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  • La Respuesta Romántica

    La Respuesta Romántica

    ¿Que es el Romanticismo?; ¿es algo errático o una certeza?; ¿es de izquierda o de derecha?; ¿es revolucionario o reaccionario?; ¿que es lo que es? Tales preguntas no son académicas pero no por eso sin importancia. Al contrario, nos ayudan a entender el mundo en que vivimos.

    John William Waterhouse. The Lady of the Shalott, 1888

    En el Epílogo de la tercera edición de “La Vuelta del Peregrino” , C.S. Lewis se quejaba que por Romanticismo se entendían tantas cosas, que como palabra había pasado a no tener significación. “No usaría esta palabra para describir ningún fenómeno”, protestaba, ya que la considera “una palabra con tantas acepciones al punto de ser inútil y debería por ende, borrarse del vocabulario”. Con calma, Lewis!, si elimináramos palabras simplemente por tener múltiples y vagos significados, o porque se abuse de su significado, o éste se corrompa por una mala aplicación, resultaría casi imposible poder hablar o expresarnos. Tomemos como ejemplo la palabra “amor”. Pocas palabras han sido tan manoseadas como “amor” y sin embargo, pocas palabras son de tal importancia axiomática para el entendimiento de sí mismo.

    John Lennon y Jesucristo no quieren decir lo mismo cuando hablan del amor. Uno se pone una flor en el pelo y se embarca en un viaje alucinógeno a San Francisco, mientras que el otro acepta que le pon- gan una corona de espina en su cabeza y va al Gólgota a encontrar SU muerte. El uno se desvía, el otro muestra el CAMINO. El uno es sublime, y el otro ridículo. Por supuesto que C.S. Lewis entendía esto perfectamente. De hecho lo entendía tan bién que escribió un libroentero sobre el asunto. En “Cuatro Amores” quiso definir “el amor”. Y lo que es verdad de esa palabra “amor”, es igualmente verdad de la palabra “romanticismo”.

    Si queremos avanzar en entender el romanticismo, debemos aban- donar la noción de abolir la palabra “romanticismo”, y comenzar, en vez, a definir los términos. Lewis, a pesar de sus protestas, entendía perfectamente esto y del deseo de abolir la palabra, pasó a enumerar varias definiciones de la misma, argumentando que“podemos distinguir al menos siete especies de cosas a las que se le llaman románticas”. ¡De cuatro amores a siete romanticismos!, Lewis no estaba para abandonar el significado, o “mens sana” a otros hombres sin mente ni pecho!

    Ya que las siete definiciones del romanticismo, de Lewis son difíciles de manejar, es necesario afinar nuestra definición del romanticismo en una unidad comprensiva de la cual las otras definiciones sean sub sets. Que caracteriza o distingue al romanticismo, o volviendo a la pregunta inicial, ¿que es?. De acuerdo al Diccionario de Filosofía, Collins; el romanticismo es “un estilo de pensamiento y de percepción del mundo, que dominara la Europa del siglo XIX”. Partiendo en la cultura medieval temprana, se refería originalmente a los cuentos en la lengua Romance sobre el amor cortesano y otros temas sentimentales que se distinguen de las obras escritas en latín clásico. Desde el comienzo, por ende, “el romanticismo” estuvo en contra distinción del “clasicismo”. El primero se refiere a un punto de vista marcado por sentimientos refinados y recíprocos, y por lo tanto se puede decir que es introvertido, subjetivo, “sensible” y dado a los sueños nobles; el último está marcado por el empirismo, gobernado por la ciencia y medición precisa y podría llamársele extrovertido.

    Joseph Karl Stieler (1781–1858). Retrato de Ludwig van Beethoven Componiendo la Missa Solemnis. 1820 Current location Beethoven-Haus.

    Habiendo definido nuestros términos, entendiendo, en el sentido más amplio y general; podemos proceder a una discusión de la forma en que la sociedad humana ha oscilado entre las dos visiones alternativas de la realidad representada por el clasicismo y el romanticismo. Antes que nada, sin embargo, debemos insistir en que esta oscilación es en sí una aberración, producto de la modernidad. En la Edad Media no existía tal oscilación entre los dos extremos de la percepción. Al contrario, el mundo medieval se caracterizaba, y de hecho se definía por, una unidad teológica y filosófica que trascendía la división entre romanticismo y clasicismo. El nexo entre filosofía y teología en la visión del hombre en el Platonismo Agustino y el Aristotelismo Tomista estaba representado en la fusión de fides ratio, la unión de fe y razón. Tómese como ejemplo el uso figurativo o alegórico en la literatura medieval, o el uso del simbolismo en el arte de la época. La función de lo figurativo en el arte y la literatura medieval no tenía como propósito principal producir sentimientos espontáneos en el observador o lector, sino estimular al observador o lector a ver el significado filosófico o teológico contenido en la configuración simbólica. En este sentido, el arte medieval, iluminado por la filosofía y teología medieval, es mucho más objetivo y extrovertido que el ejemplo más “realista” del arte moderno. El primero apunta a las ideas abstractas que son el fruto de una tradición filosófica que existe independiente tanto del artista como del observador; el segundo recibe su “realismo” sólo de las emociones y sentimientos de aquellos que lo “experimentan” o “sienten”. Uno exige que el artista o el observador se proyecten más allá de sí mismos a la verdad trascendente que está afuera; mientras que el otro se desliza por los sentimientos de la experiencia subjetiva. El rendir lo trascendental a lo transitorio, lo perenne a lo efímero, es la característica de la sociedad post cristiana y por ende, post racional. Es la marca de la bestia. La fusión medieval de la fe y la razón se fragmentó, teológicamente, con la Reforma, y filosóficamente, con el neo clasicismo de fines del Renacimiento. El romanticismo y el clasicismo, puede decirse, representan intentos de reparar los fragmentos del huevo Humpty Dumpty del cuento. Son en realidad intentos de darle sentido al sinsentido de la fragmentación de fe y razón.

    La pretenciosa auto nominada “Ilustración” era el Fenix-Frankestein filosófico que se elevó de las cenizas de esta fragmentada unidad. Representa la razón sin fe, o mejor dicho, una fe ciega en la pura razón. De la misma forma que la fragmentación teológica de la Reforma Protestante había llevado a un rechazo de la ratio (razón) escolástica, incluyendo solo el fides; la fragmentación de la Ilustración-Renacimiento, llevó a un rechazo del fides, incluyendo sólo la ratio. La creencia que el hombre había destronado a los dioses de la superstición, llevaría muy rápidamente a la supersticiosa elevación del hombre a ser un dios auto adorador. En el tiempo esto llevó a la veneración de la diosa Razón en la Catedral Notre Dame de París durante el Reino del terror que surgió a continuación de la Revolución Francesa, la primera manifestación del totalitarismo racionalista. Si la Ilustración se caracterizó por el cientificismo y el escepticismo, es decir, la veneración de la ciencia y la denigración de la religión; la Respuesta Romántica en contra de la Ilustración se caracterizó por el escepticismo hacia la ciencia y la resurrección de la religión. El Romanticismo emergería, de hecho, como la reacción de “fe inarticulada” en contra de la “razón inarticulada”; es decir la veneración del corazón en guerra contra la veneración del seso. Fue un espectáculo muy alejado del paisaje de unión de corazón y seso que caracterizara a la civilización cristiana. La Respuesta Romántica, sería, sin embar- go, un paso significativo en la dirección correcta, llevando a muchos románticos de corazón noble, al corazón de Roma. Este fue el caso de al menos Inglaterra, Francia, aunque en Alemania se desvió vía el genio de Wagner y la locura de Nietzsche, a la psicosis de Hitler.

    La respuesta romántica en Inglaterra, puede decirse, tuvo su génesis en 1798 con la publicación de Las Baladas Líricas (Lyrical Ballads), de William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge. Publicado sólo nueve años después de la Revolución Francesa, el poema Lyrical Ballads representaba el alejamiento y rechazo del racionalismo que había llevado al Reino del Terror. Wordsworth pasó de un “estado espiritual sereno y sublime” de un panteísmo optimista, evidente en sus “Lineas Compuesta varias millas sobre la Abadía de Tintern”, a un completo acuerdo con la Cristiandad Anglicana, evidente en la descripción alegórica de Cristo en “Resolución e Independencia”. Coleridge echó el guante del desafío de la Cristiandad en la sublimación de los sublime en “la Rima del Viejo Marinero”; y en sus “Himno al Alba en el valle de Chamouti” apuntó más allá de la naturaleza majestuosa (OSovran Blanc!) a la majestuosidad del Dios de la naturaleza:

    Quién te dio gloria como las Puertas del Cielo
    bajo la espléndida luna llena? Quién ordenó al sol
    que te vistiera con el arco iris? Quién ordenó guirnaldas a tus pies del azul más bello?
    Dios! Deja que los torrentes, como el clamor de naciones contesten! Y deja que las mesetas heladas hagan eco, Dios! Dios! Que canten los esteros de las praderas con voces alegres!
    Y los pinares, con sus suaves sonidos del alma!
    Que alcance su voz, más allá de los picos nevados,
    y que en su peligrosa caída, truenen, Oh Dios!

    En su reacción en contra de la Ilustración y sus monstruosos en- gendros, la Revolución Francesa, Wordsworth y Coleridge pasarían por sobre los errores y el terror de los tres siglos precedentes para redescubrir la pureza y un pasado cristiano, saltándose la herejía para encontrar la ortodoxia. Esta forma de reacción se repetiría en varias de las manifestaciones del neo-medievalismo que seguiría al Romanticismo de Wordsworth y de Coleridge. El renacimiento gótico, anunciado por el arquitecto Augustus Pugin en 1830 y defendido por el crítico de arte, John Ruskin, veinte años más tarde, buscaba descubrir una estética más pura a través de de las nociones de belleza del Medioevo. El Movimiento de Oxford, liderado por John Henry Newman, Edward Pussey y John Keble, buscaba un retorno a una visión católica más pura para la Iglesia de Inglaterra, saltándose la Reforma en un intento por injertar la Iglesia Anglicana Victoriana a la Iglesia Católica de la Inglaterra medieval, promoviendo la liturgia católica y la interpretación católica de los sacramentos. La hermandad pre-Rafaelita, formada después de 1850 por Dante Gabriel Rosseti, John Everett Millais, William Holman Hunt, y otros; buscaba una visión más pura del arte, pasando por sobre el arte de Renacimiento tardío, buscando la claridad de la pintura medieval y del Renacimiento temprano, pintura que, como lo sugiere la rúbrica de pre-Rafaelita, era anterior a las innovaciones de Rafael.

    John Everett Millais: Ophelia. 1851 – 1852 Tate Britain, London

    Quizás la voz poética emergente más importante de la Respuesta Romántica es la de Gerard Manley Hopkins, quien fuera recibido en la Iglesia Católica por John Henry Newman en 1866, veintiún años más tarde de la propia conversión de Newman. Influenciado por las figuras de la pre Reforma, como San Francisco y Duns Scotus, y por el rigor anti reformista de San Ignacio de Loyola, Hopkins escribió poesía llena del dinamismo de la ortodoxia religiosa. No publicado en vida, Hopkins estaba destinado a surgir como uno de los poetas más influyentes del siglo XX, después de la publicación de sus versos en 1918, casi treinta años después de su muerte. Aunque estas manifestaciones del Romanticismo neo medieval, transformaron la cultura del siglo XIX, contrastando con el optimismo y triunfalismo cientificista de la psiquis imperial Victoriana, sería un grave error sugerir que el Romanticismo siempre desembocó en el medievalismo. Las tendencias neo medievales de lo que podría denominarse Romanticismo Luminoso eran acompañadas a la par por un Romanticismo Oscuro, evidenciado en la vida y obra de Byron y Shelley, quienes demostraban tendencias nihilistas y desesperación ensimismada.

    Si Wordsworth y Coleridge reaccionaban en contra del ícono racionalista de la Revolución Francesa, Byron y Shelley pretendían reaccionar en contra de la propia reacción de Wordsworth y Coleridge!. Fuertemente influenciado por las Lyrical BalladsI, Byron y Shelley se sentían incómodos con el tradicionalismo Cristiano que Wodsworth y Coleridge comenzaban a hacer suyo. Byron dedicó bastante espacio en el Prefacio del Pergrinaje del Niño Harold, para atacar las monstruosas necedades de la edad media”, y Shelley en su “Defensa de la Poesía”, declaraba su horror de la Tradición, insistiendo que los poetas debían ser los esclavos del espíritu de los tiempos, y que “debían reflejar las sombras gigantescas que el futuro echa sobre el presente”. Esclavos del espíritu del Presente, y espejos de la Gigante presencia del Futuro, los poetas eran guerreros del Progreso que buscaba vencer los supers- ticiosos retazos de la Tradición. Es posible que estas soserías pudieran ser excusadas como locuras y liviandades de la juventud, sobre todo considerando que hay evidencia de que Byron aspiraba a algo más sólido que un deísmo inarticulado y sin credo, como en su “ The Prayer of Nature” (Oración de la Naturaleza); y que el ateísmo militante de Shelley se estaba convirtiendo en un panteísmo fugaz. Sus tempranas muertes así como la temprana muerte de su menos tenebroso colega Keats , truncaron su intento de encontrar la luz a partir de sus ensimismadas y oscuras existencias y anhelos. Como un ladrón furtivo en la noche, la muerte los ha preservado para siempre como íconos de la locura que a menudo, y casi a pesar de ellos mismos, alcanza alturas de belleza y percepción notables.

    En lo esencial, al comparar Wordsworth and Coleridge con Byron y Shelley, vemos la separación entre la altura de miras del Romanti- cismo Luminoso y el camino de profundidades de los Románticos oscuros. Sin embargo, si supusiéramos que la separación fuera permanente y que como en el caso de Oriente-Occidente de Kipling, “hebras que nunca se han de encontrar”, cometeríamos un grave error. Las dos vertientes del Romanticismo tienen más en común que el camino alto y el camino bajo que conducen a los “bellos, bellos bancos del Lago Lomond”, o visto de otra forma, convergen donde todos los caminos lo hacen, en Roma! Porque, como corresponde a un romance, el Romanticismo aún cuando sea Oscuro, a menudo lleva a Roma. La Influencia de Byron en la corriente oscura, cruzó la Mancha, y se entronizó en la decadencia de Baudelaire, Verlaine y Huysmans, todos eximios exploradores de la desesperación, que en su momento descubrieron la realidad del infierno y retornaron despavoridos al seno de la madre Iglesia. Baudelaire fue recibido por la Iglesia en su lecho de muerte, Verlaine se convirtió en prisión; y Huysmans, habiendo intimado con lo diabólico, terminó sus días en un monasterio. La principal diferencia entre el Romanticismo Oscuro de Byron y Shelley y la decadencia de Baudelaire, Verlaine y Huysman, es que los primeros se internaron en la oscuridad de sus propios egos con nada, sino la Nada, que iluminara sus divagaciones; mientras que los últimos, se internaron profundo en su propia oscuridad interior aprovechando la luz de la teología. Los primeros se perdieron en las elocuciones circulares de la navegación ensimis- mada en redondo, mientras que los últimos descubrieron la Bestia, que habitaba en el pozo sin fondo de la obsesión consigo mismo y, golpeándose el pecho, se arrodillaron al fin ante el Cristo que sus propios pecados habían crucificado. Es interesante notar que la Decadencia Francesa, fue caracterizada por su preocupación con el simbolismo, que en sí, era un retorno al modo de comunicación que se empleaba en el arte medieval.

    Si el Romanticismo oscuro había cruzado la Mancha en disfraz Byroneano, metamorfoseándose en el simbolismo de la Decadencia Francesa, cruzó el Canal de nuevo, bajo el auspicio de Oscar Wilde, que era aficionado de Baudelaire y Verlain. De manera quizás perversa, Wilde había leído la obra recién publicada de Huysmans, A ReboursI, una obra maestra de la decadencia, durante su luna de miel en París que influenciaría profundamente su propia obra decadente: El Retrato de Dorian Gray. Tal como sus antecesores franceses, los decanos de la Decadencia Inglesa, también encontraron su camino a la Iglesia Católica, volviéndole la espalda al exceso y a la modernidad, favoreciendo el Cristianismo tradicional. Fuera de Wilde, que fue recibido en la Iglesia Católica en su lecho de muerte, otras figuras de la Decadencia Inglesa, se decidieron por el Papa, como Aubrey Beardsley, Lionel Johnson, John Gray, Ernest Dowson e incluso el enfant terrible de los 1890 ́s, Lord Alfred Douglas. Se puede ver, por lo tanto, que el camino alto y el camino bajo convergen en la vía de la Conversión Romana. El camino alto de la santidad fue seguido por Newman y Hopkins, ambos convertidos sacerdotes católicos, mientras que en el camino bajo del pecado, o la vía del hijo pródigo, fue elegido por un grupo amplio de decaden- tes franceses e Ingleses. No hay que olvidar que Oscar Wilde nunca se cansó de recordarnos que, incluso los santos han sido pecadores, y que todos los pecadores son llamados a la santidad.

    Caminante sobre el Mar de Nubes, Caspar David Friedrich. Kunsthalle de Hamburgo (1818).

    Desde la publicación de Lyrical Ballads en 1798, hasta la muerte de Oscar Wilde en 1900, la Respuesta Romántica podría verse , en general, como una reacción contra el superfluo racionalismo y la anti religión de la Ilustración. Pero a pesar de sus muchas faltas y desvíos, se las arregló para seguir el camino correcto, perdiendo el rumbo en pocas ocasiones. Concluyamos, volviendo a las preguntas iniciales.

    ¿Qué es el Romanticismo?
    Es la reacción generalmente sana del corazón a la testarudez de la cabeza. Es errático o una certitud? A menudo está en lo correcto, aunque también se equivoca, pero como en las palabras del mal entendido romántico, el Rey Lear “ se peca más en su contra sin ser un pecado en sí”.

