ignoradas como febriles imágenes de exiliados amargados o trampas de espías anti católicos, el hecho es que Shakespeare había decidido comprar esta propiedad londinense, teñida con actividades católicas. Es, por decir lo menos curioso, pero no termina de dilucidar el rompecabezas.

    Shakespeare decidió alquilar Gatehouse a John Robinson, un católico activo, cuyo hermano había ingresado al Colegio Inglés (English College) en Roma para prepararse al sacerdocio. Es obvio que Shakespeare sabía que al alquilar Gatehouse a John Robinson, la dejaba en manos de un insumiso católico. Por ende, como conjeturara Ian Wilson en Shakespeare: La Evidencia, Robinson “no era tanto el arrendatario de Shakespeare, sino su representante y guardián de uno de los mejores lugares de Londres para refugiar sacerdotes católicos”. Más aún, John Robinson no era sólo un arrendatario sino también un valioso amigo. Robinson visitó Stratford durante el retiro del poeta y fue, aparentemente, el único de los amigos londinenses del poeta que estuviera presente durante sus últimos días, firmando como testigo en su testamento.

    Se necesita más prueba de que Shakespeare había comprado Gatehouse sabiendo que sería usado como refugio para sacerdotes católicos. Esto es algo que el post scriptum podría clarificar de una vez por todas. El 23 de Octubre de 1623 una congregación clandestina de católicos se reunió en una buhardilla secreta “en los altos de Gatehouse”, para, supuestamente, celebrar la misa dominical. De pronto, una viga del piso cedió por el peso de los ocupantes, muriendo en este evento más de noventa personas. Fue este desastre el que hizo que las autoridades descubrieron esta “iglesia” secreta, que posiblemente había sido usada como tal durante años. Si bien Shakespeare había fallecido seis años antes de esta tragedia, el evento sirve para armar el rompecabezas sobre una base de sentido común y probabilidades.. El hecho de que John Robinson continuará alquilando la propiedad después de la muerte de Shakespeare sugiere que la propiedad había sido utilizada para actividades católicas clandestinas, incluyendo la celebración de la misa en los años en que Shakesperae fuera el dueño. Esto es reforzado por el hecho de que después de su muerte Gatehouse continuaba siendo usada para celebrar la misa.

    Shakespeare murió el día de San Jorge en 1616, dejando la mayor parte de su herencia a su hija Susana, a quien se considera como católica insumisa diez años antes. El resto de su herencia tenía como beneficiarios a varios católicos insumisos. Queda claro por lo tanto como lamentará el presbítero anglicano Richard Davies a fines de 1600 que “muriera como un papista”. Resulta abundantemente claro también que Shakespéare vivió como “papista”, un hecho que los ingleses trataron por mucho tiempo de esconder y que críticos literarios modernos tratan de negar hoy. La noticia de que el vate de Avon fuera un comprometido miembro de la iglesia de Roma es chocante para aquellos que falazmente han erigido su reputación sobre una lectura equívoca de sus obras. Es de esperar que no se recuperen de ese choque. Es sin embargo, una profunda alegría para los católicos de saber que William Shakespeare está del lado de los ángeles.

  • Leonor de Inglaterra

    Leonor de Inglaterra

    “La desconocida reina de Castilla, ocho siglos después”

    Hija y hermana de grandes reyes, entre ellos el mítico Ricardo Corazón de León, esta reina castellana refutó con su vida la idea de que, en el Medioevo, lo femenino se limitaba a lo doméstico. Aunque aún no hay una biografía definitiva de esta mujer excepcional, esto pronto va a cambiar gracias a una investigación financiada por el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología de Chile. Para los ansiosos, aquí presentamos una primera aproximación al tema. A Leonor Plantagenet se deben muchos de los cambios culturales y políticos experimentados por Castilla durante el reinado de su marido, Alfonso VII; éstos permitieron que el reino adquiriera una condición hegemónica en la Península Ibérica. Y, al mismo tiempo que se desarrollaba como una gran gobernante, fue madre y esposa abnegada. Una mujer muy moderna, viviendo en el siglo XII.  

    Leonor es el nombre que los príncipes de Asturias escogieron para su primogénita, nacida en octubre del 2005. Pero quién será algún día reina de España no fue la primera en ostentarlo con orgullo en tierras ibéricas, sino que tiene un precedente en el siglo XII: Leonor Plantagenet, reina castellana, hija de la famosa Leonor de Aquitania y del poderoso Enrique II Plantagenet —rey de Inglaterra,  duque de Normandía y conde de Anjou—, hermana de Ricardo  Corazón de León y de Juan Sin Tierra. El nacimiento de la pequeña infanta Borbón ha generado en España un renovado interés por la Leonor medieval.

    Ya su nombre tiene una historia propia: la abuela de la monarca de Castilla se llamaba Aenor de Chatellerault, por eso cuando nació su hija se le conoció como “la otra Aenor” —en el latín de la época era “alia Aenor”—, de lo que derivó a Alienor. A su vez, Alienor le dio su nombre a su sexta hija con el rey inglés, nombre que “castellanizado” derivó en Leonor. Leonor Plantagenet nació hacia el año 1161, en el Castillo de Domfront, en Normandía, al norte de Francia. En 1170, cuando la niña todavía no cumplía los 10 años, fue prometida en matrimonio al rey de Castilla. Entonces tuvo que partir de la refinada corte de Poitiers, donde había sido criada por su madre entre trovadores, músicos y poetas, a Burgos, la sede cortesana del reino de su prometido. Según las crónicas de la época, la acompañó en esta larga travesía a tierras lejanas una magnífica comitiva, encabezada por el arzobispo de Toledo —primado eclesial de Castilla—, los obispos de Palencia, Segovia, Burgos, Calahorra y, en palabras de un antiguo relato, “la más exquisita flor de la nobleza de ambas Castillas, no faltando la representación de las órdenes religiosas de San Benito y el Císter, singularmente de las órdenes militares”. Por si fuera poco, a ese impresionante grupo se unían en solemne y prestigioso séquito, el arzobispo de Burdeos, los obispos de Achen, Poitiers, Angouleme,Saintes, Pirigod y Bazas, y una multitud de nobles ingleses, aquitanos, bretones y normandos. Ese impresionante cortejo tiene que haber impactado a quienes lo vieron pasar cruzando la columna pirenaica hasta Tarazona, desde Burdeos a España, donde el rey Alfonso de Castilla, junto a sus nobles y al rey de Aragón – con quien el castellano había recién acordado una alianza-, esperaba a su futura esposa, la joven princesa de Inglaterra.

    Leonor llevaba los derechos sobre Gascuña, que el rey Enrique le entregaba en dote a su yerno para sellar la alianza matrimonial. A cambio de ese preciado territorio, el monarca castellano le ofreció a su mujer la jurisdicción sobre 14 ciudades, 16 castillos y las rentas de 9 puertos; a estas grandiosas arras se sumaban, según los documentos, “la mitad de las ganancias que hiciese  (el rey) a los moros desde el día de su matrimonio”, dado que en ese momento, Alfonso y los otros reyes cristianos de España  se encontraban en una intensa campaña de reconquista de la Península Ibérica, invadida desde el siglo VIII por los árabes.

    La “Crónica de Veinte Reyes” coincide con otros relatos al retratar a Leonor como una esposa amable, “muy amiga de su marido” en palabras de un relator anónimo, y cuentan que la relación conyugal entre ambos fue cercana y fructífera. Esto es notable, dados

    los antecedentes de ambos: la turbulenta y odiosa relación que sostuvieron por mucho tiempo los padres de Leonor, el temprano orfanato de Alfonso que no conoció padre ni madre, y considerando que los matrimonios entre nobles en esta época —y más aún entre futuros reyes—, se concertaban por conveniencia política, lo que no fue la excepción en este caso. Algunos relatos han pintado un cuadro menos idílico: según unas crónicas encomendadas por Alfonso X y Sancho IV en la segunda mitad del siglo XIII, el rey Alfonso VIII habría compartido amorosamente en Toledo, por mucho tiempo,con una judía de nombre Fermosa, conocida también como Raquel. Cuentan que: “fue satisfecho por una judía…y se olvidó de su mujer; y encerrándose con ella durante largo tiempo, tanto que no la podía dejar de ninguna manera, ni le importaba otra cosa alguna; y estuvo encerrado con ella poco menos de siete años, y no se preocupaba de sí, ni de su reino, ni de ninguna otra cosa.” Sin embargo, la falsedad de estos relatos tardíos ha sido denunciada por más de un trabajo erudito como un intento siniestro para deshonrar la memoria del rey Alfonso,mientras otros estudios históricos ni siquiera los han estimado dignos de consideración.

    La “Crónica General de España” afirma que la reina fue “muy  amable a su marido el Rey” y la “Crónica de Veinte Reyes” narra que “don Alfonso, haciendo su vida buena y muy limpia con su mujer Leonor, tuvo con ella hijos los cuales a ustedes contaremos”. A lo largo de 44 años de feliz matrimonio nacieron 12 hijos: las infantas Berenguela, Sancha, Mafalda, Urraca, Blanca, Constanza y Leonor, y los infantes Sancho, Fernando, Enrique; además, hubo otros 2 hijos de los que no sabemos prácticamente nada porque  murieron al nacer. Sancho, el primer hijo hombre, solo vivió unos meses, mientras que Sancha apenas alcanzó a vivir 2 años y, por ello, también es muy poco lo que sabemos de ellos. De los otros hijos tenemos abundantes fuentes, no sólo porque vivieron más tiempo, sino además porque Alfonso y Leonor se preocuparon de su futuro político con dedicación e inteligencia.

    La reina se esmeró en la educación de sus hijos, tal como su madre Leonor lo había hecho con ella. Testimonio de que este esfuerzo rindió frutos es, tal vez, la fama de santidad que alcanzaron dos de sus nietos, San Luis IX de Francia —hijo de Blanca— y San Fernando III de Castilla-León —hijo de Berenguela—. La narración de la “Crónica Latina de los Reyes de Castilla” deja constancia del amor que Leonor sintió por sus hijos y de la dedicación con que habría asumido su maternidad. Cuando su hijo Fernando falleció en 1211, el anónimo relato señala que “la reina se metió en la cama donde yacía su hijo; besando su boca y colocando sus manos entre las suyas, intentó incluso revivirlo o morir con él”.

    Probablemente el efecto más significativo que tuvo la madre sobre la posición de sus hijos y su familia en el concierto europeo se deba al gran peso que tenía la familia angevina de Leonor sobre los destinos del continente. La reina llegó a Castilla dotada de una influencia política claramente más decisiva que la de su esposo, lo que le permitió gestionar acuerdos matrimoniales entre su descendencia y las principales dinastías europeas. Con ello, la estirpe de Leonor quedó instalada en las principales casas reales de la Europa del siglo XIII.

    Berenguela, la mayor, se casó con Alfonso IX, rey de León. Ello significó el vasallaje y subordinación de éste a su suegro, Alfonso de Castilla; algo importante si se considera la hegemonía que pretendió alcanzar Fernando II —padre de Alfonso IX— sobre el reino de Castilla cuando, durante la minoría de su sobrino Alfonso VIII, el territorio era gobernado por regentes. La infanta Urraca se unió en matrimonio a Alfonso II de Portugal, Blanca con Luis VIII de Francia y Leonor con Jaime I de Aragón. Fernando moriría a los 22 años y Enrique sucedió a su padre Alfonso en el trono de Castilla.Constanza, mientras tanto, fue la abadesa del poderoso monasterio cisterciense de Las Huelgas, fundado en Burgos a instancias de su madre. Este monasterio es prueba del patronazgo religioso que asumió Leonor y del rol que cumplió como promotora de la reforma cisterciense en España. Además, tratándose de una orden de origen francés, este patrocinio fue una clara manifestación del carácter europeo que, producto de su iniciativa, iría adquiriendo Castilla bajo su reinado.

    La presencia de la reina supuso una apertura política de Castilla hacia el reino más poderoso de Europa y una alianza estratégica con Enrique de Inglaterra, el monarca de mayor prestigio en ese momento. En ese sentido, Leonor parece haber cumplido una función determinante en la “europeización” que experimentó el Reino de Castilla durante el reinado de Alfonso VIII. Además de su aporte político, la reina parece haber participado en dos de las más notables obras del reinado de Alfonso VIII: la fundación del Hospital del Rey en Burgos y en la del Estudio General de Palencia. El hospital acogía a los peregrinos que viajaban a Santiago de Compostela y hasta el día de hoy puede apreciarse parte de sus antiguas dependencias. La escuela de Palencia es, según muchos historiadores, la primera universidad española, aunque gozó de corta vida y sus maestros se trasladaron a Valladolid.

    Siguiendo los pasos de su madre, y honrando la educación que recibió de ella mientras crecía en el ámbito cortesano que imperaba en Poitiers, la reina Leonor trajo consigo tradiciones culturales que eran desconocidas hasta entonces en la corte castellana. Aunque hay poca información al respecto, ella indica que la presencia de Leonor habría empapado la corte de Burgos con la elegancia y sofisticación literaria de las cortes extranjeras. ¿Habrá cargado por sobre los Pirineos hasta tierras castellanas la épica del Rey Arturo, que en tantas ocasiones habría animado las sesiones cortesanas  en Aquitania? Es difícil de saber hasta qué punto la influencia de la familia real inglesa entró en Castilla con Leonor, pero los versos del trovador Ramón Vidal de Bezalú pintan una escueta imagen de lo que podría haber significado el influjo Plantagenet en la corte de Alfonso VIII: “Y cuando el rey había convocado a su corte,tanto caballero, barón rico, y juglar, y la compañía se había reunido, entonces vino la reina Leonor modestamente vestida en con un manto de material fino, rojo, con bordes plateados, con leones dorados. se inclina ante el rey y cerca de él toma asiento.”

    Los leones dorados mencionados por el trovador son los leopardos que, sobre un fondo de gules, componían las armas heráldicas del rey de Inglaterra. Es precisamente en este período, y probablemente por influencia de Leonor, que el monarca castellano adoptó por primera vez, un escudo real, compuesto por un castillo dorado sobre un fondo de gules, usando los colores emblemáticos de  su suegro y manifestando, tal vez, el carácter familiar de la alianza. Según la historiadora Régine Pernoud la corte castellana era frecuentada,además de Ramón Vidal, por muchos otros artistas extranjeros que animaban la escena cultural. Cuando la ya envejecida Leonor de Aquitania visitó a su hija en el año 1200 para concertar el matrimonio entre su nieta Blanca y Luis VIII de Francia, ésta debe haber gozado con nostalgia del sofisticado ambiente artístico de la corte que, tanto en Burgos como en Toledo, entretenía y encantaba a los asistentes como antaño en la corte de Poitiers. La incipiente actividad artística en las cortes de Castilla deja también de manifiesto un importante fenómeno cultural y social que comenzaba a gestarse en la Europa del siglo XII: la decisiva participación de mujeres nobles en la promoción y desarrollo de las artes. Además, la visita de la duquesa de Aquitania no sólo revela la intensa actividad cortesana que se practicaba gracias a su hija en Castilla, sino que también da cuenta de la importancia política que iba adquiriendo este reino ibérico en el escenario diplomático de Europa.

    Leonor murió a los 53 años en su querida Burgos, el 31 de octubre del año 1214; sólo 25 días antes había fallecido su esposo, Alfonso VIII, rey de Castilla. Desde entonces sus sarcófagos han estado unidos por la piedra sepulcral en el Real Monasterio de Santa María de las Huelgas (Burgos) sumando 800 años a los 44 años de su feliz —y fructífera— unión conyugal.

  • A propósito de los noventa años del nacimiento de Enrique Lihn (1929-1988) Una breve bio-bibliografía

    A propósito de los noventa años del nacimiento de Enrique Lihn (1929-1988) Una breve bio-bibliografía

    Bajo la excusa de los noventa años que Enrique Lihn podría haber cumplido, ofrecemos un breve recorrido sobre parte de su vida y obra.

    “¿Merecimos los chilenos tener a Lihn? Esta es una pregunta inútil que él jamás se hubiera permitido. Yo creo que lo merecimos. No mucho, no tanto, pero lo merecimos, aunque sólo sea por las almas puras, por los príncipes idiotas y por los alegres analfabetos que el país produjo con extraña generosidad y que aún hoy, según cuentan los viajeros, sigue produciendo, aunque en cantidades más limitadas. Bajo cierta luz, Lihn también podría ser un príncipe idiota y un alegre analfabeto”. Esto escribía Roberto Bolaño en 2002, un año antes de su muerte, en una columna publicada el 30 de septiembre en el diario Las Últimas Noticias, donde escribía semanalmente. La relación de Bolaño con Lihn se fraguó a través de un intercambio postal –que el poeta mantenía con varios escritores jóvenes– pero sobre todo a través de la lectura, como sucede con una infinita constelación de lectoras y lectores para quienes Lihn es un referente como escritor, como artista y como sujeto. Leer a Lihn es conocer una manera crítica de percibir el mundo; conocer a Lihn es dialogar con la impertinencia, la incomodidad del “sarcasmo de la inteligencia crítica”, como la llama Adriana Valdés. Aquí, bajo la excusa de los noventa años que el escritor podría haber cumplido, un breve recorrido sobre parte de su vida y obra.

    Enrique Lihn nace en Santiago el 03 de septiembre de 1929 y fallece, en la misma ciudad, el 10 de julio de 1988. Hijo de una familia de la pequeña burguesía santiaguina, el escritor tiene sus primeros acercamientos al arte a través de las influencias literarias, pictóricas, musicales y místicas de su abuela materna y las de su tío, Gustavo Carrasco, pintor e ilustrador, quien lo alienta a ingresar a la Escuela de Bellas Artes, cuando el escritor tiene trece años. Un año después dejará el colegio y se dedicará largo tiempo a la creación pictórica, de la que derivará a la escritura. Pero las artes plásticas no desaparecen del trabajo de Lihn, si bien deja por un tiempo esa práctica, el lugar de la pintura en su obra es fundamental. Lo será tempranamente cuando ejerce como crítico de arte en la revista Pro Arte, también en la autorreflexividad de su poesía situada, donde la relación del mundo con el lenguaje, su experiencia del viaje, su calidad de meteco se alimentan de su tránsito por el arte. Si bien el escritor abandona formalmente la Escuela de Bellas Artes, es aquí donde se forja el grupo que luego recibirá la denominación de Generación del ’50, en el que participan otras figuras relevantes de la vida cultural chilena de esa época, como Luis Oyarzún, Roberto Humeres y Nicanor Parra, además de los miembros de dicha generación.

    En el año 1952, Lihn –junto a Parra, Jodorowsky y Jorge Berti (mecánico automotriz y mueblista)– publican el periódico mural Quebrantahuesos, que se exhibía en calle Ahumada, principal vía peatonal y comercial del centro de Santiago, en una vitrina del restaurante “El Naturista”. En este se incluían parte de los “trabajos verbales” que realizaba Parra en su casa y que consistían en el montaje de frases, realizadas por los miembros del grupo, las que se intercalaban en un poema, acompañadas por caricaturas, recortes de diarios y revistas. La importancia del Quebrantahuesos en el desarrollo de la literatura y las artes visuales en Chile es incuestionable, entre otras cosas, por el cuestionamiento a los formatos tradicionales y la concepción crítica del arte. Esto y la publicación de Poemas y antipoemas (1954) del mismo Parra son fundamentales en la historia del autor.

    Una de las cosas características en la vida de Lihn es su permanente desencuentro con las formas de vida práctica: vive en casa de sus padres pasados los cuarenta años y la subsistencia es una de sus principales angustias; sus trabajos alternaban entre sus colaboraciones a distintas revistas, la dirección de algunos medios académicos, clases y la escritura. Si bien vivirá fuera de Chile en distintos períodos, principalmente como beneficiario de algunas becas como la de la Unesco y una invitación del Gobierno cubano a trabajar en ese país, Lihn es uno de los pocos intelectuales que permanece en Chile después del Golpe Militar de 1973 y lo hará como académico del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile. Sus viajes, que quedan reflejados en parte importante de su producción poética, son producto de invitaciones por parte de distintas universidades tanto americanas como europeas. En 1975 viaja a Nueva York y realiza lecturas en Yale, Rutgers, Maryland y Stony Brook; en 1976 es profesor invitado en la Universidad de California –Irvine– y en 1977 se le concede la beca de la Fundación Guggenheim. En estos años publica París, situación irregular (1977) y A partir de Manhattan (1979), dos libros marcado por la experiencia del viaje, la imposibilidad del lenguaje que se acentúa frente a una lengua extranjera y el recuerdo de los espacios oscuros y represivos de su infancia. Al último libro nombrado pertenece uno de sus poemas más conocidos, “Nunca salí del horroroso Chile”: “Nunca salí del horroroso Chile / mis viajes que no son imaginarios / tardíos sí –momentos de un momento– / no me desarraigaron del eriazo / remoto y presuntuoso / Nunca salí del habla que el Liceo Alemán / me inflingió en sus dos patios como en un regimiento / mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible / Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor: / el miedo de perder con la lengua materna / toda la realidad. Nunca salí de nada”.

    La situación personal del autor en esa época es compleja y no siempre bien comprendida; si bien tenía serias disidencias con la militancia dogmática y cerrada que caracterizaba a algunos grupos  de la izquierda de entonces, nunca careció de un profundo sentido de compromiso con la realidad y de profunda –y a ratos dolorosa– disidencia con la situación imperante. La asfixia que le producía permanecer bajo el estado de censura y totalitarismo en el que vivía Chile por esos años son motivo frecuente en su obra, tanto en la búsqueda de nuevas formas de escritura y de reflexión sobre la realidad, así como en su labor como articulista donde desplegará su más acérrima, inteligente y crítica lucha contra la censura. A esta tiempo pertenecen El Paseo Ahumada (1983), Pena de extrañamiento (1986) y La Aparición de la Virgen (1987).

    En 1987, el autor enferma de cáncer. Durante el breve período que dura su enfermedad llevará un diario y creará una historieta. Esta se publica de manera póstuma, bajo el título de Roma la loba, una muestra gráfica de la angustia que vivía el escritor en sus últimos días. Sobre este tiempo han circulado una serie de mitos urbanos, pero sin duda, es Adriana Valdés, en su libro Enrique Lihn: vistas parciales, quien aporta el relato más cercano y certero de ese tiempo, de los afectos, obsesiones y la escritura del autor. Además de la historieta mencionada, al año siguiente de su deceso, Valdés, a quien Lihn le encomienda la publicación de esos poemas finales, junto a Pedro Lastra se encargan de la edición de Diario de muerte (1988). Ambos escritores no solo tenían una profunda cercanía con Lihn sino que también son algunos de los lectores más lúcidos de su obra. Lihn publica sus primeros poemas en el volumen titulado Nada se escurre (1949), luego seguiría Poemas de este tiempo y el otro (1954) y La pieza oscura (1957-1963).

    Su primer libro de narrativa reúne cuatro cuentos de distintas épocas y recibe el título de uno de ellos –precisamente el texto recogido por Enrique Lafourcade en su Antología del cuento chileno– Agua de Arroz (1964). El relato más conocido de este libro es “Huacho y Pochocha”, publicado por primera vez en El nuevo cuento realista chileno (1962), compilación de Yerko Moretic y Carlos Orellana, a partir del cual el autor construye una línea reflexiva que seguirá en sus posteriores producciones narrativas. En estas, Lihn tomará por primera vez el tema de la articulación de una literatura que se construye desde la realidad y que discute el estatuto de lo literario en contraposición al primer término.

    En 1966, aparece Poesía de paso –con el que obtiene el premio Casa de las Américas– producto de su paso por Europa, gracias a una beca de la Unesco para estudiar Museología. En este libro comenzará un registro que luego será una constante en la producción poética del autor: los viajes y la extranjería, el fracaso ante la lengua ajena: “Cirios inmensos para siempre encendidos, / surtidores de piedra, torres de esta ciudad / en la que, para siempre, estoy de paso / como la muerte misma: poeta y extranjero; / maravilloso barco de piedra en que atalayan / los reyes y las gárgolas mi oscura existencia”.

    En este libro también reaparece la pintura como parte de esa extranjería, en la medida en que el hablante recorre el museo a través de la palabra y re-conoce aquellas reproducciones que veía en su infancia mientras se enfrenta al original: “Ciudades son imágenes. / Basta con un cuaderno de escolar para hacer la absurda vida de la poesía / en su primera infancia: / extrañeza elevada al cubo de Durero, / y un dolor que no alcanza a ser él mismo, melancólicamente”. Luego de este viaje el poeta parte a Cuba, donde vivirá dos años. De esta experiencia es Escrito en Cuba (1969), texto en el que Lihn articula su concepto de “poesía situada”, precisamente en un momento en el cual a la poesía –latinoamericana– se le exigía un compromiso social y político evidente, lo que radicalizará la veta autorreflexiva. Su siguiente libro de poemas, La musiquilla de las pobres esferas (1969), es un texto fundacional como un todo en torno a esa temática y el desarrollo de esa “poesía situada”, concepto fundamental en su obra y que se refiere a lo que Lihn llama “el enfrentamiento con la situación”, es decir, una escritura consciente de su entorno y de sus condiciones de producción, recepción y circulación.