    ¿Es de izquierda o de derecha?
    Ha sido sabio para no caer en esa trampa clasificatoria. Los conceptos políticos de izquierda o derecha son el producto del racionalismo “irracional” de la Revolución Francesa, es el lenguaje del parlamento de los necios. El verdadero Romanticismo, como el verdadero Clasicismo, siempre se ha preocupado de los asuntos del bien y el mal, contentándose con dejar la retórica de izquierda y derecha a los sinvergüenzas y charlatanes.

    ¿Es revolucionario o reaccionario?
    Depende, de cómo se definan los términos. Si hablamos de revoluciones políticas como la de 1789 o 1917, el Romanticismo es contra revolucionario yespléndidamente reaccionario, por lo menos en su manifestación Inglesa.

    ¿Que es, entonces?
    Es un esfuerzo de redescubrir lo que se ha perdido, un anhelar en las profundidades de la oscuridad de la modernidad por la luz de la verdad que preserva la tradición. Oscar Wilde nos recuerda “que estamos todos en el barro, pero algunos de nosotros, buscamos las estrellas”

    *Este artículo fue publicado en Diciembre del 2005 en Chronicles
    ** Traducción: Enrique Romo

  • Patricia Highsmith y El Atractivo De Los Caracoles

    Patricia Highsmith y El Atractivo De Los Caracoles

    Fiona Peters, una de las especialistas más destacadas en la obra de la escritora norteamericana Patricia Highsmith (1921-1995), profundiza en este artículo sobre la forma innovadora y enigmática en que Highsmith incorpora a los caracoles en su obra.

    Patricia Highsmith adoraba los caracoles, no aliñados con ajo para comérselos, sino como criaturas que pueden demostrar tendencias benignas así como malignas, dependiendo de la situación en que se les ponga. En los años 60, Patricia vivió en Europa y viajó al Reino Unido con caracoles africanos gigantes adosados a su sostén, para evitar el escrutinio de aduanas. En ocasiones sociales organizadas por su agente o en otros eventos publicitarios que odiaba, se aislaba de la muchedumbre sentándose con un bolso en su falda, observando sus caracoles mascotas mascar la lechuga que ella les ofrecía: “Después de haberme quedado con ella en su casa de Suffolk, me encontré con ella la semana siguiente en un cocktail en Londres –nos dice Peter Thomson–. Entró con un bolso gigante, el cual abrió con orgullo; contenía cien caracoles y una enorme lechuga. Sin duda, adoraba sus caracoles, eran su compañía para esa velada”. Su editor en Doubleday, Larry Ashmead, recuerda que cuando Highsmith se mudó a Francia en 1967, le contó que introdujo sus mascotas en forma ilegal escondidos bajo sus senos. Y eso era solo un viaje. “Iba y venía llevando, según ella, entre seis y diez de las criaturas bajo cada seno, cada vez que ingresaba a Francia. Y esto no era broma, era en serio” (Wilson: 2003, 267).

    En una de sus primeras novelas, Deep Water (Aguas profundas, 1957), el “héroe”, Victor Van Allen, se siente distante de su indiferente esposa. Es un afuerino en los años 50 en un pequeño pueblo del norte del estado de Nueva York. Su consuelo (que, de paso, no dura mucho) proviene sus dos caracoles mascotas: Hortense y Edgar. En un abyecto pasaje, Highsmith describe cómo Victor ve la copulación de los caracoles como “hacer el amor”: “Hortense y Edgar hacían el amor. Edgar se deslizaba de una pequeña roca para besar a Hortense en los labios. Hortense se levantaba como en cuclillas, balanceándose para recibir sus caricias, como una bailarina encantada por la música. Victor observaba por unos breves instantes, con la mente vacía, ni siquiera en los caracoles, hasta que percibía las excrecencias en forma de copa que aparecían en el costado derecho de las cabezas de ambos caracoles. ¡Cómo se adoraban y qué perfectos se veían juntos! Las copas glutinosas aumentaban de tamaño y se tocaban borde a borde. Sus labios se separaron” (Highsmith: 1957, 131).

    Esta cita captura tanto el momento mundano como el tiempo extrañamente sublime de este extremo antropomorfismo de Victor. Lleva los caracoles consigo en el bolsillo de su chaqueta, como un talismán para alejar la hostilidad de un mundo duro, poblado por humanos, de la misma forma que Highsmith, su creadora, lo hacía en la realidad. Sin embargo, en la fecha de sus cuentos “El observador de caracoles” y “El buscador de chismes vacíos”, los caracoles son presentados bajo una luz diferente, como peligrosos y malignos. “El observador de caracoles” comienza en una forma similar a Aguas profundas, donde el protagonista, Peter Koppert, observa a dos caracoles copulando, justo antes de ser cocinados para la cena. Peter los rescata y los lleva a su estudio, solo para encontrar una muerte repulsiva, mientras los caracoles se reproducen a una  velocidad abismante, desgarrando el papel mural que lo cubre por completo y termina por asfixiarlo. Al mismo tiempo, en “La búsqueda del exótico Caleveringi”, un zoólogo, Avery Clavering, busca a un caracol gigante en una isla inhabitada, pesquisa que culmina con su muerte en el mar al tratar de escapar de este caracol gigante que quería tragárselo.

    Aun cuando Highsmith es básicamente una escritora de crimen-ficción, su representación de los caracoles está motivada por temas fundamentalmente góticos. Los caracoles son abyectos, extraños, y este artículo extraerá (a través de un lente predominantemente psicoanalítico) las implicancias del uso que Highsmith hace del caracol más allá de lo neutral e históricamente ambiguos modos de representación. Lilian M. C. Randall, en El caracol y su guerra marginal gótica, argumenta que hacia fines del siglo XIII se produjeron múltiples imágenes de hombres batallando con caracoles gigantes en manuscritos ilustrados encontrados en el norte de Francia, y que “a pesar de sus implicancias satíricas y humorísticas, en línea con el espíritu predominante de las extravagancias góticas de la época, no explican su popularidad” (Randall: 1962, 358).

    Randall explica que esta representación continúa durante toda la Edad Media, de hecho constituye una tradición artística. Rachel Gillibrand reflexiona sobre esto en 2016: “Mientras este concepto ha provocado muchas opiniones diferentes y teorías, todavía constituye un enigma para medievalistas e historiadores del arte” (Gillbrand: 2016). Continúa delineando las principales teorías y argumentos propuestos para explicar lo extraño que resulta que a esta inocente y benigna criatura se le utilice en forma combinada en el imaginario de esos tiempos: “El caracol deslizándose sobre su vientre era visto como algo repulsivo, sin columna vertebral, como la imagen que tenía el vulgo de un grupo en quien no se podía confiar. Roger Pinon, por otra parte, argumenta que el caracol representaba los genitales femeninos, con su imagen como concha de caracol. Esta idea nos conecta al tema de la burla, ya que un caballero medieval huyendo de miedo de una mujer o de un encuentro sexual, se prestaría para ser un hazmerreír” (Gillibrand: 2016).

    El caracol como símbolo de la sexualidad femenina se relaciona a otras teorías sobre el significado de su uso en el imaginario medieval, como sería “la reputación del caracol como peste en el jardín” (Biggs: 2009) o un comentario sobre los arribistas. Los posibles significados de su uso son múltiples, problemáticos y transgresivos. Los estudios sobre lo poco probable de un caballero batallando caracoles, apuntan a la tradición del amor cortesano, tal como Jacques Lacan y Slavoj Žižek teorizan; estas representaciones son totalmente masoquistas e íntimamente relacionadas al instinto de muerte y al narcisismo: “La idealización de la dama, su elevación a un ideal espiritual etéreo, es concebido como un fenómeno estrictamente secundario: es una proyección narcisista cuya función es hacer que la dimensión traumática se haga invisible” (Žiźek: 1999, p. 151). El acto de mostrar al caracol como guerrero combatiente en las imágenes medievales, en mi opinión, le da un carácter eminentemente extraño y disruptivo al imaginario. Los caracoles se pueden comer, como la exquisitez de la comida francesa: l’escargot. La receta tradicional para comérselos es que sean hervidos, un proceso muy doloroso para un gasterópodo capaz de sentir dolor. Pero los caracoles también son considerados una peste. Invaden huertos en la noche y pueden comerse una lechuga entera. Los hortelanos dedicados los combaten con sal, haciendo que sus cuerpos glutinosos se arruguen y se derritan. Informes eruditos han subrayado la amenaza que representan los caracoles para la parte continental de los Estados Unidos, donde la respuesta a su presencia provoca discusiones sobre alienígenas y otras especies:  “Lo cual sirve para ilustrar la facilidad con que el caracol africano gigante puede establecerse en los Estados Unidos, sin mediar los estrictos reglamentos de cuarentena en vigencia. Aun cuando algunas personas tienden a minimizar los elementos de peligro, basándose en que esta especie no podría sobrevivir las condiciones extremadamente áridas de Arizona central, investigaciones realizadas por la Universidad de Arizona demuestran, al contrario, que infestaciones de gasterópodos terrestres pueden perfectamente producirse” (Scholarspace: 2017).

    Estos ejemplos aislados demuestran las muchas maneras en que los caracoles han sido y siguen siendo percibidos. Todas estas visiones tienen en común que el caracol es siempre un desafío nuestro universo “limpio y seguro”. Aun cuando se consumen como alimento, deben ser privados de alimentación por varios días antes de ser sumergidos en agua hirviendo. Son, como insiste Julia Kristeva, objetos abyectos:“Ante alimentos repugnantes, basura o desperdicio y excrementos, los espasmos y el vómito me protegen. La repugnancia, la náusea que me voltea y me aleja del peligro, la alcantarilla o la inmundicia. La vergüenza de estar en algo turbio, o la traición. La fascinación que se siente cuando soy impulsada a separarme de estos males” (Kristeva: 1982, 2).

    El caracol puede verse como una criatura arquetípicamente grotesca: su cuerpo por afuera y por adentro resulta un objeto abyecto, conectado a lo extraño y lo gótico. Su baba contamina y se hace evidente bajo nuestro zapato, causando una respuesta de asco al pegarse a la suela, y peor aún si se está descalzo. El caracol es un objeto grotesco que atrae y repele. Kristeva mantiene que una categoría de lo abyecto es el “horror de los signos de diferencias sexuales” femenino (o semiótico en su terminología) y por ende, opuesto al orden simbólico gobernado por sistemas de autoridad patriarcales y masculinos. Según lo visto con anterioridad, la explicación de que el caracol sea un símbolo de la sexualidad femenina transgresiva, es una lectura prevalente del por qué es representado como un combatiente de los caballeros en el imaginario del período medieval. El caracol, objeto abyecto, grotesco, criatura gótica cuyo cuerpo no tiene bordes y es antepuesto al orden social (Grosz: 1990, 72).

    Patricia Highsmith transgrede el orden social en su escritura, usando diferentes medios. El uso de caracoles es solo uno de estos medios, pero muy importante. Como dijéramos anteriormente, ella amaba en forma especial a los caracoles y consistentemente ponía a los humanos en un plano más bajo que otras especies en términos de merecer afecto y consideración. Victor van Allen, protagonista de Aguas profundas, no es feliz con su esposa Melinda y su hija Trixie, en una comunidad suburbana del norte del estado de Nueva York, donde se le considera “extraño” y “apocado” por negarse a condenar expresamente las aventuras extramaritales de su esposa, sufriendo humillaciones y replegándose en su hogar, donde se concentraba en observar el comportamiento de sus amados caracoles. Como carece de amor en su propia vida, desplaza su deseo hacia los caracoles, antromorfizándolos al punto que los caracoles hermafroditas (que tienen órganos reproductivos masculinos y femeninos), pasan a ser masculino y femenino, llamados Edgar y Hortense. Victor es un esteta (al igual de Highsmith) que no siente ninguna de las sensaciones abyectas ya expuestas al tocar a sus caracoles y al describir sus actividades y sus sentimientos mientras los acariciaba.

    Hortense y Edgar tienen una relación “amorosa” en Aguas profundas. Dado que Highsmith (a través de Victor) adscribe emociones humanas e incluso una relación monógama entre los caracoles, esto le permite a Victor evadir la amenaza de la sobre presencia sexual de Melinda (por un rato al menos). Las maneras en que el amor entre los caracoles presenta una imagen de “cuerpos sin límites” son multiples. Representan fluidos físicos, haciendo el amor por muchas horas, cubriéndose de baba. La baba es una sustancia que calza bien con el concepto de Kristeva de “objeto abyecto”, pegándose al cuerpo, interrumpiendo el estado “limpio y seguro” que representa, según Kelly Hurley en El cuerpo gótico: sexualidad, materialismo y denigración en el fin de siglo (2004), un llamado de atención apenas perceptible y gótico al cuerpo como cosa: “Nada ilustra mejor la naturaleza de cosa de la materia como la baba, ni tampoco lo cosificado del cuerpo como la bravosidad o la propenso a ser baba. Las sustancias gelatinoso-babosas – excrementos, fluidos sexuales, la saliva, el mucus– surgen de los bordes del cuerpo, apuntando a la evidente materialidad del cuerpo (Hurley: 2004, 34).

    Sophie Mantrant está de acuerdo con Hurley y relaciona este motivo al concepto de lo abyecto de Kristeva en su lectura de la baba como gótico, en Sacramentos del Mal, los cuentos supernaturales de Arthur Machen: “La imagen de lo amorfo, la masa babosa, algo recurrente en los cuentos de Mahen de 1890, y en la literatura de fin de siglo en general, se puede analizar a la luz del ensayo de Julie Kristeva sobre lo abyecto, donde define esto último como un estado intermedio, ni sólido ni líquido, ni vivo ni muerto” (Mantrant: 2016, 94). Aguas profundas trata del descenso gradual a la locura del “héroe” arquetípico de Highsmith, Victor. La novela comienza con un asesinato –el de un ex amante de su esposa–. Vic, un hombre de medios, independiente, que ama la vida definida por el orden, muy afectado por el caos de su matrimonio, se mantiene ocupado manejando un pequeño negocio de imprenta en una comunidad donde vive con su familia. Queda claro, desde el comienzo de la obra, que su comportamiento es considerado “extraño” por las parejas de los círculos de clase media que él y Melinda frecuentan.

    La aparente ecuanimidad con la cual Vic parece aceptar la seguidilla de amantes de su esposa, lascivos reptiles de bar, con inteligencia muy inferior a la suya, sin ninguna apreciación de los valores estéticos por los cuales Vic rige su vida, deja perplejos a sus amigos, uno de los cuales comenta durante una fiesta: “Eres como alguien que espera pacientemente hasta que un día haga algo” (Highsmith: 1957, 53). Aun cuando Vic no jugó ningún rol en el asesinato de Malcolm McRae (que aconteció en la ciudad de Nueva York), él dejaba que la comunidad en que vivía creyera que “tenía” algo que ver. Así parecía más “normal” a los ojos de su comunidad, que pensaba que a Vic le faltaba esa básica emoción. Con esto se elevó en la estimación de muchos, hasta que se atrapó al verdadero asesino, con lo que volvió a ser el marido que no se atrevía a actuar con firmeza, al que le faltaba la emoción de los celos.

    Cuando en una de esas fiestas de borrachera se le presenta la oportunidad de eliminar al amante de turno de Melinda, Charley de Lisle, sumergiéndolo en una piscina, Vic, siguiendo la repulsión que siente por los vivos, y ante un grupo horrorizado que acepta como normal vengarse del amante de su esposa, hace que su repulsión cese, saca a Charley y trata de revivirlo: “¿Creen – pregunta Vic mientras nada hacia Charley–, que deberíamos darlo vuelta y masajear su corazón? Y si bien pensaba estar calmo, se sintió estúpido por esa pregunta ansiosa, el tipo de pregunta que se esperaba que él hiciera” (Highsmith: 97). Esta acción lleva a Vic a planificar otros asesinatos y a retraerse más al mundo de sus caracoles. Highsmith da vueltas así ágilmente el significado común de lo abyecto a través de la forma en que Vic siente náuseas y repulsión hacia la proximidad física de otro cuerpos humanos, mientras que lo lascivo, los cadáveres etc., conceptos aceptados como lo abyecto en lo gótico, lo afirman y sosiegan. Desde un punto de vista psicoanalítico, puede decirse que los caracoles pasan a ser lo que Lacan llama un sinthome: “la manifestación de goce del sujeto de lo que no puede prescindir y que debe adoptar como “aquello que está en él y que es más que si mismo”” (Kay: 2003, 80).

    Žižek observa que los cuentos de Highsmith ilustran cómo el sinthome funciona como “pegamento”. Anota que la obra de Highsmith hace presente en los objetos las fuerzas extrañas, que repelen y atraen a la vez, y en los cuales el sinthome es un “grano invisible, un fragmento insignificante de lo real” (Žižek: 2001, 199), que logra penetrar el texto como un ancla, un fijador extraño y misterioso. En “El cementerio misterioso” el “brote subterráneo de goce” sobre el cual –argumenta– pivotea el texto son extrañas protuberancias que aparecen en el cementerio detrás de un hospital después de experimentos que utilizaron radiación sobre paciente moribundo. En vez de repulsar a los pueblerinos, como ocurriría en un texto clásico de horror, estos los adoptan y se sienten atraídos hacia ellos, escriben poemas y celebran sus existencia. Estos fenómenos, como pequeñas muestras de lo real, aun cuando insignificantes en sí mismos, le dan seguridad a la comunidad, fortaleciendo su cohesión, y teniendo la misma función que los caracoles en Aguas profundas, pero en forma colectiva y no individual, como es el caso con la soledad de Vic y su alienación de la comunidad.

    En tanto sinthome y apoyo psíquico, los caracoles de Vic lo protegen de las vicisitudes y riesgos en su vida cotidiana. A medida que la novela progresa, la protección que ofrecen se desintegra, como cuando Melinda amenaza con hervirlos en agua y comérselos para la cena, lo que hace para impresionar a Cameron, su último amante. Con la intención de provocar a Vic, Melinda envía a Cameron a preguntarle: “Oye Vic, ¿qué tal si me das dos o tres docenas de tus caracoles? Tengo una receta para una salsa de ajo y mantequilla que es una delicia. ¡Hasta un niño podría hacerla y tendría el mismo sabor que en Nueva Orleans!” (Highsmith: 199). Vic se ve obligado a defender a sus caracoles, porque no son para comer. Y cuando Cameron le pregunta para qué son entonces, Vic responde de forma ácida, que “no los usa para nada, que  son inútiles” (199). Melinda y los amigos que ha invitado a cenar intentan irrumpir en el cuarto donde Vic guarda sus caracoles, pero él logra salvarlos diciéndoles que para comerlos tiene que dejar de alimentarlos por varios días. Si bien Vic está molesto por la invasión de su espacio y el intento de matar a sus amados caracoles, se mantuvo calmo y la lógica vino a ayudarlo: “No se pueden comer los caracoles así no más –dijo en tono ligero–, tienen que tenerlos en ayuno por dos días para limpiarlos. Estos caracoles han estado comiendo, como bien lo saben” (199). Hacia el final de la novela, se atreve a traer un caracol a una celebración de su cumpleaños, y frente a amigos a quien considera dobles y que conspiran contra él, “puso el caracol adormilado que acababa de encontrar en la puerta del garage” (241).

    Esta es la última mención de caracoles en Aguas profundas. Algunas páginas antes, Hortense había puesto sus huevos cinco días después del ritual de copulación ya descrito, que es la más extensa y tierna descripción de un acto amoroso en la obra de Highsmith. La descripción antropomórfica merece ser citada porque ejemplifica la forma en que los caracoles, monstruosos, misteriosos y abyectos para algunos, son en los ojos de Vic criaturas maravillosas, quienes, por lo menos por un tiempo, lo protegen de la hipocresía y la intriga de otros seres humanos: “Los caracoles no hacían ruido. Hortense tiraba sus dardos primero. Sin dar en el blanco, ¿era eso parte del juego? Después de un rato, Edgar intentó, pero tampoco dio en el blanco. Retrocedió e intentó de nuevo, esta vez dando en el lugar correcto y el dardo se hendió, lo que motivó a Hortense a hacer otro intento. Le costó más a ella, apuntando hacia arriba, pero lo logró después de tres intentos deliberados y pacientes. Los caracoles, como anonadado en un profundo trance, sus cabezas levemente hacia atrás, sus tentáculos juntos. Vic sabía que si tuvieran párpados, sus ojos estarían cerrados. Ahora estaban estacionarios. Vic los miró hasta que vio que los bordes de sus copas se separarían. Caminó atravesando el garaje por un minuto, sintiéndose particularmente ansioso. Su mente se volcó a Melinda y luego volvió a sus caracoles para dejar de pensar en ella” (131).

    Los cuerpos babosos, sin bordes, que se transformaban en el rito amoroso, protegían la débil capacidad de Vic de funcionar en  el orden social que parecía desmoronarse a su alrededor. Después de la última mención de los caracoles, el texto simplemente revela las consecuencias de las “huellas de caracol” de Vic que quedarán como testigos de uno de sus asesinatos y que lo llevan hacia un quiebre psicológico, donde incluso la “protección” de sus amados caracoles no basta para salvarlo. En Aguas profundas, los caracoles se convierten en criaturas benignas y ya está demostrado cómo Highsmith los usa para subvertir la manera gótica generalmente aceptada de presentar a los caracoles como enigmáticos en la literatura. Vic no solo no reacciona a la baba viscosa de los caracoles con repulsión, de hecho, se siente atraído por ella debido al excesivo deseo antropomórfico de negar los horrores e irracionalidad del comportamiento humano. En otras obras de Highsmith, sin embargo, los caracoles son presentados de forma un tanto más maligna, pero debido al orgullo y estupidez de los seres humanos.

    Los dos cuentos relevantes: “El observador de caracoles” y “La búsqueda del exótico Clavering” están publicados en Eleven (1970). El primero cuenta la historia de Peter Knoppert, socio en una firma de corretaje, cuyo matrimonio no muestra las anomalías del matrimonio de Vic y Melinda en Aguas profundas. Una tarde antes de la cena, Mr. Knoppert (Highsmith nunca se refiere a él como Peter) va a la cocina y descubre “una pareja de caracoles en un bolo de porcelana en el secador del lavaplatos que se comportaban de manera extraña” (Highsmith: 1970, 13). Highsmith usa un lenguaje como en la seducción imaginaria de serpientes avanzando una hacia la otra, como si: “estuviera hipnotizada por un flautista” (14). Observa una protuberancia cual oreja “en el lado derecho de la cabeza de ambos caracoles, y su instinto le decía que estaba en presencia de algún tipo de actividad sexual” (14).

    Después de quedar mesmerizado por los caracoles copulando, Mr. Knoppert se los llevó a su estudio, salvándolos de una muerte inevitable, y de ahí en adelante “nunca más se sirvieron caracoles en la mesa de los Knoppert” (14). El cuidado y la crianza de caracoles pasaría a ser el hobby de Mr. Knoppert, el que practicaba en su estudio, espacio que sería de su uso exclusivo después que su esposa se resbalara en lo que ella veía como una criatura grotesca hedionda a pescado: “Su esposa Edna lo instó o bien a comerse los caracoles o a deshacerse de ellos y fue entonces que pisó sobre uno que había reptado hacia el piso” (15). Mr. Knoppert es disuadido de seguir el deseo de su esposa después de leer un pasaje de Henri Febre en el Origen de las especies de Darwin. En la página dedicada a los gasterópodos, Fabre observa que los caracoles exhiben una sensualité “en su copulación que no se encuentra en ninguna otra especie en el reino animal” (15). Mr. Knoppert hace de su estudio un lugar de procreación para caracoles y estos se multiplican de setenta a noventa con cada camada. Al leer este texto, queda claro que Highsmith se aleja de la forma ordenada de manejar los caracoles en Aguas profundas. Al contrario, en “El observador de caracoles” estos se escapan del control de Mr. Knoppert. Hay un período inicial de goce al observar la multiplicación (en un momento trata de contar el número exacto, pero termina por estimar el número entre once a doce mil). Los caracoles copulan y los huevos se realizan y las criaturas se deslizan por sus dedos, actividades que desbordan su universo privado de caracoles para darle confianza y éxito en los negocios. Estos pasajes son hermosos y aun así conllevan un aire de repulsión y peligro relacionado a lo que Žižek describe en “¿Por qué aparece el falo?”, como la transformación anamorfa de la cara de horror cuando es evocada por lo humano, y sin embargo no humano, imagen y comportamiento: “todos los que ven esta amorfa sustancia vital entran en el dominio prohibido y deben por ende ser excluidos de la comunidad” (Žižek: 2001, 115-116). Las protuberancias fálicas y las distorsiones transfiguran los cuerpos de los caracoles en copulación: “Cuando las excrecencias en forma de oreja se juntaron en forma precisa, borde con borde, un bastoncillo blanquecino como un tentáculo adicional se proyectó de una de las orejas a la oreja del otro caracol. La primera hipótesis del señor Knopper quedó anulada cuando un tentáculo surgió del otro caracol. Muy curioso, pensó. Los dos tentáculos se plegaron y de nuevo se extendieron como si supieran cuál era la marca invisible donde debían apoyarse en el otro” (Highsmith: 1970, 14).

    La “alegría” experimentada por Mr. Knopper al observar “sus caracoles” estaba en gran parte determinada por su fecundidad extraordinaria. Cada vez que visita la pieza de los caracoles cada tres semanas (que indicaba que su interés disminuía), siente que el cuarto es como un útero-prisión sofocante. Trata de salir del mismo, pero se siente impedido. Los caracoles se multiplican a tal punto, que lo abruman y no lo dejan salir. En sus intentos cada vez más desesperados de extraerse de la situación, los caracoles son presentados en la forma contraria a los caracoles de Vic en Aguas profundas. Es un cuadro grotesco: “Un caracol se metió en su boca y él lo escupió asqueado” (20). Al tratar de abrir la ventana, descubre que está atorada con criaturas gelatinosas, y trata entonces de escapar por la puerta del estudio, pero se ve impedido ya que el papel mural saturado de caracoles se desprende y lo golpea en el costado de su cabeza, y luego la lámpara se desprende y lo golpea también. Yace en el suelo agonizando, con caracoles reptando a su boca e inmovilizándolo en el suelo, sin poder ver ni respirar: “Con ojos apenas entreabiertos veía directamente en frente, a corta distancia lo que él había conocido como una planta de gomero en su macetero cerca de la puerta. Un par de caracoles estaban silenciosamente copulando sobre la planta, y justo al costado, pequeños caracoles, puros como el rocío, surgían desde un hoyo como un ejército masivo hacia el vasto mundo” (20).

    La antipatía de Highsmith contra los seres humanos y su afinidad por los animales es bien conocida. La colección de cuentos El libro de crímenes bestiales del amante de los animales (1975), incluye historias como la de un elefante explotado, ratones, gatos y otros animales. En “El observador de caracoles” estos se multiplican porque Mr. Knoppert decide permitir que los caracoles gocen su ritual copulativo, se complace y lo considera un éxito dado el grado de relajación que obtiene por todo eso. Al final, los caracoles, en la repelente escena gótica final, lo matan, pero sin rencor o intención. El cuento “La búsqueda del exótico Clavering” es el que más se asemeja en su preocupación a los textos de El libro de crímenes bestiales del amante de los animales. En El mejor amigo del hombre: la evolución, la rabia y el perro gótico, Claire Charlotte McKechnie argumenta que la forma gótica del cambio de apariencia está ligada al período victoriano tardío: “Las imágenes góticas de cambio de apariencia y de transformación, oscilan entre los contextos históricos y sociales del período victoriano tardío y los cambios significativos en el ‘progreso’ médico y científico de las décadas del 1880 y 1890” (McKechnie: 2013, 1). “La búsqueda del exótico Clavering” no ocurre en la última parte del siglo XIX, sin embargo, incorpora las sensibilidades de esa época, en especial el deseo del profesor de zoología Avery Clavering de descubrir nuevas especies animales a los cuales pudiera nombrar con su apellido: “El profesor tenía 48 años. No temía morir pronto, pero no había alcanzado fama alguna, y el descubrimiento de una nueva especie lo inmortalizaría entre sus pares” (Highsmith: 1970, 61). Avery, a pesar de la advertencia de no viajar a la isla inhabitada para ver por sí mismo estos caracoles gigantes que los “nativos” habían descubierto, insiste en ir. Cuando llega a la isla, encuentra un caracol gigante, y luego muchos más. “Una cara gigante lo observaba con mejillas o labios caídos y ondulados, con antenas de seis pies de altura, con ojos en sus puntas que lo examinaban con atención. (…) Si la concha tenía entre 15 y 18 pies en diámetro, calculaba que el cuerpo o pie del animal sería de unas seis yardas, extendido” (69). Su orgullo y su sentido de seguridad occidental humano céntrica, le cegaba al hecho de que los caracoles se movían rápido y que lo iban a matar. Highsmith narra en uno de sus cuadernos cómo concibió la trama, primero como la revancha femenina sobre la invasión del mundo de estos caracoles por Clavering, y en segundo lugar, por haber matado a su compañero: “nuestro héroe, mata al macho”, escribió en su cuaderno, pero es liquidado por la hembra que deja su cuerpo abandonado con desdén para que sea devorado por los pequeños caracoles, de lo cual Clavering es consciente mientras es devorado vivo (Wilson: 2003, 261). El maravilloso final macabro revierte la tendencia humana a comer caracoles. La tortilla se da vuelta, con Clavering corriendo hacia el mar y finalmente reconociendo su destino: “Estaba con el agua hasta la cintura cuando tropieza, la cabeza sumergida cuando el caracol se estrella contra él con miles de pares de dientes mascando su espalda. Se va a ahogar y va a ser devorado” (Highsmith:1970, 84). El caracol habituado a ser desprovisto de alimento por varios días y luego hervido vivo, revierte la situación con la humanidad.

    He podido demostrar que, mientras Highsmith utiliza a los animales en su trabajo, el uso que hace de los caracoles es único. Otras criaturas en los textos que se han discutido, también pueden describirse como imágenes góticas, como los chinches, que también viven en el garaje de Vic: “Dos chinches se movían en un pedazo del colchón buscando carne y sangre, pero él no estaba de humor para ofrecer su mano esa noche y los dos chinches arrastraron sus flácidos cuerpos buscando donde esconderse de los rayos de la linterna” (Highsmith: 1957, 19). Si bien estas criaturas chupa-sangre aportan un escalofrío gótico al texto, no tienen ninguna otra función, como es el caso de los amados caracoles de Highsmith

  • Moby Dick a 200 años del nacimiento de su autor

    Moby Dick a 200 años del nacimiento de su autor

    Esta novela clásica de la literatura norteamericana y mundial sigue apasionando a los lectores  contemporáneos. Este artículo abordará una de las múltiples razones de su éxito: el entramado preciso entre ficción y no ficción. En el bicentenario del nacimiento del escritor norteamericano Herman Melville, es difícil comprender las críticas y cuestionamientos que recibió de sus contemporáneos y los años que su obra estuvo postrada en el olvido y en la falta de reconocimiento.

    No fue sino hasta el centenario de su nacimiento, en agosto de 1919, que un renovado análisis de sus obras y de su legado, le dieron el sitial que hoy ocupa en la literatura internacional. Este proceso, conocido como “Melville’s Revival”, fue producto del trabajo de Raymond Weaver, quien en su biografía Herman Melville: Man, Mariner and Mystic encendió la flama del resurgimiento de la obra de Melville, rescatándola de la oscuridad histórica en la que se encontraba y asegurándole un lugar de privilegio en la literatura, no solo americana sino también mundial. Weaver hizo suya la causa de reconocer a Merville como uno de los autores norteamericanos más ejemplares, al tiempo que asumía que los aspectos más perturbadores de su visión podían generar un reclamo generalizado contrario a su causa.

    La biografía de Weaver recibió diversas muestras de aprecio y críticos como Carl van Doren se sumaron a la valoración de la obra de Melville. Van Doren llegó a señalar que Benito Cereno iguala lo mejor de Conrad, en términos del peso del drama y la habilidad de su desarrollo, y que sus novelas cortas, sin importar lo dicho de ellas en su momento, pertenecían a las obras de ficción más distinguidas y originales producidas en su país. Con esto, el resurgimiento de Melville estaba asegurado.

    Indudablemente, muchos expertos y lectores aficionados han coincidido, con el paso de los años, que la obra más trascendente de Herman Melville es Moby Dick. La difundida historia de esta aparentemente inmortal ballena blanca y su eterno persecutor, el obsesionado capitán Ahab. Obsesión que no solo lo lleva a su propia muerte, sino a la destrucción de toda su tripulación, con la sola excepción del así autodenominado Ismael, a quien le corresponde ser el narrador de este trágico pero cautivante relato. Una historia de este nivel épico debe resolver muchos conflictos Una historia de este nivel épico debe resolver muchos conflictos y, entre ellos, iré desarrollando, sin pretender en modo alguno agotar el tema, la dualidad entre la no ficción y la ficción en la obra. De igual forma, realizaré algunas reflexiones acerca de sus principales protagonistas.

    Melville presenta verdades enigmáticas y sutiles, muchas veces ambiguas y cargadas de ironía. Verdades de un espíritu que deseaba dar a conocer y para las cuales requería de la ficción. De igual forma, hay otras verdades que necesita expresar y para las cuales debe encontrar un espacio. Entre ellas, podemos mencionar descripciones de hechos reales y de materias asociadas que necesitan ser contadas como no ficción, a modo de prosa referencial, como señalan algunos de los expertos en esta materia. Moby Dick no es solo una novela acerca de la caza de ballenas, sino también de la batalla entre el bien y el mal. Si bien el narrador es ficticio, Ismael declara que sus relatos son exactos, basados en fuentes confiables y en su propia experiencia como ballenero.

    Aprovecha cada oportunidad para manifestar la veracidad de sus historias y alude constantemente a una serie de autoridades y expertos en la materia para dar sustento a su narración. Extensos tratados de psicología, sin trama alguna, cumplen el mismo fin. De esta forma, Ismael va presentando capas de verdad, hechos reales de la caza de ballenas adornados y embellecidos con una buena cuota de ficción, una combinación entre novela y texto de estudio. En este punto, no puedo dejar de recordar las palabras de mi profesor de Literatura Inglesa y Norteamericana, don Juan Vargas Duarte, quien siempre tomaba las palabras de Ismael para invitarnos a descubrir qué había “below the little layer”.  Un relato estructurado, y me apoyo en Elizabeth Schultz, en capas de humor, ironía, escatología, mitología griega, hebrea, hindú, toques shakesperianos, madera negra americana, acero, fuego, líneas, círculos, ataúdes, pirámides, máscaras y fantasmas. Capas de ideas acerca de la economía, la religión, la justicia, el destino, la libertad, la democracia, el imperialismo, el racismo, la naturaleza, la maquinaria, la poética, la tecnología, la muerte y la vida. Esta desafiante cantidad de capas interactuantes, pone de manifiesto la importancia del punto de vista que el lector asuma al abordar esta obra. Su interpretación de la misma dependerá, en gran medida, de la óptica personal de cada individuo.

    Si bien la realidad en Moby Dick ha sido mucho menos estudiada que su ficción, no son pocos los autores que han sostenido que su utilización marca el ritmo lento de la obra. A pesar de que los aspectos no ficticios de la novela pueden considerarse difíciles y aburridos, cada relato requiere de sus tiempos lentos y Moby Dick no es la excepción. De igual forma, la información entregada y, en especial, los temas cetológicos le agregan verosimilitud al relato y establecen el tema de la búsqueda del conocimiento. Además, ayudan al logro de la unidad temática y estructural de la novela. Si bien la información y conocimiento acerca del mundo de las ballenas entregado puede tener un valor en sí mismo, no se debe desconocer que también sirven para dar sustento a los aspectos ficticios de la novela. Las alusiones filosóficas y las partes argumentativas se relacionan de manera intrincada con los aspectos narrativos y dramáticos de la obra en muchas partes. Es así como el relato ficticio nos permite empatizar con Ahab, su búsqueda y su tripulación, mientras que en el ámbito no ficticio podemos encontrar buena parte de la gracia, ingenio, sustancia y estilo de la obra.