    En 1973 aparece su primera novela, una suerte de folletín paródico, con muchos elementos tanto estructurales como temáticos del cómic, titulado Batman en Chile o El ocaso de un ídolo o Solo contra el desierto rojo. Luego vendrán otras dos novelas: La orquesta de cristal (1976) y El arte de la palabra (1980), las que se caracterizan por el cripticismo de su escritura, cripticismo concentrado en una narración claramente metaliteraria, reconstruyendo mundos que aluden a un pasado asimilado de manera decadente en América Latina (la Belle Èpoque) y cuyo protagonista es Gerardo de Pompier, histrión literario (noción heredada de E.A. Poe) quien también va a protagonizar la performance Lihn & Pompier que da origen al book-action del mismo nombre.

    Lihn publicó sus libros en distintas partes, no solo dentro de Chile (Cuba, México, Perú, España, Francia y Estados Unidos). Asimismo, en vida se encargó de dirigir algunas antologías suyas, especialmente en España y EE.UU.: Algunos poemas (1972), Por fuerza mayor (1975), Álbum para toda especie de poemas (1989), Mester de juglaría (1987), The dark room and the other poems (1976) y Al bello aparecer de este lucero (1983). 

    “¿Merecíamos los chilenos a Lihn?”, se preguntaba Bolaño, un chileno profundamente chileno y profundamente extranjero. La respuesta del autor es tan lúcida y aguda como la pregunta. Agregó también que lo necesitábamos, por la calidad de su obra, de su pensamiento crítico, de la impronta ética y estética de todo su trabajo. También para abrir los ojos y enfrentarse a lo incómodo. Para aprender a leer de otra manera, o a pensar más allá de los entretelones de la contingencia.

  • A propósito de La Guerra y la Paz, de León Tolstoi: Una breve reflexión

    A propósito de La Guerra y la Paz, de León Tolstoi: Una breve reflexión

    Leer La Guerra y la Paz es empaparse del espíritu de un hombre que, sabiéndose depositario de un urgente anhelo de verdad, quiso consagrar a él lo mejor de su vida, consciente de la presencia de un sentido superior que todo lo transfigura.

    La lectura de La Guerra y la Paz nos abre de manera entrañable al turbulento laberinto de la Rusia de comienzos del siglo XIX, un país desangrado por el enfrentamiento con las fuerzas napoleónicas cuyo impacto, más allá de lo político y militar, se dejará sentir también en el mundo del pensamiento. Y es que Napoleón representaba a la modélica Francia, la de Voltaire, Rosseau y la Revolución, cuyos ideales ilustrados, recepcionados por los jóvenes de aquel entonces, acentuarán la fractura que comenzaba a insinuarse en el corazón de la cultura rusa y cuyas oleadas se extenderán por decenios. Y es que, por un lado, asomarán los defensores del terruño, amantes de tradiciones ancestrales vinculadas a un mundo semi feudal, en extinción, teñidos por un apasionado e insoslayable misticismo y en una devoción casi mesiánica por el papel salvador de Rusia y, por otro lado, los adalides del advenimiento de las ideas progresistas de la ilustración europea, con su crítica del absolutismo monárquico y su fe secularizante en la ciencia y en el rol protagónico del hombre como artífice de su destino, un hombre ya desencadenado del oscurantismo de la religión.

    Cuando La Guerra y la Paz fue publicada, hacia 1862, el enfrentamiento entre esas dos visiones, representadas por eslavófilos y occidentalistas, estaba en su apogeo. Su pulso y su peso se dejará sentir en la obra de autores tan importantes como Herzen, Bakunin o Bielinski, por no hablar de los movimientos artísticos, políticos y sociales que comenzarán a irrumpir a partir de la segunda mitad del siglo, incluyendo a anarquistas y nihilistas. Turgeniev dibujará muy bien este flujo y reflujo de visiones entrecruzadas en su obra Padres e hijos, asociándolo además al choque intergeneracional; Dostoiewsky, más tarde, en los Endemoniados, hará escalar el conflicto a dimensiones espirituales y metafísicas de un alcance insospechado. El gran mérito de La Guerra y la Paz fue ambientar los orígenes de esta pugna, a veces soterrada, a veces visible, en el entorno de dos familias nobles –los Rostov y los Bolkonski–, y en los avatares y derroteros de dos personajes extraordinarios –quizá los más logrados de Tolstoi–, que plasmarán con sus ideas y con sus vidas el choque de toda una generación que asiste al derrumbe de una sociedad basada en certidumbres heredadas, anacrónicas: Andrei Bolkonski y Pierre Bezujov. Ellos son los protagonistas indiscutidos de la trama; incluso podría afirmarse, sin temor a exagerar, que el pulso narrativo de la obra, sus episodios y digresiones, su generoso número de personajes que van y vuelven, que aparecen y desaparecen, son solo el decorado que enmarca el decurso de estas almas unidas por un sinnúmero de afinidades electivas, que se profesan una admiración devota basada en una amistad inquebrantable, atizada por la búsqueda de los grandes sentidos que hacen de la vida una aventura digna de vivirse. Ese lazo afectivo hará las veces de círculo hermético, reforzado más tarde  por una mujer que estará unida al destino de ambos: la entrañable Natasha Rostov. Ignoro cuánto de autobiográfico encierran estos personajes en relación al propio Tolstoi, pero hay ciertos rasgos que hacen verosímil conjeturar, sino la filosofía misma de Tolstoi, al menos una máscara bastante acabada.

    Leer La Guerra y la Paz es empaparse del espíritu de un hombre que, sabiéndose depositario de un urgente anhelo de verdad, quiso consagrar a él lo mejor de su vida, consciente de la presencia de un sentido superior que todo lo transfigura. Las miradas contrapuestas que despiertan las guerras napoleónicas en el alma de su país, plasmadas con pinceladas agudas e inolvidables en este libro, serán también, sospecho, las del propio autor, que elogió y fustigó el progreso, que saludó los ideales libertarios pero que defendió al mismo tiempo el espíritu de la aldea y fue un enamorado ardiente de Dios. Anarquista insobornable y cristiano devoto, luchando por conjugar la literatura con la vida bajo la luz de un amor apasionado, dispuesto a todo, sin límites.

    Cuando Andrei Bolskonski está por morir dice: “¿El amor es la negación de la muerte; el amor es la vida; todo lo que comprendo solo lo comprendo a través del amor. Todo reside en él. El amor es Dios, y morir es el retorno de una partícula de amor, que soy yo, a la fuente universal y eterna”. Esa frase, de una belleza poética insuperable, no sólo representa el mejor retrato de la filosofía tolstoiana: es, creo, la cifra que resume el itinerario de viaje de un libro como este, que va mucho más allá de ser una novela, para transformarse, con toda justicia, en un manifiesto de la belleza impostergable de la vida.

  • Xi Jinping: camino hacia un nuevo y desconocido imperialismo cibernético

    Xi Jinping: camino hacia un nuevo y desconocido imperialismo cibernético

    En este artículo se pretende explicar lo que podría ocurrir los próximos años a partir de las acciones que tome China en la construcción de una nueva forma de imperialismo y poder hegemónico. El poder económico de China y la forma de hacer política de su líder, Xi Jinping, no son un tema nuevo en el debate actual. La incógnita más bien se ubica en el ámbito de los efectos que esa política podría tener sobre el poderío económico, militar y tecnológico de los Estados Unidos. La pregunta que intentan responder los analistas es: ¿será la China liderada por Xi Jinping capaz de amenazar la hegemonía de los Estados Unidos?

    La guerra comercial ha sido una de las aristas más visibles de esta nueva forma de disputa por la hegemonía de los mercados y la necesidad de equilibrar una balanza comercial cada vez más inclinada hacia China. En este artículo pretendemos explicar lo que a nuestro juicio podría ocurrir los próximos años a partir de las acciones que tome China en la construcción de una nueva forma de imperialismo y poder hegemónico.

    Todo bajo el Cielo (Tian Xia). Consideraciones previas:

    Sin duda que el completo libro de Henry Kissinger sobre China nos entrega algunas pistas sobre las diversas consideraciones que se deben tener a la vista cuando se aborda el fenómeno político chino. La primera de estas es que China posee tal amplitud y variedad de territorio que le ha permitido pensar a su pueblo que son un mundo en sí mismo y su emperador (léase Xi Jinping) una figura de trascendencia universal (Tian Xia).

    Asimismo, China poseería un rasgo característico que sus dirigentes no deben descuidar: parece vivir siempre entre el caos y el orden. La historia china presenta muchos períodos de guerra civil y caos; no obstante, después de cada desmoronamiento el Estado chino se reconstruye como si siguiera una inmutable ley de la naturaleza. “El Imperio, luego de un largo tiempo dividido, tiene que unirse. El Imperio, luego de largo tiempo unido, tiene que dividirse. Así ha sucedido siempre” (Luo Guanzhong, “Romance de los Tres Reinos”, siglo XIV). Se sostiene que Mao sintió una gran obsesión por esta obra en su adolescencia, la que en su opinión resumía perfectamente la naturaleza de su país, por ello pensaba que todos los chinos en algún momento de su vida debían leerla.

    Biografía, carrera política y Programa de Gobierno de Xi Jinping: 

    El actual Príncipe Rojo (denominación asociada al hecho de que su padre fue uno de los cercanos a Mao), nace el año 1953 en la etnia Han, provincia de Shaanxi. Hijo de Xi Zhongxun (ex vice primer ministro de China), uno de los fundadores de la guerrilla comunista que actuó contra el Kuomintang. Estudió Ingeniería química en la Universidad de Tsinghua y poseería un doctorado en teoría marxista de la escuela de Humanidades y Ciencias Sociales de la misma universidad. Durante su juventud fue enviado a trabajar al campo. El mito dice que vivió esos años en una cueva (localidad de Liangjiabe), “esos años moldearon mi carácter y mi visión”, ha dicho Xi Jinping.

    Es casado con la soprano y cantante de música popular Peng Liyuan (se afirma que cuando se casaron ella era más conocida y popular que él). Tiene una hija, Xi Mingze (Xiao Muzi), la que estudiaría en Harvard. Su carrera política comienza el año 1974 (con 21 años de edad) ingresando al Partido Comunista Chino (PCCH). Su talento e inteligencia le habrían permitido alcanzar un rápido éxito al interior del Partido. Fue nombrado gobernador de Fujian (1999), más tarde secretario del PCCH en la provincia de Zhejiang y su desempeño sobresaliente lo llevó a la Secretaria del PCCH en Shanghai. Su mayor logro fue el año 2008, cuando asumió como encargado de los Juegos Olímpicos de Beijing. De allí su ascenso político es inminente, al ser nombrado vicepresidente de la República Popular China (XI Asamblea). Los años siguientes son definitivos al sumar nuevas responsabilidades como vicepresidente de la Comisión Militar, secretario general del PCCH y luego presidente de la República Popular China en 2013.

    Existe consenso en que su carrera siempre contó con la protección del ex presidente Jiang Zemin, aglutinador de los tecnócratas y desarrollistas. Quienes han seguido de cerca la trayectoria de Xi indican que es un gran promotor del mercado, heterodoxo en cuestiones ideológicas, pragmático, y con una amplia experiencia burocrática. Los analistas sostienen que Mao Zedong hizo independientes a los chinos (época de la “humillación”), y que por tanto la tarea de Xi Jinping es hacerlos fuertes (“dignidad”).

    Las tareas de la actual dirigencia china, presidida por Xi, se resumen en cuatro puntos: lucha contra la corrupción (Hu Jintao no logró cumplir con esta tarea en su mandato); desarrollo de la parte occidental del país; el establecimiento de vínculos entre la dirección del Partido y el campesinado, y por último, abordar el problema del envejecimiento progresivo de su población (en el 2050 la mitad de la población superará los 45 años y un 25% habrá superado los 65 años). ¿Cómo conseguir esto? En palabras de Xi Jinping, “manteniéndose alto, para poder mirar lejos, contar con un plan global en el que se tengan en cuenta todos los factores y lograr que los latidos del corazón sean los mismos que los del pueblo”.

    Ahora bien, los desafíos del nuevo emperador amarillo (aludiendo a la antigua denominación para el encargado de reconstruir la nación), serían producir los cambios necesarios en la economía sin afectar el empleo, terminar con la corrupción sin afectar ni reprimir a la sociedad civil, disminuir los privilegios de los burócratas del gobierno sin generar una crisis al interior del Partido, mantener y consolidar la influencia en Asia, África y América Latina, y por último, reinventar la milenaria “Ruta de la Seda”.