    Probablemente son los elementos no ficticios aquellos que produjeron buena parte de la crítica que este libro generó entre los contemporáneos de Melville. La escuela de su época consideraba la no ficción como mero “periodismo” y, por lo tanto, de un menor nivel. El verdadero genio se encontraba en la ficción. El reporte de hechos pasaba a un segundo plano frente al proceso creativo considerado propio de los poetas y novelistas. No obstante, con el paso de las décadas y la aparición de otros importantes novelistas, está noción es desafiada y se le comienza a dar mayor o incluso la misma importancia a los aspectos no ficticios de una novela. En cierta medida, Melville puso en juego nuestras propias preconcepciones para el entendimiento de su obra. Desafió el concepto simple y claro de género narrativo que existía en su época agregándole, a través de las diversas capas contenidas en su relato, elementos que produjeron confusión entre sus lectores y críticos. Algunos de estos últimos llegaron a decir que Moby Dick era en realidad dos libros: un tratado acerca de ballenas y su caza, y una novela, basada en el primer material, donde se desarrolla y hace extensiva la ficción del libro. Aquí vuelve a aparecer la concepción de su época, el contenido no ficticio es el mero preludio para la obra de ficción, en la cual radica el verdadero genio o el valor de la obra.

    Existe gran controversia respecto al lugar y el valor que el autor de Moby Dick le otorgaba a la ficción. Para algunos estudiosos, Melville no tenía problemas en ser considerado un escritor periodístico, ya que dudaba del poder de la ficción para contar una verdad. Para otros, en cambio, cada una de sus palabras era una obra de ficción. Probablemente, Moby Dick no es completamente ficción pero tampoco es puramente invención. Aquí, una vez más, la ambigüedad a la que nos referíamos y, quizás, una de la principales riquezas de esta obra. Sí debiera existir un mayor consenso en que Moby Dick es una historia bien contada. Hay quienes ven ella la búsqueda de la verdad, pero también el temor a la nada. Temor expresado en algunas de las reflexiones de Ismael, miedo a que no exista nada más allá de la ballena blanca o temor a que la ballena signifique nada. Ahora, la mera aceptación de la nada no es una noción carente de significado. Bajo esta óptica, la búsqueda de la verdad es, en sí misma, valiosa y significativa, aunque tal verdad no se alcance. Un libro que da cuenta de tal búsqueda es de por sí relevante.

    Ismael va presentando muchas dudas y cuestionamientos a lo largo del relato, pero jamás duda de este ejercicio. En sus reflexiones posteriores, como único sobreviviente de la cacería de la ballena blanca, Ismael deja entrever que lo importante no es encontrar nuevas respuestas, sino más bien redescubrir verdades eternas y recuperar aquello que, con la acción humana, se ha perdido o desvirtuado. Ismael se conforma con encontrar verdades pequeñas en lo que va viendo y viviendo y, al hacerlo, logra algún grado de felicidad. Muchos de los estudiosos de su época, basados en los cánones y estándares tradicionales bajo los cuales fueron formados, presentaban serias dificultades al procurar clasificar Moby Dick. Esta ambigua y desbalanceada mezcla entre ficción y no ficción, sin una forma predominante, ¿era una crónica, un ensayo, un monólogo, una argumentación, un reportaje o un tratado? ¿Cuál era el lugar de estas largas meditaciones sin trama acerca del cuerpo de una ballena sin que su tema fuera Moby Dick?

    Ciertos círculos creen que su función era intensificar el significado de la búsqueda de la ballena blanca y que Melville se aprovecha de esto para exponer acerca de las ballenas en general y, así, desarrollar una interesante cobertura de credibilidad para su relato. Probablemente, lo que Melville simplemente pretendía era demostrar que la verdad, al ser multifacética, podía ser contada de diversas maneras. Críticos posteriores le han otorgado a esta ambigüedad, a su juicio, bien balanceada, gran valor e importancia. En ella radicaría el poder de la novela, constituyendo esta ambigüedad el tema central de la obra. Lo cierto es que Ismael va estableciendo el relato, en ocasiones en presente, en otras en pasado.

    A veces de forma cercana, en otras, tomando distancia. Lo que no cambia es su actividad narrativa de estilo alusivo, enciclopédico y de asociaciones libres. Es su voz la que nos lleva a un mundo que nos conmueve y asombra. Mas no hay que confundirse, el que nos habla no es el Ismael joven que se embarca por no tener dinero o algún prospecto en tierra o por su deseo de conocer la vida de los hombres de mar; habla el único sobreviviente de una tragedia, el que se sometió a la voluntad de una carismático y obsesivo capitán, el que conoció la destrucción en forma de ballena. En consecuencia, es un narrador con experiencia de vida y una visión mucho más amplia de la existencia y de los seres humanos. Por lo tanto, no es de extrañar que, en su relato, Ismael vaya interpolando hechos ficticios con otros no ficticios. Para algunos estudiosos de Melville, estas alternativas ficticias a la fábula principal, ofrecerían diversos ángulos para la interpretación de la ballena blanca, al tiempo que sugerirían los límites de la trama principal. Lo cierto es que Melville dotó la voz de Ismael de la estructura más amplia y libre posible, tomando algo de cada género y trascendiéndolo. Prueba de ello es que Moby Dick debe contener todas las formas posibles de referirse a una ballena, pero también todas las formas verbales y literarias disponibles. Esto genera la sensación de que el relato de Ismael transciende las formas tradicionales, dejando de lado las restricciones del medio para centrarse en la búsqueda de la verdad. Su voz parece resumir todas las otras voces, tal como el blanco de la ballena que –de acuerdo a la tradición literaria–resume a todos los colores. En consecuencia, la sensación es de  compleción, no de vacío.

    Hasta aquí me he centrado en la visión y el rol de Ismael, más Ahab es un personaje tan atrayente y envolvente que también merece algunas consideraciones. Ahab es el capitán del barco ballenero Pequod. Mutilado por Moby Dick en un encuentro anterior, pierde una de sus piernas, por lo que jura venganza, fortaleciendo aún más su carácter determinado, desafiante, obsesivo y su necesidad de control y dominancia. Este mismo deseo de revancha lo hace asumir riesgos mayores en alta mar. Situación que lo dotaba de una cierta fama y que era bien conocida por su entorno. De hecho, señala el relato, los barcos que el comandaba pagaban un seguro más alto. Quienes leen Moby Dick desde una óptica bíblica, proponen que Ahab, en cierta medida, encarna todo el odio y la ira de la humanidad desde la caída del hombre del Edén. Frente a Moby Dick, Ahab parece perder toda su fe y equilibrio. Para el desmembrado capitán, la ballena blanca es un símbolo del mal, más pensante e inteligente. El busca su ideal y su redención en la destrucción de Moby Dick, olvidando que el odio no salva y que atentar contra la creación termina por destruir a quien lo intenta.

    El mismo nombre de nuestro capitán es una referencia al malvado Rey Ahab en el Antiguo Testamento y cuyo pecado consistió en tolerar otras religiones y permitir la adoración de otros dioses. Sin embargo, el capitán Ahab no es exactamente malvado. Su herida, la caza de la ballena y su muerte, le dan también un carácter heroico y, por cierto, atractivo. Desafía la creencia del Dios cristiano, adora el fuego y el sol, incluso llega a bautizar a sus arponeros en el nombre del demonio. Arroja su cuadrante y se deja guiar por el sol. En síntesis, Ahab deja atrás todo aquello que estorbe su propósito y abraza cuanto el sienta pueda ayudarle, sin mediar costo físico o moral alguno. A pesar de estas evidentes e inquietantes características, sumadas a los largos periodos de reclusión de su capitán, Ahab logra sorprendentemente que su tripulación lo siga. Su fuerza interior y su carisma los hace partícipe de su ira y de su misión. De una u otra forma, cómplices de su deseo de venganza y, por lo tanto, merecedores de su mismo destino trágico. El doblón que le ofrece a la tripulación, para el primero que aviste a Moby Dick, es el instrumento que materialmente Ahab utiliza para asegurar la fidelidad de su gente. Además, demuestra una faceta más humana en su interacción con miembros de su barco, reafirmándolos en su rol y valorando sus cualidades. Moby Dick, por su parte, es en sí todo un personaje. Para la tripulación del Pequod, la ballena blanca es una criatura nebulosa, en cierta medida fantasmagórica. A medida que la persiguen y la enfrentan, se vuelve una figura a temer, incomprensible y dotada de poderes sobrenaturales, como la inmortalidad y la ubicuidad, no solo en el espacio, sino también en el tiempo.

    Sus dos ojos son una invitación a múltiples miradas. Ya su color blanco denota, para algunos, la compleción, todos los colores en uno, como señalé en su momento. Es así que la ballena contendría todos los significados en su blancura, convirtiéndose, de esa forma, en un símbolo de la búsqueda de Ahab del conocimiento total. Este conocimiento se alcanzaría al capturar al cetáceo blanco, aún a riesgo de fracasar y sucumbir en el intento. Para otros, el color blanco nos es más que una representación del vacío más absoluto. Hay quienes ven en Moby Dick un instrumento de Dios para castigar la soberbia de Ahab, mientras que el mutilado capitán ve en Moby Dick la personificación de todo el mal. Como lector, uno descubre la astucia de la ballena blanca, sus movimientos estratégicos, la cualidad de reconocer a sus enemigos, su fortaleza y determinación, su resistencia al dolor y su capacidad de sobrevivencia. En cada enfrentamiento sale victoriosa, sobre todo en los tres días de la caza final. Ante esto es válido preguntarse si era Ahab quien perseguía a la ballena o si Moby Dick acechaba al capitán.

    El drama se consuma. Melville dotó su obra de significados más allá de la mentalidad de su época. Entrega su verdad a través de la voz de Ismael, una teoría del cielo y la tierra, un tratado místico de búsqueda de la verdad. La existencia del hombre es temporal y la naturaleza no va a esperar a que alcance su destino en la historia. Melville dejó de lado los principios narrativos y no utilizó los géneros de ficción normativos de su época. Más aún las rechazó como insuficientes para sus propósitos. Es así que Moby Dick posee una riqueza y variedad de estilos narrativos que dan cuenta de la diversidad de las experiencias humanas. Melville cuestionó las convenciones y las formas de valorar las obras de arte, pero, por sobre todo, nos proporcionó la oportunidad de abordar la búsqueda de la verdad desde una óptica personal. No son poco los estudiosos que consideran que Melville fue un adelantado para su época; otros, más entusiastas, lo consideran un profeta. Anticipó el futuro y proclamó la realidad interna de las cosas. Además Introdujo temas de plena vigencia y discusión como, por ejemplo, género, sexualidad, raza, nacionalidad y multiculturalismo.

    A pesar de las duras críticas de sus contemporáneos y de la falta de reconocimiento en vida para Herman Melville, con el paso de los años, su contribución ha trascendido el ámbito estricto de la novela para ejercer también su influencia en el mundo del teatro (recientemente se montó la obra Moby Dick de Juan Cavestany en el Teatro Goya de Barcelona); la pintura (cientos de cuadros basados en la ballena blanca, siendo probablemente los de William Turner los más conocidos); la escultura (unas muy interesantes creaciones de nuestro cetáceo fueron exhibidas en la Feria de Artesanía Aragonesa el 2012); el cine (al menos cinco películas reconocen estar basadas en la historia de la ballena blanca) y la música. El compositor Richard Melville toma su nombre Moby del libro de su tío bisabuelo. Además de la canción de Led Zeppelín y un grupo musical llamado Moby Dick, está el musical de Longden y Kaye estrenado en Londres en 1992, e incluso, en esta década, JakeHeggie presenta al mundo su ópera Moby Dick, con texto de Gene Sheer, en la Dallas Opera el 30 abril del 201). Como dato anecdótico adicional, los creadores de la cadena internacional de café Starbucks, la llamaron así por el primer oficial del Pequod (único personaje que pudo, en algún grado, oponerse a Ahab). Sirva todo esto de un justo y necesario reconocimiento

  • Gabriela Mistral – A 130 años del natalicio de la niña que fue Lucila

    Gabriela Mistral – A 130 años del natalicio de la niña que fue Lucila

    A 130 años del natalicio de Lucila Godoy Alcayaga, la niña que el mundo conoció y conoce como Gabriela Mistral, su obra literaria y humanitaria, su figura y su pensamiento conservan intacta su vigencia en Chile y el mundo.

    Pero Lucila Godoy Alcayaga es mucho más que Gabriela Mistral, es merecedora de nuestra atención, de nuestro tiempo y de nuestro estudio. La niña que creció entre montañas, mirando el cielo y las estrellas, y que se inspiró no solo en la magnífica geografía que la rodeaba, sino que también en su pueblo, encontró a la escritura – tanto poemas como prosa– como el vehículo para expresar lo que veía y que otros ni siquiera se daban cuenta: la pobreza, falta de educación, falta de respeto hacia las mujeres, pueblos indígenas y en forma especial lo que a ella le afectaba emocionalmente a lo más profundo.

    Lucila no tuvo que leer sobre pobreza, falta de oportunidades y las dificultades de crecer en una familia con un padre ausente. Todo esto lo vivió y lo expresó. Considerando las condiciones en las que nació y creció, no había indicio alguno de lo que el futuro tenía reservado para ella. A los 14 años, en su artículo “El perdón de una víctima”, una joven, profunda y valiente L. Godoy A. en forma directa y simple escribe sobre el horror del abuso a una mujer. Pocos años más tarde, cuando tenía 17, expresaba su preocupación por la mujer en su magnífico artículo “La instrucción de la mujer”, publicado en la Voz de Elqui. Hoy, a más de un siglo de esta publicación, desgraciadamente, aún aplica a muchos lugares del mundo. ¿Podría alguien haber imaginado que en unos pocos años, Lucila sería admirada y conocida por su labor como maestra y poetisa? ¿Que llegaría a ser considerada una de las más importantes figuras intelectuales y literarias de su época y del mundo contemporáneo? ¿Que llegaría a ganar el reconocimiento mundial al recibir el Premio Nobel? La respuesta es probablemente no. Pero a pesar de todas las dificultades, lo logró. El mundo reconoció y valoró a Lucila de Elqui, quien se convirtió en Lucila del mundo.

    ¿Por qué es importante Mistral?:

    Gabriela Mistral representó en su época y representará siempre los mejores valores de nuestro país y del continente americano, en todas sus facetas: como maestra, poetisa, ensayista, cronista, diplomática y humanitaria. Podemos hoy tomar cualquiera de sus ensayos, pensamientos o críticas y darnos cuenta que sus preocupaciones son las de nuestro mundo contemporáneo.

    Desde el punto de vista literario, Gabriela Mistral fue la primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura. Este gran reconocimiento abrió las puertas e invitó a Europa y al mundo no hispano parlante a conocer y valorar nuestra rica producción literaria. “Este premio es de América”, dijo Gabriela el día de la recepción del Nobel. Y así fue, porque muchos escritores latinoamericanos se vieron beneficiados.

    ¿Por qué recordarla y establecer una fundación en Nueva York?:

    Nueva York jugó un rol de gran importancia en la vida de Gabriela Mistral. Fue la ciudad donde publicó su primer libro Desolación (1922); en donde enseñó (Barnard, Vassar); en donde desempeñó labores diplomáticas tanto consulares como en la Liga de las Naciones, ahora conocida como la ONU; en donde forjó importantes relaciones intelectuales y es el lugar donde falleció. Por estas razones, un pequeño grupo de personas, liderado por Heraldo Muñoz, y después de la entrega del legado de Gabriela Mistral a Chile, formó esta fundación sin fines de lucro en el Estado de Nueva York. Somos un grupo muy pequeño en nuestra directiva y contamos con un excelente Consejo Honorario, todos voluntarios. Creemos firmemente en la misión de nuestra organización y entregamos lo mejor de nosotros, porque Gabriela ciertamente lo merece.

    Es para nosotros un gran honor y un privilegio ser parte de la fundación que honra y lleva su nombre. Pero nuestra fundación va más allá de recordarla. Nuestra misión es promover el importante legado literario y humanitario de Gabriela Mistral y continuar su labor de ayuda a los niños y adultos mayores necesitados en su Chile natal. Esta labor la hacemos entregando programas y proyectos de ayuda que tienen un impacto positivo en la vida de aquellos que más lo necesitan. Por ejemplo: Misión Humanitaria Médica a Chile; donación de sillas de ruedas; donación de equipos médicos; donación de pianos, iPads, libros, etc.

    Trabajamos con niños y jóvenes para que conozcan a Mistral, haciendo presentaciones, talleres y concursos, para que encuentren el vehículo para expresar sus sentimientos a través de la poesía y ensayos. Nuestra labor es también promover la obra literaria de Mistral. Para este efecto, realizamos presentaciones y eventos tanto en EE.UU. como alrededor del mundo, invitando a quienes no la conocen a conocerla y a quienes la conocen “algo” que la conozcan más. Por esta razón, la fundación traduce en forma continua y extensa la obra literaria de Gabriela Mistral. Para conmemorar los 70 años del Premio Nobel, publicamos el libro bilingüe De Chile al Mundo. 70 años del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral (disponible en confin.cl). En el 2018, ad portas de la celebración de los 130 años del natalicio, la fundación lanzó la revista anual bilingüe The Mistral Review. El primer volumen está dedicado a “Gabriela Mistral, la biblia y el pueblo judío”. Un importante tema en la vida de Mistral y que encontramos a través de toda su obra.

    Destacamos que las publicaciones se han hecho totalmente ad honorem y todas las ventas, tanto del libro como de la revista, van en su totalidad a financiar los programas y proyectos de Gabriela Mistral Foundation. Nuestro objetivo es hacer una diferencia en las vidas de quienes están en necesidad. Pero también, ¿por qué no soñar con la posibilidad de abrir el horizonte y las posibilidades de los niños… ya que quizás entre ellos podemos encontrar a otra Gabriela? Lucila le perteneció a Elqui, pero Gabriela le pertenece al mundo. Más de 20.000 personas al mes visitan nuestro sitio web desde distintos rincones del mundo, quienes nos solicitan información, ayuda, material etc. Estamos convencidos que con ayuda, atención y oportunidades, los niños tendrán un futuro mejor y así también será el futuro de nuestro planeta.