    Sin duda, Xi Jinping ha demostrado desde su primer mandato gran experiencia burocrática para mejorar la administración del país y consolidar un poder sin contrapeso, hecho que le ha permitido reformar las fuerzas armadas y producir mediante la formación de muchas comisiones de trabajo una vigorosa integración cívico militar para la profundización de las reformas, incluyendo en ello un moderno sistema de ciberseguridad. Su estrategia alcanzó un punto culminante cuando el PCCH eliminó el límite de tiempo aplicable al mandato presidencial, en aquello que la propaganda del Partido tituló “Presidente de todo” y “Presidente para siempre”.

    Su pensamiento, expuesto en el texto “Socialismo con características chinas para la Nueva Era” (incorporado en la Constitución del PCCH), le dio la oportunidad de fijar el marco teórico y el marco institucional para convertirse de manera definitiva en un emperador de por vida, solo comparable al poder alcanzado por Mao Zedong. Su forma de hacer política popular tiene mucho de inspiración occidental. La propaganda dice: “Xi recorre casas con goteras en  barrios sombríos, esquivando cuerdas donde se cuelga la ropa, sin usar mascarillas en su rostro. Hace fila para almorzar en un restaurante y paga por su comida… Habla en prosa terrena diciéndoles a los estudiantes que la vida es como una camisa con botones en la que tienes que abrochar bien los primeros porque, si no, los demás quedarán mal”. Es un líder preparado para respirar y vivir el mismo aire que su pueblo.

    Pero quizás lo más relevante de todo esto sea que la propaganda ha hecho que sus retratos estén omnipresentes en todas partes de las ciudades, generando una devoción y adhesión sólo comparable con la vivida por Mao. Pero Xi tiene algo que Mao no tenía: Internet y teléfonos inteligentes. Por ello existe consenso entre los analistas y expertos en tecnología que Xi está construyendo el régimen vigilante más poderoso e intrusivo de la historia.

    En nuestra opinión, la tradición política del PCCH, así como el sentido de su historia, está tan enraizada en el Partido y en la propia sociedad que le permite desarrollar una estrategia de Estado a largo plazo, por lo que se puede afirmar que el reforzamiento del liderazgo de Xi Jinping representa más la necesidad del Partido en tiempos difíciles, que un impulso de ambición personal. El XIX Congreso del PCCH presentó una hoja de ruta que debe llevar a China a convertirse en un país desarrollado el 2035 y una potencia global el 2050.

    Muchos analistas tienen la esperanza de que, como  consecuencia de sus propios problemas internos, China no  llegue a alcanzar una posición de primacía mundial. El peligro permanente (caos y orden) de una crisis interna provocada por un potencial proceso de subversión, así como los complejos reajustes económicos que el país requiere, explicarían que el PCCH haya nuevamente aceptado un cierto grado de concentración del poder en una sola persona, cuestión que parecía muy difícil que ocurriese nuevamente en el Partido después de la experiencia con Mao y su revolución cultural.

    De lo que no existe duda es que el modelo de hacer política de Xi le ha dado un poder sin contrapeso, poseyendo tal control del Estado, que se encamina a trascender sus fronteras a través del diseño de una nueva forma de imperialismo.

    Camino hacia un imperio cibernético:

    El modelo de desarrollo propuesto bajo el mandato de Xi busca posicionar a China como líder, en lo que se ha venido en denominar la cuarta revolución industrial, cuestión que significa alcanzar un  alto desarrollo en robótica, inteligencia artificial, nanotecnología y especialmente en el Internet de las cosas.

    Tal vez la mayor sorpresa para el mundo ha estado en que los avances chinos han sido más rápidos de lo previsto. El caso más emblemático es lo ocurrido con la empresa Huawei, respecto de la cual se ha observado una reacción de rechazo sin precedentes por parte de los Estados Unidos, alertando al mundo de las verdaderas (ocultas) intenciones de la compañía. Sin duda, detrás de todo aquello existe una competencia por la tecnología, especialmente en la red 5G. Algunos analistas estiman que lo que está en juego es la posibilidad de capturar la mayor tajada del crecimiento económico y la posibilidad cierta de desarrollar capacidades militares cada vez más letales. Ahora bien, la disputa que se prevé no tendrá ganadores, sino que podría terminar provocando un daño muy duro para la economía de ambos países.

    Las acciones pioneras de China respecto del 5G, quinta generación de la telefonía celular, le ha dado una ventaja de al menos un par de años sobre sus competidores. Las conexiones 5G aseguran ser 100 veces más rápidas que la 4G. Lo que de ser cierto, tendrían un efecto muy importante en el desarrollo de varias industrias, como la automotriz, la robótica y servicios como la salud.

    La red inalámbrica de la próxima generación, 5G, como se le denomina, permitirá abordar la evolución más allá del Internet móvil, y alcanzará al Internet de las cosas masivo en el 2019 y 2020. La evolución más notable del 5G, en comparación con las redes 4G y 4.5G (LTE avanzado) actuales, es que, aparte del aumento en la velocidad de los datos, los nuevos casos de uso del Internet de las cosas y de la comunicación requerirán nuevos tipos de desempeño mejorado; como la “latencia baja”, que brinda una interacción en tiempo real a los servicios que utilizan la nube, lo que resulta clave, por ejemplo, para los vehículos autónomos. Además, el bajo consumo de energía permitirá que los objetos conectados funcionen durante meses o años sin la necesidad de intervención humana.

    A diferencia de los servicios actuales del Internet de las cosas que sacrifican rendimiento para sacar el máximo provecho a las tecnologías inalámbricas existentes (3G, 4G, WiFi, Bluetooth, Zigbee, etc.), las redes 5G estarán diseñadas para alcanzar el nivel de rendimiento que necesita el Internet de las cosas masivo. Esto hará posible que se perciba un mundo completamente ubicuo y conectado.

    Teniendo en cuenta estos desarrollos proyectados, la empresa Huawei se ha convertido en el segundo mayor vendedor de celulares del mundo, teniendo ganancias estratosféricas, las que han sido invertidas en investigación y, por tanto, en la solicitud de nuevas patentes. Se dice que ha inscrito alrededor de 5.405, convirtiéndose en líder mundial en este ámbito.

    Pero no todo ha sido éxito para Huawei. El gobierno norteamericano la ha acusado de ser un brazo del PCCH, y ha sido el propio Trump el que ha encabezado una ofensiva muy dura sobre la compañía. La mayor acusación es que sus redes y celulares pueden ser una moderna forma de espionaje cibernético. Pero el tema no se queda allí, dado que se traslada a algo que es menos público: nos referimos al desarrollo de los supercomputadores. En la actualidad, la máquina más poderosa del mundo es norteamericana: Summit, desarrollada por IBM. Su capacidad de cómputo es equivalente a 200 petaflops; puede realizar 200 mil billones de operaciones por segundo. Por su parte, China posee 227 supercomputadoras, lo que equivale al 45% del total mundial.

    Estados Unidos espera desarrollar una nueva máquina que supere por primera vez un exaflop (procesamiento de un trillón de operaciones por segundo). La noticia es que China ha señalado que también quiere desarrollar una máquina similar, pero la diferencia es que se puso como meta el 2020, un año antes que los Estados Unidos. Además, China quiere poner en marcha una economía espacial, esto es, entre otras cosas, la captura de asteroides para explotar sus recursos mineros y un proyecto de instalación en el 2030 de la primera estación solar en la estratósfera. En el caso norteamericano, quizás el equilibrio venga por el lado de los proyectos privados de SpaceX de Elon Musk o el Blue Origin de Jeff Bezos.

    El impacto de lo aquí propuesto es desconocido para la humanidad, por lo que sus consecuencias son impredecibles. El desarrollo de la inteligencia artificial nos permitirá ver cambios notables en la medicina robótica, las ciudades inteligentes y la producción de nuevas armas militares. Estados Unidos, en este ámbito, todavía tiene ventajas con las numerosas compañías que en Sillicon Valley trabajan en inteligencia artificial, especialmente en vehículos no tripulados o sistema de machine learning, reconocimiento facial y de voz.

    La mayor incógnita es el desarrollo de inteligencia artificial de carácter militar, una revolución que terminaría por dejar atrás las formas de guerra hasta ahora conocidas. De este modo, cuando Donald Trump lidera acciones que nos parecen desproporcionadas en contra de Huawei y la propia China, quizás deberíamos incorporar en nuestro análisis que quizás no está completamente equivocado. El peligro es inminente. Es innegable que Estados Unidos ha sabido eludir, a lo largo de su historia, muchas amenazas externas, el problema es que ahora se trata de un adversario extremadamente poderoso, el cual propone una forma de hegemonía para la cual el país del norte parece no estar lo suficientemente preparado

  • Confucio y la Familia China

    Confucio y la Familia China

    “Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía” Analectas, Confucio.

    En China, en la época de los estados guerreros (403-221 a.C) aparecieron numerosos pensadores, “las cien escuelas”, que tuvieron muchísima influencia en su momento. Confucio (551-479 a.C) y su discípulo más importante Mencio (372-289 a.C) pertenecieron a este grupo y en su pensamiento se encuentran los fundamentos de la filosofía china, cimiento de toda una estructura social y cultural que ha perdurado en los siglos. Pero no fue hasta la dinastía Han (206 a.C- 220 d.C) que el pensamiento de Confucio es adoptado como esencia fundamental de la vida cultural, política y social del país.

    Si hay algo que caracteriza a la historia de China es la existencia de las dinastías, que se sucedieron a lo largo de los siglos al mando del Emperador, Hijo del Cielo, que tenía el Mandato Divino y que decidía sobre la vida y la muerte de todos sus súbditos. La casa Zhou (771-256 a.C) comenzó a ver que su poder disminuía a causa de la aparición de estados familiares que se fueron convirtiendo en verdaderos feudos amurallados y que no pretendían hacer caso del poder central. En el período llamado Primavera- Otoño (722-481 a.C) existían alrededor de 170 de estos estados que luchaban con violencia entre sí para hacerse del poder total. En la era de los estados guerreros subsistían siete de estos estados. Curiosamente estos estados guerreros fueron los (403-221 a.C) que propiciaron la aparición de pensadores y filósofos para que aconsejaran y ayudaran a encontrar un camino para volver a la unificación del país y a la paz entre sus habitantes.

    Así, alentados por este clima propicio, aparecieron numerosos pensadores, “las cien escuelas”, que tuvieron muchísima influencia en su momento. Confucio (551-479 a.C) y su discípulo más importante Mencio (372-289 a.C) pertenecieron a este grupo y en su pensamiento se encuentran los fundamentos de la filosofía china,  cimiento de toda una estructura social y cultural que ha perdurado en los siglos. Pero no fue hasta la dinastía Han (206 a.C- 220 d.C) que el pensamiento de Confucio es adoptado como esencia fundamental de la vida cultural, política y social del país. Si pudiéramos decirlo así, la época de las “cien escuelas” fue una época de oro del pensamiento en el mundo. Contemporáneos de Confucio fueron Buda en la India, Platón y Aristóteles en Grecia.

    El sueño de unificación de China se hizo realidad cuando los ejércitos del estado guerrero Qin vencieron a los otros estados en el 221 a.C y el rey Qin se otorgó a sí mismo el título de Primer Emperador. En el año 210 a.C muere y su imperio se desintegra rápidamente. Es así que en el año 206 a.C comienza la dinastía Han y se instala definitivamente el pensamiento de Confucio. Hacia el siglo II a.C el confucionismo se había convertido en el sistema del Estado Chino. Las enseñanzas orales de Confucio se conservaban en las Analectas y éstas junto a los cinco clásicos servían de base para la política gubernativa: Kung-Fu Tsé o Confucio es el personaje que más ha influido en la vida china y que sigue influyendo aún. Su obra más importante es Lun-Yu, Analecta o Conversaciones filosóficas que se divide en dos libros: el Chang- Lun y el Hia-Lun. Estos libros son una colección de sentencias y proverbios que contienen cuanto de importante enseñó o hizo Kung-Fu Tsé, que en estos libros es llamado Tsé, palabra china que significa maestro o por filósofo.

    Se cree que en esa época aparecieron los cinco clásicos confucianos: el Libro de los Cambios, el Libro de Historia, el Libro de Odas, el  Libro de Ritos y los Anales de Primavera y Otoño. En realidad en la  mayoría de ellos, Confucio se limitó a recopilar todas las enseñanzas y pensamientos de los antiguos pensadores y sabios de la China. Es interesante conocer que Confucio basó sus enseñanzas en el fomento de la moralidad, el orden, el estudio, la tradición y la armonía entre los seres humanos y la sociedad. Tradicionalmente la doctrina confuciana tiene tres puntos fuertes institucionales: El Estado, la Escuela y la Familia.

    El confucionismo tenía una gran importancia para el Estado, pues de hecho, las dinastías chinas debían mucho de su estabilidad y continuidad burocrática al saber confuciano, en comparación con la inestabilidad relativa de otros regímenes dinásticos existentes en esas épocas como por ejemplo los de la India. El confucionismo dependía menos del Estado para su supervivencia que éste de aquél, dice Fairbank en su libro China, la verdadera Historia porque aunque se sintiera afectado por el encumbramiento y caída de las dinastías, el confucionismo, encontró la manera de sobrevivir. Además, y eso era quizás su fortaleza, el confucionismo  siempre fue independiente de la dinastía de turno y no le interesaba quedarse con el poder. Así jamás organizaron un partido político ni llevaron a cabo una revolución, ni se hicieron con el poder. Esto no sería del todo nuevo para los confucianos y aún menos para el mismo Confucio y los que supieron comprenderle. A los ojos de Confucio no es necesario un cargo público para prestar un servicio o cumplir con la propia responsabilidad social.

    Y en cuanto a la enseñanza la escuela Confucio quiso educar a una elíte para convertirla en un conjunto de hombres superiores que pudieran aconsejar al gobernante y que fueran respetados por el pueblo. En relación a este tema Theodore de Bary en su libro Civilizaciones del Este Asiático lo explica muy claramente: “En la época moderna aún cuando los sistemas establecidos de cultura confuciana superior padecieron la destrucción de las élites políticas y sociales tradicionales, el respeto por el saber que había inculcado el despliegue de la educación neoconfuciana siguió siendo un estímulo poderoso para adquirir nuevos conocimientos. Aún con el cambio brusco que experimentó el contenido de la enseñanza, este amor profundamente asentado por el saber que tenían los pueblos durante largo tiempo por los valores confucianos, demostró ser una fuente de energía y adaptabilidad continuas, de tal modo que, en la misma China, llegó a contrarrestar el asalto total que la Revolución Cultural lanzó sobre la enseñanza”.

    En cuanto a la familia, Confucio enseñó una ética que colocaba a la familia como centro de la vida política, social y cultural. La familia estaba perfectamente estructurada y las relaciones entre ellos claramente definidas en base a la autoridad y la jerarquía y así se establecían los cinco valores fundamentales que estaban perfectamente estructurados: las relaciones que deben existir entre el príncipe y sus súbditos, entre el padre y sus hijos, entre el marido y la esposa, entre los hermanos mayores y los hermanos menores y entre los amigos entre sí.

    La Familia China.

    La familia ha sido siempre en China la base de la estructura social. La doctrina de Confucio veía a la sociedad como un gran conjunto de familias que vivían bajo el mandato del Emperador. Es decir que el núcleo de la sociedad era la familia y no el individuo. Y aún  antes de Confucio la base familiar ya estaba bastante definida en la cultura china. El individuo al nacer ya tenía establecido cuál era su rol dentro de la familia, cuál era la meta a cumplir y que se esperaba de su conducta. Esta noción perduró a través de los siglos pues era esta institución la que daba estabilidad a la sociedad, al Estado y al individuo. Y de esta manera se lograba la armonía entre los hombres,  y entre éstos, la sociedad y el universo, bien supremo al que aspiraba la doctrina confuciana.

    Ya dijimos que Confucio definía cinco relaciones entre los seres humanos: entre príncipe y ministros, padre e hijos, esposo y esposa, hermano mayor y hermano menor y por último entre amigos. No es casualidad que de estas cinco relaciones fundamentales, tres se refieran a la familia que era vista como un núcleo con jerarquías, protocolo y métodos de gobierno tal como lo era el Estado. El aprendizaje del hombre superior que propiciaba Confucio se iniciaba en la familia.

    Uno de los conceptos más importantes en cuanto al orden familiar y las obligaciones de sus miembros, era la obligación filial que servían a futuro para ser respetuosos y obedientes con las autoridades. El padre dentro del grupo familiar era el jefe indiscutido, la autoridad máxima contra la que las mujeres y los hijos no se atrevían a rebelarse. Si llegaba a pasar esto, el padre tenía todas las atribuciones para castigar a los que osaban transgredir estos códigos de honor. Atribución por lo demás que tenía el Emperador sobre todos los hombres y mujeres de su Imperio.

    En cuanto a la situación de la mujer, es evidente que ocupaba los rangos inferiores dentro de esta estructura firmemente jerarquizada. La principal función de la mujer era tener hijos. No tenía derecho a educación formal excepto las que les transmitía la madre sobre el cuidado del hogar y como ser una perfecta esposa. El sistema de parentesco se transmitía a través de la familia del padre. Las hijas al casarse abandonaban la familia, desaparecían para siempre y pasaban a integrar la familia del marido e incluso tenían la obligación de venerar sus antepasados. Si la mujer no tenía hijos o aún peor si no tenía hijo varón, la suegra podía buscar otras esposas  o concubinas para su hijo. El tener una hija mujer era visto como una desgracia que solo traía gastos a la familia y que llegada a una edad no iba a pertenecer más a ella. Toda esta tradición cultural referente a las mujeres se prestó para abusos como el infanticidio. Además en la dinastía Tang comenzó el mas cruel de todos los rituales que causó innumerables muertes en las niñas entre los seis y siete años: el vendado de los pies que continuaría vigente hasta bien entrado el siglo XX. El suicidio de las mujeres viudas era considerado un acto muy honorable y las mujeres que lo hacían merecían ser recordadas con respeto.

    La Familia china actual:

    Así dentro de estas estructuras se mantuvo la institución familiar a lo largo de la historia hasta que en el siglo XX, para ser más exactos a partir de 1911, con la caída de las dinastías, China comenzó a experimentar cambios bruscos y transformaciones profundas en lo económico, político y social.

    Se producen guerras internas, hay invasiones extranjeras, las ciudades comienzan a crecer, el sistema agrario empieza a cambiar y esto obliga a buscar formas de vivir adaptadas a los tiempos. La familia como era concebida, unida y jerarquizada empieza a perder terreno. El final de las visiones confucianas del mundo y de la sociedad es propiciado por las nuevas formas de gobierno y se agudizan en la época del comunismo y en especial en la Revolución Cultural de Mao. Todo lo viejo, todo lo antiguo debe ser borrado. La crisis es profunda porque destruye lo más esencial del alma nacional china, sin la familia todo se tambalea, todo está a punto de caer. Como veremos, luego de la Revolución Cultural que trató de borrar la identidad cultural y milenaria del pueblo, hay una vuelta atrás y las autoridades comienzan a ser más flexibles.

    A partir del año 1979 una medida drástica del gobierno golpea otra vez a la familia: a raíz del aumento explosivo de la población se determina la política dura e inflexible del “hijo único”. Han pasado más de treinta años desde ese momento y hoy comienzan ya a sentirse los efectos que esta ley ha provocado en la estructura familiar y las interrogantes de lo que pasará en el futuro solo provocan temor e incertidumbre. Al implementar la política de un solo hijo por familia, el gobierno chino ha hecho que muchos padres prefieran tener un hijo varón, que  los sostendrá a ellos en su vejez y no una hija que se casará y deberá permanecer con la familia del esposo.

    Consecuencia de esto es la cantidad de abortos de hijas mujeres. Es tan fuerte el problema que el gobierno ha restringido el acceso a las ecografías para no saber anticipadamente el sexo del hijo y provocar abortos. En resumen el resultado de la política del hijo único es que faltan en la China unos 30 millones de mujeres aptas para el matrimonio. Además está el problema del envejecimiento de la población.

    Hay diversos reportajes y estudios que tratan este problema y la mayoría de los hijos únicos expresa su deseo de haber tenido un hermano para “tener con quién compartir las alegrías y las tristezas” El sentimiento de soledad que ellos tuvieron hace que la mayoría de estos hijos únicos quiera tener dos hijos. Hasta el momento el Estado había dejado la decisión del segundo hijo a los gobiernos locales de las provincias, pero consciente de los problemas que ha acarreado a nivel nacional la política del hijo único, ha flexibilizado su posición y ha anunciado que se permite tener un segundo hijo. Si la familia tiene dos hijos, la carga de mantener a los padres será menos pesada.

    Además de todos los problemas que acarrea esta política de planificación familiar se suma la presión que sufre el hijo único de parte de los padres para que estudie, sea un alumno exitoso y logre entrar a las universidades más prestigiadas del país. El vicepresidente del Centro de Investigación sobre Jóvenes y Adolescentes de China, (CIJA) dice:”Esto es una tarea casi imposible de cumplir teniendo en cuenta que siempre hay 50 estudiantes por clase. Es una expectativa irreal que hace que muchos niños pierdan la confianza en ellos mismos y crean que son unos fracasados cuando apenas han cumplido los 14 años”.

    ¿Tiene validez el pensamiento confuciano en la China de hoy?:

    El pensamiento de Confucio, después de haber sido marginado de la sociedad china por el partido comunista y el maoísmo y acusado de ser responsable del atraso económico, de la desigualdad social y de ser baluarte del sistema feudal, ha vuelto en todo su esplendor. La Revolución Cultural de Mao destruyó y atacó las bases del pensamiento tradicional chino, budismo, taoísmo y sobre todo la doctrina de Confucio, pero después de la muerte del líder comunista, los nuevos dirigentes volvieron a buscar los viejos valores y encuentran en sus ideales culturales una respuesta para el tipo de sociedad a la que aspiran lograr. En un país que crece aceleradamente y la fiebre por el dinero arrasa con todos sus habitantes, los líderes del partido han encontrado en los ideales de Confucio un camino para no caer en un capitalismo salvaje. Hay que volver, dicen, a la moral tradicional, a la unidad familiar, a la lealtad, en resumen a los valores que un día ellos mismos trataron de borrar. Para algunos el pensamiento confuciano vuelve a ser útil al gobierno y es la última esperanza del partido comunista. Lo cierto es que sus gobernantes, los jerarcas del partido y los medios de comunicación  chinos honran públicamente a Confucio. Muchos piensan que el pensamiento de este legendario filósofo tiene un gran papel a jugar no solo en la parte ético-moral sino también en el desarrollo económico del país. Dice Anne Chang, sinóloga y autora de “Historiadel Pensamiento Chino”: “La Revolución Cultural había arrasado sus tradiciones. Entonces empezó a hacer mella el discurso ideológico sobre los valores asiáticos, identificados con el confucionismo, que sirvió para explicar el milagro económico. Incluso comunistas serios se adhirieron a esta tesis: este súbito desarrollo que parecía surgir de la nada se debía a la cultura confuciana (valoración del trabajo, de la educación, de la solidaridad familiar…) En un giro completo, el confucionismo pasó de ser considerado-por chinos y occidentales  como Max Weber- como freno para el desarrollo económico a convertirse en factor de un desarrollo específicamente chino y del mundo sinizado. China continental encuentra en él una explicación ideológica que convienen a los dirigentes autoritarios de Pekín: sí la sociedad está enfrascada en un desarrollo capitalista salvaje, no  se ocupa de política; es estable, fácil de controlar, etc. Todo ello se atribuye al “confucionismo” .

    Recordemos también al neoconfucionismo, cuando mil quinientos años después, los filósofos de la época valoraron la doctrina de Confucio y Mencio y su anhelo era entonces “recuperar el Camino”. ¿Será entonces el confucionismo la ideología de un régimen, como sostiene Anne Chang o el gobierno de la República Popular China ha recuperado “el Camino”?

    Lo cierto es que el gobierno actual de China ha reivindicado a Confucio y así lo pudimos ver en la visita que hizo tiempo atrás a Chile el rector de la Universidad de Pekín, Xu Zhihong, quién expresó en una entrevista al diario El Mercurio que la Universidad  de Pekín tiene como objetivo entrenar a personas para ser líderes: “Queremos formar una clase elitista capaz de dirigir y enfrentar desafíos en todo terreno”.

    Más adelante y ante la pregunta del periodista de cómo insertar la tradición china en el modo de hacer y la competencia occidental, Xu Zhihong dijo que “Ambas culturas tienen sus ventajas. En la cultura china tenemos un tesoro que son los pensamientos confucianos, que hablan sobre la armonía entre los seres humanos y entre estos y la  naturaleza. Es lo que nos falta en la actualidad. Las Ciencias Sociales son muy importantes en la sociedad moderna para que los seres humanos conozcan su esencia”. Las expresiones vertidas por el rector de la Universidad de Pekín casi parecen dichas por el mismo Confucio en cuanto a la formación de una clase elitista, educada, capaz de dirigir y gobernar.

  • La Mujer en las Letras a través de la Historia: Verónica Franco, la Apertura de las Voces Femeninas.