    Para celebrar este importante hito, Gabriela Mistral Foundation entrega un obsequio a los niños de Chile, los niños de Gabriela. Se trata de un proyecto realizado en colaboración con Historias para todos, que consiste en un video libro con ilustraciones, animación, narración e interpretación de lenguaje de señas chilena titulado Lucila y las palabras. La vida de Gabriela Mistral. Este video libro estará disponible en forma gratuita por medio del sitio web de Gabriela Mistral Foundation, Inc.; Ministerio de Educación, Ministerio de las Culturas, el Patrimonio y las Artes; Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de sus consulados, e Historias para todos. Próximamente también estará disponible con narración en inglés

  • Joseph Pearce: Un Cruzado del Siglo XXI

    Joseph Pearce: Un Cruzado del Siglo XXI

    “Soy un pecador que trata cada día de ser mejor. Soy también marido, padre, escritor, editor, conferencista y profesor de Literatura. También soy un inglés viviendo en los Estados Unidos”.

    Así se define a sí mismo, con bastante modestia por cierto, Joseph Pearce, escritor inglés, especialista en biografías de renombre mundial, profesor de Literatura en Ave María University, Naples, Florida que ha venido dos veces a nuestro país, invitado por la Universidad Gabriela Mistral. El año pasado centró sus conferencias en los grandes escritores ingleses de fines del siglo XIX y comienzos del XX que se convirtieron al catolicismo y este año, en el mes de agosto, vino a dar la partida a la “Cruzada Chestertoniana” y estuvo presente en el lanzamiento del primer número de esta revista dedicada a este inolvidable escritor inglés que tuvo una marcadisima influencia y cambió fundamentalmente la vida de nuestro entrevistado.
    Pearce está casado desde el 2001 con Susan, una americana de California que conoció en Oxford en 1999 y tiene dos hijos. Su padre, que murió en el 2005, se había convertido diez años antes al catolicismo. Su madre murió hace pocos meses y su hermano menor vive en Londres.
    Amante del deporte, practicó rugby, fútbol, basketbol y cricket cuando estaba en el colegio y siguió jugando fútbol hasta que se fue a los Estados Unidos hace ocho años. Le encanta andar en bicicleta y escalar montañas y trata de hacerlo cuando tiene tiempo que nunca es tanto como quisiera . A pesar que vive hace ocho años en Estados Unidos los lazos con su país son muy fuertes y va de visita siempre que puede.
    Nos habla de su infancia y de su juventud:”Tuve una infancia muy feliz, vivía con mis padres en Suffolk, en la campiña inglesa. Mi vida de niño fue tan plena de felicidad y de paz que me recuerda a la “Comarca” (Shire) de Tolkien. Cuando niño yo podría decir que era un hobbit. El problema comenzó a los doce años cuando mi familia se trasladó a Londres. Ahí empecé con malas compañías y a empaparme de malas ideas. En esa época comenzó mi cambio de niño hobbit a ser un adolescente Gollum”.
    Y según su propio testimonio fue un joven rebelde, violento que pertenecía al movimiento racista Nacional Front y que detestaba por sobre todas las cosas la religión católica hasta que la segunda vez que estuvo en la cárcel, por provocar desmanes en las calles, cayó en sus manos un libro de G.K. Chesterton. A partir de ese momento su vida cambió radicalmente.

    ¿Cómo fue esa transición del joven violento del nacional Front al hombre tranquilo y conciliador de ahora?:
    Me siento honrado que me considere así. Pienso que quizás no soy tan tranquilo y conciliador como debería y estoy convencido que todos los cambios positivos en mi personalidad en estos últimos años se deben sólo a la gracia de Dios.
    ¿Qué pasó dentro de su alma cuando leyó a Chesterton?, ¿Qué de su lectura le hizo cambiar tan drásticamente?:
    Cuando leí a Chesterton descubrí a un amigo que además era mucho más sabio que yo. No fue solamente un amigo sino también un guía y un maestro. Aunque al principio no estaba de acuerdo con sus ideas, me di cuenta enseguida que él estaba en lo correcto y no yo. Chesterton me enseñó cómo pensar filosófica y teológicamente. Me enseñó que la fe es alegre y las personas virtuosas son mucho más felices que las que no lo son. Me enseñó tanto que creo nunca podré terminar de darle las gracias. Chesterton fue la influencia más importante y poderosa, después de la gracia, para mi conversión al Catolicismo.
    ¿Nos puede explicar todo lo que pasó por su interior?:
    Me tomaría tanto tiempo contar todo lo que pasó en mi interior. Por eso quiero escribir un libro el próximo año en el que trataré de describir cómo fue el camino que me condujo a la fe católica. Está demás decir que el proceso implicó un crecimiento intelectual y espiritual alimentado por la lectura de grandes escritores y pensadores como Chesterton, Tolkien, C:S Lewis, Newman, Belloc, San Agustín, Santo Tomás entre otros.
    Ahora ¿Cuál es esencialmente su pensamiento ante algunos temas de la vida como la religión y la política?:
    Creo que la Iglesia Católica es el Cuerpo Místico de Cristo, por lo tanto es infalible en temas como la fé y la moral. Mi religión encausa mis ideas y estoy totalmente de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia en lo económico y político y lo que plantea ante el aborto.
    ¿Es tolerante ante la gente que no piensa como usted?:
    Espero poder seguir siempre la máxima que dice “odiar el pecado pero amar al pecador”. Espero tener siempre el coraje de luchar contra el vicio y la injusticia sin dejar de querer a la persona que lo comete. El mandamiento más fuerte de Cristo es de amar a nuestros enemigos.
    ¿Por qué solamente le interesan los escritores ingleses conversos al catolicismo?:
    Cada persona se especializa en determinandas áreas. Yo quiero a mi país y a mi fe. Por lo tanto es algo natural en interesarme en los Católicos Ingleses y los Católicos Ingleses conversos en particular. Pero también he escrito sobre autores no ingleses como Alexander Solzhenitsyn por ejemplo.
    De todas las biografías que ha escrito, ¿cúal le llegó más produndamente ?, ¿Por qué?:
    Es difícil contestar eso. Mi encuentro con Solzhenitsyn enMoscú fue una una de las experiencias más grandes de mi vida. Mi biografía de él fue una gran bendición. La biografía del poeta Roy Campbell fue difícil de escribir, llena de altos y bajos y por supuesto está Belloc y Wilde… y Chesterton. Es imposible elegir una de ellas. La investigación y la escritura de sus biografías fue una poderosa y enriquecedora experiencia. Siento de alguna manera que todos ellos son mis amigos y mis maestros.
    Aparte de seguir escribiendo, ¿Qué más tiene en su mente hacer en el futuro?:
    Mi deber principal en la vida es ser un siervo de Cristo. Como tal espero ser capaz de evangelizar nuestra empobrecida y decadente cultura con el poder de la belleza. Tenemos más de dos mil años de herencia cultural, arte, música, filosofía, teología y arquitectura. Esa es la riqueza con la que podemos cambiar este mundo y llevarlo a la redención.
    ¿Practica desportes?:
    Jugué fútbol, rugby, basketbol y cricket cuando estaba en el colegio seguí jugando fútbol hasta que me vine a los Estados Unidos hace ocho años. Durante muchos años me encantaba andar en bicicleta, hacer pesas y escalar montañas. Ahora voy a un gimnasio varias veces a la semana y ando en bicicleta y voy a la montaña cuando puedo pero no es tanto como quisiera. 

  • The Eternal Shakespeare

    The Eternal Shakespeare

    He was not of an age, but for all time!
    Ben Jonson on William Shakespeare
     
    These famous words of praise by the great poet, Ben Jonson, in honour of the even greater poet, William Shakespeare, were published in the First Folio edition of Shakespeare’s plays in 1623, only seven years after Shakespeare’s death. The words of praise have, therefore, become words of prophecy because none of the Bard of Avon’s contemporaries could have foreseen the extent to which Shakespeare would conquer the world in the centuries after his death. Today, on the 450th anniversary of his birth, he stands as a colossus who straddles the centuries, towering above all other writers, with the possible exception of Homer and Dante. His stature as a giant of civilization is itself sufficient reason to read and study his works. In spending time with Shakespeare we are communing with genius. Can there be many better and more fruitful and edifying ways of spending our time?

    by Abraham van Blyenberch, oil on canvas, circa 1617

    There is, however, another and deeper meaning behind Ben Jonson’s words. It is not merely that Shakespeare has survived the test of time, it is that his plays, and the truth and morality contained within them, transcend time. They are not merely works that endure in time, they are works that are beyond time. They are timeless. They have their inspiration in eternal verities and they point to those same verities. Such truths do not change with time, nor are they changed by it. They simply are.
    Perhaps the best way of illustrating this timeless dimension to Shakespeare is to compare the Heilige Geist with the zeitgeist, the Holy Spirit with the Spirit of the Age. The Holy Spirit does not change from one generation to the next. He simply is. The Spirit of the Age, on the other hand, is always changing. It is subject to time and is changed by it. The literal meaning of zeitgeist is Time-Spirit. One who serves the Time-Spirit is one who wants to seem relevant to the fads and fashions of his own day. He is primarily concerned with being up-to-date. The problem is that those who are up-to-date are very soon out of date because, as C. S. Lewis quipped, fashions are always coming and going, but mostly going. One who is relevant to the fashions of today will be irrelevant to the fashions of tomorrow.
    The reason that Shakespeare is not of an age but for all time is that he serves the Heilige Geist and not the zeitgeist. The truths that inspire his Muse and the truths that emerge in the fruits of his Muse (his plays and poems) are the truths of the Holy Spirit. Such truths do not merely stand the test of time they are the very truths by which time itself is tested. This timeless aspect of truth is very important for us to understand but perhaps a little difficult to grasp. It might, therefore, be useful to employ a famous philosophical riddle: If a tree falls in a forest and there’s nobody there to hear it fall does it make a sound? The answer is that of course it makes a sound because the sound of the tree falling is not dependent on anyone hearing it. We might rephrase the riddle thus: If Shakespeare’s works are neglected so that they are no longer performed or read, will Shakespeare and his works cease to be relevant? The answer is that of course they are still relevant because the goodness, truth and beauty of the works are not dependent on our ability to see or understand them. Indeed, it could and should be argued that a culture that could no longer read Shakespeare because of its illiteracy and barbarism was suffering the woeful consequence of neglecting the truths that Shakespeare’s plays reveal!
    Another way of understanding the timeless dimension of truth is to see it in relation to eternity. When we say that God is omnipresent, it doesn’t simply mean that God is present everywhere in time and space, though He is. More importantly it means that everything in time and space is present to Him. There is no past and future from the perspective of the eternalpresence of God. His omnipresence means that everything is present to Him. In a similar though less perfect sense, Shakespeare enters eternity when he dies. On the assumption that He goes to heaven and not to the other place, he will enter into the eternal presence of God. He will be timeless. Insofar as Shakespeare’s works are good, true and beautiful, which of course they are, and in so far as they are the fruits of God’s presence in the creative process, which is indubitable, those works will be enshrined with Shakespeare in eternity. They will be with him because they are an integral and essential part of who he is. In this sense, Shakespeare’s works simply are. They will be even when the world passes away.

    Ben Jonson’s folio

    These metaphysical first principles are crucial to our understanding of why we should learn Shakespeare, or indeed why we should learn anything else that contains goodness, truth and beauty. The learning of such things points us towards eternity and helps us to get there. Can anything else be more worth learning?
    Lest we be tempted to think that the foregoing discussion means that the learning of Shakespeare is purely a spiritual or mystical undertaking, connected solely to what philosophers call the anagogical meaning of life, we should remind ourselves of the paradox that the timeless is always timely. If the timeless resides in the eternal it means that all times are present to it. If it is timeless, it is always true – and, if it’s always true it is always relevant. It is for this reason that Shakespeare’s works are rightly listed amongst the “permanent things”, those things which are and will always be, and, in consequence, those things that are and will always be relevant.

  • Shakespeare: 450, Not Out

    Shakespeare: 450, Not Out

    Today is St. George’s Day. It is also Shakespeare’s birthday and, believe it or not, it is the day on which Shakespeare died. Apart from the astonishing coincidence that Shakespeare died on his own birthday, it is also singularly appropriate that England’s greatest poet should have been born and should have died on the feast day of her patron saint. It seems appropriate, therefore, that we should celebrate the 450th anniversary of Shakespeare’s birthday with a reference to cricket, that most quintessential of all English sports. Shakespeare is “450, Not Out”, continuing to hit his audiences for six after reaching several consecutive centuries of continuing relevance.
    On such a prestigious anniversary it would do well to remind ourselves of the enduring stature of the Bard of Avon.
    Arguably the three greatest writers of all time are Homer, Dante, and Shakespeare. Of the first of these, very little is known. Homer, it seems, has disappeared amidst the murk and mists of history. So great and wide is the chasm that separates him from us that he is almost invisible. What we know of him, for what it’s worth, is gleaned from allusive and elusive clues embedded in his work. Thus, for instance, it is widely presumed that, like Milton, he was blind. If so, like the blind seer Teiresias, he sees more in his blindness than those blinded by their own unwillingness to see.
    Much more is known of Dante, a devout Catholic and a disciple of the scholasticism of Thomas Aquinas, who lived much of his life as a political exile from his beloved Florence. Perhaps the fact that he is a thousand years closer to us than Homer might explain the greater knowledge. If so, why is it that such mystery continues to surround the seemingly elusive figure of William Shakespeare? In terms of the time that has elapsed from his time to ours, it would seem reasonable to presume that we should know more about the Bard of Avon than about the divinely-inspired poet of Italy, the latter of whom lived three hundred years earlier.
    Much of the mystery surrounding Shakespeare is linked to the age in which he lived. It was an age in which a large and alienated section of the population was considered outlaws by the state. In Elizabethan and Jacobean England it was a criminal offence to practice or propagate the Catholic religion, an offence that for priests was punishable by death. It is for this reason that England’s greatest poet remains largely unknown. He is unknown, first of all, because he sought to keep his religious life unknown, as far as possible, from the authorities. He is also unknown because later generations of Englishmen erected a myth in the nation’s likeness, ignoring or smothering the Bard’s “treacherous” popery in the interests of a nationally acceptable patriotic iconography. He became the posthumous victim of “patriotic correctness”.
    The overwhelming evidence for the Bard’s Catholicism is rooted in the solid facts of his life and in the theological, philosophical and moral truths to be found in his work.
    The factual evidence is to be found in documents, such as Shakespeare’s last will and testament and in the spiritual last will and testament of his father; in the persecution of Shakespeare family and friends for the practice of their faith; in court cases in which Shakespeare became embroiled; in property that he purchased; and in the sort of acquaintances and friends that he valued, and the type of people whom he considered enemies. All of these historical facts, pieced together meticulously by historians, paints a picture of Shakespeare’s life that points to his papist sympathies.
    The textual evidence to be gleaned from his work includes thinly veiled and sympathetic allusions to the work of the Catholic poet and martyr, St. Robert Southwell, and a host of allegorical connections in his poetry and plays to the religious and political turmoil of the times in which he lived. At its deepest level of meaning, Shakespeare’s oeuvre can be seen as a dialectical engagement with the opposing forces of Christian orthodoxy and secular fundamentalism, with the Bard’s sympathies clearly falling on the side of the former against the latter.
    One consequence of the emergence of the historically and textually verifiable Catholic Shakespeare is the construction of more acceptable “alternative” Shakespeares who can be made to dance obediently to the tune of the “religiously-correct” zeitgeist. Thus the dubious textual scholarship surrounding the “dark lady” of the sonnets was employed by Hollwood to depict an adulterous and hedonistic Bard in the travesty, Shakespeare in Love. More recently, the utterly absurd theory that Shakespeare’s plays were not written by the Bard but by Edward de Vere, the Earl of Oxford, has been resurrected by Hollywood. This so-called “Oxfordian theory”, which can be demolished with consummate ease with the merest modicum of historical scholarship, forms the basis of the more recent film, Anonymous.
    The construction of bogus Shakespeares is an act of treason against the real Shakespeare, who is still being hounded by his enemies 450 years after his birth. In this context, the distortions and fabrications that have dogged the Bard throughout the centuries can be said to be held at bay by the true scholars who are the Bard’s true friends. Set against the baying hounds who have hounded him, the true scholars can be likened to bloodhounds who unearth the evidence that sets Shakespeare and his times free of the falsehood that has surrounded them. Against the dogs of deception and deconstruction, such scholars can be likened to the hounds of heaven. Switching analogies, and considering the significance of today’s date, we might also liken the Shakespeare-abusers to deceitful dragons who have been slain by the scholarly St. George. As Henry V might have said, “The game’s afoot; Follow your spirit: and upon this charge, Cry — God for Shakespeare! England and Saint George!”

  • El Retrato de Dorian Gray y la caída de Oscar Wilde

    El Retrato de Dorian Gray y la caída de Oscar Wilde

    En la mañana del 3 de abril de 1895 Oscar Wilde salió de su casa en Tite Street, Londres, hacia la Corte Central Criminal. El fue hacia allá en un carruaje cubierto que le costó £2. 5s. 6d por lo que describió la cuenta posterior , con una ironía inconsciente como ‘ un largo día’. Siendo Oscar, desde luego, tenía que ser hecho con estilo. El había presentado una acción legal contra el Marqués de Queensbury, padre de su joven amigo y amante Lord Alfred Douglas, por haberle dejado una tarjeta de visita en su club con una nota, de las que pueden ser calificadas como una de las más mal interpretadas de la historia: ‘ Para Oscar sodomita posero’.