    La Mujer en las Letras a través de la Historia: Verónica Franco, la Apertura de las Voces Femeninas.

    En la Edad Media se empieza a pavimentar el difícil camino para que la mujer tenga un rol reconocido en la literatura europea y es así que ya en el siglo XVI se difunde con éxito, la obra de esta cortesana y poetisa de las cortes de Venecia.

    Para efectos pedagógicos, la Edad Media se puede dividir en tres etapas, que en este caso coinciden con tres visiones en torno a la figura de la mujer. La primera comprende desde el siglo V hasta el X, en donde es vista sólo como un objeto procreador. En una segunda etapa (X-XII) vendrá a constituir el objeto de deseo desde una perspectiva platónica y virginal gobernada por el amor cortés.

    Finalmente, en el período que comprende desde el siglo XIII hasta el final de la Edad Media (siglo XV), comenzará un proceso de liberación femenina que se verá reflejado posteriormente en el auge de escritoras en el Renacimiento y Siglo de Oro español. En este período, que literariamente se considera como un Neoamor Cortés, la mujer se igualará al hombre tanto en el sufrimiento como en el deseo.

    Retrato de Verónica Franco, Paolo Caliari, Worcester Art Museum, Massachusetts, USA

    Hubo varias mujeres que intentaron, y que en efecto, lograron escapar del yugo masculino y dedicarse a las letras. Ejemplos desde las más antiguas como Wallada, la Omeya del Califato de Córdoba, Leonor López o Blanca de Castilla, han dejado un breve pero intenso legado de escritos que demuestran sus fuertes impulsos hacia la literatura. Existe un personaje femenino cuyo polémico actuar ha sido fuente de inspiración para el cine, pero más bien por su particular vida y no tanto por sus escritos. Se trata de la veneciana Verónica Franco.

    Verónica Franco, nace en Venecia en 1546. Perteneció a una clase intermedia entre los aristócratas y plebeyos, llamada los “Cosiddetti”, o bien ciudadanos originarios. Su madre Paola Fracassa, es de especial importancia en su vida, ya que es ella quien incita a su hija a seguir su mismo destino y convertirse en cortesana. Tempranamente, su padre la obliga a contraer matrimonio con Paolo Panizza, un reconocido doctor, pero su espíritu rebelde la obliga a separarse de su marido y convertirse rápidamente en “cortigiana onesta”, es decir, una prostituta de alto rango (destinada a satisfacer a la nobleza), que cautivó muy pronto las cortes de Venecia tanto por su despampanante belleza y simpatía, como también por su gran preparación intelectual.

    La joven alcanza la fama tras la visita en 1574 del lozano Rey de Francia Enrique III, quien al desembarcar exige pasar una noche con Verónica. Es después de este encuentro que la cortesana logra obtener un poco más de libertad y consigue autorización para publicar y estar a cargo de compilar una edición colectiva de versos. Es justamente esta vertiente de la vida de Verónica Franco la que interesa rescatar, ya que es realmente impactante la soltura de sus escritos. Esta libertad la consigue, como es predecible, por su cercanía a los nobles, ya que al ser sus amantes clandestinos, se ven en la obligación a apoyar y encubrir las actitudes radicales de la cortesana.

    Película de 1998, Dangerous Beauty.

    Verónica Franco, escribe lo que quiere sin tapujos ni encubrimientos, sus poemas son en la mayoría amorosos y eróticos. Además, existen vestigios de la correspondencia que mantenía con su real amante. Su talento es tal, que incluso el Rey Felipe publica sus textos. Lo interesante es que ya en esta escritora se evidencia una conciencia de público; no son escritos personales o textos de almohada, sino que han sido construidos para su posterior difusión, ya sea en las tertulias de la corte, en donde ella misma las relataba o por escrito, en las tantas publicaciones que los nobles le auspiciaron. Así lo evidencian poemas suyos como la Rima XVII Della Signora Verónica Franco:

    Questa la tua Verónica ti scrive,
    signor ingrato e disleale amante,
    di cui sempre un sospetto ella ne vive…
    Forse ch ́é buona in ció la sorte mia;

    e forse ch ́i non son priva di quello/ ch ́ad arder l ́alme volontarie invia”.

    De manera inevitable, este espíritu rebelde fue llevado a proceso por la Inquisición, pero gracias a la ayuda de sus amantes nobles, logra salvar ilesa. A sus treinta y cuatro años decide dejar su profesión con la intención de crear una casa de acogida para prostitutas, pero no existen evidencias de que su plan se haya concretado. A pesar de todos sus esfuerzos, su fin, once años más tarde, coincide con el de la mayoría, sino todas, las prostitutas de la época. En 1591 muere sola producto de la peste negra, pero su vida y obra dejó una huella que pese a todos los intentos masculinos, nunca pudo borrarse de las memorias colectivas, transformándose en un verdadero mito. Verónica Franco marcó el inicio y camino para la posterior liberación femenina, logrando que las voces y el legado literario de la mujer salieran del silencio.

  • Juan Mauricio Rugendas Pintura Chilena del Siglo XIX

    Juan Mauricio Rugendas Pintura Chilena del Siglo XIX

    Atraído por el exotismo de América, Rugendas dejó atrás su Baviera natal y cruzó el Atlántico para conocerla. Diez años estuvo en Chile dando, por primera vez, forma pictórica a las costumbres nacionales. Su colorida obra, que retrata la vida cotidiana del nuevo país, es un legado esencial para la identidad chilena, y una impronta duradera en el incipiente arte nacional.

    Juan Mauricio Rugendas nació en Augsburgo, Alemania, el 29 de marzo de 1802. Hijo del dibujante, grabador y director de la Escuela de Arte y Dibujo de Augsburgo, Johann Lorenz Rugendas y Regina Lachler. Su padre apoyó desde un comienzo su vocación artística, y con el propósito de que el joven tuviera una formación más acabada, lo envió a Munich.

    Imbuido por el ánimo viajero de los artistas de la época, Rugendas se embarca a muy temprana edad en una expedición que habría de realizarse en la selva amazónica de Brasil. Después de presenciar la declaración de independencia de ese país y la coronación del primer emperador, Pedro I, emprendió el viaje a la selva, donde hizo dibujos, acuarelas y bocetos. Producto de su mala relación con el organizador de la expedición, decide regresar a Europa, llevando consigo muchos de sus dibujos.

    De vuelta en el viejo continente, Rugendas visita todas sus grandes capitales, entrando en conocimiento de los artistas y científicos más destacados de la época, dentro de los cuales cabe destacar a Humboldt, quien habría de elogiar su trabajo. El 30 de abril de 1831, decide iniciar un segundo viaje a América, llegando a México. Fue en esta etapa, enfrentado a la magnífica geografía del país del norte, que el paisaje comenzó a adquirir fuerza en su obra.

    Expulsado de México por una presunta participación conspirativa, Rugendas recala en el puerto de Valparaíso en 1834, visita que se prolongaría hasta 1842. Las autoridades nacionales, al enterarse de la llegada del pintor, le encargaron inmediatamente algunos trabajos, entre los cuales se cuentan “La llegada del Presidente Prieto a la Pampilla” y “La batalla de Maipú”. Pero lo que más seducía a Rugendas era conocer a los araucanos, de quienes se había enterado por la lectura del poema épico de Ercilla. En su viaje a la zona de la frontera, y aprovechando la cercanía física que tuvo con sus modelos, pintó retratos, representaciones de araucanos a caballo y grupos de figuras. También pintó algunas de las escenas que rondaban el imaginario chileno respecto de los indígenas, como las de asaltos y raptos de mujeres blancas.

    Rugendas estudió la fisonomía cultural del pueblo chileno, sus tradiciones y sus tipos humanos. Dibujó y pintó con predilección los personajes y costumbres más arraigadas del país, al campesinado, a los grupos urbanos modestos, al paisaje cultural. Fue un cronista gráfico, cuya obra, además de su calidad estética, interesa por su carácter histórico y documental. Muere en Wilheim, el 29 de mayo de 1858, a causa de la rotura de una arteria del corazón, lejos de las tierras donde alcanzara la consagración artística.

  • Friedrich  Hayek y la Filosofía de la Humildad

    Friedrich Hayek y la Filosofía de la Humildad

    Se recuerdan los debates de Hayek con John Maynard Keynes sobre política monetaria, la teoría de los ciclos de negocios, y su crítica de la planificación central. La mayor contribución de Hayek, sin embargo, es un corto ensayo publicado en 1945: “El Uso del Conocimiento en la Sociedad”. En este ensayo se argumenta a favor de la libertad económica y la economía de mercado, argumentos que continuaría expandiendo y refinando por el resto de su vida.

    Para Hayek las limitaciones del conocimiento humano nos obligan a depender del mercado, ya que el conocimiento sobre las preferencias del consumidor y de los procesos productivos está esparcido por toda la sociedad y es imposible juntarlo sistemáticamente para propósitos de planificación central. Hay demasiada gente con sus correspondientes deseos y necesidades como para manejarlos y procesarlos a través de una autoridad central. Pero ésto se puede resolver con súper computadoras que almacenen y traten la información para efectos de planificación central.

    El problema mayor es que mucho del conocimiento o información económica relevante es tácito y no está expresado. Un granjero puede saber como manejar su granja para obtener mayor productividad, pero no puede explicar sus habilidades de manera que puedan ser entendidas por observadores objetivos para transformarlas en datos útiles para la planificación central. Saber “como” hacer algo, no es equivalente a explicar el “que” se hace. Por eso, los comentaristas deportivos no son eximios atletas o los críticos de teatro, grandes actores.

    La información para efectuar transacciones económicas es insuficiente. Los consumidores no conocen a fondo sus propios deseos ni sus necesidades, ni tampoco los productores sus posibilidades técnicas, sino hasta que se enfrentan a las opciones del mundo real. Hayek sentencia de manera simple para este fenómeno: “lo desconocido no se puede planificar”. Es difícil imaginar desear tener un teléfono móvil, un iPod o un notebook, antes de haberlos visto a la venta por primera vez en alguna vitrina. Por eso sólo la economía de mercado descentralizada puede producir las maravillas tecnológicas que nos rodean hoy, pero no un sistema de planificación central. El mercado es un proceso de descubrimiento y no sólo un sistema de asignación de recursos.

    El terrible desempeño de los sistemas económicos de planificación central al estilo soviético validan las observaciones de Hayek. Las economías enclaustradas de Europa del Este tuvieron logros específicos: conquista militar, exploración del espacio, competencias olímpicas; pero nunca fueron capaces de proveer viviendas decentes, buen transporte o bienes de consumo para su gente. A sus sistemas de planificación siempre les faltó la información necesaria para manejar los multi variados procesos de interpretar necesidades y de producción eficiente de las sociedades avanzadas, así como la capacidad de innovar. ¿Qué invento fuera del fusil AK-47, el resto del mundo estaba dispuesto a comprar?

    Los economistas están de acuerdo que Hayek fue un distinguido economista, pero no leen ni se refieren mucho a su trabajo que no era de índole matemática. De hecho Hayek era muy crítico de los modelos matemáticos que dominan la economía contemporánea. Hayek era un economista en la gran tradición de Adam Smith y de John Stuart Mill . Hayek se distinguió más como filósofo que como economista. En sus últimos trabajos, desarrolló su entendimiento de los procesos de mercado en una teoría más amplia de la sociedad humana. Milton Friedmann pensaba que Hayek “fue el más importante pensador social del siglo XX”.

    Hayek, hacía distinción entre orden elaborado u organización por una parte; y orden emergente o espontáneo, por otra. Las organizaciones, como los departamentos administrativos de gobierno son sistemas estructurados de “arriba a abajo”, con una pirámide de autoridad con el ministro en el tope. Las órdenes de arriba son transmitidas a través de la cadena de mando hacia abajo, de manera que el ministro sea responsable por lo que realiza el departamento en todos su niveles. Las organizaciones formales como departamentos de gobierno, corporaciones, iglesias, hospitales, universidades, etc.; son indispensables para lograr objetivos bien definidos, pero están limitadas por los tacos de información en la cima, con los resultantes cuellos de botella.

    Si la organización es una pirámide de autoridad, el orden espontáneo es una red de interrelaciones. La interacción de los ejecutivos, siguiendo reglas locales producen un orden global. En el caso paradigmático del mercado económico, los individuos persiguiendo obtener ganancias y evitar pérdidas, negocian entre ellos, de donde surgen los precios flotantes para equilibrar oferta y demanda. Nadie tiene ésta a cargo, nadie tiene que decidir cuánto se debe producir o cual será el precio del mercado. Así el mercado evita la pérdida de información que afecta el orden organizacional. Las necesidades y habilidades de cada comprador y vendedor son parte de una red compleja de información. Cuando un huracán interrumpe laextracción de petróleo en el Golfo de México, los precios suben en todo Norte América. Se les avisa a los consumidores de economizar, mientras que los productores en otras zonas sacan inventarios o bombean más petróleo de los pozos. El tráfico automotriz continúa fluido e ininterrumpido sin órdenes del gobierno desde la altura. El conocimiento humano es un orden espontáneo, que no está bajo la autoridad o control de nadie. El lenguaje no fue creado por nadie en particular; es un ejemplo clásico de lo que el filósofo escocés Adam Ferguson llamara “el resultado de la acción humana pero no del diseño humano”. El lenguaje hablado consiste en emitir sonidos de acuerdo a ciertas reglas que entendemos en el sentido tácito de ser capaces de seguir, pero no de explicar lo que son. Los lingüistas pueden descubrir estas reglas a través de su investigación, pero no se necesita ser lingüista para comunicarse a través del lenguaje. Una vez que el lenguaje tiene existencia podemos valernos de las técnicas de organización para mejorar la comunicación. Los lexicógrafos pueden desarrollar listas de palabras, establecer definiciones, y publicar los resultados en diccionarios. Los gramáticos pueden a su vez establecer la reglas del lenguaje y publicarlos en textos de gramática. Pero todos esos esfuerzos son sólo momentos en el tiempo, reflejando el uso del leguaje pero no determinándolo. Con el paso del tiempo, el uso cambia inexorablemente, así que los diccionarios y la gramática deben ser revisados constantemente para seguir siendo útiles. La evolución lingüística se produce en forma espontánea, pero con un alto grado de orden y coherencia.

    Otro ejemplo de orden espontáneo es el “Common Law” (derecho consuetudinario) de los pueblos anglo sajones. El Common Law es el compendio de reglas de conducta que surgen de las decisiones de las Cortes desde la Edad Media. Estas reglas nunca fueron escritas como principios generales en formato legislativo; más bien son reglas inferidas de las decisiones de los jueces en casos particulares. La coherencia de este sistema se deriva del principio de stare decisis (queda decidido), bajo el cual los jueces deben seguir los precedentes legales de decisiones anteriores, apartándose de las mismas sólo si las circunstancias de un nuevo caso, hacen imposible seguir el modelo ya delineado por casos anteriores. Los jueces deciden en forma local casos particulares, aplicando el concepto de justicia como ellos lo interpretan; mientras que las reglas generales de precepto emergen en forma global, a medida que los jueces siguen las decisiones anteriores como precedentes.

    Un tercer y más contemporáneo ejemplo de orden espontáneo es Wikipedia, hoy por hoy la enciclopedia más usada a nivel mundial.. Uno de los fundadores de Wikipedia, Jimmy Wales, ha expresado como fue influenciado por Hayek a través de la lectura de uno de sus ensayos: “El uso del Conocimiento en la Sociedad”. “Uno no puede entender mis ideas acerca de Wikipedia sin entender el mensaje de Hayek”, escribió hace un tiempo, Wales. Wikipedia funciona permitiéndole a quien sea, “postear” artículos sobre el tema de su preferencia, con algunas limitaciones y salvedades con respecto a responsabilidad legal de autor en términos de difamación. Una vez “posteados” los artículos pueden ser revisados y enmendados por cualquier lector. Los empleados de Wikipedia intervienen sólo cuando se producen guerras inflamatorias entre autores con agendas de propaganda política. Todo el proyecto de Wikipedia está apoyado por aportes voluntarios. Wikipedia es una organización en el sentido de que Wales y sus colaboradores tuvieron que crear una entidad legal, diseñar el software y reservar un URL en la Red; pero por otra parte constituye un orden espontáneo en cuanto su funcionamiento cotidiano, tiene que ver con “posteos” y revisiones de un sinnúmero de autores. Fiel a la formula de Hayek, este sitio ayuda a juntar los pedacitos de conocimiento distribuido por el globo en las mentes de millones de seres humanos y en sólo pocos años ha llegado muy cerca de hacer realidad la filosofía programática de Wales de “imaginar un mundo en el cual cada persona en el planeta tenga acceso libre a la suma total del conocimiento humano”

    Para Hayek, la sociedad es una red de órdenes emergentes, la interrelación de los órdenes que ocurren espontáneamente como el lenguaje, la ley de costumbres, tradiciones morales, y el mercado; o en algunos ejemplos específicos como Wikipedia, deliberadamente creada por el ingenio humano. Organizaciones como los ejércitos, las burocracias y las corporaciones también tienen un lugar en este cuadro, pero la sociedad como tal, es un orden espontáneo no una organización. El totalitarismo es un intento de transformar la sociedad en una organización total, manejada por el estado. Mussolini lo expresó mejor que nadie y en forma memorable: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”

    Hayek le da un nombre especial al error intelectual que subyace el impulso totalitario: “constructivismo”. El constructivismo es la falacia intelectual de pensar que el orden social no puede emerger espontáneamente sino que debe ser diseñado a través de la articulación de la razón humana. Los ejemplos abundan: en el socialismo se supone que el estado debe planificar la economía; en el positivismo legal, se supone que el soberano es la única fuente legítima de la ley; y en el cientificismo de Compte, se propone someter la sociedad al control de la autoridad de la tecnocracia. Cuando se le permite al constructivismo hacerse realidad con el impulso y entusiasmo de algunos, el sueño se convierte rápidamente en pesadillas totalitarias.

    La crítica de Hayek de la razón articulada implica la aprobación tácita de la razón implícita. Es el caso con las reglas de conducta que se siguen sin poder explicarlas o siquiera expresarlas; el comportamiento moral siendo un buen ejemplo de esto. Los niños pequeños tienen un sentido innato del yo, expresado en conceptos como “mío y tuyo”, lo cual lleva directamente a discusiones sobre lo que es justo y lo que es justicia. A medida que crecemos aprendemos a tratar a los otros con ecuanimidad en todo tipo de situaciones: compartiendo el alimento con familiares; respetando la fila en la parada de bus; dándole una nota justa a un buen alumno u otorgándole aumentos a los empleados productivos. Es posible y normal, incorporar la virtud de ser justo sin detenerse a ponderar las teorías de la justicia ontológicas o utilitaristas. Lo que importa es actuar correctamente y no teorizar sobre como hacerlo en forma consciente.

    El conocimiento tácito es uno de los grandes temas unificadores de la filosofía de Hayek. Se aplica no sólo a la moral y al lenguaje, que a pesar de ser la base de todo avance humano, lo usamos sin conciencia inmediata de las reglas que lo gobiernan y que le dan coherencia. En suma, la filosofía de Hayek es una filosofía de la humildad, que apunta a lo tácito, lo implícito, lo inconsciente, y desconfía de las supuestas muchas virtudes de la razón articulada y consciente. La importancia del conocimiento tácito es el argumento fundamental en beneficio de la libertad humana: “Lo desconocido no se puede planificar”. Aún el más brillante y erudito de los intelectuales no puede asimilar el conocimiento tácito de los demás. Pero los resultados sociales serían óptimos si a cada persona se le permitiera utilizar el conocimiento que solo él o ella posee con respecto a sus aspiraciones, sus gustos y sus habilidades. Suplantando la decisión individual con planificación puede aparecer superficialmente racional, pero es en verdad irracional porque entorpece el proceso a través del cual la información realmente útil puede utilizarse para el servicio de otros. En el fondo, la defensa de la libertad de Hayek se basa no en una concepción de derechos humanos sino más bien en argumentos sobre utilidad en un mundo de información incompleta e imperfecta.

    Hayek también aborda temas como la libertad individual, el poder de los mercados, los límites del Estado y la sujeción del poder gubernamental a la ley. Hayek se veía a sí mismo como un liberal del siglo XX , no como un conservador. De hecho escribió en su momento un ensayo titulado “Por Que No Soy Conservador”. Pero sus opositores lo tildaron de conservador por la importancia que Hayek le daba a la libertad humana, los derechos de propiedad y a los mercados. Su versión del liberalismo tiene similitudes al conservadurismo dado el énfasis en las limitaciones de la razón humana y la importancia en conservar la sabiduría del pasado incorporada en las costumbres y tradiciones. Muchos liberales clásicos como Jeremy Bentham y John Stuart Mill, eran altamente racionalistas, glorificando la habilidad de la razón humana para entender procesos sociales y mejorarlos a través del diseño consciente de alternativas superiores. Pero Hayek, consciente de la debilidad de la razón, entendía tradición más a la manera de Edmund Burke quien la entendía como un depósito de sabiduría heredada, fruto de la experiencia práctica. Hayek pudo haber sido el autor de las famosas palabras de Burke: “ tememos poner a los hombres a negociar y a vivir sobre la base de su capital individual de razón, porque creemos que ese capital es pequeño y que sería preferible que dependieran del banco y capital de naciones enteras y del pasado ancestral”. La gran amenaza para la sociedad es el intelectual racionalista que pretende arrasar con todo para recomenzar con principios claros y simples en vez de respetar la sabiduría tácita de los ancestros. Tal racionalismo es un “engreimiento fatal”, la presunción de que el hombre pueda diseñar la sociedad en la que va a vivir.

    Típico de los liberales europeos, Hayek no fue un pensador religioso y siempre se consideró agnóstico, pero sí se convenció del valor y aporte positivo de la religión como una manifestación de la tradición. Después de su muerte en 1992, fue sepultado en una ceremonia católica en Viena. El sacerdote que presidiera el entierro dijo de Hayek lo siguiente: “él era alguien siempre en busca de una respuesta al problema de la religión y vivía una batalla interna constante con el concepto de lo que llamamos Dios. Siempre se resistió a un Dios antropomórfico. No quería un Dios que fuera sólo un poco más que un hombre”

    En la piedra sepulcral, traída de los Alpes Tiroleses, donde Hayek amaba pasear y escalar, hay una simple cruz. Quizás esta simple cruz sea un reflejo de lo que el escribiera en su momento: “Me pregunto que si lo que mucha gente quiere decir cuando hablan de Dios no es solo la personificación de la tradición moral y valores que mantienen a sus comunidades vivas”. La importancia de Hayek es ofrecer una base intelectual para las diferentes corrientes del conservadurismo moderno. Para aquellos que desean ver una economía de mercado, ofrece una explicación sofisticada de los derechos de propiedad y el libre intercambio.

    Para los conservadores religiosos, perturbados por la declinación de la religión y la moralidad tradicional, explica la importancia de confiar en la sabiduría heredada. Para los populistas, furiosos por los esquemas reformistas de las elites culturales y sociales, apunta a la importancia del sentido común y a la fragilidad del racionalismo de los intelectuales. Y para aquellos preocupados por las amenazas externas como el comunismo, o más recientemente, el Islamismo radical, ofrece una crítica coherente de todas las formas de teocracia y de totalitarismo.

    Hayek siempre se mantuvo alejado de la política contingente, a sabiendas que era incompatible con su rol de erudito y de filósofo. En 1947 fundó la Sociedad Mont Pelerin, que aún se dedica a difundir la visión liberal de la sociedad libre. Triunfó a través del poder de su pensamiento iluminado. En los 80, sus obra influenció los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y su pensamiento renació en Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín; sirviendo de inspiración y guía a muchos reformadores de mercado y políticos conservadores. Aún cuando siempre negó ser un conservador, sigue siendo la mejor guía práctica de lo que significa ser conservador en el mundo moderno.

  • Mihail Yurievich Lermontov: Poeta, Romántico y Luchador

    Mihail Yurievich Lermontov: Poeta, Romántico y Luchador

    Este poeta romántico y rebelde, defensor de la libertad y de los derechos de su pueblo es contemporáneo de Pushkin, a quien admira profundamente. A su muerte le escribe un poema que estremece a todo el pueblo ruso.

    Su padre era un capitán retirado, noble sin fortuna, descendiente de escoceses establecidos en Rusia durante el siglo XVI. Su madre pertenecía a la alta aristocracia terrateniente y hubiera podido aspirar a una unión más brillante, pero joven y romántica siguió el camino que le indicaba su corazón, venciendo la oposición férrea de su familia. De esta unión nació Mihail que vino al mundo en Pensa, una aldea al sur de Moscú, durante la noche del 2 al 3 de octubre de 1814. Tanto los padres como la abuela materna amaban al niño profundamente pero eran incapaces de entenderse entre sí. El rencor de Elizaveta Arsenieva hacia su yerno provocaba escenas violentas y el matrimonio se entendía cada vez peor. El niño tenía apenas tres años cuando su madre murió de tisis y la abuela obligó al padre a cedérselo, poniéndolo en una situación insostenible. Si renunciaba al hijo, ella pagaría las deudas del capitán y haría del pequeño Mihail su heredero, pero si insistía en llevárselo consigo, lo desheredaría. Elizaveta Alexeevna Arsenieva se instaló en sus dominios de Tarhany con el nieto a quien hizo impartir una educación excelente. Profesores privados le enseñaron ruso, inglés, alemán, francés y griego, historia, geografía, matemáticas, literatura, música y pintura para la que reveló dotes extraordinarias. Aprendió a dibujar antes que a escribir. Por cierto, recibió también clases de esgrima. La vida de la abuela, dominante y posesiva, giraba en torno al pequeño y no reparaba en gastos para darle lo mejor. Todos procuraban complacerlo y cuando estaba enfermo, las siervas eran liberadas de su trabajo para que rezaran por la salud del joven amo.