    Oscar Wilde en los tiempos en que se publicó “El Retrato de Dorian Grey”

    Para el tiempo de su primer encuentro cuatro años antes, Wilde tenía 37 y Douglas 21. Douglas era un estudiante de pregrado de Oxford, dotado de un talento poético considerable, siendo al mismo tiempo excepcionalmente bien parecido. Era conocido por sus amigos cercanos y su familia como ‘Bosie’. Por el lado de Wilde la amistad rápidamente se tornó en algo más allá y no ocultaba sus sentimientos, invitando a Douglas continuamente a comer con él, enviándole telegramas y regalos de todo tipo, siendo el primero de estos ciertamente una copia de ‘ El retrato de Dorian Gray’ dedicado “ Para Alfred Douglas de su amigo que escribió este libro, Oscar. Julio de 1891”. Douglas fue cautivado por el encanto de Wilde y la mágica calidad de su conversación y en poco tiempo se volvieron inseparables.

    Esto no complació a su padre, el marqués ‘escarlata chillón’, como llamaba Oscar, quien ya sospechaba que su hijo mayor, el vizconde Dumlanrig, tenía un affair homosexual con el Secretario de Relaciones Exteriores, Lord Rosebery. Queensberry era un hombre mentalmente desequilibrado, arrogante y con un temperamento enfermo, quien en privado, le pegaba a su mujer y no mostraba interés en sus hijos. En su vida pública es recordado simplemente como el autor de las reglas Queensbury las que gobiernan el deporte del boxeo. Una copa de una de las cartas de Wilde a Douglas cayó en manos del marqués, en la cual él había escrito ‘es una maravilla que esos rojos labios de pétalos de rosas tuyos no hayan producido más música y canciones que una locura de besos’ Queensbury ahora comenzaba a objetar del modo más fuerte la relación de su hijo con Wilde y amenazó con cortar los dineros a Bosie si este no terminaba la relación de forma inmediata. Cuando Douglas se negó, Queensberry cayó en un frenesí y comenzó a seguirlos a los diferentes hoteles y restaurantes que ellos frecuentaban en Londres, intentando causar un escándalo público al encontrarlos juntos. En Junio de 1894 Queensberry eventualmente llegó a la casa de Wilde en Tite Street, Chelsea, trayendo con él un trofeo de lucha y aunque no acusó a Wilde en forma directa de estar comprometido en una conducta impropia con su hijo, le dijo ‘lo miras y tú posas como tal, lo que es igualmente malo’ y juró que él aplastaría a Wilde si volvía a encontrarlo de nuevo en un restaurante público con su hijo. La famosa respuesta de Wilde a esta amenaza no traiciona su temor: ‘ Yo no sé que son las reglas Queensbury’, dijo, ‘pero las reglas de Oscar Wilde es disparar a la mira’ . el le mostró a Queensbury la puerta, dándole instrucciones a su sirviente a volver a dejar entrar nunca más al marques a su casa y desde entonces Douglas y Wilde se empeñaron en que se los viera juntos en la mayor cantidad posible de lugares públicos. Luego, en Octubre, cuatro meses después, el heredero de Quensbury, Drumlaring fue asesinado en lo que fue reportado como un accidente de caza, pero que para los que conocían la situación les parecía meas bien un suicidio. Había sospechas de que había sido extorsionado por su relación con Rosebery , quien ahora era Primer Ministro. Queensberry, habiendo perdido un hijo por lo que él veía como el mal de la homosexualidad, estaba determinado a no dejar el tema de Oscar y Bosie en paz y planeaba crear un disturbio en la noche de estreno de The Importance of Being Earnest el 14 de Febrero de 1895 con un grotesco montón de vegetales. Wilde fue advertido por un amigo, e informó a la policía y al marques se le negó la entrada al teatro. Pocos días después, el 18 de febrero, Queensbury dejó su tarjeta en el club de Wilde. .

    Para ahora, mediados de febrero de 1895, Wilde tenía dos obras presentándose en forma simultánea en el West End de Londres, The Importance of Being Earnest ( la Importancia de llamarse Ernesto) y An Ideal Husband ( un Marido ideal). El era exitoso; tenía un ingreso sustancial que provenía de las ventas de los teatros, (equivalentes £7,000 a la semana en dinero de hoy) lo que en gran parte era gastado en mantener un desastroso y extravagante estilo de vida con Douglas; del que él hablaba mucho. El también estaba perdidamente enamorado de su ‘chico de cabellos de oro’ quien odiaba a su padre con pasión y quien vio una oportunidad a través de Wilde de ponerlo en el muelle, si es que no lograba ponerlo tras las rejas. Wilde, como él dijo más tarde en su larga apología, De Profundis, haber perdido la cabeza y demandado por difamación.

    Yo ya no era meas el capitán de mi alma y no lo sabia. Te permití dominarme y a tu padre intimidarme. Mi juicio me abandonó. No vi ninguna posible salida a ninguno de ustedes dos. A ciegas me tambaleaba como un buey en el matadero.

    Pero no hay una explicación simple para su conducta. La arrogancia surgió del éxito social y literario y la creencia de que él era de cierto modo inmune a la ley incuestionablemente jugó una parte, del mismo modo que lo hizo el deseo de complacer al joven Douglas. Yo estoy seguro también, que hubo un elemento perverso de querer representar una pieza teatral en la corte cuyo prólogo el escribió pero cuyas consecuencias solo eran conocidas por el destino: ‘El peligro’ como más tarde él dijo de su vida demi-monde‘ el peligro era la excitación por una parte’. El debió haber estado advertido de que tendría que defender su relación con Bosie y que Queensbury se enfocaría en su comportamiento público y sus libros escritos, evidencia que en el peor de los casos solo podía ser vista como circunstancial.

    El Marqués de Queensberry demandó a Oscar Wilde por el delito de calumnia y que condujo a su caída, desgracia y ruina

    El no podía, sin embargo pelar con la terrible evidencia de jóvenes prostitutos y extorciones indagadas en el submundo homosexual de Londres por los abogados de Queensbury, algunas de las cuales se le revelaron un día o dos antes del juicio como parte del plan de justificación del marques. Trece instancias de ‘gran indecencia’ con jóvenes fueron citadas, pero al final de los documentos estaba Dorian Gray.

    Y luego los dichos de Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde en los meses de julio en el año de nuestro Señor mil ochocientos noventa escribió y publicó con su nombre en la portada un cierto trabajo inmoral y obsceno en forma de narrativa, titulado El Retrato de Dorian Gray, este trabajo se ha dicho que ha sido diseñado e intencionado por Oscar Wilde y ha sido entendido por los lectores como la descripción de relaciones íntimas y pasiones de ciertas personas de hábitos, gusto y prácticas sodomíticas y no natrales. Y esta obra citada fue calculada para ir contra la moral y para alentar el vicio antinatural.

    Cuales eran los motivos de Queensbury o de sus abogados de incluir una pieza de ficción en la cual los secretos vicios de Dorian eran simplemente atisbados. Esto no era prueba de nada. Si Wilde tenía que enfrentar solamente con un catalogo de ofensas con jóvenes hombres, entonces, era razonable que dejara el caso. Esto habría derrotado al objetivo de la provocación inicial del marqués o la ‘trampa lodosa’ como él meas tarde la llamará, que era permitirle a él humillar a Wilde en público. Si por otra parte su trabajo como artista era atacado, dada su inspirada defensa a la primera edición de Dorian Gray, era más probable que se quedara y peleara. Wilde, a pesar que es improbable que el razonamiento de los abogados fuera tan lejos, estaba bien informado del juicio de obscenidad e inmoralidad de 1857 de dos de sus autores favoritos franceses: Flaubert de Madame Bovary y Baudelaire de Les Fleurs du Mal (las Flores del mal). Los cargos contra Flaubert habían sido que su obra era ‘un ultraje al público y a la religión moral y a la mortalidad’ y contra Baudelaire el veredicto de la corte establecía que Las Flores del Mal contenía ‘pasajes y expresiones obscenas e inmorales’. En el caso de Flaubert fue absuelto y Baudelaire tuvo que pagar 300 francos con seis de sus meas queridos poemas suprimidos. En comparación con lo que le pasó a Wilde, salieron livianos. Hay algunos ecos desagradablemente familiares también, en ambos autores las visiones en el tiempo del juicio. Baudelaire le escribió a su madre poco antes de la censura del libro ‘ tú sabes que yo siempre he considerado que la literatura y el arte persiguen y buscan una independencia de la moralidad’. Y Flaubert, exasperado por la precaución de su editor Maxime Du Camp, se reporta que dijo ‘ No me importa; si mi novela exaspera a la burguesía, no me importa; si nos llevan a juicio, no me importa’. Hay poco que Wilde podría haber saboreado más (y de hecho lo hizo) que pararse en el lugar de los testigos y defender su arte. El sistema legal británico, sin embargo, tiene una atracción adicional; mientras el francés era obligado a alegar a través de sus abogados, Wilde sabía que se le permitiría ‘actuar’ a el mismo en la corte.

    Oscar Wilde y `Boise` Douglas en Oxford en 1893

    Había tal vez una razón adicional para que Queensbury incluyese Dorian Gray como justificación del alegato. Un juicio criminal sería decidido por miembros del jurado el cual, esa primavera de 1895, estarían todos al tanto del éxito teatral de Wilde, de su posición social, incluso de su amistad con el príncipe de Gales. Los testigos que testificarías contra él, eran todos en teoría, culpables de la misma ofensa y sus evidencias podían ser vistas como tentadas. De hecho, en el primera de las propias pruebas de Wilde, como parte demandada contra la corona, la evidencia de esos mismos testigos, dejó al jurado en desacuerdo en incapacidad de establecer un veredicto. Entonces, que mejor que recordarle al jurado del escándalo causado por la publicación en la Revista Lippincotts sobre Dorian Gray cinco años antes y sugerir que por asociación y simpatía con su tema el autor el claramente culpable de las mismas depravaciones implicadas.

    En el otoño de 1889, Wilde llevaba casado cinco años. Tenía dos hijos pequeños y había logrado un modesto vivir con críticas, ensayos, charlas e historias cortas en forma ocasional. El había sido también el editor de una bastante ligera revista mensual llamada The Woman’s World ( El mundo de las Mujeres) de la cual había recién renunciado. La Regularidad de hábitos no era uno de sus puntos fuerte. Casi al final se le preguntó cuan seguido él iba ala oficina: ‘ solía ir tres veces a la semana por una hora, pero desde entonces abandoné uno de los días’ respondió. Ese verano Blackwood’s Magazine había publicado su cuento The Portrait of Mr W.H. ( El Retrato del señor W.H.) en el cual él argumentaba sobre el caso del soneto de Shakespeare que habría sido dedicado a un joven actor, Willie Hughes. Era la primera vez que él abiertamente tocaba el tema del amor entre el mismo sexo, pero en este caso la historia se centraba en un argumento intelectual y dada por el respeto de precedentes históricos. Sin embargo amigos en altas esferas, notablemente Arthur Balfour y Herbert Asquith (ambos serían después Primeros Ministros) le aconsejaron imperiosamente no publicarlo y el Fortnightly Review de Frank Harris ya lo había bajado. Cinco años después en 1894, el editor Elkin Matthews se negó a publicar The Portrait of Mr W. H. En forma de libro ‘a cualquier precio’ como manifestó. La publicación de Dorian Gray mientras tanto no fue tratada del mismo modo.

    Una página del manuscrito del Retrato de Dorian Gray

    Pero durante el otoño de 1889 el editor J.M.Stoddart, un conocedor de las clases de Wilde en su tour por América siete años antes, con el cual había visitado a Walt Whitman, llegó a Londres y lo invitó a comer junto a Arthur Conan Doyle. Stoddart estaba en la ciudad para promover la Revista Lippincott y solicita historias a autores británicos. Conan Doyle le ofrece la segunda de sus historias sobre Sherlock Holmes, ‘The Sign of Four’ y Wilde, a pesar de lo registrado en las memorias de Conan Doyle, parece haber ‘The Fisherman and His Soul'( El pescador y su alma), una historia más tarde publicada en su colección A House of Pomegranates. Stoddart la rechazó por ser muy corta e inadecuada para una audiencia adulta, pero Wilde le escribió de vuelta en diciembre diciendo ‘tengo una nueva historia que es mejor que el ‘Pescador y su alma’ y estoy listo para publicarla ahí. Estará lista para fines de marzo’. Dorian Gray estaba a punto de nacer.

    No sabemos si Wilde ya había escrito y enviado a Stoddart ‘ El pescador y su alma’ para este entonces o simplemente se la había contado del modo que él creaba historias desde el aire delgado y por lo que todos los que lo escucharon hacerlo han testificado. Lo que parece significativo es que era una idea con la que Wilde estaba jugando. Un pescador se enamoraba de una sirena, un amor que solo podía ser consumado si él renunciaba a su alma. Esto él lo logra a través de medios supernaturales, pero se le niega al alma irse con el corazón. El pescador se une a la sirena, mientras que el alma queda errando por el mundo, sin corazón y aprendiendo todos los placeres del mal. Por tres años el pescador y su alma se encontraban en el aniversario de su separación, hasta que finalmente el alma lo tienta, con la promesa de delicias sensuales, para que vuelva. La Sirena es olvidada y el pescador es dejado por su alma sin corazón para robar y cometer otros actos de violencia. Solo en la muerte el se reencuentra con la sirena, solo en la muerte puede su alma re entrar en su propio corazón.

    Las afinidades básicas con Dorian Gray son suficientemente claras pero los motivos y resultados se han vuelto siniestros. Dorian vende su alma, o así se cree, para que su retrato envejezca en su lugar y lleve todas las marcas de su vida depravada en vez de su propio cuerpo. Pero a diferencia del pescador, él no se reúne en la muerte Sybil Vane y con un alma redimida. La suya no es una renuncia consiente a su mala vida, simplemente el deseo de ser libre de su conciencia, y con un acto final destructivo de romper el cuadro, logra precisamente lo contrario, atándose a si mismo eternamente a su doble. La redención divina de la renuncia la mal, un tema que aparece en muchas de las primeras obras de Wilde, El joven Príncipe, el Gigante Egoísta en particular , parecen no tener más un lugar en este mundo. Se ha convertido en una visión del destino griega en vez de una visión Cristiana. Stoddart quería una historia meas para adultos para su revista y de hecho la obtuvo. Como Richard Ellmann, tan precisamente dijo en su biografía de Oscar Wilde de 1987: ‘ Después de esta fecha, la literatura victoriana tendría un look diferente’.

    Dorian Gray fue publicada en el número de julio de la Revista Lippincott el 20 de junio de 1890 y para una publicación de revista levantó una crítica más allá de lo normal. Incluso para Wilde quien había conducido su campaña de relaciones públicas desde que dejó Oxford, el efecto debe haber sido sorprendente. Hoy un agente de autor contaría los centímetros de las columnas de vituperación engendrada por una historia como esta, declaran que toda publicidad es buena publicidad y venden el próximo libro del autor por una gran suma de dinero. Pero en el Londres Victoriano lleno de prejuicios. Y su mujer, Constance había dicho para remarcar: ‘Desde que Oscar escribió Dorian Gray, nadie quiere hablar con nosotros’

    La primera condena ( y la mayoría lo hizo) fue de St James’s Gazette con una crítica sin firmar:

    El enigma es que un joven hombre ( el mismo Wilde) de decente origen, que disfrutó cuando estuvo en Oxford, la oportunidad de asociarse con caballeros, debe poner su nombre ( así como lo hizo) en una obra tan estúpida y vulgar. Dejemos que nadie lo lea en la esperanza de encontrar paradojas ingeniosas o una maldad picante. El aire del escritor su barata investigación de la basura de los decadentes franceses como un pedante aburre sin piedad con su belleza del cuerpo y de la corrupción del alma.

    Esto inmediatamente provocó un intercambio de cartas de Wilde con comentaristas editoriales desde el periódico los que tomaron un tono cada vez más alto y moral desde uno defensivo e indignante desde el otro. ‘ yo soy totalmente incapaz de entender como cualquier obra puede ser criticada desde un punto de vista moral; escribió Wilde:

    La esfera del arte y la esfera de la ética son totalmente distintas y separadas’ y continuas: ‘ las buenas personas, pertenecen de hecho a la norma, y así, el tipo del lugar común no tiene interés artístico. La gente mala es, desde el punto de vista artístico, estudios fascinantes. Ellos representan colores, variedades, rareza. Las buenas personas exasperan la razón; las personas malas abren nuestra imaginación.

    El Daily Chronicle fue meas enfático aún y se refirió a la obra como ‘ un libro venenoso, la atmósfera pesada con olores diabólicos de putrefacción moral y espiritual, el cual puede ser horrible y fascinante por su afeminada frivolidad’. Wilde respondió inmediatamente: ‘ esto reacciona contra la cruel brutalidad del realismo. Es venenosos si les parece pero no se puede negar que es también perfecto, y la perfección es lo que buscamos los artistas’

    El Scots Observer creyó que la historia tenía un inequívocamente homosexual en su tono:

    ¿ Por qué excavar en un montón de estiércol? El mundo es justo, y la proporción de hombres con mentes sanas y mujeres honestas en comparación con los tontos, caídos o contra natura es alta. El Señor Oscar Wilde ha vuelto a escribir cosas que sería mejor que no se hubiesen escrito y mientras que El retrato de Dorian Grayes ingenioso, interesante, lleno de inteligencia y simplemente el trabajo de un hombre de letras, no deja suficientemente claro si el autor no prefiere la inequidad contra natura a una vida de pureza, salud y sanidad. La historia- que trata de estos asuntos solo encaja para el departamento de investigaciones o a un escucha de cámara – es un descrédito para el autor y el editor. El Señor Wilde tiene cerebro, arte y estilo; pero si el puede escribir para nadie más que nobles fuera de la ley y pervertidos niños de telegramas, lo antes que se dedique a la costura ( o cualquier otra actividad decente) mejor para su propia reputación y la moral del público

    La referencia al noble fuera de la ley y a jóvenes mensajeros pervertidos fue cercana a una acusación de homosexualidad como un diario podía permitírselo hacerlo. Era una referencia oblicua al llamado caso del escándalo de la calle Cleveland de agosto del año anterior, en el cual una casa fue allanada en la cual jóvenes mensajeros de la Oficina General de Correos cercana fueron encontrados ofreciendo’ servicios personales’ a clientes aristocráticos. Se rumoreaba que un número de altos políticos estaban también involucrados, pero el gobierno puso presión en aguantar que la policía no hiciese arrestos hasta que los clientes influyentes del establishment fueran capaces de cubrir sus huellas. Lord Arthur Somerset, por ejemplo, recurrió al Príncipe de Gales, logrando su escape a Francia donde permaneció por casi el resto de su vida en exilio. La opinión pública era muy contraria frente a este ‘vicio inmencionable’, el cual fue hecho una ofensa criminal en 1885 .

    La respuesta de Wilde al Scots Observer así como a otros periódicos fue un modelo de indignación contenida:

    Su crítica sugiere que yo no dejé suficientemente claro si yo prefiero la virtud sobre el vicio o el vicio sobre la virtud. Un artista, señor, no tiene simpatías éticas. Virtudes y debilidades son para él lo que los colores en una paleta son para el pintores necesario para el desarrollo dramático de esta historia de rodear a Dorian Gray con una atmósfera de corrupción moral. Mantener esta atmósfera vaga e indeterminada y maravillosa es el deseo del artista que escribió la historia. Cada hombre ve sus propios pecados Dorian Gray. ¿Cuáles son los pecados de Dorian Gray?, nadie sabe. Ese que los encontró, los trajo.

    Una curiosidad aparte en todo esto es que no se hizo lo que se habría esperado que se hiciera es darle la apoplejía universal inconformista, Fue recibido por algunos diarios tales como Christian Leader ( el líder Cristiano) y Christian World ( el mundo cristiano)quienes lo calificaron como ‘una parábola ética y una obra de alta importancia espiritual’. Deja una pregunta si es que su visión moral abraza un entendimiento, si no es un perdón de los pecados de Dorian, o si su espiritualidad simplemente no captó lo que pasaba en el submundo de Londres.

    Estos extractos son citas de cierto largo para mostrar la tormenta de protestas que provocó Dorian Gray. Dieciocho meses antes, en 1889, Wilde había publicado un ensayo llamado ‘la Decadencia de la mentira’ , en el cual, como el puso ‘ yo soplé mi trompeta contra la puerta de la tontera’ era esencialmente un alegato para el retorno de la imaginación artística en la literatura en vez del actual realismo en boga.

    Muchos hombres jóvenes comienzan en la vida con un don natural de la exageración el cual si se nutre en ambientes simpatéticos, puede crecer en algo realmente bueno y maravilloso. Pero en un corto tiempo el desarrolla una enferma y mórbida facultad de decir la verdad la que generalmente termina en escribir novelas que son como la vida misma que nadie puede creer en su probabilidad

    Mientras que el ensayo ‘la Decadencia del vivir’ debe hacer alcanzado algunas pestañas, Dorian Gray se convirtió en la aplicación práctica de estas visiones y trasnochados dibujos de las líneas de batalla entre Wilde y el mundo de las cartas victorianas.

    La portada de la revista de Lippincott de julio de 1890 en la que fue publicado por primera vez El retrato de Dorian Gray resumido

    Si la controversial publicación de Dorian Gray le dio a Wilde una etiqueta en la mente del público, el escribir sobre él no quedó claro, tampoco Wilde estaba ansioso por convertirse en eso. Había después de todo un abismo de navaja entre que se hablara de él entre el mundo social y literario de Londres por tu ideas revolucionarias sobre la literatura moderna y encontrarte a ti mismo en ostracismo como un promotor de inmoralidad y decadencia que amenaza los reales fundamentos de esa sociedad, tanto por importar estas ideas como por encubrir lo que ya estaba allí. Como fue, para el tiempo en que fue persuadido por el joven Douglas de llevar a Queensbury a una demanda en la corte, estaba claro en retrospectiva que él había bajo estimado a la opinión pública. Frank Harris, a quien Wilde se acercó a hablar en la corte por los méritos literarios de Dorian Gray, dijo que él hizo su negocio en encontrar como Wilde considerado en común casa de clase media inglesa. ‘ mis investigaciones han tenido impactantes resultados. Todos asumieron que Oscar Wilde era culpable de lo peor que se había alegado en contra de él; la misma gente que lo había recibido a él en sus casas, lo condenaron sin piedad’. Y su antiguo amigo y posterior biógrafo, Robert Sherard, repitió los comentarios de una sociedad bullente algunos años después: ‘Incluso tú’ dijo ella. ‘pareces no entender como el funcionamiento de la Sociedad inglesa lo odiaba. Nunca se me permitió preguntarle por nuestra casa. ¡Cuan inconsciente deber haber sido de este odio cunado él pensó que la sociedad se levantaría por él!’

    Mientras tanto, a pesar ( o tal vez por eso) del criticismo adverso , la edición de julio de 1890 de la revista Lippincott tuvo ventas fenomenales en Londres – 80 copias en un día de un solo kiosco en el Strand, el cual normalmente vendía tres copias al mes. Por otra parte W.H. Smith, como siempre el guardián comercial de la moral británica, le informó a Ward Lock, el editor y distribuidor de la revista en Inglaterra que abandonaban la posibilidad de vender en sus instalaciones ya que la historia’ ya que la historia había sido calificada por la prensa como inmundo’.

    Dado el éxito del escándalo Wilde estaba ansioso de expandir la historia y de publicarla en forma de libro pero al mismo tiempo no tenía intenciones de jugar en las manos de los críticos diluyendo sus mensajes. Algunas modificaciones, sin embargo, eran necesarias y los más abiertos pasajes homosexuales fueron cambiados o suprimidos. En la versión publicada, la cual es la base hoy para cualquier edición popular de Dorian Gray, no encontraras la confesión de Basil Hallward de su amor por Dorian expresada en los mismos términos como fue presentada en la Revista Lippincot. ‘Es ampliamente cierto que yo te había adorado con un aún mayor romance de sentimientos que el que un hombre usualmente entrega a un amigo. De algún modo yo nunca había amado a una mujer. Tengo que admitir que te adoro locamente, extravagantemente, absurdamente’. A pesar de los cambios, una compañía a la cual él se acercó, Macmillans, se negó a publicarlo bajo los argumentos que contenía lo que ellos llamaban ‘ elementos desagradables’, y fue entregado a una compañía pequeña Ward Lock la cual había distribuido la revista original, lanzarlo como un libro, con seis capítulos adicionales.

    El otro cambio fue que Wilde agregó un prefacio en la forma de dos grupos de aforismos lo cuales pretendían claramente ser una provocación adicional para los críticos. De hecho el dijo bastante en una carta: ‘ Mi novela aparece en forma de novela el próximo mes y yo estoy curioso de ver si estos miserables periodistas lo atacarán tan ignorantemente como lo hicieron antes. Mi prefacio debiera enseñarles a medir sus malvadas formas’ y de cierto modo lo hicieron. Lo que después de todo van a decir : ‘ No hay una cosa tal como un libro moral o inmoral. Los libros están bien escritos o mal escritos, eso es todo’. La mayoría de los críticos fueron meas favorables, e incluso Walter Pater, uno de los padres fundadores del movimiento estético, fue inducido a escribir un comentario, el cual se había negado hacer para las versiones de revistas considerándolo ‘ muy peligroso. Aquí, también , hay ecos franceses. En 1867 Emile Zola publicó Thérèse Raquin que fue recibido por los críticos con gritos a lo largo de las líneas de ‘la literatura de putrefacción que toma sus inspiraciones de las cloacas’. Zola, también se defendió en un prefacio de la segunda edición al año siguiente. Su defensa, a pesar de tener razones diferentes, fue esencialmente la misma: que la visión moral del artista no debe ser juzgada por el contenido de la obra.

    La furiosa relación sexual de Thérèse y Laurent no significa nada inmoral para mi, nada calculado para provocar la indulgencia a las pasiones malvadas… mis críticos deben tener cuidado en no pronunciar grandes palabras vacías como moral y decadencia literaria, y debieran conocer mi derecho en estos días de libertad artística, de elegir mis temas en lo que me place

    Pero si Zola fue más objetivo y científico, comparado con la artesanía de los escritores naturalistas con la de los cirujanos, Wilde parece haber saboreado el peligro de dejar a sus críticos confusos en relación a en que base moral estaba él parado, si es que estaba sobre alguna.

    De todas la obras de Wilde Dorian Gray es incuestionablemente la más rica en atraer a críticos literarios y biógrafos. Como la vida de Wilde está abierta a múltiples interpretaciones diferentes cada una de las cuales es tan válida como la otra. Hay de hecho elementos del mismo Wilde y de hecho el admite esto en una carta privada: ‘ Me siento tan contento que te haya gustado ese libro colorido mío: el contiene tanto de mi en él. Basil Hallward es lo que yo creo ser; Lord Henry es lo que el mundo piensa de mi; Dorian es lo que quisiera ser – en otras épocas tal vez’. Lo que la defensor de Queensbury en el juicio, Edward Carson, hizo de esto es lo que me pregunto? En otra parte, sin embargo, Wilde firmemente negaba todo, excepto un completo involucramiento objetivo como artista y creador de su novela.

    Poco sorprende, entonces, dada la reacción del público que recibió su publicación, que Dorian Gray fuera citada en el juicio como prueba del dudoso carácter moral de Wilde esa mañana del 3 de abril de 1895 Old Bailey. Una hora antes de que se levantara la cortina en lo que Oscar Wilde parece haber tratado en forma mal aconsejada como una obra de teatro. La corte estaba llena, esta era una presentación única. No había lugar para errores. Nada podía ser re escrito. No había segundas tomas. Para el placer de Oscar, Edward Carson, defendiendo a Lord Queensberry, comenzó su examinación cruzada con la relación de Wilde y Douglas. Ahí no había nada que defender. La evidencia era meramente circunstancial. Luego se movió hacia los epigramas en los que Wilde contribuyó para una edición de The Chameleon, una revista de pregrado de Oxford. En el mismo volumen hay una historia ‘The Priest and the Acolyte’ ( el cura y el acólito). Era mucho más comprometedor que todo lo escrito por Wilde , pero Wilde lo condenó como desagradable. Carson es incapaz de establecer culpa por asociación. De ahí avanzan a Dorian Gray. Wilde está defendiendo su visión de Arte y Moralidad. Carson toma la versión de Lippincott para llamar al libro ‘ la educción purgada’, y sí encontró la frase justa la cual Wilde juzgó como prudente omitir del libro, ‘ Has alguna vez adorado a un joven hombre locamente?’-“ No, no locamente; yo prefiero el amor- es una forma más elevada. Nunca he dado adoración a nadie excepto a mi mismo’. ‘ Un momento desagradable, pero Wilde regresa actuando para la galería. Termina el primer día. Wilde está lleno de confianza. La cortina se levanta en el segundo día y Carson comienza a preguntarle a Wilde sobre su vida privada. Aún Wilde mantiene a la audiencia en sus manos. ‘Es uno de tus tragos favoritos – champagne helada?’ ‘ Si- fuertemente a pesar de las órdenes de mi doctor’ – ‘ Nunca te preocupes de las ordenes de tu doctor, señor!’ ‘ yo no me preocupo. Todo tiene meas sabor si tú desobedeces las órdenes del doctor’. Más preguntas sobre Douglas y del sirviente en sus aposentos en Oxford. ‘ ¿Lo besaste alguna vez?’ – ‘ Oh, querido, no era una joven peculiarmente simple. Le tenía piedad por eso’- ‘ ¿ Fue esa la razón por la cual no lo besaste?’ Y antes de lo pensado todo había terminado. No se trataba de Dorian Gray al final una vez que lo tenían ( a pesar que ciertamente ayudó), sino de darle a Oscar Wilde de defenderse él y a su arte, Ned Carson lo encontró superfluamente fuera de guardia. Una agudeza fatal, muchas y se enviaba a si mismo a prisión. Wilde, como defensor, se retiró al día siguiente por recomendación de su consejero. Queensberry instruyó a sus abogados a enviar los documentos al Director de juicios públicos y Wilde fue arrestado esa tarde por ‘ grave indecencia’ , el nombre que los victorianos le daban a las ofensas homosexuales. Su primer juicio contra la Corona comenzó tres semanas después y terminó con un jurado indeciso. El tema podría haber terminado ahí, con Wilde suficientemente humillado frente a los ojos del público; la Ley no obligaba a continuar con el juicio. Pero lo hizo y recayó, no en otras manos si no que en las del abogado general mismo, Sir Frank Lockwood, para conducir el próximo juicio. Edward Carson se dice que apeló a Lockwood para terminar con Wilde, pero recibió la respuesta, ‘ No debemos. La gente en Inglaterra y en ele extranjero dirán que debido a los nombre mencionados en las cartas de Queensbury nos vemos forzados a abandonarlo’. ¿Había Queensbury escrito a Rosebery, amenazándolo con exponer su propias tendencias homosexuales a menos que asegurara la prisión de Wilde? Probablemente nunca sabremos. Meas que todo estaba el hecho que el gobierno necesitaba mostrar que podía morder del mismo modo que podía ladrar después del fiasco del caso de la calle Cleveland. Wilde fue sentenciado a dos años de trabajo forzado por ‘grave indecencia’ el 25 de mayo de 1895..

    Cuando los británicos iban a Paris en la década de 1890 para sus placeres carnales, cualquier cosa que encontraban ellos la dejaban atrás. Wilde fue principalmente para experimentar una cultura diferente y encontró la decadencia de Verlaine y de los poètes maudits ( poetas malditos) y el mundo de A Rebours de J.-K. Huysmans. Su error fue traer esto a casa en su maleta y decirle a los británicos ‘ Miren lo que descubrí’ y ponerlo en impreso; como si fuera justo decir que El retrato de Dorian Gray es la única novela francesa escrita en inglés.’ Es simple no estaban jugando el juego y no era el tipo de cosas que el equipo de constructores de imperios validaban. Lo que deben haber sobre pensado es que al final él no era inglés, sino irlandés. Pero publicar el hecho, defender una posición en forma impresa y luego tirarlo en la nariz del público, era algo que nunca serían capaces de perdonarle a él. ‘ La moral moderna’, dice Lord Henry, ‘consiste en aceptar el estándar de cada época. Yo considero que para cualquier hombre de cultura el aceptar el estándar de su tiempo es una forma de gran inmoralidad’ Era una visión subversiva intolerante. Sus críticos y la ley le dieron su tiempo. La sociedad inglesa no podía condenar la visión de vida de ‘Dorian Gray’ a pesar de que la desaprobaban. Fue sólo cuando él cruzó la frontera de la legalidad que lo clavaron por su homosexualidad. Al final debe haber sido un tipo de alivio para esa sociedad el encontrar que él había violado la ley.

    Entonces enviaron a mi abuelo a prisión por ser un rebelde; no simplemente cualquier antiguo rebelde político, pero uno que ponía en cuestión algo más peligroso – la hipocresía de esos valores sociales, sexuales y literarios en los que la sociedad victoriana estaba firmemente basado. El mostró un elenco de colores prohibidos a una edad monótona de poder industrial; el empujó sus ideas subversivas y su comportamiento subversivo al límite de lo que ellos podían tolerar – y luego solo un poco más lejos, a aquellos que ellos no podían tolerar.

    Y luego, tal vez en esto, se sustenta el éxito extraordinario Dorian Gray por más de un siglo. Parte en forma premonitoria, parte confesional, parece que está intrínsecamente entrelazado con la sensacional y la vida de búsqueda de sensaciones de su autor, quien nunca respalda y nunca condena completamente su creación, la cual la posteridad, desde su muerte, la ha encontrado infinitamente fascinante pero infinitamente inquietante al mismo tiempo.

    El decadente retrato de Dorian Grey de Ivan Albright usado en la película del Director Albert Lewin en 1945

    Cuando él fue a prisión quebró a causa de Queenbury por los costos del juicio. La familia de Douglas dijo que pagaría, pero nunca lo hicieron. Ward, Lock compraron los derechos de Dorian Gray del destinatario oficial en 1895 por £10 y algunos años después se los entregaron a Charles Carrington, un editor parisino de dudosa reputación por ‘ una pequeña suma’. Para 1920 142 ediciones habían sido publicadas en 16 idiomas diferentes.

    ¿Podría Oscar Wilde haber escapado de ir a prisión si nunca hubiese publicado Dorian Gray? Es imposible de afirmar. La opinión pública, que no jugó un papel en el proceso de la ley, pero que generalmente influye en ellos en forma discreta, estaba definitivamente contra él. La ironía final es que del mismo modo que el retrato de Dorian sobrevivió, El Retrato de Dorian Gray se ha convertido en la obra más ampliamente traducida y meas conocida de las obras de Wilde en el mundo. Junto con Salomé la cual fue censurada por el censor de obras de teatro, Lord Chamberlain, y no se le permitió ser representada, Dorian Gray aseguró su inmediata reputación póstuma en Europa y hoy el artista y su obra viven triunfantes uno al lado del otro.

  • La importancia de saber leer

    La importancia de saber leer

    En este nuevo comienzo del año académico he querido poner mi atención en los más pequeños. En aquellos alumnos que recién comienzan su vida escolar y que dan sus primeros pasos en el mundo de la lectura y la escritura. Es verdaderamente admirable ver cómo poco a poco estos niños logran descifrar esos caracteres, hasta hace poco extraños para ellos, y que ahora aparecen llenos de sentido, posibilitándoles acceder a mundos nuevos de conocimientos, pero también a historias de aventuras y de fantasía apasionantes. A veces da gusto ver cómo, con tan solo 4 o 5 años consiguen leer y escribir con mucha facilidad. No obstante, la tristeza aparece cuando uno se encuentra con jóvenes de 18 o 20 años que no solo leen mal sino que no tienen ningún gusto o afición por la lectura. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde ha quedado, después de 12 años de colegio, su pasión por las letras? ¿Qué ocurrió con esa precocidad literaria tan celebrada por sus padres? ¿Bastaba con enseñarles a leer o era necesaria una acción de otro tipo? A desentrañar lo que supone verdaderamente saber leer es que dedicaremos esta reflexión, la cual estará orientada a los niños como destinatarios últimos, pero dirigida de modo especial y directo a padres y maestros.