    Por el lado materno tenía muchísimos parientes por lo que no era un niño solitario Compartía juegos con primos más o menos lejanos. Uno de ellos, Alexei Stolypin fue su mejor amigo hasta el fin de su vida. Como era de salud delicada, su abuela solía llevarlo al Cáucaso para reponerse. La vida de los pueblos de las montañas caucasianas le provocaron impresiones durables que luego se reflejarán en sus obras poéticas. Iban donde una tía en Georgia con la esperanza de que el aire puro y los baños de mar mejorarían su salud. La casa tenía una estupenda biblioteca y “Misha”, de diez años, gozaba leyendo a Voltaire, Rousseau, Schiller y Goethe.
    Contaba 11 años cuando Nicolás I subió al trono y ocurrió la rebelión de los decembristas, oficiales que intentaron exigir una constitución, fracasaron y fueron reprimidos por el zar. Como muchas familias aristócratas, la suya también se vio afectada. Su tío abuelo, Dmitri Stolypin, era muy amigo de uno de los líderes: Pavel Pestel, condenado a la horca. En 1827 Mihail es ya un adolescente; hay que pensar en su educació y abuela y nieto se trasladan a Moscú lo que le permite intimar con la familia Lopoukhin que tenía varias hijas. Con Alexandra y María, sobretodo con esta última, bastante mayor, sostuvo correspondencia asidua a lo largo de su vida y ellas lo consideraban como un hermano. Pero se enamoró de la menor, Várvara, quinceañera dulce, inteligente, simpática, de sonrisa radiante, tal vez el gran amor de su vida, pero que nunca le correspondió. Al año siguiente Mihail ingresa al internado para nobles que dependía de la Universidad de Moscú y cuya instrucción estaba principalmente orientada a los clásicos ya que al zar no le gustaban los currículos liberales. Pero la vieja Moscú vivía un momento intelectual interesante porque, si bien era la sede de la élite mas tradicional, la aristocracia terrateniente ligada a la institución de la servidumbre, no pudo impedir la influencia del romanticismo, movimiento clásico alemán y eso renovó su visión cultural de tal manera que el joven Lermontov se benefició tanto de la instrucción del internado como de las representaciones públicas de obras de Shakespeare y Schiller, aunque mutiladas por la censura. Es una etapa grata en su vida; a los 16 años se enamora de Ekaterina Shuskova y le escribe un ciclo de poemas, poco después otro entusiasmo, pasajero, por la hija del dramaturgo Ivanov. 1831 es un año importante por dos razones: se reencuentra con su padre e ingresa a la universidad. Está encantado de volver a ver a su progenitor y le muestra sus pinturas y sus versos, pero lamentablemente el padre muere ese mismo año y es un desgarro en el alma del joven que escribe versos desolados: “Me diste la vida pero no la felicidad”.

    El primer semestre universitario coincidió con una epidemia de cólera y los estudiantes se comprometieron en una lucha para derrotar la enfermedad, bajo la coordinación de los alumnos de Medicina, de tal manera que las clases no se reanudarán hasta el año siguiente. Cuando todo volvió a la normalidad, estos jóvenes que habían dado muestras de iniciativa y gozado de una cierta autonomía, tuvieron dificultad en adaptarse al cerrado criterio universitario que rechazaba toda idea opuesta a la autocracia. Mihail Lermontov pertenecía a un grupo denominado:”La Alegre Pandilla” que propiciaba un estado constitucional, en el cual la servidumbre sería abolida y donde todos tendrían derecho a la educación. No proponían soluciones concretas pero tenían claro que la educación que se les impartía era de espíritu estrecho e ideologizada. El conflicto con la autoridad era inevitable. Silbaron al profesor de derecho romano por considerarlo obtuso. Lermontov, en especial, provocaba a los docentes continuamente. Les reprochaba su ignorancia y el material de estudios anticuado, jactándose de su propia biblioteca, muchísimo más actualizada que la universitaria. Esta confrontación terminó con su expulsión. En un principio pensó continuar los estudios en la universidad de San Petersburgo, pero ésta no reconocía los estudios de la moscovita.

    Decidió, por lo tanto ingresar a la Escuela Militar. Como vástago noble, luego de dos años se graduaría y estaría listo para enrolarse en alguno de los regimientos de la guardia imperial. Era el camino que seguían muchos aristócratas, pero en el caso del joven Mihail con su carácter rebelde, cabía preguntarse si se adaptaría a un ambiente en que todo atisbo de liberalismo había sido suprimido y donde se enseñaba únicamente estrategia, balística y fortificación mientras que el tiempo libre se dedicaba al juego de cartas, pero el caso es que lo soportó e incluso encontró tiempo para escribir gran parte de su poema “Demonio”, el ángel caído que se enamora de una mujer, Tamara. Se gradúa con su clase en 1834 y comienza una etapa de mucha vida social en los salones de la capital, donde luce su uniforme, pero su espíritu crítico se desata contra esa sociedad, llena de privilegios y de ideas estrechas, que le inspira un drama “Masquerade”, obra de teatro en verso, que no pasó la censura y tuvo que ser reescrita tres veces, a pesar de lo cual no será representada en vida del autor. No sólo la censura lo rechaza, el amor tampoco le sonríe. Un reencuentro con Ekaterina Shuskhova termina en ruptura y Várvara Lopoukhina se casa con otro. 

    En 1837 lo impacta terriblemente la muerte de Pushkin, a quien admira profundamente, ocurrida en un duelo a manos de Georges d’ Anthès y escribe en contra del agresor, un poema, muy alabado incluso por su superior , el gran duque Mihail Pavlovich , pero al enterarse que d’ Anthès no será juzgado en Rusia por ser extranjero, se desata en él una rabia enorme y agrega 16 líneas a lo escrito, acusando a la aristocracia , llena de parásitos pululando detrás del trono, de haber dado muerte al poeta y cuya sangre negra jamás podrá borrar la sangre pura del fallecido Pushkin. Enterado Nicolás I, cuyos consejeros califican el poema de revolucionario, lo hace detener y lo exilia al Cáucaso, donde se integra al ejército. Con esto le brindó la oportunidad de conocer personalmente y de admirar a los decembristas a quienes el zar había conmutado el destierro a Siberia por una asignación en el ejército que combatía las tribus rebeldes. Los decembristas lo habían arriesgado todo, hasta la vida, por Rusia, olvidándose de sí mismos.

    El exilio le resultó artísticamente muy positivo. Escribió mucho y pintó mucho. El Cáucaso lo inspira. Por influencia de su abuela, en 1838 es perdonado y vuelve a la capital. Sus poemas, sus aventuras, lo convierten en un personaje a la moda y los salones reclaman su presencia, pero él está demasiado conciente de la independencia de sus opiniones y de sus reflexiones, producto de una observación aguda y sabe que chocará con los elementos más conservadores, que lo volverán a atacar. Como gran concesión, el zar lo promueve a teniente y lo reintegra a su regimiento de húsares. Mayor satisfacción le produce integrarse al grupo de poetas que había rodeado a Pushkin y al que pertenecen Zhukovsky, Vyazemsky, Pletnev, Karamzin, entre otros. 
    Es la época en que escribe su obra maestra: “Un héroe de nuestro tiempo”, novela de transición, realista por su crítica a la sociedad rusa y romántica en todo lo demás. Su protagonista, Pechorin es el antihéroe en el que reconocemos rasgos autobiográficos del autor. Pechorin es joven, muy inteligente y tras su cinismo se esconde un corazón torturado. Su apariencia de hombre a quien nada le importa, gozador y oportunista es un disfraz. Como telón de fondo el Cáucaso, con sus paisajes majestuosos y sus gentes, que tan pronto conviven con el ejército ruso como luchan contra él. En el prefacio escribió: “¡Un hombre de nuestro tiempo, mis queridos señores, es en verdad un retrato, pero no de un hombre, es el retrato de todos los vicios que florecen en nuestra generación!”

    En 1839 asiste a muchas veladas de lectura de poesías. El crítico Bielinsky lo consideraba un regalo nuevo y poderoso para Rusia, pero no era fácil alternar con él. Turguenev que lo apreciaba dirá: “Había algo negativo y trágico en la apariencia de Lermontov; de su rostro moreno y de sus grandes oscuros ojos fijos emanaba una suerte de pensativo desprecio y pasión”. Ese año da su forma final al poema “Demonio”. El melancólico maligno vaga por la tierra y se enamora de Tamara a quien promete la eternidad por un momento de amor, pero su beso, como veneno mortal la mata. Redimida por su amor y su sufrimiento, el cielo se abre para ella, pero el demonio renuncia a su sueño de mejores cosas y permanece abandonado en el universo, sin amor ni esperanza.
    Lermontov se burlaba agriamente de las damas petersburguesas, y en el baile de año nuevo de 1840 se las ingenia para ofender a las hijas de Nicolás I. A renglón seguido, en febrero de ese año, en el baile ofrecido por la condesa de Laval se pelea con un amigo de d’Anthés, el que había dado muerte a Pushkin, Se llamaba Ernest de Barante y era hijo del embajador de Francia en Rusia. ¿El motivo?: una dama, es lo más probable y se baten a duelo, contra prohibición expresa de la autoridad. Primero se dieron golpes de sables y luego Lermontov disparó al aire. Le cayó encima el peso de la ley lo que aceptaba, pero a su alma profunda y poderosa le resultaba insoportable que dudaran de su palabra y no creyeran que había disparado al aire. De nuevo fue exiliado al Cáucaso donde se distinguió en las operaciones militares contra los montañeses y participó en sangrientas batallas, con tanto valor que sus superiores lo propusieron para condecoraciones que el zar le negó. Como gran concesión le permitió una licencia de dos meses en San Petersburgo, por motivos de salud.
    La bella condesa Vorontsova Dashkova a quien había cantado en un poema lo invita a un baile al que asiste el gran duque Miguel, hermano del zar, quien se siente ofendido por la presencia de un oficial en desgracia. La condesa logra calmar los ánimos a duras penas y evitar su expulsión. Lermontov quería dejar el servicio activo pero no lo autorizan y retorna al Cáucaso .Está enfermo y le permiten ir a la estación termal de Pyatigorsk a recuperarse. Allí encuentra un antiguo compañero del internado: el oficial Martinov .Y se produce una riña. Algunos piensan que Martinov se sentía herido porque el poeta había despreciado a su hermana, otros que se disputaron por una bella que también hacía una cura de aguas, pero el hecho es que el duelo resultó inevitable a pesar de que Lermontov intentó arreglar las cosas. No hizo el menor intento por disparar y su adversario, experto duelista, luego de vacilar un segundo disparó directo al corazón y le arrebató la vida. Era el 15 de julio de 1841, día aciago en que a los 26 años moría, en plena juventud, un hombre dotado de talentos excepcionales. Sus poemas y novelas combinan folclor, romanticismo lírico y realismo incipiente sin olvidar su apasionada defensa de la libertad, presente en toda su obra, lo que conllevaba un gran desprecio por el zar y sobretodo por los cortesanos y el clero, sostenes de la autocracia.

    Por eso cuando se difundió la noticia de su muerte, quienes se movían en los altos círculos de poder que rodeaban al trono, se alegraron de su desaparición, en tanto otros, cuya sensibilidad les permitía apreciar su alma de artista, lamentaban la desaparición de un gran poeta. El príncipe Viasemky declaraba: “Es una pérdida enorme para nuestra literatura. Doble golpe.¡Qué tristeza!. El propio Lermontov, con su agudeza habitual, había anticipado estas reacciones. En “Un héroe de nuestro tiempo” puso en labios del protagonista, Pechorin, que tanto se le parecía, las siguientes palabras: “¿Moriré mañana quizá? No quedará sobre la tierra ningún ser que me haya comprendido perfectamente. Unos me considerarán peor, otros mejor de lo que soy en realidad. Los últimos dirán: era un valiente joven; los primeros: era un mal elemento. Y unos y otros se equivocarán…”