    En su discurso de recepción del premio Nobel de Literatura en diciembre de 2010, Mario Vargas Llosa comienza con las siguientes palabras: “Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano (…). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas. La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura”. Este primer párrafo apunta a tres cuestiones que son claves para comprender la importancia de la lectura, así como su verdadero sentido.

    1.- En primer lugar, aparece con claridad que leer no es lo mismo que ser lector. En efecto, leer, en su más pleno sentido, no puede ser solo el acto mecánico por el que desciframos el significado de ciertos signos escritos. Si bien es cierto que saber leer indica, primeramente, la capacidad de decodificar signos –y así cuando decimos que alguien sabe leer o aprendió a leer, es a esto a lo que nos referimos–, no obstante, no puede esto confundirse con el hábito de leer. Solo quien posee este último merece el título de lector. Un niño de 6 años, gracias a la ayuda de la escuela y de sus padres, puede saber leer, pero desde luego, no es un lector.

    Para comprender bien esta diferencia comparémoslo con la actividad de escribir. Una cosa es saber escribir y otra ser escritor. Un escritor es alguien que no solo escribe, sino que lo hace de un modo habitual, pero además, siendo capaz de comunicar una verdad o una historia con cierto arte. Siguiendo con el ejemplo, no decimos que un niño de 6 años que sabe escribir, sea un escritor. Y si existe en castellano la palabra “escribidor”, que el diccionario de la Real Academia Española define como aquel que es “mal escritor”, también es posible hablar de “leedor”, para referirse al mal lector, esto es, a aquel que sabiendo leer, solo lo hace por motivos extrínsecos a la misma lectura, es decir, usa la lectura para poder enterarse de ciertas cosas útiles, pero que de no mediar dicha necesidad, se mantiene alejado de la actividad lectora. Se ve en Vargas Llosa esa pasión por la lectura y su deseo de leer las historias que se le presentaban. El poeta Salinas en una obra sobre los libros sostenía: “Uno de los efectos del desorden intelectual contemporáneo es que mientras ha crecido el número de leedores, se ha vuelto una rareza singular el tipo de puro lector”.

    Y ¿en qué consiste ser lector? Pues no en otra cosa que en leer por razones intrínsecas a la lectura, es decir, en la actividad de aquel que lee por el mismo bien que supone leer, no para informarse sobre algo, sino porque ha descubierto que la lectura es un bien en sí mismo. Como señala Salinas es lector “el que lee por leer, por el puro gusto de leer, por amor invencible al libro, por ganas de estarse con él horas y horas. Ningún ánimo en él, de sacar de lo que está leyendo ganancia material, ascensos, dineros, noticias concretas que le aúpen en la escala social, nada que esté más allá del libro mismo y de su mundo”. El lector sabe leer, por supuesto, pero hay algo más en él que lo distingue y ennoblece: su amor por la lectura, su pasión por estarse junto a un libro descubriendo lo que tiene para ofrecer. Este amor por la lectura es descrito también por un prestigioso escritor infantil, Gustavo Martín Garzo, quien se ha referido al lector como alguien “que se olvida de sus ocupaciones cotidianas, que abandona el ámbito de lo estrictamente racional, y que solo vive para desvelar el misterio de una llamada tan desconocida como irresistible. Que lo hace no buscando un mayor conocimiento de sí mismo o del mundo, sino, sobre todo, llevado por un movimiento de fascinación”. El lector, aquel que verdaderamente sabe leer, es alguien que está fascinado por la lectura y le busca en razón del mismo gozo que supone leer. Es obvio que todos somos leedores, el problema está en ser solo eso y no atreverse a ser también un poco lectores, atreverse a disfrutar con la misma lectura. Porque la verdad es que aunque nunca se ha leído tanto como ahora, nunca han existido tan pocos lectores. Leer no está de moda. Los estudios sobre hábitos lectores son unánimes en constatar que los alumnos universitarios no leen o leen poco. Un estudio publicado hace unos años indica que en las preferencias de ocio de los adolescentes españoles, la lectura está anteúltima por delante de “no hacer nada”. De tal manera que si hoy los índices de analfabetismo son bajísimos porque casi todos saben leer, no estaría mal considerar otro tipo de “analfabetismo”: el de aquellos que solo se han quedado en la condición de leedores. Salir de este analfabetismo supone adquirir el gusto por la lectura, dicho de otro modo: querer leer.

    2.- En segundo lugar, ese gusto por leer está fundado en gran parte en aquello que se lee. En este sentido, saber leer no solo supone realizar la actividad lectora, ni disfrutar con la lectura, sino además saber qué es lo que se lee. Y este párrafo parece apuntarlo con claridad. Aprender a leer es lo más importante que le ha pasado a Vargas Llosa porque ha tenido la posibilidad de conocer a una serie de autores que le han mostrado un mundo absolutamente genial. Dumas, Víctor Hugo, Verne, Calderón, etc., son algunos de los clásicos mencionados por el escritor peruano. No dice que agradece haber aprendido a leer porque de ese modo puede leer el diario cada día y enterarse de las noticias; o leer las cartas de sus amigos y los emails del trabajo, sino que señala que de ese modo ha podido viajar con el capitán Nemo, y vivir diversas aventuras con diversos personajes entrañables. Son los clásicos aquellas obras que han conseguido expresar los más profundos deseos del corazón humano (los abismos de lo humano, dirá en otro lugar el autor) y que, por tanto, siempre se mantienen actuales. Son obras, como dice Italo Calvino que “nunca terminan de decir lo que tienen que decir”, porque su profundidad es inagotable. Siguen interpelándonos aún después de tantos siglos de haber sido escritos, de allí que sean obras que siempre se están releyendo. Estos son los libros que verdaderamente posibilitan convertirse en lector. No se hace uno lector, no adquiere gusto por la lectura, iniciándose en un tratado de química o de geología, sino en obras que causen gozo al alma. Por eso, el papel de los cuentos clásicos, de los cuentos de hadas, resulta insustituible en la formación del futuro lector.

    3.- En tercer lugar, aparece aquí lo que a mi juicio es más importante y permite entender más la importancia de la lectura. Si uno pregunta por la importancia de la lectura, es evidente que la respuesta será “sí, es importante”. Pero lo que no es tan claro es para qué es importante. ¿En dónde radica la importancia de la lectura? ¿En que nos permite conocer y acceder a informaciones que de otro modo no tendríamos? ¿Para poder aprobar los exámenes y así obtener un título? ¿Para conseguir trabajo o para leer las instrucciones de funcionamiento de la lavadora nueva? ¿Para qué es importante saber leer? Y Vargas Llosa en este primer párrafo da razón de ese “para qué”: Dice el ganador del Nobel que la literatura “enriqueció mi vida”. La lectura es importante porque enriquece la vida. Porque nos ayuda a ser mejores personas. Sobre esto va a volver después a lo largo de su discurso, pero ya queda claramente establecido: “Agradezco saber leer al hermano Justiniano porque a través de la lectura mi vida ha sido enriquecida”.

    La lectura literaria aparece como algo necesario, no por su utilidad o por su carácter pragmático, sino por su propia naturaleza, sobre todo en nuestros días, en que vivimos en una sociedad hiperteconologizada. A través de ese encuentro es posible una vida más armónica, equilibrada, más humana. Por eso conseguir que los alumnos se fascinen por la buena literatura es un desafío precioso al que estamos llamados todos. No es, de ninguna manera, algo utópico, aunque sea difícil y complejo. Es hacia allí donde debemos tender tanto los padres como los maestros: no solo a enseñar a leer, no solo a posibilitar que sean capaces de descifrar esos signos que les permiten acceder a la información que posee un texto, sino que debemos procurar transmitir pasión por la lectura acercando a los niños a los clásicos de siempre que les colman la vida de sentido. Y esto del único modo posible que existe para hacerlo: entusiasmarnos nosotros mismos con la buena literatura y practicarla a diario. Al principio puede que cueste, pero luego será parte de nuestra propia vida y solo desde allí podremos educar.

  • La Sirenita se fue al cielo

    La Sirenita se fue al cielo

    En otras ocasiones hemos reflexionado sobre los cuentos de hadas y sobre el enorme potencial educativo que estos poseen. En esta oportunidad queremos detenernos en el análisis y comentario del cuento “La Sirenita” de H.C. Andersen, el cual nos muestra una visión sobre el amor humano que difícilmente puede encontrarse en otros relatos, pero además expresado con una belleza y calidad literaria excepcional. No es inusual encontrarse con comentarios que tienden a menospreciar estos cuentos como si fuesen para niños o que por su exceso de fantasía no tendrían otra finalidad más que entretener, cuando en realidad, son cuentos que contienen profundas verdades sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios que no podemos dejar de descubrir y apreciar. Este, por otra parte, es conveniente analizarlo dado que la idea que tenemos de él está asociada con la película de Disney del mismo nombre estrenada en 1989 y que poca relación guarda con la versión original. 

    “En el fondo del más azul de los océanos había un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas”. Así comienza este cuento que nos hará vivir un viaje de ascenso, desde el fondo del mar hasta más allá de la superficie. Una búsqueda de plenitud y felicidad que supondrá para la Sirenita una entrega y una renuncia total. Veremos si lo consigue. 

    Las sirenas son, según leemos en la Odisea de Homero, unos seres mitológicos, mitad mujer y mitad pájaro, que a través de su canto atraen a los marineros y se los devoran.  Ulises sigue las instrucciones de Circe para poder superar el obstáculo que ellas representan. Las sirenas de Andersen poco tienen que ver con estas. En primer lugar, son mitad mujer y mitad pez y no buscan devorar a los hombres, sino más bien, estar lejos de ellos porque los consideran peligrosos, pero todas al cumplir quince años tienen la posibilidad de ir a ver el mundo de ahí arriba. La Sirenita, la menor de todas, tiene que esperar más que el resto, pero guarda en su corazón un deseo profundo de contemplarlo. “¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!”. Tiene un deseo de cielo, un deseo de algo que está más arriba y que colma sus ansias de felicidad. Este “cielo” anunciado, no es otra cosa que la manifestación de su deseo de plenitud, que se va haciendo más grande a medida que sus hermanas le van contando lo que viven allá arriba. Ella sabe esperar, ella, a diferencia de Ariel, la protagonista de la película de Disney, no es impaciente ni desobediente, sino que guarda en su corazón una sabia esperanza. Sabe y confía que llegará su tiempo y empieza a vivirlo en lo profundo del mar.

    Por fin llega el anhelado día. Su padre le anuncia que ya puede subir y le advierte de los peligros que puede encontrarse. Ella, luego de besarlo, se pone a nadar a toda velocidad. Al salir a la superficie, entre el brillo del sol y el colorido del paisaje, advierte la presencia de un barco en el que aprecia la belleza de un Príncipe que celebra una gran fiesta. La Sirenita se enamora profundamente. En los cuentos, no hay tiempo para poder desarrollar el paso del enamoramiento al amor real. Aquí se expresa en un solo acto. La Sirenita no está solo cautivada por el físico del Príncipe, sino que lo ama verdaderamente. Pronto, la alegría de la fiesta se acaba por una gran tormenta que hunde el  barco. El Príncipe, inconsciente, es rescatado por la Sirenita que lo ama aún más intensamente y no quiere separarse de él. Pero en ese momento, unas voces de mujer la obligan a esconderse entre las rocas. “-¡Corran! ¡Corran! -gritaba una dama de forma atolondrada- ¡Hay un hombre en la playa! ¡Está vivo! ¡Pobrecito…! ¡Ha sido la tormenta…! ¡Llevémoslo al castillo! ¡No! ¡No! Es mejor pedir ayuda…”. El Príncipe reacciona y lo primero que ve es el hermoso semblante de la más joven de las damas. “-¡Gracias por haberme salvado! -le susurró a la bella desconocida”. La Sirenita, “pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse”. Esto es lo que le pasa al que ama, que nunca quiere separarse del amado. Ella hubiera permanecido allí, a su lado, viviendo para el Príncipe y sintiéndose amada por él. Pero tuvo que dejarlo, sabiendo incluso que nunca podría volver a estar a su lado. No obstante, ella estaba dispuesta a luchar por lo que amaba. ¿Lo estamos nosotros?

    Su dolor le lleva a recurrir a la Hechicera de los abismos. Ella le puede dar la posibilidad de convertirse en una mujer con piernas de verdad y así poder amar al Príncipe convertida en mujer, pero, ¿a qué precio? Le dice la Hechicera: “¡Por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor”. La Sirenita es puesta a prueba, si quiere amar, tiene que aceptar el sufrimiento. Esto que en principio nos parece una terrible proposición de una bruja malvada, no es otra cosa que lo que cada hombre, lo que cada uno de nosotros, debe enfrentar cuando se decide verdaderamente a amar. El amor va ligado íntimamente al sufrimiento. No es posible concebir el amor sin aceptar que puede conllevar dolor, pérdida, renuncia. Decir “no” a la propuesta, nos encierra en nosotros mismos y nos incapacita para amar. Querer amar, pero sin aceptar lo que ese amor puede suponer, es querer un “amor a medida”, a medida de nuestro gusto y capricho. Te amo, siempre y cuando…, te quiere, solo si… Esta condicionalidad no es propia del amor propiamente humano. La Sirenita, sin dudarlo, acepta, ella ama de verdad. 

    Pero la exigencia es aún mayor. Sigue diciendo la hechicera: “¡No he terminado todavía! -dijo la vieja-. ¡Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola”. Terrible propuesta, pero muy real. El amor verdadero es un amor que exige la renuncia de sí mismo. Amar es darse, entregarse a sí mismo a aquel al que uno ama. La voz de las sirenas es símbolo de su propio ser, de lo que ellas son en realidad. Una sirena sin su maravillosa voz es como un ave sin alas. Se pierde su razón de ser. Por eso, renunciar a la voz es renunciar a sí misma, pero no por masoquismo, sino por amor. Es darse para tenerse completamente. Lo que en realidad nos constituye, nos define, es el amor que somos capaces de vivir. Y la Sirenita dice sí. La Sirenita ama hasta el extremo de renunciar a sí misma, aun sabiendo que su amor puede no ser correspondido. No ama porque la aman, no ama, con la seguridad de que todo irá bien, de que no sufrirá, de que será correspondida y se lo pasará bien con el Príncipe, ama porque quiere darse, quiere entregarse completamente para hacer feliz a aquel que es objeto de su amor. Es la máxima incondicionalidad en el amor. Así es el amor de esta muchacha mitad niña, mitad mujer. 

    Lo que sigue a continuación es desgarrador. La Sirenita va en busca del príncipe, pero cuando intenta caminar cae desmayada del dolor que le anunció la hechicera. Siente como cuchillos que le atraviesan los pies. Al despertar, el Príncipe la encuentra y la lleva a su casa, donde comienzan a labrar una amistad. Pero mientras más crece el amor de la Sirenita, más entiende que quien está en el corazón del Príncipe es aquella mujer que él contempló en su naufragio. Mujer que finalmente aparece en la vida del Príncipe y que él hace su esposa. El dolor de la Sirenita es mayúsculo. Sabe que se quedará sin nada, que tendrá que desaparecer como espume de una ola. Y acepta su fatalidad con la convicción de que ha amado y se decide a lanzarse al mar. Pero aún quedaba algo más. 

    Las hermanas de la Sirenita le ofrecen una oportunidad de recuperar su vida, una oportunidad de volver a recuperar su cola de pez y no tener que convertirse en espuma de olas. Para eso le ofrecen un puñal mágico que consiguieron de la Hechicera a cambio de su propio pelo. Sirenita debe matar al Príncipe y recuperará su vida. Pero, ella ama de verdad y el que ama quiere el bien del amado. Es incompatible ese amor con procurar algún mal para aquella persona que se ama. “Sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos. Pero cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma”. Su entrega es total, su donación alcanza hasta el olvido total de sí misma por amor. Pudo salvarse, pero era a costa de terminar con su amado y no era posible. ¿Vale la pena amar de ese modo, entregarse de esa manera, para nada? La respuesta la da el final del cuento. Nunca es para nada. Es para conseguirlo todo, porque el amar de ese modo constituye la verdadera felicidad si está puesto en el objeto adecuado. “-¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!”. Las voces son de las hadas del viento. Ellas no tienen alma, pero su misión es ayudar a quienes han demostrado amar de verdad, a quienes han demostrado buena voluntad. “¡Ven con nosotras! -¡Tú has hecho con tu corazón los mismos esfuerzos que nosotras, has sufrido y salido victoriosa de tus pruebas y te has elevado hasta el mundo de los espíritus del aire, donde no depende más que de ti conquistar un alma inmortal por tus buenas acciones! -le dijeron”. 

    El amor de la Sirenita no ha sido en vano, sus buenas acciones, su amor incondicional, su aceptación del sacrificio y de la entrega es lo que le da la verdadera felicidad que es eterna y no perecedera. “Se oyeron de nuevo en el buque los cantos de alegría: vio al Príncipe y a su linda esposa mirar con melancolía la espuma juguetona de las olas. La Sirenita, en estado invisible, abrazó a la esposa del Príncipe, envió una sonrisa al esposo, y en seguida subió con las demás hijas del viento envuelta en una nube color de rosa que se elevó hasta el cielo”. Lo ha conseguido, ha amado hasta el final, ha tenido incluso buenos sentimientos por la esposa del Príncipe, por aquella que le arrebató su amor, ha amado al mismo Príncipe hasta el final y por eso “se elevó hasta el cielo”. Sí, la Sirenita se fue al cielo, la Sirenita alcanzó la felicidad, la que propiamente busca el hombre, que no es necesariamente haber conseguido un amor humano, sino haber vivido hasta la perfección la entrega de sí misma a otro. Sí que podría parecer un final poco feliz, sobre todo en relación con el final de Disney en el que terminan casándose y juntos para siempre. Pero, aquí se trata de la felicidad del Príncipe que está junto a su esposa y de la perfección y realización de la Sirenita por el amor. Muchas veces pensamos que la felicidad está en que se haga nuestra voluntad y la Sirenita nos enseña que está más bien en entregar nuestra voluntad por amor a otro.